La promesa de una nueva vida

Parte 2

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El camino de Camus lo llevó hasta un sendero apartado al norte de la ciudad saliendo por una de las carreteras principales, al mirar hacia atrás notó que ya estaba muy lejos de Atenas, no sabía exactamente cuántos kilómetros pero eran bastantes puesto que estaba cansado de haber caminado por horas hasta encontrar el chalet marcado en el mapa dejado por la diosa.

En ese momento se dio cuenta de que ya estaba subiendo las faldas de una colina, de acuerdo con las referencias del mapa parecía que iba por el camino correcto, mientras caminaba iba pensando en muchas cosas: en todas las batallas, en su vida en general, en el hecho de que todo estaba cambiando drásticamente y de alguna forma sentía que ese cambio iba a hacer que su vida diera un giro de 360 grados comenzando por la venta de la biblioteca que estaba en la casa de Acuario.

Sentía culpa por haberse deshecho de todos los libros, las pinturas y el telescopio; ¿qué dirían los antiguos caballeros de acuario por semejante acción? Camus miraba al cielo creyendo que lo observaban desde allá y lo estaban juzgando por sus acciones.

—Maestro, no me condenes por haber vendido doscientos años de conocimientos pero las cosas están cambiando mucho por aquí y no sé qué me deparará el destino luego de este día —pensaba creyendo que sus antecesores lo escucharían.

Mientras caminaba por el frondoso bosque al pie de la colina alcanzó a ver un lujoso chalet, justo frente a sus ojos, que se alzaba majestuoso en medio del bosque junto al único camino existente. El joven revisó el mapa y por lo visto parecía haber llegado a su destino aunque no estaba del todo seguro, sin embargo aquella construcción se veía digna de una diosa a la altura de Atena.

Aquel chalet tenía dos pisos, paredes blancas y el techo de teja roja. Se veía calmado y pareciese que nadie vivía ahí. Camus se acercó y tocó la puerta dos veces esperando ver que pasaría al abrirse esta, tan solo deseaba que no fuese una trampa ni hubiese sido llevado a la vida por alguna razón inútil ni para pelear de nuevo.

La puerta se abrió y un mayordomo de aspecto imponente de tez morena y calvo, se dejó ver del otro lado.

—He venido a ver a la diosa Atena.

—Por supuesto, pase Señor Camus de Acuario —le permitió la entrada y le señaló una sala a un lado del recibidor—, tome asiento la diosa Atena lo atenderá en un momento.

Camus se sentó en el sofá y miró a su alrededor, era una casa acogedora y bien decorada. Seguramente se entrevistaría con una dama de gran altura ya que personalmente no conocía a la diosa solo había oído de su nacimiento sin embargo estando en el Santuario jamás la vio y jamás supo que ella no estaba ahí realmente. Ahora se conocerían por primera vez.

Saori Kido apareció de repente llevando una bandeja con dos tazas de té, miró a Camus sonriente y este la observo intimidado: tenía el porte de una diosa y de una gran dama.

—Bienvenido Camus, es un placer conocerte. Soy la diosa Atena pero a partir de este momento solo seré Saori Kido para ti.

—El placer es mío, señorita Kido —se puso de pie y se postró ante ella como buen santo de alto rango.

—No es necesario que te postres ante mí porque yo ya no soy tu diosa —lo miró con ternura y lo invitó a ponerse de pie, él claramente no entendía sus palabras.

— ¿A qué se refiere? —la miró con gravedad— No entiendo…

—Tenemos mucho de qué hablar, si gustas tomar asiento porque será una plática muy larga.

Camus se sentó de nuevo en el sofá tomando la taza de té que ella amablemente le ofreció. La situación era demasiado bizarra pero tenía que esperar a que Saori dijera lo que tenía que comunicarle.

—Supongo que lo primero que te has de estar preguntando es la razón de la carta en vez de mandarte llamar directamente desde los salones del Patriarca —dijo ella mirándolo fijamente.

—De hecho así es, fue lo primero que me pasó por la cabeza.

—Pues bien, tiene una razón de ser así como la ubicación de esta casa, todo está estratégicamente planeado. Empezaré por el principio —ella se sentó en un sofá justo frente a él sujetando la taza de té sin dejar de mirarlo.

Camus la observaba detenidamente, sus movimientos eran delicados, era toda una dama y en ese momento se dio cuenta de que le hubiera gustado estar bajo su mando pero ahora parecía no ser posible.

—Después de la última batalla con el dios Apolo y Artemisa tuve una audiencia muy larga con los demás dioses del Olimpo, como bien has de recordar —él solo asintió con la cabeza— en esa audiencia remarqué el hecho de que cualquier dios que llegaba a la tierra usaba las almas de mis caballeros como mejor le pareciera: los revivían o mataban a sus anchas y por supuesto que me manifesté cansada de esa situación. Ustedes nos son recursos desechables Camus por si alguna vez te has preguntado por qué mueren y reviven así nada más. Lamentablemente, se me indicó que cualquiera podía hacer uso de los recursos de la Tierra como mejor le pareciera, incluidos mis caballeros entre esos recursos así que para evitar que se metan con ustedes de nuevo tuve que hacer varias negociaciones con el mismo Zeus en persona.

— ¿Negociaciones…? —Camus pensó un poco recordando si ellos estuvieron presentes en esa audiencia.

—Sí, entre esas negociaciones me comprometí a liberarlos de sus servicios al Santuario, de esa forma nadie más tendría ningún poder sobre sus cuerpos o sus almas.

— ¿Por eso nos pidió que dejáramos el lugar y renunciáramos a la armadura?

—Precisamente, el renunciar a la armadura los vuelve más cercanos a personas ordinarias y los dioses no tendrían interés en querer revivirlos para sus diversos fines y cuando salieran del Santuario se borrarían del mapa de los dioses por lo que he ordenado la salida de todo caballero del Santuario hasta nuevo aviso.

—Por esa razón estaba todo desolado… —dijo él con tristeza.

—Exacto, creo que ahora entiendes mejor mi postura —respondió ella tristemente—. Yo no quería dejarlos ir porque les tengo mucho cariño a todos Ustedes pero debía impedir que siguiera esta ola de muerte y resurrección en la que los tenían sumidos. Especialmente a Ustedes los caballeros de oro.

— ¿Cuáles son sus órdenes ahora? —preguntó Camus expectante.

—Lamentablemente tuve que pensar en un plan que garantizara que no volverían a acercarse al Santuario ni a participar en ninguna batalla en lo que les quede de vida.

— ¿Cómo dice…?

—Camus, de ahora en adelante las batallas que se libren en el futuro ya no les concernirán a ninguno de Ustedes.

—Usted cree nos quedaremos de brazos cruzados viendo cómo el planeta es sometido, de ninguna forma —Camus respondió con toda serenidad pero estaba molesto por aquella resolución hecha sin consultarlos—, no podríamos quedarnos sin hacer nada.

—Lo sé Camus y por lo mismo tengo dos tratos que proponerte —dijo ella seriamente— te pido que escuches con atención antes de decir nada: el primero de ellos consiste en darles a ustedes la oportunidad de vivir una vida normal a partir de este momento; te puedo garantizar que será cien por ciento normal ya que para eso deberé sellar tu cosmos y reconstruir tu memoria, no podrás recordar que fuiste caballero ni que estuviste en el Santuario pero podrás recordar a toda la gente que conociste.

—Sellar mi cosmos… —eso no se lo esperaba.

—Así es, te valdrás de las habilidades propias de una persona ordinaria y podrás llevar una existencia tranquila viviendo en el pueblo más cercano a este chalet; claro que esto conlleva a que no podrás recodarme tampoco y no sabrás que los dioses existen.

—Pero sin cosmos, sin poderla recordar a Usted… ¿qué se supone que haré?

—Te dije que te garantizaría una existencia pacífica y ordinaria por eso te reconstruiré la memoria. Podrás usar tu nombre real si quieres.

—Mi nombre real… ¿la persona que era yo antes de llegar al Santuario?

—Exacto. Ahora escucha, el segundo trato es el que eligieron Shion, Dohko y Aioros: es el renacer completamente y vivir una vida nueva desde cero. Lamentablemente, no te podría garantizar que vivirás sin problemas o que tu camino no te acerqué al Santuario de nuevo pero tendrás la oportunidad de nacer y vivir en un ambiente diferente. Te pido por favor que pienses bien tu respuesta.

— ¿Esto se lo ofreció a los demás, es correcto?

—Así es, al rango de oro en su totalidad y unos cuantos del rango de plata pero si preguntas por tu discípulo Cristal, no me fue posible —dijo ella con tristeza y pena.

Cristal, era cierto. Él perdió la vida hacía mucho tiempo y por supuesto que hubiera abogado porque el joven tuviera otra oportunidad.

— ¿Por qué no le fue posible? —preguntó con gran pesar.

—Sus restos jamás regresaron a Grecia, el rango de mi poder para hacerlo era el Santuario y él… se quedó en Siberia. Hyoga ofreció traerme sus restos pero no daba tiempo, este trato tenía que hacerlo lo antes posible —Camus entendió que ella tenía prisa ya que no sabían si el periodo de paz duraría poco.

— ¿Hyoga sabe de esto?

—Claro, se entristeció porque ya no podrá tener contacto contigo como maestro-alumno, sino simplemente como a cualquier otro conocido pero él entiende bien mi postura, puedo garantizarte que no lo olvidarás, siempre será parte de tu vida si así lo deseas.

— ¿El también perderá la memoria?

—No Camus. Hyoga y los demás caballeros de bronce se quedarán bajo mi cuidado hasta nuevo aviso.

—Ya veo. Eso me tranquiliza pero en este punto no sé qué pensar, no sé qué será de mí de ahora en adelante… —lanzó un suspiro de pena, se sentía desahuciado y las palabras de Afrodita le vinieron a la cabeza: "el desvalido que vaga por las calles buscando que comer y donde dormir"— Eso me preocupa.

—Puedes aprovechar esta oportunidad para hacer otras cosas, conocer otros lugares o buscar a aquellas personas con quienes quieras reencontrarte: tal vez tus padres o viejos amigos de la infancia —notó como ella trataba de calmarlo y darle algunas esperanzas.

— ¿Tengo que decidir ahora mismo?

—De preferencia, ¿por qué la pregunta?

—Porque la casa de Acuario estaba llena de libros viejos y otras cosas antiguas, espero no le moleste lo que voy a decir pero: como la nota indicaba deshacernos de todo pues llevé todos esos objetos a una tienda de antigüedades donde los venderán y tengo que ir en unos días a ver cómo va el proceso de venta —estaba apenado ya que pensó que ella podría enfurecerse ya que finalmente todo eso era pertenencia del Santuario—, temo que si pierdo la memoria no podré recordar que vendí todas esas cosas.

—Ya entiendo y te garantizo que no olvidarás nada relacionado con esa transacción que tienes pendiente. Digamos que simplemente parecerá que vendiste cosas viejas que tenías en el sótano pero no podrás recordar que realmente eran objetos que estaban en la casa de Acuario.

—De acuerdo… siendo así acepto el primer trato —respondió resignado sin nada más que agregar.

—Muy bien.

Ella le sirvió una taza de té antes de continuar.

—Por cierto —comenzó a decir ella—, Hyoga llegará en cualquier momento ya que está ansioso de verte. En cuanto termine tu reunión con él procederemos con lo acordado.

—Me parece bien Señorita Kido —Camus esbozo una leve sonrisa pero en el fondo se sentía como si una pared de roca le hubiera caído encima.

Tal y como lo había supuesto su vida estaba por dar un giro de 360 grados: ya no sería santo de oro sino un humano común y corriente con toda la libertad del mundo para ir a donde quisiera y quedarse a vivir donde le apeteciera. Aquello era una oportunidad que jamás hubiera imaginado o soñado. Sin embargo la pregunta seguía siendo la misma ¿a dónde iría ahora? A Francia tal vez o quizá a Siberia a ver a su difunto alumno Cristal.

Sibieria era un sitio lleno de dolor y pocas cosas podía recordar que fueran agradables de su estancia allá o de algunos de sus constantes viajes a la Tierra de los hielos perpetuos, además había pasado demasiado tiempo lejos de ese sitio como para pensar en volver ¿qué haría en Siberia? Realmente no tenía razones para ir allá y menos quedarse a vivir.

Podría buscar a su padre y ver como estaba luego de tantos años de no saber de él pero el Señor Jerome de B… llevaba ya muchos años en la cárcel y era casi seguro que no lo recordaría. Además habría problemas por su visita ya que en Dijon todos creían que había muerto junto con su madre. Cómo llegar y decir "Hola señor policía, soy Edmond de B… y jamás estuve muerto". Se haría un caos sin duda.

—Cuéntame un poco sobre ti Camus —Saori lo miraba con interés— ¿Quién eras antes de llegar al Santuario?

—Pues viví algunos años en Dijon con mis padres pero mi madre murió y el hombre que sería mi maestro me interceptó mientras iba a la escuela bueno, me venía siguiendo antes de hablar conmigo y traerme a Grecia —en ese punto se detuvo, no quería hablar de su padre ni que le preguntaran nada al respecto, aplico lo que Milo había hecho por tantos años cuando le preguntaban por esos datos de su vida.

—Entiendo, lamento escuchar todo eso —Saori no preguntó nada más y enfocó su atención en la taza de té que tenia al frente—, perdón por preguntar pero me parece interesante la historia personal de cada uno de Ustedes.

—No se preocupe, todos los caballeros de oro tenemos historias trágicas que contar. Supongo que Usted lo sabe ya que ha hablado con cada uno de nosotros.

—Sí, lo sé —ella lo miró sonriendo— ¿has pensado qué harás una vez que salgas de esta casa?

—No estoy seguro, pienso si sería buena idea ir a Siberia o bien regresar a Francia aunque no lo sé. Lo que más me preocupa es donde voy a dormir esta noche.

—Puedes quedarte con Milo y Aioria —sugirió ella levantándose para buscar un papel y una hoja— sé que se instalaron en un departamento en el pueblo más cercano, seguro tienen lugar para uno más mientras decides que hacer y tus negocios se completan —ella le tendió el papel con una dirección escrita.

—Me vendría bien un poco de compañía, los buscaré saliendo de aquí. ¿Usted ha hablado con ellos después de esta audiencia?

—No, solo los he visto. Bajo al pueblo de vez en vez y así estoy al pendiente de que todos estén bien pero solo mientras estén aquí. Si salen del pueblo no podré saber nada más, igual que cualquier persona que pierde el contacto.

—Entiendo.

Alguien tocó la puerta del chalet en ese momento, ambos sabían quién pudiera estar tocando tan solo fue cuestión de que el mayordomo abriera la puerta para ver que Hyoga llamaba insistentemente. Camus estaba feliz de verlo puesto que tenía tiempo de no saber del joven discípulo de Cristal, se puso de pie para recibir al joven cisne mientras la diosa permanecía sentada en el sillón a la expectativa del futuro encuentro. Hyoga entró a toda prisa prácticamente pasando por encima de Tatsumi.

— ¡Maestro Camus! —El chico llegó a toda prisa ignorando el protocolo y la buena educación que solía mostrar delante de Saori.

—Hyoga, ha pasado el tiempo. Estoy feliz de verte de nuevo —Camus le dio un abrazo efusivo al chico de cabellos rubios quien derramo algunas lágrimas de felicidad al ver a su amado maestro.

—No tengo palabras para expresar lo que siento en este momento Maestro, juro que pensé que jamás volvería a verlo luego de la cruel batalla en el castillo de Hades —el chico no ocultaba la emoción.

—La diosa Atena me ha dado la oportunidad de vivir de nuevo o retomar el camino donde lo dejé.

—Imagino que tendrá muchas cosas en qué pensar Maestro.

—Pues si, eso creo…

Saori hizo que les prepararan la terraza para que ambos pudieran charlar el resto de la tarde, la diosa sabía de sobra que Hyoga querría hablar de muchas cosas con su maestro y que unos cuantos minutos no serían suficientes. Conocía lo que el chico quería comunicarle a Camus y era prudente que tuviera suficiente tiempo antes del anochecer.

—Hay tantas cosas que quisiera hablar con Usted Maestro —comenzó a decir el rubio—, conozco a la perfeccion los tratos que la diosa Atena ha hablado con cada uno de los caballeros dorados y quería decirle que no importa que decisión tome; si decide que se borren sus recuerdos o bien si decide renacer nuevamente, Usted siempre será una persona muy importante para mi.

—Hyoga…

—Hay algo más: mi deseo es que Usted pueda vivir plenamente esa vida que elija por lo que… ya no tendrá que preocuparse por mi de ahora en adelante. Creo que he madurado lo suficiente como para poder lidiar conmigo mismo.

—¿A qué te refieres Hyoga?

—Sé que he sido una carga emocional grande tanto para Usted como lo fui para mi Maestro Cristal, siempre lamentándome por el pasado, siempre derramando lágrimas por cada persona que he perdido pero ya no será así. A partir de este momento prometo cerrar los círculos de mi pasado, no quiero ser una carga para nadie más. Quiero mirar al frente.

— ¿Es verdad todo lo que estás diciendo?

Camus no podía creer lo que escuchaba, para él tener cerca a una persona tan sentimental había representado un gran problema en el pasado pero ahora que Hyoga se lo decía algo dentro de él no podía aceptarlo; el que el chico perdiera su sentimentalismo de alguna forma le partía el corazón. No quería que Hyoga perdiera esa esencia de su persona.

—No es necesario que cambies para no causar molestias. Así como eres está bien.

—Lo haré porque así lo he decidido —el chico se lo dijo de la forma más honesta que pudo esbozando una sonrisa—, ya he llorado mucho por el pasado y no quiero perderme las cosas buenas que vendrán en el futuro.

—Estoy sorprendido y quisiera pedirte que no perdamos el contacto, ya perdí a Cristal y no deseo que desaparezcas de mi vida no importa donde me encuentre.

No quería que Hyoga desapareciera de su lado, le había tomado gran cariño al chico y aunque no pudiera cuidarlo o velar más por él lo quería lo suficiente como para hacer lo posible para mantener el contacto.

—Sé que al maestro Cristal le hubiera gustado estar aquí pero no pude hacer nada por él por más que se lo pedí a la diosa.

—Lo sé…

Ambos rememoraron el pasado un poco más no obstante Camus sentía una fuerte incertidumbre respecto a su futuro que se marcaba con cada palabra que intercambiaba con Hyoga.

— ¿Dónde pasará la noche Maestro?

—Iré con Milo y Aioria a ver si tienen espacio para uno más antes de resolver un pequeño pendiente que dejé en el pueblo.

— ¿Volverá a Siberia después de eso?

—Todavía no lo sé. Podría hacerlo pero algo me dice que ya no hay nada para mí allá, además el viaje sin usar el cosmos es muy largo y pesado.

—Si necesita que lo ayude en algo con todo gusto estoy dispuesto a ello. Si no puede quedarse con Aoria y Milo yo le ofrezco hospedaje esta noche.

—Te agradezco la generosa oferta.

Después de la charla con Hyoga se sentía algo más animado para iniciar la nueva etapa de su vida que estaba por comenzar apenas aceptara el trato que Atena le había propuesto.

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*Notas: Gracias por leer, creo que las aventuras de Camus dan para más historia.