La promesa de una nueva vida

Parte 1

Libros, pinturas y un telescopio

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"For a hope I've give my everything…" —Nightwish.

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Ciudad de Atenas, Grecia

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El tiempo de dejar el Santuario había llegado junto con una nota de la diosa dejada en la onceava casa, cuando Camus despertó tras la última batalla entablada contra el dios Apolo estaba recostado en el suelo de la casa de Acuario y a su lado el documento:

"Apreciable Camus de Acuario.

Por medio de la presente le comunico que es necesario que tome las pertenencias que tenga en la onceava casa y abandone el recinto antes del atardecer del día de hoy. Así mismo deberá renunciar a la posesión de la armadura de oro, a su rango y dejar la armadura en la casa de Acuario entro de su caja de Pandora.

La razón de esta decisión le será informada en la audiencia que tendrá conmigo el día de hoy justamente al anochecer. La ubicación del lugar donde se encontrará con ella está descrita en el mapa contiguo.

Se le pide de la manera más atenta que no llegue tarde a la cita puesto que es indispensable su presencia para discutir temas importantes relativos a su futuro.

Atentamente,

Atena"

El documento le había parecido de lo más extraño, aunque era menos raro que todo lo acontecido en los últimos meses; había perdido la vida a manos del discípulo de Cristal, pero eso no lo lamentaba lo que lamentaba era el hecho de haber sido traído al combate de nuevo por el hermano de la diosa, el dios Efebo Abel, quien los reunió en el Templo de la Corona para servirle pero momentáneamente ya que tras asesinar a su propia hermana el santo de Acuario y Shura de Capricornio se revelaron en contra del dios corrupto pero al querer hacerle frente perdieron la vida a manos de sus tres asistentes.

Hubo unos meses de paz, un periodo largo en el cual creyó que por fin tendría paz para descansar pero el dios Hades fue el siguiente en hacer uso de sus almas y prometiéndoles una mejor vida creyó haber comprado su fidelidad aunque el plan elaborado por todos para llegar a la diosa y hacerle saber las intencionesdel dios maligno les había costado caro puesto que murieron a manos de Pandora, tras despedirse de Hyoga de nuevo creyó que por fin tendría ese descanso tan deseado pero el juicio al que serían sometidos los doce guardianes del Santuario empezaría poco después en donde todos serían convertidos en piedra y encerrados en una gran roca.

Ahora estaba de nuevo en la onceava casa, ¿acaso un nuevo dios maligno amenazaba la paz de la tierra?, ¿de nuevo tendrían que combatir? Era fiel a la diosa y a sus ideales de paz pero la realidad es que estaba cansado de morir y revivir cada vez que a algún dios le viniera en gana.

Tras leer rápidamente el documento supuestamente dejado por la diosa se puso de pie y caminó hacia la habitación que estaba en la parte posterior de la onceava casa, del recinto circular que había cuidado por muchos años. Recorrió el pasillo principal hasta llegar a pocos pasos de la puerta que daba al camino a la casa de piscis, ahí a mano derecha estaba oculta la puerta que daba a si habitación, al refugio que lo acogió desde su llegada al Santuario cuando era solo un niño.

No solo estaba su habitación sino la gran biblioteca que sus antecesores habían protegido tan celosamente, incluso su maestro tenía respeto por todos los libros ahí cuidadosamente guardados. ¿Cómo podría deshacerse de toda esa fuente de sabiduría? Había tomos de literatura rusa del siglo XVIII que no se encontraban en ningún lado, los grandes volúmenes de física que tanto le sirvieron durante su entrenamiento y la instrucción dada a Cristal, diccionarios en varios idiomas consultados una y otra vez, obras completas de Moliere, Sade, Rousseau y otros literatos franceses de los últimos doscientos años. Así mismo en la habitación se hallaba un viejo telescopio que tenía casi dos siglos montado junto a la ventana desde el cual vio las estrellas cantidad de veces cuando se sentía solo o triste.

Todos esos objetos tenían un gran valor para él y para los caballeros de acuario que lo habían precedido, ¿cómo tomarlos y arrojarlos a la basura así nada más? Sería un acto grosero en contra de la memoria de todos esos caballeros pero la orden dada por la diosa era tomarlo todo y sacarlo de ahí también tenía que desechar sus propios objetos personales que poco a poco había acumulado, debía tirar una gran parte de su vida al basurero.

— ¿Estás aquí Camus? —la voz de Afrodita se escuchaba dentro de su casa, salió de la habitación para ver que necesitaba o si tenía alguna noticia que darle.

—Sí, aquí estoy —al salir se encontró con su compañero quien se veía algo desorientado pero de buen humor—, ¿qué necesitas?

— ¿Te dejaron una nota con un mensaje de la diosa diciendo que tenemos que dejar la armadura y llevarnos todas nuestras posesiones de aquí?

—Sí, la leí hace unos diez minutos que desperté pero aún estoy tratando de asimilar el contenido porque la casa de acuario está llena de recuerdos que no me es posible desechar —respondió Camus con gran pesar en la voz.

—No solo hay memorias invaluables en tu casa —acotó Afrodita acompañándolo al interior de la habitación en la onceava casa—, vas a necesitar ayuda y puedo echarte una mano si gustas.

—Por supuesto.

—Así que esta es la famosa biblioteca de la casa de Acuario —comentó Afrodita mirando para todas partes maravillado ante los imponentes estantes llenos de libros—, mi maestra me comento alguna vez que esta biblioteca tiene cientos de años.

—Sí, más de doscientos para ser exactos, junto con el telescopio y algunas pinturas que están por allá— señaló hacía la izquierda de un estante y ahí en el suelo había varias pinturas las cuales Afrodita examinó una y otra vez.

— ¿Quién es la chica del cabello plateado? —Le mostró una vieja pintura que estaba en buen estado ya que la luz jamás la tocó—, creo que te pareces un poco a ella —su colega se lo dijo en broma puesto que sonreía ampliamente, Camus sonrió ante el comentario aunque le habían dicho anteriormente lo mismo.

—Se llama Serafina, según me dijo mi maestro ella estaba secretamente enamorada del caballero de acuario de aquella época, esa pintura debe de tener unos 247 años más o menos —ambos contemplaron el recuadro de una dama de la nobleza cuyo cabello era tan gris como la plata y miraba serenamente hacía el frente.

—Camus… te das cuenta de que si vendieras esta pintura a un coleccionista de arte ganarías un buen dinero por ella —dijo Afrodita de repente— de hecho… podríamos buscar buenas tiendas que compren antigüedades, si tenemos que deshacernos de todo lo que está en las doce casas ¿por qué no ganar algo con eso? La diosa nunca dijo que estuviera prohibido.

Camus reconoció que su colega tenía razón, le dolería tirarlo así que era mejor venderlo a alguien que supiera cuidarlo y atesorarlo y que mejor que un coleccionista de arte o antigüedades que pusiera las pinturas en exhibición y los libros en un museo junto con el telescopio.

— ¿Cómo bajaremos todo a la ciudad?

—Ya lo tengo resuelto, tuve que hacer lo mismo con las cosas de la casa de Piscis.

Afrodita lo ayudó a meter todos los libros en unas cajas que había ido a buscar al pueblo más cercano, además de eso le comentó algo que turbó mucho a Camus y lo lleno de tristeza.

— ¿Vacío, desolado…?

—Sí, el Santuario está completamente vacío. Ya no hay nadie en los campos de entrenamiento, en el coliseo no se oye bullicio. Las doce casas también están vaciándose poco a poco, según supe a todos nos dejaron el mismo mensaje diciéndonos que habría una audiencia con la diosa. Al último que vi fue a Aioria ya que tampoco quería ir a la cita y después de eso ya no regresó. Sé que no murió pero su cosmos se apagó.

—Despertaste antes que todos, por lo que observo —comento Camus con una sonrisa de tristeza en los labios.

—No exactamente, muchos ya se habían ido cuando baje al pueblo por cajas y bolsas para guardar mis cosas; Milo, Shaka, Mu, Aioros, incluso Deathmask… todos ellos perdieron su cosmos de alguna forma.

—Ya veo, entonces solo quedamos tú y yo…

—No, Shura aun duerme en la décima casa, no debemos despertarlo hasta que él lo haga solo. Ahora vamos al pueblo porque tendremos que dar más de una vuelta.

Y así fue, salieron cajas y cajas llenas de libros de la onceava casa, unos lentes que parecían ser de alguno de los caballeros anteriores, las pinturas incluido el retrato de Serafina que Camus puso en una caja sin reparar más en el, así como el telescopio cuidadosamente desmontado.

Para Camus el ver el Santuario en completo silencio y calma fue un golpe duro, de verdad que no había nadie en los alrededores y lo podía apreciar mientras iba escaleras abajo. Salvo por Shura que dormía en el suelo de la décima casa, las demás casas de Sagitario a Aries estaban vacías, no había rastro de sus ocupantes como si nadie hubiera vivido ahí nunca.

—De verdad que está todo en silencio… —comentó Camus al llegar— Jamás pensé que viviría para ver esto.

—Yo tampoco lo creí que hasta que bajé a los campos de entrenamiento, parece que la diosa ordenó la salida de todos de aquí —Afrodita lanzó un suspiro de tristeza, Camus observó que a su colega le afectaba tanto silencio más que nada porque hacía no mucho el Santuario era un lugar lleno de aprendices y santos por aquí y por allá.

Ahora todo el lugar parecía un cementerio e invadido un silencio sepulcral que calaba hasta los huesos.

Camus dejó de pensar en la nueva condición del Santuario y se concentró en bajar las cajas hasta la casa de Aries, se llevaron una parte de los libros y el resto lo dejaron ya que querían encontrar un comprador antes de sacar todo. Para su buena fortuna, con ayuda de Afrodita, encontraron una tienda de Antigüedades en el barrio viejo de Atenas, el encargado los había mirado extraño cuando cruzaron la puerta pero al ver la cantidad de cosas que llevaban en las cajas quedó fascinado, especialmente con el telescopio y las pinturas los cuales analizaba una y otra vez.

—Es magnífico este telescopio, ni una sola ralladura y las lentes en su lugar, también me sorprende el perfecto estado en que están las pinturas. ¿Dice que las tenía guardadas en un viejo sótano? —pregunto el dependiente sonriendo ampliamente.

—Sí, eran del abuelo. Como acaba de morir sacamos todas sus cosas y no queríamos tirar los libros, ni los demás objetos sino dárselos a alguien que sepa cómo cuidarlos.

—En eso tiene toda la razón y créame que ha venido al sitio indicado, aquí lo podemos contactar con grandes compradores de arte, casas de subastas y coleccionistas, es más… —el dependiente se acercó al computador del mostrador y rápidamente empezó a buscar algo mientras Camus y Afrodita lo miraban algo perplejos—, aquí hay algo interesante: el museo "Hermitage" de San Petersburgo está montando una exposición permanente de arte rococó y barroco, yo podría hablar con algún corredor de arte o algún coleccionista privado y tratar de venderles sus pinturas, estoy seguro de que pagaran una buena suma por toda la colección.

— ¿Usted puede arreglar esa venta? —por un momento Camus creyó que tendría que hacer trámites con el personal del museo o con la gente de las casas de empeño y comenzó a estresarse por eso.

—De hecho podemos arreglarlo en conjunto con Usted, necesitaré que preparemos un catálogo más o menos detallado para poderlo ofrecer tanto al museo como a la casa de subastas —comentó el dependiente tomando notas en una libreta—. Le puedo anticipar que somos una casa de antigüedades totalmente seria y profesional, por favor siéntase en confianza para dejarnos los libros, las pinturas y el telescopio para armar un catálogo y ofrecerlo ya sea mediante internet o bien llamando por teléfono a nuestros contactos.

—De acuerdo —Camus se sintió más tranquilo al escuchar estas palabras ya que lo que menos quería en ese momento era hacer trámites engorrosos y teniendo en cuenta que ya no tendría un hogar donde meter tanto libro, lo mejor era que alguien que supiera del tema los cuidara.

—Tengo que decirle algo importante y es que estas cosas no se arreglan de la noche a la mañana, tomará algo de tiempo encontrar a un buen comprador que sea confiable además, necesito que me deje algún número de contacto o si gusta pasar por aquí en unos dos días para darle los avances de la venta.

—Yo vendré en un par de días porque por el momento no tengo teléfono ni nada —dijo Camus apenado.

—De acuerdo —el dependiente anoto el día en que Camus iría a pedir informes sobre la venta de todos sus objetos—, por cierto tengo que decirle que ese telescopio me ha dejado impresionado y, personalmente soy coleccionista de telescopios y otras lentes de largo alcance por lo que… se lo compro hoy mismo.

— ¿En serio?, ¿de verdad lo quiere?

—Sí, me arrepentiré si dejo que otra persona lo compre así que le haré un cheque por el en este instante —el dependiente se veía muy seguro y sin dudarlo sacó su chequera e hizo a Camus un cheque por una buena suma de dinero.

—Es increíble… —abrió mucho los ojos ante la suma, también Afrodita estaba sorprendido.

—Entonces me deja las cajas con los libros y las pinturas, ¿no hay nada que quiera llevarse antes de dejarlos para el inventario?

—De hecho aún hay más, los traeré el día de mañana porque hoy ya no nos es posible venir hasta acá. Faltan unas 4 cajas.

— ¡Estupendo!

Era extraño el sentimiento que le quedó al dejar la mayor parte de los objetos de la onceava casa en manos de un vendedor de antigüedades, seguramente su maestro lo habría matado por hacer algo así aunque tenía que reconocer que el haberse deshecho de ellos era como cerrar un circulo y quedaría bien cerrado al dejar la armadura en su caja de Pandora y abandonar el Santuario para siempre.

—Vamos al banco a cambiar el cheque —dijo a su compañero— te daré una parte por haberte molestado en acompañarme y ayudarme a traer todo hasta acá.

—Vamos, no es necesario —respondió Afrodita esbozando una sonrisa.

—Si lo es, acéptalo.

—Muy bien ya que insistes y con ese dinero te invitaré a comer antes de tu cita con la diosa —ambos emprendieron el camino de regreso al Santuario puesto que aún había cosas que empacar—. Por cierto ¿qué fue eso de "eran del abuelo"?

—Fue lo primero que se me ocurrió, si le decía la verdad nos creerá ladrones de arte o algo peor.

Las pertenencias que quedaban en la onceava casa eran de Camus; ropa, algunos libros recientes en su mayoría. Los demás muebles no eran más que estantes vacíos que no valía la pena vender o tirar porque bien el siguiente ocupante podría necesitarlos. Guardó todo en una pequeña maleta de viaje que tenía y miró su habitación por última vez, a pesar de haber estado tanto tiempo en Siberia aquel cuarto había sido su refugio en los siguientes años ya que ahí se ocultó del bullicio del Santuario, del calor del verano, de Milo y sus tonterías pero ahora debía marcharse y no sabía que le deparaba el destino.

Salió cerrando la puerta con gran pesar y tristeza. Así mismo guardo la armadura dorada en su caja de Pandora y puso la tapa encima, sería la última vez que la viera así como al Santuario parecía ser. Revisó la nota dejada por la diosa una vez más y analizó el mapa detenidamente el cual marcaba un chalet en medio del bosque entre dos ciudades al norte de Atenas.

—Vamos a ver si Shura ya despertó —comentó Afrodita llevando un morral colgando en su espalda.

—Sí, vamos.

Bajaron a capricornio y se encontraron con que Shura apenas estaba volviendo en sí y desconfiaba acerca de la nota dejada, a él le tocaba la audiencia ese mismo día en un par de horas pero por lo que sabían no podrían preguntarle de qué se trataba todo el asunto ya que los colegas que se habían ido no habían vuelto.

Los tres cruzaron el Santuario y lo miraron por última vez antes de salir, contemplaron por última vez que le fuera su hogar por tantos años, el sitio que los vio crecer y convertirse en hombres, el lugar que fue testigo de tantas batallas ahora no sería más que un montón de rocas sin vida o tal vez un espacio abierto a los turistas que jamás se imaginarían su historia.

De todas formas ahora ya no tenía importancia porque ellos ya no estarían para verlo.

Estaban los tres sentados en la terraza de un restaurante hablando de esto y lo otro, de tiempos pasados y lo que más les aterraba: el futuro. Shura tenía bastantes dudas al respecto de la nota, el que sus colegas hubieran desaparecido así nada más y el abandono del Santuario, ¿cómo saber que la persona que escribió aquel papel era realmente la diosa Atena?

—No podremos saberlo hasta no acudir a la cita —le respondió Camus mirándolo fijamente—, trata de calmarte. Nosotros también estamos desconcertados por todo esto pero alterarnos no resolverá nada hasta no hablar con la diosa personalmente.

—Supongo que en eso tienes razón.

Los dos notaron que Afrodita estaba muy pensativo mirando al infinito, era la primera vez que veían a su colega tan meditabundo, parecía que estaba resolviendo alguna encrucijada mental que no tenía respuesta.

— ¿Estas bien Afrodita? —Camus lo miraba igual de desconcertado ya que su colega siempre se había visto muy confiado y ahora no era así.

—No… toda esta situación me tiene tan desesperado como a Ustedes ya que es la primera vez en mi vida que tengo que plantearme que haré después de hoy. No sé si volveré a Suecia o si la diosa tiene planeado algo para nosotros solo sé que hoy Afrodita de Piscis murió —los dos lo observaban muy serios y algo consternados por aquellas palabras—, lo enterré en la misma caja donde se quedó la armadura dorada —miraba fijamente al frente y se le notaba molesto, además de todo ya no llevaba aquel maquillaje que por tanto tiempo lo había caracterizado, lucia como cualquier persona y eso les pareció de lo más triste.

—Si ya no eres Afrodita entonces… —Camus no podía quitarle los ojos de encima, su amigo se había quedado sin identidad y no tenía idea de que decirle para animarlo.

—A partir de este momento vuelvo a ser M…, el desahuciado que vaga por las calles de la ciudad huyendo de sus captores —concluyó terminando su taza de té.

— ¿Volverás a tu vieja ciudad?

—Es lo más seguro porque si somos honestos yo no tengo nada más que hacer aquí.

—Afrodita… bueno M… —dijo Camus— deberías esperar hasta hablar con la diosa y no sacar conclusiones ¿qué tal si ella tiene otros planes para nosotros? No creo que nos deje a nuestra suerte o nos quite la vida.

—Creo que el que nos quite la vida no es lo peor que puede pasarnos Camus —respondió sin mirarlos ni a él ni a Shura.

No iba a ser fácil cambiar su modo de ver las cosas, es más sería imposible pero Camus trató de mantener un poco de optimismo.

—Debo irme, ha llegado mi turno —Shura se levantó y se despidió de ambos, aquella despedida fue dolorosa porque sabían que no lo volverían a ver. El caballero que custodio Capricornio partió al atardecer, dentro de poco sería turno de Camus seguirlo.

Pasaron un par horas y Shura no volvió.

—Creo que es mi turno, voy a ver de qué se trata todo esto.

—Fue un placer Camus, gracias por todo.

Su colega se puso de pie y se abrazaron efusivamente, era una despedida definitiva al parecer. Después de eso tomó su maleta e inicio el viaje hasta la casa indicada en la nota preguntándose qué será de él después de ese día.

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Continuará…

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*Notas: He tenido la pregunta: ¿qué pasaría si los caballeros dorados volvieran a la vida y Atena les diera una nueva oportunidad? Ahora es turno de Camus.

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Disclaimer: Personajes propiedad de Masami Kurumada y Toei.