Una disculpa por no haber publicado ayer, ando como que enfermando pero aquí está. Gracias por sus reviews y apoyo, que bueno que les está gustando la historia. Disfruten la actu.


Terminaron exhaustos el partido de básquet. Los vencedores habían sido sin duda Kagami y Himuro aunque Kisumi y Makoto les dieron buena batalla. El castaño ya estaba algo oxidado en el deporte pero aun asi le dijeron que no se acomplejara, que era bueno. Estaban sentados en unas bancas mientras bebían algo de igual y entonces vieron llegar a un joven moreno de mirada retadora. Kagami se tensó ante él hasta que descarado se plantó frente a los chicos.

—Kagami, supe que te reclutaron… vaya suerte—el pelirrojo rio un poco y se recargó en las bancas acomodándose los cabellos.

—Llámalo como quieras, desde la secundaria lo sabes….yo soy el único que puede derrotarte, no sé de qué te sorprendes —Aomine tomó el balón algo molesto y se lo lanzó al joven.

—Uno a uno…tú y yo, ahora —el chico sintió de eso como música para sus oídos, ahora podría descargar toda esa rabia contenida de la mejor manera. Makoto se preguntó si estaría bien y, aunque Himuro pudo decir que no debía preocuparse, realmente temía por el resultado de eso.

Jugaron espléndidamente como en sus buenos años sorprendiendo a Kisumi y Makoto que nunca habían visto movimientos tan veloces y efectivos como los de ambos chicos, era una competencia de quien encesta gana Se cubrían, giraban, desbalanceaban todo para que el otro no ganase terreno. Entonces Aomine realizó un de sus movimientos raros, una finta que terminó en el balón dentro de la canasta. Emitió una risa burlona victorioso ante Kagami y, siendo sinceros, si el otro no dio más batalla es porque ya estaba agotado de jugar.

—Seguiré llamándole suerte…—dijo dando la vuelta y cuando Kagami sintió ganas de ir tras él y atestarle un golpe Makoto le detuvo. —Por cierto Kagami, ahora sé que has visto en Kuroko. Malo por ti que ya no sea tu sombra.

Aquello fue dar en una herida que parecía haber cicatrizado hace tiempo pero no, aún seguía ahí. Hace un año Kuroko decidió dejar de ser su sombra en un problema que tuvieron ambos. Se empezó a inclinar a la docencia y dejar el básquet de lado, ese básquet que él le enseñó a jugar. Y Kagami seguía siendo la misma estrella brillante que en aquel entonces pero ahora brillaba sola, lo supo cuando le reclutaron para un equipo universitario por su talento y a Kuroko no, porque nadie le veía, nadie notaba su valor irremplazable. Iracundo decidió no aceptar pero fue regañado, era su sueño, debía dejar de lado todo ese capricho de solo jugar con el peliceleste pensar en él mismo. Aceptar fue el detonante. Kuroko si quería que Kagami avanzara pero se sintió de lado, buscó otro camino, uno lejos del chico y empezó a estudiar para entrar a la escuela de docentes de Tokio.

Himuro suspiró mientras rendidos decidieron partir a casa, toda esa discusión había roto el ambiente de paz en los jóvenes. Entonces el azabache tuvo una idea.

—¿Quieren comer algo? Yo puedo cocinar para ustedes, también Tigger es bueno ¿Verdad? —Kagami les miro´, se habían entusiasmado un poco y él también debía hacerlo, sonrió leve y aceptó la propuesta, cocinar ahora es lo que le hacía falta para despejar la mente.

Después de manejar varios ingredientes, cocinar algunas cosas bajo sus propias técnicas y agregar aderezos un par de guisados quedaron listos para servirse. Makoto y Kisumi miraron sorprendidos al par de hermanos, realmente eran buenos y la comida era muy deliciosa.

—Estoy a punto de considerar pagarles par que cocinen, Makoto y yo solo comemos comidas instantáneas —dijo Kisumi.

—La verdad es que la cocina no se nos da —comentó avergonzado el castaño.

—Entonces pueden comer aquí si quieren, podríamos comprar los ingredientes entre todos y sería más económico además mucha de nuestra comida se desperdicia —comentó Himuro haciendo que los otros dos se emocionaran.

—Aunasi no duden que se los pagaremos—comentó Makoto muy feliz de saber que comería buena comida continuamente.

—Podrias lavar mi ropa —bromeó Kagami.

—No tendría problema con ello, Taiga —el pelirrojo se avergonzó por ser llamado asi frente a todos pero recordó que él mismo se lo pidió. Aun asi los otros dos chicos se miraron y sonrieron divertidos al ver a sus amigos tan felices, más despejados, casi como un secreto a voces.

Esa noche nuevamente Himuro y Kisumi estaban en sus balcones charlando mientras veían las estrellas. El ingreso a clases estaba a la vuelta de la esquina y sus entretenidas vacaciones terminarán para dar paso al estrés escolar. Hablaban de eso y de lo otro, de muchas cosas, ya se estaban adaptando a ellos y a las largas charlas, sabían de vivencias y gustos del otro pero entonces el tema surgió de los labios de Kisumi, una duda que le estaba atacando.

—¿Qué hay con Kagami? ¿Te gusta? —Himuro se sorprendió y sonrió algo triste para devolver la vista a las estrellas.

—Creo que mi amor por él llegó a un punto en el que no siento nada más que el deseo de que sea feliz como él decida serlo —contestó sincero de una forma que conmovió al otro. Aquella frase tan simple tenía tanto de razón y se sintió empático mientras miraba dentro del departamento.

—Entiendo cómo se siente eso —sonrió cabizbajo tomando por sorpresa a Himuro.

—Al menos ustedes están juntos y yo me quedé como el hermano —ambos rieron ante la ironía y el pelirrosa supo que eso era peor que si situación — no me gusta…me gustó hace tiempo pero él está esperando a que su príncipe deje de besar sapos.

—Makoto estaba igual solo que a su príncipe si lo ponías a elegir entre él y un vaso con agua se echaba el agua encima —Himuro se cubrió la boca ante la risa de imaginarlo y después calmó su risa con un suspiro.—Kagami se lo pierde, eres muy divertido.

—Gracias, tú también eres fenomenal —se miraron un momento que fue interrumpido por el sonido del móvil de Kisumi. Este se disculpó mirando y le comentó que sería una llamada larga así que se dieron las buenas noches para entrar a sus respectivas casas.

Ese día el calor apremiaba, era horrible. Por suerte Kagami y Himuro no lo resentían con el aire acondicionado en casa pero Makoto al otro lado sí. Había tenido que vestir un short y una camisa sin mangas mientras se abanicaba mirando al exterior. Kisumi había salido muy temprano puesto que debía recoger a Hayato, las cosas pintaban difíciles para el pelirosa.

Miró a su hermanito y lo llevó hasta a casa de la estación. Pensar que él viajó solo le hacía un nudo en el pecho, la inconciencia de sus padres había sobrepasado pero tenerlo él en vez de ellos era lo mejor. Se estaban separando, eso empezó desde hace tiempo pero los últimos meses se intensificó haciéndole dudar de ir a Tokio pero debía esforzarse, le pidió a Hayato que fuera fuerte, que estudiaría y trabajaría para cuidar de él pero apenas marchó las peleas aumentaron y su tía decidió enviárselo a él para que no siguiera siendo participe de las discusiones, aquello y la distancia de su hermano mayor lastimaba al pequeño.

Llegaron a casa y Makoto les dio la bienvenida con una sonrisa, Hayato se sintió alegre de mirar a su profesor ahí y lo saludó efusivo quitando la cara larga que traía antes, eso tranquilizó a Kisumi.

—Vaya que hace calor aquí… me preocupa que a Hayato le cueste acostumbrarse al clima —dijo dejando de lado la mochila donde el niño traía sus pertenecías.

—Con el dinero que tenemos no podemos comprar un aire….pero debemos de comprarle más ropa —ambos asintieron, ser responsable de ellos era una cosa pero ahora responsabilizarse de un niño era diferente. Lo bueno que Hayato era muy bien portado y educado.

—No tienes que preocuparte, Makoto…es mi hermano y yo me haré cargo de lo que necesite —dijo viendo como Hayato iba al balcón intentando ver por la pequeña división donde sus ojos alcanzaban a mostrarle un poco de la vista.

—No digas eso, yo quiero ayudarlos. Hayato es muy querido para mi…—Makoto sonrió al ver al niño, le recordaba mucho a sí mismo. Mientras el pequeño curioso miró a un costado y vio al azabache algo sorprendido. Himuro sonrió dulcemente y extendió la mano a la del pequeño.

—Hola, soy Himuro—el pequeño dudó y después de un momento saludó al chico.

—Hayato…—apretó su mano recibiendo una sonrisa del otro. Makoto apareció en escena y miró al azabache.

—Me descuido y Kisumi se hace pequeño. —Makoto rio cargando con cuidado al niño para que pudiera ver más de la vista.—No sabía que tenían un hijo.

—¿Eh?...—Makoto parpadeó confuso y después negó muy apenado—¡No! Él es hermano de Kisumi y nosotros no tenemos esa clase de relación…

—Oh…—dijo Himuro levemente interesado y con una sonrisa ladina —ya veo…¿les gustaría venir a casa? Está fresco aquí.

—No queremos causar problema —Himuro negó y le hizo una seña para que fueran a la puerta. Este les abrió y los vio a ambos con el pequeño asustadizo detrás de ellos.

—No importa lo que me digan ustedes lucen como una familia feliz —dijo sonriendo divertido y les invitó a pasar. Hayato no se despegó de Makoto en todo momento hasta que vio a Kagami entrar con cara de pocos amigos asustándole más.—Mira, Tigger… tenemos visita del hermano de Kisumi, Hayato.—el pelirrojo lo miró y se inclinó para saludarlo pero este se escondió otro poco.

—Hayato, saluda a Kagami —le reprendió Kisumi y el niño asustado alzó la mano hasta tomar lade Kagami.

—Mucho gusto, soy Kagami —dijo con una gran sonrisa.

—Me recuerda a Tigger de pequeño, igual le temía a todo pero más a los perros —el pelirrojo le reprendió con la mirada. —¿Vinieron tus padres, Kisumi?

—¿Eh? No, vino él solo… —aquello sorprendió a los jóvenes —se quedará conmigo puesto que mis papas están algo ocupados —acarició los cabellos del pequeño —espero que no sea problema, aportaré más a la comida…

—No veo problema por ello solo necesito saber si es alérgico a algo —Kisumi negó —entonces está bien por nosotros recibirlo…es más ¿Quieres comer algo? Puedo hacerte un postre —dijo Himuro inclinándose amistosamente y Hayato asintió ante la propuesta.

Un rico helado empanizado, algo que era como un milagro culinario hecho a la perfección. Hayato estaba sorprendido y comió gustoso el postre sentado cerca de la mesa de centro. Los chicos siguieron conversando sobre sus horarios y que, aunque Kisumi se negara, le ayudarían a cuidar del chico. Por suerte las horas de clase les daban tiempo para no dejar al niño solo hasta que encontrase una escuela donde entrar.

Cuando cayó la noche Kagami fue a dormir ya que temprano tanto Makoto como él se presentarían a la estación de bomberos ya que habían sido aceptados. Makoto también se despidió y dejó a Himuro y Kisumi con un Hayato dormido en las piernas de su hermano. No querían interrumpir su sueño por lo que se quedaron ahí en la sala charlando más. Kisumi le contó sobre sus problemas en casa y lo duro que era para su hermano soportarlo todo.

—Por un momento creí que era tu hijo—Kisumi rio leve.

—Muchos lo creen a pesar de que no soy tan viejo para tener hijos tan grandes…—decía mientras le acariciaba los cabellos a Hayato.

—Creí que Makoto y tu tenían algo…—Kisumi le miró con sus ojos purpuras y negó.

—Yo también me cansé de verlo esperar a otro…—se talló los cabellos —solo sé que cuando deje de esperar aparecerá su felicidad…

—Eso también va para ti— Kisumi miró a otro punto con una leve risa emanar de sus labios — Kissme…

—¿Si? —giró pensando que le llamaban pero lo único que encontró como respuesta fueron los labios de Himuro sobre los propios en un amistoso ataque sorpresa que solo le dio como opción cerrar los ojos. Himuro tenía un sabor dulce y emitía una sensación cálida que le agradaba.—qué manera tan original de robar besos —susurró.

—¿Está mal? —el otro negó con una sonrisa acercándose nuevamente a él.

—Para nada…—entrecerró los ojos y cuando sus labios rozaron un sonido de Hayato los separó. Se había acomodado de nueva cuenta aun dormido. —Tengo que llevarlo a la cama…

—Déjalo en la mía, está más cercana…—suspiró y asintió. Siendo ayudado por el azabache este le cargó hasta dejarlo recostado más cómodo sobre el colchón de su pieza. Hasta entonces Kisumi conoció esa habitación tan ordenada y pulcra del otro a diferencia de la propia. Sonrieron viendo a Hayato dormir y salieron de ahí.

—¿Dónde dormirás tú? —susurró en el pasillo pero Himuro posó un dedo en los labios del otro.

—No tengo sueño… pero si quieres puedes dormir en el sillón —sus corazones latian con fuerza mientras sus manos buscaban el contacto del otro. Kisumi puso colocó las palmas sobre los hombros de Himuro y el otro las colocó en su cintura.

—Creo que tampoco tengo sueño…—depositó un beso en sus labios en medio de una sonrisa. Esa noche de luna sería para besar esos labios por gusto, por placer y por curiosidad ante ese palpitar que emanaba de su pecho.