Hola a quienes me leen, lamento la tardanza, les juro que iba a subir el capitulo desde el viernes, luego le dije a Anita que lo subiria ayer y me pego la flojera x3 Y es que como tambien he estado bien Bleach (de nuevo) pues ya se me olvido x3
Pero aqui esta ya el capitulo, tarde pero seguro xD Solo quiero agradecer a:
BereLel: Gracias por tu comentario y ser paciente :3
misel-kuchiki: Me encantaria subir mas rapido los capitulos o dos dias por semana, pero lastimosamente estoy ocupada con otras cosas y a veces como dije arriba, me da flojera x3
Anniefrikycx: Ok de acuerdo tienes varias cuentas xD Me alegra que te guste como va la adaptacion y creo que no falta mucho para llegar al capitulo por donde te quedaste.
Eres mi Neko-lector :3
Esta historia va dedicada a mi "Fiel neko lectora": Annie3. Espero te este gustando :3
Ahora sí:
DISCLAIMER: Ni Bleach, ni la historia de "Esperanzas Ocultas", me pertenecen, todos los personajes así como la historia original son propiedad de sus creadores, Heidi Rice y Tite Kubo. Yo solo los utilizo sin ánimo de lucro.
Espero disfruten de la lectura y nos leemos abajo :3
Capítulo Cuatro
¿Dónde demonios se había metido?
Ichigo la buscó en el salón de baile por enésima vez antes de mirar su reloj, impaciente. Rukia había desaparecido tres horas antes, en cuanto llegaron al lugar de la resección, y aunque la había buscado por todas partes, no había vuelto a verla.
Todo el mundo parecía estar pasándolo de maravilla; todo el mundo menos él. No había estado tan tenso desde su primer estreno en Broadway.
¿Cómo una pareja podía tener tantos amigos?, se preguntó mirando alrededor. Y todos ellos se habían acercado para saludarlo… todos salvo la mujer a la que había ido a ver.
«Tranquilízate».
Ichigo se apoyó en la pared, suspirando. Al menos se había librado del grupo de adolescentes que llevaban una hora persiguiéndolo.
Mientras observaba a los invitados en la pista de baile y esperaba en vano ver a la chica de los cabellos oscuros, volvió a hacerse la pregunta que llevaba haciéndose toda la tarde.
¿Por qué había ido a la boda?
El día anterior había estado en la fiesta de fin de rodaje de su última película, en Londres, y su coprotagonista,Nelliel Tu Oderschvank, le había hecho una oferta que no debería haber rechazado. Pero le había dicho que no.
Y no había la menor duda: la culpable era la invisible señorita Rukia.
Parecía haberlo hechizado, llevándolo allí contra su voluntad con su canto de sirena. Desde que la besó en el Aeropuerto Internacional de Tokio no había podido apartarla de su mente. Y cuando despertó por la mañana, después de un erótico sueño en el que ella era la estrella principal, se dio cuenta de que era hora de entrar en acción.
Él no era un obseso del sexo y nunca dejaba que las mujeres invadieran sus sueños, de modo que, después de una ducha fría, había cancelado su vuelo de vuelta a Los Ángeles y había reservado un vuelo a Karakura.
Pero cuando llegó a la capilla se dio cuenta de que había cometido un error. Ver a su hermano de nuevo había sido como recibir un puñetazo en el plexo solar y, por si eso no fuera suficiente, allí estaba Rukia, su esbelta figura envuelta en un vestido que parecía acariciar sus curvas como la mano de un amante.
Una mirada a esos preciosos ojos suyos que no eran ni negros ni azules y supo que lidiar con Kaien no iba a ser el mayor de sus problemas.
El problema era que Rukia había desaparecido.
Después de varias horas charlando con gente a la que no conocía, de dar vueltas por el lugar como un tonto buscando a alguien que había desaparecido y evitando a su hermano y a su flamante esposa, Ichigo empezaba a enfadarse con ella y consigo mismo.
Debería marcharse, pero no era capaz de hacerlo. No podía alejarse de Rukia sin hablar con ella al menos. No sabía qué le había hecho dos semanas antes en el aeropuerto, pero tenía que resolverlo esa misma noche porque no iba a pasar un minuto más pensando en ella… especialmente después de haberla visto con ese vestido.
Después de dejar su copa en la bandeja de un camarero que pasaba por su lado, de nuevo miró alrededor. Siendo la dama de honor no podía haberse marchado, de modo que estaba evitándolo. Y ésa era una experiencia nueva para él.
Una cosa era segura: cuando le pusiera las manos encima no la dejaría escapar.
Ichigo vio algo dorado por el rabillo del ojo y cuando giró la cabeza se encontró con unos cabellos oscuros como la noche…
Allí estaba.
Sin fijarse en la gente que lo seguía con la mirada, Ichigo se dirigió hacia su presa.
–Rukia, menos mal que te encuentro –Miyako apartó un mechón de pelo de su cara, riendo–. ¿Dónde está Ichigo? Kaien teme que se haya ido sin decir adiós.
–¿Por qué iba a hacer eso? –preguntó ella, intentando disimular.
Le había dado esquinazo horas antes y no estaba muy orgullosa de sí misma. Pero cuando la miró de esa forma, como si pudiera ver debajo del vestido, le había entrado pánico.
No había estado evitándolo… bueno, no del todo.
El plan había sido cambiarse de zapatos y buscarlo después. Al fin y al cabo, Miyako le había pedido que lo atendiese y, además, seguramente había imaginado esa mirada. Pero cuando volvió de su habitación, Ichigo estaba rodeado por un grupo de adolescentes y después de eso lo había visto hablando con Yoruichi, una amiga de Miyako que pertenecía a una de las familias más adineradas de Tokio. De modo que se había quedado charlando con la señora Ukitake y con un artista de Nueva York, Ishida Uryu, sobre arte moderno.
Ichigo nunca estaba solo, de modo que no tenía por qué sentirse culpable.
–Yo creo que el pobre no estaba preparado para esto –siguió Miyako–. Además, es evidente que ha venido sólo para volver a verte a ti.
–¿A mí? ¿Por qué dices eso?
–Por favor… te ha echado una mirada que podría haber iluminado la mitad de Japón.
–¿De verdad? –murmuró Rukia.
Y luego se dio cuenta de que parecía una tonta. ¿Qué le pasaba? Ella no quería que Ichigo Kurosaki la mirase de ninguna manera.
–Pues claro que sí. Y eso significa lo que yo sospechaba: que no me has contado todo lo que pasó en el aeropuerto.
–No seas boba. No pasó nada.
No debería haberle contado lo del beso. Su romántica amiga estaba imaginando cosas que no eran y empezaba a contagiarla.
–Puede que te engañes a ti misma sobre ese beso, pero el asunto es que está aquí ahora y parece muy interesado. ¿Por qué te escondes de él?
–No me estoy escondiendo –se defendió Rukia.
–¿Y si no te estás escondiendo por qué no vas a charlar un rato con él? Si supieras lo que Yoruichi Shihoi dice de Ichigo, sabrías que tienes competencia.
¿Cuánto champán había tomado Miyako?, se preguntó ella.
–No pienso ir a hablar con él. No está interesado, así que ir a buscarlo sería…
¿Qué sería exactamente?
¿Loco, aterrador, emocionante, electrizante?
Rukia arrugó el ceño. ¿Cuántas copas de champán había tomado ella?
–A veces uno tiene que hacer las cosas sin pensarlo tanto –siguió Miyako–. Pero te garantizo una cosa: si Ichigo es igual que Kaien en la cama, no lo lamentarás.
Rukia sintió que su cara estaba a punto de explotar.
–Baja la voz, hay niños presentes –la regañó su marido, que acababa de acercarse con Daichi en brazos.
Miyako soltó una carcajada.
–Hola, cariño. No sabía que estuvieras escuchando.
–Y es demasiado tarde para retirarlo –Kaien sonrió, tomándola por la cintura con el brazo libre. – Has prometido amarme, honrarme y cuidar de mí durante el resto de tu vida, ángel mío. Lo tengo por escrito.
Rukia carraspeó, sintiéndose incómoda. Kaien y Miyako tonteaban delante de ella todo el tiempo y no le había molestado nunca. Además, aquél era el día de su boda.
–No mires, pero viene hacia aquí –murmuró Miyako.
Rukia sabía a quién se refería porque podía sentir el calor de la mirada de Ichigo Kurosaki en la nuca.
Se quedó sin aliento cuando giró la cabeza y vio que se acercaba. Metro ochenta y dos de hombre, sus ojos avellanas clavados en ella con la intensidad de un misil teledirigido. Y su pulso se aceleró en segundos. No sólo parecía peligroso, parecía salvaje y la hacía sentir como un conejo cegado por los faros de un coche.
¿Por qué la miraba así? ¿Y por qué sentía ella como si estuviera a punto de arder por combustión espontánea?
–Hola.
–Te presento a tu sobrino, Daichi –dijo Kaien, acariciando el pelito del niño, dormido sobre su hombro–. Daichi Kurosaki.
–Daichi, ¿eh? –murmuró Ichigo por fin–. Es un niño muy guapo.
–Sí, es verdad –asintió su hermano.
La resignación que había en su tono entristeció a Rukia. ¿Por qué se mostraba Ichigo tan reservado? ¿No se daba cuenta de que le habían puesto ese nombre?
–Y está agotado, deberíamos llevarlo a la cama. Pero nos alegramos mucho de que hayas venido, Ichigo. Nos habría gustado estar más tiempo contigo, pero entendemos que no te encuentres cómodo.
Rukia esperó que Ichigo lo negase. ¿Habría estado evitando a Miyako y Kaien toda la noche? ¿Por qué?
Pero Ichigo no lo negó. De hecho, no ofreció explicación alguna.
Miyako apretó su mano, tan conciliadora como siempre.
–Puedes ir a visitarnos a Tokio cuando quieras.
–Gracias. Ha sido un placer conocerte… y al niño.
Estaba claro que no pensaba aceptar la invitación.
Después de despedirse, Rukia vio que la pareja se alejaba, Kaien pasándole un brazo por la cintura a su flamante esposa mientras ella apoyaba la cabeza en su hombro. Los pobres se habían llevado una desilusión, pero intentaban disimular.
Entristecida por sus amigos, reunió valor para mirar a Ichigo y preguntarle lo que había querido preguntar desde que lo vio en la iglesia.
–¿Por qué has venido a la boda? Es evidente que no te hacía ninguna ilusión.
–¿Tú crees?
Rukia abrió la boca para preguntarle qué demonios le pasaba, pero antes de que pudiese decir nada Ichigo la tomó del brazo y empezó a tirar de ella, abriéndose paso entre los invitados.
–¿Se puede saber qué haces?
La gente los miraba, gente a la que ella conocía. Y si no paraba, se rompería un tobillo intentando seguir sus pasos. Enfadada, Rukia se esforzó en soltarse pero él la apretó más y no dejó de caminar hasta que salieron a uno de los balcones.
Y cuando por fin la miró a los ojos, Rukia tuvo la impresión de que estaba mirando a un tigre.
–¿Te has vuelto loco? –exclamó.
–Llevo tres horas buscándote. ¿Se puede saber dónde te has metido?
Rukia se quedó tan sorprendida por la acusación que no sabía qué decir. No podía sentirse halagada, eso sería absurdo. La emoción que sentía tenía que ser otra cosa.
–¿Y por qué tengo que estar pendiente de ti? –consiguió decir por fin.
–Se supone que deberías hacerlo, Miyako te lo ha pedido. No deberías esconderte como si fueras una niña pequeña.
–Has estado ocupado todo el tiempo, no creo que me hayas echado de menos.
–Entonces estabas escondiéndote. ¿Por qué?
–No me estaba escondiendo –replicó ella.
–¿A qué estás jugando? Primero me besas y luego sales corriendo.
–Yo no…
–Deja de hacerte la dura, Rukia. No hace falta –murmuró Ichigo, sus labios a un centímetro de los suyos–. Créeme, ya tienes toda mi atención.
Ella puso las manos sobre su torso, temblando. Pero Ichigo la envolvió en sus brazos, el calor de su cuerpo quemándola a través de la tela del vestido.
–Yo no quiero tu atención –le dijo. Pero sus palabras sonaban poco convincentes, su pulso latiendo como las alas de un pájaro atrapado.
–¿Ah, no? ¿Por qué no me lo demuestras entonces?
Cuando empezó a besarla, Rukia se agarró a su camisa para apartarlo… pero sus labios se abrieron como por voluntad propia y, sin querer, se rindió a las posesivas caricias de su lengua.
–Devuélveme el beso –susurró él.
Sin pensar, Rukia le echó los brazos al cuello, rindiéndose por completo, el deseo recorriendo su sangre como un río de champán. Sus lenguas se encontraron en una frenética danza y experimentó una sensación de poder desconocida al sentirlo temblar.
Ichigo se apartó, con la respiración entrecortada.
–No más juegos, he venido sólo por ti –murmuró–. Mi hotel está cerca de aquí. Si nos damos prisa, llegaremos en diez minutos.
Rukia intentó entender lo que le estaba pasando. Ichigo parecía haber encendido una llama en su interior, una llama que estaba a punto de convertirse en un incendio. Quería que siguiera besándola, tocándola. Estaba cansada de tener miedo, cansada de negarse a sí misma el contacto con un hombre. Nunca lo había deseado antes de ese modo, ni siquiera con Sosuke, pero lo deseaba con Ichigo. Aquél era el momento que había esperado; el momento en el que superaría del todo lo que ocurrió seis años antes. Tenía que aprovechar la oportunidad o lo lamentaría durante el resto de su vida.
De modo que dijo lo único que parecía importante:
–No llevo preservativos.
–Ah, me encantan las mujeres prácticas –bromeó él–. No te preocupes, yo sí vengo preparado, pero los tengo en el hotel –dijo luego, pasando un dedo por el pulso que latía en su cuello–. ¿Estás segura de esto, Rukia?
Que le preguntase cuando era obvio que estaba segura le dio valor para dar el último paso.
–Sí –afirmó.
–Menos mal –Ichigo dejó escapar un suspiro de alivio mientras tomaba su mano para entrar de nuevo en el salón–. Vámonos de aquí. Ya hemos perdido demasiado tiempo.
Que les parecio el capitulo? Al parecer Ichigo no se da por vencido xD Y al final Rukia cedió ante Ichigo xDD Que pasara en el proximo capitulo? En serio que esto cada vez se pone interesante xD
Espero lo hayan disfrutado y tratare lo mas posible de ser puntual con la actualizacion x3 (Pero no prometo nada x3)
Nos leemos luego. Jane!
