Una vez que Jack se encontró entre el aire helado del polo norte, el albino se dedicó a buscar con su mirada cual era la dirección correcta del hogar de los guardianes, donde vivía el mismísimo North. Mejor conocido como Santa Claus. Jack voló levemente hasta el este, luego subiendo levemente hasta el norte hasta que su vista se topó con una casa de color rojiza y con diferentes tonalidades características de la navidad. Sí, desconocía completamente el día y el mes en el que los humanos se encontraban, pero si pronto tenía que volar hacia el norte dejando el invierno entonces no dudaba que el final del año se acercaba y entonces North debía de estar ya algo ocupado. Suspiró con una leve pesadez , levitando hasta encontrarse frente a la puerta de North, la cual tocó con desesperación. —¡North, soy yo, Jack! — gritaba una y hora vez, hasta que la puerta se abrió y una mano grande y peluda lo llevó hasta adentro de un solo lanzamiento, algo similar a cuando Jack lanzaba bolas de nieve. Tras un minúsculo par de segundos, su cuerpo se topó contra el suelo. —¡Maldita sea, North! ¡Seré inmortal, pero tus yetis me matarán un día de estos! — Gritaba mientras retomaba el equilibrio y se disponía a levantarse, encontrándose con el poderoso hombre de larga barba blanca.
—Lo siento, Jack. Es que no te podía abrir yo— Respondía el gran anciano de enorme sabiduría. Por el tono en el que hablaba, se notaba que estaba ocupado. La naturaleza traviesa y juguetona de Jack nuevamente se notaba en el aire, cuando soltó una suave risa y se recargó en el hombro del robusto anciano.
—¿Qué estás haciendo, Santa? ¿Estoy en la lista negra? — Preguntaba con un cierto aire inocente en sus palabras, como las de un niño pequeño, levitando un medio metro para poder ver mejor lo que hacía el mayor.
—Si me sigues moviendo, lo estarás— Contestaba North con un tono seco, al cual Jack sólo respondió con una risa tonta y se dejó acomodar en el suelo con sus pies descalzos recargándose en ellos.
—North, he venido por algo importante…—
—Jack, ¿No te das cuenta? Estamos a media estación de que inicie tu trabajo en el norte. Tu deberías ir ya haciendo nevar abajo del polo y yo, como puedes ver, organizo la conducta de los niños de arriba. —
—North, es enserio. ¿Cuántas veces te he visitado de la nada? —. Esa fue la pregunta clave para que el mayor abriese sus ojos y dejara la pluma y sus lentes de lado, girándose con rapidez para ver al albino quien tenía en su rostro puesta una gran sonrisa de victoria. —Sí, así de urgente es. —
—Bueno, ¿Qué ha pasado, Jack? —
—Alguien… o algo… pudo verme…—Decía con lentitud, pero a su vez, con una suavidad increíble en el tono en el que hablaba. Con suavidad, aún levemente incrédulo. El anciano parpadeó un par de veces, suspirando.
—¿Cómo que algo, Jack? —
—North… ¿Tu sabías que… en Islandia… hay dragones? — Cuestionaba Jack, ahora cambiando su tono admirable por el de alguien temeroso, quizás intentando hacerle saber al mayor lo que le había ocultado durante mucho tiempo.
—Emmm…— El rostro del mayor se tornó blancuzco, rascándose la barba levemente nervioso. —Bueno… Sí, si sabía. Pero los dragones no deberían sorprenderte, pensé que los habías visto ya. Digo, es Islandia, ahí tienes mucho trabajo que hacer…
—North… un dragón me miró…— Susurraba el albino, interrumpiendo el pseudo discurso que el dulce anciano yacía por decirle
—¿Cómo que te miró? —
—¡Sí! Me gruñó, mirándome fijamente. Creí que había alguien detrás de mi… pero me giré y no vi a nadie…—. Fue ese momento en el que un silencio helado reinó en el aire. Sin darse cuenta, Jack había dejado una muy leve escarcha debajo de sus pies producto de un leve nerviosismo. Sobre todo por el silencio contrario, el cual no ayudaba en nada…
—Jack, sal de aquí— Exigía el hombre barbudo cruzándose de brazos —Tendré que hablar de esto con los otros guardianes… Por que lo que me acabas de decir no es normal. Nada, nada normal, lo sabes, ¿Cierto?
—¿No es normal? ¿Pero por…? — Y fue justo ese momento donde con la mirada, North miró a un Yeti cercano, el cual nuevamente tomó como una nada al albino y lo arrojó fuera del lugar. Para su suerte, Jack cayó sobre una suave meseta liviana de nieve. —¡North! — Gritaba girando su cabeza con preocupación, admirando como la puerta se cerraba delante de sus ojos.
¿Qué ocultaba? ¿Qué tenía que tratar con los guardianas que él no tuviese derecho a saber? ¿Qué acaso… se suponía que los dragones también eran capaces o no de creer? Por que si ese fuera el caso… O el dragón creía en él… O tenía algo ya adentro que le permitiera verlo. Algo extraño, porque no sólo lo había visto sino también gruñido. ¿Por qué gruñían los animales? Gruñían por instinto, para defenderse, defender a su manada… defender algo. O simplemente para resguardar territorio. ¿Acaso el dragón había considerado a Jack una amenaza?
El albino frunció apenas los labios para volar hacia el sur, específicamente a la isla vikinga: el poblado de Berk. Tardó unos minutos en llevar. Era rápido y el viento, su viejo amigo, siempre estaba ahí para ayudarle y llevarla a los lados que él necesitase ir. Por un momento, Jack dudó en si bajar nuevamente o no. No había gente en las calles, ya estaba por anochecer. No dentro de mucho el cielo anaranjado se tornaría oscuro y la noche sería la reina en todo el cielo de esa parte del mundo. Con confianza, Jack bajó hasta tierra, buscando el dragón que lo había visto. Buscó, asomándose en las ventanas una por una… hasta que arriba de una suave meseta logró ver una casa grande, posiblemente la del jefe de Berk. Frunció los labios suavemente, volando hasta asomarse a una ventana que para su suerte estaba abierta. Ahí vio un montón de hombres robustos y fuertes con cabellos largos y varias trenzas. ¡Le recordaron tanto a North! Y justó ahí, entre la multitud, estaba el mismo chico castaño, al lado de la rubia de trenza tan gruesa… Jack se tomó la molestia de entrar. Nadie lo veía, no habría problema después de todo.
—Y… Entonces, ¿Tomarán cargo del matrimonio? — Preguntaba un hombre que se encontraba justo al lado de la rubia. Para la pregunta, la niña sonrió apenas, mientras que el castaño de su lado únicamente dejaba que sus mejillas se tornaran rojas. ¿Matrimonio? No debían tener más de quince años los dos. ¿Cuál era el propósito de casarse?
—Oh… bueno… —Decía el chico. ¿Cuál era su nombre? Ya lo había escuchado antes… Hiccup. Sí, era Hiccup. Ese tono en las mejillas le quedaba tan bien. Y además… esa voz tan inocente… ¿Por qué, Jack, estás sintiendo cosas extrañas? Pensó en alejarse ante la alerta que recibían sus sentimientos, hasta que al darse la vuelta para salir chocó contra el mismísimo dragón que antes le había mirado fijamente. Y hacía lo mismo esta vez…Sólo que no lo miraba con la tensión de antes, sólo lo miraba, curioso. ¿Acaso ahora se había arrepentido…?
—¡Chimuelo! —Decía Hiccup para llamar la atención del dragón. El dragón cual buen can fue a con su dueño… Pero no atravesó a Jack. Él albino sintió perfectamente como el dragón lo empujó y por ende cayó al suelo. No lo atravesó, ¡No lo hizo!. Y es que, de la emoción, no dejó de seguir al dragón, acariciándolo. Chimuelo sólo respondía dando suaves jadeos de gozo. ¿Qué dragón no ama ser mimado? Incluso llegando al punto donde los presentes veían al enorme reptil de manera desconcentrada.
Y así pasó la noche, hasta que los invitados se fueron y Hiccup se fue a dormir. Jack lo siguió, admirándole dormir hasta media madrugada, horas y horas. ¿Cómo es que podía ser tan tierno? Y es que tenía tantas ganas de protegerlo. Se quedó dormido junto al dragón, admirando al dueño de éste… Hasta que finalmente quedó dormido.
Pero el dragón, alrededor de las cuatro de la mañana, se movió con la intensidad suficiente como para despertar a Jack de por medio.
—Ummm…— Decía el albino despertándose, para ser irradiado por la luz de la luna y luego para escuchar las palabras de la misma. "Jack, lo que estás haciendo es un arma de doble filo…" dijo la luna.
—¿Qué? — Cuestionaba el joven amo del invierno asomándose a la ventana para ver a su mayor, a su dueña legítima. —¿Qué estoy haciendo mal? —
"No haces nada mal… Pero te estás lastimando…"
—¿Lastimando? ¿Pero a que te…?
"Te estás enamorando. Y no sólo de alguien que no conoces… sino de un varón, hijo del líder de Berk…"
Jack quedó estupefacto por unos cuantos segundos. Sintiéndose apenado delante de la luna, siendo capaz de reconocer el grado con el que sus mejillas de coloraban con fuerza.
"Que el guardián de la noche te guíe, Jack".
—¿Guardián de la noche? — el albino yacía confundido. ¿Quién era el guardián de la noche? Debía pues de ser alguien nocturno, muy poderoso. Se dio la vuelta para admirar al chico dormir…Pero él ya no estaba dormido. Estaba de pie, mirando fijamente la ventana.. —¿Quién eres? ¿Qué haces aquí? — Preguntaba temeroso.
Aunque quien empezaba a tener más miedo era Jack.
—¿P-puedes verme? ¿Hiccup? — Cuestionó el albino completamene delirante. ¿Qué le estaba pasando?
—Claro que puedo verte. Eres tan blanco que brillas… P-pero, ¡¿Quién eres y que haces en mi habitación?! —
—¡¿Cómo es que puedes verme?! — Gritaba Jack con todos sus pulmones. ¿Qué mierda estaba pasando en el mundo? Ni siquiera sabía su nombre, ¿Cómo podía ver algo que ni siquiera conocía? Véase la leyenda de Jack Frost, el niño que murió ahogado. El grito fue tan fuerte que el dragón despertó, sólo para ir a en medio de los dos. Hiccup, por una parte, se sorprendió de que Chimuelo no le gruñera al desconocido… Incluso se había puesto a su lado, como intentando defenderlo. La cabeza le explotaba al albino, el cual en aquella desesperación decidió salir volando por la ventana. Y es que por una parte yacía sumamente confundido del porqué era capaz de verle sin creer y sin conocerlo primeramente…
Y por otra parte su corazón latía con fuerza porque no sólo le podía ver… Si no que le había dirigido la palabra.
