La luna brillaba e iluminaba el hermoso cielo desde esas horas de la noche. Jack había aprendido a no hablar cuando la luna sólo se quedaba ahí, sin hacer nada, sólo brillando, siendo el centro de toda luz blanca entra tanta oscuridad. Jack suspiró ásperamente, sin poder dejar de pensar en el chico castaño de hermosos ojos verdes que sólo rodeaba su cabeza. ¿Cómo era posible que le pudiese ver? ¿Y ese dragón? Intentaba pensar en otra cosa que no fuera las vistas del chico islandés y su extraña (y algo mórbida, ¿Por qué negarlo) mascota. Suspiro, mirando a su madre adoptiva que pese a que no le podía abrazar, le iluminaba de una manera tan cálida y tan fría a la vez. El espíritu del invierno sonrió sin darse cuenta cual bobo sólo por recordar nuevamente esos ojos de tono aceituna que le miraban tan bellamente. Suspiraba levemente, de nuevo, sólo rompiendo el unisonido del aire que le rodeaba, hasta que la luna decidió dirigirle la palabra

Jack, ¿Sabes siquiera sobre qué montaña estás acostado? — Preguntó la luna, haciéndole la voz femenina resonar en la cabeza del albino.

—Claro… En… ¿Finlandia? — Intentó acertar el poseedor de tan bellos ojos claros de tono azulado. Es cierto que había huido tan rápido como había podido hacia el este. Sólo sabía que se había parado en una isla deshabitada y con nevada, de la cual no tenía ni idea. Desconociendo que estaba en el mar báltico.

Suecia, Jack. Estás en Suecia. — Y tras eso, Jack no volvió a decir palabra alguna, ni pensar en responderle. Decidió romper la charla antes de que se pusiera levemente más tensa. Frunció apenas los labios, cubriéndose a sí mismo con un montón de nieve que hizo aparecer de su propio pensamiento. ¿Cómo es que su mente se había bloqueado con los orbes de un niñato vikingo? ¿Y por qué, para empezar? Agh, que molestia…

—¡T-te juro que estaba un chico blanco! — Gritaba Hiccup a su padre, quien yacía todavía bostezando del sueño. Éste le intentaba hacer entender a su hijo que era imposible que alguien entrara por su ventana sin que Chimuelo hiciese algo y menos que se fuera volando. Iba no sólo contra la ley de Odín, sino contra la naturaleza misma.

—Hiccup, ya, que ha sido un sueño… vuelve a dormir…—

—¡Papáaa! ¡Pudo haber sido un enemigo y…!—

—Basta— interrumpió el curpulento hombre de robusta barba de tonalidad rojiza —Tienes a un dragón, y no uno cualquiera, al único furia nocturna existente. ¿Por qué te preocupas? —

Quizás su padre tenía razón. Se preocupaba de más. Pero qué decir, se trataba de Hiccup, el miedoso, nenaza, torpe e incrédublo de Hiccup. Se mordió los labios inferiores y con resignación se dirigió nuevamente a su pieza, donde se encontró a Chimuelo sobre tu cama, cómodamente moviendo la cola —¡Chimuelo! Al menos déjame espacio…— Tras decir esto, el dragón se bajó para darle una lamida a su amo y luego mirar fijamente la ventana, la cual todavía yacía abierta. —Ah, Chimuelo, eres tú el único que me crees— Susurraba el próximo líder de Islandia caminando con la cabeza baja hasta la ventana con mera intensión de cerrarla, pero cuando estuvo por hacerlo, resbaló levemente, apenas alcanzando a sujetarse de la ventana de madera. —¿Pero que…?— La respuesta estaba ahí, bajo su único pie y su prótesis. —Escarcha…— . El castaño se agacho para admirar que no sólo era escarcha la que estaba ahí, culpable de hacer que casi cayera en el suelo. Era una escarcha diferente a la normal. Una escarcha levemente gruesa, que se iba haciendo más delgada mientras más se esparcía, como si se degradase levemente. Y es que toda ella tenía diferentes figuras dentro bien detalladas, como si estuviesen dibujadas plantas, copos de nieve y demás detalles minúsculos. Posiblemente Hiccup lo llamaría "Barroco", de no ser porque desconocía totalmente el estilo o significado de la palabra. Admiró suavemente, tocándolo para percatarse que todavía estaba frío, helado. Se fijó un tanto más en el mismo, descubriendo que no sólo estaba en el suelo, sino que se extendía hasta afuera de la ventana. —Chimuelo, mira…— Pero cuando alzó levemente la mirada, el dragón estaba lamiendo apenas el hielo, juguetón, a lo que el menor soltó una risa leve, sin gracia, abrazándose al dragón —Ah… Algún día averiguaremos qué… o quién… fue eso…—

Jack no volvió a hablar, sólo escuchaba algunos pocos reclamos de la luna. Le daban igual, con sinceridad. Así que Jack nuevamente hizo su trabajo de siempre… jugó con niños, hizo nevar en donde iba volando, admiraba el hermoso color blanco que tanto amaba. Y nada, de unas horas se empezó a hacer de noche en la zona este de América, lugar donde le gustaba estar mucho. Si yacía el atardecer, entonces era de noche en… Islandia. Frunció sus labios. Lo malo de ser el espíritu del frío era que cualquier calor era demasiado para él y sin embargo, pudo sentir como sus mejillas se teñían de un color vivo, rosáceo. Suspiró, intentando hacer que su corazón dejara de latir tan rápido… Pero cuando se dio cuenta, yacía volando al este. A Islandia.

Llegó rápidamente, sin ayuda alguna del viento. Jack, una vez en tierra, corrió hacia donde se encontraba la casa mayor… la casa del jefe de Berk. ¿Por qué estabas haciendo cosas tan tontas, Jack? Una respuesta que se hacía a cada segundo y quedaba sin respuesta alguna. Corrió en vez de volar sólo para sentirse levemente más vivo, hasta que llegó del lado de la casa donde yacía la ventana de Hiccup… Y efectivamente, ahí estaba él, en su escritorio, escribiendo algo que desconocía y leyendo un libro desesperadamente. Tragó saliva algo nervioso. Abrió un tanto la ventana y levitando levemente se adentró en la habitación. Para eso, Hiccup giró la cabeza violentamente, confirmando sus sospechas. Se levantó con rapidez y caminó lentamente de costado hacia Chimuelo, quien estaba dormido y acomodado como un canino en su más dulce sueño.

—¿Quién eres? ¿Por qué entras así a mi cuarto? —Cuestionó el vikingo, a lo que Jack bajó la mirada rápidamente.

—Yo… Bueno… Lo siento, pero…

—¡E-eso es de mala e-educación! —Interrumpió el menor, intentando hacerse el fuerte, el grande… Aunque terminó viéndose todo lo contrario, cerrando un ojo y tardamudeando, dejando a Jack completamente enternecido por lo que apreciaba.

—¡Soy Jack Frost!

—¿Quién? —

El albino no pudo evitar soltar una risita. Una risa nerviosa, torpe. Dios… Esa mirada, esa manera en la que pronunciaba la pregunta… Luna… Algo le esta pasando a tu niño, y no es cualquier cosa.

—Jack… Frost… Ya sabes… soy la leyenda… La leyenda de Jack Frost. Controlo el hielo y el invierno…

—¡Ah! ¿Cómo la reina de Noruega? —

Jack alzó una ceja completamente desconcertado. ¿Cómo quién? No lo sabía, y no le importaba. Sin embargo, se cruzó de brazos, sentándose en la ventana. La cual yacía completamente abierta.

—B-bueno, eso no es importante ahora…— Interrumpía nuevamente el castaño, volviendo al tema principal, acercándose levemente, poco a poco perdiendo el miedo, como lo hacía al principio con Chimuelo. —¿Por qué entras a mi cuarto como si nada? ¿Por qué no te conozco? ¿Por qué has vuelto? ¿Perdiste al…?—

No pudo terminar sus grandes preguntas que poco a poco tenían más lógica de tachar a Jack como un acosador, cuando vio a Astrid ahí, mirándolo fijamente. Su rostro era extraño. Jack se giró con rapidez, descubriendo a la rubia con expresión de alarma, una canasta en sus brazos y casi tocando a Jack… Casi, porque aunque se acercara más, no podría tocarle. —¿Con quien hablas Hiccup? — Preguntaba la rubia mientras se tomaba la molestia de subirse a la habitación de Hiccup, obviamente por la ventana, atravesando perfectamente a Jack. A él no le molestaba en absoluto que lo atravesaran, aunque era incómodo. Ante esto, Hiccup asustado retrocedió. —¡L-lo atravesaste, Astrid! —. El albino sólo soltó un bufo, abrazándose su pecho. Cerrando la boca para escuchar la conversación con completa atención.

—¿Atravesar a quién, Hiccup? ¿Te sientes bien? — Cuestionaba mientras ponía una mano sobre la frente del castaño. Wow, si tan solo Jack pudiera hacer eso… sería tan… ¿Feliz?

—¡A Jack Frost! —. El albino nuevamente soltó un bufo, una risa ahogada, admirando como la cara de la rubia pasaba de curiosidad a miedo.

—Hiccup… No hay nadie…—

—¡Claro que lo hay! Míralo…— Decía el hijo del líder de Berk, tomando por los hombros a su novia para girarla con violencia con dirección a la ventana. La rubia molesta, le quitó las manos de encima y suspiró demostrando sus sentimientos. —¡El sueño te está afectando, Hiccup! Hablaremos luego…— Y tras decir esto, la rubia nuevamente caminó saliendo por la misma ventana, atravesando a Jack nuevamente, a lo cual el albino sólo se quedó un momento, admirando como el ojiverde yacía atónito al ver otra vez como su "chica" se abría paso ante un espíritu.

—¿P-pero… cómo…?

—Hiccup—Interrumpió el albino en aquella ocasión. —Soy una leyenda…Soy Jack Frost… Hijo de la luna…Dueño del invierno, de la nieve… soy un espíritu, y soy sólo una leyenda, de la cual sólo los creyentes pueden ver…

El castaño permaneció en silencio hasta que abrió sus ojos nuevamente, empezando a entrar en pánico poco a poco. Era demasiado para su cabeza. Empezó a parpadear, dejando sus labios palidecer. Jack conocía perfectamente esas acciones, así que creó rápidamente una bola de nieve con sus manos y se la lanzó en la cara. —¡No te desmayes ahora, Hiccup! —

El castaño de ojos verdes se retiró la nieve de la cara, sorprendido. Nadie se daba cuenta de cómo era que él perdía el conocimiento hasta que estaba en el suelo, cosa que lo alarmó más, y sólo no desmayó nuevamente porque estaba completamente despierto por el frío en su rostro.

—¿Cómo sabías que me iba a …?

—Soy un espíritu viejo…Conozco cuando las personas se desvanecen…

Hiccup sonrió apenas, abrazándose a sí mismo, bajando la mirada a los pies de Jack, admirando que no sólo estaba descalzo, sino que también dejaba una escarcha en donde yacía sentado. Nuevamente sus orbes se salieron unos escasos milímetros de su órbita de la impresión. —Así que fuiste tú…— Susurró para luego negar con la cabeza. —¡No! Esto es estúpido. Un espíritu que hace la nieve como la reina de Noruega, que no puede ver nadie y que lo atraviesan las personas. ¡Estoy loco! Oficialmente— Gritaba a los cuatro vientos, alzando las manos y haciendo ademanes. Hiriendo sin darse cuenta el frío corazón del albino, el cual se levantó y dejó escarcha en sus pasos, poniéndose justo detrás de Hiccup, el cual se dio la vuelta bruscamente al sentir algo helado en su nuca.

—Yo tampoco entiendo porqué me puedes ver, Hiccup…—Susurraba Jack, aún cuando nadie más que él podía escucharle en aquel momento— Yo tampoco lo sé… Pero… Estoy contento… Nadie me ha visto en siglos…

—¡No! Estoy loco. ¡Sal de mi cabeza! —

—No estas loco, Hiccup…—Decía con algo de melancolía en sus palabras. —Anda… pon tu mano en mi pecho… Soy real… Las alucinaciones no se sienten…—

Hiccup le miró fijamente por unos minutos, unos minutos eternos, hasta que lentamente sus dedos temblorosos se dejaron hacer ante la petición ajena, tocando justo donde se encontraba el pecho del albino. No sólo atravesándole, sino dándole un choque helado que por alguna razón hizo que Hiccup se estremeciera y no quitase la mano.

—Puedes leer… Hay libros sobre mí, pero los dibujos son feos, no como yo…— Sí, el momento no sería el indicado, pero la personalidad de Jack Frost no dejaba de existir por nada del mundo, y fue así como se alejó levemente, sin antes darle otra bola de nieve a Hiccup el cual nuevamente estaba por desmayarse. Y así, Jack Frost se fue, sintiendo un cosquilleo con forma de mano en su pecho durante, horas, Días. Yendo a visitar al líder vikingo todas las noches durante toda la semana que seguía. Reían juntos, jugaban en voz baja… Y Astrid seguía pensando que su novio se estaba volviendo loco. Y así pasaron los meses, hasta que finalmente, un crepúsculo, Jack Frost descendió a Islandia tras varios meses del primer encuentro largo con Hiccup… Aunque ésta vez, al entrar por la ventana, chocó con algo. No, no fue Chimuelo, ni una espada ni la ventana en sí. Fue el torso de una chica rubia. Una chica rubia quien le miró fijamente durante unos segundos. Jack, desconcertado, huyó por temor a lo que comenzaba a pasarle. Huyó hasta el oeste, en Groenlandia, donde nuevamente se dispuso a descansar… Como el día donde comenzó todo.