Continuación del anterior :D No soy tan mala persona xD Es que me había olvidado de poner que había una continuación... era demasiado largo para ponerlo en un capítulo solo y se hacía demasiado pesado de leer.
Disfrutad :)
Me cogió de la muñeca y me tiró en la cama besándome apasionadamente sin darme tregua a hablar. Una de sus piernas se colocó en mis partes bajas y comenzó a frotarse contra mí, enviándome ondas de placer con cada movimiento. Me mordió el labio salvajemente y yo hice lo mismo. Sus manos recorrían mi cuerpo cómo si me atesoraran, me sentí especial. Sus manos pincharon uno de mis pezones erectos, obligándome a arquear mi espalda de puro placer. Dejó mis labios para seguir atacando mi cuello, lamiéndolo y dejando pequeñas marcas por los mordiscos que me daba, lo cual me gustaba todavía más. Si seguía así no tardaría en correrme. Sus manos hacían magia sobre mis pechos y su boca me llevaba a la deriva. Mi sentido del razonamiento había quedado totalmente dormido dejando lugar a la pasión del momento.
Ella se separó y solté un grito de enfado pro la falta de contacto. Se sentó delante mío y me indicó que me acercara. Gateé por la cama lentamente, un poco insegura de lo que quería esa diva de mí.
- Siéntate en mi regazo, a horcajadas. Ahora. - Obedecí e hice lo que ella me dijo.
Oh dios, su noté su pene duro contra mi humedad, mis caderas se movieron involuntariamente en busca de fricción. Vi cómo ella tiraba la cabeza hacia atrás y gemía ligeramente. Su cuello descubierto fue objetivo de mis besos, le dejé marcas por todos lados mientras me movía lentamente. Una de sus manos se posó en mi cadera marcando el ritmo mientras que enredó la otra en mi cabello y me tiró fuertemente de él. Me quejé pero ella hizo caso omiso y siguió rozándose contra mí. No iba a durar mucho tiempo más, estaba a punto de venirme cuando ella paró en seco. De nuevo me quejé.
Me apartó hacia un lado y comenzó a desabrocharse el cinturón, temblé con anticipación sabiendo lo que venía ahora. Se quitó los pantalones y ahora era capaz de darme cuenta de su gran bulto, y vaya que era grande, estaba segura de que muchos chicos la envidiarían. Tragué saliva.
- ¿Te gusta lo que ves? - Asentí incapaz de formular palabra.
Me pidió la mano y se la dí, inmediatamente pude notar cómo mis dedos envolvían su erección instintivamente mientras ella soltaba un sonoro gemido a la vez que cerraba los ojos para disfrutar de este momento. Estaba caliente y duro y comencé a rozarle por encima de la tela mientras ella me pedía más, se lo concedí al momento en que me dijo que le dolía y que necesitaba alivio pronto porque se estaba volviendo demasiado doloroso para ella. No entendí por qué pero le bajé los boxers y su miembro me recibió alegremente, ella soltó un suspiro de alivio.
Sus manos comenzaron a desabotonar mi camisa, a pesar de que tenía unas ganas de arrancármela, se tomó su tiempo para observarme, se sorprendió al ver que no llevaba sujetador. Me terminó de quitar completamente la prenda y se me quedó mirando embobada.
- Hermosa...
Me besó otra vez, pero con más delicadeza, cómo si quisiera saborearme y recordarme en su mente. Ya me daba igual, había perdido la capacidad de razonar hacía mucho rato. Bajó de nuevo hasta mi cuello con sus labios pero pasó de largo, sentí su aliento sobre mis pechos y no hice nada más que gemir y sonrojarme, lamió delicadamente mi seno derecho y luego sopló en él para comenzar a chuparlo, morderlo y lamerlo de nuevo, mientras que con su otra mano pellizcaba el izquierdo, provocando que gimiera todavía más fuerte. Mi mente estaba nublada y no podía dejar de pensar en que sus labios y boca hacían maravillas en mi cuerpo.
Había estado con varios chicos pero ninguno me excitaba tanto como Elsa. Elsa, Elsa y Elsa. Mis labios decían su nombre en susurros y eso pareció incentivarla a acelerar el ritmo. Dejó mis pechos y dejó besos húmedos y calientes a través de mi vientre, mordió por aquí y por allá y supe que me iban a quedar marcas de todo esto. Me desabrochó el pantalón y me lo quitó con maestría y junto a ellos se llevó mis bragas dejándome completamente desnuda.
- Muéstramelo, preciosa.
No se por qué de repente me había entrado vergüenza, ella al ver que no la obedecía me separó las piernas con las manos. Besó el interior de mis muslos e hizo el recorrido de arriba hacia abajo, hizo lo mismo con la otra pierna y el calor aumentaba todavía más.
- Por favor Elsa. Tócame, haz algo. ¡Por favor! - Le supliqué casi llorando de desesperación.
- Ya que insistes... Hueles estupendamente.
Separó mis labios y observó mi intimidad, paseó su mano evitando los sitios que me iban a llevar a la deriva y no sé en que momento, noté el tacto de su lengua ahí abajo. Eso bastó para que yo me arqueara y me acercara más a sus labios, hasta ahora había decidido mantener mi voz baja pero era imposible ahora. La quería dentro de mí ya, no importaba si estaba lista o no, la quería ahora.
- Así que me quieres dentro, ¿tan poca paciencia tienes? - Mierda, ¿había dicho eso en voz alta? - Has hecho esto alguna vez?
- ¿Qué, Oh sí, igual no han sido tan gloriosas y grandes como la tuya pero sí. ¿Qué he dicho? - Vi cómo se sonrojaba al halagarle su miembro y se dirigía hacia mi entrada pero la detuve. ¿Me puedes dejar, ya sabes... embarazada?
- Ah, eso. No. Me hice los exámenes completos y no tengo la capacidad para ello.
No quería hablar más, la empujé y cayó de espaldas en la cama, se sorprendió por mi actual fuerza y me posicioné encima de ella, agarré su miembro erecto y lo conduje hacia mi entrada. Un Oh de mi rubia me hizo ver que ella lo deseaba tanto como yo. Me deslicé sobre ella poco a poco y sentía cómo se abría paso dentro de mí. Ambas gemimos ante el contacto y cuando estuvo toda dentro me detuve, quería acostumbrarme a su tamaño, y vaya que era grande.
En un rápido movimiento, se sentó y me besó en los labios, comencé a moverme lentamente, saboreándola y sintiéndola por todos mis rincones interiores.
- Eres tan grande, Elsa. Oh Dios. Se siente tan bien dentro de mí...
Mis caderas comenzaron a moverse más rápidamente intentando sentir más placer. Nuestras pelvis chocaban una y otra vez contra nuestros sexos. Tan sólo se escuchaban nuestros intercambios de fluidos y gemidos en la habitación. Estaba teniendo sexo con la mujer más bella que había conocido en toda mi vida y encima tenía el pene perfecto. Se separó de mí y me ordenó que me pusiera a cuatro patas, obedecí sin rechistar y noté cómo todavía entraba más dentro de mí, tocando aquél punto exacto que me iba a llevar a las estrellas como siguiera embistiéndome dura y rápidamente
- Mhhh, Elsa... ¡Ah! - Me moví a su ritmo, buscando la fricción necesaria para llegar a correrme.
- Anna. Tienes una hermosa vagina. Oh Jesús. ¿Quieres que me venga dentro de ti, hmm? - Me dijo al oído y tiró de mi cabello. - No te he oído.
- Por favor, córrete dentro de mí.
Una de sus manos abandonó mi cadera y buscó mi clítoris, jugaba con él a la misma vez que me embestía duramente y no aguanté más. Mi cuerpo comenzó a convulsionarse. Grité su nombre infinitas veces, mi mente se nublaba y sentía que me desmayaba de calor y placer. Logré escuchar su grito gutural con mi nombre en él y unas cuantas maldiciones a la vez que notaba algo caliente entrar en mí y era una sensación agradable. También había sido el orgasmo más duradero que había tenido. Continuó moviéndose hasta que terminó de vaciarse dentro de mí.
Me besó los hombros, la espalda y me mordía por donde pasaba mientras intentábamos recuperar la respiración y el sentido. Estaba mareada, jamás había sentido tanto placer en un orgasmo. Casi lloré cuando ella se separó de mí y se tumbó a mi lado, la muy maldita todavía llevaba la camisa puesta e hice ademán de quitársela pero se alejó de mí con rostro de pánico. Pensé que igual le daba vergüenza enseñar sus pechos dado que tenía pene, pero cuando mis sentidos y mi capacidad para pensar volvieron a mí ,recordé que la había llamado Cabo. ¿Acaso era militar?
- Pe.. perdona, es que nunca le muestro a nadie mi cuerpo. Está lleno de feas cicatrices.
- No importa, estoy segura de que sigues siendo hermosa con ellas. ¿Por favor?
- No, tal vez hoy no... ¿igual en otro momento? - Mi rostro volvió a iluminarse. ¡Eso quería decir que esta no era la última vez que nos veríamos!
- Vale. - Le dije con una sonrisa.
Se tumbó a mi lado y me abrazó, me acarició el pelo durante no se cuánto rato y yo la abracé por la cintura. Ninguna de las dos habló por aquél entonces hasta que ella sugirió el tema de la ducha y la verdad lo agradecí. No me explicó cómo funcionaba, porque su ducha no era normal, no, era un puto jacuzzi. Me invitó a entrar en él y yo acepté sin rechistar. Una vez estuve dentro le dio a un botón y comenzaron a salir burbujas, y yo solté una risita tonta porque me hacían cosquillas. Por el rabillo del ojo pude ver que se debatía en unirse a mí o no y me puse feliz al ver que comenzaba a quitarse la camisa y quedarse con sólo el sujetador. Aguanté la respiración durante unos segundos; tenía varias cicatrices que parecieron doler por todo su torso, brazos piernas y estaba segurísima de que por la espalda tenía muchísimas más.
Ella al ver mi cara palideció y corrió a taparse con la camisa pero yo torpemente salí de la bañera y evité que lo hiciera. Su cara estaba sorprendida y sonrojada, la abracé y le dije que no tenía por qué avergonzarse de su cuerpo, a pesar de que ahora las veía de más cerca, yo les encontraba un cierto atractivo. La hacían única y esperaba que algún día me dijera las historias de todas y cada una de ellas. La besé con ternura e intenté transmitirle tranquilidad, me di cuenta de que su miembro tenía ganas de jugar otra vez y solté una risita juguetona.
El sonido de mi despertador resuena en toda la habitación, despertándome sobresaltada. Me fijo en la hora que marca y son las siete de la tarde, me dirijo hacia la cocina para prepararme algo de comer y enciendo la televisión, pongo el canal de dibujos animados y estaban Echando Hora de Aventuras. Como una tonta me río con las barbaridades que hacen pero esas risas no son del todo felices peor me ayudan a sobrellevar el día. Hace rato que me he dado cuenta de que la nevera está prácticamente vacía, suspiro y sin lavar los platos, cojo mi abrigo, mi gorro, guantes y bufanda y salgo por la puerta cogiendo mi cartera y llaves. Cojo el Tanque-Mercedes de mi esposa y me dirijo hacia el supermercado más grande que hay en toda la ciudad, que resulta también ser el más barato.
Cuando Elsa y yo salimos a comprar nunca hacemos una lista, vamos improvisando sobre la marcha y siempre acabamos comprando de más. También tenemos la estrategia de comprar lo mismo que hay en el pasillo, nada de coger el azúcar en el primer pasillo, la leche en el quinto y volver a por el café al primero. Sólo llevo quince minutos y ya tengo el carro casi lleno. Seguramente al llegar a casa me daría cuenta de que me he descuidado algo y tengo que volver, pero por ahora, voy a pagar y meto todas las bolsas en el coche. Se me cruza una chica rubia por delante del coche y pienso en mi mujer ahora mismo. Me la imagino corriendo por el desierto, intentando sobrevivir a vete tú a saber qué peligros, quito esas imágenes de mi cabeza y arranco el coche.
No tengo ninguna prisa por llegar a casa, total, nadie me está esperando ahí.
Llego y Gerda sale a recibirme, a pesar de que nos hemos mudado a una casa más pequeña, mantenemos a la amable mujer con nosotras. Me ayuda a subir las bolsas y a colocar todos los productos en la nevera, lo hacemos con pausa, no hay prisa y organizamos todo para que cupiera en la caja fría. Ella me abraza y me da palabras de ánimo, yo sonrío y le digo que todo está bien. Se va y me deja sola, miro por la ventana y ha comenzado a nevar y eso me permite soñar despierta una vez más.
Elsa estaba con el rostro sonrojado, a pesar de que quería que me follara en ese mismo instante, me separé de ella y prácticamente la arrastré hacia el jacuzzi. Se sentó a mi lado derecho y yo con mi mano me dirigí a su miembro, el cual estaba despertando todavía. Nunca había tenido sexo en el agua ni he hecho una paja a alguien así.
- Oh, Anna.
La noté temblar de placer y pequeños sonidos salían de su garganta y yo movía mi mano lentamente, ella con su mano izquierda comenzó a tocar mi clítoris y ella intentaba mantener el ritmo de mis manos. Ambas nos estábamos torturando mutuamente hasta que me cansé, en un rápido movimiento me posicioné encima de ella y dirigí su pene hacia mi vagina. Me lo metí de ua tanda y ambas gemimos. No podía entender por qué tenía tanta hambre de ella. Besé una pequeña cicatriz que tenía en el hombro izquierdo y tembló, gimiendo de placer, pasé mi lengua por ella y se abrazó fuerte a mí mientras que yo notaba que su miembro volvía a recuperar el tamaño de hace un rato. Era tan agradable sentir cómo eso se agrandaba dentro de ti que quería vivirlo toda la vida.
Nos besamos con hambre, nuestros labios chocaban y nuestros dientes los mordían, cada vez la montaba más rápido y mi orgasmo vino enseguida, ella sonrió triunfante pero no terminaba. Ella seguía entrando dentro de mí llevándome a la locura otra vez, pero éste me vino muchísimo más potente. Enterré mis uñas en su espalda y estaba completamente segura que eso dolería en un rato, en ese instante algo caliente se derramó de nuevo dentro de mí, esta vez ni siquiera escuché un grito.
- Eres... insaciable.. mi pequeña... roja.
- Eres tú, la que me... hace esto.
Nos quedamos así, abrazadas durante un buen rato, con nuestros cuerpos calmados, le ofrecí a lavarle la espalda y ella accedió con cierto temor. Algunas cicatrices eran enormes pero no me dejé impresionar. Cogí la esponja, vertí jabón en ella y comencé a enjabonarla. Cuando hubo terminado ella hizo lo mismo y salimos de allí totalmente renovadas. Miré el reloj y era ya muy tarde. Fui a por mi bolso y vi las tropecientas mil llamadas perdidas de mi madre, marqué el botón de llamar y su voz chillosa saltó por el otro lado de la linea.
Por lo menos ya hay treinta centímetros de nieve cubriendo el suelo pero no me muevo de mi sitio. Me gusta ver caer la nieve en invierno, me calma. La nieve es pura y tranquila, pero también puede ser letal, como Elsa. Todo me recuerda a ella. Me sobresalto al escuchar el timbre sonar, no espero a nadie así que no voy demasiado deprisa. Cuando abro la puerta, mi cuerpo se paraliza, mi cerebro deja de funcionar y dejo de respirar. Si esto era un sueño, me maldigo por ello.
- He vuelto, a tiempo espero.
Esa voz, Dios, esa voz que tanto he extrañado estos ocho malditos meses, quiero articular palabra pero no sale nada de mí. Mi mujer está parada ante mí, con el maldito uniforme militar y la gorra a juego, mientras que sus manos estaban cubiertas por guantes blancos. No me doy cuenta de que he comenzado a llorar, me dirijo a ella con miedo y temblor, no quiero que al tocarla se convirtiera en polvo. No quiero que esto sea un maldito sueño, le toco la cara con la palma de mis manos, ella cierra los ojos y se apoya en ella. Siento calor emanar de ella, su mano se junta con la mía y ambas soltamos un suspiro de alivio.
No puedo creer que esté delante mío. Termino de acortar la distancia entre nosotras y la beso en los labios, se sienten tan reales. Sus brazos fuertes me agarran para no soltarme, para confortarme y decirme que esto es real y que ha vuelto a casa. Nuestra casa. La realización de ese hecho me devuelve a la realidad y una sonrisa genuina se posa en su rostro, pero yo no puedo hacer nada más que llorar de felicidad y alivio al saber que estaba viva. Me acaricia el pelo para tranquilizarme, sabe lo que me tranquiliza, y al cabo de un tiempo lo consigue, ambas temblamos de frío ya que estábamos cubiertas por una fina capa de nieve, reímos como unas niñas y entramos en casa. El fuego a tierra mantiene el calor del lugar, me siento delante de él y ella se pone detrás mío, abrazándome, me recuesto en ella y ambas sonreímos.
- Estoy feliz, Elsa. ¿Seguro que debes de estar aquí?
- Por supuesto, he terminado todo lo que debía a tiempo. La misión fue un éxito y voy a ganar una medalla a la valentía por ello.
- ¿Otra? Bueno, eso significa que eres la mejor. - Ambas sonreímos.
Elsa está en casa, a mi lado y mañana vienen todos los familiares a comer. Nadie sabe que mi rubia ha vuelto y lo mantendremos en secreto hasta mañana. Hoy sólo somos ella y yo, y que me parta un rayo pero vamos a disfrutar como locas esta noche, aunque por ahora los abrazos y las palabras son más que suficientes.
