Se que tardé para la actu más de lo que comúnmente tardo pero quienes me siguen en facebook supieron que tuve una semana de mucho trabajo y apenas estos días pude respirar en paz. No piensen ni en broma que abandonaré el fic, podré tardarme pero lo haré concluir con un buen final de telenovela[?] y para que vean que soy bien amable anuncio que el próximo capitulo [después de este] tendrá su muy preciado y esperado lemon ¿De quien? Ya lo verán. Disfruten.
—Solo puedo decir que estoy un poco sorprendido….—decía el castaño sentado en un escaloncillo de su casa a lado del pelirrosa mientras la noche ya había caído. Se habían dispuesto a cenar en conjunto tras curioso encuentro de todos los jóvenes y mientras comían caballa preparada por Haruka nadie hizo mención de sus intenciones aunque Kagami más de una vez quiso ponerse de pie y decir lo que pensaba, los ojos llorosos de los pequeños hermanos de Makoto le detenían al igual que el puchero del rubio. Ahora se sentía incapaz de solicitarlo y volver a Japón derrotado por esos pequeños parecía que sería lo que ocurriría.
Apenas en ese momento en que Nagisa intentó aligerar el ambiente charlando con los invitados de comida y cosas que disfrutaban fue que Kisumi hizo una seña a Makoto para charlar más en privado. Eso no pasó desapercibido por el grupo pero tanto los de Iwatobi como Kagami y Himuro confiaban en la imparcialidad del pelirrosa.
—Puedo saber ¿Qué te trajo de vuelta? —Makoto suspiró suave y bajó la vista hacia sus manos pensando en la respuesta de ello más era difícil, bastante complicado expresarlo.
—Ya debes imaginarlo y pensarás que soy un torpe por volver …—se cubrió un poco el rostro bajando la vista mientras Kisumi se sorprendió al notar un temblor en las manos del otro, una angustia en su porte que era transmitida.
—Makoto…
—No puedo enterrar el pasado… no puedo por más que intento …—confesó al fin. Kisumi bajó la vista algo triste por la situación en la cual, como siempre, Makoto anteponía a Haruka por encima de todo. Así fue desde niño y aun ahora tenía esa costumbre y pensaba que, precisamente era eso, la costumbre, lo que mantenía a Makoto incapaz de seguir, de alejarse, de ser feliz por su cuenta.
Le despeinó los cabellos castaños, alguien que amaba con tanta fuerza y voluntad no podía ni merecía sufrir por nada ni nadie. Las personas como Makoto debían estar en la cima haciendo feliz a tantos y no en un agujero concentrándose en una persona, desviviéndose por aquel chico que no era capaz de salir de su propia pena, de sus propios miedos, de toda esa incapacidad por construirse un futuro. Ya casi lo había logrado, Makoto había dado pasos agigantados a su propia libertad pero poco faltó, sus energías fallaron, ahora estaba de vuelta a ser el niñero del ojiazul.
—Mako-chan…—dijo Nagisa tras de él —tus hermanitos se quedaron dormidos. Los pusimos en el cuarto de Haru-chan.
—Gracias, Nagisa —dijo incorporando su porte como si nada pasara y sonriendo feliz para no preocupar. Ese era el Makoto que todos conocían, tan noble y puro. Mientras que, alguien tal vez igual de noble más considerablemente más impulsivo, se puso de pie detrás del ojiverde. Sus miradas se cruzaron, aquella armoniosa como un jardín de flores contra aquella intensa como el fuego. Kagami se cruzó de brazos dispuesto a obtener una respuesta Makoto solo bajó un poco la vista sin tenerla realmente.
—Te has ido sin decir más…—Makoto se sintió algo regañado y encogió los hombros pero acto seguido sonrió con esa frescura digna de él, un arma ante la cual Kagami empezaba a sentirse débil indefenso.
—Me da gusto que te recuperaras, Taiga….—Kagami cambió el porte estricto a uno más apacible, ¿Cómo hacia Makoto para transformar toda esa tensión en algo tan tranquilo?— disculpa por haberme ido de repente yo… lo lamento.
—Tus razones debiste tener…—tras decir eso sintió la presencia del ojiazul detrás de él. Estando así Makoto veía a ambos jóvenes, en la misma habitación, bajo el mismo techo. Jamás pensó que llegaría el dia en que se encontrara en una situación así puesto que si había una leve duda en su corazón, una muy pequeña que le pinchaba como una aguja, era precisamente por causa de Kagami Taiga.
Verlo ahí de repente, buscándole, siguiéndole a pesar de lo que Kuroko hacía por "recuperarle", a sabiendas del amor que Kagami tenía por el peliceleste y convencido de que lo mejor era dejarlo seguir y encontrar su felicidad con su antiguo amor cambiaba por completo las cosas. Y es que tras recibir la llamada de Nagisa diciéndole que Haru le necesitaba le había alterado y tomado con la guardia baja anexando el hecho de que, visto desde el punto de vista de Kuroko, se estaba "metiendo" de cierta forma en un asunto que no le concernía pero.
¿De verdad no le concernía lo que pasara con Taiga?
De ser así ¿Por qué Kagami estaba ahí de pie con esa mirada tan triste?. Makoto no tenía respuesta, tal vez era muy joven e inocente para entenderlo, tal vez vivir tanto tiempo en un romance unilateral lleno de egoísmo le había desensibilizado en el aspecto de que alguien corriera a buscarle, de que le siguiera a donde estuviera. Pensó por un vago instante que aquello que hacían Kagami, Kisumi y Himuro, pero sobre todo Kagami, es algo que le hubiera gustado ver de Haruka.
—Es bueno saber que tu huida no es por algo grave…—susurró Kagami en vista de la situación, casi intuyendo que se trataba de ese chico ojiazul quien lo había traído de vuelta y que eso, a pesar de ser un alivio, también era desgarrador. Makoto ni siquiera alzó la vista cuando escuchó que la puerta se cerró y aun cuando Himuro quiso ir detrás de su hermano Kisumi le detuvo.
—Estará bien…no hay muchos lugares a los que pueda ir, solo necesita pensar…—Himuro lo sabía, estaba entendiendo las confusiones y problemas de su hermano, no envidió nada su suerte pues respiraba tranquilo en su nuevo romance habiéndole superado, aun así seguiría siendo su incondicional como Kisumi lo era con Makoto. La puerta nuevamente sonó, alguien más había salido de la sala y aunque el rubio intentó detenerle fue Rei quien negó con la cabeza.
—Mako-chan ¿Qué es lo que sucede? —dijo el rubio con la preocupación en su rostro, confundido de más ante la escena ¿Quién era ese chico? ¿Era tan importante para Makoto?
—Esto…es un poco difícil…—dijo jugando con sus manos, casi para sí mismo, pues era complicado cuando su corazón acelerado a ese punto no sabía por quién latía.
Mientras los pasos de Kagami avanzaban por las escaleras de madera hasta llegar al mirador. Últimamente su medidor de impulsos yacía descontrolado y era posible que ahora se pasase solo un poco de la raya. Debió quedarse ahí y preguntar lo fundamental "¿Volverás a Tokio, Makoto?" y dependiendo de su respuesta decidiría si avanzar o retroceder en sus intenciones pero ¿Cuáles eran sus intenciones? Miró el mar nocturno que se expandía ante sus ojos con sus estrellas reflejadas y una luna iluminándole con parsimonia. Era un gran espectáculo de los cuales en Tokyo no se veía.
Los pasos detrás d eél no le hicieron girar pues sus ojos de fuego no se separaron nunca del mar, el hecho de que aquella persona se parase a su lado y se sujetara de la misma barandilla no fue importante pues había encontrado la calma en aquel paisaje nocturno y su suave voz que de alguna forma se le hizo familiar por su tranquilidad tampoco hizo que sus emociones variaran, no iba en son de guerra, solo parecía querer charlar.
—¿Quieres que vuelva a Tokio?...—preguntó Haruka. Taiga bajó la mirada un poco. ¡Claro que quería! ¡Makoto era genial y compartir tanto con él era fabuloso! Pero no quería ser egoísta. Su yo del pasado hubiera exigido tal vez que lo hiciera pero ahora tenía en claro que solamente quería que Makoto fuera feliz.
—Eso es algo que solo él decide…—frunció el entrecejo, clavó sus orbes en los del otro chico fieramente aunque a su vez calculador, casi analítico.
En primer instante se creyó desconocido para ese joven, creyó que en su porte de desinterés Haruka pasaría de él pero fue más de lo que esperaba, Haruka era inteligente. Kagami no lo había entendido pero el azabache conocía a Makoto como la palma de su mano, siempre habían sido hombro a hombro por lo cual al sentir la presencia de Kagami, la profundidad de la mirada que ambos se entregaban y esa seriedad con la que charlaban propiciando un ambiente extraño hizo que algo dentro de Haruka se alertara, una alarma que le decía peligro y que indicaba que ese pelirrojo no era común o al menos Makoto no le veía como alguien común si no diferente, sus orbes verdes se habían fijado en él con un brillo poco usual, no alegre como el que tenía cuando lo miraba a él si no algo más, una entremezcla perfecta de tantas emociones que hizo a Haruka temer. Si, tenía miedo de que en su descuido y egoísmo estuviera perdiendo a Makoto.
Por eso fue tras él porque sentía que debía dejar las cosas en claro, debía actuar rápido y no bajar la guardia ante el citadino.
—Déjale en paz…—susurró el azabache tan suave y a su vez tan claro que solo hizo que nuevamente la sangre de Kagami hirviera.
—¿Disculpa?...
—Regresa a Tokio y déjalo en paz….él es feliz aquí con su familia, con sus amigos —el pelirrojo chistó, no podía creer estar escuchando esa maraña de egoísmo ¿Acaso era él de quien Makoto había estado enamorado por tanto tiempo? Alguien sin personalidad, sin sueños, hundido y dependiente. Incapaz de crecer y con esa fingida pena que impedía que las personas a su alrededor crecieran, que Makoto se superara.
Abrió los ojos como si se tratase de una relevación, de un pasado en conjunto, de una extraña coincidencia por la cual no podía juzgar al otro. Él estuvo igual, él amó a alguien como Haruka y se perdió tanto y tanto tiempo en ese amor pero ahora no era así, ahora las cosas estaban más claras, ahora entendía que no solo la empatía común o la camadería mantenía y arrastraba a Kagami hasta esas tierras buscando a Makoto. Era entendimiento, era la comprensión y las ganas de salvarlo como él lo había salvado, de hacerlo salir de ese hoyo como Makoto lo había sacado, de verlo sonreír como siempre, de que sintiera por él aunque sea la mitad de lo que sentía pero sobre todo quería que Makoto fuera feliz…si era a su lado, día a día, riendo estando en aquel balcón por el cual podían ver los autos y los días pasar mientras hablaban de cosas casuales mucho mejor aunque aceptaría con resignación si él decidía que su felicidad estaba en Iwatobi.
¿No era eso amor? Pensar en el otro antes que en si mismo.
Tal vez si Kuroko lo hubiese entendido, tal vez si ese chico azabache frente a él lo entendiera las cosas seguirían igual o mejor. Makoto estaría ahí en Iwatobi sin que nadie le hubiese seguido viviendo una vida pacifica con él, con sus hermanos y parientes mientras que Kagami pasaría los días y las noches de Tokio abrazando al peliceleste que más que ser su sombra fue la luz de sus ojos, la luz de sus días.
Pero eso es algo que ya no podría pasar por que cuando conoces algo que supera tus expectativas y te llena en demasía retornar al pasado no es opción…y todo aquello Kagami lo había encontrado en Makoto.
—Puedo hacerlo pero…—dijo haciendo una pausa mientras caminaba ya tranquilo a lado del azabache, sutil y a su vez amenazante. Solo bastó una frase para hacerlo temblar nuevamente, para reiterar que Kagami era peligroso —… si él quiere volver no desaprovecharé la oportunidad, no esta vez...
Y dicho esto caminó dejando atrás a Haruka quien observaba lo oscuro del paisaje un tanto impactado por las palabras del pelirrojo. Y tal vez esa misma frase es algo que debió decir Makoto al enfrentarse a Kuroko más en su nobleza, como siempre, decidió ver la felicidad del prójimo y eso incluía al mismísimo peliceleste. Kagami no, Kagami pensaba más en el bienestar del castaño y si en su felicidad estaba abrir las maletas y permanecer ahí lo aceptaría con honor y seguiría su vida en Tokio.
Cuando retornaba al camino en su andar encontró a Kisumi y Himuro quienes caminaban uno a lado del otro hacia la casa del pelirosa. Ambos le sonrieron, Kagami respondió el gesto algo agradecido y en parte diciendo "todo está bien" con la mirada pues como si se tratase de un secreto a voces sabía que si esos jóvenes habían viajado a Iwatobi era para ser su apoyo pues Himuro le conocía, seguro se hacía una idea de lo que pasaba, y Kagami estaba agradecido de que la vida le diera un hermano como él, incondicional, único.
—Esta noche cenaremos pizza y dejaremos de pensar en nadadores y esas cosas ¿Qué me dicen?—sugirió Kisumi algo cansado de tanto drama, necesitaban un respiro y disfrutar de sus pequeñas vacaciones no planeadas. Ambos basquetbolistas aceptaron ¿Había algo más que hacer? Solo esperar si Makoto se decidía pues no importando lo que pasara su ruta estaba escrita, deberían volver a Tokio en un par de días y dejar Iwatobi nuevamente, con o sin Makoto Tachibana.
Y el día llegó, la mañana estaba iluminando hasta el rincón más oscuro de la casa del pelirrosa y las risas de Hayato resonaban en la cocina mientras este subía a prisa a su habitación. Himuro apretó los orbes y dejó entrar la luz en estos suavemente mientras escuchaba murmullos incomprensibles en la habitación de al lado. Se despabiló y se sentó en la cama con el cabello algo alborotado, los ojos con cansancio mientras se tallaba suave la frente. Caminó por el piso de madera totalmente descalzo y llegó hasta la puerta de la habitación que Kisumi había concedido para su descanso. Entonces, una frase le detuvo mientras tomaba la chapa, algo que le dolió escuchar.
—… no fuimos los mejores padres pero estamos resolviendo las cosas…—decía una voz masculina al otro lado de la puerta.
—Pero no podemos ser una familia nuevamente si no estás aquí, en casa, con nosotros…—prosiguió una mujer con voz suave, tierna — por favor Kisu-chan, no vuelvas a Tokio…
Himuro retrocedió unos pasos pues creyó imprudente escuchar más de aquella conversación privada más ahora tenía una sensación de dolo, algo sofocante en el pecho. No pensó que aquello pasaría pero tenía sentido que sus padres no quisieran que Kisumi volviera a Tokio.
¿Qué sería lo que él decidiría?
