Se ponen interesantes las cosas y tal vez se pongan más interesantes. Este capitulo me ha salido solo un poco mejor. Espero que lo disfruten.
—Kagami-kun….—susurró Kuroko desde la puerta de Kagami mirando como este hacia una pequeña maleta. El pelirrojo alzó la vista y en los ojos de Kuroko notó de que iba su presencia, que planeaba decir.
El que Kagami fuera impulsivo era normal más hacía tiempo que no veía esa determinación en su mirar, ese deseo de hacer algo. Le asustaba, y mucho. Sentía que de verlo tomar ese tren las cosas no volverían a ser las mismas, que se enfrentaría a aquello que había visto en sus ojos cuando mencionaban a ese chico Makoto, que admitiría cosas que a Kuroko le dolerían, que le dejaría atrás definitivamente. Apretó la madera del marco de la puerta y bajó la vista depresivo, sintiendo que se hundía en su propia pena. La mano de Kagami se posó en sus cabellos celestes y los depeinó levemente.
—Kuroko, supongo que está de más decir que pasa pero…—esas primeras palabras le bajaron más el ánimo al bajo aunque decidió seguir escuchándole —yo siempre he esperado por ti ¿Podrías esperarme ahora tú? Solo necesito saber algo…
El peliceleste no supo cómo interpretar aquella solicitud. Sería un "pronto volveré a tu lado" o "déjame pensar en que siento por ti". Bueno, lo justo sería la segunda opción puesto que él mismo siempre había dejado a Kagami en la incertidumbre de saber qué es lo que él mismo sentía, en la cuerda entre "Me gustas tú" o "Me gusta Aomine-kun". Habían pasado los años y había sido egoísta con ambos aunque a diferencia de Aomine, Kagami siempre le había sido a su manera fiel. Eso le daba más puntos en su corazón, para Kuroko era más valiosa esa forma en la que el pelirrojo pese a no recibir nada era fiel a su sentir.
En cambio Aomine no tenía ni la más mínima intensión de vestir santos esperándole, por eso con el moreno había sido impulsivo y le había atraído hasta donde pudiese hacia él. No se sentía con la capacidad de hacer eso con Kagami, la diferencia es que aunque Aomine estuviese con otra persona no se perturbaba si alguien más le rondaba, inclusive le correspondía al menos a él bajo la excusa de "por los viejos tiempos" más sabía que Kagami no sería así, si lo perdía ahora lo perdería para siempre, porque es fiel, por que ama realmente y solo a una persona a la vez.
Que esa persona no fuese él era algo nuevo y triste.
Solo le quedó asentir y aceptar su propuesta. Dejar su pasado como esta, dejar el futuro a la suerte. Que fuera lo que Kagami decidiese y cuando volviera de Iwatobi haría un último intento por recuperarlo. Eso decidió, su determinación era tal que en ese tiempo enterraría la memoria y "los viejos tiempos" con Aomine, y entonces, solo entonces, sabría que él mismo era digno de Kagami, se lo demostraría y aceptaría su sentir.
Solo esperaba que el otro no cambiase y confiaba en que sus palabras a Makoto hubiesen servido de algo.
—Oficialmente somos los peores universitarios de la historia —dijo Himuro con su maletín colgado en la espalda. —Primeras semanas de clases y faltaremos por irnos de vacaciones.
—No pudimos esperar al invierno…—dijo Kisumi mientras arreglaba las ropas de Hayato inclinado hacia él —además esto me servirá para ver cómo están papá y mamá —comentó con una sonrisa triste, Hayato le miró de igual forma.
—Lamento que tengas que hacer esto… —comentó Himuro más Kisumi negó con una sonrisa ladina. Es cierto que la idea de volver a ver a sus padres era difícil pero por recuperar a su amigo haría eso y más.
—Si no voy yo ¿Quién les guiará por Iwatobi?
Entonces tuvieron las maletas listas, algo ligero para un viaje corto. Los cuatro de pie en la estación mientras el vocero anunciaba su salida. Hacia tanto que no viajaba así, desde aquella vez que partió a Norteamérica para entrenar con Alex había vuelto y hecho su asentamiento en Tokio. Entonces ahora, después de tanto, estaba yendo a toda marcha detrás de alguien que apenas había conocido y sin embargo ese alguien con una sonrisa había destruido y reconstruido toda su vida.
¿Por qué Makoto simplemente salía de ella sin decir más nada?
Apretó el puño, esperó que todo estuviese bien y que sea lo que sea que le hubiese arrastrado a Iwatobi tuviese una pronta solución aunque el hecho de que vaciara sus cajones y se fuera sin más le daba una mala espina. Acomodó el vendaje de su brazo, recargó la cabeza a la ventana y vio las ciudades y construcciones convertirse al paso de las horas en verdosos paisajes hasta tornarse en un mar, el mar de las costas de Iwatobi.
Todo ahí era diferente a Tokio, era un pueblo humilde pero a su vez colorido. Nada le faltaba, nada le sobraba y la arquitectura de la misma daba un aire pacifico El cómo las casas descendían de un monte con escaleras interconectando las mismas hasta desembocar en el agua. Ahora entendía el por qué Makoto amaba nadar, si cada parte de Iwatobi olía a sal de mar y la brisa que emanaba el viendo invitaba a sus visitantes y habitantes a un chapuzón.
El grupo estiró los músculos, el viaje había sido largo y cansado. Habían llegado a medio día y los estudiantes de diferentes niveles salían de clases portando sus uniformes y con mochilas en la espalda.
—Que buenos tiempos…—dijo Kisumi mientras veía estudiantes de su antigua escuela pasar, aquel uniforme y esa despreocupación de la vida misma era algo que el joven adulto extrañaba.
—¿Tienes una idea de dónde buscar a Makoto? —preguntó Kagami volviéndose a echar la maleta en la espalda dispuesto a emprender la búsqueda.
—T..tranquilo Kagami. Sé que ya quieres verlo pero debemos descansar sobre todo por…—Kisumi miró a Hayato quien se le aferraba a las ropas cansado. El pelirrojo suspiró un poco y asintió, debía ser comprensible, un viaje tan largo era pesado para el pequeño.
—Lo siento…—emitió el pelirrojo relajándose, tiempo al tiempo, cuando menos esperara volvería a ver al castaño y sus sonrisas, sus mohines, esa tranquilidad que le embriagaba. Entonces, sentía él, que de ver sus orbes verdes nuevamente descubriría si sus sospechas eran ciertas o mera imaginación.
Lo que no supo el grupo es que alguien a la distancia le observaba, alguien que atinó a la presencia del grupo y receloso se negaba mentalmente que no, ellos no podían estar ahí, no podían estar planeando lo que él creía, no podían llevarse a Makoto de vuelta a Tokio.
Tras llegar a la casa donde Kisumi y Hayato solían vivir se tomaron un respiro, hacía poco habían estado ahí pero se sentían como años y una extraña calma invadía el lugar. La puerta se abrió, sus padres aparecieron por el umbral y los ojos del pequeño se iluminaron, después de todo eran sus padres, los extrañaba y un abrazo fue suficiente para saber que ellos también extrañaban a sus dos pequeños. Una escena conmovedora que arrebató una sonrisa a Himuro y Kagami quien, a pesar de no ser hermanos de sangre, sentían esa empatía de sentirse como una familia tan lejos de casa, tan lejos de Alex quien era como una figura materna para ambos.
La casa de Kisumi era bastante colorida, grande y muy hogareña a diferencia del apretado departamento en Tokio, el cambio debió ser difícil para ambos pero ahora se daban un respiro después de estar en aquellas angostas paredes en una ciudad que no se detiene. La habitación del pelirosa estaba lleno de cosas de básquet, revistas, una canasta pegada a la cabecera de la cama y una ventana que daba hacia la costa. Himuro se lanzó en la cama mirando el techo y sintió como si conociera una parte de la intimidad de su pareja. Parecía pronto, lo era, pero en Norteamérica así se llevaban las cosas así que no se sintió extraño.
—Hayato se ha quedado dormido y Kagami quiso tomar un baño…—dijo Kisumi desde la puerta de su habitación. Himuro se sentó, sus cabellos ondearon hacia al frente y sonrió como parte de una invitación que el más alto aceptó. Tomó lugar en su propia cama y puso los antebrazos cómodamente en los hombros del azabache mientras sonreía —¿Te está gustando Iwatobi?
—¿Qué? No he visto Iwatobi estaba distraído viendo otras cosas… —emitió colocándole el cabello tras la oreja en un acto delicado que le robó un suspiro suave a Kisumi. Entonces el chico se atrevió a preguntar.
—¿Crees que Kagami….—se detuvo a la mitad, Himuro sabía a lo que se refería. Ver al pelirrojo alterado si era común pero dejar a Kuroko con la palabra en la boca, tomar maletas y partir era algo que solo podía significar una cosa. El azabache sonrió asintiendo, como en un idioma silencioso que ambos entendían.
—Por eso estoy aquí… porque sé que es importante para él…
Dicho eso y tras tomarse un respiro los tres jóvenes vagaban por las calles soleadas de Iwatobi. El verano estaba en su apogeo y las calles parecían más en calma pues estudiantes de diversas edades y niveles se encontraban estudiando y laborando en sus actividades escolares. Casualmente se veía una que otra persona cruzar por las avenidas pero fuera de eso Iwatobi era un pueblo en paz.
Subieron por las escaleras de madera que daban hacia la casa del joven castaño, entonces Kagami sentía una extraña emoción invadirle que le llevó a tocarse el pecho e intentar calmar ese latir incesante. El mar se alejaba a sus espaldas y la tarde amenazaba con aparecer y pintar el cielo en su naranja. Algo les detuvo, un joven con un curioso antifaz cubriéndole parte del rostro les señaló como si les retara. Por su estatura podían creer que era un niño pero su porte daba aire a alguien más grande.
—No pueden continuar. Yo, Iwatobiman los detendré —decía el joven haciendo mohines extraños provocando que los chicos ladearan la cabeza.—Este camino está cerrado y…—Kisumi pasó de largo sin hacer mucho caso a la advertencia del pequeño —espera, no puedes hacerlo…
—Estamos cerca chicos..—dijo señalando al frente pero algo en sus piernas le detuvo, un par de niños más pequeños estaban prendidos uno en cada pierna del pelirosa, ambos con antifaz.
—Somos los ayudantes de Iwatobiman y no dejaremos que sigas…—dijo la niña aferrada a Kisumi.
—O…oigan… —el pelirrosa intentaba liberarse sin lastimarlos pero el par no se lo permitía. El primer joven se aferró a Himuro sosteniéndolo de la cintura mientras gritaba.
—¡Iwatobi-kun ayuda, aún nos queda uno! —decía forcejeando con Himuro aunque el azabache ni siquiera hacía un intento por liberarse.
—N..No voy a hacer esto, Nagisa-kun —dijo el peliazul con un antifaz que aparecía detrás de los matorrales muy apenado de tan lamentable escena.
—Tranquilos Kagami, Himuro. Ellos son amigos de Makoto, y estos pequeños son sus hermanos Ran y Ren —dijo Kisumi acariciando las cabelleras de los niños que seguían en sus piernas.—¿Podrian llevarnos a donde está Makoto?
—¡No! —gritó la pequeña — no queremos que se lleven a mi hermano a Tokio —dijo aferrándose más, sorprendiendo a los jóvenes. Ese era el plan de aquel cuarteto, detenerlos de llevarse a Makoto de vuelta. Kagami suspiró y siendo el único libre se aproximó a los pequeños inclinándose.
—Solo queremos saber si está bien…si regresa o no será algo que él decida …—el pequeño sollozaba soltando la pierna de Kisumi y se tallaba los ojos negando.
—No quiero que se vaya… lo extrañamos mucho…—dijo tapándose el rostro. Kagami entrecerró los ojos bajando un poco el rostro y se sinceró.
—Yo también lo extraño mucho….—entonces unos pasos se escucharon, se detuvieron a solo un par de metros del grupo que seguía en las escaleras. Todos dirigieron la vista al par que se presentó ante sus ojos. Aquel castaño junto a un azabache de ojos azules como el mar mismo. El castaño los miró con sorpresa, más sorpresivo fue escuchar aquello dicho por el pelirrojo.
—Chicos…—susurró suave mientras la tensión de encontrarse frente a frente nuevamente se incrementó al saber quién era el acompañante de Makoto.
—¡Mako-chan. Haru-chan!—dijo Nagisa quitándose el antifaz mientras Kagami se ponía de pie y encaraba a aquel chico quien había sido dueño del corazón de Makoto, quien le había lastimado en el pasado.
