Bueno bueno... para empezar bien la semana, otro capitulo chiquito.
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Capitulo 2: El mensajero.
Habían llegado bastante lejos cuando los descubrieron.
Festus se encontraba aparcado en el lado este del central park, hacia crujir las tuercas de sus mandíbulas mientras Leo deslizaba aceite de motor en sus engranajes y Calipso se encargaba de hacer algunos sándwiches de carne para el almuerzo. Era una pequeña parada para alistarse antes de hacer su gran entrada en el campamento mestizo.
Habían pasado siete largos días desde que Gea había despertado y vuelto a dormir, disuelta en una nube de polvo asqueroso, hecha arder por Leo, convertido en una bola de fuego enorme y un misterioso cohete humano, ardiente también… gracias a Hefesto por los pequeños favores como ese, un cometa ardiente y gritón.
Ya era hora de volver a casa... O eso creía él.
Un hombre de unos cuarenta años se detuvo frente a su enorme dragón, un bastón sobresalía de sus manos y en él, dos serpientes se enroscaban mirándose una a la otra, silbando con sus lenguas mientras sus ojos brillaban.
- Te dije que estarían aquí - una de las serpientes dijo, moviéndose con pereza en el bastón.
- Yo fui quien dijo eso - Contesto la otra, apretando su agarre.
Leo no sabía si estar impresionado u horrorizado por la imagen, por un momento temió que los familiares de Frank Zhang estuvieran frete a él en forma de dos serpientes problemáticas. El misterioso hombre noto su incertidumbre y se limito a saludar cortésmente con su cabeza.
-George y Martha - Dijo en tono amable, refiriéndose a las serpientes que de pronto, parecían quietas ante su voz.
Leo observo mejor al hombre frente a él. De alguna forma se le hacía conocido, aunque estaba seguro que jamás lo había visto. Su cabello era negro como el carbón y sus ojos brillaban con un azul peligroso, no como el azul de Jasón, no, este era brillante como los fuegos artificiales… el ya había visto un par te ojos iguales a estos.
- Hermes… - La voz de Calipso fue lo que lo saco de su ensimismamiento, la chica, enfundada en un par de vaqueros y un cardigán blanco, con su cabello caoba cayendo sobre su espalda, paso a su lado, acercándose de prisa hacia el hombre que parecía ciertamente feliz de verla.
- Mi querida Calipso, así que es cierto… parece que lograste escapar de tu castigo, encontraste la manera de abandonar la isla.
- Yo… si… no fui yo quien lo hizo, si no fuese por Leo jamás podría haberlo hecho. - Parecía que la chica no conseguía que decir, su sonrisa de sorpresa aun permanecía en su hermoso rostro, pero lentamente, segundo a segundo, esta iba muriendo, siendo reemplazada por una mueca que Leo aun no había visto - ¿Ha pasado algo? ¿Los Dioses te han mandado a buscarme? ¿Me harán regresar?
La mano de Leo comenzó a arden antes de que él lo notara, primero un dedo, luego dos, tres, cinco, la palma y la mitad de su brazo. Fue Hermes quien se dio cuenta y dirigió a este una mirada interrogante.
- ¿Planeas lanzarme una llama o algo así, chico? Porque tu padre lo ha intentado antes… y sigo aquí - Las serpientes miraban a Leo como si fuese un ratón.
Como deseaba derretir sus metálicos rostros y quizás agregarlas como una pulsera para Festus.
- Los Dioses me han mandado por ustedes… si… en realidad, Zeus y Hades quieren ver al hijo de Hefesto.
Eso no estaba bien… no lo estaba… nada está bien cuando el Rey de los dioses y el amo del inframundo estaban interesados en la misma cosa… Leo no era un hijo de Atenea, pero no necesitaba su súper lógica para saber que estaba en problemas.
- Ya… veras, Hermes ¿Puedo llamarte Hermes? Tus hijos, Los Stoll, grandes chicos, compartimos el gusto por los problemas, me caen bien - Leo baboseaba las palabras, jugando con una cadena de cables entrelazados en sus manos - ahora, resulta que mi chica y yo… quiero decir, ya sabes, Calipso y yo planeamos esta gran sorpresa, fuegos artificiales y confeti, todo para alegrar al campamento… seguro que tu como el Dios que eres podrás entender que ahora se nos hace imposible ir a ver a Big Z y…
Un Rayo retumbo sobre ellos, en la punta del Empire State, a unas cuantas cuadras de su ubicación, una tormenta parecía formarse... Zeus no estaba feliz, eso seguro.
- Bien… entiendo… si… - Se rasco la nuca, el no podía dejar que se llevaran a Calipso, no había muerto y vuelto a la vida para simplemente dejarla marchar, pero si era a él a quien quería, era mejor que ella siguiera su camino al campamento mestizo, estaría mas segura que en una reunión de Dioses molestos- Veras, Fetus es un poco demasiado grande para ir a… Donde quiera que vayamos, así que supongo que Calipso aquí presente deberá seguir con él mientras tú y yo vamos a ver a nuestros queridos y muy comprensivos Dioses.
- Leo… - murmuro Calipso, una extraña mezcla de intriga y advertencia en su dulce voz... tenia que apresurarse o la hija super temperamental del super titan le daria mas trabajo del que tenia.
- ¿ves? Está de acuerdo… Así que Calipso ira con Festus y tu y yo podemos…
- Ella vendrá también… mi padre quiere verla ahora que ha conseguido dejar Ogigia. - Hermes no parecia ser un mal tipo, en realidad de todos los Dioses con los que Leo habia tenido el ¿Placer? en fin, con los que se habia topado hasta ahora el paracia ser mas, no sabria decirlo, humano quizas... pero aun asi, habia dureza en su voz en cuanto hablo.
Quizás Hefesto era él Dios del Fuego, la Forja y los Volcanes, quizás en su sangre corría fuego… pero la voz de Hermes había enfriado cada centímetro de su cuerpo.
A la distancia, otro rayo retumbo en la cima del segundo edificio más alto de la gran manzana, el cielo empezaba a teñirse de rojo… el sol abandonaba a la ciudad.
-Sera mejor que nos demos prisa… mi padre no es el dios de la paciencia.
