Hola minna-san tiempo sin pasarme por aqui x3 Lo lamento mucho pero al ver que pocas personas comentaban el fic, me desiluciono un poco y no queria continuarlo u.u Entre otras cosas x3 Pero como se lo prometi a alguien, pienso continuarlo y terminarlo ^^

Lamento la larga espera y agradezco a las personas que dejaron review en el capitulo anterior:

*misel-kuchiki y Kokutso Kurosaki gracias por sus review :3

ADVERTENCIA: Este capitulo contiene LEMON!

Esta historia va dedicada a mi "Fiel neko lectora": Annie3. Espero te este gustando :3

Ahora sí:

DISCLAIMER: Ni Bleach, ni la historia de "Esperanzas Ocultas", me pertenecen, todos los personajes así como la historia original son propiedad de sus creadores, Heidi Rice y Tite Kubo. Yo solo los utilizo sin ánimo de lucro.

Espero disfruten de la lectura


Capítulo Cinco

Llegaron al hotel en ocho minutos, con Ichigo conduciendo el Porsche como un maníaco y Rukia temblando en el asiento del pasajero. El olor de la cara piel de los asientos y el del hombre que estaba a su lado parecían envolverla en un capullo que la apartaba del mundo real.

Intentaba concentrarse en el aspecto físico, en los latidos de su corazón, en el olor del campo, que entraba por las ventanillas abiertas del Porsche. No podía permitirse pensar en las consecuencias, en ser juiciosa y práctica. Esa noche no.

Pero mientras iban hacia la entrada del hotel, Rukia recordó aquel verano, seis años antes. ¿Y si no estaba a la altura?

Cuando entraron en la suite, intentó recordar que ya no era una cría. Había crecido, había sobrevivido a la peor parte y por eso iba a dar el siguiente paso. Aquella noche con Ichigo no tenía nada que ver con el amor o con los sueños, sino con el placer físico, nada más.

Aizen le había robado algo seis años antes e iba a recuperarlo. Eso era lo único que importaba.

Ichigo no le pidió permiso, sencillamente tiró de su mano para llevarla al dormitorio. No había dicho una palabra durante el camino y tampoco ella.

Su pulso se aceleró al ver que se quitaba la chaqueta para tirarla sobre un sillón. Cuando encendió la luz, Rukia parpadeó, nerviosa. Le parecía impresionantemente masculino y fuera de lugar en aquella habitación llena de muebles antiguos.

–¿Qué ocurre? –le preguntó Ichigo.

–Nada –murmuró ella, sintiéndose como una tonta.

¿Y si lo hacía mal? ¿Y si cometía algún error? En las cómodas sombras del jardín, con Ichigo haciéndole perder la cabeza, todo le había parecido muy sencillo. Pero allí, en la habitación del hotel, con la luz encendida, ya nada le parecía sencillo.

Ella no sabía mucho sobre el sexo. No había hecho el amor en seis años y lo poco que recordaba de la última vez no la preparaba para acostarse con un hombre como Ichigo Kurosaki. Un hombre que seguramente se había acostado con tantas mujeres que ni siquiera podía recordarlas a todas.

Ichigo puso una mano en su hombro y Rukia se sobresaltó.

–Tranquila, relájate. Vamos a pasarlo bien, te lo prometo. No voy a lanzarme sobre ti como un tigre.

Rukia no podía hablar, los rápidos latidos de su corazón ahogándola. Casi preferiría que lo hiciera, que se lanzara sobre ella como un tigre. Entonces podrían terminar rápidamente, antes de que perdiese el valor.

Se sentaron sobre la cama e Ichigo apartó su pelo para besarla en el cuello. Y, de nuevo, algo se encendió dentro de ella.

«Piensa en el momento, Rukia, piensa en el momento».

Con manos temblorosas, acarició los pectorales y los abdominales marcados por encima de la camisa… pero cuando él bajó los tirantes de su vestido para dejar al descubierto el sujetador de encaje, Rukia se quedó inmóvil.

No podía hacerlo.

Ichigo se llevó su mano a los labios para depositar un beso.

–Bueno, por el momento es suficiente –dijo con voz ronca–. Pareces muerta de miedo. ¿Qué te pasa?

Ella tragó saliva. ¿No se daba cuenta? ¿No veía que aquello no era lo suyo?

–¿Podemos apagar la luz? –susurró.

No quería que la viese desnuda. Sus pechos eran pequeños, sus caderas delgadas como las de un chico…

Ichigo tomó su cara entre las manos, mirándola con una ternura que no había esperado.

–No, no podemos. No he esperado dos largas semanas para hacerte el amor en la oscuridad.

Rukia abrió la boca para protestar, pero él puso un dedo sobre sus labios.

–Vamos a llegar a un acuerdo, ¿te parece?

–¿Qué… acuerdo?

–¿Por qué no marcas tú el ritmo?

–¿No te importa? –susurró ella, patéticamente agradecida por el inesperado respiro.

–¿Por qué iba a importarme? –Ichigo sonrió, una sonrisa llena de promesas–. Tú vas a hacer todo el trabajo.

Rukia intentó sonreír. Tal vez aquella noche no terminaría siendo un desastre total.

Le temblaban las manos mientras desabrochaba los botones de su camisa, pero con cada centímetro de piel morena cubierta de ligero vello que iba descubriendo recuperaba un poco más el valor. Y, lentamente, el deseo volvió a la vida.

Olía de maravilla, a gel, a colonia masculina, a hombre. Lo oyó gemir cuando pasó los dedos por sus pectorales, pero la exploración se detuvo en la hebilla del cinturón. No podía apartar la mirada del bulto marcado bajo los pantalones, que se había vuelto más prominente.

Pensaba que podía hacerlo, ¿pero de verdad estaba lista para controlar aquello?

–Rukia, ¿es tu primera vez?

Ella levantó la mirada, con las mejillas ardiendo.

–No, claro que no. Tengo veintidós años –respondió, intentando parecer indignada.

–Pero tienes poca experiencia, ¿verdad?

Nerviosa, Rukia decidió que lo mejor sería marcharse cuanto antes, pero cuando intentó levantarse él la tomó por la cintura.

–¿Qué ocurre? ¿Dónde vas?

–Tienes razón, no tengo mucha experiencia. De hecho, apenas tengo experiencia –le confesó. ¿Para qué iba a mentir? Podría haber madurado emocionalmente desde aquella horrible noche seis años atrás, pero eso no era suficiente para tratar con un hombre como Ichigo Kurosaki–. Y como tú te has acostado con tantas mujeres, te vas a llevar una desilusión.

¿Por qué había pensado que aquello podría funcionar? Ponerse un vestido bonito y un poco de maquillaje no la convertía en una diosa del sexo.

Mac levantó su barbilla con un dedo para que lo mirase a los ojos.

–Cariño, no debes preocuparte por eso. Si estuviera más excitado, tendrían que llevarme al hospital. Y esto no es una prueba –siguió, deslizando un dedo por el escote del vestido–. No voy a darte nota después. Pero si tienes miedo, ¿por qué no dejas que yo marque el ritmo un rato?

De repente, Rukia no podía respirar. El sonido de su voz, el roce de su dedo… no podía concentrase.

–No soy tan promiscuo como tú crees –dijo Ichigo, mientras desabrochaba el vestido–, pero parece que tengo un poco más de experiencia.

El sonido de la cremallera le pareció ensordecedor en el silencio de la habitación.

Rukia tembló mientras bajaba el corpiño, dejándola desnuda de cintura para arriba salvo por el sujetador, que parecía apretar sus pulmones como un corsé.

–Túmbate, deja que yo haga el trabajo. Lo único que tienes que hacer es decirme lo que te gusta.

–Pero es que no sé lo que me gusta –le confesó ella.

¿Por qué había dicho eso? Ichigo iba a pensar que era tonta.

Sonriendo, él puso la palma de la mano sobre su estómago.

–Entonces tendremos que descubrirlo.

Rukia asintió, sin saber qué decir.

–Buena chica –Ichigo la besó mientras, casi sin que se diera cuenta, le quitaba el sujetador.

Pero al notar que estaba semidesnuda, se asustó.

–No, por favor…

Intentó cubrirse, pero él se lo impidió, sujetando sus manos con suavidad. Rukia cerró los ojos, temblando de vergüenza al sentir la mirada de Ichigo clavada en sus pechos. Nunca le había molestado que fueran pequeños. Hasta aquel momento.

–¿Por qué quieres esconderlos?

–Porque son un poco pequeños.

–¿Ah, sí?

Ichigo apartó sus brazos y se inclinó para capturar un pezón con los labios, tirando de él, chupándolo… y Rukia, sin darse cuenta, se arqueó hacia él.

–Son tan sensibles… responden enseguida –susurró Ichigo–. ¿No sabes lo preciosos que son?

–¿De verdad?

–Cariño, vamos a desnudarte –dijo él, riendo–. No sabía cuántas cosas tenías que aprender.

Rukia quería aprender y quería que fuese él quien la enseñara, de modo que levantó el trasero para que pudiese tirar del vestido y no opuso resistencia cuando le quitó las braguitas.

–Eres preciosa –murmuró Ichigo, pasando las manos por sus pechos, la curva de sus trasero y sus muslos.

Cuando metió una mano entre sus piernas y la apartó después, ella dejó escapar un suspiro de frustración. ¿Estaba intentando hacer que perdiese la cabeza? ¿Por qué no la tocaba ahí, donde quería que la tocase?

–Por favor… –murmuró, sin saber muy bien lo que estaba pidiendo.

–Ah, veo que empiezas a entenderlo –Ichigo rió suavemente.

Rukia quería regañarlo por ese tono tan orgulloso, pero entonces empezó a acariciar el capullo escondido entre sus rizos y aquel placer tan desconocido, tan poderoso, hizo que se rompiera en mil pedazos.


Ichigo había querido hacer que durase, que Rukia disfrutase como le había prometido, pero verla llegar al orgasmo había encendido un fuego en sus entrañas.

Por primera vez en su vida, estaba a punto de perder el control y se obligó a sí mismo a respirar profundamente mientras se quitaba pantalones y sus bóxers a la vez para ponerse el preservativo.

Cuando Rukia abrió los ojos, esos preciosos ojos de color violeta en ese momento, sonrió.

–¿Qué tal?

–Asombroso –respondió ella–. No tenía ni idea…–empezó a decir. Pero no terminó la frase.

Ichigo la deseaba con una urgencia que no había sentido desde los trece años, cuando el sexo era el santo grial de su existencia.

Aquel pensamiento tan irracional lo incomodó por un momento, pero enseguida se olvidó de él. Rukia no era virgen, ella misma se lo había dicho. Y tampoco lo era él, aunque acostarse con aquella chica lo hiciera sentir como un crío.

–Yo no esperaba… no esperaba que fuera así. Gracias, Ichigo.

Él se sintió tontamente orgulloso. Orgulloso y algo más a lo que no podía poner nombre.

–No tienes que darme las gracias. Además, pienso pedir una recompensa.

–Ah, lo siento. Tú aún no…

Parecía asustada e Ichigo hubiese querido abrazarla. La primera vez que la vio le pareció una monada, en aquel momento le parecía adorable.

Sonriendo, la apretó contra su pecho.

–¿Qué te parece un segundo asalto? –le preguntó, intentando contener su impaciencia. No podía esperar mucho más, pero no quería estropearlo todo.

–Si es tan bueno como el primero, encantada –respondió ella valientemente.

–Haré lo que pueda –le prometió él, rezando para encontrar paciencia.

Rukia lo miró a los ojos cuando se colocó sobre ella, ofreciéndose a sí misma en un gesto tan valiente, tan generoso, que Ichigo sintió una opresión en el pecho mientras se enterraba en su interior.

Rukia dejó escapar un gemido cuando la cabeza de la erección se abrió paso entre sus pliegues, el placer reemplazado por una sensación dolorosa.

–Tranquila –dijo él, apartando el pelo húmedo de su frente–. Sólo será un segundo, cariño.

Ichigo se quedó inmóvil durante lo que le parecieron horas, pero sólo pudo ser un momento mientras ella se acostumbraba a la invasión. Y luego empezó a moverse, despacio, mirándola a los ojos para saber si le hacía daño.

–¿Te duele?

–No… ¿puedes volver a hacerlo?

Riendo, un sonido ronco, masculino, él asintió con la cabeza.

–Lo intentaré.

Rukia enredó las piernas en su cintura y se agarró a sus hombros mientras la invadía de nuevo, una y otra vez, sin parar, cada vez más rápido y más fuerte, sus gritos puntuados por los rugidos de Ichigo cuando el placer se convirtió en una ola que se los llevó por delante.

Estuvo en la cresta de la ola durante lo que le pareció una eternidad, experimentando un placer indescriptible mientras perdía la noción del tiempo y el espacio.


Bueno, ahi esta el mas esperado momento por muchas (? xDD Al fin Rukia e Ichigo tuvieron su encuentro mas deseado y ahora toca esperar lo que viene x3

Tratare de actualizar dos veces a la semana, los Viernes y los Domingos ya que tengo cuatro adaptaciones mas en mi pagina por fb y bueno, casi no me da tiempo para adaptar esta x3

Oh! y otra cosa, estare ocupada un poco con un cosplay que estoy haciendo y sino publico es por lo mismo x3

Bueno, que pasen un feliz dia y nos leemos el domingo. Jane!