¡Hola! Espero estén muy bien todos, aquí les traído el capítulo de esta semana, espero les guste :)
~~Respuestas de reviews~~
Yuri Mukami: Que bueno que te gustara *u* gracias por el coment! Espero este capi también te guste :3
Ai Buff: ¡Gracias, es aun más lindo ver cuando comentas la actualización! x3 Muchas gracias, espero también te guste este cap :3
TheTranslator001: Jajaj sí, y pensar que fue una idea nueva que se me vino en esta temporada XD "shinigami acosador" *u* ¡Espero te guste este capi! *w*
Ailyn Sakamaki: ¡Que bien que te cayera bien Steve! :3 Si extrañé tus comentarios, espero no te pierdas más :P Y también espero te guste este capítulo!
Elinash1: Oh, cuantas cosas pasaron que no te permitieron comentar D: bueno es mejor tarde que nunca *u* ¡espero te guste la actualización nueva!
Sin más que decir, disfruten el capítulo!
Capítulo 13
Recuerdos
El mundo de los demonios, un lugar que podía ser tanto bueno como malo, al igual que los demonios y más personas/entes sobrenaturales que vivían allí, tanto como el mundo humano podían haber habitantes buenos y habitantes malos. Podía haber paz, como podía haber guerra.
Hace un tiempo, un gran y poderoso demonio había intentado conquistar ése reino, él junto a sus aliados demonios habían provocado el horror más severo, varias familias se separaron, muchas personas habían muerto con las guerras que había provocado, cuando estaba a punto de lograr su cometido algo o alguien por fin había podido aunque sea retarlo, un Ángel guerrero que había llegado para destruirlo por completo.
Su poder era grandioso, el demonio no podía estar más feliz de luchar con tal poder, aunque no fuese suficiente ya que además del poder del demonio, tenía algo más, el orbe que lo llenaba de más poder oscuro.
—Con que ese era tu truco — Habló el Ángel en el cual su cara era tapada por un yelmo color blanco.
—¿Aún sigues de pie? — Preguntó el demonio con su forma real, era algo horroroso para los ojos de cualquiera, casi nadie conocía su otra forma no demoniaca por no decir que sólo una persona lo hacía — Te has ganado mi aceptación como guerrero ¿no quieres unirte a mí? — Preguntó con tono burlón.
—Jamás me uniría a alguien como tú, demonio — el Ángel guerrero con sus alas empezó a volar dirigiéndose a él nuevamente, esperando a que con el poder del orbe no la llevara para atrás de nuevo.
Septimus quien corría por todo el lugar en busca de su hermanastro, él había sido derrotado por aquél Ángel tan poderoso, era la primera vez en tanto tiempo en el que era derribado con tanta facilidad. Pero, él sabía que no era nada comparado con su hermanastro Aarón. Entró a el gran salón del castillo viendo como el Ángel se acercaba a Aarón sin vacilación, vio como intentó robar el orbe pero este empezó a brillar al ser tocado por el Ángel, tanto el demonio como el Ángel se mostraban impresionados, Septimus también.
—¿Qué está pasando? — Preguntó Septimus con sus ojos bien abiertos, el orbe brillaba más y más, él cerró sus ojos por tanta luz, cuando los volvió a abrir… Su hermanastro y su contrincante no estaban.
Pasó el tiempo y obviamente las tropas de Aarón no siguieron después de que su líder había desaparecido por causas extrañas con aquél Ángel guerrero, Septimus siempre intentó buscar las formas para saber dónde había desaparecido y si podía regresarlo, porque cuando ellos dos desaparecieron, el transporte al mundo de los demonios había sido bloqueado.
Septimus no pudo volver a ir al mundo de los humanos dónde su hija Cordelia estaba.
Después de 3 meses aproximadamente de búsqueda imparable, Septimus se sentía casi rendido, no podía encontrar solución ni con las sabias brujas.
En ese mismo instante, una luz empezó a brillar en un paisaje desolado, cuando dejó de brillar, Aarón en su forma no demoniaca había regresado, junto con una mujer a su lado que no era nadie más que el Ángel guerrero, tenía algo entre sus brazos.
—Hemos… regresado, Bianca — Dijo Aarón con sorpresa.
—¿Pero… cómo es posible? — Preguntó Bianca — no será que… — Ella vio lo que tenía entre sus brazos, una pequeña bebé recién nacida que estaba cubierta por una mantita para que no tuviera frío — Nuestra bebé es…
—Debemos mantenerla a salvo — Le dijo Aarón acercándose a Bianca y mirando a su hija – Cathleen es ahora una híbrida con mucho poder que muchos desearan y más por el secreto que sólo sabemos nosotros… – Acotó mientras veía a su bebé dormir plácidamente — El mundo humano era mucho más seguro, pero aquí…
Como era de esperarse, el tiempo del mundo de los demonios y el mundo humano era muy diferente, cuando en el mundo de los demonios habían pasado 3 meses, en el mundo humano había pasado más de 1 año.
—Y pensar que nuestra vida en Irlanda iba a ser tranquila — Dijo Bianca con algo de nostalgia.
—No te preocupes, haré que aquí lo sea también — Le dijo Aarón con seguridad.
—¿Cómo? Recuerda que… una vez quisiste gobernar de una mala manera este lugar — Dijo Bianca con inseguridad.
—Lo haré, por ti y nuestra hija — Sonrió seguro, aquélla sonrisa que Bianca admiraba.
Puede ser, que una vez lo odio tanto, quería matarlo, quería vencerlo, pero el tiempo que pasaron en el mundo humano de alguna forma los unió más…
Ellos empezaron a emprender su camino, Aarón quería buscar primero a su hermanastro que seguramente estaba en su antiguo hogar muy lejos de la civilización. Al encontrarlo Septimus lo vio con felicidad pero… al ver a Bianca detrás de él la hizo verla con curiosidad y sin entender la situación.
—Ella es Bianca, el Ángel guerrero que intentó derrotarme — Le explicó Aarón con seriedad, Septimus se colocó a la defensiva — Ahora estamos juntos — Su hermanastro realmente no comprendía la situación, hasta que, vio que Bianca tenía algo entre sus brazos que empezó a llorar un poco, un bebé… habían tenido un bebé.
—¿Pero… cómo? — Septimus intentaba analizarlo, pero no le entraba en la cabeza como habían podido terminar juntos.
Estar en el mundo humano había destruido a Aarón, concluyó él.
—Te necesito de mi lado de nuevo, hermano— Le ofreció Aarón — Seré el rey de este mundo de los demonios ¿estarás conmigo? — Preguntó sonriendo. Septimus lo dudó por un momento, sabía que de ahora en adelante, Aarón no sería el mismo demonio malvado que admiraba tanto, aquél líder superior se había ido, ahora quería hacer el bien. Septimus no podía aceptarlo, él sonrió y vio a su hermanastro dándole seguridad de su lealtad, la cual sería falsa.
—Dije que siempre estaría contigo, hermano — Él le dio su mano cerrando su acuerdo demoniaco.
Pasó el tiempo y Aarón había logrado su cometido, ahora era el Rey demonio, esposo de Bianca un Ángel el cual no podía regresar a su mundo del que provenía, ya que… había cometido un pecado, su pecado fue, enamorarse de un demonio y dar a luz una hija. Convirtiéndose entonces en la reina del mundo de los demonios por lo que, Cathleen era la princesa del mundo de los demonios.
Aarón había pasado mucho trabajo antes de poder estar en el poder, pero con mucho trabajo lo había logrado, muchas personas aún estaban en contra ya que Aarón había declarado ser el demonio que había atacado anteriormente ese mundo, logrando que muchos habitantes murieran. Así como los que estaban en contra, había muchos más que creían en su palabra y estaban de su lado.
—No permitiré que eso suceda — Septimus susurró — ¡Con su ayuda en el tiempo determinado armaremos un golpe de estado! ¡Este mundo merece el dolor de un verdadero rey demonio y yo con mucho gusto seré el que tenga ese puesto! ¿¡Quién está conmigo!? — Gritó Septimus a una multitud de demonios que estaban reunidos en lo más lejano del reino, él estaba armando su grupo de rebeldes contra Aarón — Ahora que no tiene el orbe si podremos hacerlo… él será poderoso pero no es indestructible — Habló Septimus — Su hija es una híbrida, tiene mucho poder, ella será… nuestro pequeño sacrificio, ella me otorgará todo su poder, mi querida sobrina, Cathleen… — Sonrió Septimus.
Cathleen, aquélla niña había crecido y ya tenía unos 5 años de edad, joven e inocente, aun no se imaginaba de todo el peligro por el cual pasaría, ella corría por el jardín del castillo dónde vivía, al ser muy peligroso afuera del castillo no le permitían salir sus padres. Tampoco es que le importara mucho al ser una pequeña niña. A los 7 años de edad intentaron secuestrarla en el propio castillo, la sirvienta que siempre la cuidaba intentó protegerla pero aquéllos demonios eran mucho más fuertes, allí fue… cuando Cathleen demostró por primera vez sus poderes, al no querer que le hicieran daño a su única amiga en el castillo, la protegió logrando matar a los que querían secuestrarla.
—¿Q-qué pasó? — Cathleen se preguntó hasta que vio a los cadáveres al frente suyo, ella tembló ante eso y al ver la sangre en sus manos.
—¡Demonio! — Su amiga la sirvienta la miraba con miedo.
—Johana… — La sirvienta empezó a alejarse — ¡Aléjate monstruo! — Gritó para luego salir corriendo de allí.
—¿Monstruo…? — Se preguntó mientras miraba la sangre en sus manos — ¿Soy… un monstro…?
Ella sabía que su padre era el Rey demonio y su madre era un Ángel, sabía que era una híbrida cuyos poderes eran sorprendentes, su padre le explicó que muchos querrían su poder, que ahora que sus poderes se han mostrado, debían entrenar juntos para poder controlarlo.
Era algo realmente difícil para ella, por años entrenaron dentro del castillo, nadie más había visto a ese niña crecer además de sus padres y algunos sirvientes que vivían allí y eran leales a pesar de tener miedo de Cathleen, razón por la cual no volvió a tener amigos.
A los 9 años de edad Cathleen se escapó del castillo por lo molesta que estaba con su padre el cual le exigió demasiado esa vez, quizá ella había actuado de una manera rebelde e inmadura, pero era una niña aun ¿qué podría saber?
Allí fue la primera vez que conoció el exterior, la primera vez que veía como la rechazaban cierta cantidad de personas las cuales no la ayudarían ya que se había perdido, dónde sentía que no podría regresar a ver a su padre y madre por lo inmadura que fue. Allí fue donde conoció a Anael su verdadera amiga.
A los 10 años ella empezó a caminar más por el exterior del castillo con dos personas que su padre había encomendado que cuidasen de ella, quien aún no sabía controlar sus poderes, Edward y Thomas eran sus guardianes.
—Cathleen quiero presentarte a Edward y Thomas — Dijo Aarón con seriedad — Ellos serán los que te acompañaran y protegerán de ahora en adelante mientras aprendes a controlar tu poder.
El rubio de Edward lucía muy nervioso, mientras que Thomas lucía con seriedad.
Edward se inclinó ante Cathleen y Aarón rápidamente — ¡Será un honor ayudar al rey y a la princesa! Él observó con curiosidad a Cathleen quien estaba detrás de su padre con algo de timidez, él se sonrojó un poco ante tal acto de la pequeña.
—Discúlpenla, es algo tímida — Acotó Aarón con una sonrisa.
—Comprendo — Dijo Edward dejando de inclinarse — Princesa, no tiene por qué sentirse tímida, nosotros cuidaremos de usted — Dijo el rubio ofreciendo su mano con una sonrisa.
Cathleen lo pensó un poco antes de apartarse de su padre y acercarse a Edward y tomar su mano.
—Sí, confío en ustedes — Les dijo Cathleen con una sonrisa, la cual hizo estremecer a Edward.
—Eres 5 años mayor, Edward — Le dijo Thomas con seriedad logrando que Edward se sonrojara.
—¡Idiota eso lo sé! — Le dijo Edward con una voz quejona — Nunca dejaría mi deber como guardián de la princesa.
A los 15 años de edad, había conocido a Li, una persona quien estuvo viajando por mucho tiempo para encontrarla, a aquélla híbrida que los rumores decían, él llegó a ella queriendo enfrentarla, pero Edward y Thomas llegaron justo a tiempo impidiéndoselo, no podían dejar que ella mostrara sus poderes en ese momento.
El tiempo pasó y Cathleen se convirtió en una hermosa joven de 16 años la cual aún no sabía cómo controlar sus poderes a la total perfección, pero al menos en gran parte podía, aún tenía mucho que descubrir de sus poderes.
Porque había cosas que ni siquiera sus padres podían comprender, es porque ella ocultaba algo que ni ella misma se imaginaba, algo sumamente poderoso.
En todos sus años intentando comprenderlo conoció mucha gente que estaba de su lado, un rival del que nunca se cansaba de enfrentarla y perder contra ella, tuvo varias experiencias inolvidables, ella realmente no se quejaba de la vida que tenía.
Anael nunca la abandonó como amiga, ella era uno de los pocos Ángeles que vivían en el mundo de los demonios, por destierro de su familia del mundo dónde realmente provenían.
Steve, un Shinigami del cual no sabía mucho de su vida pero que aun así siempre estaría del lado de Cathleen.
Edward y Thomas siempre serían sus guardianes leales a ella, tanto guardianes como amigos…
La relación que tenía que sus padres, era realmente buena, su madre siempre le cantaba canciones desde muy niña para dormir, su padre también siempre estuvo con ella en las buenas y en las malas. Ella consideraba que también la relación que tenía con su tío era realmente sincera, él siempre la ayudaba cuando sus padres no estaban o no podían estar con ella en su momento, en esos tiempos de soledad, él estaba con ella. Cathleen quería a su "tío" Septimus.
Todo parecía normal, Cathleen al tener 16 años ya se consideraba una chica mayor de edad que ya podía ejercer en el trono, cuando llegara la hora ella aceptaría tal cargo, aunque aún pensaba que no estaba lista, no hasta controlar todo su poder a la perfección.
El mundo de los demonios parecía estar en paz, pero lo que no sabían era que Septimus daría pronto su gran golpe.
—Hoy es el día, ya hemos armado por completo nuestras tropas, nuestro gran golpe será incomparable — Exclamó Septimus todos los demonios gritaban como apoyo hacia él — Cathleen aún no sabe controlar a la perfección sus poderes, por lo tanto no será de mucha complicación – Susurró Septimus para sí mismo—– ¡en marcha! — Dio la orden.
Un día común y corriente, Cathleen se encontraba a las afueras del reino, muy alejada en dónde se encontraban unas especies de ruinas junto a su amiga Anael y sus guardianes Edward y Thomas.
—Ah~ que buen lugar para descansar — Dijo Edward mientras se acostaba en el césped para sentir la brisa. Se veía con una cara muy a gusto.
—Eres un vago, sólo piensas en dormir — Le dijo Anael en tono burlón.
—Cállate o te destruyo — Le advirtió Edward con sus ojos cerrados.
—Como si fueras capaz— Anael se sentó sobre el estómago de Edward provocando que se sorprendiera.
—¡Bájate estás gorda! — Se quejó Edward.
—¿¡Cómo me dijiste!? — Anael y Edward empezaron a tener una gran discusión mientras que Cathleen se reía un poco para luego observar el paisaje de una manera calmada.
—¿Sucede algo señorita? — Thomas le preguntó con atención, ella lo miró enseguida.
—No… no es nada… creo — Dijo con inseguridad.
—¿Cree?
—Es que… presiento que algo malo pasará — Dijo con algo de preocupación.
—Si algo malo pasa estaremos aquí para usted, princesa — Le dijo Thomas con educación.
—Te he dicho muchas veces que me llames por mi nombre, Thomas — Le dijo con algo de queja.
—L-lo lamento, C-Cathleen… — Dijo él con algo de vergüenza.
El tiempo pasó y al ir por el camino de regreso empezaron a ver como atacaban al pueblo varios demonios, veían el fuego esparcido por todos lados, no podían creer tal barbaridad tan repentina.
—¿¡Qué es todo esto!? — Preguntó Anael con temor.
—No hay tiempo para pensar en eso, tenemos que proteger a todos — Cathleen cuando iba a dar su movimiento alguien la tomó del brazo volteó al ver a Edward con ojos preocupados.
—Ten cuidado, recuerda que aún no sabes controlar por completo tus poderes — Le recordó Edward, ella sonrió con seguridad.
—Estaré bien — Le dijo Cathleen, Edward soltó su brazo — Tenemos que parar esto, haré todo lo posible por llegar al responsable de esta atrocidad — Dijo con seguridad — Nos veremos pronto ¿está bien? — Todos asintieron ante eso, Cathleen empezó a alejarse y a sacar sus alas de Ángel para una mejor movilidad, su cabello empezó a cambiar de un color blanco. Empezó a volar y a destruir cada demonio que atacaba a los habitantes.
Los 3 amigos de Cathleen también protegían el lugar, derrotando a cada demonio que se habían revelado ante el Rey.
Cathleen se fijó como el castillo estaba también siendo atacado por demonios, su hogar estaba incendiándose, ella sin pensarlo se dirigió hasta allí en busca de sus padres.
Mientras volaba miraba por las ventanas y no encontraba a nadie hasta que encontró a quien menos creía encontrar a punto de matar a su padre, Septimus era quien lo mataría.
—¡Papá! — Dijo después de romper los vidrios de aquélla ventana, Septimus volteó a verla
—Cathleen, sobrina, bienvenida a casa — Le dijo con una sonrisa.
—¿¡Por qué estás haciendo esto, tío!? — Preguntó con una voz quebrada.
—Porque… porque… ¡Porque así es como debe de ser! — Respondió con un tono de voz alto — Este lugar debe estar repleto de oscuridad, debe ser gobernado por un verdadero Rey demonio, Aarón siempre fue mi maestro a seguir, pero me ha defraudado desde que tuvo a un pecado como tú — Le dijo provocando que Cathleen se pusiera triste, después de todo ella quería a su tío y en ese momento él demostraba que todo lo que pensaba que su tío era, era solo una mentira — Yo sólo estuve con ustedes para saber más acerca de tus poderes los cuales aún no sabes controlar a la perfección, tu parte demoniaca aún tiene poder sobre ti ¿no es cierto? Lo que quiere decir que puedo tomarte como sacrificio y tomar todo tú poder para yo ser el más poderoso — Explicó él con sadismo.
—no…no… — Cathleen vio a su padre como lucía débil, Septimus lo había derrotado.
—Cathleen, huye… — Le pidió su padre Aarón.
—No te dejaré, ¡no te dejaré! — Cathleen empezó a atacar a su tío Septimus el cual se defendía con astucia, una gran lucha se armó entre ellos, la chica sacó su espada a lo que Septimus siguió. Salieron de ese salón y llegaron a otro sin darse cuenta, dejando a Aarón atrás.
Con un hábil movimiento, Septimus atrapó a Cathleen, dándole varios fuertes golpes dejándola algo inmóvil — No eres nada — Él iba a clavar su espada hacia ella, pero algo se lo impidió.
—¡Detente! — Anael entró y detuvo a Septimus.
—¿Otra contrincante que no es nada para mí? — Preguntó Septimus señalándola con su espada — Con gusto lucharé, no tardaré mucho — Dijo con una sonrisa confiada.
—Anael… no vengas… — Le dijo Cathleen algo débil.
—Te dije que nunca te abandonaría, eres mi amiga — Anael le dijo con una sonrisa confiada, Septimus lo tomó como algo sin importancia, empezaron a luchar. Cathleen se levantó como pudo y cuando iba a detenerlos vio como Septimus, sin vacilar clavaba su espalda en el pecho de Anael.
—¡Anael! — Gritó, a lo que ella solo respondió con una sonrisa antes de cerrar sus ojos y dejar ese mundo.
—Jajajajaja — Septimus reía como nunca al ver la expresión de Cathleen sin poder creer que su mejor amiga había muerto.
—No te lo perdonaré — Susurró ella empezando a exponer su poder demoniaco, sus ojos se volvieron rojos y sus cuernos salieron — ¡No te lo personaré! — Se acercó a él atacándolo con todo su poder, Septimus no podía con tal fuerza, pero aunque fuera muy poderosa, era incontrolable por lo tanto, no era indestructible.
Cuando Septimus logró poder darle un golpe, no paró hasta tirarla al suelo, muy agotado respiraba con dificultad.
—Eres realmente terca, Cathleen — Dijo Septimus mientras se acercaba para dar su último golpe. Ella aún estaba consiente viendo cómo se acercaba. Pero algo le impidió el paso, golpeándolo y llevándolo a lo más lejos de aquél salón la pared en dónde había tropezado se había derrumbado todo arriba de él.
—Mamá… — Dijo gravemente herida.
—Tienes que huir — Le dijo levantándola y empezando a decir palabras imposibles de identificar, quizá otro idioma mágico.
—¿Qué haces…? — Le preguntó con voz débil.
—Mandándote a un lugar seguro, Karl Heinz se ocupará de ti, solo pregunta por él y explícale la situación, aun no sabes controlar tu poder, no podrás vencer a Septimus, tenemos que hacer esto rápido — Bianca tocó la frente de Cathleen el cual empezó a aparecer un punto rojo de él que empezó a brillar.
—¿Qué es eso que se siente en mi frente…? — Preguntó Cathleen algo sorprendida.
—El poder del orbe — Le susurró mientras una lágrima corría por la mejilla de Bianca — Te amo, Cathleen — Mientras Bianca terminaba de decir esas palabras, la luz en la frente de Cathleen empezó a brillar más, Cathleen empezó a ser absorbida por un agujero
—¿Qué pasa? ¡Mamá! — Ella intentó agarrarse de ella, pero su madre lo negó.
—Estarás bien — Dijo entre lágrimas y una sonrisa sincera, en ese mismo instante Septimus apareció con su espada hacia Bianca.
—¡Mamá, cuidado! — Advirtió Cathleen, pero él ya había atravesado con su espada el estómago de Bianca.
—¡NO! — Repitió en un eco mientras caía por aquél agujero.
-EN OTRO LUGAR-
Tougo Sakamaki, ocasionalmente no solía caminar por las calles, pero algo estaba pasando en el mundo de los Demonios, podía saberlo por el estado inusual en el que estaba la luna, desde la llegada de Aarón y Bianca no había podido ir hacia allá, así que no podía simplemente saber en qué clase de situación se encontraban.
Al ver que no habían personas a su alrededor, empezó a volar hasta llegar a un alto edificio, pensando en la situación en la que podían estar en el mundo de los demonios. Luego de unos minutos de meditación observó como una luz albergaba por cierto lugar un poco cercano del edificio dónde se encontraba, sin más que pensar se dirigió hacia ese lugar.
Llegó rápidamente hacia su destino encontrándose a una chica tirada en el suelo, su cuerpo estaba muy herido, observó sus alas de ángel y sin pensarlo dos veces se dirigió hacia ella.
—¿Bianca? — Preguntó él mientras tomaba a la chica con su cabello blanco — No… tú no eres Bianca — Aun inconsciente su cabello empezó a volverse negro, y sus alas a desaparecer.
Él la cargó y rápidamente voló hacia una clínica de confianza, la chica estaba muy herida y aunque él no estaba seguro de la identidad de la chica, tenía que tener precaución.
Llegaron y fue atendida por el médico de su preferencia y confianza el doctor Elijah. Un hombre mayor, de cabello y ojos oscuros el cual usaba anteojos. Él era un reconocido licántropo.
—Menos mal la trajiste rápidamente, sus heridas eran muy grabes, pero todo está bien — Dijo el doctor Elijah quien había salido de la habitación dónde se encontraba Cathleen — Al parecer sus heridas se curan por si solas.
—Sabía que la luna no mentía, está pasando algo en el mundo de los demonios — Afirmó Sakamaki mientras se levantaba del asiento dónde estaba esperando.
—¿Crees que ella tenga algo que ver? — Le preguntó Elijah con su porte de seriedad.
—No existen las coincidencias, por algo debió llegar a este lugar mientras en el mundo de los demonios está teniendo situaciones extrañas — Analizó Tougo — Cuando ella despierte lo sabremos.
—¿No cree que debe mostrar su verdadera forma? — Preguntó Elijah.
—No lo veo necesario por ahora — Respondió con una sonrisa.
—Ella luce bastante familiar ¿no lo cree? — Le preguntó Elijah con una sonrisa.
—Así es, pero no estamos seguro de que lo sea — Mencionó con seriedad — La hija de Bianca y Aarón.
—He hecho ciertos análisis en su sistema y parece… plenamente humana — Acotó con inseguridad.
—Por alguna razón, presiento que la identidad de esta chica tardará más de lo necesario — Dijo para luego suspirar Tougo algo agotado.
—Aun así debes tener cuidado — Aconsejó Elijah.
Omg que capítulo Dx ¡Y así llegó Cathleen a ese mundo! ¿Papamaki será bueno o malo? ¿Qué es lo que realmente planea con Cathleen? D: ¿Bianca estará bien? muchas de estas preguntas las sabrán Cathleen y ustedes en los siguientes capítulos! :3 espero les haya gustado, en este momento tengo cansado los dedos de tanto escribir en el teclado XD quiero acotar que al ser "recuerdos de Cathleen" no agregué el tiempo que pasaron Aarón y Bianca en el otro mundo donde conocieron a Karl, eso sería algo muy aparte lo cual quizá en un futuro haga en otro fanfic :3 (posiblemente ya que aun no estoy segura)
¡Dejen sus comentarios y en el siguiente capítulo nos leemos!:3
