Mi Mejor Amiga Capítulo 2 "El comienzo de nuestra amistad"

Fye llegó a su casa, se quitó la ropa y los vendajes para meterse a bañar. Convenció a Ashura de no llevar las muletas a la escuela, él aceptó.

Una hora después ya estaba listo y sobre su auto.

Llegó a su aula y todo era normal, excepto la mirada preocupada de la chica que parecía su acosadora.

Se sentó a su lado sin prestarle atención, ni saludar.

—Flowrigth…— le llamó con su dulce voz. Él solo la miró de frente —¿Estás bien? — preguntó aún más preocupada al ver las ojeras que se cargaba.

—Si— iba a responderle algo como: "Lo estaré cuando dejes de molestar" o "No es de tu incumbencia" pero algo había en esa chica que le impedía ser del todo grosero con ella.

Fye se dedicó a mirar el paisaje por la ventana, como si fuera lo más importante. Sakura ya no le preguntó nada, temiendo molestarle.

Presentaron el examen. Afortunadamente era de inglés, así que no tuvo problema al contestarlo.

Las clases continuaron y con esto aumentó el cansancio del rubio, quien poco a poco se fue recargando más y más en la mesa de su asiento, hasta que cruzó los brazos sobre la mesa, recostando la cabeza contra ellos.

—Joven Flowrigth. Lea el ejercicio de la página diecinueve— pidió la maestra sin darse cuenta de que el pobre ya estaba bien dormido.

Sakura se dio cuenta y se apresuró a despertarlo disimuladamente.

—¡Flowrigth!— le susurró bajito, pero codeándolo para que despertara.

—¿Eh…?— levantó la cabeza lentamente.

—La página diecinueve. Lee el ejercicio— le susurró algo fuerte, pero nadie más la escuchó.

—¡Ah si! — de inmediato tomó el libro que Sakura le daba para que leyera el ejercicio.

Así nadie sospechó nada.

—Kinomoto— le llamó Fye ya cuando todos habían salido del salón —Gracias por lo de hace rato— sonrió levemente para luego salir del salón, cojeando un poco debido a su pierna. Ya era hora del almuerzo —Rayos… olvidé hacer mi almuerzo y tampoco traje dinero…— pensó en voz un poco alta, ya estando en el pasillo. Suspiró cansado.

—Flowrigth— Sakura salió del salón, había sido mucha su impresión cuando él le agradeció, que apenas se lo estaba creyendo —¿Estás bien? — preguntó por segunda vez en el día, pero ahora lo había visto cojear un poco y eso le alarmó.

—Estoy bien— la miró inmutable.

—Pero… tu pierna

—Es una vieja herida. No pasa nada— era la primera vez que salía de su monosilábico vocabulario.

—Escuché lo de tu almuerzo. Toma, puedes tomar el mío— puso sonriente y frente a él una cajita con el obento dentro. Fye se sorprendió.

—Pero… es tu almuerzo, no puedo aceptarlo— se negó algo apenado.

—No te preocupes, traigo algo más para comer, así que tómalo, por favor— se lo entregó en las manos. Él tuvo que aceptarlo, no podía ser grosero con ella.

—Muchas gracias Kinomoto— sonrió levemente.

—no tienes nada qué agradecer. Espero sea de tu agrado. Bueno, te dejo almorzar tranquilo, nos vemos más tarde— se despidió saliendo en dirección al jardín, con los demás alumnos.

Fye se asombró aún más, pues cualquier otra chica con interés amoroso en él, se hubiera quedado a su lado todo el receso. En realidad agradecía que fuera tan comprensiva y respetuosa como para dejarlo almorzar como acostumbraba: solo.

Caminó con cuidado hacia el jardín, hasta encontrar una banca cómoda, donde se sentó a tomar sus alimentos.

Abrió el obento y se llevó otra gran sorpresa, pues la comida se veía suculenta y olía igual de bien. Su estómago gruñó con fuerza. Tenía mucha hambre.

Comenzó a comer y realmente era lo más delicioso que había probado en su vida, rápidamente terminó devorando todo el almuerzo.

Poco después divisó a lo lejos a Sakura, sentada en el césped con sus amigos de siempre. Lo extraño era que todos tenían su almuerzo, pero ella… ella no comía nada.

Se sintió culpable. Ella le había dado su almuerzo desinteresadamente, sin importar que se quedara sin comer. Definitivamente tendría que reponer eso.


—Sakura ¿Por qué no traes almuerzo? — preguntó Himawari extrañada.

—Amm… lo que pasa es que me levanté tarde y no pude hacerlo— se excusó fácilmente. Todos parecieron creerle, a excepción de Eriol y Tomoyo, ambos igual de perspicaces la miraron como no creyendo. Ella se sonrojó un poco, pero afortunadamente no dijeron nada.

—Toma, algo del mío— le ofreció Tomoyo, Sakura se sonrojó un poco.

—No te preocupes, realmente no tengo hambre— se disculpó —Pero muchas gracias— sonrió.

—miren, ahí está Flowrigth— empezó Eriol.

—Sí y parece que acaba de terminar su almuerzo— continuó Tomoyo.

—Al parecer estaba muy bueno, miren su cara de satisfacción— le siguió la corriente Eriol. Ambos sonreían cómplicemente.

Sakura los miró pidiéndoles que no siguieran silenciosamente. No quería que todos se enteraran de que le dio su almuerzo al rubio.

—No te entiendo Eriol. Tú eres el que se molesta porque hablamos de él y eres el primero en sacarlo a tema— se burló Himawari. Al parecer sólo Sakura captó las intenciones macabras de sus amigos.

—Ya que hablamos de él…— aprovechó Himawari —Hoy lo vi llegar en un auto convertible a la escuela. Se veía tan…¡Guapo! — dijo riéndose. No estaba enamorada de él como todas las chicas, pero si admitía que era muy apuesto.

Todos rieron a excepción de Kurogane, quien no sólo no dijo nada, sino que rodó los ojos con fastidio.


Al día siguiente…

—¿Qué es esto? — se extrañó al ver su cajita del obento y otros alimentos dentro de su pupitre.

—Es en agradecimiento por lo que hiciste ayer. Me dijiste que tenías otro almuerzo y no fue así— alzó una ceja inquisitivamente —Espero sea de tu agrado— la miró sonrojarse.

—Gracias— sonrió sincera —¿Y tu pierna? — preguntó después de un momento de silencio.

—Ya está normal. Gracias— sonrió levemente.

—Me alegra— correspondió la sonrisa.

Las chicas del salón vieron esa corta escena de leve amabilidad del rubio hacia la castaña. La mayoría, por no decir todas, se sintieron celosas y envidiosas.

Meses después, cerca del invierno…

(POV Sakura)

—¿Segura que no hay problema Sakura? — me preguntó Himawari, afligida por no poder esperarme para irnos juntas.

—Sí— sonreí —Las galletas estarán en veinte minutos y harás esperar más a tu mamá. Yo me quedaré, al cabo no es la primera vez que me voy sola a casa— sonreí despreocupada.

Se veía preocupada por mí.

—Anda, ve— le insistí, ella suspiró y asintió —Gracias por entender amiga— se despidió de mí y se fue.

En la clase extracurricular de gastronomía cocinamos unos postres, pero al parecer el nuestro tardó más en cocinarse, pues ya no había nadie en la escuela y aún no estaban listos. Tomoyo quiso quedarse a esperar, pero su novio Eriol la invitó a salir y no la dejé negarse, y Himawari… su mamá pasaría hoy por ella para ir al dentista, así que me quedé sola…

En fin, pasaron los veinte minutos y apagué el horno en el salón de gastronomía, limpié todo y me dispuse a irme, ya estaba atardeciendo y no quería andar de noche en las calles.

No me importa llegar tarde a mi casa, pues nadie me espera. Touya tiene de nuevo guardia en el hospital y no estará hasta mañana en la tarde.

Fui por mi mochila y me dispuse a salir del instituto, pero una hermosa melodía en piano detuvo mi andar. Caminé por los pasillos, buscando la fuente de aquella canción tan conocida por mí.

Llego al salón de música, la puerta está abierta pero no me atrevo a entrar e interrumpir al intérprete, así que me quedo fuera, apreciando todos los sentimientos que transmite la melodía con cada una de sus notas. La canción me atrapa, moviendo hasta la fibra más profunda de mi ser. Esa melodía la conozco, pero no logro recordar el nombre.

Las notas fluyen en mi mente y corazón, atrapándome por completo hasta que el acorde final llega y la canción termina en un arreglo muy hermoso.

Me adentro silenciosamente al aula para saber quién interpretó tan hermosa armonía, pero grande es mi sorpresa al encontrarme con Fye Flowrigth. Su rostro está enmarcado en una expresión de tristeza, sus ojos cerrados y sus dedos aún sobre las notas finales.

Me doy cuenta de que no usó partituras, me sorprendo, pues la música casi fluía de sus dedos, como si haciendo esto transmitiera lo que hay en su alma y corazón… tristeza.

Él por fin abre los ojos. Casi da un saltó al verme frente al negro piano de cola. Puedo ver cómo su respiración se aceleró por el susto.

—¡Lo siento! — me disculpé mu apenada. Él no dijo nada, sólo se puso de pie, tomó su mochila y se dispuso a salir del salón.

—No hay problema— me dijo sin verme al pasar a mi lado. Salió sin decir nada más.

Me sentí realmente avergonzada. Ya habían pasado varias situaciones en las que yo quedaba como acosadora, pues siempre era yo la que lo encontraba o me topaba de frente con él.

—¡¿Ahora qué va a pensar de ti?! — me pregunté a mi misma muy frustrada.

Ya no quise pensar ni darle vueltas. Salí y me encaminé a mi casa, estaba agotada y quería tomar un baño.

Olvidé mi suéter…— pensé al salir y sentir el fresco viento. El invierno estaba por llegar.

Mientras caminaba no pude evitar pensar en aquella canción tan triste. Yo la conozco pero no recuerdo bien el nombre… ¡Dewdrops! Ese es el nombre de la canción, mi hermano solía tocarla, pero es muy compleja.

¿Pero por qué Fye la tocaba con tanto sentimiento? ¿Se sentirá así de triste? Inevitablemente recordé el día que salió corriendo de la escuela después de hablar por teléfono y mencionar que alguien estaba intubado. ¿Tendrá a un ser querido hospitalizado y eso lo tiene así?

No pude evitar preocuparme. Me gustaría ayudarlo y decirle que cuenta con mi apoyo, pero… no creo ser la más indicada, pues no creo que tenga un buen concepto mío… ni siquiera creo caerle bien a pesar de que le di mi obento y él me hizo uno al día siguiente, seguro fue por mero compromiso.

Suspiro de nuevo… si me acerco a él pensará que es con la misma intención que las demás chicas tienen, pero si no es así ¿Cómo ayudarlo?

Yo seguía metida en mis pensamientos sin percatarme de que alguien seguía mis pasos de cerca.

—Hola preciosa ¿Por qué tan sola? — un joven rubio y apuesto, un poco mayor que yo, salió de un pequeño callejón, haciéndome saltar del susto. Traté de ignorarlo y seguí mi camino —¡Hey! ¿A dónde crees que vas? — me tomó de la muñeca, jalándome y lastimándome.

—¡Suélteme! — le exigí molesta y con miedo, él pareció notarlo.

—No tengas miedo, no te voy a hacer nada malo…— se acercó a mi oído —…aún— sonrió maléficamente. Yo me tensé mucho al sentir que me jalaba hacia el callejón, no pude soltarme, pronto la desesperación se apoderó de mí.

—¡No me toques! — grité muy enojada, tratando de darle una patada, pero él era muy fuerte, me estrelló contra la pared más cercana, apegándose mucho a mi.

—Tú no me dices qué hacer, amorcito— sostuvo mis muñecas con su mano izquierda, mientras que con la derecha sacó una navaja. En ese momento mi corazón se detuvo.

Sus asquerosos labios besaron mi cuello lascivamente, sin soltarme. Trate de dar patadas, pero me apretó más contra la pared.

—No te muevas— me amenazó con la navaja pegada a mi abdomen, sentí cómo hizo presión con ella, sin llegar a cortarme.

—Por favor… no— supliqué con lágrimas formándose en mis ojos —déjeme ir, se lo suplico.

¡Por Dios! No sabía qué hacer, el hombre era increíblemente fuerte y no parecía querer soltarme.

Él se rio roncamente, muy cerca de mi cuello.

—Lo siento hermosura, hoy serás mía— al oír esto mi corazón se detuvo de miedo ¿Esto es una pesadilla? Abrí mis ojos a más no poder, estaba obscureciendo y no pasaba mucha gente por esa calle. Mi casa estaba no tan lejos de ahí, pero aún librándome no creo tener la fuerza y valentía para correr rápido.

—Te he visto pasar por aquí todos los días. Últimamente siempre vas solita y pensé que hoy podríamos pasar un buen rato. Qué bueno que hoy pasaste más tarde— me miró lascivamente con sus ojos azules llenos de lujuria. Grité de terror al sentir cómo acariciaba uno de mis muslos por debajo de la falda escolar.

—Si vuelves a gritar no vivirás para contarlo— me amenazó de nuevo con la filosa navaja. Yo no pude más y comencé a llorar con fuerza.

El hombre se apoderó de mis labios en una manera brusca y lujuriosa. Yo aproveché el momento en que introdujo su lengua en mi boca para morderla con todas mis fuerzas.

—¡Agh! ¡Maldita! — me gritó con furia, golpeando mi mejilla con su pesada mano —Esta me la pagas— yo no podía dejar de llorar.

Acercó su navaja a mi vientre sobre la blusa, la alzó con fuerza, rompiéndola y dejando al descubierto mi sujetador; luego de esto hizo mucha presión en un costado de mi abdomen con su navaja hasta que un hilo de sangre corrió por mi vientre.

—¡Basta! — grité ahogadamente, pues el hombre cubrió mi boca con su mano. Esta es la peor experiencia que he vivido, temo no poder salir de ésta.

Después de hacerme daño, acercó su mano a mi pecho.

No, no, no ¡No! — pensaba yo con mucho coraje. Cerré mis ojos tratando de no sentir las asquerosas caricias.

—¡Maldito bastardo! — escuché una voz familiar de otro hombre, un golpe, un quejido, el sonido de un metal cayendo al piso y luego otro golpe aún más fuerte.

Caí al frío piso sin fuerzas, temblando. Abrí mis ojos llenos de lágrimas y lo único que la oscuridad me permitió ver fue la silueta de mi atacante siendo golpeado por otra silueta más alta y delgada. La navaja con la que me amenazaron momentos antes estaba en el piso, manchada con mi sangre.

Me encontraba al borde de la inconsciencia, siento cómo alguien me toma del brazo, tratando de levantarme, pero yo reacciono a la defensiva y golpeo esa mano.

—Tranquila, soy yo. Él ya no puede hacerte daño— toma mi brazo de nuevo y yo acepto su ayuda, sentándome en el frío suelo. Mis lágrimas no me dejan ver, pero siento cómo la persona que me ayudó las limpia.

—¿F-Flowrigth? — pregunto sorprendida al verlo en cuclillas frente a mí y con un golpe en el rostro. Veo que su cara está totalmente roja, pero su expresión es seria, como siempre.

Hasta ahora me doy cuenta… mi blusa estaba hecha jirones en el piso y yo sólo vestía mi sujetador. Instintivamente cubro con ambos brazos mi pecho.

—Toma, cúbrete con ella— siento algo caer sobre mis hombros. Miro a Flowrigth y veo que sólo quedó en camisa interior, pues me dio su camisa del uniforme.

—G-gracias— trato de ponérmela, pero suelto un fuerte quejido debido al dolor que siento. Todo empezó a perder nitidez a mí alrededor.

—No te muevas— escucho que me dice, pero yo ya no puedo más y caigo al suelo. Antes de quedar completamente inconsciente, siento que me cubren con la camisa y luego me alzan en brazos. Después de eso todo se volvió oscuridad para mí…

Continuará...

Tsuki No Hana~

12:00 p.m.

21/06/2014