Desesperanza.
Con la mano helada ayudo a Watson a bajar del carruaje, ignorando el nudo que se le formo en la garganta le arreglo el traje que este llevaba puesto. Era el padrino después de todo. Dejando de lado la cantidad de botellas de licor que había caído junto a ellos, avanzaron hacia la iglesia en silencio. Uno junto al otro "Por última vez" Susurro en su mente. Al llegar al final del camino una inmensa necesidad de jalar a John y salir corriendo cruzaron por su cuerpo, pero por primera vez no le hizo caso a su instinto y se dejó caer en la primera banca. Y ahí vio el principio del final. ¿Cierto?
Optimismo.
Un último caso, le prometió. Más dentro de ellos algo les dijo que eso era una gran mentira, tal vez era optimista. Sin embargo, había algo que le indicó que tenía una nueva oportunidad para seguir como siempre: Sherlock y Watson. Pero tenía que mover muy bien sus cartas. Tenía que demostrarle a él que no estaba hecho para vivir una vida tranquila. No, él era mucho más que un simple doctor, y por eso no le dejaría apagarse tan fácil. Aún no.
Sosiego.
Y ahí estaba el doctor Watson que él conocía, esa mirada llena de determinación, coraje y diversión en diferentes proporciones, un John vivo, y eso le dio paz. Sabía que su método no era del todo ortodoxo. Pero medidas desesperadas para situaciones desesperadas. Comprendía que el final que estaba planeado para este caso dañaría mucho a Watson, pero era la única opción para que todo quedara en su sitio. Conociendo a John, cuando regresara el golpe le dolería. Y se dejo caer.
