TO A WOMAN I CALL HOME.

Sinopsis: "Después de todo, las personas no escriben sonetos sobre ser compatibles o novelas sobre sueños compartidos y conversaciones que fluyen naturalmente cuyo final es feliz y que dejan en el lector esa sensación de plenitud porque todo salió bien. Los grandes amores eran aquellos locos." MINI HISTORIA.

Rating: T "medio fuerte".

Warnings: Tanto Bella como Klaus están ligeramente fuera de carácter en varias ocasiones.

Disclaimer: Lo único que me pertenece de la historia es la trama y los personajes inventados. El resto, en cuanto a Twilight le pertenece a Stephanie Meyer y TVD/TO a la CW y sus escritores.

Author's note: Gracias por darle una oportunidad a la historia. Gracias por sus favoritos, follows y reviews.

Les reitero que son varios drabbles unidos en un muy grande one-shoot que está dividido en tres partes y esta es la segunda. Espero que les guste esta parte tanto como yo disfruté escribirlo. Esperen la tercera parte que es por lejos mi favorito.


To a woman I call home: Part II.

Un año. Había pasado un año exacto desde la última vez que Bella lo había visto. Un año de estar soñando con él y sus ojos verdes. En su sonrisa suave y la forma como enarcaba las cejas cuando la miraba curioso. Podía sentir todavía un cosquilleo en su coronilla de donde sus labios habían estado. Entendió en ese momento uno de los tantos fragmentos de un poeta argentino: Te veo en todas partes, en especial cuando cierro los ojos.

Volvía a ser su cumpleaños, pero a diferencia del año anterior estaba completamente sola y su corazón era un lugar oscuro en ese momento.

Su cumpleaños había caído sábado, y los viernes afortunadamente no tenía clases, por lo que desde un mes antes había estado planeando ir a visitar a su madre a Florida. Tomar un poco de sol a ver si así por fin dejaba de ser tan pálida. El problema fue, que dos semanas atrás tuvo que re direccionar su rumbo.

Charlie había muerto repentinamente de un infarto.

No hubo aviso, como lo es usual en un ataque cardíaco. No tuvo tiempo Bella de despedirse de él con un abrazo incómodo y una sonrisa suave. No tuvo tiempo de decirle que lo amaba y que estaba orgullosa de ser su hija. No tuvo tiempo de agradecerle por haberla hecho salir años atrás de un pozo de desesperación al que se había metido.

Llevaba dos semanas en Forks. Charlie le había dejado la casa, y necesitaba llenar todos los papeles correspondientes para reclamarla. Además tuvo que hacerse cargo del funeral, por supuesto. Sorpresivamente para ella, su padre no solo le había dejado la casa, sino también una cuantiosa suma de dinero en el banco de todos los ahorros de su vida.

Saber que Charlie había ahorrado desde el día en que ella nació hasta cuando él murió, todo para darle seguridad económica hacía que su pecho se contrajera y se le formase un nudo en la garganta.

Salió de aquella casa con todas sus maletas y se metió en el auto que había alquilado. Ya era hora de partir nuevamente a Nueva York. No podía seguir atrasándose en clases y tampoco podía soportar estar en ese pueblo. Ya nada la amarraba a Forks, iba a poner en arriendo la casa y a evitar volver a aquel pueblo que lo único que le había traído era dolor.

Llegó al cementerio y tuvo que reunir suficiente valor para poder entrar. Una vez saliese de allí no volvería. Esa era una de las razones por las que no quería enterrar a su padre allí porque eso significaba que si quería hablarle a una tumba vacía que contenía el nombre de Charles Swan para presentarle sus respetos o simplemente… hablar, tendría que volver. Y ella no tenía planeado hacerlo.

Miró la tumba desde lejos, bajo un frondoso roble que la protegía del suave sereno de la tarde. Sintió la picazón en sus ojos pero ya había llorado tanto durante toda su vida, durante esos días que estaba segura que si derramaba una lágrima más iba a quedar deshidratada. Y estaba tan cansada, sus ojos se cerraban y había un peso sobre sus hombros que no podía sacudirse.

"Lo siento," un susurro tan suave que ella creyó que lo había imaginado. Sin embargo giró su cabeza y lo encontró de pie a dos pasos. Vestía un abrigo largo, parecido a una gabardina. Se miraron a los ojos como siempre lo hacían cuando se encontraban. A Bella no le tomó más de treinta segundos acortar la distancia y rodearlo, "lo lamento muchísimo, amor," le susurró.

Klaus no la abrazó con cautela y duda como un año atrás, la rodeó con tanta fuerza y amor, que ella sintió cada fibra de su cuerpo estremecerse. Y agradeció la forma como sus brazos la habían enjaulado contra su cuerpo porque más que darle confort él la estaba sosteniendo y si dejaba de hacerlo iba a derrumbarse. Se iba a venir abajo.

Sollozó. Después de todo aún conservaba una buena reserva de lágrimas. Estuvieron abrazados por varios minutos, Klaus acariciaba su espalda tratando de confortarla y le susurraba al oído palabras de aliento acompañadas de pequeños besos en su cabello.

Después de lo que parecieron varios minutos Bella se apartó bruscamente, aún con sus ojos llorosos y su nariz roja, golpeó a Klaus en el pecho con fuerza. Hizo nota mental de no golpear a alguien cuyo pecho era firme y su naturaleza vampírica porque en definitiva se hirió más ella.

"¿Qué crees, que puedes desaparecerte todo un año y venir hoy como si nada?" volvió a golpearlo, "no soy un juguete, ni un psicólogo al que puedas acudir cuando tu vida esté vuelta mierda y necesitas que te escuchen," siguió golpeándolo y él la dejó, "¡un año, Nicklaus, un maldito año! ¡Y vienes, y lo único que dices es lo siento! Te odio," Bella iba a arrojar otro golpe pero Nick finalmente agarró sus muñecas y ella lo miró sintiéndose agitada.

"¿Me odias?" le enarcó una ceja haciéndola suspirar.

"Quisiera," admitió. Como si fuese sincronizado, ambos miraron sus manos y las dejaron ir con lentitud ubicándolas a sus costados, "hubiese sido más fácil."

"Bella, ha sido un año…"

"Oh, he escuchado, créeme, cualquiera que conozca la verdad sabe que los vampiros no han sido muy discretos en Virginia," se cruzó de brazos, "¿ataques animales? ¿desapariciones? ¿misteriosos cuerpos abandonados a la deriva?" Bella suspiró. Estaba haciendo una escena, "en todo caso, no tengo nada que reclamarte, tú y yo no tenemos nada ni somos nada, de hecho no sé qué haces aquí y no sé por qué te estoy reclamando," Bella pasó las manos por sus mejillas, se ajustó el abrigo y le dejó allí y comenzó a caminar. Pero por supuesto, él ya estaba delante de ella antes de que continuara su camino, "¿qué quieres? Tú ve por tu lado, yo iré por el mío, no me interesa. Nos hemos vuelto a encontrar, bueno, más bien tú me has buscado y encontrado, y al aprecer nada ha cambiado desde la última vez."

"¿No te interesa?" el susodicho estiró la mano y con delicadeza sacó a la vista la cadenilla de plata que estaba resguardada bajo el abrigo de Bella. ¿Enserio? De todo lo que había dicho eso era lo único que a él se le había quedado. Se estremeció ante el ligero contacto de la yema de los dedos de Nick contra su cuello.

"¿Qué quieres que te diga, Nick?" preguntó bajando sus defensas, "ni siquiera sé qué haces aquí. Honestamente pensé que no iba a volver a verte."

"Estoy aquí para ti, Isabella, porque pensé que podrías necesitar alguien con quien hablar," el ligero sereno comenzaba a ser un poco más fuerte.

"¿Por qué creerías que te necesitaría a ti?"

"¿Soy egocéntrico? Quizás quiero creer que me necesitas," una mueca de sonrisa cruzó por sus labios, "jamás te dejé sola, durante todo este año he estado pendiente de ti, de cada paso que das. Te he estado cuidando."

"¿Por qué no te vi?"

"Que tú no me vieras no quiere decir que yo no lo hiciera."

"Las cosas no funcionan así, Nick, no es de tú me ves y yo no, no es…"

"No me acerqué a ti Bella," la interrumpió, "no lo hice porque tú me confundes."

"¿Yo te confundo?"

"Sí," la lluvia se hacía intensa y los dientes comenzaban a castañearle a Bella por el frío, "me confundes. Me haces querer cosas que antes no quería, me haces querer ser mejor para poder estar cerca de ti y a tu altura. Si tan solo vieses como soy en realidad y como me comporto contigo… tú haces que cambie todo mi ser y vaya en contra de algo que he sido por siglos…"

"No te he pedido que cambies, ni mucho menos que te conviertas en algo que no eres."

"Lo sé, pero no necesitas hacerlo, me basta con verte a los ojos para saber que esperas lo mejor de mí, y sabía… todo este maldito año lo he sabido… no puedo acercarme a ti porque por más que quiera no puedo ser eso que tus ojos me piden."

"Entonces, ¿qué haces aquí?" él acortó la distancia. La lluvia los empapaba y el frio viento hacía que Bella tiritase.

"Porque no pude simplemente mantenerme al margen," acunó el rostro de Bella con sus manos, "no puedo estar lejos de ti."

"¿Por qué, Nick?" susurró.

"No estoy seguro… pero quiero averiguarlo," y la besó.

Bella le rodeó el cuello instintivamente y sintió su cuerpo estremecerse porque aquel beso era justo como lo había imaginado. Oh, no tan justo, era incluso mejor. En ocasiones la realidad superaba la fantasía y ese era uno de los momentos. Sin embargo le pareció que el beso iba muy lento, que ella necesitaba más de él por lo que se arriesgó. Pasó su lengua por su labio inferior y él captó la idea, profundizando. Sintió que su corazón se hinchaba de felicidad y que una vocecilla en su cabeza le recordaba lo idiota que era y su falta de sentido común. Pero la mandó a callar, después de todo, los humanos como ella vivían una sola vez, y con suerte, una vez era suficiente, y ella iba a ser que valiese.

Pero no podían quedarse besándose bajo la lluvia.

"Nick," le susurró sobre sus labios. Ambos tenían una sonrisa suave y ojos soñadores, "me muero de frío," él rio y se quitó su gabardina y se la puso, cubriéndola.

"Vamos, te acompañaré de vuelta a casa," y así lo hicieron. Entre besos furtivos y sonrisas desmedidas. Miradas divertidas y risas. Todo el camino hacia Nueva York fue tranquilo y cuando ella hubo llegado a casa, simplemente se tiraron al sofá a ver películas hasta que ella se quedó dormida y él se fue. No sin antes prometerle que estaría de vuelta pronto.

-…-

Bella le respondió el mensaje a Klaus y lo eliminó inmediatamente. Durante tres meses desde la vez de su primer beso con él, habían estado escribiéndose casi todos los días. Él insistía que por su seguridad, cada vez que le enviara un texto eliminara tanto su mensaje como el de él. Y que su número no lo tuviese registrado, la instó a que lo memorizara. Era tan precavido que casi rayaba lo histérico.

Pero dejó todo eso pasar en ese instante, hoy finalmente iban a verse. Nick estaba en la ciudad solo por ella.

"Bella, por Dios santo, ¿cuál es el afán?" le preguntó Helena. Se detuvo no dándose cuenta que había estado bajando las escaleras de dos en dos y a gran velocidad. Toda una hazaña para ella, "la salida no desaparecerá mágicamente y nos quedaremos encerradas en la universidad."

"Lo siento," aminoró un poco el paso. Solo un poco.

"¿Qué sucede? ¿Hay algo importante que debas hacer ahora?" le preguntó, "¿o te encontrarás con alguien?" lo pensó. Y quizás lo pensó demasiado porque una sonrisa divertida se instaló en los labios de Helena, "te irás a ver con alguien," sentenció, "y ni siquiera te atrevas a negarlo," espetó al ver como Bella abría la boca para refutar, "cualquier cosa que digas puede ser usada en tu contra. Ahora lárgate."

Bella negó divertida y se apresuró en salir. Ni si quiera saludó al conserje cuando entró al edificio y subió hasta su apartamento.

Abrió la puerta y lo encontró de pie con una sonrisa ladina. Bella dejó sus cosas en el piso y corrió hacia él, quien la alcanzó en un abrazo. Nick rio y buscó sus labios, chocándolos con los suyos.

"También te he extrañado, amor," Bella se perdió en aquellos ojos verdes con los que soñaba casi que todas las noches, "esto es extraño para mí," le susurró mientras acariciaba su cabello y le robaba un corto beso. Su acento hacía cosas inexplicables con su cuerpo.

"¿Qué cosa?"

"Que me reciban de esta manera," su pecho se hinchó porque fue en ese momento que ella entendió parte del dolor constante con el que Nick vivía. Ella sabía su historia, pero una cosa era saber y otra ver las consecuencias de ella. Ver las heridas en su mirada, en su forma de andar, en su forma de querer y de ver el mundo. Y quiso borrarle ese miedo que él tenía. Quiso desaparecer el dolor de aquello bellos ojos esmeraldas. Quería regalarle amor y confianza, darle un poquito de la seguridad que él sin saber le brindaba a ella.

Se acercó a él y acarició su mejilla.

"¿Qué quieres hacer?" le preguntó, "estoy disponible toda la tarde."

Klaus miró a su alrededor y pareció meditarlo por un segundo.

"Quiero cocinar para ti," Bella no pudo evitar la sonrisa. Prácticamente se le había ofrecido a Nick y él había respondido con algo que no esperaba. Claro que estaba feliz de que él no la presionara, que se comportara como un caballero.

"Muy bien, eso es lo que haremos."

"Bien."

Se acercaron los dos a la cocina. Bella sacó una botella de vino de la nevera y sirvió dos copas. Tomó una para sí y se sentó en el alfeizar. Entre risas, besos y varias copas pasaron la tarde. Bella jamás disfrutó tanto ver a alguien como lo hacía cuando veía a Nick en ese momento cocinar para ella. Le costaba mucho trabajo imaginárselo abriendo gargantas, atormentando a las personas y cometiendo asesinatos en serie. De hecho, le costaba creer que era un vampiro cruel y sanguinario. O un vampiro en general. Con los Cullen cualquiera podía notar que había algo supremamente extraño en ellos, antinatural. No faltaba ser muy listo para saber que se debía guardar una distancia prudente con ellos. Era el instinto de una presa, mantenerse alejado de su depredador por más bello que fuese.

En cambio Nicklaus se veía tan humano como cualquiera y precisamente por ello nadie sospechaba que el peligro vestía informal, tenía acento británico y sonrisa encantadora.

Se sentaron a la mesa y casi al finalizar la cena el celular de Nick sonó. Se disculpó con la mirada y se puso de pie. Bella terminó de comer escuchando la agitación en la voz de Nick. Sus palabras eran fuertes y amenazantes y al final creyó escuchar un tono sarcástico y casi mandatorio. Notó que su acento se hacía más fuerte cuando estaba enojado. Lo había notado con Victoria, y ahora allí.

Regresó a la mesa y ella le sonrió.

"¿Está todo bien?"

"Perfecto," Klaus terminó de comer en silencio y Bella se distrajo en sus pensamientos. Cuando regresó en sí se dio cuenta de la intensa mirada de Nick. Dejó la copa en la mesa y sintió el rubor en sus mejillas.

"¿Qué?"

"Eres hermosa, Bella," sintió su corazón latir furioso contra su pecho.

"Gracias," le susurró. Trató de recuperar su voz, "y bien, ¿qué quieres hacer ahora?"

"Quiero estar contigo," fue directo y decidido y definitivamente aquello la tomó por sorpresa. O no del todo. Le gustaba como Nick la miraba, con deseo pero con ternura. Como si le prometiese cumplir cada fantasía y ella se estremeció con tan solo pensarlo. La idea de sentir sus manos sobre ella fue tan provocativa que no pudo evitar cerrar sus ojos por medio segundo e imaginarlo, "lo siento."

"¿Ah?"

"Lo siento. No estoy acostumbrado a tratar mujeres como tu... no me refiero a mujeres como tú en otro sentido... es solo que..."

Bella jamás lo había visto tartamudear, ni siquiera pensó que era posible que él tartamudease. En ese momento recordó algo de aquel autor que leyó bajo la sombra de un gran árbol mientras era pintada a trazos de carboncillo. Dile que sí, aunque te estés muriendo de miedo, aunque después te arrepientas, porque de todos modos te vas a arrepentir toda la vida si dices que no.

"Sí."

"¿Ah?" Bella se puso de pie y se acercó a él. Le tomó la mano y le obligó a ponerse en pie. Ella se consideraba una mujer alta, pero el estar frente a Nick le hacía reconsiderar aquel hecho.

"Quiero estar contigo, Nick," le susurró con una sonrisa tímida, "solo creo que debes saber que jamás he estado con alguien," él acunó su rostro y le dio un suave beso. Tan suave que sintió ser besada con copos de algodón. Sus ojos se veían sorprendidos pero no comentó nada con respecto a su confesión. Volvió a besarla solo que esta vez con más intensidad. El ritmo de los besos fue aumentando y pronto se vio envuelta por él, por su calor y su aroma. Por la suavidad de sus labios y la ternura de sus caricias, que no dejaban de ser apasionadas a pesar de que eran delicadas. Nick no vaciló cuando metió sus manos por debajo de su camisa y le acarició su piel desnuda haciéndola estremecer. Cada prenda que él iba retirando buscaba su aprobación con la mirada. No como si dudase sino más bien para cerciorarse de que él no estaba haciendo nada que ella no quería, pero tan equivocado estaba porque lo único que Bella deseaba era que él no se detuviera.

Con manos inexpertas ella jugó con la camisa de él y ambos rieron suavemente cuando se dificultó en salir. Una a una volaban las prendas hasta que ella se encontró desnuda frente a él. De algún modo habían llegado a la habitación, de algún modo la luz del crepúsculo se filtraba por entre la cortina y de algún modo todo se detuvo.

Ambos se encontraban desnudos frente al otro y para sorpresa de ella, no se sentía cohibida ante la mirada que le regalaba Nick quien se había separado un poco y la veía. La analizaba como si estuviese apreciando una pintura. Dio un paso hacia adelante y con mucha suavidad la tomó por los hombros y la fue moviendo hasta la cama. Casi ronroneó en su oído.

"Eres hermosa, Isabella, muy hermosa," y mientras la tumbaba en la cama besaba su cuello y la línea de su mandíbula. Besó su pecho y su abdomen. La besaba toda y se encargaba de acariciar al mismo tiempo. Bella solo podía temblar de placer. Se sentía deseada, amada, importante. Jugueteó con el cabello de él, y cuando podía se atrevía a morder ligeramente el lóbulo de su oreja. Nick se detuvo sobre ella y la miró con intimidad y ella supo cuál era su pedido y en silencio asintió expectante. Se dejó acomodar, y dejó que la embargara la sensación de expectación, y cuando la ola de placer y también de dolor llegó a ella no pudo hacer más que clavar las uñas en la espalda de Nick y acomodar su cabeza en su cuello para no gritar. Pero Nick la obligó a mirarlo, y la besó. Y en cada movida había un beso, y susurros de nombres.

Bella entendió que no había otra forma de estar tan cerca de alguien, de estar tan conectados. De ser dos pero a la vez uno. Supo que nada podía sentirse más correcto que ellos dos entrelazados, haciendo el amor en Nueva York. Que no había nada más imperfecto que ellos dos, que juntos se volvían un desastre y que no había remedio para el mal que estaban comenzado a padecer.

-…-

Era algún día de abril pero ella no podía recordar con exactitud qué día. Si se esforzaba un poco más quizás podría pero en ese momento solo veía a Nick dormir. Solamente cuando dormía se podía apreciar su rostro con claridad. Sin preocupación o miedos. Un rostro millones de veces más joven que cuando estaba despierto. La sabana caía por sus caderas y medio se enrollaba en sus piernas dándole a ella una vista perfecta de su cuerpo. Le gustaban los tatuajes en su pecho y los lunares que lo adornaban. Le gustaba como sus músculos eran firmes y atléticos. Como su piel se sentía cálida y sus pestañas enmarcaban su rostro. Le gustaba ver y sentir sus labios que podían hacer estragos sobre su piel. Le gustaba todo de él.

"Si me miras por mucho tiempo podría desaparecer," le susurró medio adormilado sobresaltándola.

"No queremos eso, ¿o sí?" Klaus le dio su suave risa ronca.

"No, claro que no," abrió los ojos, "buenos días, amor," parpadeó y miró a su alrededor un poco confundido.

Oh sí, era ese día de abril.

"No lo he olvidado," le sonrió. Por supuesto, había planeado algo.

"Veo que no lo has hecho," se enderezó un poco y la observó en silencio. Quizás no le gustaba. De pronto Bella había sido demasiado cursi y él estaba pensando una forma amable de decirlo. O quizás… "detente, sé lo que está haciendo esa pequeña cabeza tuya," buscó su mano a tientas y la apretó, "recuerda que hay cosas a las que no estoy acostumbrado, que alguien recuerde mi cumpleaños es algo diferente… solo eso, me gusta lo que has hecho."

"¿Te gusta enserio?" Bella miró a su alrededor. Había sido muy cuidadosa en esconder los casi ochenta globos dorados inflados con helio en su baño, y después de haber estado con Nick y este se hubo dormido, los había dejado salir del baño y acomodado en el techo. De ellos colgaban cadenetas también doradas que hacían un bonito contraste con las paredes color hueso de la habitación. De hecho, se había sorprendido que él no se hubiese levantado mientras ella decoraba todo. Después de todo quizás era cierto eso que él le había dicho, que cuando dormía en su cama con ella finalmente podía verdaderamente descansar profundo.

Había preparado té y se había esmerado en hacer unos buenos bocadillos. Después de todo aún era de tarde. Nick había llegado muy temprano y como era domingo no hicieron otra cosa que estar en cama todo el día. Ellos no se veían todos los días, con suerte una vez cada semana, y eso ya era decir mucho, por lo que debían aprovechar muy bien el tiempo.

No había sido tarea sencilla pero ella se sentía orgullosa de haber hecho algo bonito por él.

"Me encanta. Gracias, amor," se acercó a ella pero se detuvo a pocos centímetros de su rostro.

"¿Qué?"

"Gracias, mi amor," Bella le lanzó una mirada confundida, "digo amor muy a menudo, a muchas personas y lo hago impersonalmente," se encogió de hombros, "solo quiero hacer una declaración de que eres mi amor."

Bella le sonrió y lo besó con suavidad. Se acostaron de tal manera que quedaron cara a cara. La mano de Nick comenzó a subir por el muslo de su pierna haciéndole sentir un cosquilleo placentero.

"Enamorarse de un cuerpo es sencillo," susurró mientras delineaba con delicadeza su cadera con la yema de sus dedos, "puedes amarlo, jugar con el, y cuando te aburres simplemente vas en busca de otro. Enamorarse de un cuerpo tiene solución," comenzó a acariciar su piel con un poco más de fuerza, y fue subiendo y subiendo hasta su pecho quedándose un rato allí. Luego pasó a su cuello, su mejilla y descansó su mano en la parte lateral de su frente, "enamorarse de una mente es más complicado. Nunca encuentras dos iguales," jugó con su cabello, y luego deslizó sus dedos hasta su nariz haciéndola sonreír, y más abajo a sus labios provocando que besara sus dedos. Bella se dejaba ir tan fácil con él, "pero cuando te enamoras de la mente y además del cuerpo… estás perdido. No hay forma de escapar."

Isabella contuvo la respiración por medio segundo.

"¿A qué categoría caigo yo?" Nick se movió y besó su hombro desnudo.

"No me dejas escapatoria."

Se pegó más a él y se acurrucó como un gatito a su pecho. Nick la rodeó con sus brazos y comenzó a acariciar con ternura su espalda con suaves movimientos circulares y sin nada de erotismo tras la acción. Bella comenzó a besar cada uno de los pájaros tatuados que Nick tenía en el pecho. Le gustaba verlos, porque cada vez que lo hacía imaginaba cielos abiertos. Tan azules y brillantes como las tardes de primavera. Dejó que la arrullara como si fuese una niña, dejó que el suave jazz proveniente del saxofón del piso de arriba se filtrara en sus venas y acariciara sus sentidos. Dejó que el té que había preparado se enfriara y olvidó los bocadillos. Dejó olvidado los globos en el techo y se dejó ir ella también.

Porque lo había entendido, había entendido que Nick amaba el gesto, que amaba que se hubiese acordado. Pero aún más amaba que ella estaba ahí, desnuda contra él y dejándose querer por él. Amaba que no le temiera y que lo mirara, que realmente lo mirara.

Y lo entendió, entendió en ese momento qué era amar. De aquel hombre roto sin reparo que lentamente estaba ayudando a coser las partes quebradas de su corazón, finalmente lo entendió.

Entendió que amar no era depender, entendió que era encontrar en el otro la libertad de ser uno mismo. Entendió que era aceptar, comprender y perdonar. Que era reconocer que se podía hablar con tan solo una mirada, con un beso o una caricia. Que el corazón estaba hecho para amar incluso si dolía. Que el corazón estaba hecho para romperse y para recuperarse.

Y entendió que su corazón ya no era de ella.

-…-

Bella tuvo todo el día el presentimiento de que algo iba a ir mal. De hecho durante el almuerzo no hizo más que andar distraída y en varias ocasiones Tommy tuvo que llamar su atención para regresarla en sí. Toqueteó la cadena que colgaba religiosamente todos los días de su cuello y que acariciaba su pecho. Luego su mano viajó a la pulsera de plata y pensó en Tommy quien estaba frente a ella y la veía con preocupación. Él había estado saliendo el último mes con una chica que a Bella en particular no le agradaba pero si él estaba feliz, nada podía hacer ella.

Salieron de la universidad charlando sobre el día siguiente. Algo sobre una gran cita en Long Island. O quizás en Brooklyn para Dios sabe qué cosa. Ella no estaba prestando atención. Y en definitiva se desconectó del mundo cuando sus ojos hicieron contacto con unos orbes dorados dolorosamente familiares.

Sintió las manos de Tommy tomarla firmemente por su brazo.

"Isabella," llamó. Nunca usaba su nombre completo, y de reojo pudo ver su ceño fruncido y su rostro serio, "Isabella, ¿estás bien?" su agarre se suavizó un poco pero mantuvo la firmeza.

"Yo…" parpadeó, "estoy bien."

"Estás pálida, más de lo normal… oye…" se paró frente a ella bloqueándole la vista, "luces como si hubieses visto un fantasma."

"Lo hice. Acabo de ver uno," espió por encima del hombro de Tommy y los ojos dorados seguían clavados en ella. Quizás él no se había dado cuenta pero el resto de las personas sí. Aunque trataban de disimularlo era difícil luchar contra el impulso de ver una criatura tan aparentemente perfecta y hermosa. Maldijo internamente el día nublado, "estoy bien," afirmó, "pero debo irme, no los acompañaré a Bourbon… hay algo que debo hacer primero."

"Muy bien…"

Y sin darle más explicaciones, Bella bajó los escalones faltantes tomando la dirección opuesta a sus amigos. Sintió el corto trayecto pesado y etéreo. Se sintió en un cuerpo ajeno, un cuerpo de muñeca rota que había dejado atrás. Su pasado había vuelto trastornando por un momento todo lo que había logrado construir con pequeños ladrillos.

Se miraron. No había sonrisas en sus rostros, y Bella había estado practicando aquella expresión de póquer por muchos años por si algún día volvían a aparecer. Se sintió triunfadora de poder usarla, y no porque debía hacerlo. O por rencor, o por necesidad. O porque no quería revelar sus sentimientos. Aquel rostro serio y neutral era porque ya no le importaba y no entendía el motivo de su presencia. Porque no debía porqué estar allí.

"¿Qué haces aquí?" plana y fría. Así había salido su voz. No tenía por qué demostrar amabilidad. Tampoco le nacía.

"Vine a darte mi sentido pésame. Me enteré de la muerte de Charlie, lo siento."

"¿Lo haces?" ladeó su cabeza.

Vio su rostro torcerse en una mueca de dolor, y quizás había sido muy dura, después de todo ella no era la culpable.

Ella era solo Alice Cullen, la más pequeña en estatura de la familia de vampiros. Con su cabello azabache apuntando en muchas direcciones y sus facciones de hada del bosque que la hacían ver jovial y refinada. Su cuerpo menudo y sus ojos observadores.

"¿Podemos hablar en otro lado?" a Alice le gustaba llamar la atención, de eso no se había olvidado Bella. Pero se veía incómoda, y sus ojos de vez en cuando viajaban por de redor, alertas. Por supuesto, estaba quizás demasiado expuesta en una ciudad muy grande y con un clima que rayaba lo bipolar. Ella podría haber visto que sería un día nublado pero con el clima de Nueva York estando tan loco, cualquier momento podía salir el sol y hacerla brillar como una bola de disco. Y eso sería un espectáculo interesante que observar.

"¿Qué haces aquí?" Bella cambió su peso al pie izquierdo y se cruzó de brazos.

"Bella, por favor… he venido sola, yo necesito nada más que un par de minutos, luego me iré, te lo prometo," siguió mirándola. Había llegado sola. Es decir, nada de Edward o de Cullen en general, y eso la alivio. Porque si era honesta consigo misma, sabía que no reaccionaría de la misma manera si tuviera a su ex frente a ella que como lo estaba siendo con Alice.

Finalmente suspiró y le hizo señas con la cabeza para que la siguiera. No iba a llevarla a su departamento. En primera instancia porque no le apetecía tenerla allí, aquel lugar era su presente y futuro inmediato, y añadirle a Alice era como una violación a su privacidad. Y luego estaba Nick, llegaría mañana a quedarse y estaba segura de que podía detectar el olor a Alice y a Bella no le apetecía hablar de ella. O de contarle sobre ella visitándola.

Decidió meterse a un escondrijo de un callejón, un par de calles debajo de la suya.

"Te escucho," dijo una vez estuvieron nuevamente de frente. Bella trató de mantener siempre una distancia prudente entre ambas.

"Yo…" tomó una bocanada de aire. Sus ojos perdieron un tono dorado volviéndose un poco más oscuros, "lo siento."

Bella esperó. Se mantuvo expectante pero nada vino después.

"¿Eso es todo?" enarcó una ceja, "¿has venido Dios sabe desde dónde hasta acá, a verme la cara después de tanto tiempo y decirme lo siento?"

"Espera, Bella," pidió Alice al verla dar un paso fuera del callejón.

"Si quieres que me quede deberás decir algo más que un lo siento, Alice," entrecerró los ojos.

"No lo estás haciendo muy sencillo," Bella entrecerró los ojos haciendo que Alice suspirara, "sí, lo sé, no tienes por qué hacerlo sencillo… es solo que… lo siento, ¿sabes? No sé qué otra cosa decir más que lo lamento. Lo siento por todo, sé que nada entre nosotras será como antes o si quiera habrá un nosotras, probablemente no, pero solo quería venir hasta aquí y decirte que jamás quise irme y dejarte, eres mi amiga Bella, y yo…"

"Si no querías irte no te hubieses ido, Alice," arrastró lentamente cada palabra y permitió que sus hombros se relajasen, "o al menos te hubieses despedido antes, ¿sabes? Decirme que estaríamos en contacto o alguna cosa parecida, tú y tu familia decidieron cortarme de raíz," Bella pasó su mano por la pulsera de plata en su muñeca y recordó a Tommy recitar una poesía alguna vez: pero no te equivoques conmigo, cariño, yo también sé irme, sé irme y no regresar, "ustedes decidieron irse, y yo también decidí hacerlo a mi manera. No sé qué haces aquí, tampoco sé si me interesa, pero no quiero que regreses a mi vida," fue directa. Aún apreciaba a Alice, le tenía ese cariño distante que le podías tener a una vieja amiga a la que no veías, y de la que no sabías nada, pero que había sido todo en algún momento, "mi vida no es perfecta pero soy feliz. Soy feliz sin ustedes, y apreciaría que se mantuviera así."

Bella no desvío la mirada. La clavó en los ojos de Alice viendo las emociones ir y venir. Estaba decidiendo entre hablar o no. Entre irse o quedarse un par de minutos más. Bella meditó en ese tiempo si era prudente decirle sobre Victoria, aunque ella podía ver el futuro… ¿cómo pudo haber visto a Victoria seguirla y atacarla y no hacer nada? Ella había olvidado el hecho de que su antigua mejor amiga era vidente y que habían ciertas cosas que le molestaban y estaban resurgiendo.

Pero las dejó a un lado, por su propia sanidad, las dejó a un lado.

"No leo las mentes," comenzó con cautela, "pero sí veo el futuro, y puedo ver lo que me dirás… ahora, finalmente puedo verlo," Alice acomodó su bufanda, "Edward me pidió no meterme en tu vida, dejar de intentar ver tu futuro, y lo hice. No estaba de acuerdo, pero lo hice. Las razones me las reservaré… el punto es que hace un par de meses tenía estas raras visiones de Victoria, y de ti, pero no podía verte, entonces comencé a intentar ver tu futuro," Bella ahora la escuchaba muy atenta, "pero no había nada. Comencé a preocuparme, así que le pedí a Jazz que investigara un poco sobre ti, y bueno… descubrimos que estabas en Nueva York, que estabas viva, y bien. Luego las visiones de Victoria cesaron."

Bella enmudeció.

"Pero aun así intenté ver tu futuro y seguía sin poder hacerlo. Decidí tomar el asunto en mis manos, y la semana pasada vine, y supe por qué no podía verte," Alice tomó una bocanada de aire innecesaria, algo que quizás hacía ya por pura costumbre, "lo vi a él y luego vi tu collar y todo tuvo sentido."

Bella se congeló.

"No dejas de meterte en problemas, ¿eh, Bella?" le sonrió triste, "te vi en el bar, nada más y nada menos con Klaus Mikaelson. Puedes imaginarte mi sorpresa cuando lo vi usando la compulsión con cada una de las personas dentro del lugar y luego acercarse a ti y besarte. Te vi sonreír, vi como tus ojos brillaban…"

"Alice…"

"Solo escucha," pidió, "ese collar que tienes debo suponer te lo dio él," la mano de Bella viajó inconsciente al collar, "debe de estar encantado, bañado en verbena, eso evita que vea tu futuro, además por supuesto de la simple presencia de él en tu vida," explicó, "solo he venido aquí, me he metido nuevamente en tu vida arriesgando la mía en el proceso para advertirte Bella," sus ojos se veían suplicantes mientras daba un paso hacia ella, "¿tienes idea de con quién te estás metiendo, Bella? Estás no solo con un Original sino con el vampiro más peligroso del mundo, a su lado, nosotros somos simples conejillos, él es…"

"Lo sé," la cortó, "créeme, lo sé," Bella quería gritarle que ella no sabía cómo era Nick en realidad pero entonces Bella tampoco lo sabía en ocasiones, "pero ese vampiro salvó mi vida, él…" se calló y frunció el ceño, "no tengo por qué darte explicaciones."

"Bella, ten un poco más de sentido común. El simple hecho de que alguien sepa que estás con él te hace correr peligro. Klaus carga una larga lista de enemigos que no dudarían en romper tu cuello solo para probar un punto."

"¿Y ese sería?"

"Que al parecer el gran hibrido tiene una debilidad."

Bella tomó una honda respiración.

"¿Entonces, has venido hasta acá para eso, para advertirme sobre la pésima decisión que estoy tomando, para echarme en cara que mi gusto por los hombres es terrible? No Alice, mantente alejada de esto," dio un paso hacia atrás buscando alejarse de la pesada presencia de la vampira, "ni tú, ni tu familia tienen derecho para hablar o decirme qué hacer con mi vida."

"Isabella," advirtió.

"No," fue un no cortante y aparentemente sorpresivo para Alice porque sus ojos se abrieron ligeramente, "es mi vida, son mis problemas. Una vez se alejaron de mí, se alejaron de cualquier posibilidad de dar opiniones sobre lo que hago o dejo de hacer."

Bella dejó que sus ojos vagaran por un momento por el cielo que cada vez se oscurecía más.

"Siento tanto eso, no tienes ni idea."

"Detente. Deja de decir que lo sientes," pidió, "solo quiero saber algo, y quiero que me respondas con honestidad… ¿alguna vez me amó? ¿Lo que dijo en el bosque fue cierto?"

Era una pregunta que rondaba por su cabeza desde hace tanto tiempo y necesitaba darle descanso a su corazón con la respuesta.

"Él te amaba, todavía lo hace. Lo que dijo e hizo fue estúpido. Intentó alejar el peligro de ti al irse y lo único que hizo fue acercarte más a un vórtice del que pareces no alejarte."

"Quizás fuera lo mejor," Alice la estudió.

"Quizás lo fue."

Bella tomó un bocanada de aire sintiendo su corazón latir a un ritmo irregular. Estaba manejando muchas emociones, más de las que su corazón usualmente lo hacía.

"Alice... quiero... espero que Edward no se entere de esto porque me atrevo a suponer que viniste hasta acá sin decirle a él ni a nadie."

"Supones bien," suspiró, "mi hermano tiene esta ciega tendencia a creer que al tomar decisiones por los demás nos protege. Tomó la decisión por ti y sé que se arrepiente pero es muy cabeza dura como para notarlo. En todo caso ya no hay vuelta atrás. Cometió probablemente uno de los más grandes errores de su vida al creer que debía irse de tu lado pero créeme cuando te digo Bella que me alegra que estés feliz sin él. Quizás no apruebe tú… relación, y solo para que estés enterada, voy a estar echándote un ojo. Pero yo misma he visto tu sonrisa y el cariño tras tus ojos al hablar con él, esa clase de cosas no se finge. Por lo que sí, ten una buena vida Isabella Swan. Debemos vivir con las decisiones que tomamos y las consecuencias que traen. Sin duda mi hermano está viviendo las suyas, y espero que tú seas más sabia y aprendas a vivir con las tuyas."

No pudo hacer más que mirar a Alice y sonreírle con suavidad. Era cierto que el pasado nos alcanza a todos tarde que temprano, y se estaba demorando en alcanzarla este tipo de pasado pero aquello era justo lo que Bella necesitaba para cerrar aquel círculo.

"Quizás algún día Alice podamos vernos de nuevo. Reconocernos a la distancia y sonreír, tal vez podamos sentarnos hablar. Pero en el medio tiempo… no diré que estoy totalmente feliz de verte pero me alegra saber que estás bien."

"Quizás algún día podrás perdonarme, Bella."

"Ya lo he hecho," se acomodó su chaqueta, "hasta luego, Alice."

Bella no miró atrás cuando salió de allí. Bajó la cabeza para cubrirse el rostro de la brisa helada y metió sus manos en los bolsillos de la chaqueta.

A pesar de la melancolía que estaba tratando de abrirse paso en ella, su corazón estaba finalmente tranquilo. El peso que llevaba constantemente sobre sus hombros se había desvanecido y simplemente había una calma que la arrullaba. Se dio cuenta de que no solo había perdonado a Alice, sino también a Edward. Y se sintió victoriosa. El perdón no era sencillo, pero en definitiva era hermoso. Durante todo este tiempo se había llenado de tanto rencor y odio, sin darse cuenta de que aquello la envenenaba. La hacía infeliz. Y ahora... ahora tuvo que reír.

-...-

La puerta del apartamento se abrió mientras ella escribía un pedazo de su tesis. Ni siquiera se inmutó, después de todo ya estaba acostumbrada. Simplemente echó un vistazo y volvió por un momento su mirada a la pantalla del ordenador antes de moverse un poco de la silla sin levantarse. Tenía muchísimos papeles regados por toda la mesa, y su taza de café a la mitad.

Nick limpió sus zapatos del barro y la nieve en el tapete, y se soltó el abrigo, colgándolo en el perchero. Era diciembre y el invierno en Nueva York estaba siendo especialmente implacable. Tanto así que ella no podía recordar la última vez que había sentido el sol calentar su cuerpo.

Por un momento mientras él pasaba las manos por su cabello y se sacudía la nieve de su cabeza, ella se imaginó a un cachorro sacudiéndose después de haber corrido en el jardín en plena nevada, y tuvo que contener una risa por la ironía del asunto.

Después recordó que para Nick era dolorosa su conversión a lobo, y ya no le pareció tan graciosa su pequeña broma.

"¿Qué sucede?"

"Nada, ¿por qué?" se acercó a ella y la observó por un momento antes de besarla con ganas y dejándola sin aliento.

"Te veías preocupada."

"Estaba pensando en ti."

"¿Y cada vez que piensas en mí haces esas caras? Porque si es así empezaré a preocuparme yo," Bella rodó los ojos y rio.

"Sólo olvídalo," acarició su mejilla, "¿cómo va todo?"

"Si te sirve de consuelo esta semana nadie ha muerto en mis manos," Bella asintió. Había decidido no preguntar sobre qué hacía o dejaba de hacer Nick. Mientras menos supiera ella de la vida de él, y los planes que él tenía era mejor. Así se lo había dicho él, y así lo había decidido ella.

Bella no era estúpida, ella sabía que Nick se manejaba en un mundo oscuro, que él era temido y odiado profundamente. Que todos le querían muerto, a excepción de su familia con la que tampoco fuese que se llevara muy bien. Ella lo sabía, y no le importaba... ¿por qué? Aún no estaba segura. No le interesaba saber las personas con las que trataba, y no le importaba mucho si tardaban tiempo sin verse, siempre y cuando él volviese a ella.

Por otro lado, le preocupaba enormemente que Nick estuviese con alguien en Virginia, aunque él le había asegurado que solo tenía ojos para ella. Sin embargo...

"Bien."

"Isabella," su voz suave pero firme la hizo suspirar. Se levantó de la silla, Nick estaba medio sentado sobre la mesa por lo que para ella le era posible mirarlo a los ojos sin esfuerzo.

"Nick, ¿qué somos?" le preguntó sin vacilar, "llevamos más de dos años conociéndonos, de compartir momentos, sentimientos, ideas, palabras... y aún no sé cómo etiquetar esto que tenemos. Vienes dos o tres veces vez cada dos semanas, si es caso, y no es que me esté quejando... entiendo o bueno, no entiendo porque no sé qué pasa en tu vida pero trato de entenderlo, sin embargo..."

"Sin embargo necesitas una etiqueta para esto," completó señalando a ambos. Nick estiró los brazos y la rodeó atrayéndola hacia él. Sus manos descansaron en su cadera, "yo seré lo que tú quieras que sea."

Bella ladeó la cabeza y pasó sus manos por el cuello de Nick, enroscándolas. Ya había escuchado esa línea en sus labios antes.

"No es que necesite un etiqueta..."

"Escucha, estoy contigo, y no tengo a nadie más. Esto es exclusivo, Bella. Eres la única mujer con la que estoy y quiero estar, fin de la historia... ¿ya te dije que te ves adorable?" besó sus labios con suavidad haciéndola olvidar de todas sus dudas e inseguridades. Recordó que su ropa era vieja y gastada, que tenía aún sus lentes de lectura y que se veía como si no hubiese dormido en días, lo cual era cierto.

"¿Adorable? Me veo como indigente," protestó.

"A ver, ¿qué haces?" sin soltarla echó un vistazo a los papeles y miró de reojo el ordenador. Se enderezó y tomó su mano, jalándola hacia él. Se había sentado en la silla en la que ella estaba minutos atrás, y la había hecho sentarse en su regazo.

"¿Nick?"

"Estás haciendo tu tesis sobre historia, ¿no crees que la mejor persona para ayudarte es aquella que ha literalmente vivido la historia?" le preguntó enarcando una ceja. Su aliento le rozaba el cuello haciéndole cosquillas, "vamos, te ayudaré... ¿o tienes algo mejor en lo que invertir tu tarde?" Bella acortó la distancia entre sus labios. Le dio varios besos cortos.

"Tengo varias ideas, y todas te incluyen a ti... sin embargo pueden esperar."

"¿Serán mi paga?" su sonrisa orgullosa hizo aparición.

"Eso lo veremos."

-...-

La mirada de Bella raramente se despegaba del reloj. Se sentía inquieta. Todavía no estaba comenzando a sentirse irritada pero a medida que pasaba el tiempo y no había ni sombras de Nick, sus nervios comenzaron a enervarse. Tamborileó la mesa. Abría y cerraba el libro. Generalmente no tenía que esperar tres horas antes de que él apareciese.

Suspiró.

"Hey Bella, ¿qué sucede? Luces inquieta," los ojos de Bella volaron hacia la voz y sonrió levemente.

"No es nada Tommy..."

"¿Segura?" se sentó frente a ella con una bonita sonrisa comprensiva, "¿no le dirás nada a tu mejor amigo? Es sobre este chico con el que sales hace ya un tiempo y que yo jamás he visto..." rieron suave.

"¿Ahora puedes leerme?"

"Siempre has sido fácil de leer," la miró con aquellos ojos expresivos. Tan grises como el cielo en una tormenta, "entonces, ¿está todo bien?"

"Perfecto," asintió, "lo esperaba pero ya lleva un buen tiempo de atraso."

"De seguro no mucho."

"Tres horas, así que creo que no vendrá."

"¿Por qué no le llamas?" claro, podría llamarlo. Pero no iba a hacerlo, primeramente porque no quería interrumpir cualquier cosa que estuviese haciendo y segundo porque era él el que estaba llegando tarde.

"No, creo que ya no vendrá."

"En ese caso oficialmente te estoy robando para que pasemos la tarde juntos... llevamos un buen tiempo sin hacerlo."

"Sí," aceptó, "eso suena bien."

Bella observó el reloj una vez más y luego su celular en la mesa. En definitiva no había señales de Nicklaus y ella no estaba segura si podría seguir esperando sin sentirse ansiosa. Él le había dicho que se encontrarían hoy, pero no habían hablado en la última semana. Él no respondía sus llamadas y había sido solo esa mañana que él se había dignado a escribirle un texto pidiendo la reunión. O más bien haciéndola un hecho. Había llevado consigo Cumbres Borrascosas, la edición que Nick le había regalado, y estaba abierta casi a la mitad.

La poesía en Bourbon sonaba ajena a sus oídos, pero esa tarde más que nunca las palabras la habían estado identificando, pero no fue hasta que la chica con rasgos nativos terminó sus últimos versos que Bella le prestó atención.

"Para castigarte, aunque ni te enteres, esta noche dejaré cerrado el libro que me regalaste," fueron palabras que sonaron como suspiros, y que le dejaron a Bella el corazón con una sensación de vacío.

Con cuidado cerró el libro y lo guardó en su bolso. Le dio una suave sonrisa a Tommy y cruzó con él por el lugar rumbo a la puerta. Aquella noche ni Klaus la llamó ni ella hizo intento por hacerlo tampoco. Dejó que el vacío lo intentara llenar Tommy con sus palabras ávidas y sus sonrisas deslumbrantes, sin embargo no fueron suficientes. Disfrutó haber pasado tiempo de calidad con él, riendo y disfrutando un lindo paseo por Brooklyn, pero los vacíos del amor no podían ser llenados por una gran amistad aunque se quisiera.

-...-

Bella debía admitir que trabajar en una universidad no era lo que esperaba al terminar su carrera, y más con una tesis laureada, sin embargo no se quejaba de su nuevo puesto de trabajo. Además solo iba a ser temporal mientras encontraba otra cosa. Y era conveniente pues mientras hacía su maestría tenía la facilidad de también ser trabajadora de la universidad, aquello siempre ayudaba.

Por supuesto siempre estaba la facilidad de los contactos de Tommy o Helena, pero ella no llegaría a ese extremo a menos de que fuera absolutamente necesario. No iba a abusar de la confianza de sus amigos de aquella manera, después de todo debía demostrar que podía valerse perfectamente por sí sola.

Bajó las escaleras, saludó al vigilante y salió rumbo a la casa de Helena. Las calles de la ciudad estaban atestadas de gente por la temporada por lo que se hacía difícil moverse, además sentía una constante mirada sobre ella. Caminó más rápido y giró en una esquina. En definitiva ya es tiempo de comprar un auto, pensó. Siguió su andar sin detenerse a mirar a quién tropezaba y solo murmuraba una disculpa.

Dos calles antes de llegar comenzó a sentirse desprotegida cuando la cantidad de gente aminoró. Tomó una bocanada de aire, y media cuadra antes de girar y llegar finalmente a su destino, algo se interpuso entre ella y la calle. Algo demasiado familiar y alto. Dio un traspié y contuvo la respiración.

Nicklaus estaba frente a ella. Vestía todo de negro, cosa que hacia resaltar sus ojos y su cabello. Lucía más guapo si aquello era posible, y su rostro no tenía emoción. O al menos eso parecía, porque sus orbes verdes eran otra cosa distinta.

Su corazón comenzó a palpitar muy fuerte y deprisa, tanto que ella lo sentía retumbar en sus oídos. Tragó en seco. Se mantuvieron cerca, pero no tanto. Solo se miraban, Bella comenzaba a sentirse inquieta. ¿Debía irse y dejarlo allí? No. No podría, para comenzar ella deseaba una explicación, y por otro lado él era un vampiro, Bella estaba segura de que él la alcanzaría en un parpadeo.

¿Hablar ella primero como si fuesen viejos conocidos? En definitiva no. Ella no era solo una conocida, y tampoco debía decirle nada. Si alguien debía hablar era él. Por lo que se paró derecho y se cruzó de brazos adoptando una postura y actitud defensiva.

Esperó, y esperó.

"Hola," susurró. Su voz combinada con ese delicioso acento que ella amaba envió un respingo por su columna.

"Después de cuatro meses sin saber absolutamente nada de ti me esperaba algo mejor que un simple hola."

"Lo siento," Bella rio secamente y dio un paso hacia adelante y fuera de su camino. Nick puso una mano en su brazo y ella la sacudió. Estaba dolida y molesta, y sobre todo quería golpearlo muy fuerte, pero ella terminaría fracturándose la muñeca. Quizás si clavaba pequeñas estacas de madera en su brazo podía conseguir algo. Desechó la idea.

"Eres un imbécil."

"Lo sé."

"Dios del cielo, Nicklaus Mikaelson te juro que si no me das una maldita buena explicación que sea superior a una oración, no sé que estoy haciendo aquí, y sentirlo no es suficiente," comenzó sentir que su muralla se derrumbaba, "cuatro meses Nick," le susurró, "por un momento llegué a pensar que estabas muerto..."

"Lo estuve," apartó la mirada, "al menos algo así... ¿me puedes dar un minuto? Puedo explicártelo todo," rogó. Bella tomó una profunda respiración y relajó su postura. Se acercó a él y puso una mano en su mejilla. Klaus cerró los ojos por medio segundo y ella pudo ver como se relajaba.

Por Dios, le había hecho tanta falta.

"Ven, vamos a casa," le susurró. Tomó su mano y él se dejó guiar por la calle. El apartamento no estaba muy lejos de allí. Caminaron en silencio y no fue hasta que estuvieron dentro de la casa y acomodados que él volvió a hablar.

"Estuve... ¿petrificado?" frunció el ceño como si estuviese buscando las palabras adecuadas para explicarle a ella, "por un tiempo... y luego en otro cuerpo y no podía aparecer aquí así... luego nuevamente estuve petrificado y encerrado en un ataúd para después pasar a mi cuerpo nuevamente y tuve que resolver los asuntos que me llevaron a estar petrificado..."

"Espera, espera," Bella se sentó y su mirada estuvo perdida por un momento tratando de asimilarlo todo, "¿petrificado? Nick... ¿estás bien? ¿Qué pasó?"

Hubo un corto silencio.

"Nunca me has pedido explicaciones de nada, ni qué hago, ni mi vida lejos de ti, y jamás he tratado de ocultártelo, sabes muy bien que si decides preguntarme, si deseas saber el presente que vivo no dudaré en decírtelo, pero quiero preguntártelo, ¿deseas realmente saberlo?" sus ojos eran sinceros.

"Una vez que me digas todo eso no habrá vuelta atrás, ¿no?"

"Tu forma de verme será diferente, y probablemente me odiarás," pasó su mano y apretó ligeramente el muslo de su pierna. Bella se estremeció, "no soy un buen hombre, Bella, soy la pesadilla para cualquiera, las cosas que hago, lo que digo... la forma como vivo es aterradora para cualquier humano cuerdo."

"No quiero saber," Bella se puso en pie, "escucha, sé que eres un asesino, de los peores que hay en el mundo, y probablemente soy estúpida al no pedirte explicaciones. Dios sabe que me muero de la curiosidad por saber qué tanto haces en Virginia, por saber tus planes. Pero ya mi mundo fue trastornado una vez cuando ellos aparecieron en mi vida. Luego nuevamente todo fue puesto al revés cuando tú viniste a mí con historias sobre brujas, vampiros e híbridos, y si mi mundo vuelve a tener un revolcón de nuevas revelaciones probablemente enloqueceré por lo que quiero seguir a oscuras."

Nick la observó y ella no pudo identificar todas las emociones que cruzaron por sus ojos.

"¿Por qué estás conmigo? ¿Por qué sigues creyendo en mí? Aun sabiendo que soy un asesino, que me alimento de personas inocentes para poder vivir, que soy despreciable en muchos sentidos...

"El corazón no decide a quién amar."

La sala sucumbió en un silencio sepulcral y él llegó a ella en un segundo.

"¿Me amas?" sus ojos estaba ligeramente abiertos de la sorpresa.

"Sí que eres bien idiota, ¿eh?" bufó, "¿qué crees, que he estado todo este tiempo contigo simplemente porque sí, porque creo que eres un apuesto y quería una relación física con un vampiro?" lo golpeó suavemente en el pecho, "te amo, Nicklaus, estoy enamorada de ti y créeme, sé muy bien cuán loco es eso pero te amo y no hay nada que puedas hacer. Estos cuatro meses estuve tan furiosa contigo, por desaparecer así y no darme una explicación. Llegué a pensar que todo había sido un juego."

Nick cerró la distancia entre ambos y la abrazó, estampando de paso sus labios con los de ella. Fue un beso fuerte. Su boca estaba deseosa por más, y quizás era el tiempo que habían pasado sin tocarse, o la simple conexión que tenían que los hacía encenderse. Tal vez era la magia de decir un te amo... cualquier cosa que fuera, aquel beso sin duda la dejó sin aliento una vez se separaron.

"Deberías besar así más a menudo," mordió su labio inferior.

"Ya lo veremos," Nick pasó una mano por su cabello con tanta delicadeza que la hizo sentir como si fuera una muñequita de porcelana, "también te amo, tanto que me hace sufrir."

"No te amo para hacerte sufrir."

"Pero es un dolor bueno, además es bíblico, ¿no lo has escuchado?" Bella frunció el ceño, su mente trató de recordar pero solo venían retazos de algún servicio eclesiástico en el que había estado, "el amor es sufrido, es benigno," le dio suaves besos en la frente, "no es envidioso ni jactancioso, no se envanece," pasó a sus mejillas y la hizo sonreír, "no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor, no se goza de la injusticia, más se goza en la verdad; todo lo sufre, todo lo espera, todo lo soporta, el amor nunca deja de ser..."

"Eso es lindo."

"Lo es," asintió, "¿puedes decirlo nuevamente?"

"¿Qué cosa?"

"Que me amas."

"Cuantas veces quieras," rio sobre sus labios, "te amo," repitió, "te amo como la víctima ama a su verdugo," le dio un corto beso, "pero te juro que si vuelves a irte así sin avisarme, o te petrifican de nuevo, te demostraré que el amor puede ser bien sufrido, ¿me has entendido?" Nick rio.

"Lo entendí."

"Muy bien, acordado eso..."

Se besaron, y se acariciaron. Ambos tenían los labios hinchados como los de dos amantes que se devoran a besos después de no haberse visto en años. El tiempo parecía detenerse cada vez que sus cuerpos se rozaban, y Bella supo que aquel hombre que le hacia el amor con ternura y pasión. Que le entregaba todo, y un poco más; aquel hombre era el amor de su vida.

-...-

Nick la miraba con una sonrisa. Bella enarcó una ceja cuando se dio cuenta que era observada.

"¿Qué?"

"Nada, solo te observo."

"¿Te gusta lo que ves?"

"Mucho," Bella le sonrió. Dejó en la mesa de noche los papeles que revisaba y se acurrucó contra él. Rápidamente fue rodeada por sus fuertes brazos. Suspiró de felicidad mientras cerraba los ojos y se dejaba embriagar por la colonia de Nick que aún seguía adherida a su cuerpo. Era increíble como duraba aquel perfume en él.

"¿Nick?"

"¿Uhm?"

"¿En tu mundo alguien sabe de mi existencia?" se separaron solo un poco para verse a los ojos. Nick lucía ligeramente sorprendido.

"¿A qué viene esa pregunta?" como pudo Bella se encogió de hombros.

"Solo estoy curiosa," Nicklaus volvió a mirarla calculadoramente, y ella odiaba cuando él adquiría ese brillo en sus ojos porque sabía que él buscaba las palabras adecuadas para hablar con ella. Como si fuese una niña pequeña a la que había que explicarle con dibujos.

"Nadie sabe, mi amor. Tú eres un secreto. Eres mi secreto."

"¿Por qué, Klaus?" a él le incomodaba visiblemente que ella lo llamara solo Klaus. Él prefería el Nick, o el Nicklaus completo. Inclusive el Mikaelson. Pero por alguna razón no era fan de escucharle salir de sus labios aquel solo nombre, por lo que ella lo decía solo para fastidiarle.

"Tú eres mi dosis de normalidad... de humanidad. Si el mundo en el que yo vivo se entera de tu existencia no dudará en usar lo que siento por ti para volverlo en mi contra. No dudarán en hacerte daño, te usarán a ti para llegar a mí."

Alice le había dicho eso, pero escucharlo salir de los labios de él era diferente, más real.

"Nick..."

"Eres por quien yo daría todo y estaría dispuesto a renunciar a todo, algo así como mi talón de Aquiles," le guiñó un ojo en complicidad y con sumo cuidado y separándose un poco, limpió el par de lágrimas que corrieron por las mejillas de Bella, "¿qué sucede?"

"Nada. Solo abrázame, y ámame, que de mis locas emociones me ocupo yo."

Y eso hizo.

-...-

Había pintado en muchas ocasiones a mujeres semidesnudas en una cama. Las había tenido de modelos, o simplemente las había imaginado. Jamás se le había hecho tan difícil como ahora. Cada vez que creía haber capturado la esencia de Isabella en una pintura, tenía que desecharla. No estaba ni de cerca a hacerle justicia.

En muchas ocasiones sus modelos fingían estar dormidas y aquel fingimiento se trasladaba a su cuadro. Pero en esa ocasión su modelo estaba realmente dormida, y no podía plasmar su dulzura y tranquilidad como quería.

Por otro lado estaba el problema de la luz. Aunque se filtraba la luz de la luna, y de un farol brillante, él no estaba seguro si debía adecuar su pintura a la noche o al día.

Se decidió por la noche. Después de todo, iba a estar allí pintándola toda la madrugada.

Le dio una mirada y sonrió. La había pintado antes, muchísimas veces. Mientras leía, o escribía. La había pintado cocinando, incluso mientras limpiaba su casa. La había dibujado de memoria y teniéndola en directo. Pero jamás la había pintado mientras dormía, después de haber estado juntos y entrelazada con las sabanas, y con ese semblante que tiene las mujeres satisfechas y enamoradas.

Era difícil enfrascar a la mujer que amaba en una pintura... pero él iba a hacerlo. Debía hacerle justicia a su belleza.

-...-

Nick bajó el libro que estaba leyendo por un momento. La suave música del saxofón y el piano lo relajaban. Su hermana estaba limpiando la sangre que caía a la alfombra proveniente de un cuerpo que estaba sobre la mesa, y pertenecía a la comida que muy amablemente le había llevado a Elijah quien convenientemente estaba sentado a poca distancia de él, con un libro en la mano.

El hombre occiso era un asesino sin familia, nadie iba a extrañarlo, y de hecho Klaus le estaba haciendo un favor a la humanidad al acabar con su vida.

Desde que salía con Bella, era muy cuidadoso en escoger sus víctimas. Por lo general eran criminales, personas que no tenían a nadie en la vida y que nadie se preocupaba por ellos. Evitaba al máximo alimentarse de almas inocentes, excepto cuando le tocaba llegar a ciertos extremos para conseguir algo de alguien, ahí si debía usarlos. Después de todo, los humanos morían todo el tiempo.

Pero él en definitiva sumaba puntos porque llevaba un par años sin ser un asesino cruel y despiadado. Solo asesino, y quizás un poco cruel. Bella no lo sabía pero no era necesario tampoco.

"Una alfombra de quinientos años... arruinada, ustedes no saben hacer otra cosa que hacer desastres," masculló Rebekah.

"Tu hermano piensa que puede comprarme con almuerzo barato," replicó Elijah mirándolos con una sonrisa, "cuidado rompes una de tus bellas uñas, hermana."

Nick ignoró la conversación que sus hermanos estaban teniendo en ese preciso momento y comenzó a divagar. En un par de días volvería a ver a Bella, y esta vez sería por todo un fin de semana. Nada podía hacerlo sentir más feliz o mejorar su humor como el solo pensamiento de ella. De sus ojos y sus labios. Estaba tan tontamente enamorado que ni él mismo se lo creía.

Recordó en ese momento unas palabras que había dejado pasar por la emoción y la felicidad del momento, pero que se vio obligado a fruncir el ceño al rememorarlas.

"¿Nicklaus?" la voz de Elijah lo trajo de regreso, parpadeó y lo miró, "te noto distraído, hermano."

Nick ladeó la cabeza y entrecerró los ojos.

"¿Cómo ama la victima a su verdugo?" preguntó sin mirar a alguno de los dos en específico.

Elijah y Rebekah se miraron desconcertados y con cautela por un momento. Rebekah dejó a un lado la esponja con la que estaba fregando la alfombra, y Elijah dejó el libro en su regazo.

"¿Qué?" preguntó Rebekah con suavidad como si quisiera confirmar que lo que había escuchado era lo correcto. Nick rodó los ojos.

"¿Cómo ama la víctima a su verdugo?" volvió a preguntar. Rebekah pareció meditarlo pero no dijo nada. Se quedó mirándolo en blanco, y curiosa.

"No lo sé," admitió. Nick podía notar su curiosidad y desconcierto.

"Hasta la muerte," respondió Elijah haciendo que sus hermanos le observaran sorprendidos. Nick se tomó un minuto para analizar sus palabras y repetirlas en su cabeza, y pudo ver que su hermana hizo lo mismo, "la victima ama a su verdugo hasta la muerte," Elijah se cruzó de brazos y se arregostó un poco más al sofá solitario en el que estaba sentado, "¿a qué viene esa pregunta, Nicklaus?"

"Curiosidad," se encogió de hombros y volvió su mirada al libro que había tomado de la estantería de Bella dos semanas atrás. Sabía que sus hermanos tenían la mirada fija en él y que buscaban alguna explicación. Venían exigiéndoselas desde que estaban viviendo en Nueva Orleans. ¿Por qué desaparecía por lo menos una vez a la semana sin dejar rastros y regresaba como si jamás se hubiese ido? ¿Qué hacía cuando se iba por tres o cuatro días sin decir a dónde?

Él había sido muy cuidadoso en cubrir su rastro, en no revelar absolutamente nada de a dónde iba, o si se encontraría con alguien. Rotaba los días de ida, y procuraba hacerlo lo más espontáneamente posible. La cautela y el sigilo valían la pena si la seguridad de Bella estaba de por medio.

-...-

"¿Estás seguro?"

"Solo relájate, mi amor," rió.

"Esto es muy extraño."

"¿Ir de compras al supermercado con tu novio vampiro?" Bella asintió.

"¿Y si alguien te ve y te reconoce? ¿No es muy peligroso para ti? ¿Para mí?" Nick miró a ambos lados y la detuvo a mitad de pasillo donde estaban los cereales.

"¿Crees que arriesgaría tu vida?" le preguntó. Bella miró sus ojos y le era difícil no sentirse hipnotizada por la dulzura con la que la miraba.

"No."

"Jamás pondría tu vida en peligro, Bella," pasó un mechón de su pelo tras su oreja, "además es de día, podría contarte con los dedos de mi mano, y algunos de los tuyos, el número exacto de vampiros que pueden salir a la luz de sol sin ser carbonizados," le sonrió, "y créeme cuando te digo que a todos ellos los sé manejar."

"¿Qué hay con los hombres lobos?" susurró, "¿y las brujas?"

"Los mataría antes de que se les ocurra hacerte daño," se encogió de hombros, "ahora sí, ¿será que puedo disfrutar de una salida a comprar víveres para preparar una deliciosa cena con la mujer que amo esta noche?" Bella se acercó y le dio un corto beso en los labios.

"Sí, si puedes," Bella entrelazó su mano con la de él mientras ella empujaba el carrito a medio llenar.

Aquello seguía siendo extraño para ella... pero extraño era bueno.

Sí, era bueno.

-...-

Todas las parejas se suponía debían tener una fecha de aniversario. Eso era lo que las parejas regulares celebraban. ¿Cierto?

El problema era que ellos no eran una pareja regular y en definitiva no tenían una fecha específica para celebrar. ¿Escoger el día en el cementerio que se besaron por primera vez o su primera noche juntos? ¿Quizás el día en que se dijeron te amo de frente?

Bella puso pausa a la película, y extendió su mano en busca de su celular. Marcó el número. Por lo general no dejaba pasar dos timbrazos cuando el teléfono era tendido pero cuando Nick se demoraba en contestar era que estaba rodeado de personas o en una situación de cuidado. O ambas. Le tomó un par de llamadas antes de contestar.

"Bella, amor, ¿está todo bien?"

"Perfecto… ¿cuándo es nuestro aniversario?" hubo un silencio al otro lado de la línea. Ella esperó mientras jugueteaba con el control remoto.

"¿Nuestro aniversario?"

"Sip."

"Cariño, llevamos casi cuatro años juntos y ahora me preguntas qué día es nuestro aniversario," casi podía verlo sonreír.

"Ajá," Nick rio.

"No lo sé…"

"Propón una fecha," sugirió Bella, "he estado pensando en un par pero no estoy segura, además tú tienes mejor memoria que yo, quizás tengamos alguna fecha especial y yo no recuerdo, lo cual sería vergonzoso…"

"La primera vez que te vi," Bella se acurrucó entre las almohadas dejándose seducir por el acento de Nick, "propongo que ese sea el día."

"¿Por qué?"

De todos los días que a ella podían habérsele ocurrido como fechas especiales para marcar en su calendario, jamás se le ocurrió que él escogería ese día.

"Bueno, fue el momento en que mi vida cambió, y también la tuya, ¿no?" explicó, "podría decirte varios días pero ninguno de ellos marcó tanto como ese. Nos conocimos y las cosas no volvieron a ser iguales. Te vi, y hablé contigo, y aunque sería mentira si te dijera que me enamoré de ti a primera vista y que te amé desde entonces… no te mentiría al decirte que supe que eras diferente… que eras especial. Me intrigaste, me dejaste con el deseo de conocerte, de saber más de ti. Por lo que te propongo ese día, ¿te parece?"

Bella estuvo aliviada de que él estuviera bien lejos en ese momento para no ver la sonrisa tonta que tenía en los labios.

"Sí," susurró, "me gusta mucho… pero… ¿recuerdas el día exacto?"

"Claro, 13 de noviembre."

Por supuesto que él lo recordaba.

"Te amo, ¿lo sabes?"

"Lo sé."

"Tienes un mes para pensar en el día de nuestro aniversario," escuchó la risa juguetona de Nick.

"Lo tendré en cuenta. Hablamos mañana, cariño, debo irme. Te amo, descansa."

Colgaron.

Bella bajó de la cama y caminó hasta el calendario detrás de su puerta, tomando de paso el bolígrafo que estaba en su nochero. Buscó el día en el calendario y lo marcó con una equis gigante. Simplemente por pura formalidad porque por supuesto aquella fecha nunca se le olvidaría.

-…-

Era uno de esos días en el que el cielo parecía no querer dar tregua. Días en los que el viento parecía hablar de lo fuerte que soplaba, y en que los árboles bailaban a la par del silbido de la brisa. Era de esos días en los que las gotas de lluvias eran tan grandes, y tan seguidas y fuertes que si alguien salían podía terminar con una embolia.

Eran sus días favoritos. Y aún más si Nick estaba allí.

Ambos se habían quedado dormidos después de que se había acurrucado el uno contra el otro a charlar un rato. Pero la verdad era que ella se había sentido cansada y él lucía demasiado pensativo, por lo que ni siquiera hablaron, Bella durmió casi de inmediato dejándolo a él con sus pensamientos.

Sin embargo ya estaba despierta y él no estaba a su lado. La lluvia aún caía con fuerza y la noche estaba fría. La habitación estaba tan oscura como la noche afuera. Nadie parecía querer encender las luces, ni siquiera los faroles de la calle estaban encendidos. La única iluminación era la débil y casi inexistente luz de la luna que acariciaba el cuerpo desnudo de Nick a pocos pasos de la ventana.

Isabella lo observó. Lo detalló tan minuciosamente que en la tarea pudo haberse llevado varios minutos. Miró su cuerpo esbelto, atlético y con pecas por aquí y por allá. Los tatuajes que ella besaba hasta el cansancio. Su cabello corto y de matices dorados. Estando casi que de espalda a ella no podía apreciar bien sus ojos, pero algo de ellos pudo captar.

Fue justo en ese momento, mientras lo observaba estar de pie e inmóvil. Con su semblante tranquilo, lleno de paz y relajado, que la realidad la golpeó con fuerza… con mucha fuerza. Tanto así que su corazón dolió repentinamente.

Él era un vampiro. Ella era una humana. Y aún más importante, ella era una humana que no quería convertirse en un vampiro. Quizás hubo un tiempo, que se sentía tan ajeno a ella que no parecía real, en el cual ansiaba la conversión. Pero aquellas habían sido las ideas tontas de una niña que apenas descubría el amor. Ahora era diferente, ella era diferente.

Lo observó un momento más, y finalmente Nick giró. Sus miradas se encontraron en la oscuridad y ella se dio cuenta que algo pasaba por la cabeza de él.

Se enderezó en la cama, dejando caer las sabanas y dejando al descubierto sus pechos.

"Debemos hablar, ¿no es cierto?" preguntó. Bella asintió.

"Llevamos mucho tiempo juntos." Nick se acercó a la cama y se sentó al borde.

"Así es, y no me he arrepentido jamás de ni un solo día."

"Tampoco yo, y… sabes que te amo, ¿no? ¿Lo sabes?" Bella gateó hacia él y se arrodilló en la cama. Estaban casi frente a frente, totalmente desnudos, y no solo físicamente sino que tenían el alma al desnudo. Ella sintió su corazón latir con fuerza y la sangre se sentía caliente al correr por sus venas.

"Lo sé, cariño," le sonrió y acunó su rostro con una de sus manos, "la falta de amor nunca ha sido un problema en esta relación."

Bella esperó un momento antes de hablar. Su cuerpo comenzaba a sentir el frío a pesar de que la calefacción estaba encendida.

"Nick, ¿a dónde vamos a parar?" tragó en seco y se llenó de valor para continuar, "yo no quiero ser vampiro," confesó, "quizás hubo un tiempo en el que lo deseaba, en que era lo único que quería pero ahora…"

"Lo sé, Bella, no debes explicarme nada. Entiendo por qué no quieres convertirte y créeme, llevo suficientemente tiempo en este mundo como para decirte que ser vampiro es para mí lo máximo, pero sé que tú no soportarías vivir con la idea de tener que alimentarte de alguien para sobrevivir. No podrías aguantarme en mi máxima expresión. Este mundo oscuro del que yo hago parte, del que un vampiro hace parte no es para alguien como tú. Y te amo demasiado como para pedirte que renuncies a algo tan preciado como tu humanidad por mí, por algo que no estoy seguro pueda darte."

"Nick," lo interrumpió. Deslizó la mano fuera de su mejilla y puso los dedos en sus labios callándola.

"Sabía que esto tarde o temprano debía suceder. Tú te mereces algo mejor que yo, algo mejor de lo que yo tengo para ofrecerte…"

"Nick," protestó. Con suavidad retiró los dedos y entrelazó su mano con la de él, "me lo has ofrecido todo, y no te he pedido más, ni tú a mí, mi amor, pero… todos los días me estás dando a elegir entre perderte o estar contigo en partes."

"Lo sé."

Había un nudo en su garganta y en su corazón. Las palabras se habían quedado atascadas a medio camino de su boca, o quizás se habían perdido para evitarle el dolor. Pero aquello… era inevitable. Y dolía, dolía tanto. La pena le estaba carcomiendo el alma y ella quería simplemente acurrucarse en la cama contra él e ignorar el mundo entero.

Pero aquello no era una película y debía tomar las riendas de su vida.

"Esta es la decisión más difícil que he tomado en mi vida," sus ojos picaban y las lágrimas estaban amenazando con salir en la siguiente palabra, "pero voy a tener que decirte adiós."

El mundo paró en ese momento para ella mientras sentía su corazón ser arrancado de su pecho ante sus propias palabras.

"Yo debo decirte adiós también, mi amor," Nick apartó la mirada de ella por un momento y pudo verlo tomar una profunda respiración, "nunca nos prometimos una historia de amor eterna," continuo, "si se daba una corta novela debíamos aprovechar cada coma y cada punto. Cada inicio de día y el cierre de otro. Y lo hicimos. Para mí no es sencillo tampoco, cada palabra que digo es un arma que uso en mi contra. Ahora que te estoy alejando de mi siento que mi vida la estoy dejando contigo," Nick volvió a mirarla. Entre las lágrimas Bella pudo ver el brillo húmedo de los ojos del amor de su vida, "¿recuerdas cuando te dije ese versículo del amor?" Bella asintió, "el amor no busca lo suyo," le recordó, "no busco mi bienestar ni lo que yo en mi egoísmo quiero y sé que no debería tener. Lo único que quiero es que seas feliz, tan feliz como puedas. El amor, nuestro amor, todo lo sufre, todo lo espera, todo lo soporta. Pero más importante, Bella, y quiero que jamás se te olvide… el amor nunca deja de ser. Mi amor por ti jamás dejará de ser."

"Vivirás para siempre, Nick. Encontrarás a alguien, la amarás más que a mí."

"No, créeme cuando te lo digo que no pasará. Mil años he estado vagando, y sí, he creído falsamente que me he enamorado varias veces pero no supe cuán equivocado era el concepto que yo tenía del amor hasta que te conocí. Tú eres mi significado de amor, de hogar."

"¿Me amarás por siempre?" preguntó, "incluso yo, una pobre mortal sé que el significado de lo eterno es un peso duro de llevar, Nick."

"Isabella, la eternidad es una bendición y a la vez una carga," acordó, "cuando se es vampiro no solo cambia tu forma de ver el mundo, tu carácter, o tu personalidad. Cambia la forma en la que sientes. Nosotros no amamos a la ligera, ¿por qué crees que amar a un vampiro y que este te ame es tan maravilloso como doloroso? Nosotros sentimos el triple que un humano y canalizamos eso a quien amamos. Vivimos en una montaña rusa de emociones constantes, odiamos con fervor y amamos con locura," suspiró y le regaló una sonrisa de suficiencia pero que por primera vez estaba manchada de tristeza, "y hoy me preguntas si te amo y que si te amaré la vida entera, mientras me despido de ti," Nick bajó la mirada hasta donde el dije del delicado collar colgaba. Una vez él le había dicho que eso era quizás lo que más amaba cuando Bella estaba desnuda frente a él. Su collar y la forma como adornaba su cuello con elegancia. Era el mejor accesorio contra su piel desnuda, y ella jamás se lo quitaba.

"¿Por qué tiene que ser todo tan difícil?" susurró Bella sintiendo que no podía detner su cuerpo de derrumbarse, "siento que al decidir esto te estoy dando a entender que no te amo, y no es así, porque lo hago Nick, te amo tanto."

"Lo sé."

"Pero no quiero vivir una vida eterna, incluso si es a tu lado, y no porque no te adore como a nadie más en el mundo, pero sé que jamás tendríamos eso que quiero… que queremos. No quiero vivir una vida entre matanzas y asesinatos. No quiero tener que vivir huyendo, sentir que me persiguen o que debo vigilar mi espalda todo el tiempo. No quiero llegar al punto de matar para sobrevivir," Bella no pudo decir si lo caliente en sus mejillas eran lágrimas o el sonrojo producto de su cuerpo atravesando el dolor de un corazón rompiéndose.

"Y tú tampoco te mereces eso. No te mereces mi mundo ni mis cargas. La vida que yo vivo no es para alguien como tú."

"Hemos atrasado por mucho tiempo este momento, hemos negado la realidad y nos refugiamos por años en nuestra burbuja… nos rehusamos a ver que incluso el amor no puede romper todas los obstáculos. Pero no podemos vivir de palabras bonitas y promesas a la distancia. Hay algunas barreras que son indestructibles, incluso para el sentimiento más grande del mundo. Lo siento tanto, Nick," sollozó dejando finalmente que sus emociones tomaran el control, "lo siento tanto. ¡Dios! ¿Por qué debe doler tanto?" lloró, "¿por qué siento que estoy rompiendo mi corazón, pisoteándolo?" lo miró encontrándose con ojos húmedos, "duele mucho, Nick, quiero que pare el dolor."

"Mi amor," susurró sin fuerzas, "cariño, no llores, por favor no lo hagas," Bella notó que él estaba haciendo un esfuerzo sobrenatural por mantenerse calmado, "la única vez donde las despedidas son dolorosas es cuando sabes que jamás se dirá hola nuevamente. Pero tengo fe, Bella, creo que alguna vez nos volveremos a encontrar," acarició sus cabellos con ambas manos y secó las lágrimas con la yema de los dedos, "solo fuimos el amor perfecto en el momento equivocado," le susurró.

Juntaron sus frentes. Sus respiraciones eran irregulares y el llanto de Bella aunque ya no era audible, todavía estaba allí. Afuera la lluvia golpeteaba con más violencia si acaso eso era posible, y el viento silbaba contra su ventana estremeciéndola.

Quizás el cielo también lloraba por ellos.

Cuando Bella era pequeña su mamá solía decirle que la lluvia eran las lágrimas de Dios y sus ángeles.

Quizás ellos veían la escena en ese momento y la acompañaban a ella en su dolor.

"Solo por esta noche," masculló Bella, que de no ser Nick un vampiro tal vez no la hubiese oído, "por favor, solo por esta noche abrázame fuerte. Puedes irte en la mañana pero regálame una noche más," pidió.

"Quédate conmigo hoy, vive conmigo un día y una noche, y te mostraré el origen de todos los poemas," recitó Nick sobre sus labios.

No se dijeron más nada. No hacía falta. Después de todo, ¿qué más se le puede decir a la persona que amas cuando le estás diciendo adiós?

-..-

Había estado despierto toda la noche. Estaba demorándose en irse. Lo sabía, y no le importaba. Una parte de él no quería abandonar aquella habitación… una parte de él se estaba quedando en esa habitación. Y de nuevo, no le importaba.

Se quedó contemplándola un poco más, después de todo aún no estaba despertándose. Sus sueños eran profundos y dulces, y él estaba alejando sus pesadillas, reemplazándolas por sueños tranquilos. Se veía preciosa durmiendo con una ligera y casi imperceptible sonrisa.

Su corazón dolía tanto con solo verla, de solo pensar en todo lo que se dijeron la noche anterior. Su corazón dolía tanto que de no ser parte vital e invivible de su cuerpo, él se lo arrancaría.

Por mucho tiempo se blindó en un armazón de hierro impenetrable, levantó muros para alejar a todos, y se dedicó a lucir imperturbable, fuerte, indestructible, pero no fue hasta que conoció a Isabella que supo cuán débil un hombre fuerte podía ser cuando tenía lo que más amaba de frente.

La conoció y bajó sus murallas, dejó que ella lo llenara de caricias y besos, de amor infinito y ternura, lo hizo acostumbrarse a la belleza de la vida, a las segundas oportunidades y a un par de ojos sinceros y llenos de cariño. Lo acostumbró a tanto, lo llenó de tanto y ahora… ahora se sentía vacío. Incompleto. La vida nunca había sido más triste y gris como en ese momento.

Se levantó finalmente. Podía escuchar su respiración cambiar y los latidos tranquilos de su corazón, palpitar diferente. Ella estaba despertando y él no quería quedarse allí para verlo. Ya se habían dicho adiós anoche, ya habían obligado a sus cerebros a adoptar la idea que todo había acabado. No quería tener que pasar por lo mismo nuevamente, no quería volver a decirle adiós a sus bellos ojos castaños.

Miró una vez más la habitación, y luego a Bella. Caminó por un momento por el apartamento, y se llevó con él aquella imagen antes de finalmente salir.

Sus emociones estaban revolviéndose. ¿En qué estaba pensando él? Ella era tan inocente y pura. No había espacio para alguien así de perfecto en su vida. No podía permitirse que una persona como Bella, con tanto por vivir y disfrutar, se viera nublada por la oscuridad que él llevaba.

Golpeó con fuerza las puertas del elevador haciendo una gran abolladura. Las lágrimas silenciosas habían comenzado a caer por sus mejillas y el nudo en su garganta apretaba más y más.

Los hombres no lloran, los hombres jamás deben llorar, mencionó en una ocasión su padre.

Lo que su padre se había olvidado de decirle era que los hombres no deberían llorar, a menos de que hubiese una buena razón para hacerlo.

Isabella Swan y su amor eran una buena razón por la que llorar.


Sofía.