N.A: Ya quiero hacer el siguiente capítulo. jsugdiua. (?) Muchas gracias a los que habéis dejado review. ;; Que sepáis que la historia se ambienta en una época pasada, y gracias a todos los que me habéis explicado lo de la línea de separación. Pero a mi no me sale ninguna L. :') Este nuevo menú de FF me pone nerviosa. Yo antes sabía poner lineas. ;;
Pairing: MakoHaru [MakotoxHaruka]
Advertencias: AU, Drama, a veces OoC, Yaoi [BxB]
Disclaimer: Free! y sus personajes le pertenecen a Kyoto Animation.
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Makoto odiaba el mar. No, no era eso. Makoto le tenía miedo al mar. No era un miedo con el que había nacido, ni mucho menos, era un miedo que se había creado a través de circunstancia, de una en particular, la muerte de su padre. Él había muerto en una larga travesía cuando su barco naufragó, aquello pasaba con relativa frecuencia en estos tiempos, y el castaño lo sabía, pero aún así, viendo a vecinos y amigos perder familiares en estos accidentes, nunca pensó que él mismo tendría que lamentar la pérdida de alguien preciado en esas circunstancias.
Pero aquello no había logrado que él dejase de embarcarse en largos viajes en barco, tras la tragedia, más que nunca, se sentía en la necesidad de trabajar lo máximo para asegurar que su madre y sus hermanos pudieran seguir viviendo con la comodidad que habían disfrutado hasta ahora, anteponiendo aquello a su propia seguridad y felicidad. Sabía bien que el negocio mercante que su abuelo había establecido años atrás no le exigía viajar con tanta frecuencia, que incluso podía pedirle a alguno de los hombres de confianza que viajase por él, pero había decidido no hacerlo, porque sabía que aquello haría que su madre notase que el castaño le temía al mar y eso le preocuparía, algo que él quería evitar a toda costa. Makoto era demasiado amable.
Quizás fue esa amabilidad la que le impidió negarse a un viaje para mejorar las relaciones con un mercader que vivía en otra ciudad, y la que también le impidió parar el festejo con el que lo recibieron los marineros en cuanto puso un pie en el barco, a él no le gustaban demasiado las fiestas, y que celebraran su nombramiento como jefe del negocio tampoco era lo mejor del mundo, pues no era más que otro recordatorio de la muerte de su padre, pero aún así, viendo a los que a partir de ahora tendría que llamar "sus hombres" tan felices, se limitó a sonreír y a dejar que siguieran con la fiesta, mientras él se excusaba con estar demasiado cansado para poder bajar a su camarote, sin saber que horas más tarde se arrepentiría de no haber dicho "basta" por una vez.
El primer golpe fue por la mañana, y Makoto no lo habría escuchado si no fuera por los gritos que le siguieron, se levantó y apenas se vistió con lo primero que encontró en el camarote, para después salir hacía cubierta a toda velocidad, para encontrarse con un verdadero caos, los marineros corrían de un lado a otro, vociferando que el barco se estaba hundiendo, que el capitán se había dormido durante el transcurso de la noche y que el choque no había podido evitarse. Aquello tenía que ser una broma de muy mal gusto. ¡Tenía que serlo! Ni siquiera llevaba 24 horas en el barco, no podía estarle pasando esto. Pero viendo como el barco se tambaleaba y las gritas comenzaban a aparecer, mientras sus hombres se peleaban entre ellos, culpándose del desastre, buscando a aquel que había tenido la buena idea de servir alcohol al capitán en la fiesta de la noche anterior, y gritándole a aquellos que rezaban buscando su salvación, no parecía que fuese víctima de una broma.
-¡Jefe! –Una voz llamó su atención, un marinero le miraba horrorizado. – ¡Váyase, rápido, tiene que irse!
¿Irse? ¿A dónde? Estaba en una embarcación que poco a poco se hundía, probablemente la distancia hasta el puerto no era mucha, ya que habían zarpado ayer en la tarde, pero, por muy buen nadador que fuese, no llegaría. Su único destino era el mar, el furioso océano se lo tragaría como se había tragado a su padre. ¿Era ese su destino? Las olas le respondieron, golpeando la cubierta del barco, su altura sorprendió a los más jóvenes y también a los más veteranos, y todos fueron llevados por su fuerza hacía el prado azul, que los engulló sin distinguir, incluido al castaño, que tan solo pudo pensar en lo que le pasaría a su familia. ¡Su familia! No era difícil saber quién le sucedería en el negocio sí su vida se acababa ahí, no quería que su hermano sufriese la misma suerte que su padre o él, ¡no! Además, su madre aún no se había recuperado de la muerte de su marido, no podía dejarle él también, ¡jamás! El de ojos esmeraldas no podía dejar a su familia, no debía, era incapaz de hacer algo como eso. Se preguntó si podría nadar hacía alguna de las tablas que se habían desprendido del barco por el golpe, debía avisar a sus hombres para que también lo hicieran, no quería sacrificios, quería que todos estuviesen a salvo. Pero su cuerpo no se movió. Lo intentó e intentó, pero lo único que conseguía era recordar las palabras de aquel hombre: "Lo siento, tu padre era un gran hombre, pero el mar no diferencia entre el bueno y el malo, se lo lleva todo, y eso incluye a tu padre y su tripulación." ¿Por qué? ¿Por qué no podía moverse? ¿Por qué recordaba todo eso ahora? Su familia… Él no podía dejarles solos…
Sus pensamientos fueron arrastrados por la misma ola que le llevó al fondo del océano.
Para cuando despertó, notó una presión contra sus labios y después sintió como si alguien hubiese estado lijando su garganta hasta hacerla sangrar, era una sensación horrible y no podía parar de toser, ¿dónde estaba? Solo recordaba que el barco en el que viajaba había chocado, él se había caído al mar por una ola, su cuerpo no se movía y se había… ¿Hundido? ¿Estaba muerto? ¿Sí estaba muerto por qué le dolía tanto la garganta y el cuerpo en general? Se apoyó sobre sus manos, tenía las piernas demasiado adoloridas – ¿quizás se había golpeado cuando cayó de barco? – como para tratar de levantarse. Entonces lo vio. Lo primero que vislumbró fue su cabello, azabache, brillante, largo, recogido en una trenza, lo que le hizo pensar que se trataba de una mujer, pero cuando enfocó algo mejor la vista, pudo ver un abdomen desnudo bien trabajado, obviamente masculino, y después una cola. ¿Una cola? ¿Había visto bien? Se frotó los ojos una y otra vez, aquello no podía ser verdad. Por un momento había pensado que el chico fuese un marinero que le había rescatado, pero no recordaba a ningún marinero mitad-pez. Tenía que estar soñando, alucinando, se tenía que haber dado un golpe considerable en la cabeza, sí, eso tenía que ser. Se pellizcó, y frotó sus ojos nuevamente, pero la cola seguía ahí. El chico no parecía mirarlo, estaba como absorbido observado la arena, quizás pensando, quién sabe lo que hacía, ¡tenía cola, no era humano! ¡Quizás se estaba comunicando con los granitos de arena!
-¿E-eres u-un… t-tritón? –Su propia voz le sorprendió, sonaba increíblemente ronca y ni siquiera pensaba decir eso en alto, era más un pensamiento que otra cosa.
Pero aquel pensamiento que se había escapado fue suficiente para que el de cabello azabache levantase la vista para centrar su atención en él. Sus ojos azules le cautivaron en ese preciso momento, reflejaban el mar, no un mar agresivo como el que casi le había matado, un océano hermoso, que te acariciaba.
-Creo que la respuesta es obvia. –La voz era melódica, no femenina, se notaba masculina, pero aún así, hermosa y cautivadora en cada sílaba pronunciada.
Fue entonces cuando el cerebro de Makoto comenzó a trabajar por fin, estaba delante de una criatura fantástica que hasta ahora había considerado una leyenda, y que, según había oído, podía hechizar a las personas con su belleza y voz –la verdad aquello no le extrañaría, teniendo en cuenta al chico que tenía delante, que parecía haber sido esculpido cuidadosamente por una Diosa–, y él, le estaba hablando como si se tratase de un amigo. No tenía sentido.
-¿T-Tú me has salvado? –Fue lo único coherente que salió de la boca del de ojos esmeralda, que trataba de no mirar la cola del contrario, cuyas escamas parecían zafiros finamente pulidos.
-Evidentemente. –Atajó el moreno– Si no fuese por mí y teniendo en cuenta que te estabas hundiendo y ahogando, habrías muerto. Qué patético. Incluso necesitaste que te proporcionara aire.
¿Proporcionar aire? A Makoto solo se le ocurría una manera en la que podía haber hecho eso, y que además explicaba la presión que había sentido sobre sus labios al despertar.
-¿M-Me has besado? –Exclamó, entre asombro y horror, ¡era su primer beso! ¡Se supone que debía dárselo a aquella dama que fuese a compartir su vida con él! ¿Qué iba a hacer ahora?
¿Besar? El moreno arqueó una ceja. ¿No era esa una forma de llamar a una muestra de afecto que los humanos realizaban? Él no había hecho semejante tontería, aquello solo sería un contacto físico innecesario… Espera, ¿contacto físico con un humano? Entonces se dio cuenta. Todo lo que había sucedido desde que había salido del agua no era más que una flamante violación de las normas que su propio padre, jefe del clan de los delfines, había impuesto, y que él mismo había clasificado como "cosas demasiado obvias para ser reglas". No solo había mantenido contacto, tanto físico como verbal con un humano, había intervenido en el ciclo natural de las cosas al salvar al chico de su muerte y ni siquiera había mantenido oculta su condición de tritón, exponiendo a su especie. El color se le fue de la cara, y poco a poco se fue arrastrando con los brazos hacía el mar. Tenía que irse de allí, y tenía que hacerlo ya, pero cuando su cola ya tocaba el agua, un fuerte brazo le agarró del suyo propio y le detuvo.
-¡N-No te vayas! Y-Yo… T-Tú no me has contestado…
-No te he besado, no te he salvado la vida, no me conoces, no soy un tritón y todo lo que ha pasado aquí en realidad no ha pasado. ¿Entiendes? Olvídame. –Contestó atropelladamente y cortante el moreno, liberándose del agarre del más alto, para después dejar la superficie atrás, mientras se zambullía cada vez más hondo en el mar.
No podía creer lo que había hecho, ese mismo día le había dicho a Rin que los humanos eran unos seres patéticos y que nadie en su sano juicio mostraría un mínimo interés en ellos, pero no solo había salvado a uno, sino que también había mantenido contacto con él. ¿Se había vuelto loco? ¿Quizás salir a la superficie había alterado su conducta? No lo tenía claro, pero de lo que estaba seguro era de que sí alguien se enteraba de lo que había pasado restringirían su libertad y lo vigilarían como nunca, tendría que olvidarse de nadar libremente y eso es algo que no se podía permitir. Nadie debía saber lo que había pasado y sin embargo sentía la necesidad de contárselo a Rin, el había estado en la superficie antes que él y puede que le ayudase a entender un poco mejor lo que había pasado, quizás a todos los tritones sentían lo mismo y al llegar ahí arriba tenían la necesidad de establecer contacto con humanos –en su caso intervenir en el ciclo natural para salvar a uno, pero eso no tenía importancia–. En cuanto alcanzó una profundidad que él sintió como considerable se detuvo a pensar detenidamente en lo que tenía que hacer. Era poco probable que alguien le hubiese visto, y aunque se diera el caso, la gente no crearía que Haruka Nanase, que consideraba a los humanos como raza inferior, malgastase un tiempo que podría haber usado para nadar en atender o cuidar a una persona, en eso no tendría problema.
¿Pero quién sabe lo que podría hacer aquel chico? Se había ido de allí a toda prisa, sin sopesar las acciones que podría llevar a cabo aquel 4-piernas, a pesar de que le había advertido que lo olvidara –su tono no había sonado muy amenazante pero al menos lo había intentado–, hasta él entendía que las probabilidades de que el de orbes esmeralda no compartiese la hazaña de haber sido rescatado por un ser majestuoso como eran los tritones era bastante baja. Ahora sí que estaba perdido, su especie podría estar en peligro, se golpeó mentalmente, estaba siendo un melodramático, incluso si la noticia de su existencia se extendía entre los humanos, era imposible que encontraran el lugar donde vivían, lo mejor para él sería mantenerse alejado de todo lo que tuviese que ver con los humanos durante un tiempo. Mínimo mientras conseguía olvidarse de aquellos orbes esmeralda.
En la superficie, Makoto estaba aún más confundido de lo que había estado en presencia del mitad-pez. Todas aquellas negaciones atropelladas carecían de sentido. ¿Qué no le había salvado? ¿Qué no era un tritón? ¿Qué le olvidara? No entendía nada, lo único que sabía es que la profundidad de aquellos ojos zafiro era algo que no podría olvidar nunca.
