Este capitulo está un poco más corto que los demás, de hecho es el más corto de todos lo prometo! Pero es que he tenido que escribirlo en un momento de presión y cansancio solo por que no me gusta quedar mal o retrasarme, aun asi espero que les agrade el resultado, a mi me gustó por que...bueno...es Himuro. Disfrutenlo!
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—Ya veo…gracias por decírmelo Nagisa —decía Makoto al teléfono con una expresión de preocupación en su rostro —Si, me saludas a Rei. Hasta luego.
Colgó el teléfono y retornó la mirada hacia donde Kisumi y Hayato jugaban. Este preguntó sin decir una sola palabra y Makoto negó con la cabeza. Algo había sucedido, algo tan grave como para que el castaño se quedara callado y prefiriera tirarse en el sillón mirando a la nada. Sus ojos verdes se centraron en un punto de la habitación y se le notaba perdido más no profundizó en el tema, prefirió dejarlo ser por ahora.
La entrada a la Universidad le distraería un poco, tal vez a todos. Kagami quien seguía en su mar de indecisión y sentimientos confusos mientras que Makoto misterioso actuaba algo taciturno y distraído. Por su parte Kisumi y Himuro parecían pender en la incertidumbre de no saber exactamente qué es lo que ellos dos eran. Se miraban de reojo, se entregaban uno que otro beso furtivo como si lo que hacen estuviese mal, como si fuese un pecado. Y es que era incómodo, raro tal vez, puesto que antes habían desarrollado sentimientos muy fuertes por Kagami y Makoto pero ahora se encontraban a ellos mismos y sentían que debían ser cautelosos, no herirse y a su vez respetar la memoria de aquel inconcluso y viejo romance no correspondido.
Aun sin emitir palabra sabían que el otro pensaba así, estaban conectados por un pasado similar y deseaban tener un futuro igual. Tal vez era precipitado y soñador pero así reacciona el humano cuando encuentra a alguien empático a sus sentimientos, alguien que le haga sentir identificado.
Cuando Kagami y Makoto trabajaban ellos se encontraban cuidando a Hayato por lo cual no había tanto tiempo para charlar al respecto a menos de que el chico se durmiese pero eso pasaba ya tarde cuando los chicos volvían. Eso no evitaba que, cuando el pequeño se distrajera frente al televisor, Himuro acorralara a Kisumi en la cocina para besarlo pasional mientras el otro le correspondía aferrándose a sus ropas. Tanta tensión, tanto deseo, tanto de todo.
Entonces tenían que separarse, seguir sus vidas indecisos sobre si amarse abiertamente o no, si era prudente ante todas las cosas que pasaban, confusos y algo temerosos pero de igual forma deseosos. Que complicada era esa etapa del amor donde estas impresionado, ríes como tonto, suspiras, te asustas, vuelves a rodar en la cama y te aferras a la almohada pensando en él. Kisumi aún más que Himuro se sentía como un torpe adolescente enamorado de aquellos ojos grises, de ese cabello azabache, de la perfección de su ser y su voz.
Kagami pasaba por algo similar notándose preocupado de que sus pensamientos que comúnmente rondaban alrededor de Kuroko ahora parecían dispersos pensando entre tramos en su adorable vecino. Que sensación tan más extraña, desde que conoció a Kuroko no había vuelto a pasar por ese proceso. Entonces se desanimaba, tallaba los cabellos y decía que era el único que se encontraba en esa situación, que no era correspondido.
Entonces miraba a Makoto andar perdido, le preocupaba y aun cuando se había querido armar de valor para cuestionarle se quedaba en silencio viéndole pasar, saludando con desaire, siendo como una sombra de lo que era.
Aún quedaba para él aquella plática pendiente con Kuroko, tener que decirle si podían seguir intentando, algo que más bien nunca habían intentado, o dejar las cosas por la paz, por su salud mental. Estaba confuso, si quería cortar a raíz aquella enfermiza relación con el peliceleste pero estaba tan acostumbrado a él, estaba tan acostumbrado a sufrir y al dolor, a la espera y el desamor que vivía constantemente. Pero no todo era malo con Kuroko, de ser así hubiera enterrado sus sentimientos desde hacía tiempo .También tenían momentos buenos, esos mismos instantes por los cuales seguía aferrándose a él.
Aun así no le había buscado ni llamado desde aquella pelea, no hasta definir bien lo que el mismo quería.
—Hermano…—susurró Hayato preocupado mientras todos reunidos comían. ¿Cómo no estarlo? Todos parecían perdidos en sus pensamientos e ideas, tan tristes y confusos que hasta el pequeño Hayato lo había notado.
—¿Qué pasa? —el niño hizo un puchero, Kisumi entendió su preocupación y le revolvió los cabellos — Tranquilo, estamos un poco nerviosos porque mañana entramos a clases ¿Verdad?
—Así es…—respondió Himuro sonriendo dulcemente— ¿No estás nervioso, Hayato?
El niño apretó los labios y asintió creyendo la mentirilla que le habían dado. Igual es un niño y no estaba en edad de entenderlo. Siguió comiendo su cena y pronto arribó la hora de retornar a sus departamentos, al dia siguiente empezarían una nueva etapa en sus vidas, una donde conocerían mucha gente nueva, aprenderían y estarían más cerca de un futuro soñado enterrando pasado, desamores, penas y demás. Al menos ese era el objetivo.
Casi era la una de la madrugada, el de cabello claro no podía dormir entre el nerviosismo y las miles de preguntas que le bombardeaban la cabeza. No estaba mal darse la oportunidad, como había dicho Himuro pronto encontraría a alguien pero ¿Debía hacerlo ahora? Si prioridad era cuidar de Hayato, prácticamente haría la labor de padre y sabía que entre la universidad y esta labor no habría tiempo para nada como el amor ni siquiera romances casuales ¿Quién mejor que Himuro entendería la situación?
Dejando de lado la conveniencia del asunto a Kisumi realmente le atraía, encendía en él una llama que anteriormente yacía dormida, un sentimiento que pensó muerto. Suspiraba con sus pequeños besos en los labios y temblaba un poco a su tacto, le enloquecía su mirar y se sentía perdido cuando le aprisionaba con sus bazos. Si es cierto que Himuro era tan solo unos centímetros más bajo, inclinarse para aceptar que le robase un beso le encantaba.
Escuchó un ruido en el balcón, dio paso hacia el lugar y pudo ver sus cabellos azabaches ondear mientras sus ojos grises veían la ciudad. Se armó de valor, era hora de dejar en claro lo que ambos estaban haciendo y sintiendo antes de seguirse ilusionando. Abrió la puerta de cristal y salió del apartamento hacia el bacón ganándose la mirada del joven.
—¿Insomnio? —cuestionó Himuro, Kisumi se limitó a asentir. —No pensé que fueras de los que se ponen nervioso por la escuela.
—Solo estoy emocionado. —respondió. Himuro sonrió ladino retornando la vista al paisaje mientras Kisumi golpeaba con los dedos el barandal. — Igual hay cosas que me preocupan.
—¿Hayato? —intentó adivinar el azabache.
—También…—susurró. Entonces buscó valor para decir lo que estaba pensando — Nosotros…—cortó la frase, Himuro le observó ladeando la cabeza, entendiendo a donde iba todo.
—Disculpa por no haber sido claro…—susurró mientras ocultaba sus ojos con el cabello, Kisumi sonrió sintiéndose extrañamente herido ¿Acaso sus sentimientos no serían correspondidos?
—Discúlpame tu a mí por precipitarme… —entonces al girar la vista observó como Himuro se trepaba a la orilla del balcón dispuesto a pasar al de Kisumi — Te..Ten cuidado ¿Qué haces? —cuestionó nervioso hasta que los pies de Himuro estaban puestos sobre su balcón, ya habiendo pasado el peligro y dirigiéndose hacia él.
—Vine a ser claro…—dijo dando paso hacia él hasta que Kisumi sintió el barandal chocar con su espalda baja, su cuerpo aprisionado por el del azabache al igual que su corazón y su respiración contenida. Experimentar tanto con esas caricias en sus mejillas, con esa proximidad exquisita, con esa mirada penetrante mientras su voz suave arrullaba sus sentidos — …me estás enloqueciendo.
Himuro emitió esa frase con una sensualidad tal que las defensas de Kisumi descendieron, había caído totalmente a los pies del más bajo, suspiró pero fue detenido por un beso, uno demandante y pasional, tan exigente y posesivo. Le gustaba que fuera así, de esa manera siempre deseó las cosas y sin embargo nunca había encontrado a alguien que le complementara de esa forma, que le hiciera sentir tan vivo. Se aferró a los hombros de Himuro mientras le mordía los labios, mientras las manos del otro se pegaban a su cintura y le acariciaban la piel.
Era una especie de hechizo que solo ellos entendían pero la proximidad, el roce de ambos les hacía perder la cabeza, desear tanto. Pero algo que Kisumi deseaba saber era si esos sentimientos eran únicamente corpóreos, carnales. Buscó respuesta en la mirada de Himuro tan pronto se separaron de tan intenso beso, en ellos encontró una maraña de emociones y entre todas ellas estaba la felicidad, lo supo al ver sus labios curvar, sus orbes brillar.
—¿Qué me has hecho? — preguntó pegando su frente a la del azabache, entrecerrando los ojos. El otro sonrió divertido peinándole los cabellos.
—Nada que no disfrutes—susurró cerca de sus labios. Kisumi sonrió negando.
—¿Sabes que si me dejas por tu mejor amigo a ti no te lo perdonaré? —cuestionó. Curiosidades de la vida pues ambos pasaron por situaciones así.
—Lo mismo digo….—el de cabello rosa palo se aferró a él rodeándolo por el cuello, pegando su cabeza a lado de la de Himuro, sintiendo ese aroma a lavanda, el latir de su corazón golpeándole el pecho. El miedo, las dudas, los temores eran opacados por el dulce sentimiento de sentirse remotamente correspondido.— creo que debería pedirlo apropiadamente
—Creo que deberías hacerlo —sonrió balanceándose un poco, los mofletes rojos, el ardor en esas mejillas se reflejaba bien.
—Deberías de salir conmigo…—le dijo al oído arrancándole una risa torpe.
—¿Me estás ordenando? —se separó y miró sus ojos, Himuro volvió a sonreír.
—Te estoy sugiriendo amablemente —se aproximó lentamente a los labios del otro para sellar aquello como parte de una respuesta directa a su pregunta. Cuando rosaron cada uno algo les detuvo, el sonido de unos pasitos detrás de la puerta.
—Hermano ¿Dónde estás? —Kisumi se disculpó y entró a la casa mirando a Hayato quien se tallaba los ojos.
—Aquí estoy ¿Necesitas algo? —el pequeño negó, Kisumi sonrió pues su hermanito era incapaz de encontrarse o verse solo en la pieza. Le revolvió los cabellos y lo cargó con cuidado para girar la vista a Himuro —si quieres pasa…
Emprendió el paso a donde compartía habitación con Hayato, era una pieza medio vacía, algo humilde y con una cama matrimonial al centro. Kisumi depositó al pequeño entre las cobijas y este se aferró a una almohada. Le acarició los cabellos sonriendo ladino, preocupado y tomó asiento a lado de donde su hermanito reposaba para después mirar a Himuro en la puerta, esa era una realidad a la que el azabache debía enfrentarse.
—No vengo solo en el paquete —Himuro metió las manos en los bolsillos y alzó los hombros con despreocupación.
—Está bien… me agradan los pequeños…—dijo caminando dentro de la pieza hasta pararse frente a Kisumi e inclinarse a besar su frente.
—Odia dormir solo ¿Quieres dormir aquí? —Himuro le miró en medio de la noche y entornó los ojos sonriendo.
—Si…
Y así los dos jóvenes se recostaron con el pequeño entre medio, casi como una familia, tan irreal como un cuento pero genuino como sus sentimientos. Fortuna, felicidad y muchas más cosas parecían presentarse ante Kisumi pues el ver a su pequeño hermano dormido con tanta paz y la expresión de Himuro al soñar frente a él valía oro, no podía estar más contento, más completo. Amaba la nueva y nada convencional familia que formaba.
