Capítulo I: Bendito sea el verano

El sol que se colaba por las ventanas de la casa anunciaba la llegada de un nuevo día. Pero hoy era de lejos un día cualquiera, como mucho hoy era un día de suma importancia para nuestros queridos magos puesto que hoy era uno de septiembre y los más jóvenes acudirán como cada año al Andén nueve y tres cuartos para abordar el Expreso de Hogwarts rumbo al tan especial Colegio.

Nuestra historia comienza cuando una hermosa mujer pelirroja y ojos de un precioso tono chocolate, que aunque ya tenía una edad algo avanzada se conservaba de maravilla; su nombre era Dorea Potter; estaba cumpliendo según ella, la peor tarea del año; despertar a su hijo y a sus amigos. Su marido, Charlus Potter, un hombre bastante guapo que conocía perfecto el proceder de su mujer estaba tranquilamente en el comedor leyendo el profeta esperando que los demás aparecieran para desayunar. Como era su costumbre después de seis años de conocer sus acciones, la mujer se dirigió a la habitación que ocupaba su hijo ya que sabía que a pesar de que sus amigos contaban con una habitación para ellos la noche antes de su vuelta al colegio ellos quedaban en la misma habitación; con sumo cuidado abrió la puerta dispuesta a despertarlos y se llevó una gran sorpresa; en medio de la habitación revisando su baúl del Colegio estaba muchacho de un largo cabello negro como el carbón farfullando algo que entendió como el tiempo no pasaba lo suficientemente rápido cuando se esperaban las cosas con ansias. La mujer sorprendida se adentró en la habitación.

— ¿Sirius?— preguntó incrédula, provocando que el muchacho dejara caer algo dentro de su baúl sobresaltado al tiempo que daba media vuelta dejando ver a un muchacho buen mozo, con unos impresionantes ojos grises y el cabello cayéndole de forma elegante por el rostro— ¿qué haces despierto?—quiso saber confundida, ya que ese muchacho junto a su James eran los más complicados de sacar de la cama.

— ¡Buenos días mamá Dorea! — Sirius con una amplia sonrisa se acercó a la mujer para depositar un beso en su mejilla— Lunático está ya en la ducha—informó ignorando el rostro confundido de la única mujer que podía ver como su madre, al tiempo que señalaba la puerta que daba al baño — solo falta sacar el trasero de Cornamenta de la cama — ignorando olímpicamente el sonido de desaprobación de Dorea y su típico ¡Esa boca Sirius!, se acercó a la cama donde se podía ver a un muchacho de revuelto cabello negro que dormía profundamente pero se notaba de lejos que era bastante guapo — y de eso yo me ocupare— informó y se inclinó sobre su mejor amigo listo para despertarlo viéndose interrumpido por el sonido de la puerta del baño al abrirse, por la que apareció otro muchacho de cabello castaño y ojos del mismo color que la miel, este se veía un poco más alto que Sirius y aunque no poseía el envidiable físico del pelinegro no se quedaba atrás a pesar de su rostro algo enfermo. El muchacho se detuvo abruptamente en la puerta un poco sorprendido de ver a la madre de su mejor amigo ya en la habitación.

— Buenos días Señora Potter — saludó rápidamente el muchacho mientras se acercaba hasta la mujer quien lo atrajo en un abrazo rápido.

— Buenos días para ti también Remus, querido, ¿cuantas veces te he repetido que me llames Dorea? — dijo la mujer sonriéndole de forma maternal.

— Lo que pasa es que Lunático no funciona correctamente sin su ración matutina de chocolates — comentó divertido Sirius recibiendo un golpe con la almohada que el mencionado le lanzó para la diversión de la mujer quien recordándoles que tenían que darse prisa pues el viaje en coche desde el Valle de Godric hasta King's Cross era largo salió de la habitación con la promesa de ambos de despertar a James en ese mismo momento. El primero en acercarse a la cama del azabache fue Remus.

— James—lo llama agitándolo brevemente sin resultado aparente, el muchacho lo intentó de varias maneras pero no dio resultado—es una pena que no podemos utilizar magia fuera del colegio—se quejó cruzándose de brazos mirando a Sirius con el asomo de una sonrisa recordando sus métodos para despertar al trío de flojos que tenía por amigos.

— Apártate Lunático, deja que el experto se encargue—pidió antes de colocarse junto a su amigo con una sonrisa que Remus sabía que no dejaba nada bueno se inclinó hasta que su boca quedó ubicada justo sobre el oído del muchacho y aclarándose la garganta gritó — ¡CORNAMENTA! ¡QUEJICUS ESTA BESANDO A LA PELIRROJA!—la reacción no se hizo esperar, el pelinegro dejó escapar una carcajada que fue coreada por Remus al ver cómo el muchacho de forma inmediata saltaba de su cama enredándose con sus sábanas y caía al piso de forma abrupta mientras gritaba cosas como ¿Dónde está ese grasiento?, ¡Lo mató!, ¡Lily es mi pelirroja!, ¡Canuto pásame mi varita! dame mi varita ¡Con un demonio no veo!, ¡Lunático mis lentes! aumentando las risas de sus amigos. Para cuando el muchacho se dio cuenta de lo que pasaba Sirius estaba en el suelo convulsionando de risa y Remus hacía un esfuerzo sobrehumano por respirar.

— ¡Sirius Black!—grito cuando pudo conseguir sus lentes sobre la mesita de noche —¡perro sarnoso esta me la pagas!—advirtió con tono amenazante mientras se acercaba al baúl de su mejor amigo con una sonrisa maliciosa que hizo que Remus dejara de reír y lo observaba lleno de curiosidad mientras que Sirius ignorándolo continuó riendo—Me pregunto que pensara Marls si le digo que todas las noches dormías con una de sus fotos bajo la almohada—añadió tomando algo del baúl haciendo que Sirius detuviera su risa de forma abrupta.

— No te atreverías Cornamenta —replicó de forma arrogante.

— Pruébame Canuto—James agitó la foto donde se veía una preciosa muchacha de cabello negro que sonreía de forma encantadora y para la total diversión de Remus comenzó a imitar de forma desastrosa la voz de Sirius —Marls, no tienes idea de cómo te extrañe, ¡Oh Marls me encanta como sonríes!— James le hablaba a la foto con voz acaramelada mientras veía como su mejor amigo bufaba aumentado su diversión y arrancando pequeñas carcajadas de Remus quien optó por no intervenir — Marlene me muero por….—.

— Eres un idiota ¿te lo han dicho?— Sirius fulminaba a su mejor amigo con la mirada mientras atravesaba el espacio que los separaba dispuesto arrebatarle la foto.

— Bueno tú eres un perro pulgoso y yo no digo nada —James sin perder tiempo corrió hasta la puerta del baño y desapareció por ella cerrándola de manera rápida.

— ¡Cobarde! —Sirius golpeaba la puerta mientras escuchaba la risa de su mejor amigo desde adentro— ¡Lunático di algo!—se quejó haciendo berrinche.

— Vamos a desayunar Canuto—Remus dejó escapar una carcajada al escuchar el bufido incrédulo de su amigo mientras salía de la habitación rumbo al primer piso de la casa. Mientras comenzaba a atravesar el pasillo le llegó la voz de Sirius diciendo algo que entendió como Solo para aclararlo Cornamenta, no duermo con la foto de Marlene .

Para cuando James y Sirius bajaron a desayunar, Daisy, la elfina doméstica de la familia, le servía el desayuno a Remus quien sostenía una plática bastante interesante con Charlus Potter. Sirius sin perder tiempo corrió a sentarse deteniéndose para saludar al hombre quien sonrió divertido al escucharlo pedirle de forma amable a Daisy un súper desayuno dumbo teniendo casi al instante frente a él un plato lleno de salchichas, huevo, y algunas tostadas con mermelada que atacó sin perder tiempo. Por su parte James saludó sonriente a sus padres antes de sentarse junto a su amigo y tras saludar a Daisy le pidió lo mismo que Sirius. El desayuno pasó entre risas y regaños por parte de Dorea cada vez que Charlus les daba ideas para sus futuras bromas y otra pequeña discusión entre Sirius y James cuando el segundo le recordó que ese curso no se meterían con Snape a menos que él comenzara alguna disputa siendo apoyado totalmente por Remus quien sabiamente le recordó de forma sutil el incidente antes de que terminara el curso.

— Niños ¿ya tienen su baúl listo?—pregunto Dorea una vez todos terminaron el suculento desayuno recibiendo tres respuestas afirmativas — ¿Snitch, Brave y Mercurio ya están en sus respectivas jaulas? —añadió entonces, casi como si estuvieran sincronizados Sirius, Remus y James saltaron de sus respectivas sillas y salieron corriendo hacia una pequeña habitación de la casa con una enorme ventana donde cuatro lechuzas reposaban sobre sus perchas. Una de ellas, una lechuza blanca que ululo suavemente como si estuviera saludándolos era de los padres de James.

— Es hora de irnos — hablo James dirigiéndose a las otras tres luego de acariciar levemente a la lechuza de sus padres. La primera en despegar vuelo hasta su dueño fue un pequeño búho gris que respondía al nombre de Mercurio y que aterrizó sobre la mano extendida de Remus.

— Hola pequeño —la saludó cariñosamente su dueño caminando hasta donde se encontraban las jaulas y depositándolo en la suya, Remus recordaba perfectamente esa navidad hace ya unos dos años donde al despertar junto a su cama estaba la jaula y unos sonrientes James y Sirius.

— Bola de plumas es tiempo de volver al Colegio—James sonrió ampliamente al ver a Snitch, su lechuza hembra, de tonalidades marrones y casi tan pequeña como la Remus agitar rápidamente sus pequeñas alas y volar hasta la palma de su mano donde le dio un suave picotazo y luego salir casi disparada hasta su jaula, razón por la que la nombró de esa forma pues la pequeña bolita de plumas como solía llamarla fácilmente podía reemplazar la verdadera Snitch por ser redonda y rápida.

— Brave, chica, nos tenemos que marchar —Sirius camino hasta la percha de su propia lechuza parda de varios tonos de gris recibiendo por toda respuesta un breve ulular antes de que la lechuza escondiera la cabeza bajo su pluma que ocasionó la risa de sus amigos quienes ya sostenían las jaulas de sus respectivas mascotas—Siempre es lo mismo contigo —bufo Sirius escondiendo su sonrisa mientras le acariciaba el pico mientras ella seguía negándose a volver a su jaula.

— De qué te quejas si es idéntica a su dueño —comento divertido Remus antes de chocar palmas con James mientras ambos riendo salían de la habitación.

Cuando los tres estuvieron listos con sus respectivos baúles y lechuzas se despidieron de la elfina y salieron de la casa eran sobre las nueve y media de la mañana. Atraídos por las risas de los tres amigos varios gnomos del jardín asomaron sus cabezas fuera de sus madrigueras ocasionando que Dorea comenzara a quejarse sobre lo blando que era su marido con ellos y por esa razón no se marchaban. Si la casa era impresionante por dentro por fuera lo era el doble con una fachada veraniega y amplio jardín dejaba en claro que los Potter tenían bastante dinero. Una vez fuera Charlus fue en busca del auto y entre risas colocaron los tres baúles en el maletero y se prepararon para el viaje, Remus y Sirius comenzaron a burlarse de James cuando descubrieron que su chaqueta guardaba la última carta que Lily le había mandado hace tres días atrás y cuando Sirius logró quitársela y con voz chillona comenzó a leerlaPotter, Black y Remus si estás ya ahí: Aún no puedo creer lo que hicieron ¿Cómo se le ocurrió a Black que las palomitas de maíz se preparan utilizando un hechizo para crear fuego? francamente es bueno saber que no han quemado la casa, me imagino lo histérica que se habrá puesto la señora Potter aunque tengo que admitir que reí bastante al imaginarlos. ¿Se han enterado ya de que Marlie no volverá hasta el treinta y uno de agosto?... James hacía lo posible por arrebatársela mientras Remus reía y Dorea les llamaba la atención desde su lugar en el asiento de pasajeros y Charlus reía entre dientes mientras pronunciaba frases como Recuerda hijo, todo Potter tiene su pelirroja, Esa muchacha es encantadora, No te preocupes, pronto te comenzara a llamar por tu nombre, ya te conté que con tu madre fue igual Sirius termino de leerla con un … Nos vemos en el andén el uno de septiembre, un beso de Lily E. . El viaje fue casi un borrón para el trío de amigos luego de la lectura de la James pasó los primeros veinte minutos refunfuñando y negándose a hablar con sus amigos mientras que ellos decidían cuál sería su primera broma del año buscando en pequeño cuaderno que Remus llevaba siempre consigo.

Llegaron a la estación con quince minutos de anticipación, con la ayuda de Charlus los tres se hicieron con unos carritos donde colocaron sus respectivos baúles y jaulas y sin perder tiempo se adentraron en la estación rumbo al Andén que los llevaría directo al Expreso de Hogwarts. El primero en llegar fue Remus quien se detuvo frente a los andenes nueve y diez, y sin perder tiempo acelerando su carrito corrió hacia la barrera entre medio de ambos, cuando parecía que iba a estrellarse desapareció. Fue seguido de inmediato por Sirius y James quienes a paso rápido la atravesaron juntos. Una locomotora de vapor, de un intenso escarlata, les hizo sonreír ampliamente, el ya conocido rótulo que decía Expreso de Hogwarts, 11h les dio la bienvenida, el andén por supuesto estaba lleno de gente. El humo de la locomotora se eleva sobre las cabezas de la ruidosa multitud, por todos lados se veían gatos, sapos y jaulas con lechuzas de todos colores y tamaños que se llamaban unas a otras con un malhumorado ulular que se mezclaba con las conversaciones de las personas dispersas en el andén y el ruido de los baúles. Aquí y allá estudiantes, pequeños o mayores, corrían de un lado a otro despidiéndose de sus familiares y encontrándose con sus amigos, algunos ya portaban la túnica con el emblema del colegio y los colores de las cuatro casas. Como era de esperarse los primeros vagones ya estaban repletos de los emocionados jóvenes y pequeños que esperaban volver a su tan querido Colegio. Antes de que el trío de amigos pudieran unirse a la ruidosa multitud Charlus llamó su atención.

— Bueno muchachos me temo que hasta aquí podemos acompañarlos—suspiro con pesar y al ver sus rostros llenos de asombro se apresuró a añadir — ya saben cómo están las cosas en el Ministerio así que solo conseguí que al menos me permitieran llegar mínimo a las diez para poder traerlos ya que ninguno tiene su carnet de aparición —sin poder evitarlo los tres soltaron un bufido recordando que aún eran menores de edad aunque eso no fuera por mucho tiempo especialmente por parte de Sirius quien en poco más de diez días tendría su mayoría de edad— y ya ven que estoy retrasado—explico antes de dirigirse a abrazar fuertemente a su hijo—recuerda lo que te dije James, si quieres conquistarla tienes que acercarte como amigo —le susurro al muchacho antes de revolverle aún más el cabello con una sonrisa divertida que su hijo le devolvió agradecido.

— Gracias papá—le dijo sin dejar de sonreír —ten por seguro que estas navidades la conocerás en persona — la seguridad con la que habló el azabache ocasionó que el hombre sonriera ampliamente y se dirigió hasta Sirius y tras susurrarle unas palabras que Remus entendió a medias algo así como ¿Tienes lo que ya sabes? No lo arruines, ella vale la pena y le dio un fuerte abrazo para luego abrazar a Remus y decirle Muchacho ya es hora de que dejes atrás todo y seas feliz. Después fue el turno de Dorea de despedirse de como ella misma dijo sus niños para atraparlos a los tres en un abrazo y repartirles besos que ellos recibieron gustosos. Luego de que Dorea les explicara que tenía que irse a una chequeo a San Mungo los Potter abandonaron el andén cruzando la barrera sólo entonces los tres muchachos tomaron nuevamente sus carritos y adoptando una actitud llena de elegancia y picardía los tres se unieron a la multitud para poder encontrar un vagón vacío. Sirius ya había adoptado su método aplicado Hogwarts y guiñaba un ojo a cada muchacha que lo saludaba, sin embargo parecía buscar algo o alguien discretamente. A su lado Remus sonreía y devolvía los saludos con una sonrisa pícara cada vez que veía a una de las chicas se sonrojarse y por su parte James parecía buscar algo entre la multitud porque repetía constantemente ¿Dónde está? ignorando por primera vez en cinco años los saludos de las muchachas. Estaban llegando al final del tren cuando algo los distrajo.

— ¡Cornamenta! ¡Canuto! ¡Lunático! Ya tenemos compartimiento— un muchacho algo más robusto que los otros tres y unos centímetros más pequeño de cabello marrón se asomó por la ventana de un compartimiento saludando entusiasmado a los tres muchachos recibiendo de inmediato saludos de vuelta mientras este bajaba con rapidez del compartimiento—Frank y Macmillan ya dejaron sus baúles y fueron a saludar a los amigos Gryffindor de séptimo—explico una vez estuvo frente a ellos.

— Colagusano ¡hombre! Qué bueno verte —James fue el primero en acercarse a darle un abrazo—Te extrañamos en casa—dijo cuándo se separó.

— Lo lamento —se disculpó Peter con una mueca, a él realmente le hubiera gustado pasar su última semana de vacaciones con sus amigos pero lamentablemente su madre había enfermado y tuvo quedarse con ella—ya saben cómo son las cosas en casa—añadió en un susurro acercándose a saludar a Remus.

— ¿Qué tal el viaje al Anden Peter? ¿Cómo estás? —saludo con una sonrisa el castaño imitando la acción de James.

— No puedo quejarme Lunático—dijo mientras ayudaba a subir el baúl del mencionado mientras James y Sirius hacían lo mismo con el del segundo.

— ¡Colagusano! ¿para mí no hay abrazo? —dijo con diversión Sirius una vez dejaron el baúl de James en su lugar y se acercó hasta el muchacho para imitar la acción de los demás—entonces compañero ¿estás listo para la mejor broma de inicio al curso? —pregunto con picardía viendo como James y Remus se encargaban de subir el ultimo baúl.

— Oye Peter ¿no has visto a Lily? —quiso saber cómo quien no quiere la cosa James una vez los baúles estuvieron colocados debidamente en sus lugares los cuatro volvieron a bajar a la plataforma, de forma inmediata Remus y Sirius dejaron escapar una carcajada recordando la carta y Peter curioso preguntaba qué sucedía mientras James bufaba y se cruzaba de brazos llamando la atención del grupo de chicas que se había reunido cerca quienes de inmediato comenzaron a cuchichear.

— ¿Para qué me buscas Potter? —les llego una voz divertida y de forma inmediata los cuatro se giraron para ver a una preciosa muchacha de largo cabello pelirroja y unos hermosos ojos verde esmeralda que sonreía con cierta timidez cuando sintió la mirada del azabache sobre ella—Hola—agito su mano cuando noto que todos se quedaban mirándola con sorpresa. El primero en reaccionar fue Remus, quien aclarándose la garganta le proporciono un codazo a Sirius sacándolo de su parálisis y se acercó a saludarla.

— ¡Lily! ¿Cómo estás? —la saludo alegremente mientras recibía un abrazo de la sonriente pelirroja.

— Muy bien ¿y tú? —pregunta ella recibiendo una respuesta inmediata del castaño antes de acercarse a saludar a los demás con un beso en la mejilla en primer lugar a Peter quien se sonrojo levemente antes de lanzarle una mirada interrogante a Remus quien le hizo una seña dándole a entender que luego le explicarían. El siguiente al que saludo fue a Sirius quien no puedo evitar dejar escapar una carcajada cuando escucho a su mejor amigo suspirar pronunciado un Bendito sea el verano antes de pronunciar su típico saludo en cuanto a la chica se trataba.

— ¡Pelirroja! Tan hermosa como siempre—dijo con una amplia sonrisa tomándola por sorpresa cuando la acercó a él para abrazarla arrancando una sonrisa de la chica quien con un bufido le devolvió el abrazo.

— No puedo decir lo mismo Black — Lily dejo escapar una carcajada con diversión cuando el pelinegro se llevó una mano al pecho ofendido y el resto de los Merodeadores reían divertidos— Hola Potter —pronuncio cuando el azabache luego de un golpe nada disimulado de Sirius se acercó con inseguridad a ella lo que le saco una sonrisa—no pienso morderte —anuncio cuando noto que el dudaba en saludarla dando unos pasos hasta quedar frente a él para depositar un beso en su mejilla adquiriendo un pequeño sonrojo cuando Sirius pronuncio un Pero a Cornamenta le encantaría que lo hicieras ganándose un golpe en la nuca de parte de Remus y una mirada fulminante por parte de James quien nervioso se rasco la nuca recordando las palabras de su padre.

— ¿Te sientas hoy con nosotros Evans? —pregunto curioso Peter ¿Qué no le habían contado sus amigos? Quería preguntarle a James como es que ahora hablaba con la pelirroja si al final del curso pasado había jurado no volver a acercársele luego de la pelea con Snape pero decidió que aún no era el momento —Frank y Macmillan dejaron sus cosas en el compartimiento y fueron a despedirse de la Sra. Longbottom —explico para la muchacha aunque los demás también prestaron atención.

— Si no les importa—Lily miro a los cuatro muchachos esperando una respuesta que por supuesto no tardó en llegar cuando todos al mismo tiempo dijeron que no había problema.

— Lily ¿podría hablar contigo? —le pidió James haciendo acopio de su valentía y con una sonrisa más segura al ver que la pelirroja asentía y juntos se alejaban un poco de los demás.

— Vamos pulgoso ayúdame—ordeno Remus con diversión tomando por un lado el baúl de Lily, Sirius refunfuñando alegando que no tenía pulgas se dispuso a tomar el otro extremo del baúl quedando de espaldas a la multitud.

— Evans tiene más cosas que tu…—Comenzó a quejarse el pelinegro sin embargo se vio interrumpido por un chillido de emoción por parte de dos muchachas.

— ¡Lilis! ¡Jamie! —la voz que pronuncio los apodo de la pelirroja y James hizo que Sirius se girara rápidamente topándose con una preciosa muchacha de largo cabello negro y unos preciosos ojos castaños haciendo que de forma involuntaria el muchacho dejara caer el baúl pronunciando un fuerte:

— Cornamenta, Bendito sea el verano—