Hola minna-san sé que me volví a desaparecer por casi dos semanas desde la última vez que actualice u.u He estado ocupada en mi último cosplay y me ha llevado casi toda la semana pasada y esta semana las ocupaciones no paran e.e Pero en fin :v
Muchas gracias a las personas que dejaron su review en el último capítulo: Jawii, Misel-Kuchiki, Fer y Kei son muy amables ^^
Esta historia va dedicada a mi "Fiel neko lectora":Annie3. Espero te esté gustando :3
Ahora sí:
DISCLAIMER: Ni Bleach, ni la historia de "Esperanzas Ocultas", me pertenecen, todos los personajes así como la historia original son propiedad de sus creadores, Heidi Rice y Tite Kubo. Yo solo los utilizo sin ánimo de lucro.
Espero disfruten de la lectura
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Capítulo Siete
Un gorrión muy afanado despertó a Rukia, los primeros rayos del sol cegándola durante unos segundos.
Y se le puso la piel de gallina al sentir una mano masculina sobre su cadera.
Rukia giró la cabeza para mirar a Ichigo y los tórridos recuerdos de la noche anterior la envolvieron durante un segundo. Ichigo Kurosaki estaba tumbado boca abajo, sus anchos hombros ocupando casi toda la cama. Su espalda subía y bajaba con un ritmo suave, la sombra de barba dándole aspecto de pirata, aunque sus largas pestañas eran casi infantiles.
Notó entonces una cicatriz que iba de su bíceps hasta el codo. No la había visto por la noche… claro que por la noche estaba demasiado ocupada viviendo la experiencia más erótica de su vida.
Ichigo había sido tan atento con ella, tan paciente. Sabiendo quién era, jamás habría esperado que fuese tan generoso.
Rukia se inclinó un poco para darle un beso en la mejilla y Ichigo dejó escapar un suspiro, pero no se movió.
–Gracias, Ichigo Kurosaki –murmuró, sintiendo que sus ojos se empañaban.
¿Qué estaba haciendo? No debía ponerse sentimental. Sólo era sexo, nada más.
No se habían hecho promesas, no había ningún compromiso entre ellos. ¿Durante cuánto tiempo recordaría su nombre?, se preguntó. Después de todo, un hombre no hacía el amor como él a menos que tuviese mucha práctica.
Sin hacer ruido, Rukia saltó de la cama. Había tenido su momento Cenicienta y lo había aprovechado, pero no pensaba quedarse admirándolo, como una fan enamorada de su ídolo.
Después de vestirse, tomó papel y bolígrafo de un escritorio antiguo para escribirle una nota, que dejó sobre la mesilla.
Cuando miró por última vez el magnífico cuerpo de Ichigo Kurosaki extendido sobre la cama tuvo que tragar saliva.
¿Cómo podía parecer peligroso estando dormido?
Respirando profundamente, Rukia abrió la puerta y salió de la habitación. Pero cuando la puerta se cerró, el ruido hizo eco en un rincón olvidado de su corazón.
oOo
Cinco horas después, el teléfono interrumpió una estupenda fantasía erótica. Dejando escapar un gruñido, Ichigo alargó la mano sin abrir los ojos y sin darse cuenta de que un papel caía de la mesilla.
–¿Sí? –murmuró cuando por fin localizó el maldito aparato.
–¿Por qué tienes el móvil apagado? ¿Y qué demonios haces en Japón?
Ichigo suspiró al reconocer la voz de su publicista, Mizuiro Kojima.
–No es asunto tuyo.
–No me cuelgues, espera un momento…
–¿Qué quieres? –Ichigo suspiró. No tenía sentido colgar porque Mizuiro llamaría a la recepción del hotel y los convencería con cualquier historia para que entrasen en la habitación–. Dime lo que sea… pero no hables muy alto, no estoy solo.
Cuando volvió la cabeza parpadeó varias veces al ver que el otro lado de la cama estaba desierto.
Qué raro. ¿Dónde estaba la protagonista de sus fantasías eróticas?
–Espera un momento, Mizu. ¿Te puedo llamar en cinco minutos?
Mizuiro dejó escapar un exagerado suspiro.
–Sí, claro. Pero hazme un favor, la próxima vez que decidas liarte con alguien, avísame, ¿eh? Llevo todo el día esquivando llamadas de las revistas japonesas.
Ichigo se incorporó de un salto.
–¿Qué has dicho?
–Las fotos han salido en todas las revistas japonesas.
–¿Qué fotos?
–Las fotos con esa chica japonesa… besándola en un balcón.
La sorpresa de Ichigo se convirtió en furia.
Algún canalla les había hecho fotos durante el banquete y ese beso privado e increíblemente sexy había sido servido en bandeja a los lectores…
–Maldita sea.
–Las tomaron desde lejos, pero es evidente que eres tú. Ahora tenemos que inventar una historia.
Ichigo odiaba a esos parásitos. ¿Porque no lo dejaban en paz?
–Será buena publicidad para el estreno asiático de Juego mortal –siguió Mizuiro–. Especialmente porque la chica es japonesa. Oye, no estará contigo, ¿verdad?
–No, no está –respondió él–. Y ya te lo he dicho muchas veces: mi vida sexual no es asunto de nadie. Y si le cuentas algo a alguien, estás despedido.
–Muy bien, Ichigo. ¿Qué quieres que diga entonces?
–Nada, no digas nada. Diles que no pienso hacer ningún comentario.
Mizuiro se aclaró la garganta.
–Me temo que eso va a ser imposible.
–¿Por qué?
–Porque conocen la identidad de la chica.
–Yo me encargo de la chica, no te preocupes.
Rukia no sabía con lo que iba a tener que enfrentarse y, aunque él nunca había sido un caballero andante, tendría que protegerla. Pero entonces se le ocurrió algo…
–Mizu, por cierto, ¿cómo se llama?
–¿No sabes cómo se llama y has pasado la noche con ella?
–Sé que se llama Rukia. Y métete en tus asuntos.
–Rukia Kuchiki. Trabaja en una tienda de ropa en Karakura que se llama Funky Fashionista y…
Ichigo colgó el teléfono porque ya sabía todo lo que tenía que saber.
¿Qué hora sería?, se preguntó, saltando de la cama. Por la posición del sol, debía ser casi mediodía. Después del torbellino emocional del día anterior, por no hablar del sexo, había dormido como un tronco.
Era lógico que Rukia se hubiera ido. Seguramente habría despertado horas antes y habría bajado a desayunar, de modo que se daría una ducha rápida e iría a buscarla para decirle cómo debían manejar a la prensa.
No podía decirle adiós por el momento. Tendría que pasar unas semanas en
Los Ángeles con él, donde estaría a salvo de los paparazzi.
Y después de la noche anterior, pensó con una sonrisa, eso no sería ningún problema para ninguno de los dos.
Pero cuando iba hacia el baño, pisó un papel que debía de haber tirado al suelo mientras intentaba localizar el teléfono a ciegas… y vio su nombre escrito en él.
Se inclinó, frunciendo el ceño, y su corazón dio un vuelco al leer las tres líneas:
Querido Ichigo:
Gracias por una noche memorable. Que seas feliz.
Rukia.
Ichigo volvió a leer la nota, atónito. No había bajado a desayunar, lo había dejado plantado.
Furioso, hizo una bola con el papel. ¿Qué quería decir con eso de «una noche memorable»? ¿Y quién creía que era, un crío al que podía dejar plantado cuando quisiera?
Y esa bromita de «que seas feliz»…
Aparentemente, había decidido que no iban a volver a verse. ¿Qué derecho tenía a tomar esas decisiones sin contar con él? Y a salir corriendo como un conejo asustado, sin darle una oportunidad.
Pues de eso nada. Ninguna mujer dejaba plantado a Ichigo Kurosaki, especialmente una a la que él tenía intención de volver a ver.
Furioso, se metió en la ducha y apretó los dientes cuando el agua fría lo golpeó como una bofetada.
–Que seas feliz… y una porra –murmuró.
oOo
Bueno, al parecer alguien se enojó porque lo dejaron plantado xDD Y cómo no? Si Ichigo hizo lo que estuvo a su alcance para que Rukia se sintiera cómoda y así xD Eres cruel Rukia, muy cruel xD
Pero ni modo, queda esperar para ver que hará Ichigo para que Rukia regrese a sus brazos xD y la reacción de esta. Creo que alguien se está metiendo en problemas y unos bien bonitos xD
Bueno, espero les haya gustado el capítulo y nos leemos la próxima semana, ya que no tengo inter en mi casa u.u Sino, con gusto actualizo el finde u.u Ni modo :v Jane minna!
