Regalo de Año Nuevo XD
¡Felicidades!
Dos horas más tarde, Ren yace en su cama. Hasta las narices está ya. No sabe cómo ponerse. No sabe si estar sentado o estar acostado. Le duele todo. Hay momentos en los que incluso le duele respirar. Pero todo se le olvida en cuanto oye el timbre del portero automático. Se le escapa un jadeo. Ella ya viene. Cuenta los minutos, uno, dos, dos y medio, hasta que oye el ruido del ascensor en el pasillo común. Segundos más tarde, el timbre de su puerta. Luego, las voces mezcladas de Yashiro y Kyoko, en voz baja, como si pensaran que duerme. Y finalmente unos toques suaves en la puerta de su dormitorio, y una vocecita que pregunta "¿Tsuruga-san?". Kyoko… Por fin…
Un ángel. Un ángel acaba de entrar por su puerta. Y no, no es la medicación. Ha venido directamente del estudio y todavía está tal cual Jelly la dejó. Con un maquillaje suave que resalta sus ojos dorados y un vestido vaporoso de varios tonos de verde bosque, que le llega a los tobillos, y mangas amplias de tipo medieval. Ella sí que parece una princesa de hadas… A Ren se le escapa un suspiro cuando la ve. Tan solo verla así de nuevo bien ha merecido el batacazo…
- Yashiro-san me ha puesto al día. ¿Cómo te encuentras? -Ren aún no recupera la capacidad del habla. Se le escapa un gruñido-. Tendrás problemas para respirar bien. Sería mejor que estuvieras recostado, a pesar del dolor. Eso aliviaría la presión del pecho y podrías respirar un poco mejor. He tenido más de un accidente con la bicicleta como para saberlo bien…
Él asiente y con un gesto señala el armario. Kyoko saca varias almohadas y Ren se incorpora un poco. Cerca, la tiene demasiado cerca, y su aroma le invade, "A flores, huele a flores", piensa mientras ella trastea a su espalda y va colocando las almohadas entre el cabecero y Ren. Cuando ya le parece que están a su gusto, le pide a Ren que pruebe a ver.
- Perfecto… Gracias, Mogami-san -y es verdad, siente menos opresión y el dolor remite un poco. Kyoko le regala una sonrisa radiante. Y él corresponde con la suya, por supuesto.
- Ren, nos vamos a preparar la cena y dejar todo preparado para pasar la noche. Si me dices dónde están las cosas… -Yashiro odia interrumpir pero ya es tarde.
- Mogami-san sabe dónde está todo. Ella te dice.
Yashiro ve con cierta sorpresa cómo Kyoko se mueve por la casa con la soltura que da la experiencia. Mientras pone agua a hervir, va sacando mantas, sábanas y almohadas. Yashiro prepara el sofá del salón para él. Kyoko, la habitación de invitados. Deja además toallas limpias en el baño. Consigue incluso unas camisetas y unos pantalones cortos de deporte para cada uno, para cambiarse. Ninguno de los dos piensa siquiera en usar los pijamas de Ren. Son enormes…
Yashiro ha salido un momento a comprar una bolsa de hielo a la tienda de conveniencia más cercana (o un 24 horas, como prefieras llamar…), en lo que se termina de preparar la cena. Ren no vale para estar enfermo. Se aburre, sus pensamientos le dan alcance y se desespera. Kyoko le ha llevado una radio, y varias revistas y libros de los que hay por su apartamento, así podrá tenerlo entretenido un rato hasta que coman Yashiro-san y ella, y luego su senpai.
Finalmente, le llevan la cena a la cama, y él les pide que le hagan compañía mientras come. Inexplicablemente, tiene apetito y se lo come todo sin una protesta… Yashiro les va comentando las novedades respecto a su accidente. Ha recibido en su correo el vídeo de la caída de Ren. Parece ser que toda la empresa lo tiene. Kyoko confirma que a ella también le ha llegado. Ren le pide a Kyoko que se lo reenvíe para verlo.
- Pero Tsuruga-san, si ha sido un envío masivo, lo más probable es que tú ya lo tengas…
Ren asiente mientras comprueba su móvil, pero interiormente lamentando otra oportunidad perdida de averiguar su dirección de correo electrónico. Y hace un muy japonés "Tsk" mental.
Efectivamente, tiene en su buzón el dichoso vídeo. Sí, enterito, caída y descalabro al completo. Advierte con terror que solo es cuestión de tiempo que alguien conjeture la verdadera razón de tal desastre… El vestíbulo está lleno de cámaras que recogen toda la estancia. Y verán por qué se despistó. Verán por qué se le fue la cabeza… En línea recta al otro lado de la estancia, casi en la puerta, Kyoko sonriéndole. A él. Lo verán y se darán cuenta… O tan solo con unos segundos más del mismo vídeo, la verían a ella llegar junto a él, a auxiliarlo. Y lo sabrán. Todos lo sabrán, menos ella… "Es mi kohai, es mi kohai… yo iba a saludar a mi kohai…". Su mente acelerada ya está preparando excusas, redactando un argumento lógico que justifique tal distracción. "Mi kohai tenía un evento importante ese día. Solo quería tener unas palabras de ánimo antes de que se fuera". Dios, Ren, das pena. Recurres al cliché senpai/kohai que tanto aborreces solo cuando te conviene… Además, de nada sirve que no utilices palabras que indiquen género femenino, porque todo el mundo sabe que al hablar de tu kohai solo puedes referirte a una persona. Ella… Mogami Kyoko…
Le encarga a Yashiro que hable con Lory para averiguar quién puede estar difundiendo el vídeo de su vergüenza. Necesita que el asunto sea enterrado cuanto antes. No puede permitirse que se le dé notoriedad. Si alcanza la prensa rosa, escarbarán y escarbarán hasta encontrar carroña de la que alimentarse. Lo magnificarán todo, lo malinterpretarán todo, lo sacarán de contexto… Y no quiere que a Kyoko le salpique la mierda… Con ella allí mismo, no puede decírselo a Yashiro en voz alta, pero él no sería quién es si no fuera siempre por delante midiendo y considerando las consecuencias de los hechos que pudieran afectar a su representado. Yashiro asiente. Él entiende todo lo que está en juego. Es cierto que todo esto puede acabar en nada, como pólvora que arde y se consume en un segundo, con unas cuantas risas malintencionadas a costa de Tsuruga Ren, y ya está, pero deben estar preparados para lo peor, solo por si acaso…
Y esa es otra… Las burlas. El Presidente se reirá de él en su cara. No se cortará ni un pelo. Y puedes apostar que al Fuwa le faltará tiempo en cuanto se entere. Vendrá a restregarle en las narices la humillación pública, y él, como siempre, tendrá que morderse las ganas de partirle la cara y hacerle saltar un par de dientes. Los compañeros de trabajo preguntarán educadamente por su salud, pero a sus espaldas se partirán de risa. Es así… No tiene sentido negarlo. El ser humano se recrea en la caída ajena. Es el simple pensamiento colectivo del 'Mejor él que yo'. Punto.
Y se convertirá en la anécdota preferida en fiestas y eventos sociales. Se contará entre risas y carcajadas con una copa en la mano. Y más de uno tendrá el vídeo en el móvil para ilustrar la historia. El batacazo de Tsuruga Ren. Genial…
Hizuri Kuon, aprende a vivir con esto…
Pero por Dios, ¿pero quién habrá sido capaz de difundir el vídeo? Debe de odiarle… Ya es bastante vergonzoso que el vestíbulo estuviera lleno. Pero que encima todo empleado de LME tenga su copia particular del dichoso vídeo de marras…
Y Kyoko, ¿qué pensará ella? Se la ve preocupada. De hecho está aquí, con él, cuando podría estar tranquilamente en su casa, y estar desentendida de todo este asunto. ¿Por qué está aquí? Porque Yashiro se lo pidió. No, me encantaría pensar que no es solo por eso. ¿Le pregunto? ¿No le pregunto? No, mejor que no lo haga porque seguramente me diría algo del tipo de que todo buen kohai debe asistir a su senpai en tiempos de necesidad, y así quedaría todo… Además, ella es incapaz de no asistir a alguien en apuros, así que yo vendría a ser su buena obra del día… Eso es, Tsuruga, senpai y caridad, la combinación perfecta para el amor. Aghhh. Cómo se burla la vida de uno, ¿verdad? Mi amada, causa y testigo de mi vergüenza… No puede darse cuenta jamás.
Ya es bastante tarde cuando se toma la medicación y se preparan para las curas. Kyoko trae hielo dentro de una bolsa de plástico, envuelta en una toalla, para que no escurra el agua ni que queme el frío, y tiene ya listo todo lo demás. Yashiro está acomodando a Ren y le pone el hielo en los hematomas de la espalda, por debajo del pijama. Ren sujeta la toalla y va alternando las zonas con más dolor. Kyoko le pone otra toalla con hielo en el tobillo hinchado.
Ya solo queda aplicar la pomada. Pero mira tú cómo pasan las cosas, Yashiro recibe en ese momento una llamada, "Es el Presidente" les dice, y mientras habla "Sí… entiendo… no, no… yo me encargo…", se despide con un gesto de la mano, casi sin mirarlos, y sale con urgencia, murmurándoles algo sobre una no sé qué en no sé dónde… La verdad es que no le entendieron en absoluto…
Y allí se quedaron los dos solos.
Los ochenta segundos que pasaron sin pronunciar una palabra mirando una puerta vacía constituyen un ejemplo perfecto de lo que se denomina 'silencio incómodo'… Los dos solos en un dormitorio era una situación que se parecía demasiado a sus tiempos de hotel como los hermanos Heel. Y todavía faltaba aplicar la dichosa pomada de las narices…
