LA BODA DEL REY

CAPÍTULO 3: Océano

- Yo creo que ese Rin está completamente fuera del juego – los ojos color granate del consejero observaban hacia la ventana al tiempo que este hacía un puchero. – No creo que tenga madera de ser buen esposo. Y algo no me pinta bien con él.

- No deberías llamarlo por su nombre, Nagisa – le reprimió el rey castaño. – Pero estoy de acuerdo. Es casi tan reservado como Haru, no funcionaría, es probable que Yamazaki sea mejor candidato.

- ¡No! ¡Ni pensarlo! ¡Con él no!

- ¿Con quién entonces? Ya dejó claro que a la princesa no la elegirá tampoco y tú te rehúsas a dar el visto buen a los otros dos pretendientes.

- ¿Y tú?

- Por enésima vez, no vine aquí para eso, vine para ayudarlo a elegir.

- Pero quisieras ser elegido, ¿no?

Makoto fue atrapado con la guardia baja y sorprendido miró a Nagisa en busca de una respuesta a una pregunta no formulada. El rubio no tardó en darle una respuesta.

- Es un poco obvio.

El rey del Este se cubrió la cara con ambas manos y se dejó caer sobre una silla cercana. Se quitó el cabello de la cara y sonrió nervioso. Nagisa le dijo que no se preocupara, que no diría nada, pero Makoto había comenzado a dar razones por las cuales era incorrecto sacar un tema como ese y no le escuchó.

- Como sea, yo esperaba más personas interesadas en el rey, ¿no crees?

Makoto estaba de acuerdo. Si bien la situación del rey Haruka no era muy buena económicamente hablando, su reino se extendía sobre un territorio desértico que los gobernantes anteriores se habían dedicado a civilizar y mejorar. Así, poseía muchos caminos y ciudades, y lo que lo hacía mejor, era un punto intermedio entre los principales países comerciantes. Era, en resumen, una ruta comercial increíblemente conveniente porque desde el País de la Arena se podía acceder a otras ciudades y países sin mayor dificultad, y el desierto no era problema gracias a todas las rutas seguras existentes y a que los pobladores conocían cada una a la perfección. Claro que se necesitaban permisos especiales para acceder a dichas rutas si no se era un ciudadano de ahí, así que una alianza matrimonial facilitaría a los pobladores de ambos países el comerciar libremente.

- Supongo que no podemos hacer mucho, estamos atrapados entre ellos tres, y Haru no parece interesarse en alguno en particular.

- ¡Ah! En eso te equivocas – comentó Nagisa tratando de llamar la atención del rey Makoto.

- ¿A qué te refieres?

- ¿No te enteraste? Le ha regalado uno de sus preciados cactus al príncipe.

Makoto abrió los ojos como platos y después empezó a reír sin razón aparente. En realidad no sabía cómo era realmente el príncipe Rin, así que no quería adelantarse a juzgarlo. Si a pesar de lo que pensaba del príncipe el rey Haruka se comportaba así de amigable con él tal vez no había de qué preocuparse.

- ¿No acabas de decirme que definitivamente no lo aceptarías?

- No estoy diciendo que le aceptaré, solo te estoy dando mi reporte.

Un sirviente tocó a la puerta el estudio en que se encontraban y detuvieron su discusión para dejarle pasar. Al irse el mensajero, intercambiaron miradas de sorpresa y salieron casi corriendo al encuentro del rey Haruka.

Lo encontraron leyendo en la biblioteca un libro acerca del continente que se encontraba al oeste del suyo, atravesando el mar. Tras cerrar el libro escuchó con atención lo que sus amigos tenían que decir, interrumpiéndoles cada cierto tiempo para que volvieran a empezar por lo atropelladamente que hablaban, y cuando por fin entendió el mensaje dijo:

- Déjenlo pasar.

Poco después entró a la biblioteca, siguiendo a Nagisa, un joven alto de buena complexión y piel bronceada. En su frente brillaban algunas gotas de sudor y su respiración parecía agitada. Unos lentes descansaban sobre el puente de su nariz, y en una de sus manos llevaba un pergamino pequeño, que Nagisa reconoció como la invitación que había enviado a los posibles pretendientes del rey Haruka. Luego de echar un rápido vistazo a la biblioteca y posar sus ojos sobre el rey su rostro serio se transformó en uno de admiración.

- Muy buenas tardes su majestad. Mi nombre es Rei, y he venido corriendo a pedir su mano en matrimonio – se presentó el extraño haciendo una reverencia y sosteniendo la mano izquierda del rey Haruka entre las suyas.

Nagisa y Makoto, que apenas llegaba, no pudieron evitar soltar un grito de sorpresa ante la proposición. Comenzaron a mover los brazos frenéticamente señalando al recién llegado. Debido al bullicio no tardaron en llegar los demás pretendientes y algunos sirvientes del palacio.

- Acepto – dijo el rey Haruka en voz alta para que todos pudiesen escucharlo. El joven aún no se ponía de pie, pero levantó la mirada hacia él y sonrió aliviado.

Todos los demás, a excepción de Yamazaki, comenzaron a preguntar lo que pasaba y Rin desesperado se aproximó a ellos y, tomando al extraño de los hombros, hizo ademán de alejarlo del rey.

- Si logras vencer a estas otras cuatro personas que están aquí por lo mismo – concluyó el rey señalando a sus demás pretendientes.

La sonrisa desapareció del rostro del joven desconocido y volteó a ver a los demás con el ceño fruncido. Se puso de pie y se acercó a quien tenía más próximo, que era el príncipe Rin.

- Buenas proporciones, facciones angulosas, un metro setenta y siete de estatura. Sin embargo parece tener mal carácter. No creo que sea un gran problema.

Después continuó acercándose al grupo y agachó su rostro hasta acercarse al del consejero del rey Haruka. El príncipe Rin comenzó a maldecir en voz alta, pero el otro parecía no hacerle caso.

- Rubio, demasiado delgado, pero de rostro agradable. Un metro sesenta y cinco. Su majestad, no quiero sonar grosero, pero ninguna de estas personas es aceptable para usted.

- ¡Y qué te hace pensar que tú sí! – le respondió Nagisa ofendido. – ¡Y yo no soy un pretendiente demonios!

Inesperadamente el extraño se disculpó y prosiguió con la aparente intención de juzgar a la princesa Gou y al rey Makoto. Fue, sin embargo; detenido por Rin.

- Ni se te ocurra – le amenazó.

- Rei, ¿verdad? – le preguntó el rey Haruka y el aludido asintió. - ¿De dónde vienes?

- Vengo de las Tierras del Noreste, su majestad.

Los murmullos que ya había en la biblioteca aumentaron de volumen gradualmente, hasta que el rey Makoto interrumpió.

- ¿Puedo preguntar de dónde sacaste eso que tienes en la mano?

- Está dirigido a los miembros de la realeza solteros del continente, ¿no? Esto me pertenece.

- Entiendo, pero dices que vienes de las Tierras del Noreste. Hasta donde yo sé los cuatro príncipes y la princesa ya están casados. ¿Eres algún primo o pariente de ellos?

Las cejas del extraño casi se juntaron antes de que explotara en un mar de palabras pronunciadas demasiado rápida y desesperadamente.

- Soy Rei, el hijo menor del actual rey de las Tierras del Norte. Tengo cuatro hermanos mayores y una hermana mayor, que es la siguiente en la línea de sucesión al trono. Atravesé el continente acompañado de mercaderes y comerciantes para llegar hasta aquí, e incluso tuve que correr desde la frontera atravesando el desierto para llegar ¿y nadie sabe de mi existencia?

- ¡Oh! ¿Entonces eres un príncipe? – el consejero no entendía mucho, pero le había parecido una persona interesante.

- En efecto.

- Bienvenido, Rei – el rey Haruka se acercó a él. – Me parece que he escuchado sobre ti antes – los ojos del príncipe Rei se iluminaron – tu hogar está muy lejos, ¿no es así? Era de esperarse que no llegaras a tiempo. Sin embargo estas personas tienen ya cinco días de ventaja sobre ti, ¿crees ser un contrincante digno?

El príncipe Rei reacomodó sus lentes y con voz fuerte y masculina contestó que sí. El rey Makoto le miró preocupado, pero si a Haruka le parecía bien tendría que apoyarlo. Hablaría con él después para saber qué estaba pensando. Luego de pasada la conmoción el rey Haruka le pidió a su consejero que acomodara al nuevo invitado en una habitación y le enseñara el palacio y los horarios.

- ¿Está seguro de esto, Haruka? – Rin evitó usar su apodo al dirigirse al rey en presencia de los demás a pesar haber hablado en voz baja. También le habló formalmente.

- Tiene el mismo derecho que ustedes. Además, será interesante aumentar la competencia.

- ¿Esto no lo hace más difícil para usted?

- Puede ser…

El príncipe Rei admiraba cada objeto en el palacio. Desde las plantas hasta las pinturas. Nagisa se había rendido en su tarea de mostrarle el palacio porque al parecer había hecho una extensa investigación acerca de él y del rey Haruka antes de su llegada. Para lo único que Nagisa servía era para mostrarle qué habitación era cuál.

- Oye, Rei – le dijo al llegar al área de los dormitorios – esta habitación está vacía, puedes ocuparla.

- ¿Rei? ¿Así nada más?

- No esperas que de verdad me crea que eres un príncipe, ¿o sí? Nadie había escuchado de ti, Rei.

- El rey Haruka…

- ¿Haru? Es muy inocente, pero estoy seguro que nadie más te ha creído.

Dijo eso con una sonrisa de oreja a oreja y un infantil rostro despreocupado. El príncipe comenzaba a perder la paciencia, pero logró mantener la calma. En realidad no le molestaba que le llamara por su nombre, casi nadie le llamaba por su título en su lugar de origen tampoco. Era el más joven de los seis hermanos y ya había renunciado hacía mucho tiempo a ser el príncipe. Lo que le sorprendía era la familiaridad con que el consejero hablaba de su rey. Le recordaba un poco a su hogar, donde la mayoría le trataba como una mascota por ser el más pequeño, incluidos sirvientes y algunos súbditos.

- Bien, aceptaré que me llame por mi nombre, si usted me dice el suyo.

- ¿Qué? ¡Oh! Es cierto, qué descortesía la mía. Me llamo Nagisa.

- ¿Suele llamar al rey Haruka "Haru", Nagisa?

- Sí, somos buenos amigos. Además si le llamara "rey" o "majestad", ¿no crees que en esta situación sería algo confuso? Hay otro rey además de él a aquí. Es lo mismo contigo y Rin, porque ambos son príncipes. Al duque le llamo "duque" porque no hay otro duque presente y porque la verdad me da un poco de miedo. ¡Ah pero que torpe soy! Se me está haciendo tarde. Nos vemos luego Rei.

- Sí, hasta pronto…

Nagisa dejó al príncipe Rei con una mano alzada en ademán de despedida y las palabras en la boca. Algo confundido se dio un golpecito en la frente para despejar sus ideas y entró a su nueva alcoba para familiarizarse con ella.

- Debo ser amigable con los sirvientes, después de todo conviviré más con ellos cuando el rey se case conmigo.

- ¿Eso piensas?

La repentina voz sacó al príncipe de sus pensamientos. Al darse cuenta de que había estado hablando en voz alta se llevó una mano a la boca avergonzado antes de voltearse a ver quién era la persona que había invadido su privacidad de esa manera tan grosera. Una cabellera roja y unos dientes afilados le evidenciaron al príncipe Rin, que estaba recostado sobre el marco de la puerta.

- ¿Te asusté?

Rei negó con la cabeza y contestó que más bien le había sorprendido un poco. Rin rio bajo y pidió permiso para entrar a la habitación. Al obtener respuesta afirmativa se aproximó a Rei y le examinó de cerca, imitando su comportamiento de poco antes.

- ¡Pero si tienes mi misma estatura!

- ¿Disculpe?

- Sí, mira.

El príncipe Rin se irguió de frente a Rei y se aproximó lo más que pudo, después con una mano comparó sus estaturas comprobándole al recién llegado que, en efecto, eran las mismas.

- No deberías ir por ahí fanfarroneando, dudo que al rey le agrade eso. Por otro lado tienes carácter, así que te consideraré un oponente digno. Mucha suerte.

Rei dudó por unos instantes el estrechar la mano que Rin le ofrecía, pero finalmente accedió.

- Suena como si quisiera que yo ganara…

- En efecto – contestó el príncipe Rin. – Preferiría que cualquiera ganara antes de mí, pero estoy en esta competencia también, y detesto perder, así que no la tendrás fácil, chico nuevo.

Rin se ofreció a acompañar a Rei el resto de la tarde con la excusa de estar aburrido. El rey Haruka estaba aclarando unos asuntos en la ciudad, así que no regresaría hasta la noche. El plan original era dejar que algún pretendiente le acompañara, pero el duque Yamazaki se había adelantado a Rin, así que no le quedó de otra que quedarse en el palacio. Además era poco probable que pudiera ir con él debido al paseo que habían dado días antes. Los otros pretendientes también merecían la oportunidad de pasar tiempo a solas con el rey Haruka.

- Comprendo – dijo el rey al súbdito al que había ido a visitar. – Le haré llegar mañana mismo las raciones que faltaron.

El súbdito le agradeció y se despidió del rey con una reverencia. El duque Yamazaki observó en silencio y se dispuso a seguir al rey en cuando comenzó a andar nuevamente. Estaba extrañado de que fuera el rey quien visitara a los súbditos y no al revés. Le hizo saber su opinión al rey, pero solo obtuvo un silencio como respuesta.

- En todo caso, ¿a qué se refiere con raciones majestad?

- A carne y vegetales. Debido a la escasez a cada familia le toca una cantidad determinada de alimento, pero para ello deben acudir una vez por semana al centro de la ciudad donde los proveedores de los países que nos ayudan llevan las provisiones.

- ¿Y cuál es el problema? ¿No hubo suficiente para todos?

- No, el problema es que este hombre se enfermó y tuvo que mantener reposo. Su familia intentó ir por las provisiones en su lugar, pero como sus identificaciones no estaban registradas en las listas no les dieron su porción esta semana. Intentaron usar la de él, pero la fotografía no concordaba. Los proveedores no pueden recordar el rostro de todos, no es culpa suya.

- Si no llegan hasta dentro de una semana… ¿cómo le entregará su ración a la familia?

- Tomaré parte de lo que me corresponde para darle, es lo justo.

El duque no volvió a hacer preguntas, pero no dejaba de observar al rey con curiosidad. Mientras conducía por la ciudad mucha gente se acercaba al vehículo y le hacían detenerse para poder obsequiarle algunas cosas. El rey aceptaba lo que podía, y rechazaba aquello que la familia del remitente aún pudiera aprovechar. Yamazaki no dejó de pensar en ese comportamiento altruista durante todo el trayecto, e incluso siguió meditándolo al llegar al palacio. Perdido en sus pensamientos, se sobresaltó cuando alguien tocó a su puerta. Era Nagisa, que le informó de una actividad improvisada en el momento.

El duque obedeció las instrucciones de reunirse con los demás candidatos frente a la puerta de la habitación del rey Haruka. Al llegar solo estaban el nuevo y el príncipe Rin.

- Y por eso ahora estoy aquí… ¡Oh, buenas noches Yamazaki! – saludó el príncipe Rin.

- Buenas noches, señor duque– le imitó Rei.

- Buenas noches – contestó el aludido y luego se alejó de ellos para ir a recostarse en una pared no muy lejana.

- ¿Ves eso Rei? Tengo el presentimiento de que está ignorándome.

Minutos más tarde llegaron la princesa Gou y el rey Makoto acompañados por el consejero del rey. Ambos tenían una cara de somnolencia muy notoria y difícil de esconder, además de que bostezaban a intervalos, siempre uno después del otro.

- ¡Buenas noches sus altezas y majestades! ¡El primer evento para ver quién se ganará la mano del rey Haruka da comienzo ahora!

- ¿Evento? – preguntó el rey Makoto mientras se despabilaba. – Pensé que nos limitaríamos a convivir con él por el tiempo establecido hasta que eligiera a alguno de nosotros.

- Eso no es efectivo puesto que no todos tendrían la misma oportunidad de hablar con él, además los eventos representan situaciones de la vida real. El objetivo es ver como actuarían ante cada una con el propósito de ver el apoyo que le brindarían al rey cuando se encuentre en problemas. Bien, comencemos. En este evento cada uno entrará a la habitación y tratará de ayudar al rey, que se encuentra enfermo en cama. El primer turno es de la princesa. ¡Ah! Una cosa más, una vez acabado su turno saldrán de la habitación por una puerta lateral y esperaran a que los demás terminen ahí dentro, cuando todos hayan pasado se les informará del ganador. Podemos empezar. Adelante, Princesa Gou.

La princesa tragó saliva y miró a su hermano por última vez antes de entrar al cuarto. Estaba preocupada. Por un lado quería fallar la prueba, pero por otro no podía ser descortés. Al cerrarse la puerta tras ella respiró profundo y se acercó acompañada del consejero a la cama donde el rey yacía postrado.

- Cof, cof, estoy enfermo.

Gou olvidó su preocupación al ver al rey actuando su papel de modo tan falso. No se había esforzado ni para fingir que tosía. Con rostro de indiferencia comenzó a seguir el juego y estiró el brazo para sentir la frente del rey.

- Oh, parece que tiene fiebre. Sirviente, traiga compresas de agua fría por favor – dijo con una voz casi tan inexpresiva como la que había utilizado el rey.

- ¡En seguida, señora! – contestó Nagisa muy metido en su papel y luego le extendió unas compresas a la princesa.

Gou se las colocó al rey en la frente y como no se le ocurría qué más hacer se puso a cantar.

Que te mejores, querido mío,

Que te mejores, que duermas bien,

Tarde o temprano estaré contigo

Ya muy pronto estarás bien…

- ¡Oh! ¡Bien hecho Gou! Una buena esposa debe saber cuándo tener cuidados maternales con su esposo. Puede salir por aquella puerta y esperar a los demás.

La princesa asintió y salió por la puerta que le fue indicada. El siguiente en pasar fue el príncipe Rin. Su reacción fue similar a la de su hermana, con excepción de que él sí expresó su incomodidad con la situación diciendo:

- Si puedes hablar así estando enfermo estoy seguro de que no me necesitas.

- ¡Oh! El truco de hacerse del rogar, veamos cómo reacciona el rey ante esto…

- ¿Rin? Qué bien que viniste. Necesito que me traigas esos papeles de la mesa.

El príncipe Rin obedeció y le llevó los papeles, los abrió a petición del rey y finalmente comenzó a leerlos en voz alta.

- Testamento… ¿QUÉ?

- No te salgas del papel Rin, prosigue.

- ¿Eh? Ah… entonces, aquí tienes Haru.

- Gracias. Ahora todo lo que tengo te pertenece, esposo mío.

La actuación comenzaba a molestar al príncipe, y de nuevo no lo reprimió.

- ¡Nadie va a morirse hoy idiota! ¡Estás perfectamente bien!

- ¡Perfecto! - Nagisa aplaudía entusiasmado. – Has sido directo y le has dicho cómo te sientes. Obviamente te preocupa perderlo. Has acumulado muchos puntos Rin. Puedes salir por esa puerta.

El príncipe aún no tenía idea de qué había ocurrido, pero su hermana le esperaba en la otra habitación, así que no tardó en alcanzarla. El siguiente fue Rei. Completamente indefenso, y conociendo al rey apenas unas horas antes se puso nervioso.

- Cof, cof, estoy enfermo.

El príncipe acomodó sus anteojos y se aproximó al rey. El consejero anotó rápidamente algo en su reporte: Decidido.

- Su majestad Haruka, ¿otra vez salió tarde a ver el estanque? – recordó que el consejero le había mostrado aquel estanque durante el recorrido y que más tarde descubrió que una de las ventanas de su alcoba daba directamente hacia él. El rey tenía los pies remojados dentro.

- Cof, cof, lo siento – la monótona voz del rey dejaban muy en claro que la actuación no era su fuerte.

- ¡Vaya! ¿Cómo podrá visitar a mis padres en esa condición? Mucho menos podrá disfrutar el mar si está enfermo.

- Eh… Rei, no creo que…

- ¿Mar?

- Sí, el de mi país. Es conocido por su mar azul turquesa clarísimo. No hay nada de contaminación, y la arena es muy fina…

- Ya me siento mejor. Nagisa, pon todo en orden para que me vaya mañana mismo.

- Rei solo está metido en su personaje, DEMASIADO, diría yo, no lo tomes tan en serio. Se acabó tu turno Rei. Tu desempeño no ayudó mucho, pero al menos le levantaste los ánimos al rey.

- ¿Qué? Ah, de acuerdo – dijo satisfecho y salió por la puerta indicada.

- ¿A quién deberíamos hacer pasar primero?

- Deja pasar a Yamazaki.

El duque fue llamado a la presencia del rey, quien nuevamente repitió su línea. Yamazaki solo se aseguró de que estuviera bien tapado con las sábanas y ordenó al "sirviente" que le llevara todo lo que necesitara.

- Gracias, Yamazaki, por cuidar de mí.

- No hay de qué, rey.

- ¿No llamarás al rey por su nombre? Recuerda que se supone que están casados. – el consejero miró expectante mientras el duque pronunciaba sílaba por sílaba el nombre del rey y le retiraba algo de cabello del rostro. - ¡Mucho mejor! Un poco serio, pero eso podría ser signo de preocupación. Puedes salir por aquí.

Finalmente el rey Makoto entró a la habitación y, al igual que los demás, tuvo que actuar su parte. Nagisa seguía haciendo apuntes sobre los demás pretendientes y parecía no hacer mucho caso de la participación de Makoto.

- ¿Enfermo? Vaya, eso sí que es raro. Casi nunca te enfermas Haru. ¿Necesitas algo?

- La medicina.

- ¡Ah claro! ¿Es esta? – Makoto extendió la mano hacia la mesita de noche del rey y tomó un frasco. Dentro de él había pequeñas mentas que simulaban ser pastillas para el resfriado. . Bien, di "ah".

El rey movió la cabeza negativamente. La atención de Nagisa había sido atrapada por la escena. Fingió escribir mientras les escuchaba.

- Vamos, quieres quedar bien, ¿no?

El rey cerró los ojos y se hizo el dormido. Makoto intercambió una mirada con el consejero y después miró a Haruka. Nagisa le incitó para que continuara.

- B…bien, no me dejas alternativa – su voz había sonado un tanto indecisa.

El rey Haruka no tuvo tiempo de reaccionar, ni el consejero de esconderse para no mirar, cuando Makoto se llevó la menta a la boca y tomando la barbilla del rey se la dio a través de un beso. Haruka abrió los ojos, mientras Makoto escondía su rostro ruborizado entre sus manos.

- ¡Disculpa Haru, me he dejado llevar! – dicho esto salió por la puerta para encontrarse con los demás.

Apenas entró a la habitación donde los demás estaban se fue a sentar en un rincón apartado cubriéndose el rostro. Escuchó sin querer una conversación en ese momento.

- ¡Sabíamos que eras tú Sousuke! ¿Qué pretendes? – el príncipe Rin hablaba en voz baja, pero Makoto estaba lo suficientemente cerca para escucharlos.

- La pregunta es, ¿qué pretendes tú, Rin?

- Yo pregunté primero.

- Hay demasiadas personas, te lo diré después.

Makoto miró de reojo y vio al príncipe Rin caminar hacia su hermana. Detrás estaban el duque Yamazaki, leyendo, y el príncipe Rei, profundamente dormido, en la comodidad de un sofá. Acababa de presenciar algo demasiado sospechoso y debía informárselo a Nagisa y Haruka apenas tuviera la oportunidad.