N.A: Ay, por fin estoy aquí de nuevo. xD Pero últimamente tengo exámenes. D: Aún así espero poder actualizar más seguido, muchas gracias a todos los que me seguís en esta historia y me apoyáis con un review. Sois amor. \o/ [Espero que el capítulo sea lo suficientemente largo. (?) Ya sé poner rayitas. ewe]
Pairing: MakoHaru [MakotoxHaruka]
Advertencias: AU, Drama, a veces OoC, Yaoi [BxB]
Disclaimer: Free! y sus personajes le pertenecen a Kyoto Animation.
Los días pasaron, también lo hicieron las semanas, los meses y las estaciones y no le volvió a ver. Makoto nunca compartió con nadie lo que había pasado, había cambiado la historia porque no quería que nadie más supiese de la existencia de aquellas bellas criaturas, aún sí guardárselo para sí solo era egoísta. Aquello era lo único en lo que se permitía ser egoísta.
Para todos los que le conocían, el castaño se había salvado gracias a una tabla caída de la embarcación y su don para la natación. Nadie se preguntó porqué ninguno de los otros marineros había tenido esa suerte o cómo el de ojos esmeralda había nadado tan rápido teniendo en cuenta las heridas con las que le encontraron, y aquello facilitó al castaño que su historia fuese creíble, no era bueno mintiendo y demasiadas preguntas probablemente hubiesen derrumbado su coartada.
Aún así, de vez en cuando, Makoto se descubría a sí mismo visitando aquel lugar en el que le vio, a pesar de que muchas veces se había dado media vuelta corriendo, recordándose a sí mismo que debía olvidar a aquel joven, que nunca volvería a verlo, pero poco a poco aquella fortaleza fue cayendo y eran más los días en lo que se sentaba en aquella costa recordando aquellos ojos azules que se habían quedado grabados a fuego en su memoria, algunas veces le parecía ver las preciosas escamas azules que había en su cola, pero nunca lo pudo comprobar, pues de la misma manera en la que aquel brillo zafiro aparecía, desaparecía, sin dejar rastro. Y Makoto empezó a pensar que quizás no estaría mal tirarse una vez más al agua, esta vez fingiendo que se ahogaba, para que aquel precioso tritón volviese a él.
En el fondo del océano, Haruka no estaba mejor. Sabía que habían pasado 4 meses, tres semanas y dos días desde que había sufrido aquel "accidente" –por llamarlo de algún modo– en la superficie y eso era preocupante. El paso del tiempo nunca le había importado y ahora se comportaba como esas sirenas de los cuentos que babeaban por los príncipes de los clanes. ¡Qué asco! Había algo en ese humano, algo en esos ojos esmeraldas… Que simplemente no podía olvidar.
Y aquello era muy frustrante, claro que lo era. Era el heredero del clan de los delfines, amante del nado, no una sirena enamorada. ¿Enamorada…? Se paró seriamente a analizar lo que acababa de pensar, aunque había pasado un largo –y eterno– tiempo desde "aquello", nunca se había planteado que algo como el amor tuviese algo que ver.
En realidad, no se había planteado nada, simplemente había evitado el tema, desde el día en el que volvió y Nagisa lo ametralló con preguntas, de las cuales ni una sola recibió respuesta, había esquivado el tema a toda costa. Quizás porque pensaba que esa sería la mejor forma de olvidar, y en cierta parte lo era. No lograba recordar que le había impulsado a salvar a ese chico, ni que estaba pensando mientras lo hacía, pero lo que sí lograba recordar era como aquellas esmeraldas había perforado su ser destrozando todos y cada uno de sus principios.
Y algo le decía que podían pasar años y la situación seguiría siendo la misma. Pero algo como enamorarse no estaba en sus planes de futuro, y ni siquiera sabía si era eso lo que pasaba realmente, no sabía como funcionaban esas cosas. Y tan solo se le ocurrió una persona que podría saber algo de eso.
El viaje no fue largo y Haruka se aseguró de que nadie lo viera, hasta distinguir aquella cabellera oscura y los ojos azules, que pronto le detectaron y le miraron con un deje de molestia. El joven tritón aún no entendía como Rin insistía en que sí quería visitarle lo hiciese por la parte norte, donde Sousuke vigilaba, sí sabía de sobra que éste le odiaba, sería mucho más fácil colarse a escondidas.
-Nanase, ¿A qué has venido? –Escupió el más alto, mirándolo con superioridad, Haruka se había acostumbrado a su egocentrismo.
-Quiero hablar con Rin. –Aquello pareció molestarle aún más al guardia, a sabiendas de que era obvio que esa era la única razón posible por la que el joven delfín apareciese allí.
-Está bien. –Contestó el más alto, no le gustaba la idea, pero negarle la entrada solo le causaría problemas con el pelirrojo – Más te vale no meterte en el camino de Rin, Nanase, o te las verás conmigo.
El mayor suspiró y continuó su camino, bastante tenía con lo suyo como para pararse a pasar en lo que había hecho mal exactamente para ganarse el odio de Yamazaki, aunque, sinceramente, no le importaba demasiado. Alejó sus pensamientos estúpidos para centrarse en no ser visto, eso le causaría problemas no sólo a él, sino también a Rin, no quería ser el causante de una nueva guerra entre en el Clan del Delfín y el Clan del Tiburón.
Nadó con cuidando, asegurándose de pasar los lugares en los que el pelirrojo solía estar o que mencionaba en sus conversaciones, al principio la búsqueda no fue fructífera y casi consigue que un joven de cabellos plateados –Haruka estaba seguro de que Rin había hablado de ese chico– le viese, pero fue ese mismo joven quién gritó al océano desesperado que no entendía como "Matsuoka-senpai" podía pasarse el día entrenando en la zona norte, siendo ésta la peor zona y la más peligrosa para hacerlo. Aquello bastó para que el delfín supiese a donde ir.
No tardó mucho en vislumbrar la llamativa cabellera rojiza nadando a través de corales y peces, ciertamente la zona no era la mejor para el nado, los corales crecían sin control y sus complicadas formas dificultaban el acceso, aquello no parecía importarle a Rin, que en cuanto vio la cabellera negra se paró en seco para después avanzar hacía Haruka, eran muy pocas las veces en las que éste aparecía por territorio de tiburones y debía de tratarse de algo grave.
-Hey, Haru. ¿Qué te trae por aquí? –Se apresuró a preguntar el mayor, la presencia del moreno allí, unido a que Nagisa le había comentado que últimamente Haruka subía muy a menudo a la superficie y nunca decía lo que hacía, solo conseguían que se preocupara más.
-Quería hablar contigo. –El tiburón se sintió morir. ¿No podía ir directo al grano y ya? ¿De verdad tenía que decir todas esas obviedades por el camino?
-Eso ya lo veo, Haru, ya lo veo.
-Ah, supongo que sí. –Haruka desvió sus ojos azules hacía abajo, solía ser muy directo, pero aquello era un poco raro– Rin, tú… ¿Alguna vez has experimentado ese estado emocional surcado por la alegría, en el cual una persona se siente intensamente atraída por otra, que le da la satisfacción de alguien quien pueda comprender y compartir tantas cosas como trae consigo la vida, ya sea en el océano o en la superficie?
En ese momento Haruka pensó que a Rin se le había dislocado la mandíbula, se preguntaba sí siquiera una persona podía llegar a tener esa expresión sin romperse los huesos de la cara. Entendía que la pregunta podía sonar extraña, sobre todo teniendo en cuenta que era él quien la formulaba, admitía que también era raro para él, y que la forma de preguntar tampoco era la más adecuada, probablemente. Pero es que no encontraba otra forma de hacerlo sin sonar como una persona llena de sentimientos innecesarios, molestos y estúpidos –Rin prefería el término romántico–.
-¿Intensamente atraída por otra persona…? –La cara de Rin tomó el mismo tono que su pelo, pero enseguida la agitó, no tenía que pensar en la persona por la que sentía eso, sino en que era Haru quién le estaba preguntando algo como eso.
-Sí, me da la sensación de eso es lo que pasa entre Yamazaki y tú, así que pensé que si debía preguntarle a alguien debería de ser a ti. –La cara del pelirrojo se tornó del color de su cabello de nuevo, y el de orbes zafiro pensó que quizás debería haber excluido esa última parte.
-Escúchame bien, Haruka. No sé de qué estás hablando, y espero que no le digas a nadie más ese tipo de cosas. –El hecho de que pronunciara el nombre completo, daba entender que el tiburón había pasado de la vergüenza al enfado, más propio de él– Y menos sé que ha podido suceder para que tú, precisamente tú, Haruka-no-necesito-sentimientos-inútiles, me preguntes este tipo de cosas, sospechosamente después de que Nagisa me haya dicho que últimamente subes a la superficie.
El moreno bajó la cabeza, no había pensado en ello, él no era precisamente muy sociable, por lo que no había tenido en cuenta que Nagisa pudiese notar su ausencia, pensaba que el rubio simplemente había achacado sus ausencias a que había ido a nadar más lejos que de costumbre, pero parece que no había sido así.
Además, ¡no era su culpa! No es como si él realmente quisiese ir ahí arriba, simplemente pasaba, se iba a nadar a cualquier parte y acababa en aquella playa buscando al dueño de aquellos ojos esmeraldas, era inevitable, él no lo había pedido. Se sentía expuesto sabiendo que Rin conocía sus escapadas involuntarias a la superficie.
-No sé qué es lo que has encontrado allí arriba… –Haruka sintió como el mayor posaba las manos en sus hombros– Pero tú más que nadie sabes que el contacto con humanos está prohibido, sé que yo mismo te dije que quizás encontrarías algo interesante allí arriba, pero... Son dos mundos diferentes, no podemos estar juntos… Además, tú no querrías acabar como aquellos que hacen un contrato con Kisumi, ¿cierto?
El de ojos zafiro pensó entonces en el de cabello rosa, todo el mundo sabía que se trataba de un tritón sin un clan específico que además de llevar a cabo prácticas de dudosa legalidad, tenía un serio problema de obsesión con el contacto físico. Los rumores decían que podía transformar a los seres oceánicos en humanos, cambiando su cola por unas piernas, pero también era cierto que algunos decían que las cláusulas de sus contratos solía ser abusivas, y, que, como en todo, siempre había un "pero" en los deseos de los tritones o sirenas que a él acudían.
Haruka ni siquiera había considera acudir a Kisumi como una opción, en realidad, no había recordado su existencia hasta ese momento. Pero ahora que lo pensaba, debería habérselo planteado antes, no hablaba de transformarse en humano, por supuesto que no, aquello sería como renunciar a nadar, prácticamente, él no haría tal cosa, pero estaba seguro de que alguien como el de ojos amatista tenía más información que nadie sobre los humanos, y quién sabe sí sobre el humano de ojos esmeralda.
-Está bien, Rin, lo entiendo. No hay nada allá arriba, solo fue curiosidad temporal, no pensé que Nagisa y tú le daríais tanto importancia. –El rostro del pelirrojo se suavizó y Haruka consideró que tenía una gran capacidad para mentir sin ser descubierto– Tengo que irme, no quiero causarte problemas.
-¡Espera, Haruka! No hagas ninguna tontería…
El moreno cerró los ojos, suspirando mientras asentía con la cabeza, Rin le dedicó una de esas sonrisas de "a la próxima tengamos un carrera" y el de ojos zafiro se fue, cruzó el territorio de los tiburones de la misma manera en la que lo había hecho antes, con cuidado de no ser descubierto, y sintió un gran alivio cuando logró irse, esta vez sin pasar por la zona custodiada por Sousuke, no más problemas por hoy.
Fijó su destino y nadó a toda velocidad, la cueva –por llamarlo de algún modo– donde vivía Kisumi estaba en territorio neutral y no precisamente cerca, hasta a Haruka le llevó cerca de una media hora de nado llegar a tan remoto lugar, y comenzó a cuestionarse sí realmente había sido buena idea estar ahí después de que el de ojos amatista, tras verlo, se abalanzara sobre él.
-Oh, Haru, ¿Qué te trae por aquí? No todos los días tengo el honor de que un valiente heredero de clan me visite. –El de ojos zafiro arqueó una ceja, no le gustaban demasiado las formalidades, pero que un desconocido lo tratase de esa manera era en cierto modo extraño.
-Te ruego que te abstengas de tratarme tan familiarmente, teniendo en cuenta que no me conoces. –Haruka trató de quitarse de encima al de cabello rosa, le recordaba a ese pulpo que de pequeño se le había enganchado en el hombro, era exactamente igual.
-Vaya, vaya. Eres tal cual dicen los rumores. –Kisumi se separó del moreno muy a su pesar, pero no era muy cómodo abrazar a alguien que te fulminaba con la mirada– Me pregunto sí a tu humano le gustarás con ese carácter tuyo.
Los ojos del delfín se abrieron desmesuradamente. ¿Cómo ese pulpo podía saber algo como aquello? Se removió incómodo, había pensado que eso era algo que solo él sabía, que una garrapata de cabello rosa estuviese al tanto de ello no era ni mucho menos tranquilizador.
-Tranquilo, tranquilo. No te pongas así. –Como si leyese su mente, Kisumi rió restándole importancia al asunto– Solo era una conjetura, pero es que la mayoría viene por eso, no tengo mucho más que ofrecer más allá de llevar a tierra a aquellos que han encontrado el amor fuera del mar, además hasta a mí me han llegado las noticias de tus últimas subidas a escondidas. Así que suponía que tú vendrías a lo mismo. ¡Quién lo diría del gran Haruka, quién no tiene sentimientos! Renunciar a tus bellas escamas por un simple humano…
-Yo no he venido para renunciar a nada.
-Ya, bueno, pues te traigo novedades, ¡no puedes vivir en tierra con esa bonita cola! Hacen falta piernas, ¡piernas! –Le recordó el mayor, como si Haruka no pudiese comprender aquello.
-¿Y? Yo no me iré ahí arriba, tendría que estar loco para renunciar a nadar por algo como eso. Simplemente había oído que tú tenías algún tipo de artilugio –fuera de lo legal, por supuesto, como todo lo que tienes, pensó Haruka, pero prefirió omitirlo para no ganarse un enemigo más– con el que se puede observar a los humanos.
-¿Y quién ha dicho que tengas que renunciar a nadar? ¡Menuda estupidez! –Kisumi parecía haberse quedado en la primera frase de todo lo que Haruka había dicho– ¡Los humanos también nadan! Incluso hacen competiciones, ¿sabes? ¿No sería mucho mejor poder estar con tu humano que verlo a través de uno de mis preciados objetos? La gente no para de inventarse chismes como esos sobre que no puedes nadar para hacerme perder clientes, de verdad…
Haruka se quedó callado, como analizando cada una de las palabras que el de cabello rosa había dicho, ¿No tendría que renunciar a nadar? ¿Y podría verlo a él? ¡No! Estaba cometiendo un error, ¿pero qué mejor manera de sacarse a ese chico de la cabeza que enfrentándolo? Se sentía como Rin en ese instante, lleno de pensamientos y sentimientos estúpidos e innecesarios.
–Y bien, Haruka Nanase, dime ahora… ¿Has venido para qué te convierte en humano?
