N.A: Por fin vuelvo. *u* La inspiración no quería aparecer y aún por encima como es un capítulo que explica lo que pasa en el océano tras ña marcha de Haruka, tenía que ser muuuuuy largo. ;; Bueno, aún así, espero que les guste, feliz año nuevo y nos vemos pronto, en esta o otras historias. êwe

P.D: Como no sé el nombre del padre de Haruka, y como no quería inventármelo tampoco, en ningún momento se refieren a él por el nombre. En cambio el del padre de Rin sí lo sabía así que sí se refieren a él mediante su nombre. (?

Pairing: MakoHaru [MakotoxHaruka] Aunque en este cap no salen. -cries a river-

Advertencias: AU, Drama, a veces OoC, Yaoi [BxB]

Disclaimer: Free! y sus personajes le pertenecen a Kyoto Animation.


La desaparición de Haruka no tardó en notarse en el fondo marino, y aquello solo llevó a la catástrofe.

El primero en notar la ausencia del delfín fue Nagisa, estaba acostumbrado a que el de orbes zafiro no apareciese temprano, pero teniendo en cuenta los últimos acontecimientos –sus sospechosas huídas a la superficie– su ausencia le alarmó más que nunca. Él no quería asustar a nadie diciendo que Haruka aún no había vuelto, así que decidió acudir a Rin para saber qué hacer. Nado lo más rápido que su cola le permitió y se infiltró en territorio de tiburones, esperando una respuesta que nunca llegó. El pelirrojo se quedó igual –o peor– que Nagisa al saber de la ausencia de Haru, ¿acaso no le había dicho que no haría ninguna tontería y volvería? ¿¡Dónde estaba entonces!? No podía haber desaparecido en la nada, era poco probable que hubiese partido hacía algún lugar porque no había llevado provisiones ni nada similar, así que tenía que estar en algún lugar del océano, tenía que estar ahí, cerca.

Ambos decidieron que no dirían nada de la desaparición del heredero del clan del delfín, hasta estar seguros de que sí se trataba de una desaparición realmente. Durante los siguientes días, Rin peinó todos los territorios cercanos, miró debajo de piedras y dentro de corales, buscó en cuevas marinas y siguió a bancos de peces a lugares que nunca había visto buscando a Haruka, pero su búsqueda no fue fructífera. Mientras, Nagisa se encargó de convencer a todos aquellos que le preguntaban sobre el paradero del joven heredero de que éste había decidido viajar a la zona del suroeste y que por eso no se había presentado en los últimos días, aunque no solo era eso lo que hacía, también se encargó de rastrear palmo a palmo su propio territorio en busca de una sola pista sobre el paradero de Haruka, nunca encontró nada.

Cuando habían pasado dos días de la desaparición del de cabello oscuro, ambos tritones volvieron a reunirse. Parecía que Haruka se había esfumado sin dejar rastro y sin dar ninguna explicación. Nagisa no estaba alterado, no, estaba destrozado, ¿dónde estaba Haruka? No podía parar de repetirse que si Haru no estaba ahí, era por su culpa. Debería de haber hablado con él en el mismo momento en el que le vio subir a la superficie por su propia cuenta la primera vez, debería de haberle dicho algo, preguntarle el porqué, y quizás nada de esto habría sucedido. Rin, por su parte, estaba cabreado, cabreado con él mismo por no haber atado a Haruka cuando tuvo oportunidad para evitar que algo como esto sucediera –porque sabiendo como él sabía que Haruka tendía a ser libre en todos los aspectos, la posibilidad de fuga por parte del chico siempre había estado presente– y cabreado con el delfín por haber huido, sí, huido. Rin sabía –siempre lo había sabido, pero no quería admitirlo– que para Haruka la idea de convertirse en jefe del clan solo le hacía sentirse atado, y el pelirrojo, que siempre había sentido que ese era su sueño, no se había cansado de intentar que el de ojos zafiro alcanzase a entender lo maravilloso de ser jefe de clan, sin conseguirlo nunca.

La mayoría de sus discusiones con Haruka giraban alrededor de ese tema, Rin siempre le acababa gritando y recriminándole que se comportaba como un niño pequeño, que tenía que tomar la responsabilidad que le correspondía y dejarse de tonterías sobre ser libre o gilipolleces del estilo. El delfín solo le respondió gritando una vez, cuando el de ojos rubí le dijo que no tenía sentido que malgastara su talento como nadador, que era su obligación ganar las carreras porque de lo contrario perdería su honor como heredero al trono y destrozaría todas y cada una de las expectativas que la gente tenía en él. Fue la primera vez que vio a Haruka cabreado, gritando a pleno pulmón, la primera vez que le vio expresar algo más que aburrimiento. También fue su pelea más fuerte, una que nunca llegaron a solucionar. Porque el tiburón sabía, que aunque al día siguiente se habían hablado como si nada pasara, en realidad no había normalidad, ambos habían escondido la rabia que tenían dentro, más que nada porque no deseaban tocar aquel tema de nuevo. Incluso la última vez que habían hablado… ¡La última vez! Sí, habían hablado sobre Kisumi… Kisumi, el único capaz de hacer que una persona desapareciese del océano sin dejar rastro… No había que ser muy listo para unir cabos, el de cabello rojizo gruñó por lo bajo.

-Nagisa –El rubio subió su mirada, sus ojos estaban rojos y Rin no necesitaba preguntarle para saber porqué– Creo que sé donde puede estar Haruka, vuelve a casa.

El de ojos rosados se quejó, alegando que si sabía eso quería acompañarlo, pero el tiburón insistió en que era algo que quería hacer solo, y tras unos cuantos minutos, Nagisa acabó aceptando y emprendió rumbo a su territorio.

Solo cuando dejó de ver la cola del rubio en la distancia, Rin emprendió su camino, en realidad deseaba estar equivocado, quería pensar que Haru sería incapaz de hacer algo tan insensato como eso, pero a cada metro que nadaba, se daba cuenta de que aquello era lo más probable. El camino se le hizo corto, deseaba no llegar nunca, o que a medio camino se encontrara con el delfín admirando un coral, cualquier cosa con tal de no tener que aceptar que Haruka había optado por esa salida. Pero llegó, llegó y lo vio, al joven de cabellera rosa, que de alguna forma, parecía estar allí esperándolo.

-Grandísimo hijo de puta –el tiburón no moderaba mucho su lenguaje cuando estaba cabreado, eso estaba claro– Dime ahora mismo donde está Haruka.

-Eh, tranquilo –El joven de ojos amatista continuó mostrando una sonrisa mientras se acercaba a Rin, que lucía realmente cabreado y estaba de todo menos dispuesto a dejar que el otro tritón hiciese contacto físico con él– Tenía la corazonada de que vendrías. Dos valientes herederos de clan en menos de una semana, ¡mi negocio se expande!

El de ojos rubí no estaba para tonterías, se estaba enfadando y mucho, y eso no era bueno, no disfrutaba de una gran paciencia y con ese chico se le estaba acabando. Quiso controlarse, porque sabía que ser demasiado violento no le ayudaría, pero para cuando se dio cuenta ya había acorralado a Kisumi contra un coral mostrando los dientes.

-Dime donde está Haruka, ¡ahora!

-No lo sé. –Contestó con simpleza el otro, quizás no era la mejor respuesta que le puedes dar a alguien que te está acorralando y que tiene los dientes lo suficientemente afilados para arrancarte medio brazo, pero no iba a dejar que ese tiburón le atemorizara.

-¿No lo sabes? –Rin decidió que había llegado la hora de ser violento– Yo sí sé muchas cosas, como por ejemplo que tienes un hermano pequeño adorable al que de seguro no le gustaría enterarse de lo que su hermano hace a la gente desesperada.

Había dado en el clavo, lo sabía porque las pupilas se dilataron y su falsa sonrisa de deshizo en una mueca de rabia, que le dio a entender que ya bastaba de apariencias.

-¡¿Cómo sabes tú eso?!

-Te lo he dicho, yo sé muchas. –Sonrió el tiburón, como heredero, estaba orgulloso de disponer información sobre todos y cada uno de los habitantes del océano, pertenecieran a su clan, a otro, o a ninguno, nadie escapaba de él, conocía cada uno de los secretos guardados en el corazón de la gente marina.

-No se lo vas a decir –Aseguró el de ojos amatista, más por convencerse a sí mismo que al de ojos rubí, no quería que su hermano supiese ni por asomo lo que realmente hacía, aprovecharse de personas desesperadas, él quería protegerlo, ayudarle, permitirle una buena vida, y por eso hacía lo que hacía, para que Hayato fuese feliz y no tuviese que hacer jamás algo similar a lo Kisumi hacía– Él no tiene que enterarse de nada de esto.

-No lo haré –Rin amplió su sonrisa– Sí tú me dices de una jodida vez donde está Haruka.

El otro suspiró derrotado, no había nada que podía hacer ahora, no iba con él revelar información sobre su negocio, pero si con eso protegería a Hayato, no había duda en que debía hacerlo.

-Lo sabes tan bien como yo, él está arriba

Sí, esa era la realidad. Rin lo sabía, Nagisa lo sabía, todos lo sabían. Y todos se negaban a aceptarlo. No era coincidencia que Haru subiese tanto a la superficie y después desapareciera sin dejar rastro, solo había algo que podía unir esos dos sucesos y eran los métodos de Kisumi. Pero, ¿por qué? ¿Por qué Haruka? Él siempre había odiado a los humanos, siempre los había considerado una raza inferior, seres no merecedores de su atención… Y ahora, ¿renunciaba al océano, lo que más amaba, para escapar con uno? Carecía de sentido, incluso enamorado –que era un poco complicado imaginarse a Haru en ese estado, la verdad– el delfín nunca habría renunciado a nadar, jamás.

-¡No me jodas! Le engañaste, ¿cierto? Tú le engañaste… –La voz del tiburón era cada vez más alta y más desesperada, no quería creerlo, no quería creer que Haruka ya no estaría allí nunca más– ¡¿Qué le dijiste, hijo de puta?!

-Que podría volver. –Kisumi no pudo evitar bajar la cabeza al decir eso, no quería enfrentar al de ojos rubíes, lo que había hecho no le hacía sentirse precisamente orgulloso– Que no era permanente, que cuando quisiera, se convertiría de nuevo en tritón, lo siento. Yo…

El de cabello rosa se esperó que Rin le golpeara, le amenazara con matarlo o incluso que lo hiciera allí mismo, pero nada de eso pasó. Se extrañó y cuando subió su rostro vio que el heredero de los tiburones no podía reprimir las lágrimas, mientras susurraba que lo mataría. Porque el de ojos rubí no quería llorar, no, quería golpear a Kisumi y matarlo allí mismo, pero no encontraba fuerzas para hacer eso, ni siquiera era capaz de retener las lágrimas, daba igual ahora que fuese heredero, daba igual que debiese mantener la compostura, que no debiese mostrar debilidad, nada de eso tenía sentido cuando has perdido a tu mejor amigo para siempre. A la mierda las normas, a la mierda el protocolo, a la mierda todo. ¿Las normas le iban a traer de vuelta a Haruka? No. Todo lo contrario. Era por esa pura basura que el delfín se había ido. Pero no solo por eso, Rin sabía que también era su culpa, por insistirle siempre en que tenía que comportarse como heredero, por estar siempre diciéndole lo que tenía que hacer… Haruka había soportado todo eso mucho tiempo, demasiado, y al final no había podido más. No había humano que pudiese hacer que Haru renunciase al océano, pero sí había alguno capaz de proporcionarle la salida a las normas, lo que el de ojos zafiro buscaba. Él solo había escapado, eso es lo que había hecho. Y Rin se sentía incapaz de reprocharle nada sin culparse a sí mismo.

-Vas a pagar por lo que has hecho.

Eso fueron las últimas palabras que le dirigió al de cabello rosado, antes de emprender camino hacía territorio de delfines, para encontrarse con Nagisa, no le llevó tanto como lo esperado, más bien poco, probablemente porque tampoco deseaba llegar allí e inclusive si hubiese tardado 3 años le hubiese parecido poco, poco para afrontar la verdad, la verdad que ambos habían sabido, porque aunque cuando encontró al rubio y le contó lo sucedido, aún cuando éste lloró, en el fondo ambos sabían que esa había sido la realidad siempre, y los dos se culpaban a sí mismos por lo sucedido, achacándose las culpas por la decisión de Haruka. Permanecieron juntos durante horas, valorando la posibilidad de que de alguna manera el delfín pudiese volver al océano, todas parecían imposibles y dudaban de que, para empezar, Haruka quisiese volver, porque todo volvería a ser como antes, el de cabello oscuro volvería a sentirse atado de nuevo y buscaría otra salida, la historia se repetiría y eso no es lo que querían. Finalmente, cuando decidieron separarse, sus lágrimas firmaron la conclusión a la que habían llegado, Haruka no volvería.

El hecho de que el heredero no volvería, era algo que Nagisa tendría que transmitir al jefe de clan sí o sí. Lo había hablado con Rin, y éste le había dicho que se lo contase una vez se sintiese preparado, no debía sentirse presionado –aunque el rubio no entendía cómo es que alguien podía no sentirse presionado en una situación como esa–. Le llevó cerca de una semana sentirse "preparado", y ni siquiera estaba seguro de cómo había conseguido mantener a raya a la gente que le preguntaba por el delfín, pero lo había hecho, y ya iban cerca de dos semanas desde que Haru había desaparecido, quién sabe dónde estaría ahora o sí estaría, para empezar. El solo pensar en eso le provocaba ganas de llorar. Se lo habrá esperado de cualquier otro, de sí mismo, pero no de Haruka. Parecía que no le que conocía tan bien como pensaba. Ese pensamiento le rondó la cabeza hasta llegar a su destino, el centro del territorio del clan del delfín, la residencia del jefe y también lo que el de ojos zafiro había llamado hogar durante un tiempo, el solo verla le producía escalofríos, cada vez que se acercaba un poco más las ganas de huir y escapar de todos los problemas aumentaban, pero sabía que no debía de hacer algo como eso, él no debía escapar. Reunió todo el coraje que pudo para enfrentar lo que ahora se le venía encima, pedir una audiencia con el jefe no era fácil, y no se sorprendió cuando lo primero que hicieron al pedirla fue denegársela con un pretexto tan estúpido como "el jefe está demasiado ocupado para ocuparse de asuntos menores como los que un tritón tan joven como tú tenga que discutir". Aquello no le sorprendió, pero si le cabreó, su edad no tenía nada que ver, probablemente lo que él tenía que decir era mucho más importante que cualquier pensamiento que surgiera de la cabeza de esos guardias.

-¿¡Es un asunto menor la desaparición del heredero!? –Aquello bastó para que todos los tritones que vigilaban la residencia del jefe le prestaran atención, quizás más de la que Nagisa quería, pues le cercaron como si de un criminal se tratara preguntándole cosas sin orden alguno, el no respondió ninguna, sí tenía que hablar con alguien sobre lo que había pasado lo haría con el jefe del clan, con el padre de Haruka Nanase.

Al principio se negaron en grupo, como sí aquello fuese imposible. "No tenemos pruebas de que dices la verdad", "Quizás solo te aprovechas de que no sabemos al cien por ciento la ubicación de ese chico para molestar al señor Nanase con tus estupideces"… El rubio se preguntaba hasta donde legaría la estupidez de aquellos individuos –era bien sabido por todos en el clan, que si alguien estaba cerca de Haruka, era él, como era él también quién menos razones tendría para mentir sobre algo como el paradero del heredero para conseguir la atención de alguien como el padre del delfín–, al final logró convencerles, no fue con palabras bonitas y aunque después de hacerlo pensó que debería disculparse por su grosería, decidió que ellos tampoco habían sido tan educados –más bien parecían no conocer el término educación– como para que él se molestase en mostrarse arrepentido. Rin le había pegado sus arrebatos violentos.

Le escoltaron hasta el lugar y se sorprendió al descubrir que todo parecía decorado por Haruka –apenas había adornos, y lo poco que había era del mismo color que los ojos de éste–, supuso que sí era cierto que el delfín y su progenitor compartían muchos rasgos como decía la gente, entre ellos el gusto por lo simple. Aquello le recordó que nunca había visto realmente al padre de Haruka, algo que le puso un poco más nervioso de lo que ya estaba, algo que no podía permitirse. Y que aún así pasó cuando vio a aquel hombre, con esos mismos ojos azufre que tan acostumbrado estaba a ver, pero mucho más aterradores, parecía poder atraparte en ellos, en ese océano encrespado que ocultaban. Las palabras se le atoraron en la garganta y quiso pedirles a los guardias que estaban por irse que le sacaran de allí, pero no lo hizo. Por Haruka.

-¿Y bien? –Su voz era igual de monótona que la del heredero, pero también mucho más profunda– Me han dicho que sabías algo sobre el paradero de Haruka.

-Así es –Nagisa respiró profundamente antes de continuar, le había molestado ligeramente que no se hubiese referido al delfín como "su hijo", pero decidió que si seguía preocupándose por cosas como esas no conseguiría nada– Haruka… Su hijo… Él… No volverá.

-Explícate –ordenó el mayor, y el rubio se sintió pequeño y débil, aquel hombre no dudaba, le acababan de decir que su hijo no volvería pero no había necesitado ni medio segundo para ordenar explicaciones, parecía tener la misma carencia de emociones que el de cabellos oscuros.

-Se ha ido. –Confirmó, pero supo que eso no sería suficiente– A la superficie.

Durante un segundo, Nagisa juró haber visto decepción en los ojos del más alto, como si aquella noticia le hubiese afectado realmente. Desechó la idea cuando la dura mirada de éste se volvió clavar en él sin un ápice de emoción.

-¿Has confirmado eso? Espero que no hayas venido aquí diciendo algo como eso sin tenerlo seguro.

-Sí… Ri- Es decir, yo mismo fui a comprobarlo.

Mierda, Nagisa, mierda. La había jodido, y lo había hecho bien. Nombrar a Rin no era buena idea, y aunque no había dicho el nombre completo el padre de Haruka no era un hombre tonto y seguramente no tardaría en entender que no había sido el joven rubio quién había confirmado lo que había pasado si no otro chico de cabellos rojizos y de un clan diferente. Trato de mantenerse sereno, con el fin de que aquello en realidad no pasara y hacer pasar aquella metedura de pata como un simple atoramiento de lengua al estar nerviosa por la presencia del jefe. Parecía funcionar.

-No soy estúpido, estás mintiendo. ¿Sabes la pena que conlleva ocultar información de tal importancia al jefe del clan? ¿Estás mínimamente consciente de lo que te podría pasar si sigues tratando de engañarme? –El de ojos rosados se puso pálido, él no estaba engañando a nadie, solo estaba ocultando el nombre de Rin, pero lo hacía por bien, decirlo o no, no tendría importancia en la situación, Haruka no volvería de ninguna manera– Ya veo que no estás al corriente de nada, no te culpo, eres un tritón menor, vosotros aún os pasáis el día por ahí sin hacer nada productivo. Haruka también era así, lo único que hacía era perder el tiempo visitando territorio de tiburones, y así ha acabado.

Espera, ¿qué? El rubio abrió los ojos como platos. ¿El padre de Haru estaba al corriente de las visitas de éste al territorio de los tiburones? ¿Y decía que era por culpa de eso que había desaparecido?

-¿D-De qué está hablando?

-¿Qué de qué estoy hablando? ¿Acaso pensabais que podríais marcharos del territorio sin que yo lo supiese? Pequeño, nada dentro del territorio del delfín se me escapa, y menos si es él heredero el autor de tales sucesos. La ingenuidad de ese niño nos ha llevado a esto. –El más alto levantó la mirada y pudo notar que el pequeño tritón lucía totalmente descolocado– Tú eres igual, por lo que veo. Piensas que los tiburones no tienen nada que ver, ¿cierto? Eres igual de estúpido que él. ¿Te parece que Haruka se iría a la superficie por voluntad propia? No seas iluso, al menos ese niño estaba consciente de nuestra superioridad sobre los humanos, nunca se habría mezclado con seres inferiores como ellos por gusto. Fueron Toraichi y su hijo, sí, ese crío tiburón que no paraba de juntarse con vosotros los que causaron su desaparición. ¿Superficie? Nadie se creería algo como eso. Haruka está muerto, ellos lo han matado.

Las pupilas de Nagisa se dilataron y algo en su cerebro colapsó. ¿Rin había matado a Haruka? ¡No había oído algo tan disparatado nunca! Rin era su amigo, y también su rival, pero no su enemigo. Nada de lo que ese hombre decía tenía sentido, ¡era evidente que Haruka se había ido de manera voluntaria, o, al menos, al principio! Sabía que había sido engañado, pero había sido él en primera estancia en que había valorado la opción de ir a la superficie. ¿No decía el jefe que nada de lo que sucedía en el territorio se le escapaba? ¡Entonces debería de estar al tanto de las escapadas de Haruka a la superficie! Eso explicaba porque éste se había ido a tierra y exculpaba totalmente a Rin y a su padre.

-¡Está equivocado, Rin nunc-!

-¡Silencio! –Lo que Nagisa decía fue interrumpido por la fuerte voz del mayor, que no estaba dispuesto a escuchar más– Deja de tratar de proteger a los tiburones porque ellos han sido quién te han arrebatado a Haruka. Y deben ser castigados por ello. Hoy mismo nuestras tropas se prepararán para un inminente ataque al territorio del clan del tiburón, con el fin de vengar la muerte de nuestro heredero. Serás recompensando por darnos la información que permitió conocer la verdad sobre esos indeseables que acabaron con la vida de Haruka. Ahora vete.

De nada sirvieron las quejas de Nagisa, ni sus gritos ni sus golpes. Los guardias se lo llevaron sin cuidado y le prohibieron acercarse a aquel lugar de nuevo si no quería ser encarcelado. Poco le llevó entender que es lo que estaba pasando. Haruka no importaba, nunca lo había hecho, para su padre, tan solo se había convertido en una arma con la cual atacar el clan de los tiburones con una sólida razón. Daba igual cuanto tratase de explicarle a aquel hombre la verdad, que le trajese a Kisumi a decirle lo que había pasado o que le mostrase pruebas. Porque el padre de Haruka nunca había tomado en importancia a su hijo, le daba igual si estaba allí o no estaba, lo único que le importaba es que ahora tenía lo que siempre había querido gracias a él. Una guerra.

El rubio como cualquier otro tritón con un mínimo de inteligencia sabía que delfines y tiburones eran enemigos naturales –excepto Haru, Rin y él, ellos tres eran la única excepción en todo el océano, probablemente–, pero nunca se había esperado que la rivalidad fuese tal como para causar un deseo de guerra entre ambos tan fuerte como el que estaba presenciando. ¿Y lo peor? La gente lo aceptaba, en lugar de preguntarse el porqué, simplemente gritaban que matarían a los tiburones y corrían a presentarse voluntarios para la pelea. Él no lo hizo –porque era un tritón menos y, aunque no lo fuese, no lo haría ni muerto– y acudió con los demás niños al refugio establecido. Sabía que Rin no tendría su misma suerte, él, como heredero, tendría que luchar, y probablemente en la delantera.

El océano se había convertido en un caos por algo tan simple como el amar a alguien. Aunque Nagisa siempre había bromeado con que si Haruka se enamoraba algún día de un humano, el mundo se acabaría. Nadie se había tomado eso en serio, ni él mismo. Ahora todos lo hacían.