6-Leo

¡Sorpresa! Apuesto que no se esperaban una actualización ahora... bueno, aun no acaba pero estamos cerca.

sin nada mas que decir, espero que lo disfruten y dejen su Reviews, es mi regalo de navidad.


La hija del Titan.

La piel de Leo se erizo, suponía que así se sentía cuando la muerte susurraba a su oído o cuando Hades hablaba, que venía a ser lo mismo, de pie frente a los Dioses, la vida de leo casi empezaba a pasar frente a sus ojos, no habían dicho nada, nada con respecto a él en todo caso, pero ahí estaban, mirándose unos a los otros, esperando que alguno de ellos comenzara el festín.

- Parece que tus hijos insisten en quitarme el trabajo, Hefesto. - El Dios paro de retorcer el cable entre sus manos para poder observar al amo del inframundo, que mi miraba sarcásticamente desde su trono de huesos.

- ¿Que es lo que insinúas, Hades? - Todos los Dioses permanecían en silencio, observando a ambas partes, el mismo Zeus paseaba sus ojos de Dios a Dios -

- No insinuó nada, solo menciono lo obvio, tus hijos parecen tener una enorme tendencia al suicidio… - Leo lo miraba ensimismado, había algo en la voz y en la actitud de Hades que resultaba inquietante, si, pero al mismo tiempo, asombroso y encantador- Primero este chico, Charlie Beckendorf y ahora Leo Valdez.

- No te atrevas a hablar mal de Charlie… - la voz de Hefesto resonó en el lugar como un volcán al explotar, furia en su voz- Charlie es un Héroe y como tal...

- Entro a los Elíseos, yo en persona lo guie hasta su lugar… fui tan clemente como para enviar a la niña de afrodita a los Elíseos con él, aquella niña que traiciono a sus hermanos, a sus Dioses, por una venganza - Afrodita parecía molesta, pero al mismo tiempo se hundía en su asiento, incapaz de discutir contra la fuerza del señor de la muerte-

- Charlie se gano su lugar, salvo al niño Jackson.

- No metan a mi hijo en esto, Hefesto. -Las palabras de Poseidón fueron ligeras y lentas, como un mar en calma, pero también presagiaban esa misma calma, antes de un terrible Tsunami.

- No estamos aquí para cuestionar si tu hijo Charlie merece o no los Elíseos, Hefesto. –Zeus se acomodo sobre su trono, la túnica blanco caia sobre sus hombros, sus ojos azules e inclementes, penetraban los de su padre al dirigirse a él- estamos aquí por otro de tus hijos… Por Leo Valdez.

El nudo en su garganta bajo en un vano intento de tragar, su boca estaba seca como un desierto, a su lado Calipso se acerco un poco más, los hombros de la inmortal temblaban ligeramente.

-Leo Valdez - dijo Hades, observándolo fijamente - No solo osaste quitarte la vida sino que, como si fuese poco irrumpir en mi reino de esa forma, encontraste la cura prohibida, Engañaste a Apolo y a Asclepio para conseguir una manera de engañarme a mí y volver al mundo de la vida.

- Tu hija, la romana, hizo lo mismo… Tu hijo, el chico griego la ayudo a salir, en tus propias narices, en tu reino. - Hefesto no despegaba los ojos de Hades, Leo esperaba que lo mirara a él, pero su padre no perdía de vista a su igual- ¿Por que ellos tienen un trato especial? Se supone que ninguno de nuestros hijos ha de ser beneficiado por nosotros, al menos que lo merezcan.

- Hazel renuncio a los elíseos, ella nunca murió realmente y Nico hizo lo que debía, nadie vivo merece estar en los campos de Asfodelo. - al igual que Poseidón, la voz de Hades parecía tranquila, enmascarando la furia que podía sentir-

- ¿Y mi hijo no? ¿No murió Leo para salvarnos a todos? ¿Para hacer lo que ninguno de nosotros podía? - Leo no sabía que su padre podía expresar tanta furia, pero suponía que ser el dios del fuego tenía algo que ver, el cabello en la cabeza de Hefestos parecía echar humo, algo le decía a Leo que en sus venas no corría icor, no, corría lava ardiente, fuego, furia- Ninguno de tus hijos debería existir al final, todos ellos terminan trayendo desgracias al mundo.

- Nadie ha dicho que tu hijo no sea merecedor de los Elíseos… pero él ha muerto y su alma me pertenece. – en los ojos de Hades, algo parecido a la ira iba creciendo, Leo jamás había visto a su padre reaccionar de aquella forma, no era como si lo hubiese visto mucho de todas formas, pero aun así, parecía dispuesto a golpear o incinerar a Hades en cualquier momento.

- Yo…

Todos los ojos, cada par de ellos, se fijaron en su figura, Leo no sabía que pretendía decir al pronunciar esa palabra ¿quien sabia que decir cuando los Dioses discutían su destino? ¿Cuando el Dios de la muerte exige su alma?

- Y no solo ha vuelto al mundo de los vivos, sino que ha transgredido tu mandato, hermano, y ha rescatado a la hija de Atlas de su castigo -

- Hace meses que Calipso debió haber sido liberada, cuando los Héroes salvaron el Olimpo se acordó que sería libre - Hermes jugaba con su caduceo sin mirar a nadie en especifico - Fue la petición del hijo de Poseidón.

- Calipso, de pie ahí, frente a mí, casi pasas de der percibida… la hermosa hija de atlas, destinada a permanecer eones encerrada en una isla y ahora, a pesar de todo, de pie en el Olimpo- Leo deseo poder hacer algo, poder hacer que Calipso desapareciera del lugar, esconderla, algo… lo que sea que evitara que Zeus se fijara en ella –

- Señor Zeus… yo… yo se que he quebrantado su orden al abandonar la isla pero…

- Sabes bien que tu castigo es más que merecido, apoyaste a tu padre en un intento para acabar con todos – Por una vez, Zeus se vio más humano, la palma de su mano cubrió su rostro y estrujo sus ojos, con gestos cansados… Leo no sabía si un Dios podía o no estar cansado, ni siquiera sabía si dormían como una persona normal pero Zeus, de pronto, parecía agotado –

- Lo sé… - murmuro abatida Calipso, Leo casi podía ver como se formaban las lagrimas en sus ojos.

- Hija de Atlas… tú has visto mas lunas que algunos de nosotros, se que aunque te ves como una chica, tu mente es sagaz y sabia, no lo dudo… es por ello que se que entiendes que los dioses no somos clementes, no podemos serlo, es por eso que somos Dioses, que cargamos el peso y las responsabilidades del mundo, para mantenerlo en equilibrio.

Calipso no respondió… asintió suavemente a las palabras de Zeus, a su lado, Leo tomo su mano, algo parecía indicar que así debía hacerlo, la hija de atlas le dio un apretón, leo temió que se tratara de una despedida silenciosa. Estaba a punto de interrumpir cuando se fijo en su padre, este lo miraba fijamente, por un momento la atención estaba puesta en la chica, su padre negó con la cabeza como si supiera lo que estaba por hacer, leo no tuvo otra opción que obedecerlo.

- Como un Dios, debo impartir justicia pero también debo reconocer derrotas… hace algunos meses los semidioses nos salvaron a todos del regreso de Cronos, de no ser por ellos, el mundo que conocemos ahora no existiría… Uno de ellos, Percy Jackson, pidió tu liberación.

La sangre de Leo hirvió por un momento, sabía todo el asunto de Percy renunciando a la inmortalidad y pidiendo que Calipso fuese libre, aun sentía celos sobre él con Calipso, pero ahora, de pie ahí, no pudo hacer otra cosa que agradecer el gesto… quizás eso ayudaría a Calipso a ser libre, más que él.

- Los asuntos que vinieron después de eso nublo mi mente, mis obligaciones y olvide mi promesa hacia aquel muchacho – Zeus se enderezo en su trono y su voz parecía más clara ahora – Es tiempo que asuma mis responsabilidades y cumpla mi palabra, como lo hice hace cientos de años, te libero de tu castigo Calipso, eres libre y bienvenida en el Olimpo si así lo deseas.

Calipso parecía entre estupefacta y emocionada, el apretón de su mano se soltó y por primera vez en la vida, vio como aquella chica cascarrabias, con poco sentido del humor pero con un corazón enorme, se arrodillo ante el Dios, sus rodillas tocaron el suelo y su cabeza dio un pequeño asentimiento en agradecimiento a sus palabras.

Lo mejor había pasado… ahora venia lo peor, leo lo sabía, podía sentirlo e intuirlo y por la manera en que su padre lo miraba, creía que el también lo sabía.

- Ahora debemos hacer algo contigo, Leo Valdez.