No tengo oro, incienso ni mirra, pero les dejo el tercer y último capítulo XD

Espero que les guste.

¡Feliz Día de Reyes!


Los ochenta segundos que pasaron sin pronunciar una palabra mirando una puerta vacía constituyen un ejemplo perfecto de lo que se denomina 'silencio incómodo'… Los dos solos en un dormitorio era una situación que se parecía demasiado a sus tiempos de hotel como los hermanos Heel. Y todavía faltaba aplicar la dichosa pomada de las narices…

Ren no sabe qué decir.

Kyoko no sabe dónde meterse.

Los ochenta segundos se hicieron leeentos, pero finalmente pasaron y… Kyoko es la valiente que rompe el silencio. ¿Quién lo iba a decir?

- Pues nada, a hacerte las curas, Tsuruga-san… -y empieza a retirar las almohadas y cojines de su espalda.

Ren tiene la decencia de sentir vergüenza mientras se desabrocha la camisa del pijama. Casi parece que le estuviera haciendo un strip-tease privado. Y Kyoko toda seria, formal, con todos los adminículos preparados y dispuestos… No, si ya sabía él que a ella no le interesaba él como hombre. Lo tenía claro. La de veces que lo vio desnudo en el baño, bueno, a Cain, y ella tan tranquila, tan imperturbable… ¿Es que a ella no le afecta nada?

Aparentemente Kyoko mantenía la calma… Estaba relativamente inmunizada al torso de Tsuruga desde de su época como Setsuka Heel. Después de todo, ella había visto más que eso. Sip, mucho más que eso… Y tocado también, que no se te olvide, Kyoko. También lo tocaste… ¡Pero en fin! No pienses más en el cuerpo de Tsuruga-san. Hmm, si vamos a ser precisos, también lo cataste… Bien mordido y marcado lo dejaste… ¡Oye! ¡Qué no pienses más en él! Vale, vale… Ya está… Hecho. Ponte en modo profesional, ahora tienes que actuar con seriedad y asistirle en su tratamiento. Tus sentimientos personales deben quedar al margen. No puede darse cuenta jamás de lo que sientes por él. Tu humillación sería infinita y volverías a sufrir por amor…

Cuando Ren ya se ha quitado la camisa, Kyoko no puede reprimir una mueca de preocupación y consternación… No, no puede evitarla porque el desdichado tiene en su cuerpo las marcas de su accidente. Los moretones, de un color casi negro ya, le tiñen torso y espalda. Esta, la espalda, es lo que peor está. A Kyoko le dolía solo mirarlos…

- Uff… Estás horrible, Tsuruga-san…

- Vaya, gracias, Mogami-san…

Y Kyoko hace lo que hacemos todos con las heridas ajenas. Mueve su mano al hematoma más oscuro y lo toca ligeramente con la yema de sus dedos. Él se sobresalta al sentirlos en su piel.

- Ay Tsuruga-san, estás… ¿te duele? Bah, claro que te duele…

- Las manos… tienes las manos frías…

- Oh, sí, perdona, el hielo de antes… Pues para lo horroroso que estás, menos mal que no te rompiste ningún hueso…

- Sí, ya solo me hubiera faltado eso…

- Bueno, voy ya con la pomada, Tsuruga-san.

- Sí, gracias.

Kyoko sube a la cama (con alguna dificultad debida al vuelo de su falda), y se sienta en seiza junto a lo que queda de la torre de almohadas detrás de Ren. Este hace ademán de inclinarse hacia adelante, pero ella lo detiene con una mano en su hombro, y retira los cojines y almohadas que quedan, para que él no se tenga que estar moviendo y pueda mantener la espalda recta. Sin darse cuenta, su mano sigue en su hombro. Entonces, se sitúa justo a su espalda. "La pomada es ligeramente fría", le advierte. Él solo le responde con un asentimiento de cabeza, sin mirar atrás.

Sí, la pomada es fría. Kyoko empieza a aplicarla con suavidad, para no añadirle dolor, sobre los espantosos moretones. "Si te hago daño, dímelo". Otro asentimiento sin palabras, sin mirar atrás… Ella sigue extendiendo la pomada con pequeños movimientos circulares en cada uno de los hematomas, y con delicadeza, con sumo cuidado, los va tratando todos. La absorción en la piel es rápida. Desde el primer momento, ella siente cómo él se estremece con su contacto. Siente cómo su piel se calienta bajo su mano, a pesar de la frialdad del ungüento… Puede ver desde donde está sentada cómo sus manos se aferran a las sábanas en puños prietos y tensos. "Le debe doler horrores…", piensa ella (ingenua…). Una vez cree escuchar un suspiro. En otra ocasión él deja caer la cabeza hacia adelante, rendido y vencido, lo oye tomar aire profundamente, nota en su mano cómo su espalda se ensancha, y cómo luego se vacía, cuando deja salir el aire retenido, muy despacio…

- Te he hecho daño ¿verdad?

Él niega con la cabeza, lentamente.

- Tsuruga-san…

- Ren.

- ¿Ren?

- Llámame Ren. Por favor. Todo esto es tan… tan íntimo…, que por lo menos deberías llamarme Ren, … Kyoko…

La profesional Kyoko en modo 'asistente/enfermera' se ruboriza hasta la raíz. Menos mal que él no puede verla. Sí, la muchacha se ruboriza por dos razones. Primero, por lo de 'íntimo'… Evidentemente, tiene enfrente al hombre que ama casi desnudo, tocándolo ella y hablando de intimidad él… Y segundo, por la forma en que él dijo 'Kyoko', casi como si su nombre fuera miel que se derritiera en su boca… Pero la muchacha reconoce un desafío en cuanto lo ve. Y Tsuruga Ren la está retando. La está desafiando a que haga caso omiso de sus valores y tradiciones de doncella japonesa y lo llame por su nombre, sin honoríficos, en tal intimidad, en tal situación, como si fuera su marido… En el dormitorio, casi desnudo y a solas… Oh no… Ella no rechaza un buen reto… Esto ya le pasó una vez. Y cuando Kyoko no pudo, la ayudó Setsu. Bueno, Setsu realmente no hace falta aquí, así que no. Fuera, fuera… Pero un poquito, solo un poquito de su tono, de su forma de hablar, puede resultar útil. Sin dejar de ser ella. Solo Kyoko. Porque por mucho que lo ame, no va a reírse de ella. No, señor… Pues bien, allá vamos…

- Ahora el costado. Levanta el brazo, … Ren…

Y deja caer su nombre con tal dulzura, tal calidez, que ahora sí que claramente lo oye ahogar una exclamación de sorpresa. Él la siente moverse por la cama, y por el rabillo del ojo la ve situarse a su lado. Se atreve por un segundo a cruzar su mirada con ella. Solo un momento. Solo un instante. Pero la promesa que había en sus ojos hubiera mandado al cuerno la sensatez de cualquier hombre…

- Ren… el brazo… Levántalo y apóyalo en mí.

"Esa voz… esa voz… Estoy muerto… Me voy a morir… O iré a la cárcel… Esto fue una mala idea desde el principio… Esto no puede acabar bien… No, no acabará bien… Me matará… Y yo no se lo impediré…".

Kyoko, no del todo ajena a la perturbación que ha provocado (aunque ella cree otros los motivos), sigue con la pomada en los cardenales del costado. Los mismos gestos suaves y delicados, su mano moviéndose leve en su piel…

Ren está al límite de su voluntad. O quizás más allá. Ya no sabe nada… Ya casi ni piensa… La tiene tan cerca, tan cerca… A Kyoko, su Kyoko. No a Setsu ni Natsu, ni cualquier otro de sus personajes. A Kyoko, la niña de Kyoto, no, la mujer de Kyoto. A su primer amor. Su único amor, su luz…

No saben en qué momento pasó, pero se están mirando. Las miradas enlazadas, clavadas en la del otro. Los rostros tan próximos, que pueden sentir en su piel el calor del aliento del otro. El brazo que tiene en ella va deslizándose hasta la cintura. Las respiraciones empiezan a ser más rápidas…

- Kyoko…

- ¿Sí? -aquí ya cualquier pensamiento sobre la falta del tratamiento con honoríficos simplemente no podía siquiera ser pensado. Nop.

- Kyoko… yo… yo no puedo más…

Y estrella sus labios contra los suyos, con firmeza, con intensidad. Dos, tres segundos, no más. Y tan pronto como lo hace, se retira, anticipando el dolor de su corazón al pensar que Kyoko va a salir huyendo de su apartamento y que la habrá perdido para siempre.

Huy, pues no… Ella sigue allí, inmóvil, mirándolo… Sorprendida…

Dicen que la esperanza es un aleteo que se siente dentro del pecho. Aunque para Ren era más bien un bum-bum-bum atronador… Entre eso y la costilla fisurada, Ren apenas puede respirar.

- Kyoko… ¿No vas a decir nada?

- T-Tsuruga-san…

- Ren…

- Ren…

- ¿Sí?

- ¿Por qué hiciste eso?

- Porque quería volver a besarte…

- Oh…

- Kyoko…

- ¿…?

- Kyoko… Kyoko, yo lo sé… sé que no quieres oír esto, sé que no es el mejor momento, pero yo… yo te quiero…

- ¿Qué?

- Que te quiero.

- Ah… ¿Eh?

- Y me harías muy feliz si aceptaras salir conmigo.

- ¿Eh?

- ¿Considerarías la posibilidad de ser mi novia?

- ¿Tu qué?

- Mi novia…

- ¿En serio?

- Pues claro…

- Tú… amor… yo… novios… ¿Eh?

- Sí.

- ¿Dices que tú me quieres?

- Sí.

- ¿Pero tú sabes lo que estás diciendo?

- Por supuesto.

Ahí está… Una sensación familiar, como un déjà vu.

Le toma de las manos, inspira profundamente, y le dice:

- Kyoko, yo sé que has sufrido mucho, sé que has sido herida… Que aún lo estás. Pero yo no puedo callar más esto que siento que por ti… Estar a tu lado sin poder decirte lo que siento, me está volviendo loco…

- …

- ¿Kyoko?

- …

- Kyoko… Dime algo…

- Tsuruga-san…

- Ren.

- Ren…

- Dime…

- ¿No me estás mintiendo? ¿No te estás burlando de mí?

- Nunca. Jamás te mentiría sobre esto. Jamás querría hacerte daño. Sé que es pronto para ti, que no es el momento, pero si pudieras darme una oportunidad, haría todo lo posible por hacerte feliz, por demostrarte cuánto me importas. Por tratarte como te mereces.

- Una oportunidad… ¿Me estás pidiendo una oportunidad conmigo?

- Sí… Por favor…

A Kyoko la cabeza le da mil vueltas. Jamás se le había pasado por la mente la posibilidad de que sus sentimientos pudieran ser correspondidos. Jamás… Y ahora este hombre, este hombre que podría tener a cualquiera, la elige a ella. ¡A ella! Este hombre que le está pidiendo una oportunidad para demostrarle su amor, para hacerla feliz. A ella. No sabe lo que es eso. En su relación con Shotaro, siempre era ella la que daba y daba, y nunca recibía nada, ni una palabra amable, ni un gesto de cariño, nada… Y ahora este hombre…, este hombre le ruega que le permita hacerla feliz… ¿Podría él? Y el daño, el dolor que trae el amor… ¿Podría ella? Kyoko, tú lo amas…, él te ama… ¿Podrías? ¿Puedes?

- Yo…, yo creo… creo que puedo… Yo puedo darte una oportunidad…

Y entonces es cuando la habitación se ilumina con la sonrisa cegadora de Tsuruga Ren. Su sonrisa mata-demonios. Divina… Letal… Sus furias y rencores van muriendo en cuanto son alcanzados, se desintegran con un 'pluf' y se convierten en polvo kármico, sin lugar donde esconderse… Kyoko se percata de que cuantos más de sus rencores desaparecen, mejor soporta esa intensa luz, y sin advertirlo, se encuentra devolviéndole la sonrisa. Y él se acerca… Y ella también… Y se vuelven a besar. Esta vez, él se pasea por sus labios, aprendiendo y saboreando sus formas y textura. Con auténtica alegría, siente a Kyoko correspondiendo su beso, improvisando o repitiendo sus movimientos. Sus labios moviéndose con los suyos. Su corazón late a la carrera, cada vez más rápido. Kyoko le está besando. Por fin… ¡Por fin! Pronto los brazos rodean su estrecha cintura, acercándola más y más a él, y Kyoko entierra su pequeña mano en su pelo, hasta llegar a su nuca, mientras la otra se pasea por su pecho. Ren se siente desfallecer de placer… De placer y dolor mezclados. Espera… ¿dolor? Y sin quererlo, se le escapa en voz alta un "¡Ooouch!". Kyoko salta y separa de él con tal rapidez que pareciera que nunca estuvo en sus brazos.

- Lo siento, lo siento, se me fue de la cabeza…

Los dos se sonríen tímidamente (sí, Tsuruga también), pero luego a Kyoko se le escapa una carcajada.

- Perdona, ni me acordé de tus dolores…

- Ni yo…

- ¿No?

- Estaba ocupado con otra cosa…

- Ah… -el sonrojo asoma un poco.

- Kyoko…

Él se lleva el dedo índice a los labios. Otro déjà vu.

- Kyoko… Aquí no me duele…

La muchacha ahora se ruboriza a más no poder. De rojo intenso… "¡Pero qué atrevido!", piensa ella, "Bueno, más vale que te acostumbres… Es tu novio…". Novio, sí. Gran palabra. Da miedo. Pero ya es tiempo de ser valiente y salir del rincón. Ya es tiempo de sentir y de vivir. De perder el miedo. Y de ser correspondida. Y entonces, como única respuesta a su provocativa petición, ella se adelanta y va acortando la distancia entre ambos. Ella lo besa a él. Recorriendo su boca, van alternando posiciones y cambiando el sentido del beso. Y poco a poco, el beso se va haciendo exigente, demandante. Ren ya empieza a jugar con la punta de la lengua en los labios de Kyoko, incitándola. Ella se estremece al sentirla, pero no cesa en su afán por aprenderle. Y separa los labios. Y Ren entra en su boca con un gruñido de victoria. Sus lenguas pronto se enredan y danzan juntas. Pero de repente Kyoko se separa abruptamente, con las manos apoyadas en el pecho de él, "¡Ouch!", exclama él, y ella pone distancia entre ambos, mientras en su cara aparece una expresión de desconcierto. Ren se queda con los brazos abrazando al aire, confundido. Y es entonces cuando ella dispara la gran pregunta:

- ¡¿Volver a besarme?! ¿Qué querías decir con eso de volver a besarme? ¿PERO CUÁNDO ME HAS BESADO TÚ ANTES?

Y dejando salir un profundo suspiro de resignación, Hizuri Kuon sabe que ha llegado el momento inevitable de enfrentar su pasado, y de revelar sus secretos a la mujer que ama. Es lo justo.

- Siéntate junto a mí, amor mío, y ponte cómoda, porque esta va a ser una noche muy larga… Verás, todo empezó hace once años…