N.A: Debería estudiar, pero solo me queda un examen y pronto podré escribir más y más rápido. Woooh. (?) No, en serio. Debería estudiar.

Pairing: MakoHaru [MakotoxHaruka]

Advertencias: AU, Drama, a veces OoC, Yaoi [BxB]

Disclaimer: Free! y sus personajes le pertenecen a Kyoto Animation.


-No sin antes informarme de tus abusivas condiciones.

La sonrisa de Kisumi desapareció un momento, pero pronto se le volvió a dibujar, como si el tono seco de Haruka no le perturbara en lo absoluto.

-¿Abusivas condiciones, eh? Yo no lo llamaría así. La gente viene aquí pidiendo cosas casi imposibles, no pueden exigir también mantener cado uno de sus privilegios. Se piensan que yo voy a cumplir todos sus deseos sin pedirle a cambio, qué despropósito. Creo que no entienden bien la magnitud de lo que desean.

Haruka frunció el ceño, no solo por las palabras de Kisumi, si no porque éste se acercaba peligrosamente a su hombro, como tentando agarrarlo sin que el moreno se diese cuenta, quizás no le había quedado claro que lo del contacto físico no iba demasiado con el delfín.

-La gente que acude a ti está desesperada, no esperes que piensen con claridad.

-Eso también es cierto. –El de cabello rosa hizo una mueca, cuando, al querer posar su mano sobre el hombre del de ojos zafiro, este le apartó – Entiendo que yo soy la última opción, aunque eso no es precisamente un motivo de orgullo. Pero no estamos aquí para hablar de eso, ¿cierto? Estábamos hablando de ti. ¿Será que tú también estás desesperado? –El mayor señaló a Haruka, quién se preguntó si nunca nadie le había dicho que señalar era de mala educación.

-En realidad –Aclaró el de cabello oscuro – estábamos hablando de tus abusivas condiciones.

-Ah, cierto… La verdad que en tu caso sería algo más difícil. Oh, vamos, no pongas esa cara. No te puedes comparar con un tritón o una sirena cualquiera. Hay una diferencia, solo hay que ver la diferencia de velocidad en las carreras entre clanes. ¡Hasta yo sé que eres el más rápido, y que exceptuando al heredero del clan del tiburón, los demás no llegan a verte siquiera! Vosotros, los niños bien de los clanes, estáis hechos de otra pasta, ¿Me sigues? –Haruka apenas podía evitar poner una cara de asco a cada palabra soltada por el de ojos amatista – Hacer de ti un humano, conllevaría bastante esfuerzo, y el precio debería ser equivalente a ese trabajo.

Haruka arqueó una ceja, después de tener que aguantar el rollo del siglo con Kisumi, al fin venía la información que le interesaba, el precio.

-Tratándose de ti, creo que un precio justo sería tu voz. Sí, una voz fuerte y melodiosa, capaz de engatusar a hombres y mujeres.

-¿Mi voz? –El de ojos zafiro se quedó pensando un rato, había barajado que el precio fuese algo como un ojo, una extremidad, todas sus riquezas o su puesto como heredero del clan del delfín –aunque eso último no le parecía tener mucho sentido–, pero, ¿su voz? El no era muy dado a expandirse en las conversaciones, y, por lo general, sus amigos le comprendían sin tener que abrir la boca, por lo que ceder su voz tampoco era algo exagerado.

-Claro, tu voz. Entiéndelo, es como un aval. La recuperarás en el momento en el que quieras volver al océano. –Kisumi sonreía como un niño pequeño, parecía que el pequeño delfín se había dejado engatusar, por supuesto que recuperaría su voz, pero eso sería cuando su cuerpo se deshiciese en el mar.

-¿Volver? ¿Podría volver? –A Haru los ojos se le iluminaban como si acabase de descubrir una nueva zona en la que nadar, parecía que aquello solo tenía ventajas, había vivido siempre oyendo los constantes insultos hacía la profesión de Kisumi, pero parecía que todo era bueno, ¿qué le pasaba al mundo? – ¿Hay estancia mínima? ¿Recuperaría mi voz y cola en cuanto entrara en el océano?

-Lo siento, pero esos son detalles que no puedo divulgar así como así sin saber sí te someterás a mis métodos o no… Hay cosas a las que ni los herederos de clanes puedes acceder, ¿sabes?

Haruka cerró los ojos con pesar, que lo conocieran solo como "heredero de un clan" era ciertamente molesto, él era Haruka Nanase, y nada más, sus méritos se los había conseguido por sí solo, no necesitaba aquel título burocrático para vivir, se había vuelto casi molesto. Por otra parte, el hecho de no poder acceder a toda la información sobre los métodos –de dudosa legalidad– de Kisumi le complicaban las cosas, no podía simplemente decir "sí" e irse al mundo de los humanos como si de unas vacaciones a la zona norte del océano se tratasen, las cosas se habían tornado muy complicados, y a él no le gustaba demasiado pensar, prefería nadar.

-Si no puedo saber cómo van a ser las cosas, no pretendas que te dé una respuesta aquí y ahora… Debería consultarlo. –El moreno ya se estaba girando, lo mejor es que volviera de una vez a su territorio, tardaría en llegar y además Nagisa ya debía de estar de los nervios, debería inventarse una buena excusa para su injustificada ausencia, pero unas estruendosas risas hicieron que se girase, el de ojos amatista parecía estar partiéndose en dos de tanto reír, como si alguien le hubiese contado el mejor chiste de la historia.

-Perdona… –Entre las risas, Kisumi apenas podía conseguir una palabra coherente– ¿Acabas de decir consultar? –Y volvían las risas, Haruka se estaba poniendo nervioso– ¿Y qué vas a consultar? «Hola, papá, me quiero ir al mundo de los humanos, dejando al clan sin heredero, deshonrando nuestro apellido al utilizar métodos "ilegales", convirtiéndote en el hazmerreír de los reyes de los clanes, saltarme todas tus normas y, además, como plus, lo hago todo por un humano, ¿Qué te parece? ¿Me das permiso?» ¿Algo así? Poseidón, te creía más inteligente…

Se había equivocado, sí necesitaba ese título nobiliario, ahora mismo tenía unas ganas tremendas de decirle al de cabello rosado algo como «Sabes quién soy, ¿cierto? Pues como te rías una vez más de mí no habrá océano suficiente para esconderte. » Rin estaría orgulloso de él sí pudiese leerle el pensamiento en ese instante, debía ser la primera –y probablemente última– en la que Haruka Nanase había admitido sin presiones del de cabello rojo que él era el heredero del clan del delfín y que se le respetase por ello, ya que su futuro era convertirse en el rey de esa zona.

-No tenía pensado consultarlo con mi padre, pulpo.

El moreno se había puesto lo suficientemente nervioso como para pasar de los formalismos dignos de su puesto a un tono más coloquial y hasta cierto punto agresivo que para el de ojos amatista solo aumentaba las posibilidades de que ese joven cayese en su engaño, después de todo, Haruka no era más que un niño en un cuerpo de adulto cubierto de una coraza para ocultar cualquier sentimiento, pero seguía siendo un niño, así que si hallabas el punto correcto, no tardarías en conseguir que creyese estar al mando de la situación cuando en realidad se había convertido en una simple marioneta, un método cruel –para Kisumi era un método inteligente, la palabra cruel no causaba precisamente buena impresión en sus clientes.

-¿Ah, sí? ¿Y con quién pensabas consultarlo? ¿Con los amigos a los que ni siquiera les contaste la verdad porque de antemano ya sabías que lo únicos que recibirías serían broncas sobre la estupidez que estabas cometiendo? ¿Lo consultarás con ellos?

Haruka se estaba cansando de todo esa discusión, todos habían decidido cuál sería su futuro sin ni siquiera preguntarle si estaba de acuerdo, hasta ese asqueroso pulpo estaba al tanto de lo reducida que era su lista de "Cosas que Haruka Nanase puede hacer sin que se le echen encima", su libertad había suprimida desde el día en el que había nacido, incluso con el talento como nadador, solo había empeorado su situación. ¿Qué tenía que hacer para que alguien respetase su opinión? Futuro, reinar, futuro, carreras de cortesía… Nagisa y Rin no paraban de insistir en ello. "¡Serás un gran jefe de clan, Haru-chan" o "Estoy deseando que nos enfrentemos en carreras cuando ambos seamos jefes de clan, Haru." eran las frases que más escuchaba al largo del día. Sabía que ellos no buscaban molestarle, mucho menos incomodarle, pero Haruka estaba cansado de vivir una vida cuyo destino ya estaba escrito, la única vez que había hecho algo por sí mismo, subir ahí arriba y salvar un humano, había sido rechazado.

¡No los entendía, de verdad que no los entendía! Llenándose la boca con elogios sobre lo maravilloso que es ir a la superficie y echando pestes a aquellos que deciden hacerlo. Le había costado 16 años encontrar un sueño, ¡y ahora se lo querían prohibir! ¿Acaso no era eso lo que le habían dicho que hiciese? "Tienes que encontrar tu sueño, todos tenemos uno." ¡Pues ese era su maldito sueño, ir ahí arriba y aclarar las cosas con el jodido humano! No era el mejor del mundo, pero al menos ahora podía decir que sí tenía uno. Ellos no entendían… No entendían nada. Obvio que a Haruka le gustaba nadar, ¡ero lo mejor del mundo, qué decir, del Universo! Pero él no iba a vivir nadando para los demás, todos se habían empeñado en que así debía ser, lo veía, las miradas de todos cuando habitaban en el clan del delfín, sobre su cola, sobre su velocidad, sobre sus victorias, escuchaba cada susurro, cada expectativa creada. ¿Y qué pasaba sí un día fallaba? Él no quería toda esa presión, cada vez que pensaba en ello se sentía incapaz de nadar, el nadar era su refugio, si vida, su hogar, no su trabajo o su obligación.

-De hecho, no iba a consultarlo con nadie. Hagámoslo.

La respuesta fue rápida, no era más que una rabieta infantil, y hasta a Kisumi le dio cierta pena lo que iba a pasar. Haruka no lo sabía, por supuesto que no, pero el de ojos amatista tenía constancia que aquellas palabras llenas de rabia sellarían lo que le quedaba de vida, que seguramente, y en la mayoría de los casos, no sería mucha una vez que subiese ahí arriba. Porque había sido fácil engañarlo, y el de cabello rosado sabía la causa, aquel chico que ahora le miraba desafiante, gritándole « ¿Y ahora qué, eh? » con la mirada solo quería huir, escapar de todo lo que le ataba en el océano, que no era poco. Se sentía un tanto criminal, muchos tritones y sirenas habían caído en sus tretas y en ninguno de los casos se había sentido mínimamente afectado, porque todos ellos iban allí con deseos avariciosos, como el enamorar a un humano al que, en gran parte de los casos, solo habían visto en la lejanía y habían considerado apropiado para ellos juzgándole tan solo por su aspecto físico, pero Haruka era diferente. El pequeño delfín había encontrado en el chico de ojos esmeralda la salida que le permitiría huir de todo lo que le incomodaba en el océano, él no lo sabía, pero se había enamorado de lo que aquel humano le brindaba, el poder escapar. Pero Kisumi no podía permitirse el sentimentalismo en su trabajo, por el bien de su hermano, al que deseaba no tener que hacer nunca lo que él hacía, debía ser severo con aquellos que a él acudían, y eso incluía al joven de ojos oceánicos. Pagaría su avaricia convirtiéndose en espuma.

-Está bien, Haruka. –El de ojos amatista esbozó una sonrisa mientras cogía de las manos al de cabello azabache, quien no pudo evitar poner una mueca ante el contacto– A partir de ahora no habrá vuelta atrás. –El de orbes zafiro asintió, no se echaría atrás, cumpliría su maldito sueño, y el de cabello rosado no pudo evitar que su sonrisa tomase un matiz de tristeza– Haruka Nanase, tu voz cambiarás por dos piernas que caminar te permitirán, más has de saber, que los sentimientos efímeros son, y sí tu voluntad decae mientras en tierra estás, sí dejas de luchar, sí aquello que te hizo abandonar tu hogar te abandona sin más, y te ves incapaz de aguantar más, tu voz a ti volverá, para tus últimos momentos cantar antes de mezclarte con el océano como bella y frágil espuma de mar.

El delfín quiso parar todo aquello en el momento en el que las palabras fueron pronunciadas por Kisumi. ¿Convertirse en espuma? ¿Era eso a lo que el de cabello rosado llamaba "volver al océano"? ¿Su única opción era permanecer en tierra siempre o morir? ¡Él no quería eso! Sí eso pasaba, no podría volver a nadar en el océano, no vería más a Nagisa, Rin, o incluso a Sousuke… Sus pensamientos fueron interrumpidos por un dolor que atravesaba todo su cuerpo, todo parecía nublarse y el dolor solo aumentaba, arrancándole gritos y quejidos, dudaba de poder aguantar consciente algo como eso, y su mirada se enfocó en el causante de esa agonía, el joven de orbes amatistas apenas y podía mirarlo, mientras susurraba un "Lo siento", que llegó al delfín justo cuando todo se volvió negro.

Cuando sus ojos se abrieron de nuevo, el dolor aún permanecía allí, la luz le impedía abrir sus ojos por completo y Haruka pensó que todo había sido un sueño y que en realidad estaba despertando, pero pudo comprobar que no cuando al fin consiguió que sus orbes zafiro observasen lo que le rodeaba. No estaba en el océano, no estaba en su zona, para empezar ni siquiera estaba en el agua. Todo a su alrededor era una costa y su cuerpo estaba rodeado de arena, reconocía el lugar, aquí había salvado al humano, estúpido dos-piernas… ¿Dos-piernas? El burlesco mote y el dolor, que volvía al ataque, le hicieron recordar que era lo que había pasado, miró con miedo a su cola –ahora inexistente– para encontrarse con dos piernas, estilizadas, pero que dolían como si estuviesen siendo perforadas por miles de aguja a la vez. Esto no podía ser real, ¿Qué haría ahora? Ya no podía volver al océano, el clan del delfín estaría hecho un caos por su culpa, sí, su culpa, no le costaba reconocer que lo que había hecho no era más que una estupidez causada por su mentalidad infantil, gracias a eso ahora solo le esperaba una vida rodeada de seres inferiores o la muerte. ¡Maravilloso! La vida de Haruka Nanase era perfecta. Quiso al menos levantarse para poder ir hacía algún lugar, pero aquellas "piernas" no cumplían su función, parecían simples pedazos de carne inertes. El de orbes oceánicas quiso maldecir todo lo que estaba a su alrededor pero recordó que, parte de no poder volver al océano, ahora carecía de voz. Era definitivo, lo único que le quedaba en esa mierda de mundo era esperar la muerte.

-P-Perdona… –Haruka se giró molesto y dispuesto a encarar a aquel que le molestaba en su retiro espiritual hacía la muerte, encontrándose con aquellos ojos esmeralda, pertenecientes al hombre que había provocado todo este suplicio, y aquello solo provocó que sus propios ojos se abrieran con sorpresa, lo mismo que hicieron los contrarios al toparse con los zafiro– T-Tú…

Para qué negarlo, Makoto se había acercado a aquel extraño en la playa porque había notado su falta de vestimenta, y él, como buen caballero, pretendía avisarle de que mostrarse de esa manera desvergonzada en un lugar público por el que muchas damas solían pasear no era lo más educado y correcto, pero todo aquello se esfumó de su cabeza en el momento en el que aquel joven se giró, mirándole directamente con aquellos ojos zafiro que le dejaron sin aliento. Esos ojos que habían ocupado su mente durante las 24 horas del día durante los últimos meses estaban ahora delante de él mostrando una expresión de desconcierto que seguramente los suyos compartían. ¿Podía tratarse de él…? Negó con rapidez, obvio no se trataba de aquel tritón, ¡este chico tenía piernas! ¡p-i-e-r-n-a-s! Aún así…

-C-Creo que deberías tapar… T-Tu cuerpo… –El castaño trató de mantenerse firme, pero la sola posibilidad de que aquel chico tuviese una mínima relación con aquel tritón desviaban cualquier pensamiento coherente de su mente, a la que ya le costaba concentrarse con aquella mirada zafiro delante–

¿Tapar su cuerpo? Haruka arqueó una ceja ante tal comentario, observando detenidamente lo que a partir de ahora sería "su cuerpo", y, que, efectivamente, carecía de la cobertura de tela que el joven de cabello castaño portaba. El moreno no entendía cual era el problema en eso, más allá de que una extraña sensación le hacía temblar de vez en cuando. Quiso expresarle al chico que no entendía la necesidad de tapar su anatomía, y de paso aclararle que él era el tritón que le había salvado, y, que, por lo tanto, debería ofrecerle ayuda y tratarlo como a un ser superior que era, pero todo aquello se quedó encerrado en su mente, pues de nuevo entendió que no podría decir nada ahora que estaba sin voz, lo que hizo que inconscientemente se tocase la garganta, como esperando que con unas pocas caricias las palabras brotasen de nuevo. Aquel gesto fue fácilmente interpretado por el más alto, que comprendió que el joven no podía hablar, y decidió que quizás había sido víctima de un naufragio o similar y por eso se encontraba allí solo y sin ropa –Makoto no quería destacar eso pero era un poco imposible no fijarse en la carencia de ropajes del chico. Era su deber ayudarlo.

-¿No puedes hablar? –Haruka arrugó la frente ante tal comentario, temía que confirmar aquello le haría verse como ser débil que no era– Ya veo, ¿estás solo? –Contestar eso sí que le haría verse débil y creador de lástima, así que optó por girarse para no mirar al castaño– Ya veo… Me llamo Makoto Tachibana, ¿me permites ayudarte?

Y el castaño extendió su mano al de orbes zafiro, que, teniendo en cuenta su situación, aceptó con recelo aquella mano.