Mi Mejor Amiga

Epilogo

"Una nueva vida"


Siete años después…

Una voz interrumpió los sueños de Fye Flowrigth.

—Lydia— murmuró contra la almohada, muy adormilado. Miró la hora en su despertador y se tiró de nuevo contra la almohada —Son las cuatro de la mañana— musitó en protesta.

—Es que no puedo dormir…— se subió a la cama tipo queensize, ocupando el lado que estaba vacío y acercándose al ojiazul.

Fye suspiró y miró sus ojos, esos ojos verdes iguales a los de ella. Sonrió de lado, siendo convencido.

—Ven— levantó las sábanas, dejando que ella se cubriera con éstas y lo abrazara —Descansa cariño— besó su frente y acomodó su cabello castaño.

Ya no pudo dormir por velar el sueño de ella, procurando que nada interrumpiera su descanso.

Como siempre hacía: miró su mesita de noche, donde una foto enmarcada descansaba ahí desde siempre, nunca era movida a pesar de las protestas de su mujer y es que nadie ni nada lo haría quitar la foto de Sakura. Jamás se desharía de esa foto…

Siete años habían pasado y aún recordaba el día de su boda, ese día que pudo haber sido el mejor de su vida… pero en vez de eso lo destruyó por completo.

No pudo evitar soltar un pesado suspiro al recordar a Sakura.

—Cuanto te extraño…— susurró al aire. Cerrando los ojos y tratando de recordar su aroma.

Estuvo pensando en ella hasta que amaneció y la persona que estaba descansando a su lado despertó, sonriéndole como siempre hacia.

Él la abrazó con mucha fuerza y cariño para después besar su frente.

—¿Ya no batallaste para dormir? — acarició su cabello. Ella negó con una dulce expresión.

—¿Quieres desayunar? — sonrió divertido al ver cómo asentía enérgicamente —Bien, tomaré un baño y prepararé el desayuno, mientras ve alistándote ¿Puedes?

—Sí— asintió no muy convencida.

El rubio rio divertido y la mandó a bañarse.

—Si necesitas algo sólo dime. Iré de inmediato.

—¡Sí! — dijo contenta desde el baño.

El rubio fue a otro baño y se duchó rápidamente, después bajó a la primera planta, a la cocina para hacer el desayuno.

Ya no vivía con Yuui, en el centro de Tokio como lo hacía antes, con Touya de vecino.

Hace cinco años decidió cambiarse de casa a un sector mucho más tranquilo que el centro.[N1]

A pesar de la distancia (que no era mucha realmente) Ashura iba a visitarlo con frecuencia al igual que Touya y por su puesto Usui y Misaki.

Todos lo ayudaron a superar muchas cosas, en especial aquel momento en el día de su boda.

Haces falta…— pensó el rubio, terminando de preparar los hot cakes que tanto disfrutaba Sakura, a Lydia también le gustaban mucho, así que los preparaba con frecuencia para ella.

—¡Que rico! — exclamó Lydia al sentarse a la mesa y comenzar a devorar su desayuno.

Fye rio.

—Tranquila, come despacio cariño.

Ella asintió, pero luego entristeció un poco al ver la foto sobre una barrita-mesa que separaba la cocina del resto de la casa.

Fye se percató de la mirada triste de Lydia, pero no quitaría las fotos que tenía de Sakura, si no podía verla físicamente, al menos quería recordarla viéndola en fotos.

El momento fue interrumpido por el sonido de una bocina de un auto.

—Llegó tu transporte— le informó Fye, poniéndose de pie para darle sus cosas a ella —Anda o llegarás tarde.

Ella se levantó de la mesa aún con esa tristeza en sus ojos y tomó lo que el rubio le daba.

Salieron y atravesaron el jardín delantero para después abrir la puertita de una cerca blanca de madera que rodeaba el frente de la casa.

—Nos vemos en la tarde— se despidió de ella dándole un beso en la frente, pero al separarse siguió viendo esa tristeza en sus ojos —Oh vamos… ya no estés así, recuerda que te guardo una sorpresa para mañana en la tarde, no lo olvides.

Al decirle esto causo una sonrisa muy linda en Lydia.

—Está bien— lo abrazó con mucha fuerza —Te quiero mucho— besó la mejilla del rubio y se subió al auto.

Fye se quedó en la acera bajo un frondoso y gran árbol de cerezo, viendo cómo se alejaba el auto.

Soltó un gran suspiro y se giró para entrar de nuevo a su casa, la cual de hecho era muy hermosa: grande, de dos pisos con ático y sótano, fachada blanca con ventanas azules y un enorme porche que rodea a toda la casa, con vista al jardín que también rodea a toda la casa, lleno de hermosas plantas, flores y arboles.

Sonrió al recordar que Sakura siempre había soñado con una casa así… ya tenía la casa, pero le faltaba ella.

Entró a la casa y dedicó un rato a limpiar la cocina y dejar todo en su lugar.

Pasó por un espejo y se asustó un poco, pues no se reconoció.

—Creo que debo afeitarme— hizo una mueca de disgusto, no le gustaba usar barba, pero con sólo un par de días le salía por completo y para ser sincero tenía ya tiempo de no hacerlo, total, trabajaba en casa por tiempo indefinido ya que el negocio de composición resultó dar muy buenas ganancias, más que trabajar en la escuela más prestigiosa de todo el país.

Se dedicó el tiempo de arreglarse un poco, pues quería estar presentable para la sorpresa que le daría a Lydia el día de mañana.

Cuando al fin estuvo dignamente arreglado como para sólo estar en casa, se escuchó que tocaban la puerta. Sonrió al imaginarse de quien se trataba.

—¿Cómo estas hermano? — saludó a su gemelo. Venía vestido con su uniforme clínico color azul marino, al parecer llegó con él antes de ir al trabajo.

—Pasa— le sonrió —¿Cómo te ha ido?

Ambos se sentaron en la sala a conversar.

—Bien, ya sabes, lo de siempre. Emergencias, cirugías, enfermedades— suspiró —A veces siento que necesito unas vacaciones, ahora entiendo porque Ashura muchas veces está cansado y también el porqué no ha conseguido novia.

Ambos rieron, pues Yuui también seguía soltero hasta la fecha.

—¿Cuándo me vas a dar sobrinos hermano? No dejes que se pase más el tiempo, ya no somos tan jóvenes— se burló.

—31 años se me hace aún una buena edad para tener hijos— aclaró Yuui, pero luego detectó el error en el plan. Fye rio al ver su expresión —Lo sé, aun ni siquiera conozco a alguien— suspiró —creo que debo salir mas— torció la boca en una sonrisa chistosa.[N2]

—Sólo no te presiones.

—Qué puedes decir tú— lo miró con los ojos entrecerrados. Fye se encogió de hombros con una sonrisa.

—Aún sigo sorprendido de Touya— cambió el tema.

—Yo igual, nunca imaginé que terminaría casándose con Kaho, aunque hacen una linda pareja y se ve que se aman mucho.

Fye asintió con una sonrisa leve.

—¿No has hablado con Ashura? — preguntó Fye. Su gemelo negó.

—Sabes que cuando sale al extranjero por asuntos de trabajo es muy difícil contactarse con él— se encogió de hombros.

El otro asintió. Su mirada se perdió un instante en un punto indefinido de la habitación.

—¿Qué sucede?— preguntó Yuui al ver a su gemelo distraído.

El aludido negó con la cabeza.

—La extrañas ¿No es así? — afirmó casi seguro.

No contestó, sólo bajó la mirada.

—Pero no puedes quejarte hermano, tienes a Lydia contigo.

—Lo sé, pero aun así necesito a Sakura…

Ambos se quedaron en silencio un momento. Silencio que fue interrumpido por el sonido de un celular. Yuui lo vio y se aceleró un poco.

—Me hubiera gustado quedarme más tiempo pero…— fue interrumpido.

—No te preocupes, ve— sonrió, orgulloso del buen médico que es su hermano.

—Gracias Fye— se puso de pie —Por cierto, le traje algo Lydia, espero que sea de su agrado— sonrió mientras señalaba la bolsa de cartón que dejó sobre la mesita de la cocina.

—Si es lo que me imagino… se volverá loca— rio —Muchas gracias— se despidió de él con un abrazo.

—No hay de qué. Nos vemos— se despidió y salió de la casa.

Ambos volvieron a parecerse mucho, pues Yuui se repuso de haber estado tantos años en coma y Fye seguía viéndose igual de joven. La gente fácilmente los confundía, pues ambos habían adoptado casi el mismo estilo, sólo que Yuui traía su pitufo*(Así se le llama comúnmente al uniforme que utilizan cirujanos y algunos médicos) la mayoría del tiempo y el otro jamás se pondría algo así.

El rubio, al verse solo, decidió sentarse en el porche, viendo cómo avanzaba la mañana.

No tenía ganas de trabajar, pues su inspiración estaba por los suelos.

Mejor se puso a pensar y meditar algunas cosas, entre ellas estaba Yuui, su querido hermano que estuvo seis años en coma y despertó para convertirse en uno de los mejores neurocirujanos junto con Touya.

No podía evitar sentirse orgulloso de su hermano, pues cumplió el sueño de su padre al convertirse en un medico al igual que él.

Él mismo había intentado serlo, pero definitivamente lo que le atrajo por completo fue la música, algo a lo que su madre siempre se le dio muy bien.

A veces deseaba con muchas fuerzas que sus padres estuvieran vivos… pero no puede quejarse, tiene amigos que lo quieren como hermano y un hermano que daría lo que fuese por él. También a un padre postizo que está ahí para aconsejarlo cuando más lo necesita.

La tarde llegó y con ella, Lydia a la casa.

—¿Cómo te fue? — la recibió con un abrazo y un beso.

—Bien— sonrió, pero aun notaba cierta tristeza en su mirar.

—¿Por qué sigues triste? — la tomó de la mano y la llevó a sentar a la sala.

Ella negó con la cabeza, mirando el suelo.

—Vamos, no estés triste. Recuerda lo que te dije en la mañana— dijo en tono cantarín, comenzando a hacerle ligeras cosquillas en sus costados, a lo que ella reaccionó muy fuerte, pues es en extremo cosquilluda.

—¡Ya! — reía a carcajadas retorciéndose en el sofá mientras el rubio no cesaba las cosquillas.

—No estés triste, por favor— acarició su mejilla y ella asintió con una sonrisita.

Pasaron la tarde juntos, vieron una película y él le dio otra de tantas lecciones en el piano, pues Lydia parecía tener talento para eso.

—Ya me voy a dormir.

—¿Tan temprano? — se extrañó el rubio.

—Tengo sueño— se talló un ojo con cansancio.

—Está bien— sonrió con ternura y fue hacia ella —Descansa cariño— la abrazó.

—¿No vas a dormir? — preguntó ella. El rubio negó.

—Me quedaré un rato más practicando— le sonrió —pero tu ve a descansar— acarició su mejilla.

Ella asintió y se fue no sin antes darle un fuerte abrazo.

Fye se quedó muy pensativo cuando Lydia abandonó la habitación.

Estaba seguro de que no se encontraba bien anímicamente, ella jamás se dormía temprano.

Dejó de darle vueltas al asunto y siguió tocando el piano hasta que el reloj indicó que ya eran pasadas de las diez de la noche.

Decidió quedarse un rato más para terminar de componer una canción, pero se dio cuenta de que le faltaban unos apuntes importantes y una que otra partitura que había compuesto hace mucho y que tal vez le sería útil para esta nueva canción.

Fue en busca de ellas, para ello tuvo que ir al ático. Tardó un rato en encontrarlas, pero cuando lo hizo creyó haber escuchado el sonido de la puerta principal abriéndose.

De inmediato bajó en busca de quien provocó ese sonido, pero no encontró nada raro ni fuera de su lugar.

Debe ser el sueño— pensó mientras se tallaba un ojo perezosamente.

Miró las partituras y apuntes que tenía en mano y les hizo cara de flojera.

—Mañana lo termino— bostezó con fuerza y se dirigió a la cocina en busca de un vaso con agua.

Subió a su habitación y sin prender la luz fue hasta uno de sus cajones para cambiarse de ropa a una más cómoda, pero cuando abrió el primer cajón se llevó un gran susto al sentir una mano sobre su hombro y algo suave y abultado impactando levemente contra su espalda baja.

Se giró dando un brinco por el sobresalto.

—¡Lo siento!, no quería asustarte. Ya no tuve tiempo de avisarte que llegaría antes y además se hizo algo tarde— rio nerviosa —Entré pero vi todo apagado e imaginé que ya estarías dormido y…

—¡Mi amor! — no la dejó terminar, pues se lanzó sobre ella, abrazándola y besándola con mucho amor —¡No sabes cuánto te extrañé! — la estrujó entre sus brazos. Ella rio.

—Pero si sólo me fui una semana— correspondió el asfixiante abrazo.

—Una semana en la que moría en vida sin poder tenerte— aspiró su dulce aroma a flor de cerezo. Cuánto lo había extrañado.

Ella rio de nuevo.

—Yo también te extrañé mucho— se acercó aun más a él hasta llegar a sus labios.

El rubio recibió el beso con gusto. La tomó de la cintura y la atrajo levemente hacia él. Quería acercarla más, pero algo entre ambos se los impedía.

El rubio miró aquel "impedimento" y sonrió lleno de ternura.

—Soy yo o creció más en esta semana— acarició el lindo vientre de su esposa.

—Creció más— soltó un suspiro de cansancio —Me dijeron que es normal, pues ya sólo falta un mes para que llegue— puso su mano sobre la de su esposo.

—Estoy ansioso por que nazca— su sonrisa se amplió al pensar en eso.

Ella sonrió también pero soltó un quejido, logrando que los nervios de su esposo se alteraran un poco.

—¿Qué sucede? ¿Estás bien?

—Sí— sonrió enternecida —Es sólo que se está moviendo, mira— tomó su mano y la puso para que sintiera a su hijo moverse en su vientre.

Quedó maravillado, pero luego cayó en cuenta de algo.

—Sakura, has de estar cansada después del viaje.

Ella asintió soltando un suspiro.

—No imaginas cuánto.

Sin dejarla decir más, la tomó en brazos al estilo nupcial.

—Fye…— le dijo como reproche. Ella insistía en que parecía una ballena gorda y pesada, así que no le gustaba que la cargaran.

No obstante, e ignorando su reproche, Fye no tardó en dar unos pasos y llevarla hasta la cama.

Ella, que se limitó a rodar los ojos como única protesta ante los cuidados de su esposo, rodeó su cuello con los brazos y besó su nuca, aferrándose más a él cuando sintió cómo su cuerpo impactaba suavemente sobre el mullido colchón.

Se mantuvo encorvado un momento, pues Sakura no lo soltó.

—¿Qué sucede mi amor? — preguntó a su oído.

—Nada malo, es sólo que te extrañé como nunca— lo soltó del cuello, dejando que la recostara sobre la cama.

Soltó un suspiro de satisfacción al verse cómodamente cubierta por las delgadas y frescas mantas.

Fye no tardó en cambiarse y meterse a la cama a un lado de ella, abrazándola como si su vida dependiese de ello.

Ninguno de los dos podía dormir a pesar del sueño y cansancio acumulado.

Así que se pusieron a charlar para estar al tanto de lo ocurrido en el transcurso de la semana en que estuvieron separados.

—¿Qué te dijeron en Estados Unidos, Sakura? — dejó que se recargara en su hombro, así aprovechó la posición para acariciar su pancita.

—Fueron muy amables y al parecer le tienen mucho respeto a Ashura, pues lo trataban como si fuese su jefe— rio bajito —Pero sobre el cáncer…— lo miró y sonrió —Sigo limpia. Llevo siete años sin rastro de células cancerígenas en mi cuerpo— se abrazó a él.

—Me alegra tanto oír eso— la estrechó más, sintiendo su pancita entre ambos.

—Y todo está en orden con el bebé. Los análisis indican que nacerá sano y fuerte.

—Así me gusta. Ése es mi hijo— le habló a la barriguita, acariciándola.

Sakura se enternecía mucho cuando él hacia eso.

—¿Y cómo se portó Lydia? — se volvió a recargar en su marido.

Éste suspiró.

—Te extrañó igual o más que yo. La pobre anduvo triste toda la semana y cada que veía alguna foto tuya se ponía más triste.

—Por eso te dije que las quitaras— le recordó.

—Aunque lo hubiera hecho, ella seguiría extrañándote. Eres su mamá después de todo— se encogió de hombros.

—Mañana temprano la sorprenderé con un desayuno o tal vez le prepare un pastel— comenzó a ingeniar cosas.

—Hablando de pasteles… Yuui no deja de ser un tío consentidor— rio —Con tal de animarla vino hasta acá para traerle su pastel favorito pero en proporciones… digamos que algo exageradas— rio.

—No me digas que es el que ocupa la mitad del refrigerador.

El rubio asintió.

—No cabe duda, Yuui la terminará malacostumbrando…

—No te preocupes, lo importante fue que se animó un poco aunque… no me lo vas a creer, pero Lydia estuvo durmiéndose temprano toda la semana.

Ante esas palabras Sakura se sintió la peor madre.

—Pobre de mi hija, debió haber estado realmente triste para que hiciera eso…— habló en un tono dramático que causaría gracia a cualquiera que no fuera su esposo.

Y es que Lydia hacia sufrir a sus padres todas las noches antes de irse a dormir, pues correteaba por toda la casa y se escondía para jugar y no ir a la cama.

—Ha estado muy cabizbaja, pero se pondrá muy feliz cuando te vea— suspiró —incluso tuvo algunas pesadillas— torció la boca en una mueca de disgusto.

—¿Y qué hiciste?

—Pues... Como yo tampoco podía dormir, la deje acostarse conmigo. Cayó profundamente dormida— soltó una risita —y sin duda heredó de ti el levantarse tarde.

—Fye— reprochó ofendida, pero no pudo evitar reír también, pues su esposo tenía toda la razón.

—Me siento muy feliz al tenerte de vuelta— la apretó contra su pecho.

—Yo también me siento muy feliz, sinceramente ya no aguantaba estar sin ti— se dejó apapachar.

—Te fuiste mucho tiempo...

—solo me fui seis días.

—Entre los cuales fue el aniversario de nuestra boda.

La castaña se asombro. Fye de verdad nunca olvidaba ese día.

—Fue difícil estar sin ti ese día, pues hace siete años estuviste a punto de dejarme...— buscó sus labios con necesidad.

—Ya no me iré y si lo hago procuraré que sea cuando Lydia este de vacaciones— prometió después del beso, sin soltar la tibia mejilla de su marido.

—Me parece excelente— pensó que así podrían ir todos en familia —¿Y cómo llegaste?

—¿Cómo crees?

—Ashura.

—Sí. Se ha convertido como en un padre para mí— dijo de repente.

Fye sentía lo mismo desde que sus padres murieron en aquel accidente.

—Él te quiere mucho— aseguró.

Sakura sonrió suavemente.

De pronto la puerta del cuarto se abrió, dejando ver a una niña de siete años en su piyama de ositos. Estaba muy despeinada y tenía cara somnolienta.

Camino en las penumbras del cuarto hasta llegar al lado de Fye.

Ambos la miraban expectantes y sonriendo.

—Papi...— le picó las costillas al rubio, creyendo que lo despertaría.

—¿Que pasa cariño? ¿Otra pesadilla?— acomodo su cabello con ternura.

—Si— su rostro se veía triste —¿Puedo dormir contigo?— puso cara de borreguito, sabiendo que su padre nunca le decía que no a esa carita. Y es que Lydia era una copia exacta de Sakura.

—Ven acá mi pequeña— palmeó el otro lado "libre" de la cama.

Lydia sonrió ampliamente y de inmediato se subió a la cama, gateando hacia su papi, pero no se esperaba lo que vio.

—¡Mami!— gritó efusivamente —¡mami volviste!— rápido y sin cuidado se movió hacia ella, abrazándola por el cuello con mucha fuerza y dándole muchos besitos.

—Cariño, ten cuidado con la pancita de mamá— le recordó Fye en un tono completamente paternal, el cual hace unos diez años se hubiera escuchado extremadamente raro en él.

—Lo siento mami— se disculpó al ver que la ponía un poco incomoda presionando sin cuidado su vientre.

—No pasa nada Lydia. ¿Cómo se portó mi princesa?— preguntó con cariño.

La hija de los Flowrigth sonrió juguetona y miró a su padre esperando respuesta de él.

El aludido sonrió divertido, recordando un par de travesuras que hicieron ambos.

—Muy bien ¿Verdad que si Lydia?— dijo muy sonriente. Aplicando un tono especial en la pregunta y esperando que su hija no fuera a acusarlo.

—Si mami, nos portamos muy bien, no hicimos nada raro— aseguró la pequeña con mucha seriedad.

Fye casi se golpea el rostro con la palma de la mano, suspiró resignado. Con lo que acababa de decir su hija, Sakura lo miró con sospecha.

—Ya hablaremos tú y yo mi amor— dijo en voz baja a su esposo y utilizando un tono ¿Amenazador?

El aludido asintió algo nervioso ya que su esposa aún no sabía que él y Lydia habían armado una alberca en el patio trasero y que habían ahogado a un par de rosales y otras plantas cuando ésta se rompió por culpa de cierto rubio.

Patio trasero de los Flowrigth, unos días atrás.

—Vamos cariño, salta— la animó el inglés.

—Pero… está hondo— pasó saliva, nerviosa.

Ella y su padre habían armado una piscina que habían tenido guardada en el ático mucho tiempo. Constaba de un circulo de cinco metros de diámetro y 1.5 metros de profundidad.

La pequeña Lydia a penas sobrepasaba el metro, así que usaba flotadores para entrar a la piscina, pero aún así tenía miedo.

—Aquí estoy yo, no te pasará nada— aseguró su padre.

Ella se quedó parada en una escalera que habían puesto al lado de la piscina, se debatía en saltar o no. Miró una vez más a su padre: la esperaba con los brazos abiertos a menos de un metro de distancia.

Apretó sus pequeños puños y cerró los ojos.

Tengo miedo— pensó. Abrió los ojos y miró los ojos de su progenitor, siempre expresivos y apacibles, tal como el agua frente a ella. No debía temerle a ese líquido vital, además, su padre la esperaba con una sonrisa, de esas que siempre le transmiten mucha paz —¡Lo haré! — habló para sí, decidida y con esa mirada que solía poner su padre cuando estaba seguro de algo.

A pesar de poseer el físico de Sakura, ella esboza muchos gestos y señas características en el rubio. Una de esas características es esa mirada.

Sin pensarlo más, se soltó de la escalera, saltando hacia los brazos de él.

Al hacer contacto con el agua de inmediato sintió la falta de oxigeno y mucha presión debido al líquido. Se vio hundida en el fondo del agua, pero justo cuando comenzó a tener miedo, unos brazos conocidos la tomaron con seguridad y la llevaron hasta la superficie.

Inmediatamente tomó una bocanada de aire mientras se aferraba al cuello empapado de su padre.

—¡Muy bien cariño! — escuchó que la felicitaban, pero aún ella seguía tallándose los ojos debido al agua.

Cuando por fin abrió sus lindos y grandes ojos verdes, observó a su padre y notó lo feliz que estaba. Inevitablemente esa felicidad se contagió a su corazón y sonrió de igual manera.

—¿Tuviste miedo?

—No.

—¿Segura?

—Sí— sonrió un poco, disfrazando el miedo que tuvo. Sin embargo a pesar de sus esfuerzos, no puedo evitar que su padre se diera cuenta de la verdad.

—¿Te gusta la piscina? — caminó un poco entre el agua, aún con ella colgada de su cuello, se negaba a soltarlo.

—¡Sí! — ahora fue totalmente sincera, pues hacía un bochornoso calor ese verano y el agua estaba realmente fresca.

Fye caminó un poco más, con ella aferrada a él.

Finalmente trató de soltar sus bracitos de su cuello, pero ella se negó pensando que se hundiría al instante.

—No te pasará nada— le sonrió con ternura y luego señaló sus flotadores en los brazos —Sólo no te los quites en ningún momento— le guiñó un ojo.

—Está bien— aceptó y temblorosamente se soltó de él. Al hacerlo por completo notó que no se hundía; esto causó una enorme sonrisa en su rostro —¡Mira papi! ¡Puedo flotar!

El rubio la miró con un inmenso amor y ternura. No pudo contener una risita al ver a su hija, pues los dichosos flotadores eran más grandes que su cabecita.

Ambos nadaron un rato y se divirtieron aventándose agua. El rubio la alzó en brazos hacia el aire, causando una carcajada en la pequeña.

—¡Ahora tú! — dijo de repente.

—¿Yo qué? — se señaló a sí mismo, alzando una ceja en una mueca divertida. Su hija rio.

—Ahora tú salta de la escalera— señaló lo mencionado con su dedito índice.

Fye rio ampliamente.

—¿Es en serio cariño? — alzó ambas cejas en una divertida interrogación.

—¡Sí! — su sonrisita infantil se ensanchó casi de oreja a oreja.

Finalmente cedió ante los encantos de su hija, pues no podía decirle que no a esa carita. Aunque por un momento dudó que el material que detenía el agua dentro no soportara el impacto, pues él medía 1.85 metros.

Pero por su hija lo que fuera, más que nada ahora que siempre estaba muy triste por su madre.

Así que salió de la piscina y pronto ya se encontraba listo para "saltar" pues sólo con un paso ya estaría dentro.

—¡Vamos papi, tu puedes! — lo animó su pequeña, como si él temiera dar el salto.

El tuvo que contener la risa que le daba estar haciendo esto.

Después de unos segundos saltó al agua, sintiendo todo su cuerpo sumergirse a pesar de su altura. Para esto tuvo que hacerse "bolita"

—¡Estupendo! — sonrió al ver que su papá se incorporaba a la superficie de inmediato (Obviamente, pues nada le costaba)

El rubio se quitó el agua de la cara y sonrió a su hija, aunque debía aceptarlo, también fue muy divertido para él hacer eso.

Intempestivamente esa diversión fue cortada al escuchar un crujir muy extraño.

Ambos miraron la procedencia de eso y abrieron enormemente los ojos al comprobar lo que era.

¡La piscina se estaba rompiendo en una de sus paredes!

Fye de inmediato tomó a Lydia entre sus brazos y tal como esperaba, la pared de la piscina cayó por completo al piso, dejando que el agua fluyera libre y rápidamente hacia el jardín.

—¡Yupi! — canturreó con diversión, pues se sentía como un tobogán.

Ambos fueron arrastrados por la corriente hasta que el agua salió por completo de aquel contenedor. No podían parar de reír ante el suceso tan inesperado.

—¡Otra vez! — pidió emocionada, en el regazo de su padre y aún con los flotadores puestos.

El rubio soltó una gran carcajada.

—Creo que no será posible— miró los restos de la "piscina" y volvió a reír.

Lydia lo miró en silencio unos momentos, triste por ya no poder meterse al agua de nuevo; pero luego esa tristeza se cambió por una sonrisa burlona al ver la reacción de su padre cuando…

—¡Los rosales de tu madre! — se puso de pie como resorte y corrió hacia las ahogadas plantas.

Su expresión era de total angustia, como si se tratara de la mascota ahogándose.

A toda prisa trató de quitarles el exceso de agua, pero era imposible, toda esa área estaba cubierta por agua en su totalidad.

Las pobres plantas se encontraban absolutamente flácidas y sin vida.

La preocupada atención del rubio cambió de objetivo al escuchar una fuerte carcajada no muy lejos de él.

Era su querida hija, burlándose sin detenimientos en frente de él.

Sakura se molestará…— suspiró resignado.

Habitación del matrimonio Flowright, tiempo presente.

Soltó un suspiro nuevamente, recordando que no fue la única travesura que hizo junto con su hija.

Sakura tampoco sabía de la pared que ambos pintaron en el cuarto de su primogénita. Hicieron dibujos muy lindos en ella.

En fin. Padre e hija son igual de traviesos.

Los pensamientos del rubio se vieron interrumpidos por una linda vocecita.

—¿Como está mi hermanito?— preguntó tiernamente mientras ponía su manita sobre el vientre de su mami.

—Ansioso por conocerte— acarició la cabeza de su hija.

—¿Y cuándo lo voy a conocer?

—Ten paciencia, ya falta poco— le aseguró su padre.

Lydia hizo un gesto de enfado chistoso mirándolo, para luego dirigirse a su madre.

—Mami, hay algo que quiero preguntarte...

Oh no, aquí vamos de nuevo...— pensó el rubio al reconocer ese tono.

—¿Cómo se hace un bebé?— preguntó con verdadera inocencia.

La aludida miró a su esposo en busca de ayuda, pero éste se encogió de hombros y alzó sus cejas en un gesto de nerviosismo.

—Le pregunté a papá pero me dijo algo raro sobre un estenozoide o algo así...— alzó una ceja como si eso hubiera sido muy ridículo.

—¿Le explicaste eso a Lydia?— se sorprendió mucho y aguantó la risa un momento. No se lo imaginaba explicándole el tema de sexualidad a su pequeña.

—Algo así— se sintió muy incómodo.

Lydia se cruzó de brazos, molesta.

—¿Nadie me lo va a explicar?— hizo puchero —porque yo también quiero tener un bebé y...

—¡No!— exclamaron los dos con algo de espanto.

Se tranquilizaron un poco y suspiraron.

—Cariño— empezó Sakura —ese es un tema que te explicaremos cuando seas mayor, pero por ahora no debes de preocuparte en cómo tener un bebé— rio nerviosa.

—Así es Lydia— apoyó Fye, con el ceño un poco fruncido.

—Cuando seas adulta y encuentres al hombre con el que vas a pasar el resto de tu vida, podrás tener un bebe, pero antes de eso no ¿De acuerdo? — explicó su madre con suavidad.

La pequeña asintió con seriedad.

Algo llegó a la mente del británico y entró en pánico.

—No, Lydia adoptará— se cruzó de brazos tal como hace su hija cuando se enfada.

Rio divertida, el lado celoso de su esposo salió a flote.

—Amor…— lo miró entretenida, pero el rubio hablaba muy en serio.

—No bromeo— sentenció.

Sakura rio más y Fye simplemente suspiró. La simple idea de que su hija creciera e hiciera su vida con un hombre y le diera nietos…. Era horrible y decía horrible porque prefería no pensar en cómo su pequeña niña quedaría embarazada.

Un escalofrío recorrió su cuerpo. Desde ahora sería partidario de la adopción y de que Lydia fuera soltera toda la vida.

No pudo evitar una sonrisa al pensar en todo eso. Su hija apenas tiene siete y falta mucho para que sucedan esas cosas.

—¿Tienes sueño princesa? — acarició su cabecita.

—Si mami… ¿Me puedo dormir con ustedes?

Ambos estaban por negarse, pero sinceramente ellos también querían dormir juntos en familia.

—Anda, quédate— estiró su mejilla.

—¡papá! — se quejó, sobando su mejilla mientras miraba entre divertida y molesta a su padre, quien reía deliberadamente ante todos los gestos cómicos de la niña.

—Ustedes dos son iguales— murmuró la castaña mientras se acomodaba en el colchón. Le era muy difícil debido a su tamaño, o al menos al de su vientre ya que en realidad estaba delgada a pesar del embarazo.

—Durmamos— sugirió el padre de familia, riendo todavía.

El ojiazul ayudó a que su esposa se acomodara bien en la cama y luego arropó a su pequeña con las mantas, justo en medio de ambos.

—Buenas noches mi amor— se estiró desde su lugar para besar a su esposa en los labios, ella lo recibió gustosa.

—Qué asco, no sé cómo pueden hacer eso a cada rato— exclamó Lydia.

Sus padres rieron.

—Ya duérmete— reprochó su padre mientras la despeinaba muy levemente, tratando de hacerla molestar, pero la pequeña sólo se rio.

—Hasta mañana papi— se colgó de su cuello en un fuerte abrazo.

—Descansa princesa— besó su frente mientras la volvía a arropar.

—Hasta mañana mami— le dio un besito y se acurrucó al fin en medio de ambos.

Sakura acarició su cabello hasta que cayó profundamente dormida.

—Deberías descansar— susurró él, sin dejar de ver a los dos amores de su vida.

—Se me fue el sueño— respondió sin quitar la vista de su hija, acariciando aún su cabello largo y castaño.

—¿No te deja dormir?

—¿Cómo supiste? — se sorprendió.

—Te conozco mejor que nadie— la miró con esos ojos azules tan preciosos, iguales a un par de zafiros. Ella se sintió derretir ante esa mirada, como la primera vez que lo vio.

Él se puso de pie con mucho cuidado de no despertar a Lydia y cambió de lugar, acostándose detrás de su esposa para poner una mano en su vientre, abrazándola desde la espalda.

Ella soltó un suspiro de satisfacción cuando él besó tiernamente su cuello.

—Te Amo— susurró a su oído. Ella sonrió feliz.

—Te Amo…— fue lo último que dijo antes de quedar dormida.

A veces el bebé no la dejaba descansar, pues desde hace varias semanas no deja de moverse y la única manera de tranquilizarlo era cuando el rubio pone una mano sobre él. Sólo así la deja descansar.

El ojiazul al fin pudo soñar tranquilo, pues tenía lo que más ama con él: su esposa, su hija, su hijo en camino… todo era perfecto.

En la mañana siguiente, Sakura fue la primera en levantarse a pesar de haberse desvelado. Tomó un baño, se arregló un poco y preparó unos deliciosos omelettes de desayuno.

Fye y Lydia despertaron por el aroma.

—Has enamorado a mi estómago— la sorprendió abrazándola por la espalda.

—¡Amor! Me diste un gran susto.

—Lo siento— besó sus labios rosas como disculpa —¿Cómo amaneciste? No deberías estar esforzándote haciendo de comer— le reprochó.

—Estamos bien— tomó un par de platos y los llevó a la mesa —Además necesito sentirme activa en algo, pues tampoco me dejas ir al restaurant— puso ambas manos sobre sus caderas, mirándolo con el ceño fruncido.

—Sé que es tu restaurante y temes dejar de ir, pero no te preocupes, Syaoran se quedó a cargo y no creo que nadie desobedezca sus ordenes— rio al recordar que aun sigue siendo un ogro.

Sakura y Syaoran se habían asociado justo después de que ella terminó su último año de carrera. Por supuesto no se fue de intercambio, pues en ese tiempo ya esperaba a Lydia, pero pudo cumplir su sueño de tener su propio restaurante de comida internacional.

—Buenos días mi pequeña— saludó Sakura al ver a Lydia entrar a la cocina.

—Buenos días mami— le dio un beso en la mejilla y se sentó a la mesa, ya peinada y uniformada, lista para ir a la primaria.

—¿Quién te peinó, cariño? — preguntó la chef, ya todos estaban desayunando.

—Yo sola— respondió sin alzar la mirada, su omelette de jamón era más importante en ese momento.

Miró a su marido con una gran interrogación en sus ojos.

El rubio sonrió divertido.

—Cuéntale cómo aprendiste cariño— pidió él, dando un bocado a su desayuno.

—Papi intentó peinarme muchas veces pero siempre me dejaba muy fea y los niños en la escuela se burlaban, así que decidí aprender— se encogió de hombros con inocencia.

Lydia era muy lista para su edad.

Sakura no pudo evitar soltar una carcajada.

—Cómo me hubiera gustado ver eso— admitió la castaña.

—Puedes hacerlo— rio — Lydia insistió en tomar unas fotos para mostrártelo. No supe si sentirme ofendido o afortunado— volvió a reír.

—Tienes que mostrármelas.

—Tal vez más tarde— le sonrió de lado, hubo un brillo especial en sus ojos que le erizó la piel a la ojiverde.

—Lydia— Sakura se puso de pie al escuchar el sonido del transporte llegando —ya es hora.

La pequeña puso cara de fastidio. Estaba algo desvelada y no quería ir a la escuela.

—¿No puedo quedarme a jugar con papá? — pidió con carita tierna, pero obviamente su madre no la dejó.

—Tienes que ir a la escuela— intervino él con seriedad —Anda, vamos— tomó su mano y los tres salieron a la calle para subirla al transporte.

—Te amamos, pórtate bien— se despidió Sakura.

—¡Sí! —se veía más animada al encontrarse con sus amiguitas.

—Esta niña es un completo caso a estudiar— suspiró la señora Flowrigth, pues su hija era muy peculiar, compartía muchas características de ella y su esposo.

—Pero es nuestra hija y eso la hace perfecta— pasó un brazo por los hombros de ella. Ambos veían al auto alejarse y hasta que no desapareció a lo lejos no se metieron a la casa.

Sakura estaba por limpiar la cocina cuando su esposo la detuvo al instante.

—No, no, no. usted se me va a sentar al sofá y en un momento voy a darle su masaje— la "obligó" el rubio.

Ella aceptó gustosa sólo al escuchar la palabra masaje.

Se apuró en dejar la cocina impecable para después ir con su esposa.

—Gracias amor— suspiró con satisfacción al recibir un agradable masaje en la espalda baja.

—Estas muy tensa ¿Algo te preocupa?

Se tensó al escucharlo decir eso.

—Fye…

El rubio dejó de masajear y la miró a los ojos, preocupado.

—¿Qué ocurre?

—Tengo miedo del parto… sé que por mi salud es recomendable que el bebé nazca por medio de una cesárea, pero la ultima vez sufrí mucho dolor por varias semanas, no quiero que sea así de nuevo…

—¿Quieres que sea parto natural? — se asustó un poco.

Ella asintió. Expectante a la reacción del inglés.

—Ya me encuentro mucho mejor que antes y sé que podría resistirlo. ¿Qué piensas? — puso una mano sobre el rostro varonil de su esposo.

—Si es lo que deseas, no te diré que no, pero aún así me preocupa que algo pueda salir mal…

—No pasará nada— le sonrió.

Fye se recargó en el sofá y la atrajo hacia él, acariciando su pancita.

—No te cansas de eso— soltó una risilla al sentir las manos de él sobre su vientre.

—Nunca. Podría hacer esto todo el día— admitió muy en serio.

Se tensó un poco cuando levantó levemente su blusa para tener contacto directo.

—Me siento una ballena— dijo de pronto, pues no se sentía cómoda mostrando su gran barriga.

Fye se incorporó de inmediato, mirándola a los ojos.

—Amor, estás bellísima, más radiante que nunca al llevar a nuestro hijo dentro. Te ves preciosa— aseguró mientras rosaba su nariz con la de ella para después unirse en un suave beso.

La maternidad hacia que Sakura se viera aún más hermosa y a él le nacían unas ganas aun más grandes de protegerla contra todo.

Ante esas palabras y hechos, ella se sintió amada y mimada.

Repentinamente el rubio descendió sus besos hasta el cuello níveo de su mujer. Ella se dejó querer, sintiendo un deseo irrefrenable de pronto.

De un momento a otro la ropa salió sobrando y sin importar que se encontraran en la sala se entregaron uno al otro, con amor, con pasión, como la primera vez…

El rubio la acariciaba de pies a cabeza, relajándola con sus mimos y besos.

Ella no podía moverse tan ágilmente debido a su estado, así que él se encargó de todo, sin importarle nada, sólo quería estar con ella, la había extrañado tanto y el miedo a perderla seguía latente desde el día de su boda.

No perdía el tiempo, él amaría a su esposa cuantas veces pueda en el día.

Sakura simplemente se dejó llevar, olvidando su incomodidad por su apariencia. Fye la amaba y se lo demostraba totalmente mientras le hacía el amor.

Ambos se abrazaron, se besaron y se amaron hasta agotar sus energías.

—Te Amo— susurró en su oído. Su respiración estaba agitada al igual que ella.

—Te Amo tanto— lo tomó suavemente de la nuca, atrayéndolo en un beso tranquilo. Se le veía algo agotada.

—¿Quieres dormir un rato? — le preguntó el rubio, acostado debajo de ella.

—Sí, me dejaste exhausta— murmuró contra el musculoso pecho de su esposo.

Él se sonrojó levemente.

—Vayamos a descansar un rato— se incorporó un poco, la cubrió con su ropa y la tomó en brazos hasta dejarla recostada en la amplia cama de los dos.

La castaña se escabulló como un gatito bajo las sabanas hasta acurrucarse entre los brazos de él.

El ojiazul la recibió gustoso, apapachándola en todo momento.

—Soy muy feliz contigo Fye, gracias por haber llegado a mi vida…— susurró más dormida que despierta.

El rubio sonrió, recordando su pasado y cómo se conocieron.

Rio con diversión. ¿Quién se iba a imaginar que terminarían así; que esa chica, compañera de pupitre terminaría siendo su esposa y madre de sus hijos?

Aprovechó a que estaba dormida para descubrir su vientre y acariciarlo con un infinito amor.

De pronto sintió un leve movimiento. Su hijo se estaba moviendo dentro de su esposa.

Sonrió ampliamente.

—Hola bebé. Soy tu papá— le susurró. La pancita se volvió a mover.

Depositó un besito sobre el ombligo levemente saltado.

La mente del rubio comenzó a divagar un poco hasta llegar al día de su boda. Ese día tan hermoso y trágico a la vez.

-FLASH BACK-

Los paramédicos, enfermeros y doctores, seguían en silencio e inmóviles, viendo al rubio sostener aún la mano inmóvil y sin vida de Sakura.

A penas había pasado un minuto de que la chica falleció, pero daba la impresión de que ya habían pasado horas.

No sabían qué hacer, pues no esperaban que llegara sin vida.

—Yo no me voy a quedar con los brazos cruzados— masculló Touya con furia y decisión.

Se subió a la ambulancia y con ayuda de los paramédicos bajo la camilla e ingresó a emergencias.

—¿Qué haces?— preguntó el recién casado, siguiéndolo muy sorprendido y aún aturdido por lo que sucedió.

Ashura y Yuui también los seguían. Incrédulos y expectantes.

—¿Qué haces Touya ?— se desesperó Ashura, viéndolo arrastrar un desfibrilador hacia la camilla.

—Aún se puede hacer algo— insistió mientras se limpiaba un par de lagrimas rebeldes y sin dejar de hacer lo que se propuso.

Todo lo hizo muy rápido, entre menos tiempo se pierda, mejor.

Fye lo apoyó de inmediato, pues estaba muy alterado y no aceptaba la muerte de su esposa.

En cuanto a Yuui y Ashura... Ellos poseen un mayor conocimiento y saben que es casi imposible lograr algo bajo estas circunstancias.

Aún así, a Touya no le importó.

El médico llamó a un par de enfermeros para que le ayudaran.

—¡Touya!— Ashura intentó detenerlo, pues no quería que se dañara el cuerpo de Sakura en vano.

El mayor de los Kinomoto no le hizo caso.

Intentó detenerlo, pero Fye intervino.

—Por favor— casi le suplicó a su "padre"

Ashura, al ver el dolor en su mirada, aceptó.

—Despejen— exclamó Touya sin perder ni un segundo más, utilizando el desfibrilador para reanimar el corazón de su hermana.

El cuerpo de la pobre dio un salto convulsivo sobre la camilla.

Fye dejo de respirar al ver esa escena. Estaba a punto de caer en el abismo de la locura y desesperación.

Trataba de tranquilizarse a sí mismo, pensando que Sakura era fuerte, que ella iba a luchar con todo lo que tenía para volver y salvarse, pero su esperanza estaba cayendo en pedazos al no ver ninguna señal de vida.

—Despejen— volvió a pedir Touya al no ver respuesta en el aparato que monitoreaba sus signos vitales —¡Despejen! — aplicó insistentemente una nueva descarga, pero nada…

—Por favor, Sakura…— susurró el rubio al borde de la histeria.

Hubo un silencio sepulcral en la sala después de ocho minutos de que el corazón de la castaña se detuviese. Tiempo estimado para asegurar que no hay regreso…

Pero ese silencio se vio interrumpido por un pitido muy lento, pero constante.

—¡Tenemos pulso!— anunció una enfermera.

Los cuatro familiares de la castaña sintieron un enorme alivio y debido a la emoción dejaron que las lágrimas fluyeran sin importar nada.

Rápido le administraron oxigeno, pues durante el paro sus pulmones también habían dejado de funcionar.

Fye sintió que su alma volvía a su cuerpo. Miró por un instante su frac, maltratado y con manchas de sangre. Miro a su esposa... Tendida en esa camilla, más pálida que una hoja de papel y a penas recuperando su vida, vestida aun con su hermoso vestido de novia, también maltratado y manchado de sangre.

Por cierto... La hemorragia continuaba...

Pero ya nada importaba. Sakura tenía vida y no dejaría que se escapara de nuevo de sus brazos.

-Fin Flash back-

El rubio recordó cada momento vivido en esa horrible experiencia. Tuvo que estrecharla entre sus brazos para comprobar que nada de eso era cierto y que ahí estaba ella con él.

Veló el sueño de su amada, esperando que tuviera un buen descanso reparador.

Mientras estaba cuidándola, su mente comenzó a divagar un poco hasta llegar a un pensamiento que de inmediato alteró sus sentidos:

Sakura quería que fuera parto natural y esto simplemente le causaba escalofríos a él. ¿Cómo podría poner a su esposa bajo ese riesgo? No quería tener el mismo temor de perderla, no nuevamente…

Días después…

—Por favor, ten mucho cuidado. Cualquier cosa que necesites llámame, tendré mi celular a la mano. Trata de no estar de pie mucho tiempo y…

—Y comeré frutas y verduras, lo prometo— sonrió burlonamente.

—Lo estoy haciendo de nuevo— suspiró —¿Verdad? — miró a su esposa con ambas cejas alzadas.

—Si amor— sonrió enternecida y besó su mejilla —Pero sé que lo haces por mi bien. Y no te preocupes, tendré mucho cuidado— se quitó el cinturón de seguridad y se dispuso a abrir la puerta del auto.

El rubio se bajó como rayo de su Audi 2 que había sido el reemplazo de su antiguo Audi 1, pues necesitaban más espacio para la familia. Le abrió la puerta a su esposa, como siempre.

—Gracias amor— suspiró algo cansada, su barriga ya le incomodaba para hacer cosas tan simples como bajarse del auto. Miró los ojos azules de su esposo y recordó algo —¡Amor! Se te va a hacer tarde para ir a la exposición.

—No te preocupes— sonrió de lado y vio su reloj de muñeca —Aún tengo tiempo— la atrajo en un abrazo, pero quedaron algo separados debido a ese bultito entre ambos. Los dos rieron un poco por eso.

—¿A qué hora regresarás a casa? — peinó un poco el cabello de su esposo, revisando que estuviera por completo presentable, pues sus cuadros y pinturas serían expuestos en una galería muy famosa, así que debía estar presentable para las personas que deseen adquirir sus obras de arte.

—Yo creo que a más tardar a las cuatro de la tarde— trató de recordar, pero no estaba seguro del horario, sólo sabía que esos eventos se llevaban todo un día.

Sakura solía acompañarlo, pero en su estado no aguantaría mucho tiempo de pie y según ella no se vería bien en ningún vestido de gala, así que prefería quedarse en casa o en el restaurant muy a pesar de Fye, pues éste asegura que ella se hermosa con cualquier ropa.

Sin embargo, Sakura aprovecharía esta oportunidad para estar un tiempo en el restaurant y ver cómo van las cosas, pues ha dejado solo a Syaoran mucho tiempo.

—Muy bien. Yo espero estar en casa antes de que Lydia llegue de la escuela— le aseguró a su esposo. Éste iba a pronunciar una palabra, pero ella lo interrumpió —Y no te preocupes, que Syaoran me llevará a casa— dijo con una sonrisa, casi leyendo los pensamientos de él.

—Está bien— aceptó —Nos vemos en la tarde mi amor— besó sus labios con mucho amor sin importar que estuviesen en medio de la acera y en frente del restaurant.

—Impresiónalos— le dijo con una sonrisa pícara a su marido. Fye le guiñó un ojo y se subió al auto. Arrancó unos momentos después.

La futura madre se quedó viendo el auto partir, pensando en su esposo y preocupándose un poco por no ir.

—Espero que no se le acerquen— su rostro se transformó en una mueca de enfado chistoso.

Sucede que a esas reuniones siempre asisten mujeres que "admiran el arte" según dicen a los demás, pero ella sabía y estaba segura de que la mayoría de esas arpías admiran al artista, no al arte, y asistían a esos eventos sólo cuando su esposo exponía algunas de sus obras.

Esto la irritaba en sobremanera pero afortunadamente Fye seguía siendo igual de frío y tajante cuando se trataba de otras mujeres. Sólo eso la tranquilizaba.

Dejó de pensar en ese asunto y mejor entró al restaurant.

Syaoran la recibió de inmediato, cambiando su mal y acostumbrado humor, por una enorme sonrisa al verla ahí.

—¿Cómo estás? — preguntó muy animado. Ella le devolvió la sonrisa.

—Bien, sólo algo cansada.

El castaño le acercó una silla de inmediato.

—Te hubieras quedado en casa. Todo marcha bien— miró hacia el área donde estaban los comensales y se encogió de hombros —Casa llena como siempre.

Sakura sonrió. Y cómo no, si Syaoran podría pasar como el mejor chef del país. Incluso varios negociantes se habían acercado a ambos para proponer hacer una cadena de restaurantes, pero ambos se negaron a ello. No podían quejarse de las buenas ganancias que les dejaba el restaurant, así que aceptar ese trato sería pura ambición.

—Ya veo— sonrió y se detuvo unos minutos a ver a las personas comiendo —¿Y cómo va la cocina? — viró hacia su antiguo maestro y notó su distracción. Se había quedado viéndola unos momentos, sin decir nada, sólo sus ojos clavados en su vientre —¿Syaoran? — provocó un pequeño sobresalto en el mayor.

—¿Sí? — parpadeó un par de veces, volviendo la atención a su socia.

Ella no pudo evitar reír un poquito incómoda.

—Últimamente la gente se me queda viendo así— bajó la cabeza con una sonrisa resignada.

El castaño entendió al instante lo que quiso decir.

—¡Oh no, no! — se apresuró a corregir su error, poniéndose en cuclillas para quedar a su altura —Si te miraba de esa manera es porque…— la miró a los ojos y sonrió sincera y suavemente —…te ves realmente muy linda en ese estado— levantó la barbilla de su antigua alumna con una mano.

La aludida no pudo evitar sonrojarse un poco para después escuchar la risilla tan suave de su socio. Éste se puso de pie, aún mirándola.

Te ves muy hermosa, Sakura— dijo en su mente, conteniendo ese amor que permanecía intacto dentro de su corazón, pues el amor del gruñón Li no había podido ser conquistado por nadie. Su amor y corazón le permanecían exclusivamente a ella, sin importar las circunstancias… él guardaría ése amor por siempre y para siempre.

—Gracias Syaoran— se animó por completo —Ah, es verdad. Te había preguntado cómo van en la cocina— le sonrió radiante a su amigo.

Éste no pudo evitar que su corazón diera un vuelco al ver esa sonrisa.

—Eh… no— tartamudeó un poco, cosa rara en él. Luego pasó saliva y se recuperó pronto —Los chicos que contratamos han aprendido rápido y a pesar de no hacerlo tan bien como tú…— se cruzó de brazos y alzó una ceja —…han ido mejorando.

—Ya veo— le sonrió de nuevo, imaginándose lo estricto que ha de ser con los nuevos asistentes que aspiran a chef.

Precisamente en ese instante se acercó a ellos un joven aprendiz. Se veía muy nervioso al tener que interrumpir la conversación.

—D-disculpe, chef Li. Lo necesitamos en la cocina— arrugó ambas cejas, esperando su respuesta malhumorada, pero ésta nunca llegó.

—Voy para allá— miró a Sakura —Vuelvo en unos minutos— le guiñó un ojo y se fue directo a la cocina.

El joven pareció relajarse mucho cuando Li salió hacia la cocina.

—¿Es muy estricto con ustedes?

—Sí…— respondió automáticamente en un suspiro cansado, pero luego recordó que estaba hablando con una de los dueños del lugar —Oh, disculpe. S-sí es algo estricto pero hemos aprendido mucho. Gracias por aceptar que estudiantes como yo entren a trabajar en restaurantes tan importantes como el de usted— se inclinó en una leve reverencia de respeto.

Sakura sonrió suavemente.

—Me alegra que estén aprendiendo, ése es el objetivo— le sonrió con mucha simpatía —¿Cuál es tu nombre?

—Watanuki Kimihiro— respondió con una sonrisa nerviosa.

—Mucho gusto— inclinó su rostro un poco, sonriendo —Y no te preocupes por el carácter de Syaoran— hizo un además con su mano para que el joven se acercara a ella —No le digas a nadie, pero realmente él no es ningún gruñón— le susurró al oído.

Watanuki la miró extrañado, no creyéndole.

—Es en serio— insistió al ver su incredulidad —Yo fui su alumna hace muchos años— rio un poquito —Y puedo asegurarte que es una buena persona, además de que todo lo que sé es gracias a él. Y si me permites hacerlo, te aconsejo que te esfuerces al máximo y ten más seguridad en ti mismo, eso lo enorgullecerá— le guió un ojo.

El chico de gafas se quedó asombrado, pensando que de ahora en adelante se esforzaría más en aprender todo de él.

—¡Watanuki! — lo llamó por su apellido el joven Li, asomándose desde la cocina y exigiendo su presencia allí.

—¡Sí! — Asintió con prisa, dirigiéndose ahí, pero a medio camino se detuvo y regresó sobre sus pasos —Muchas gracias Sakura-san, seguiré su consejo— inclinó su cabeza en señal d gratitud.

—No tienes nada de qué agradecer, y por cierto…llámame Sakura— sonrió amigable.

—Está bien— le devolvió el gesto —Cuídate mucho, Sakura— sonrió por última vez para adentrarse a la cocina.

Unos minutos después, Syaoran salió de la cocina con una caja en mano.

—Toma— se lo entregó a ella —Es para Lydia, sé lo mucho que le gustan los camarones empanizados.

—¡Muchas gracias! No te hubieras molestado Syaoran— tomó la caja entre sus mano y aspiró el delicioso aroma. Sin duda alguna él mismo los había preparado.

—Sabes que no es ninguna molestia— se sentó a su lado —Se por demás que ella heredó ese gusto por los camarones de ti, así que puse ración doble— rio un poco. Sakura también.

—Gracias— sonrió alegre y se dispuso a dejar la caja sobre una mesita a su lado, pero en ese instante sintió un agudo y pulsátil dolor en su vientre.

—¿Qué sucede? — se alarmó el chef.

—N-nada, sólo un pequeño dolor— respondió dificultosamente, con su entrecejo arrugado debido a la molestia.

—¿Es normal? — preguntó nervioso, pues todo el asunto del embarazo le ponía la piel de gallina.

—Eso espero— inhaló y exhaló un par de veces, tratando de calmar ese dolor que poco a poco fue desapareciendo —No lo había sentido antes…— puso ambas manos sobre su vientre.

Syaoran se espantó un poco.

—¿Quieres que llame a un médico?

—No— lo detuvo —estoy bien— sonrió, asegurándolo.

—De acuerdo, pero si te sientes mal de nuevo sólo dímelo y te llevaré al médico— se le vio muy angustiado.

—Sí. Syaoran…

—¿Sí?

—Gracias por preocuparte tanto por mis hijos— sonrió dulcemente, mirándolo con sus ojos verdes sin saber que esa mirada detenía y aceleraba el corazón del joven chef.

Soy egoísta, lo sé, pero hubiera deseado que esos hijos fueran de nosotros dos— pensaba profundamente el joven Li. Obviamente nunca sacaría a la luz esos pensamientos que podrían acabar con la amistad de ambos.

Ella es feliz con Fye y Syaoran nunca se interpondría. Sólo le quedaba el recuerdo de aquel beso que le robó un día… sólo eso…

Después de charlar un rato, Syaoran decidió llevarla a casa, pues a pesar de sus negativas, se veía cansada.

Y para que no tuviera que preparar nada, la ayudó a hacer la comida.

—¡Gracias Syaoran!— se acercó a él, se puso de puntillas y le dio un inocente y tierno besito en la mejilla.

Este simple acto aceleró el corazón del castaño y puso su rostro de mil colores. Tuvo que girarse a lavar los platos para que ella no lo notara.

—No tienes nada que agradecer— respondió con su voz seria de costumbre.

—Pero si prácticamente tú solo preparaste toda la comida— le recordó —Gracias.

Él se giró para decirle que no fue nada, pero al hacerlo vio cómo ella se sostenía de la mesa de la cocina, con un rostro lleno de dolor.

—¡Sakura! — fue hacia ella y la tomó en brazos de inmediato al ver que sus rodillas no la sostenían del todo.

—Estoy bien— insistió cuando su amigo la recostó suavemente sobre el sillón más amplio.

—No lo estás— le debatió de inmediato, con el ceño fruncido —Puedes ser lo más terca que te propongas, pero yo sé que no es normal ¿Cómo? No tengo idea, pero si estoy seguro de que esos dolores no son comunes— dijo con un tono molesto, tal como hacía cuando se preocupaba mucho.

Sakura lo conoce a la perfección, así que no tomó a mal que se enojara de esa manera.

Suspiró finalmente derrotada. Él tenía razón, pero no quería admitirlo o lo preocuparía aún más.

En ese instante su teléfono móvil sonó. Al contestar supo que se trataba del restaurante.

Se alejó un poco para poder hablar, Sakura entendió pero luego sonrió divertida al escuchar la característica personalidad de ogro que afloró en ese momento.

—¿Te necesitan? — le preguntó cuando volvió a ella.

Él suspiró pesadamente. Eso fue un sí.

—Ve— le dijo al notar que no se movía de su lado.

—No puedo dejarte en este estado, además Lydia está por llegar de la escuela— le recordó —¿Qué harías si repentinamente te vuelves a sentir mal? Lydia se preocuparía mucho.

Tenía razón.

La castaña se quedó pensativa unos momentos.

—No creo sentirme mal, de nuevo. Ya se me pasó por completo— reconoció, pero Syaoran negó.

—Por lo menos déjame llamarle a tu esposo para que venga y…

—No, no quiero interrumpirlo— se negó rotundamente —está en una exposición muy importante, además— sonrió —Ya estoy bien— se puso de pie, demostrándoselo.

Él no pareció muy convencido, pero tuvo que aceptar porque surgió una emergencia en el restaurant.

Finalmente se fue, pero advirtiendo que llamaría varias veces para asegurar que estuviera bien.

En unos momentos más tarde llega Lydia muy feliz de la escuela, su madre la recibió con mucho amor como siempre y ambas comieron juntas.

—Extraño a mi papá— mencionó un tanto melancólica, pues siempre comían los tres juntos.

—Llegará en unas horas— le recordó su madre, con esa sonrisa tan tranquila y alegre.

Lydia se animó. Sólo sus padres lograban eso en ella.

—Te va a sonar raro mami, pero…— dudó en decirlo —…hasta extraño que mi papá me estire las mejillas— se estiró su mejilla, imitando lo que siempre hace su padre —¿Ves? No es lo mismo…

Sakura tuvo que contener la risa, pues no podía creer que su hija dijera eso. Sería como decir que ella extrañaba que Touya le dijese monstruo (lo cual todavía tiene por costumbre hacer)

No cabía duda. Lydia ama a su padre con todo su corazón y esto no hacía más que enorgullecer a la castaña, pues su esposo había resultado ser un excelente padre.

Se puso de pie, acercándose a su hija y poniendo una mano sobre sus largos y lacios cabellos castaños, a diferencia del suyo, que volvió a ser corto; como cuando cursaba la preparatoria, como cuando conoció a Fye…

Su esposo amaba cuando ella se hacía ese corte de cabello.

Miró una vez más a su hija y sonrió al ver lo cuan parecidas que son ambas. La pequeña con cabello castaño pero a diferencia de ella, el cabello de su hija tenía la misma textura que la de su padre: liso. Mientras que ella tenía leves ondas en las puntas. Reconoció que ambas se parecen mucho físicamente, pero definitivamente Lydia posee el carácter de su padre. A veces es fría y reservada con la gente que no conoce, pero cuando la llegas a conocer puedes notar que tiene un cálido corazón y mucho amor por dar.

También reconoció que Lydia posee ese lado cómico que desconocía del rubio, hasta cierto día en tiempos pasados cuando ambos vieron juntos una película, comiendo las famosas palomitas de caramelo…

No pudo evitar sonreí nostálgicamente al recordar los tiempos en que ambos no eran más que amigos. Ese tiempo en el que ambos se fueron enamorando secretamente del otro, sin decir nada ese amor fue creciendo hasta florecer en dos hermosos hijos.

Hablando de hijos… el pequeño bebé seguía muy inquieto, pues ahora no dejaba de moverse dentro de ella.

—¿Qué pasa mami? — se preocupó al verla con un gesto de dolor.

—Nada cariño— sonrió forzosamente —Es sólo que tu hermanito se está moviendo mucho.

—Mejor siéntate— la tomó de la mano y con angustia reflejada en su carita la guió hasta un cómodo sillón.

Esta era otra cualidad que Lydia y Fye compartían, pues ella a pesar de sus cortos siete años de edad, ya se preocupaba y procuraba cuidarla tal como hacía él.

—No te preocupes— le sonrió con ternura —estoy bien— acarició la mejilla de la pequeña, sintiendo su piel de durazno.

—¿Quieres que llame a papá? — se sentó a su lado, abrazándola.

—No cariño, estoy bien— insistió, no quería preocuparla —¿Por qué mejor no traes tu tarea y la hacemos juntas? — la animó.

Ella asintió sonriente y fue en busca de algunos cuadernos que tenía en su cuarto.

La castaña suspiró algo cansada.

—¿Qué es lo que sucede bebé? — susurró hacia su pancita, acariciándola.

El silencio del hogar fue interrumpido con el agudo timbre de la casa, inundando el lugar.

Con algo de dificultad se puso de pie y fue a abrir. Lo que nunca se esperó fue encontrar a esa persona frente a su puerta, sonriéndole como acostumbraba hacerlo hace muchos años.

—Hola…— susurró sin creerlo aún.

—Hola Sakura— le sonrió amablemente, pero no pudo evitar una expresión de asombro al verla con detenimiento —Está embarazada— mencionó en sus pensamientos, sintiendo algo de tristeza.

Se quedaron unos momentos frente a frente, mirándose todavía.

—Qué mal educada soy, por favor pasa— dio un paso hacia atrás y abrió más la puerta para dejarlo entrar —Si gustas tomar asiento— le ofreció amable, pero aun muy sorprendida de verlo. Sinceramente creyó que nunca más lo volvería a ver.

—Muchas gracias Sakura, espero no importunarte— se sentó en el sillón doble, perpendicularmente a Sakura, quien se sentó en el individual.

—No te preocupes, no lo has hecho— lo miró aun incrédula. Él seguía igual a la última vez que lo vio. Su cabello grisáceo no había cambiado y tampoco sus gafas.

—Te has de preguntar qué hago aquí— mencionó después de un rato de silencio. Ella lo miró fijamente, esperando que continuara.

—Sí.

—Bueno— rio un poco triste —La verdad ni yo mismo lo sé— entrelazó sus manos entre sus rodillas.

Lo miró sin entender.

—En realidad vine a buscarte porque te debo una disculpa— la miró a los ojos y notó que era sincero —Supongo que recuerdas nuestro pasado— sonrió amargamente —Admito que no supe valorar lo que tenía en ese momento, fui un tonto y perdí la oportunidad de vivir contigo lo que estás pasando en estos momentos— miró su vientre con una ternura que ella nunca había visto de tal forma en sus ojos.

—Yukito…— susurró algo conmovida.

—Todos estos años he lamentado haber perdido tu amistad y la de Touya. Ustedes fueron unas personas muy importantes en mi vida— su mirada entristeció —Sin embargo no supe valorarlo y terminamos así.

Ambos se quedaron un momento en silencio. Sakura no se había animado a decir nada, pues no sabía qué hacer al estar frente a su primer amor, quien la había enamorado y a la vez le había hecho tanto daño.

—Hablé con Touya— musitó de repente el de gafas —Me advirtió que no me acercara a ti— dijo serio —También me comentó que te casaste con Fye— la miró y sonrió ante esto —Puedo ver que eres muy feliz, lo veo en tus ojos.

La mirada de Sakura tembló.

—De alguna u otra forma siempre supe que entre ustedes había un sentimiento muy fuerte que los unía. Y mira ahora— le sonrió con sinceridad.

—Sí, soy muy feliz— sonrió de igual manera —Pero dime… ¿Por qué viniste realmente? — trató de no ser grosera, pero se preocupó a pensar lo que pasaría si Fye llega y los encuentra.

—Te mentiría si te dijera que vine sólo para disculparme. Además de eso quería comprobar que fueras realmente feliz— le sonrió de lado. Sus ojos brillaron al encontrarse con los de ella y notar ese resplandor en su mirar, esa felicidad que nunca vio cuando ambos estaban juntos.

Suspiró.

—Sólo quería…

—Te perdono— dijo de repente, interrumpiéndolo. El aludido se sorprendió un momento pero luego sonrió y cerró los ojos.

—Gracias…— sintió un peso menos en su alma al verse perdonado.

—Cuéntame cómo te ha ido, Yukito— pidió ella amablemente. El aludido se sorprendió un poco.

Sakura siempre ha sido una chica con buen corazón— pensó —Me ha ido bien, fui promovido en el hospital donde ahora trabajo y sinceramente no me quejo— se encogió de hombros.

—Me alegra oír eso— se recargó en el respaldo del sofá. Conteniendo una mueca de dolor.

Yukito iba a preguntarle si se encontraba bien, pero unos pasos en la planta alta lo distrajeron.

—¿Fye está en casa? — preguntó un tanto incómodo.

—No— sonrió —Es Lydia, mi hija.

Él se llevó una gran sorpresa y más aún al ver que una niña idéntica a Sakura entraba a la sala de estar con un montón de cuadernos en el brazo y muchos lápices de colores en la mano.

Sonrió al ver la confusión en su carita.

—Lydia, él es Yukito. Un amigo de la familia— lo presentó.

La aludida lo saludó con un poco de desconfianza.

—Hola— saludó él con una amigable sonrisa —Mucho gusto Lydia.

—El gusto es mío— respondió por mera educación —Iré a hacer tarea en la mesa del comedor— le dijo a su madre, ésta asintió.

—Es una linda niña, se parece mucho a ti— mencionó después de que la pequeña salió.

—En realidad es idéntica a su padre— rio bajito.

Tiene razón. Ambos parecen compartir cierto sentimiento despectivo hacia mí— pensó.

Sus pensamientos fueron interrumpidos por un leve quejido. Miró a su ex novia y se asustó un poco al ver que tenía una mueca de verdadero dolor.

—¿Qué sucede? — se puso de pie, guardando la calma, pero actuando rápidamente. Tal como debía hacer un médico.

—Creo que…—soltó un quejido —…son contracciones— aceptó al fin, pues el dolor era cada vez más intenso y con un intervalo de tiempo progresivamente menor.

—¿Cada cuanto tiempo las has tenido?

—Era casi cada dos horas, pero…— soltó otro quejido —Ahora son cada diez minutos…

El visitante se asustó un poco.

—¡Te llevaré al hospital! — la ayudó a ponerse de pie pero en ese momento un liquido corrió por las piernas de la joven madre —Se te rompió la fuente— comentó un poco alarmado.

La pobre soltó un fuerte quejido debido a que otra contracción la atacaba con fuerza. No lo soportó y se sentó en el sillón.

—¡Mami! — corrió hacia ella, asustada.

—Tranquila cariño, estoy… ¡Ah! — en lugar de tranquilizarla sólo logró asustarla más.

—Lydia, tu mami está por tener a tu hermanito, así que no te asustes todo estará bien— puso su mano sobre la cabecita de la niña, ésta asintió, tuvo un poco más de confianza en él.

Luego Yukito se giró hacia Sakura y la tomó en brazos. A pesar de estar embarazada seguía siendo muy ligera.

—¿Qué haces Yukito? — preguntó entre contracciones.

—Te llevaré al hospital— salió con ella en brazos hacia su auto —ven Lydia— le pidió a la pequeña, ella asintió y lo siguió.


—Chef Li ¿Se encuentra bien? — preguntó un poco preocupado por su jefe y maestro.

—No, maldición— cerró su celular y lo puso sin cuidado alguno sobre la mesa —Mi teléfono se quedó sin batería y necesito hacer algunas llamadas.

—Tome el mío— se lo ofreció con amabilidad.

Syaoran dudó, pero realmente necesitaba hablar con Sakura, tenía un mal presentimiento, además de que había quedado en estarle hablando.

—Gracias Watanuki— tomo el teléfono y marcó el número. La llamada duró poco, pues nadie contestó. Volvió a intentarlo pero nadie contestaba.

—¿Por qué no intenta en unos minutos? Puede usarlo el tiempo que necesite.

—¿De verdad?

—Por supuesto.

—Muchas gracias Watanuki.

Volvió a marcar dentro de cinco minutos, pero esta vez fue diferente:

—"El número que usted marcó está ocupado" — anunció la característica voz en el teléfono.

—Rayos…


—¿Diga? — tomó el teléfono entre sus manos temblorosas. Había estado sonando un par de veces antes, pero no había alcanzado a contestar.

—¿Lydia? — se extrañó mucho al escuchar la voz de su hija al teléfono y no la de su esposa.

—¡Papi! ¡ven a la casa! — le pidió con miedo en su voz.

El corazón de Fye se detuvo, esperando lo peor.

—¿¡Qué pasó cariño?! ¿Le sucedió algo a tu madre?! — trató de calmarse pero le fue muy difícil.

—¡Mi mamá ya va a tener a mi hermanito! — respondió, perdiendo todo el control que había tenido hasta ahora.

Casi se le cae el teléfono al rubio.

—¿Están solas? — preguntó de inmediato, esperando que al menos estuviera Syaoran o Yuui con ellas.

—No, un amigo de la familia esta con mi mamá en su cuarto. No recuerdo cómo se llama, ¡pero ven ya papi! Tratamos de ir al hospital en el auto de ese señor pero no encendió. También llamó a una ambulancia pero no le responden— hablaba rápidamente, estaba muy nerviosa a pesar de que frente a su madre se mostraba muy fuerte y seria.

Él iba a preguntar de quién se trataba, pero lo más importante ahora era estar con ellas y llevar a su esposa al hospital.

—Está bien cariño, voy en camino— se le oía la voz agitada, parecía que iba hacia su auto —Tranquila, todo va a estar bien— ya no sabía si se lo decía a su hija o si se lo decía a sí mismo.

Colgaron el teléfono.

El rubio se subió a su auto cuanto antes y arrancó. Durante el camino quedó atascado en el tráfico y para terminar de empeorar las cosas, su casa quedaba sumamente lejos de la galería.

Tuvo que tomar medidas drásticas.

—¿Touya? — habló al teléfono mientras estaba parado en el tráfico.

—Sí.

—Necesito urgentemente que vayas a la casa. Sakura entró en labor de parto y no la han podido llevar al hospital. Por favor ve con ella y ayúdala. Yo estoy en camino pero hay demasiado tráfico y estoy lejos de casa— explicó algo alterado. Touya lo notó.

—No te preocupes, Kaho y yo vamos para allá— colgó el teléfono. Afortunadamente había pedido el día de vacaciones y su casa no quedaba tan lejos de la de ellos.

—¡Maldición! — bramó Fye, totalmente fuera de sus casillas.

Golpeó el volante con la palma de su mano, haciendo sonar fuertemente la bocina.


—Mami, mi papá ya viene en camino— informó la pequeña a penas y entró al cuarto.

Miró la escena ante sus ojos:

Su madre con un gesto de dolor en su rostro que nunca antes había visto y a ese hombre apoyándola al darle la mano.

—Que bueno— suspiró con alivio. La contracción había pasado y tal vez volvería en un par de minutos, pues cada vez eran más seguidas.

La pequeña se acercó a la pareja, angustiada. Nunca había visto a su mamá sufrir tanto.

—Tranquila cariño— extendió su mano para acariciar su rostro —Voy a estar bien— contrajo su rostro en otra mueca de dolor.

—Las contracciones son muy seguidas, necesitas ir a un hospital cuanto antes— se empezó a poner muy nervioso. Si no llegaba ayuda pronto, él tendría que encargarse de recibir al bebé —No es mi especialidad pero…— un apretón en su mano lo sacó de sus pensamientos.

Después de unos minutos, el sonido del insistente timbre llenó la casa.

Lydia corrió a abrir.

—¡Tío! — se sintió aliviada al verlo también acompañado de su tía —Mi mamá está arriba, ven— tomó su mano y los tres subieron cuanto antes.

—Touya…— suspiró Sakura, aliviada al verlo ahí junto con Kaho.

—Yuki…— se detuvo un momento al verlo ahí, con su hermana. Quiso preguntarle el motivo de su visita, pero no era momento.

El aludido lo miró unos segundos para luego concentrarse de nuevo en Sakura.

—Sus contracciones son cada dos minutos— le informó a su antiguo compañero de trabajo. Pero Touya lo miró pensativamente, reflexionando en qué debía hacer.

—¡Es urgente que te llevemos al hospital! — se acercó Kaho, preocupada por su cuñada.

—No, este bebé nacerá aquí mismo. No creo soportar ¡Ah! — se contrajo de dolor.

—Pero no habrá tiempo de que llegue otro médico y yo no soy especialista en ginecología y…

—¡Touya! — exigió la castaña. El dolor la estaba dominando por completo. Nunca había experimentado algo así.

—E-está bien— por primera vez en sus vidas, los presentes vieron tartamudear al pobre médico —Ahora si va contigo la palabra monstruo. Monstruo— la miró de reojo, molesto por cómo le habló, pero también nervioso al ver que sólo entre él y Yukito recibirían a su sobrino.

—Agg Touya— lo miró amenazadoramente.

La pobre de Lydia se quedó algo sorprendida al ver a su comúnmente madre tranquila, apacible y gentil; convertida en un manojo de nervios y dolores.

—¿Qué te parece si vamos abajo a esperar a tu papá? — Kaho puso una mano sobre el hombro de la pequeña.

—Pero…— miró a su mamá —Ella va a estar bien. Touya ayudará a tu mami para que tu hermanito nazca— la convenció.

Ambas bajaron y se sentaron en la sala.

Kaho vio cómo la pequeña se encogía un poco en su lugar cada vez que oía cómo su madre soltaba quejidos de dolor.

—Tranquila— la abrazó con cariño —Todo va a estar bien.

La niña se aferró a ella en ese abrazo y sorprendentemente se puso a llorar, algo muy poco común en la pequeña, pues siempre demuestra ser muy fuerte.


—Está bien, pero necesitaré ayuda— se vio convencido de recibir a su sobrino. En cierta manera le causaba ñañaras recibirlo de esa manera, pues se trataba de su hermana.

—Yo me encargo— dijo rápidamente Yukito.

—Necesito gasas estériles, toallas calientes, compresas de algodón, algo para evitar que la cama se llene de sangre, una bañera pequeña con agua tibia y algo para cortar el cordón— pidió urgentemente mientras salía corriendo del cuarto en dirección a su auto, pues ahí había dejado su maletín y con suerte traería algún analgésico y un par de guantes de látex.

Traía los guantes, pero no los analgésicos.

Lo siento hermanita— pensó al no encontrarlos.

En menos de un minuto ya estaba de nuevo con Sakura. Yukito había ido a buscar las cosas que le pidió, trayéndolas pronto y yendo en busca de Kaho para que los ayudara.

Problemáticamente ella estaba con la niña y no debían dejarla sola, pues ya estaba bien asustada.

Regresó al cuarto solo y ayudó a Touya a preparar todo, tratando de que los utensilios estuviesen completamente esterilizados.

La pobre se retorcía de dolor sobre la cama. Nunca había sentido los dolores del parto, pero ahora los conocía y sabía el infierno que son.

—¿Te duele mucho? — preguntó su hermano, preocupado y tratando de guardar la calma. Obtuvo un grito de dolor como respuesta —Maldita sea ¿Dónde está Fye? — se preguntaba mientras introducía sus manos en los guantes y finamente revisaba la dilatación de su hermana. Esto era poco común, preferiría que alguien más atendiera este parto… pues no era muy cómo para él ver a su hermana de esa forma —debo olvidar que se trata de mi hermana— pensó inquieto —Ella me necesita— la revisó de nuevo y con mayor detenimiento.

—¿Cómo está? — preguntó Yukito, angustiado.

—Tiene apenas cinco centímetros de dilatación— bajó la manta que cubría las piernas abiertas de su joven hermana.

—¿Qué significa eso? — preguntó la adolorida joven.

—Aún falta un poco para que nazca. Debemos esperar a que lleguen más contracciones y que éstas permitan la dilatación— explicó el mayor de los Kinomoto.

Sakura aguantó las ganas de llorar, el dolor era inmenso.

Fye… te necesito más que nunca— pensó con tristeza y dolor.

Unos minutos después llegó el susodicho.

Abrió la puerta, la cerró de golpe, dejó sus cosas olvidadas en algún lugar del suelo y corrió escaleras arriba como si se tratase de un maratón. Ni siquiera se percató de que su hija y concuña estaban en la sala.

—¡Amor! — abrió la puerta intempestivamente, entrando al cuarto sin ningún miramiento —¡Sakura! — corrió y se puso a su lado, ignorando por completo a los demás.

—Fye…— suspiró aliviada, permitiéndose soltar un par de lágrimas.

Entrelazaron sus dedos en una fuerte unión y se besaron suavemente, beso que fue interrumpido por una fuerte contracción.

Inevitablemente soltó un fuerte quejido. El rubio sintió que su alma se desgarraba con ese grito, nunca la había visto sufrir tanto. Y ni qué decir de su mano, Sakura la apretaba como si fuese goma.

—Tranquila— le dijo Touya al pie de la cama.

Fue en ese momento en que el rubio se percató del escenario: Touya llevaba a cabo el parto mientras que Yukito estaba preparado a su lado, con toallas calientes y agua tibia. Esperen. ¿Yukito?

Fijó su vista en esa persona y arrugó el entrecejo, molesto.

—Es una larga historia— se adelantó a decir el médico de lentes —Pero me da gusto verte— fue sincero.

Fye no respondió, sólo se dedicó a ver a su esposa y apoyarla en lo posible.

—Mejor iré a la planta baja y le pediré a Kaho que me reemplace— se dispuso a salir.

—Ella está cuidando de Lydia— le recordó Touya.

—Sí, pero Sakura necesita a alguna mujer aquí— miró a su alrededor, todos hombres —Además, yo puedo cuidar a Lydia. No me conoce, pero trataré de que no se asuste con lo que está pasando— abrió la puerta del cuarto, pero nuevamente fue detenido.

—Yukito, gracias— murmuró el rubio. El aludido sonrió de lado y asintió, saliendo por fin.

Momentos después llegó Kaho a apoyar a su amiga y también a su esposo, pues no era tarea fácil traer un bebé al mundo.

—¿Otra contracción?

—Sí amor…— cerró los ojos y apretó la mano de su esposo con fuerza.

El rubio se sentó en la orilla de la cama para estar más cerca de ella y rodearla con su brazo.

—Ya va a pasar, pasará— susurraba en su oído, tratando de darle paz.

Tocó el vientre de su esposa y notó que el bebé estaba muy calmado.

Pasó casi una hora de sufrimiento y apenas tenía un centímetro más de dilatación.

—¿Qué podemos hacer? — preguntó Kaho con angustia.

Touya meditó un momento y optó por una buena, pero incomoda opción.

—Monstruo, tienes que caminar. Sólo así podrás dilatar más. La fuerza de gravedad lo hará por ti— le explicó.

La aludida se tensó mucho, pero aceptó y con la ayuda de su marido se puso de pie. Afortunadamente traía puesto un cómodo vestido.

Estaba tan adolorida que ni siquiera se dio cuenta de cómo la llamó su hermano.

La castaña se apoyó en Fye y Kaho para caminar.

—Gracias por estar aquí— dijo a su antigua maestra y a su cuñado.

—No podía perderme este acontecimiento en el que un monstruo da a luz a un lindo bebé ¿Eso es raro, no? — alargó su sonrisa cuando al fin Sakura salió en su defensa.

—¡Hermano! ¡No soy ningún…! ¡Ah! — se aferró fuertemente a los brazos que la ayudaban a mantenerse en pie, pues sus rodillas se doblaron ante el inmenso dolor de una fuerte contracción. La más dolorosa hasta ahora.

Sakura…— pensó el rubio, estaba muy preocupado por ella y por el bebé.

Se escuchó a alguien tocar la puerta y luego abrirla un poco.

—¿Se puede? — Yuui asomó la cabeza, seguido de Ashura.

—Pasen— dijo Fye con una sonrisa al verlos ahí, Sakura también se sintió feliz de verlos.

Con ambos ya había tres doctores en una misma habitación.

—¿Cómo estás, hija? — se acercó a ella y la abrazó.

—Adolorida— respondió, volviéndose a sostener de ambos.

—¿Estás llevando a cabo el parto, Touya? — preguntó Yuui.

—Sí.

—Te admiro— fue sincero, pues una de las pocas cosas que no toleraba era presenciar un parto. Touya no era la excepción, nunca le había gustado es parte de su carrera, pues casi podía sentir el dolor de las mujeres con tanto grito que daban.

Pronto otra contracción atacó a la castaña, pero a pesar del dolor siguió caminando alrededor de la habitación durante unos minutos más hasta que no aguantó y suplicó acostarse.

—¡Es tu culpa Fye! — Gritó de repente —¡Juro que no me vuelves a tocar! — exclamó, dejándose llevar por el dolor. El aludido palideció e hizo una mueca de espanto en extremo graciosa. Los presentes tuvieron que contener la carcajada que estaba atorada en sus gargantas, pues la escena era realmente graciosa.

Su hermano la revisó de nuevo, anunciando que ya estaba lista para pujar.

De inmediato Kaho preparó las cosas que necesitarían y Fye recostó a Sakura entre sus piernas para que sintiera todo su apoyo, además de que ella aseguró sentirse más segura y cómoda en esa posición.

Pero a pesar de estar cómoda, no dejaba de reprocharle a su marido, diciendo que él tenía la culpa de ése dolor tan inmenso y de haberla dejado embarazada.

La escena era por demás graciosa. En especial con los comentarios que agregaba Touya, los cuales eran ignorados por la pareja.

—Me parece perfecto. No vuelvas a tocar a mi hermana— murmuró sin verlos, pues estaba preparando algunas cosas necesarias.

—¡Al siguiente hijo lo adoptamos! — gruñó adolorida.

—Excelente ¿Por qué no eligieron ese método desde el principio? — habló de nuevo Touya, siendo ignorado por ambos, pero escuchado por los demás, quienes ya no aguantaban la risa, incluyendo a Kaho.

Todos sabían que Touya había sido partidario de la adopción desde que su hermana se casó, pues deseaba que nunca más tuviera relaciones, es demasiado celoso aún a estas alturas.

—Nosotros mejor nos vamos, preferimos no incomodar— se apresuró a decir Yuui, saliendo del cuarto después de Ashura.

A penas pusieron un pie fuera, soltaron la carcajada.

Cuando se calmaron, ambos bajaron y vieron a la pequeña Lydia, prefirieron ir con ella, pues no se veía muy animada, sino al contrario, estaba sumamente preocupada a pesar de los intentos del hombre que estaba con ella.

Él y Yuui no se conocían, pero el rubio recordó su nombre de alguna de las charlas que tuvo su hermano con él mientras estuvo en coma. Según recordaba ese tal Yukito había sido novio de Sakura.


—Vamos Sakura ¡puja! — pidió su hermano, viendo que ya faltaba poco, pero al parecer los intentos de la castaña no eran suficientes, pues si mal no recordaba ella no poseía sus energías completas debido al anterior cáncer.

—Ya… no puedo— su frente estaba perlada por pequeñas gotas de sudor y su mano apretaba (o más bien quebraba) la mano de su esposo, quien sufría más por el dolor de ella que por el de su propia mano asfixiada.

—¡Tu puedes amor! vamos— la animó besando su frente.

Ella asintió y volvió a intentar, soltando un fuerte grito en el intento.

Al rubio lo recorrió un fuerte escalofrío por toda la espina dorsal.


El timbre de la casa se dejó escuchar una vez más. Yuui fue a abrir.

—¡Syaoran! — lo recibió con gusto —¿Qué sucede? — preguntó al verlo tan acelerado.

—¿Sakura está bien? Estuve llamando pero no contestaban y me preocupé mucho por ella.

Lo invitó a pasar mientras le explicaba que ya estaba a punto de tener a su bebé.

El pobre de Li se dejó caer al sofá, angustiado por su amiga y por el bebé también.

—Syaoran— Lydia se sentó a su lado —Que bueno que estás aquí— se abrazó del brazo del gruñón Li.

El aludido se enterneció y la rodeó con su brazo libre.

—¿Estás bien? — preguntó, viéndola a los ojos.

—Sí— asintió con la cabeza, pero aun así él la notó preocupada.

—¿Qué te parece si nos sentamos en el pórtico y comemos los camarones que te mandé?

La pequeña asintió sonriente. Los otros tres hombres también salieron.

—Qué bueno que lo sugeriste— le susurró Yuui a Li.

Justo en ese momento se escuchó un fuerte grito dentro de la casa, pero gracias a que Li sacó a Lydia, ésta no escuchó aquello.

Entre todos se acabaron los ricos camarones que preparó el chef, aunque ninguno de ellos dejaba de preocuparse por Sakura y el bebé.

Ashura, se sentó al lado de la pequeña y puso una mano en su cabeza, mirándola con amor.

—No te angusties, tu mami va a estar muy bien y podrás conocer a tu hermanito— le habló con mucha amabilidad y ternura.

—Gracias abuelito— se abrazó con fuerza al mayor.

Ciertamente Ashura ya no era tan joven como antes, pues habían pasado ya catorce años desde que llegaron a Japón. La cabeza del director del hospital central de Tokio ya tenía más cabellos platinos que negros.

Y absolutamente él disfruta grandemente cuando la pequeña le llama de esa manera, pues Fye y Yuui son prácticamente sus hijos, y por ende, ella su nieta consentida.

Los tres hombres presentes miraron la escena con mucha ternura.

Y en cuanto a eso… Lydia estaba más que acostumbrada a vivir rodeada de hombres ya que en su familia sólo estaban su tía Kaho y su madre como mujeres.


—Sólo un poco más— pidió el galeno a su hermana.

Hacía un calor intenso en la habitación, pero era preferible no encender el aire acondicionado, así el bebé no resentiría tanto el cambio.

—Hermano, ya no puedo…— admitió con lágrimas en los ojos y muy débil.

—Por eso te dije que debía ser cesárea de nuevo— gruñó el mayor. Kaho puso una mano en su hombro y lo tranquilizó un poco, pues sabía que las cosas se estaban complicando y ya estaban optando por trasladarla a un hospital.

Las contracciones habían cesado, así que ya sólo le quedaba a Sakura el resto. Tenía que esforzarse si quería ver a su hijo.

—Amor— Fye tomó el rostro de su esposa entre sus manos —Yo sé que tú puedes, inténtalo una vez más— se le partió el corazón al ver sus ojos llorosos y llenos de dolor, además de mucho miedo. Pero debía ser fuerte y no amedrentarse ante las adversidades.

—¿Lo intentarás de nuevo? — cuestionó Touya, totalmente serio y profesional.

—Vamos, tú puedes— la animó Kaho, tomando su mano.

—Lo haré— dijo decidida, pero aún así no menos atemorizada y adolorida.

Empezó a luchar con todas sus fuerzas, sentía que se desmayaría en cualquier momento pero la necesidad de ver a su hijo entre sus brazos era aún mayor.

—Vamos, vamos, vamos— Touya estaba listo para recibir a su sobrino —¡Muy bien! — le dijo cuando ya tenía su cabecita entre sus manos —¡Un poco más!

—Vamos mi amor— besó la frente de su querida esposa.

La castaña se dejó caer exhausta sobre el regazo de su esposo.

El llanto de un bebé inundó el cuarto y la casa en su totalidad.


—Ya nació— anunció Yuui al escuchar el llanto hasta al pórtico.

Todos entraron emocionados y subieron a la habitación, esperando en el pasillo para no interrumpir algo.

Lydia estaba ansiosa por entrar.


A penas el bebé dio su primera bocanada de aire, Touya cortó su cordón umbilical y con ayuda de Kaho lo limpiaron rápidamente. Examinaron que todo estuviera en orden y en menos de dos minutos, el matrimonio Flowrigth ya tenía al nuevo integrante de la familia entre sus brazos.

—Déjenme anunciarles que su bebé es una hermosa niña— junto con su esposa, le entregó el pequeño bultito rosa a su hermana y cuñado.

—¿Qué? — Sakura y Fye se vieron entre sí, muy sorprendidos, pues siempre creyeron que sería niño.

—Es hermosa— aún débil por el esfuerzo, tomó a su nueva hija entre sus brazos, acunándola con mucho amor.

—Es preciosa— el rubio, aún con su esposa recostada entre sus piernas, abrazó a la bebé sobre los brazos se ella.

Kaho estuvo de acuerdo con los dos. Estaba muy feliz por ellos.

—Sí, es muy bella— asintió Touya, mirándola. Luego añadió —Pero sigo sin entender cómo pudo nacer esa belleza de un monstruo— meneó la cabeza en muestra de "inconformidad"

Sakura en cambio, estaba tan agotada que sólo le dirigió una mirada asesina, la cual fue suficiente para causarle un escalofrío al galeno.

Kaho y Fye sólo rieron ampliamente.

Seguían sin creer que fuera una niña.

—¿Podemos pasar? — preguntó, asomándose con algo de vergüenza.

—¡Syaoran! — se puso contenta de verlo ahí.

—Adelante— lo animó el rubio.

Uno por uno entraron a la habitación: Syaoran, Ashura y por ultimo Yuui, quien venía tomado de la mano de su querida sobrina.

Yukito prefirió retirarse para no incomodar más, pero les dejó felicitaciones encargadas con los demás.

—¿Cómo está mi sobrino? — se acercó Yuui, curioso.

—Te sorprenderás— murmuró Touya, sentándose exhausto sobre un sillón que tenían en la habitación, justo al lado de su esposa Kaho, quien lo rodeo con sus brazos y besó su mejilla. El galeno se sonrojó levemente.

—¡Es una niña! — dijo muy feliz el rubio. Ya se había sentado a un lado de su esposa, en la orilla de la cama.

Los recién llegados se llevaron la misma grata sorpresa.

—Vaya, Flowrigth rodeado de mujeres ¿Quién lo diría? — mencionó con ironía el joven chef.

Todos soltaron una carcajada mientras que las mejillas del nuevo padre se ruborizaban levemente. La castaña sonrió con ternura.

—El problema ahora va ser buscar la manera de controlar sus celos— murmuró Yuui por lo bajo, pero todos lo escucharon y miraron fijamente al artista.

Éste siempre había sido muy celoso con Sakura y ni que decir con su pequeña Lydia. Y ahora que tenía a dos hijas… iba a ser un caos.

De nuevo los presentes rieron.

Flowrigth no dijo nada, simplemente se dedicó a ver a su nueva princesa, pensando en lo mucho que ya la amaba y que en efecto, sería muy celoso con ella al igual que con Lydia, no podía evitarlo, debía protegerlas.

—Felicidades hijos— se acercó Ashura al matrimonio, mirando de cerca a su nueva nieta —Es una niña muy hermosa— se sorprendió.

—Es natural al tener una madre tan linda— abrazó a la susodicha. Causándole un gran sonrojo. Todos aguantaron una risilla.

Los presentes festejaban el nacimiento de la pequeña y estaban muy felices, pero cierta niña castaña y de ojos verdes no se animaba a acercarse y tampoco soltaba palabra alguna. Sintió… ¿Celos? Al ver que su nueva hermanita se llevaba toda la atención.

—Cariño— de pronto la niña escuchó la voz de su madre —¿No quieres conocer a tu hermanita? — preguntó feliz, pero con un gran cansancio reflejado en sus ojos.

El rubio se puso de pie y fue por su hija, tomándola de la mano y sentándola sobre sus piernas, al lado de Sakura y la bebé.

Lydia observó a su hermanita, quien no había abierto los ojos todavía. Touya dijo que era normal, pues no tenía ni diez minutos de haber nacido.

La pequeña castaña se animó a acariciar la cabecita de su hermana, tocando su suave, y al parecer, rubio cabello.

Ante la tierna caricia la nueva integrante de la familia abrió sus ojos cuán grandes eran.

Los que alcanzaron a verla se quedaron prendidos de su mirada, pues la pequeña poseía unos hermosos y enormes ojos azul obscuro que hipnotizaban a cualquiera que los mirara.

En el momento en que hizo contacto visual por primera vez con su hermana, comprendió el papel que de ahora en adelante llevaría. Ella es su hermana mayor y tenía una responsabilidad sobre ella. Debía cuidarla y protegerla de cualquier cosa. Prontamente ese sentimiento de celos se esfumó, pues su linda hermana le sonreía, cosa poco común en un bebé.

—¡Me está sonriendo! — se animó bastante —Hola bebé, soy tu hermana mayor— tomó su manita con mucho cuidado.

—Es idéntica a ti— murmuró Sakura, admirada mientras veía a su nueva hija y a su esposo.

—Se parece mucho a ustedes cuando eran apenas unos bebés— comentó Ashura, apoyando el comentario de Sakura.

A la memoria del mayor llegaron muchos recuerdos de aquellos días.

—¿Puedo cargarla? — inquirió Fye. Nervioso como cuando cargó por primera vez a Lydia.

Sakura se la entregó con sumo cuidado y a penas la tuvo entre sus brazos, la miró fijamente y ella a él, manteniendo una conexión única entre ambos. Él no pudo evitar sonreír como pocas veces, una sonrisa diferente que contagiaba a cualquiera.

—Eres hermosa…— la estrechó un poco entre sus brazos, la bebé realmente era muy pequeña.

—¿Cómo la van a llamar? — inquirió Kaho, con curiosidad.

—Es verdad…— murmuró Touya —Ustedes tenían preparado un nombre de niño ¿No es así?

—Sí pero…— mencionó Sakura, dudosa. Luego ella y su esposo se miraron a los ojos y sonrieron. Casi leyendo los pensamientos del otro.

—Amber— dijeron al unísono.

Los rostros de los dos británicos en la habitación se abrieron de más por la sorpresa.

—¿Piensan llamarla como tu madre? — preguntó el mayor de todos.

La pareja asintió y Yuui no pudo más que sonreír.

—Es un muy buen nombre— se acercó a su hermano y miró a su sobrina —Hola Amber— tomó su manita y ésta le sonrió con mucha confianza —Se parece mucho a ella— recordó a su madre.

Repentinamente la pequeña empezó a llorar.

—¿Qué pasa? — se asustó Lydia —¿Le duele algo a mi hermanita?

—No te preocupes cariño, sólo tiene hambre— recibió a Amber de los brazos de su esposo.

En ese momento todos los presentes decidieron darles un poco más de privacidad.

—Me retiro, tengo que ir al restaurant— mencionó Syaoran, viendo la hora que era —muchas felicidades— dijo de nuevo a los Flowrigth, pero con cierto sentimiento de nostalgia en su mirada que no pasó desapercibido por el matrimonio Kinomoto.

—Yo también me retiro hermano, tengo que terminar unos asuntos en el hospital. Si necesitan algo no duden en llamarme— se ofreció el siempre servicial Yuui —Felicidades— abrazó a su hermano con mucho cariño e igualmente lo hizo con Sakura —pórtate bien Lydia y cuida de tu hermanita— la alzó en brazos y ella sonrió ampliamente.

—Sí tío— respondió feliz y lo abrazó por el cuello con mucha fuerza.

—Oh que lindo abrazo— murmuró medio asfixiado el gemelo. Lydia rio al igual que los presentes para después depositar un cariñoso besito en la mejilla de su tío.

—Me retiro también— dijo Ashura, despidiéndose con un abrazo de los nuevos padres —Adiós mi pequeña princesa— se puso a la altura de Lydia y recibió su fuerte abrazo.

Ya sólo estaban Kaho y Touya en la habitación, pero ya debían irse también.

—Gracias por todo hermano— tomó su mano —Sé que no fue fácil para ti, pero fue lo mejor que pudiste hacer por mí. Gracias— un par de lagrimas se asomaron por sus ojos, las cuales fueron retiradas rápidamente por su hermano mayor.

—No llores monstruo— le dijo con una tierna mirada.

En ese instante reconoció una vez más que su hermana era toda una mujer, con un esposo y dos hijas. Ya nunca más volvería a ser esa pequeña niña indefensa que lo necesitaba para que la defendieran de los demás niños que la molestaban en la primaria, tampoco volverían esos tiempos en que él la cuidaba día y noche debido a la ausencia permanente de sus padres.

Sonrió orgulloso. A pesar de las dificultades que pasaron, tales como la muerte prematura de sus padres, el sufrimiento amoroso de ella con Yukito, el cáncer que no sólo la afecto a ella, sino también a él, quien sufría profundamente al no poder hacer nada por su hermana; todas estas cosas y más sucedieron en sus vidas y aún así seguían en pie, viviendo y siendo felices al fin. Plenamente felices.

Y haciendo algo que nunca acostumbraba, o al menos no cuando había más personas. Se acercó a su hermana hasta rodearla con sus fuertes brazos y decirle:

—Te quiero mucho Sakura, nunca lo olvides. Estoy muy feliz por ustedes. Muchas felicidades— murmuró en su oído.

Estas simples, pero profundas palabras, trajeron un mar de sentimientos al corazón de la castaña, inundando sus ojos con su agua.

—Touya— sonrió conmovida —Te quiero hermano— besó su mejilla, logrando un extraño y poco común sonrojo en él.

—Hasta luego Sakura. Muchas felicidades— la abrazó con el mismo cariño de una hermana a otra —También a ti muchas felicidades, Fye— le dijo a su antiguo alumno.

—Gracias Kaho— sonrieron los dos.

—¡Tío! — Lydia lo abrazo de las piernas, pues era en extremo pequeña a comparación con él.

—¿Qué pasó princesa? — la alzó en brazos, ella casi podía tocar el techo.

—¡Más alto! — pidió entre risas. Touya se contagió y empezó a reír también.

—Cuida mucho de tu mami— le pidió al oído. Ella asintió muy segura.

—Hasta luego— se despidieron ambos, a punto de salir.

—Denle un beso y abrazo a Takumi de nuestra parte— pidió Sakura.

—Se pondrá muy feliz al saber que ya tiene otra prima— sonrió Kaho.

—Eso es seguro— rio Touya, recordando a su hijo de seis años. Tan inquieto e hiperactivo como lo fue él mismo a su edad. Siempre que Takumi y Lydia estaban juntos, ella terminaba exhausta y se desesperaba fácilmente, pues el pequeño no podía estar quieto y ella es mucho más tranquila y madura para su edad.

Finalmente la familia Flowrigth se quedó sola en la recamara principal.

Después de que Lydia y Fye salieron un momento para que Sakura pudiera alimentar a la pequeña Amber, regresaron y abrieron las cortinas del gran ventanal con vista al atardecer.

Los cuatro se acostaron en la amplia cama, viendo dormir a la pequeña bebé ya vestida con sus lindas ropitas.

—Había olvidado lo lindos que son— susurró la castaña, viendo la respiración pausada de su bebé.

—Y lo bien que huelen— continuó el rubio tomando la manita de ella.

—Parece una muñeca— dijo sorprendida la niña de la familia, pues miraba y tocaba a su hermanita como si se tratase de una muñeca de cristal.

Los tres se dedicaron a ver el hermoso atardecer desde su lugar: acostados y juntos en familia.

Pronto Lydia cayó rendida al sueño, acostada entre sus padres, junto a su hermana y entre los brazos de su amado y cariñoso padre.

—Amor— llamó a su esposa, estaba algo pensativo y hasta preocupado.

—¿Qué sucede? — se extrañó mucho.

—¿Es verdad eso que dijiste durante el parto? — preguntó un tanto consternado.

—¿A qué te refieres? — no recordaba.

—Me refiero a cuando dijiste que no permitirías que volviera a tocarte ¿Es eso cierto? — la miró con unos ojitos tristes.

La pobre se sonrojó hasta las orejas al recordar que lo dijo frente a más gente.

—Amm… yo…— se puso nerviosa —Estaba muy adolorida y dije eso sin pensar— admitió avergonzada.

El rubio soltó un suspiro de alivio pero luego preguntó:

—¿Fue tan doloroso? — la pregunta salía de sobra, pues él mismo vio el dolor reflejado en su rostro apenas unas horas atrás.

—Lo fue, pero ¿Sabes? Todo ese dolor vale la pena cuando el resultado es algo tan sublime como esto…— miró a sus hijas durmiendo tranquilamente entre ellos.

—Entonces…— inquirió en un tono conocido por la castaña.

Y ella adivinando los pensamientos de su marido:

—Sí, pero tendrás que esperar a que pase la cuarentena y un poco de tiempo más también— sentenció sin cambiar su postura, aunque internamente estaba conteniendo la risa al ver la expresión decepcionada de su esposo.

—Pero…¿No habías dicho que querías un niño? — le recordó con suspicacia —¿Qué te parece si seguimos intentando hasta que llegue el niño? — sugirió muy seguro y alegre.

La castaña casi se ahoga con su propio oxigeno. ¿Qué tal si el niño no llegaba? Se llenarían de niñas.

—Por ahora dejémoslo así. Con el tiempo se irán dando las cosas ¿Sí?— lo miró tratando de convencerlo y a él no le quedó de otra más aceptar resignado. Si por él fuera, tendría veinte hijos pero tampoco quería exponer a su amada de esa forma.

Sinceramente, al presenciar el nacimiento de Amber llegó a la conclusión de que nunca más haría que su mujer pasara por ese sufrimiento de nuevo. Pero pensándolo bien podrían tener más hijos, pero ya no por medio de un parto natural.

Sus pensamientos fueron interrumpidos por unos leves gimoteos.

La castaña se apresuró a calmar los sueños de la pequeña bebé.

Mientras tanto, el rubio se le quedó mirando con un brillo muy especial en sus ojos. La castaña sintió su mirada de inmediato.

—¿Qué tanto ves? — preguntó suavemente y algo sonrojada a pesar de los casi ocho años de matrimonio.

—A ti y lo hermosa y magnífica que eres…— respondió seguro y con suavidad, tratando de bajar la voz para no despertar a sus dos pequeñas.

La aludida desvió la mirada algo acalorada. No importaba cuanto tiempo llevasen juntos, esas miradas tan profundas de su esposo nunca dejarían de ponerla nerviosa y emocionada.

El rubio se acercó lo más que pudo a su esposa y besó sus labios, notando que respondía muy suavemente.

—Seguro has de estar exhausta— acarició su cabello, logrando sacarle un suspiro.

—Demasiado— aceptó, se vio algo de incomodidad en su rostro, pues aún sufría de algunas leves molestias.

—¿Quieres que lleve a Lydia a su habitación y a Amber a su cuna? Así podrás descansar mejor— sugirió.

Ella negó suavemente.

—Me gustaría pasar esta noche con mi familia. Juntos— sonrió dulcemente. El corazón de Fye se derritió como la primera vez.

—De acuerdo— susurró y besó sus labios de nuevo —Gracias por todo, mi vida, por nuestras hijas, por tu esfuerzo y por tu amor. Sin duda alguna me enamoré de la mujer correcta y de ninguna manera me arrepiento de haber salido tarde de la escuela aquel día, en el que te encontré y te llevé a mi casa— recordó con nostalgia a pesar de que las circunstancias en que se conocieron mejor fueron algo críticas, pero gracias a eso ahora estaban donde estaban…

Esas palabras conmovieron a la castaña.

—Y yo no me arrepiento de haber pasado el ridículo cuando te vi por primera vez— rio bajito. Él tampoco pudo evitar hacerlo —Te Amo Fye— susurró, quedándose dormida.

Él no intento mantenerla despierta, pues se tenía bien merecido el descanso después de haber traído al mundo a esta criaturita hermosa que descansaba entre ambos.

—Descansa mi vida…— acarició su cabello, admirando la belleza que siempre poseyó su amada esposa.

Su mente comenzó a divagar en los momentos vividos con Sakura. Desde aquel primer vistazo en la escuela, hasta ese preciso instante.

Sin duda alguna habían sucedido muchas cosas para poder llegar a este presente; sin embargo supieron salir adelante y gracias al amor que se tienen terminaron juntos, vencieron las adversidades de la vida y hasta la muerte misma.

Definitivamente ella era la mujer ideal, el amor de su vida. Siendo la madre perfecta, la mejor amante, esposa, consejera; pero sobre todo…Su Mejor Amiga…

°~FIN~°


Ahora sí, esta historia ha llegado a su fin. Puede que más adelante escriba algunas escenas que no aparecieron en el fic, como la rehabilitación de Yuui, algunos paseos de Sakura y Fye cuando eran sólo amigos, uno donde explique cómo tomaron las fotos que aparecieron en la boda de la pareja jaja (lo cual algunos de ustedes se han de estar preguntando no?)

Y pues bueno, espero no haberlos decepcionado con este final y mucho menos con la historia :) les agradezco mucho a todos los que siguieron a esta historia,porque sé que fueron más de 10, o al menos eso veo en el raiting de visitas ;).

De nuevo les digo, si tienen algun comentario por favor hagánmelo saber, me sería de mucha ayuda y me animaría bastante. Puede ser a través de mi correo: .hana o mi Facebook: Tsuki No Hana (Jazmín Hernández camacho) incluso pueden mandarme un mensaje privado por fanfiction ^_^


Ahora quiero saber algo. Durante la historia participaron muchos personajes, pero me gustaría saber cuál de ellos fue su favorito e hizo que se sintieran más conmovidos o divertidos jaja.

Sakura: Una chica que no se rindió en cuanto a su sentir y tampoco ante esa dura enfermedad, luchó hasta el final para obtener lo que tanto anheló: A su rubio ojiazul y a una hermosa familia, sus dos hijas: Lydia y Ámber. Con una carrera envidiable, pues se graduó con honores de la Universidad de artes culinarias y ahora es dueña de su propio restaurant, poseyendo un sazón que enamoró al estómago de Fye.

Fye: Un chico aislado, solitario y sumamente reservado que llegó de Londres con un hermano en coma y su tutor. Sus padres Murieron aos atrás, quedándose sólo con una gran responsabilidad. Llega a Japón para buscar un mejor tratamiento, pero en la escuela conoce a cierta chica que le llama la atención desde un principio aunque nunca lo admitió. Con el tiempo fue conociendo a la chica hasta hacerse su mejor amigo y caer perdidamente enamorado de ella y cuando al fin ve una oportunidad de estar con ella, resulta que ha decidido irse a estudiar lejos, pero ahí ella le dice que lo ama, pero él no es egoista y deja que se vaya. Cuando "Vuelve" se da cuenta de que todo es mentira y ella tiene cáncer. Ahora ambos tienen que superar esa gran prueba, pero lo hacen juntos. Con el tiempo, fye deja de ser ese amargado y reservado que llegó del extranjero, despues de unos años ya es todo un padre de familia cariñoso, amoroso y responsable. con un trabajo envidiable, pues está en casa todo el tiempo que desea; compone música y letras, además de que es un excelente artista y hace unas pinturas hermosas.

Yuui: Permanece seis años en coma, despierta y conoce al amor de su hermano. Sorprendentemente siente algo al instante por esa chica, pero se retiene y se obliga a verla como a una hermana. Ambos se vuelven excelentes amigos y cómplices. El rubio crece un poco y estudia medicina, lo mismo que su padre había estudiado. Se graduó con honores y entró a la especialización de neurocirugía, convirtiendose en un gran y reconocido médico neurocirujano. A pesar de ser tan guapo, joven, inteligente y adinerado, el chico no ha tenido novia alguna, o al menos no aún, ya que en muy poco tiempo se encontrará con alguien muy especial...

En fin, éste chico es muy responsable y muy cariñoso con sus dos sobrinas consentidas, por las cuales daría lo que fuera con tal de verlas siempre felices. También quiere bastante a su hermano gemelo y a su cuñada, ambos son personas muy importantes para él, al igual que su "Padre" Ashura.

Ashura: Este hombre siempre dedicado al trabajo y centrado sólo en el bienestar de sus "hijos" de los cuales se hizo responsable desde que ambos tenían quince años, pues sus padres habían muerto inesperadamente. Esto causó estragos en los chico y en él mismo, pues la pareja eran amigos suyos de toda la vida... sin embargo, se hizo cargo de los jóvenes como si se tratara de sus propios hijos, los cuales nunca tuvo, pues decidió quedarse soltero a pesar de que le sobraban chicas. Maduró muy pronto y adoptó responsabilidades muy grandes. A pesar de todo siente que las cosas valieron la pena, pues ahora es feliz con sus tres hijos y sus dos nietas. Siente que no le puede pedir más a la vida, pues es plenamente feliz.

Touya: Este joven apuesto y serio, siempre tan responsable, se tuvo que hacer cargo de cierta chiquilla, pues la muerte de sus padres fue prematura y quedó al cargo de su pequeña hermana, ocho años menor que él y en medio de la adolescencia. No fue tarea fácil, pero siempre dio lo mejor de él con tal de ver bien a su querida hermana. Nunca lo admitía pero la quería más que a nadie en el mundo y se desvivía con tal de darle todo lo que necesitaba. Se sintió devastado cuando descubrió que su hermana poseía la misma enfermedad que tuvo su madre... tuvo ganas de morirse, pero aún así permaneció firme ante las adversidades y salió adelante con su hermana. Pasaron los años y la felicidad inundó su vida. Su hermana se curó por completo y despues conoció a una profesora de música, su actual y amada esposa madre de su único hijo. Kaho Mitsuki.

Syaoran: Un joven con talento nato para la cocina. Fácil uno de los mejores cocineros en el mundo, pero siempre modesto y sencillo, además de serio y enojón, aunque esto más bien era una careta para que lo respetaran, pues debido a su corta edad la gente llega a subestimarlo y suelen tratarlo con simpleza. Este joven desafortunadamente se enamoró de un imposible: su alumna. Quedó embobado con su inteligencia, belleza, astucia, talento y agilidad en la cocina. Simplemente pensó que nunca en la vida se encontraría con alguien como ella. Tristemente también conoció al dueño del corazón de esa chica, quien pocos años después la desposó en matrimonio... esto fue trágico para él, pero al menos guarda en su corazón el puro recuerdo de la época en la que ella vivió en su departamento casi dos años debido a situaciones dificiles de salud. Nunca olvidaría aquel beso que le dio y que tristemente no fue correspondido... aún así, el joven nunca se apartará de ella, pero tampoco intentará algo para separarla de su esposo, simplemente le habia pedido en una ocasión que no lo apartara de su lado, que ya no insistiría con sus sentimientos, pero que al menos lo dejase permanecer con ella, cuidandola y procurando su felicidad. Pronto llegaron dos niñas hermosas a la vida de esa chica. Él pensó que no podría querer a las hijas de aquel hombre que le arrebató al amor de su vida, pero al verlas simplemente quedó maravillado y encantado con las dos pequeñas niñas que se robaron su corazón. Se conformaba con esto... permanecer a su lado...


Angie The Killer

Hola Angie! Pues ya llegamos al final, espero que esta historia te haya gustado y que la hayas disfrutado tanto como yo que... a decir verdad, le tomé más cariño del que esperaba :')

Espero recibir una reseña completita sobre tu opinión de esta historia ;)

Escuché la canción y ¡Oh por Dios! casi lloro! O_O va perfectamente de acuerdo al final del fic!

Estoy pensando mucho en publicar mis historias en Wattpad :/ es que eso de que te copien no me gusta! xD Es lo bueno de fanfiction :( no te deja copiar y pegar hahaha. De hecho ya publiqué un One-shot que escribí hace tiempo :) a ver is lo puedes leer jiji Se llama "El ultimo soplo de mi corazón"

Awww, en serio te inspiro? :3 yo pienso lo mismo de ti, bueno, tus reviews me han inspirado bastante! haha

Y sobre Fye y Sakura... haha no sé, yo también pienso lo mismo que tú sobre eso de Gatito y Sra. gatita jaja se me hace tantierno! Además! no se si ya lo hayas visto, pero hay un capítulo en el manga donde sakura esta acostada en su cama, muy triste. Fye entra a su habiatción y la consola con cariño, hasta se sienta a un lado de ella en la cama y le toma la mano O.O fue lago que me paró el corazón! y dije: Se quieren y no son novios! (8) jajaja

En cuanto al nombre del otro fic... está bien hahah lo dejaré así C:

JAJAJAJA y sí... 20 capítulos e.e si, sólo veinte capítulos de amor inesperado y su epilogo jajaja xD Ay Angie! hahaha, peor no te preocupes, terminando con amor inesperado comienzo con "A Thousand Moons" y "Un Molesto Compañero de Trabajo" ;) son is siguientes proyectos :D

Bueno... Cuídate mucho! fue un honor tenerte en mis reviews y espero seguir leyendo esos comentarios tuyos que me alegran tanto hahaha además de que me inspiras bastante!

Nos seguimos leyendo!

Hasta la próxima! :D

°~°Tsuki No Hana°~°

31/07/2014

12:00 p.m.