Este capitulo es un parteaguas para algunas cosas que preparo. Agradezco tanto sus reviews, no pensé que muchos seguirían esta locura y aun cuando no es tan concurrido como otros fics el hecho de que tres o cuatro estén comentando y motivando es mas de lo esperado. Mil gracias!


Primer día de clases, cada uno debía entrar a sus diversas facultades en diferentes horarios, con ello se hacían tiempo para volver a casa y cuidar de Hayato mientras el pequeño entraba a la escuela así que no había respiro los primeros días. Tan pronto arribaban a casa el pequeño miraba como los jóvenes se ponían a cumplir sus deberes, siendo un niño bien portado no les interrumpía y se quedaba o frente al televisor o coloreando en un libro.

Kisumi se lo había pedido de esa manera y él era muy obediente. Le gustaba hacer feliz a su hermano aunque ahora se veía mucho más feliz que antes y eso estaba bien. Hayato amaba ese nuevo estilo de vida que tenía, a veces extrañaba a sus padres pero tener a esos chicos cuidándole era divertido también. Estando ahí en el suelo hizo un dibujo y cuando se puso de pie para mostrárselo a Kagami este se había quedado dormido en la mesita mientras hacia su tarea.

Hayato fue a prisa a la habitación, sacó una cobija y se la puso encima al pelirrojo justo como hacia su hermano cuando él se quedaba dormido jugando. Entonces tomó su dibujo y lo puso en el frigorífico de la casa del pelirrojo, en el dibujo estaban los cuatro como una curiosa familia de cinco.

—Buenas noches…—dijo Makoto entrando a la casa de los hermanos. Estos le habían dado una copia de la llave para que recogiera a Hayato sin problemas,

—Entrenador, ya regresó —dijo Hayato dando un par de saltitos hacia Makoto, este respondió con una sonrisa revolviéndole los cabellos.

—¿Te has divertido?—el pequeño asintió y entonces el castaño alzó la vista mirando a Kagami dormido contra la mesa —Llevaré a Taiga a su cama, espérame aquí.

—¡Si! —Makoto fue hacia el joven y esperó poder cargarlo, después de todo sus complexiones eran similares y debían pesar más o menos lo mismo. No había más que intentarlo aunque seguro para el pelirrojo sería bochornoso si lo supiera. Se inclinó y lo tomó el brazos, el otro se removió un poco más no despertó y lo llevó hacia su habitación.

—Realmente te has esforzado…—susurró mientras lo depositaba en su cama. Y es que era cierto, entre la escuela, cuidar a Hayato, el trabajo como bombero y cocinar Kagami no se daba un respiro y eso que apenas había pasado una semana desde su ingreso a clases.

Para colmo sus dramas sentimentales con respecto a Kuroko no le daban un respiro. Se veía en su mirada, seguía confuso, disperso, se perdía constantemente y parecía algo triste por momentos. Lo que Makoto desconocía es que entre las preocupaciones de Kagami estaba su nombre escrito, había desarrollado sentimientos por él, sentimientos que no sentía correspondidos y que le estaban calando.

Makoto le dejó cómodo, salió de casa llevándose a Hayato para ir a su departamento mientras pensaba que el pelirrojo no era el único con problemas, esa llamada, esas palabras de Nagisa le habían quitado el sueño. No se había comunicado desde entonces, no quería escuchar más, a veces ignorar las cosas era la solución, fingir que nada hubiera pasado.

Pero inclusive fingir era exhaustivo, entre todo también estaba agotado.

Al día siguiente fueron a la central de bomberos, se preparaban para un rutinario día y por suerte entre la espera del llamado podían concentrarse en tareas, merendar y otras cosas. Kagami se veía repuesto, algo avergonzado por haberse dormido cuando debía de cuidar a Hayato, y después de muchas disculpas Makoto le dijo que no se preocupase.

—Aunque de verdad eres más ligero de lo que parece —comentó Makoto haciendo sonrojar a Kagami, casi tanto como su cabello — debes alimentarte mejor, Taiga,

—He estado comiendo bien…—respondió en un respingo mordiendo una hamburguesa. Saber que el otro le había cargado como doncella le apenaba pero también había generado una emoción que no debería de sentir, no por el bien de su salud mental.

—Han sido días difíciles para todos pero ya encontraremos ritmo para hacer las cosas y alguna guardería para Hayato —básicamente era el problema número uno a resolver y no podían darse el lujo de cometer fallo y romper con el ciclo de actividades encomendados. Parecía que los cuatro trabajaban con cronometro yendo de un lado a otro, justo en ese momento era Himuro quien cuidaba del niño y después sería Kisumi para al final ir ellos dos.

—Ojalá pudiéramos traerlo a la estación en días como estos donde no hay trabajo —dijo Kagami tirándose contra el banquillo.

—Uno nunca sabe cuándo habrá trabajo, Taiga.

—Bueno, igual no pasa de ir a salvar un gato o algo así …—se quejó acomodándose de lado, las cosas así eran de aburridas en central y Makoto agradecía un poco que las cosas estuvieran en calma.

Casi como si invocaran la alarma sonó, todos los equipos se empezaron a movilizar sin decir mucho. La comida se quedó a medio comer y los trajes fueron puestos en sus cuerpos para descender en él tuvo y subir al auto. Salieron a prisa entre alertas, gritos del jefe, una organización esplendida para la que fueron entrenados pero lo que vio el par de bomberos conforme se acercaban al lugar de los hechos fue algo para lo que no fueron entrenados, no era el típico edificio o la casa que por un descuido terminó incendiándose, se trataba de un bosque en llamas, algo más grande e incontrolable.

—¿Qué sucedió aquí? —dijo Makoto mirando el feroz fuego devorarlo todo a su paso.

—Es un campamento, suponemos que en un descuido alguien encendió una fogata, nuestra misión es controlar el fuego y sacar a las personas del bosque… andando —dijo el jefe de los bomberos y todos se movilizaron.

Por las orillas intentaban sofocar a las llamas pero se concentraban en un punto y otro más empezaba a prenderse. El siniestro era inmenso, pudieron filtrarse y sacar a algunas personas pero había otras con señales de sofocación en el interior. Kagami se rodeó con su saco, Makoto le imitó y lograron sacar a dos personas del lugar sin problema.

—Hay gente más dentro, tendremos que adentrarnos más —decía Kagami entre gritos para que el castaño le escuchara.

—No, es peligroso —dijo su jefe, podrían perder más de lo que tenían, era mucho apostar.—retrocedan y encárguense solo de las personas que están en las orillas de la muralla de fuego.

Pero pedir eso no era bueno, podían escuchar los gritos de auxilio de personas más internas en el fuego, esas personas que por órdenes no podían salvar ¿No era inhumano decidir? Para ser líder del cuerpo de bomberos debías dejar un poco la humanidad y seguir la lógica, ese viejo en su experiencia sabía lo que hacía.

Pero Kagami era joven, un tanto descarriado, impulsivo como en sus años en Seirin, atrabancado por demás. Ni siquiera dijo nada, solo corrió al incendio alertando a Makoto.

—¡T..Taiga! —fue detrás de él, no podía dejarlo solo en eso, era su compañero, su amigo, Kagami era…

Dentro de la parte más inmensa y voraz del incendio había unas personas sofocadas, era una madre y sus dos hijos tosiendo. Kagami tomó a dos niños en hombros, pensar que los dejarían ahí, ¿Qué clase de persona cruel haría eso? Al menos ahora estarían bien. Miró a Makoto llegar detrás de él, su traje tenía algunas quemaduras y sus mejillas estaban negras del humo y las cenizas que le golpeaban.

—Ayúdame con ella —le solicitó. Makoto no dijo nada, de hecho ayudó rápidamente pues todo era cosa del tiempo, debían ir más rápido que el fuego. La cargó en brazos y salieron del lugar, no hubo tiempo de pensar en más, de considerar el fuego, de pensar en controlar su respiración. Eran inexpertos, estaban aprendiendo y sin embargo se habían adentrado ignorando todo lo aprendido, siguiendo el instinto.

Salieron de la muralla de fuego, los paramédicos de inmediato tomaron a los niños y a la mujer mientras los compañeros aplaudían el valor de los jóvenes reclutas, el jefe estaba molesto por que desobedecieron las reglas pero más tranquilo de que habían logrado salvar a esa familia. Cuando se aproximó a reprenderles ocurrió algo, Makoto abrió los ojos sorprendido y solo se escuchó un grito.

—¡Taiga!— el pelirrojo yacía en el suelo inconsciente. Los paramédicos empezaron a movilizarse, le arrancaron las prendas, lo subieron a la camilla y pronto un respirador fue puesto en su boca.

Memorias, temores, esos miedos enterrados arribaron a Makoto. Un recuerdo de Haruka cuando casi se ahogaba, cuando sintió que lo perdería, arribó a su mente. Se sintió agitado, se abrió paso entre la gente hacia la ambulancia donde habían subido a Kagami. Intentó subir, nadie lo podía retener y entonces escuchó algo que le heló totalmente.

—Tiene un paro respiratorio, inicien proceso para reanimación. —era más grave de lo pensado, en las practicas se lo habían advertido. Mucho humo, agitarse, perder la concentración podía hacer la diferencia. Los pulmones humanos son débiles y entre correr y aspirar estos podían llenarse de aquel humo letal. Eso pasaba con Kagami, ahora él.

—Taiga…tengo que ir con él, déjenme subir…—su jefe le detuvo, negó con la cabeza. La ambulancia fue de emergencia al hospital dejando atrás a Makoto, ese temblar, ese ataque de pánico, uno que no había sufrido desde aquel día en su infancia, en su pasado.

¿Por qué las cosas estaban destinadas a repetirse?

Apretó tembloroso sus prendas y sollozó. Imploró en un grito silencioso que Kagami estuviera bien, que volviera en sí, que sonriera de nuevo. La sala del hospital era fría, la espera enorme, los segundos dolían. Sus trajes de bombero aun puestos, medio quemados en gajos, algunas partes arrancadas, su rostro manchado de negro excepto por la parte de los ojos que se había tallado, que las lágrimas habían limpiado.

Al final del pasillo iban entrando Himuro, Kisumi y Hayato a toda prisa. Himuro fue el primero en arribar con Makoto, totalmente alterado, aterrado. Le sostuvo de la camisa, imploró saber que pasaba, era su hermano menor, no su sangre pero si alguien quien estuvo con él desde su infancia. Makoto buscó su mejor expresión, las palabras exactas para tranquilizarle. Esa era su especialidad.

—Están estabilizándolo, parece que respiró algo de humo —dijo logrando el efecto deseado, Himuro suspiró y miró a Kisumi.

—No pude quedarme en casa y tampoco dejar a Hayato…—dijo el pelirrosa —al menos Kagami está bien.

—¿Se lastimó, entrenador? —Makoto negó para calmar al pequeño, seguro ver tanta conmoción le había afectado así que sonrió falsamente para mostrarle que todo estaba bien, aunque las cosas estaban realmente mal.

Siguieron esperando un rato, el médico que atendía aparentemente era amigo de Kagami, un viejo rival de sus años en Seirin así que pasaba a Himuro informándole al respecto. De igual forma, al ser conocido de Kuroko, no pasó mucho tiempo para que el peliceleste estuviera entrando a la sala de espera preguntando por la salud del pelirrojo. Le explicaron a grandes rasgos lo ocurrido, Makoto entonces le vio preocupar. Pese a sus actitudes y métodos definitivamente ese chico estaba preocupado, apreciaba a Kagami.

¿Quién no lo haría? Él era estupendo.

Sintió algo de melancolía, tristeza. Tenía poco tiempo de conocerlo y ya estaba encariñado a él, a sus risas, sus mohines, su forma de hablar, de comer, de respirar, de quedarse pensando por ratos en la mesa o como mecía el tenedor cuando algo no le gustaba. Su forma de dormir, de quejarse, de cómo se secaba el cabello. Detalles, detalles y más detalles que Makoto solo había apreciado de una persona en su pasado y que ahora notaba en Kagami.

Pensar en ello era tomar un camino peligroso al cual no se quería adentrar.

Salió de sus cavilaciones cuando vio al peliceleste aproximarse a él, serio como siempre, imperturbable ahora. Se paró frente a él sin miedo, ignorando la diferencia de estatura que había a Makoto imponente, la falta de presencia del otro que lo había apenas visible a los demás. Kuroko frunció el ceño un poco y clavó sus orbes azules en los verdes de Makoto.

—Quiero hablar con usted …

Sabía que aquel no era el mejor lugar pero tal vez no se presentaría otra ocasión. Casi podía escuchar los tambores de guerra, sentía que habría una intensa charla entre ellos.