TO A WOMAN I CALL HOME.
Sinopsis: "Después de todo, las personas no escriben sonetos sobre ser compatibles o novelas sobre sueños compartidos y conversaciones que fluyen naturalmente cuyo final es feliz y que dejan en el lector esa sensación de plenitud porque todo salió bien. Los grandes amores eran aquellos locos." MINI HISTORIA.
Rating: T.
Warnings: Tanto Bella como Klaus están ligeramente fuera de personaje en varias ocasiones. OCC. (Noté que en los capítulos pasados escribí "carácter", lo siento)
Disclaimer: Lo único que me pertenece de la historia es la trama y los personajes inventados. El resto, en cuanto a Twilight le pertenece a Stephanie Meyer y TVD/TO a la CW y sus escritores.
Author's note: Tardé más de lo que quise, pero me dio esta cosa infernal llamada chikunguña que ugh, enserio no se la deseo a nadie. Aún mi cuerpo duele. En fin. GRACIAS por cada reviews, favorito y follow. Realmente me hace feliz que les guste y les parezca una historia diferente Klaus/Bella de las que han leído hasta ahora. Ese era el objetivo.
Con respecto a este capítulo:
Los eventos ocurren rápido y con varios años de diferencia. Así que espero no se sientan muy perdidos.
Este es el último capítulo y es agridulce. Cuando escribía y llegué a esta parte de la historia... bueno, no les mentiré fue difícil de escribir porque quería que fuese autentico y lejos de ser cliché y fue todo una batalla escribirlo pero estoy contenta con el resultado.
La forma como escribo. No hago guiones y sé que eso es lo reglamentario en la lengua española a la hora de escribir historias y no las comillas que yo uso porque esto es anglosajón. Sé de esto y ya me han hecho la observación en otra historia. Así que por adelantado les respondo que esto es un comodidad que tengo. En algún punto debo cambiarla pero por ahora he estado acostumbrada a leer y escribir con este estilo.
Por último, de ninguna manera promuevo la infidelidad bajo ninguna circunstancia, ¿eh? La infidelidad es mala, niños. Sean honestos con su pareja y no caigan en la tentación.
Habiendo dicho todo esto, y si llegaron hasta aquí... ¡DISFRUTEN Y GRACIAS! Bienvenidos al final de esta historia.
To a woman I call home: Part III.
Abrió la pequeña caja de madera a sabiendas de que iba a sufrir. Había momentos en el día en que los recuerdos se volvían insoportables. En los que su corazón parecía inquieto en su cuerpo y en el que cada fibra de su ser gritaba de melancolía. Días en los que sentía que la mitad faltante de su vida era más notoria. En los que las sonrisas disminuían y las risas parecían sonidos sordos a sus oídos.
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"¿Qué haces?"
"Escribo algo detrás de la foto," respondió remarcando lo obvio. Bella tuvo que rodar los ojos y reformular su pregunta.
"¿Qué escribes?" se movió y apoyó la barbilla en su hombro, ojeando lo que había escrito. Nick rozó sus labios en la mejilla y le sonrió.
"Contigo no quiero París, ni Santiago, ni Roma. Contigo prefiero quedarme en casa, tomarte de las manos y guiarte a donde jamás has viajado; ida sin retorno, amor con insomnio, café de madrugada y sexo por placer. Contigo hasta enloquecer," leyó.
"Bastante poética," le sonrió.
"No es mía, pero es adecuada," Bella frunció el ceño.
"¿Adecuada?" asintió.
"Una vez le prometí el mundo a una mujer, pero aquella mujer no quería el mundo ni recorrerlo, y tampoco me quería a mí, así que me dije a mi mismo que la mujer a la que verdaderamente amara no le prometería conocerlo todo, no le prometería un trono… le prometería cosas simples pero que sabía que de verdad llenaban."
Bella lo miró y mordió su labio inferior. Lo rodeó con sus brazos y tomó la foto de sus manos. Un par de semanas atrás ella había comprado una cámara, y le había tomado varias fotos a él por todo el apartamento, y algunas en Manhattan, y luego entre juegos habían tomado fotos de ambos. Aquella en particular le había gustado mucho a Bella. Ambos estaban sonrientes frente a la cámara, vestidos con ropa de otoño y luciendo felices. Casi como si fuesen una pareja normal.
"Me gusta esa promesa," le susurró, pero no alcanzó a darle un beso correspondiente porque el olor a panqueques quemados estaba llegando a sus fosas nasales.
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"Bella," susurró Tommy besando su mejilla con ternura y rodeándola con sus brazos por detrás. Afortunadamente ya había guardado la fotografía en la caja, "¿estás bien?"
"No," admitió. Con Tommy tenía la libertad de ser sincera… bueno, parcialmente sincera. Lo único que él no sabía sobre su vida con claridad era de Klaus. A todos les había dicho que aquel novio que ellos jamás conocieron ni vieron, había muerto. Era más fácil de aquella manera. Y ella lo repetía tantas veces como fuera necesario para creérselo ella también, "pero lo estaré," suspiró y se giró hacia él dándole una sonrisa suave, "¿nos vamos ya?" Tommy la observó por un momento antes de darle un corto y dulce beso.
"Sí, vamos."
-…-
"Oh, better far to live and die, under the brave black flag I fly!" cantó con fuerza mientras caminaba por el borde del puente. Rio cuando tropezó y su cuerpo amenazaba con caerse del otro lado al agua oscura y fría, "than play a sanctimonious part," tomó un sorbo largo de la botella de whisky, "with a pirate head and a pirate heart!"
Tomó una honda respiración y miró al frente, balanceándose en el borde, tentando a una muerte que no llegaría jamás por ahogo. O sí pero luego volvería a la vida y seguiría ese mismo proceso hasta que saliese del agua. Tarareó la canción cambiando su alegre y burlona melodía por algo más triste y melancólico. La luna brillaba redonda rodeada de estrellas diminutas que parecían acompañarlo en su dolor. Levantó la botella e hizo un brindis a los cuerpos celestes que habían en más de una ocasión vislumbrado sus penas.
Momentos como estos él deseaba saborear la humanidad para verdaderamente sentir la adrenalina, el miedo. La ansiedad de pensar que un paso más y él moriría por una contusión o por el agua en sus pulmones.
"Aquí estás," no se molestó en girar, "bebiendo. Lo cual no es extraño. Al borde de un puente. De nuevo, no es extraño. Cantando… ahora, eso sí es extraño," finalmente se volteó y se encontró con su hermano mirándolo con sus brazos cruzados sobre su pecho y el ceño fruncido, "¿qué está sucediendo, Nicklaus? Has estado inusualmente extraño y apático últimamente. Te habías estado comportando tan… bien, en lo que cabe, claro…"
"Extraño y apático," repitió, "esas son nuevas características."
"Klaus," Elijah dio un paso al frente, metiendo las manos en los bolsillos de su traje, "estoy preocupado por ti."
Nick realmente podía ver la sincera preocupación en los ojos de su hermano. Elijah siempre había sido el sensato y el hombre de familia. Aquel que trataba de mantenerlos unidos, con el que siempre se podía conversar y escuchar un buen consejo por mucho de que no se le hubiese pedido uno.
Por un minuto se sintió tentado a decirlo todo, a confiar en su hermano y decirle lo que agobiaba su corazón. Después de todo, él tenía experiencia en esa cosa mágica y sufrida llamada amor. Especialmente con alguien mortal.
"Oh, mira eso, el gran y benévolo Elijah está preocupado por su pequeño hermano. Un consejo: No lo estés."
Elijah lo observó con curiosidad y después de un par de segundos un brillo de reconocimiento pasó por sus ojos.
"Es una chica," sonrió ladinamente, "estás haciendo todo este drama, comportándote como un niño y haciendo desastres por todas partes por una simple y ordinaria mujer. Creí que estabas por encima de sentimientos mundanos."
¿Simple? ¿Ordinaria?
Sin proponérselo, estaba agarrando a su hermano por el cuello y apretando con fuerza. Su sangre hervía producto del alcohol, la rabia, la tristeza y el desazón.
"No te atrevas a decir una sola palabra más," masculló entre dientes apretados.
"Muy macho, Nick," incluso con la presión de él en su cuello, Elijah rodó los ojos con gracia, "déjame ir." Con lentitud lo hizo. Elijah sacudió su traje y movió su cabeza de un lado a otro, relajándola. Nuevamente clavó su mirada en él, "te enamoraste," dijo con simpleza, "te enamoraste y ella rompió tu corazón. Eso explica tu comportamiento de un par de años atrás."
"Cierra la boca, Elijah."
"Pero… ¿qué pasó? ¿Qué ha activado este repentino y drástico cambio de alcohol y malas decisiones? Habías dado ya dos pasos hacia adelante, Nick. Creí que podías verdaderamente cambiar…"
"¿Qué pasó? Te diré qué pasó," tomó el último sorbo de whisky y arrojó la botella contra el puente de piedra rompiéndola en mil pedazos, "me enamoré, Elijah, me enamoré de una humana, y no, ella no partió mi corazón, ambos nos destrozamos el alma porque entendimos que esto del amor no podía darse entre los dos. Pasó que cambié no porque debía hacerlo, no porque ella esperaba que cambiara… ella no lo hacía, y de hecho no sabía que su amor me había transformado. Cambié porque quería ser el hombre que ella se merecía… ¿y cómo me ayudó eso? Exponiéndola día a día al peligro de estar con alguien como yo, dándole mi amor por pedazos porque no podía entregarme completamente a ella. El amor no hizo más que triturar mi alma y arrojarla a un vacío sin fondo. Eso me pasó."
"Nick," susurró. Por primera vez el podía ver el asombro y desconcierto en los ojos de su hermano.
"Pasó que pensé que podía dejarla, que podía alejarme de ella y retomar mi vida pero uno no puede simplemente dejar el corazón con alguien más y pretender seguir viviendo después de eso. Pasó que cada día desde que le dije adiós me siento aún más miserable que el día anterior, pasó que entendí que no hay cosa más triste en la vida que haberte acostumbrado a alguien y de repente tener que volver a existir sin esa persona," Nick tragó en seco sintiendo sus ojos picar y su corazón apretujarse contra su pecho, "pasó que el amor de mi existencia ha aceptado casarse con otro hombre, aun amándome a mí."
"Nicklaus… yo… no sé qué decirte."
"Oh, no te he soltado todo ese discurso para que me tengas lastima y me des unos buenos consejos de amor," se recompuso, "me has preguntado qué pasa, te he respondido. Supongo que después de todo lo que has hecho por intentar que nuestra familia esté junta nuevamente, creo que te mereces una explicación."
Sin embargo, Klaus sintió un pequeño peso abandonar su corazón, y se sintió bien haberlo sacado todo. Haber dicho que sentía y como estaba muriendo por dentro. Y sabía que la mejor persona para contarle todo era Elijah porque lo entendía, porque él no comenzaría a averiguar quién era la chica, porque su secreto estaba a salvo con su hermano.
Tomó una bocanada de aire y le explicó solo un poco de su pequeña historia de amor con Bella. Solo detalles pequeños. El resto de su historia le pertenecía a ella y a él.
Elijah se acercó y puso una mano sobre su hombro apretándolo ligeramente.
"Lo siento, hermano," dijo, "realmente lo siento. El corazón no se fija cuando escoge a quién amar, pero ambos tomaron la mejor decisión," se miraron como cómplices, justo como hacían cuando eran pequeños, "¿es ella feliz?"
"Creo que lo es, pero… no estoy seguro."
"Su compromiso… ¿cómo te enteraste?" Bella se casaría con uno de sus mejores amigos. Un hombre que él conocía por nombre y fotografías, porque Bella lo había mencionado en más de una ocasión.
"Uhm."
Se había enterado por el periódico, Thomas Wayne era un hombre que se había forjado él solo su propia fama, aunque claro, el apellido de su familia pesaba mucho en la sociedad Neoyorquina. No eran magnates, pero si personas con un estatus alto y una buena vida. Bella lo tendría todo y jamás tendría que pasar trabajo. Eso a él le gustaba, saber que ella estaría bien.
"Deberías visitarla por última vez," sugirió Elijah, "un último adiós," le sonrió, "confirmar si es feliz."
Nick dio un paso fuera de su camino y le devolvió la sonrisa a su hermano. Comenzó a caminar, alejándose por el puente y perdiéndose entre la noche y los árboles altos de los bosques de Luisiana.
"But I'll be true to the song I sing and live and die a pirate king. For I'm a pirate king," cantó con suavidad, dejando en aquel puente a su hermano con una media sonrisa triste, una botella rota y una historia de amor perdida entre el aire caluroso del verano.
-…-
Sus dos cuñadas, su mejor amiga y otras dos amigas más estaban arremolinadas en el apartamento hablando sin parar desde que llegaron, cosa que Bella admiraba. Ni siquiera habían tomado un vaso de agua, o vino o lo que fuese. De hecho, ni siquiera se habían detenido a dejar sus abrigos en el perchero.
Bella no había tenido que hacer absolutamente nada con respecto a la boda, excepto decir sí o no, porque del resto se habían encargado todas ellas. Especialmente Helena. Parecía que su amiga podía entender que ella sí quería la boda pero no estaba totalmente emocionada por ello. De hecho, pareciera que ella fuese la única que se daba cuenta que Bella ocultaba algo, y que su corazón se sentía intranquilo.
Dos golpes en la puerta la sobresaltaron.
"¿Esperas a alguien, Bella?" preguntó Marie, la menor de sus cuñadas. Guardaba un parecido extraordinario con Tommy. El mismo cabello rubio y los mismos ojos gris tormenta, y por supuesto la sonrisa pícara que parecía no abandonar sus rostros.
"No, al menos no recuerdo."
Marie se levantó y con ese talento natural para apropiarse de un lugar sin que fuese a propósito, caminó hasta la puerta.
Quizás era el mensajero. O un pedido. O quizás el de seguridad…
"¿Está Isabella?"
Se quedó en una pieza. Blanca y helada. Su cuerpo se había entumecido y por un momento su corazón dejó de latir.
Había pasado tanto desde que había oído aquella voz. No la había olvidado, por supuesto pero nada se comparaba con las repeticiones que se hacía en su cabeza como escuchar el acento y la forma como acariciaba su nombre.
Se levantó con lentitud, como una de esas películas viejas sin voz y le dio la cara.
Le costó mucho no correr a sus brazos justo en ese momento. Casi no se fijó en las miradas de desconcierto de las mujeres de aquella habitación. Se sentía anonadada, emocionada, feliz y sorprendida, especialmente sorprendida.
Se sentía infiel.
Se sentía infiel no solo por verlo allí y desearlo tanto. Desear sus labios sobre los suyos, y las manos recorrer su cuerpo. Desear sus palabras susurradas al oído y sus sonrisas destinadas solo para ella. Desear los te amos y las risas espontaneas.
Se sentía infiel porque allí estaba él mirándola tan cauteloso y previsivo que la hizo sentir culpable. No había sonrisas, ni miradas furtivas. Nada escondido tras su mirada.
Ella estaba siendo infiel a Tommy. Y le estaba siendo infiel a Nick. Al mismo tiempo, como si acaso eso fuese posible.
Helena carraspeó haciéndola salir de su trance. Bella tuvo que bajar la cabeza avergonzada. Se había quedado viéndolo mucho tiempo en presencia de ellas. Demasiado como para que empezaran preguntas a las que ella no tenía respuesta. Ambos estaban arriesgando mucho al estar frente a frente, a unos pocos metros y con público.
"Eh… uhm, sí, ¿les importaría venir mañana?" preguntó mirando a Helena. Necesitaba de la complicidad de su amiga, y al parecer ella había entendido el mensaje porque en asintió en silencio. No sin antes darle una mirada secreta, "él es el hijo de un amigo de mi padre, no pensaba que llegaría hoy."
"Claro, Bella," Helena parecía ser la única que no estaba mirando a Nick por cualquiera que fuese el motivo por el que lo miraban, "estoy segura de que deben ponerse al día," tomó su bolso y apuró a las demás para irse. Bella sabía que Helena sospechaba que ella no estaba siendo totalmente honesta ni con Tommy, ni con ella. Ni siquiera era honesta a sus mismos sentimientos peor había respetado su privacidad y sus secretos.
Quedó sola con Nick. Y se sentía extraña.
"Luces igual," comentó. Casi golpea su cabeza contra la pared por lo estúpido del comentario. Por supuesto que lucía igual que cuando lo había conocido. Él era un vampiro, se vería así de guapo y joven por siempre mientras que ella ya no se veía como años atrás cuando se conocieron. Los años habían pasado, y ella quería creer que lo que decían por allí era cierto. Estaba un poco más guapa.
Nick sonrió con dulzura, y dio un paso al frente cerrando la puerta tras de sí.
"Estás hermosa, amor," desvió la mirada y tomó una honda respiración manteniéndola por un momento. Una repentina ráfaga de viento suave y supo que Nick estaba a pocos centímetros de ella. Soltó el aire que retenía y se atrevió a volver a mirar al frente para encontrarse con aquel rostro familiar muy de cerca, "hola," susurró tomando un mechón de su pelo entre sus dedos. Tenía el cabello más largo y más ondulado, "¿sorpresa?" su mano acunó su mejilla y el simple tacto la hizo sentir completa. No pudo reprimir el suspiro.
"Te extrañé," masculló respirando con dificultad, "te extraño."
Nick la rodeó con sus fuertes brazos y ella se aferró a él.
"También yo, mi amor, también yo."
Se quedaron allí, en la mitad de la sala, abrazados y sin ganas de soltarse. Olió su perfume varonil pero suave. Escuchó su corazón y sus latidos igual de frenéticos que los de ella. Todo era perfecto, demasiado perfecto e irreal que a Bella le asaltó la duda que viene después de saborear los momentos de felicidad máxima. ¿Era eso real? ¿O su mente estaba teniendo una muy vivida alucinación? Y si era así no quería salir de aquella burbuja imaginativa. Quería quedarse entre sus brazos tanto como se le fuese permitido.
Pero al parecer Nicklaus no pensaba igual. Se despegó de ella un poco y acunó su rostro con ambas manos. No quiso quejarse, pero un pequeño sonido de resignación escapó de sus labios y Nick sonrió al darse cuenta.
"Haber venido después de todo este tiempo, aparecerme en la puerta de tu casa sin invitación… todo lo que he hecho hoy, porque incluso volverte a ver era algo que pensé que no volvería a hacer… todo esto ha sido una locura."
"El corazón es un manicomio, Klaus Mikaelson," le sonrió, "siempre hay espacio para una locura más."
"Eso debería estar en mi lápida cuando muera."
"O quizás en la mía."
Se sonrieron, y por un momento nada más importó. Estaban allí, contemplándose y el resto del mundo podía esperar.
"¿Por qué estás aquí, Nick?"
Debía preguntarlo. Debía hacerlo. Bella sabía que él no estaría allí a menos de que algo importante lo trajese. Se habían hecho la promesa silenciosa después de aquella noche de no volver a verse. Y él estaba frente a ella, dándole a probar un pedazo de cielo, haciéndola sentir un éxtasis de felicidad, rompiendo su promesa… Todo aquello no podía ser por nada…
Su corazón de pronto se sintió en una emboscada.
Él sabía, por eso estaba allí. Sabía de su compromiso. La ansiedad se apoderó de ella pero trató de no dejar que cambiara la expresión de su rostro. Trató.
Cuando se vio en el periódico –por obra de los padres de Tommy–, Bella no estaba muy feliz de aparecer como la futura esposa de una figura pública. Aunque Tommy no se consideraba como tal y toda su vida huyó del lente. Tanto en la universidad como ahora en su vida laboral. Y de hecho no escogió la política como su padre hubiese deseado, e intentó al máximo no involucrarse tanto en el círculo social en el que su familia por años se había desenvuelto. De hecho se disculpó tanto con Bella por eso, y ella solo le sonrió tranquilizándolo. Sin embargo se sentía como un objeto, como si fuese a convertirse en una esposa trofeo y odiaba eso. De hecho una parte de ella deseaba recoger todos esos periódicos y quemarlos. Pero por otro lado, muy dentro suyo deseaba que Nick los leyera y se enterara. No para hacerlo sentir culpable o deseoso de regresar. O quizás sí, quería verlo aunque fuese una vez más. Pero quería que supiera que estaba intentando seguir adelante tal y como se lo había prometido. Pero Bella realmente no pensó que Nick iba a leerlo o que llegaría.
"Te vas a casar," dijo perdiendo la suave sonrisa que tenía.
"Voy a casarme," afirmó en un susurro. Aún seguía envuelta en sus brazos, y supuso que aquello era una buena señal.
"¿Qué hago aquí?" acarició su rostro, "en estos años hay una pregunta que me ronda por la cabeza," comenzó, "sé que la decisión que tomamos fue… adecuada, fue la mejor, pero me muero por dentro," Bella tragó en seco, "nos estamos destruyendo, eso lo sé. Y cuando tuve momentos de duda y sentí la necesidad de mandar todo al Diablo y venir hacia acá, recordé que a veces las sabias decisiones no siempre eran las más felices. No te digo esto para que sientas lastima por mí, para que dejes la vida que has construido. Ya hemos tomado nuestra decisión, eso lo entiendo, y sé que hemos hecho promesas, pero estoy aquí no para recuperarte por más que quisiera, porque sabemos que hay cosas más grandes que nosotros que nos separan… estoy aquí porque necesito saber algo, y necesito escucharlo de tus labios… ¿eres feliz, Bella?"
Le tomó un minuto contestar. Le tomó un minuto asimilar todas las palabras y tragar las lágrimas que venían.
"Lo soy," admitió, "soy feliz, pero mi felicidad no es completa," los ojos de Nick brillaron, "siempre siento que me falta algo. Un pedazo de mí no está cada vez que rio. Y sé que me faltas tú, pero… nada más puedo hacer que ser feliz con lo que se me ha dado. Y no me quejo, Nick. Tommy es un gran hombre, me ha hecho muy feliz, y estoy agradecida con él. Pero él no es tú."
"Esto me mata," tragó en seco, "es lo peor que le puede pasar a un hombre que ama con locura a una mujer."
"Lo siento, Nick, quizás no debía decir eso."
"Oh, no, amor, necesitaba saberlo," le sonrió con tristeza, "no estoy feliz de que te cases con otro hombre. Pero no estoy no feliz de saber que ese hombre está haciendo lo imposible por hacerte feliz."
Nick delineó su nariz y sus labios haciéndola estremecer. El calor familiar de su cuerpo la estaba volviendo loca, y la forma como la miraba era tan maravillosa que mandaba cosquilleos a su cuerpo. Bella se pegó más a él y pasó sus manos por su cuello. Estaba jugando con fuego en un terreno muy peligroso, e iba a salir quemada, y a ella no le estaba importando.
"Nick," susurró tan bajo y tan suave que solo el oído sobrenatural de él podía oírlo.
"Por favor, Bella, no me hagas más difícil esto. Estás tan cerca de mí, y soy hombre, y no solo eso sino un hombre que te ama, y tus labios… tengo tanto tiempo sin probarlos…" su voz era ronca.
Bella tomó la decisión en ese preciso momento mientras se perdía en los ojos verdes de Nick.
"Un último adiós, un último beso."
Él no lo pensó dos veces y acortó la distancia. Eran labios ansiosos y fieros. Bella sintió que en su cuerpo caía una descarga de energía y dejó que sus manos se movieran libres, y que fuese su corazón quien tomara el control, ya después dejaría que la culpa llegara y la atormentara pero mientras tanto lo tenía a él besándola y acariciándola, y no podía imaginarse en otro lado.
Sus manos iban deslizándose suavemente hasta que llegaron a sus muslos, la levantó, obligándola a enroscar las piernas en su cintura.
Se detuvieron por solo un momento, sus frentes estaban juntas y sus narices se rozaban. La respiración regular de Nicklaus no contrastaba con la falta de aire de Bella. Aquello la hizo sonreír. Había cosas que nunca cambiaban, como la familiaridad de ambos cuerpos, el acople perfecto cuando se abrazaban, la no necesidad de palabras para expresar el alma porque entre ellos nunca hubo necesidad de hablar cuando se tenían los labios, las sonrisas, las manos y las miradas.
Pero al parecer él tenía algo que decirle en ese momento.
"En dos meses te casas," le recordó. Aquello no lo había dicho con el fin de hacerla desistir de la idea, porque de serlo así su agarre había aflojado, pero pasó lo contrario. La pegó más a él y besó su cuello con suavidad.
"Soy un ser humano horrible."
"Has estado saliendo mucho conmigo," la sonrisa ladina sin humor apareció en el rostro de Nick, "esta es mi despedida, Bella, solo vine a hacerte una pregunta y míranos, semidesnudos en tu sala como en los viejos tiempos. Tampoco me estoy quejando, pero sé que será incluso más difícil para nosotros después de esta noche, ¿lo sabes, no?"
"Lo sé, Nick."
"Solo una cosa más, Bella," lo miró expectante, "dile a Tommy que te dé todo lo que yo no pude, pero que ni se le ocurra quitarte nada de lo que yo te di," la miró con seriedad, "soy un vampiro temperamental y me entero de todo, más le vale portarse bien."
"¿Has estado al pendiente de mí?"
"Siempre."
Nicklaus Mikaelson, el temido vampiro original, le hizo el amor aquella noche por última vez con tanta dulzura y amor que ella deseó que el tiempo en ese momento fuera eterno.
Debió sentirse mal, después de todo estaba siéndole infiel a su futuro marido. Engañar a alguien estaba mal, muy mal. Nadie debería ser engañado de tal forma, pero por más asqueroso y repudiable que sonara, ella no se sentía tan mal. Se sentía culpable, claro. Se sentía como una perra que no valoraba a Tommy y todo el amor que le brindaba, sentía la inmoralidad carcomiéndola y la decepción abriéndose campo. Y la parte de ella que amaba a Tommy sentía dolor.
Quizás al fin estaba aceptando algo con lo que estaba luchando. Por más de que ella lo deseaba, no podía darle plenamente su corazón a Tommy, porque su corazón era de Klaus. Así de simple. Lo fue una vez, lo ha sido todo este tiempo, y siempre lo será. ¿Y cómo dar un corazón que no es tuyo?
-…-
Estaba ansiosa, nerviosa y quizás asustada. No, aterrada. Se paseaba la habitación que había sido destinada solo para ella por ese día, y que si alguna vez volvía, se quedaría allí con Tommy. Después de todo, una habitación en los Hamptoms como esa era más grande que su apartamento en Nueva York.
Tomó una profunda respiración y movió su cabeza en círculos tratando de relajarse. Sentía su vestido demasiado apretado aunque ella sabía que no lo estaba. Estaba teniendo un ataque de pánico del más grande y casi estaba a punto de salir allá afuera y decirles a todos que no habría boda.
"Bella, cariño, ¿está todo bien?" su madre entreabrió la puerta y asomó la cabeza. Bella cruzó miradas con su René y se apresuró dentro de la habitación. Su vestido negro la hacía lucir elegante y resaltaba el color de su cabello y de sus ojos. Le sonrió, "¿estás nerviosa?" asintió, "luces a punto de colapsar."
"Quizás lo haga, mamá."
"Oh, Bella," su madre acarició su rostro con delicadeza, "es normal, cielo, vas a casarte, es una cosa totalmente aterradora pero magnifica."
"¿Puedo cancelar la boda?"
"Puedes," le sonrió su madre acomodando el vestido, "pero sé que no lo harás."
"No quiero dejar a Tommy plantado en el altar."
René se alejó un paso de ella y la analizó de pies a cabeza. Los ojos de su madre eran curiosos y su expresión meditabunda.
"¿Qué sucede, hija?" preguntó, "y no me mientas, hay algo que no está bien en ti. Se supone que deberías estar nerviosa y asustada, eso es lo normal, pero luces desesperanzada y no totalmente feliz. ¿Es que no amas a Tommy?" desvió la mirada y su manó voló a su cuello buscando un collar que por primera vez en muchos años no estaba allí, "es eso, no lo amas."
"Sí lo amo."
"Lo amas pero no lo suficiente," dedujo. Bella la miró suplicante. No quería seguir con el tema, "es sobre este chico de la secundaria, ¿Edward? Jamás te vi querer a alguien como a él, es posible que tú aún…"
"No, mamá, claro que no. Él no hace parte de mi vida ni siquiera pasa por mis pensamientos."
De hecho tenía tiempo sin pensar en él. Aunque la cicatriz en su muñeca era un recordatorio constante, ésta se había hecho menos visible con el tiempo.
"¿Entonces?"
"Es alguien más," admitió finalmente después de un par de segundos en silencio, "alguien que amé y sigo amando pero ya no está en mi vida," su madre abrió los ojos ligeramente sorprendida.
"Jamás me dijiste, cariño, pero… ¿cuándo pasó? No recuerdo que me contaras nada sobre otro, al menos no que…"
"No quiero hablar de eso, mamá."
"¿Por qué? ¿Por qué no están juntos entonces, cariño? Se amaban, y las personas que se aman deben estar juntas."
A veces su madre era tan… inocente. Tan pura y creyente en que el amor era la ley universal que regía el mundo. En que el Cielo y la Tierra debían detenerse cuando se encontraba a la persona que se amaba. Todavía creía que el mundo podía ser un buen lugar para amar.
Pero no era así. El mundo era un lugar frío, desalmado y cruel en el que debías sobrevivir si no querías que te devoraran.
"No siempre, mamá."
"No pueden estar juntos. No quieren estar juntos, porque si en verdad lo quisieran lo intentarían todo, pero no. Ambos son sensatos, realistas y demasiado románticos como para arriesgarse a perder todo solo por intentarlo."
Giró su cabeza en dirección de la voz al mismo tiempo que su madre, quien volvió su mirada nuevamente a Bella.
"¿Lo conoces?" masculló.
"Sí," susurró, "déjame sola un minuto, por favor."
"Está bien," le dio un beso a Bella, "nos vemos luego, cielo, no te demores."
Su madre le dio una última mirada al hombre y salió de la habitación.
"Hola."
"Hola," su distancia era considerable. Él estaba en la puerta y ella a pocos pasos del balcón.
"¿Qué haces aquí? Pensé…" desvió la mirada y tragó en seco, "pensé que no volvería a verte."
"Escuché que caminarás sola al altar."
Bella ladeó la cabeza y le dio una mirada curiosa. Verlo allí era una total sorpresa, pero no estaba tan sorprendida. Quizás porque lo había visto dos meses atrás. O quizás porque una parte de ella pensó que lo volvería a ver.
"Escuchaste bien."
"Déjame llevarte."
"¿Qué?" parpadeó confundida.
"Déjame ser el que te lleve al altar."
"Sí, te escuché, Nick…"
"Mira, después de tu padre, yo soy el hombre que más te ama. Tu papá no puede llevarte pero yo sí quiero hacerlo. Además, y cito a Heatchcliff, por cada pensamiento que le dedica a Linton, me dedica mil a mí. Aunque él la amase con toda la fuerza de su mezquino ser, no la amaría tanto en ochenta años como yo en un día. Catherine tiene un corazón tan profundo como el mío: tan fácil sería meter el mar en aquella artesa como que todo el cariño de Catherine fuere acaparado por él. No está en su poder que le ame como a mí."
Bella calló. Porque eran momentos como aquellos en lo que nadie sabe qué decir. O si hablar arruina todo, o si no hacerlo también lo hace. Porque Nick parecía tener siempre las palabras perfectas para todo.
"Bastante asertivo usar una frase de Cumbres Borrascosas," Nick le sonrió.
"Lamentablemente Tommy no es mezquino. Me sería más fácil odiar al tipo si fuese detestable. Pero del resto, lo demás es cierto. Él no podrá amarte nunca como yo lo hago, tendría que ser un vampiro y aunque lo fuese no creo que te amaría como yo."
Bella lo meditó. La idea era descabellada, y una broma casi cruel.
"¿Quieres llevarme al altar frente a toda esa gente? ¿Qué dirán cuando te vean?"
"Puedo solucionar eso, lo sabes, solo deberás darme un minuto."
Mordió su labio inferior. Aquello podía ser la cosa más extraña jamás antes vista en una boda. El ex novio entregando la mano de la mujer a su futuro esposo.
Nadie podía acusarla jamás de que su vida no era una montaña rusa con paradas interesantes.
"Está bien," accedió finalmente, "llévame al altar, Nicklaus Mikaelson."
Bella hubiese deseado que aquella fuese la respuesta a una pregunta totalmente diferente pero algunas cosas no podían cambiar, ni debían.
Nick desapareció de su vista y ella no hizo otra cosa más que esperar echándole una mirada al balcón con cuidado de no mostrarse mucho. Era la gran esperada novia, nadie debía verla hasta cuando caminara al altar. Supuestamente. Casi se sentía como alguna clase de princesa de Disney encerrada en la alta torre del dragón. Pero por supuesto ni ella era una princesa ni aquello un cuento de hadas. Si acaso era todo lo contrario.
Desde allí podía observar el bello jardín decorado minuciosa y perfectamente. Si algo muy bueno tenía los Hamptons era esa vista de ensueño que ofrecía y el ambiente casi mágico al contrastar la playa con las casas victorianas. Aquello fue parte lo que había hecho que ella le dijese que sí a Tommy cuando le propuso matrimonio y lo que también la hizo decidirse por casarse allí en el atardecer. Además de la privacidad que ofrecía.
Quizás si era un poco Disney el momento después de todo.
Faltaban solo quince minutos para que comenzara la ceremonia. Los aproximadamente cien invitados estaban sentados conversando, y el personal estaba moviéndose de un lado al otro a poca distancia de allí en la pendiente.
Con velocidad Nick se movía por grupos de invitados, usando la compulsión en ellos. Bella miraba tranquila como poco a poco él iba hipnotizando a cada uno de ellos. No le tomó mucho tiempo como ella pensó que lo haría. En menos de nada lo tenía nuevamente en la habitación.
"Te ves preciosa."
"Gracias," Nick se movió con rapidez acortando la distancia y provocando que el corazón de Bella latiese más rápido.
"Realmente luces hermosa," acarició su mejilla con suavidad y ella tuvo que cerrar los ojos y suspirar porque su simple tacto la hacía sentir llena. "No está."
"¿Eh?"
"El collar no lo llevas puesto," Bella sonrió y tomó las manos de Nick entrelazándolas con las de ella. En su cuello estaba una gargantilla de tejido grueso con pequeñas incrustaciones de diamantes.
"Tú no lo ves," Nick se veía claramente confundido, pero ella por otro lado estaba divertida. A veces era agradable saber algo que él no. Con lentitud dejó ir sus manos y le dio la espalda, "desabrocha el vestido."
"¿Qué?"
"Solo baja la corredera, no estoy provocándote ni tratando de acostarme contigo el día de mi boda. Solo… confía en mí," pasaron un par de segundos de silencio antes de que las manos de Nick bajaran con lentitud la cremallera. El vestido cayó a media pierna mostrando la ropa interior de Bella. Se giró a él y se dio cuenta que Nick hacía lo posible por no mirarla, "mira el sostenedor."
Lo vio tragar en seco y se sintió realmente mal por ello. Nick se acercó a ella con cautela y su mano vacilaba pero finalmente la extendió para tomar en sus dedos el dije. Estaba prensado en la mitad del sostenedor haciéndolo ver elegante de la forma como contrastaba con el encaje.
"Bonito."
"Debía estar conmigo de alguna forma, luego volverá a su lugar habitual," tomó una honda respiración.
"Deberías… debería ayudarte e poner tu vestido nuevamente. Te casas en un par de minutos."
"Sí, debería."
La ayudó con su vestido en silencio y de manera mecánica.
"Necesito que las fotos en las que estemos juntos las hagas desaparecer, no dejes que las publiquen, ¿entendiste?"
"No hay problema," lo miró fijamente, "¿qué les dijiste?"
"Una vez llegues al altar olvidarán que alguien te llevó. Para ellos caminaste sola," Nick se acercó más a ella, tomó su rostro en sus manos y besó su frente con dulzura.
"Nicklaus…"
Rozó sus labios con los de ella.
"Fuimos eso que no se cuenta ni se admite pero que nunca se olvida, amor. Que te cases hoy, o que me dejes de amar, que compartas tu vida con otro hombre, nada de eso me hará olvidarte o dejar de amarte."
"Oye," susurró, "te amo, y lo sabes. Voy amarte siempre. Pero odio que digas que fuimos. Lo has dicho ahora, lo dijiste la noche que te fuiste. Nicklaus, nosotros nunca fuimos el amor perfecto en el momento equivocado. Nosotros somos. Y seremos y nunca dejaremos de ser."
Bella dio el primer paso para un abrazo y tuvo que esperar un momento demasiado largo para que él la rodease con fuerza.
Dejaron que el silencio los rodeara y se miraron por largo rato. Con sonrisas suaves y el corazón hinchado de felicidad a pesar de la situación que los envolvía. Ella sabía que eso era lo que le faltaba para que su día fuese completo. Para sentirse tranquila y saber que la decisión que había tomado, que el sí que había dicho fue lo indicado.
"¿Estás lista?"
"Sí," suspiró, "ahora lo estoy."
"Muy bien," soltó sus manos, "vayamos a entregarte Isabella Marie Swan," le ofreció su brazo. Bella ni siquiera se molestó en preguntar de dónde había sacado el traje que tenía puesto porque su mente estaba en ese momento ocupada en el hecho de que iba a casarse.
Tenían que bajar una escalera en espiral y luego caminar hasta el jardín. El trayecto no era muy largo pero desde el momento en el que salía de la habitación comenzarían las fotos y la ceremonia como tal. Cuando abriese las puertas todo sería… real.
Nick abrió las puertas y al instante su corte se puso en marcha al igual que una suave música instrumental. Miró a Helena darle una sonrisa suave y desaparecer con Steve por las escaleras.
"No me dejes caer," susurró. Nick le sonrió infundiéndole aliento.
"Nunca."
Bajaron. Ella estaba bien agarrada de su brazo y Nick la sujetaba con fuerza. En aquel momento ella no sabía quién necesitaba del otro más. Mientras caminaban Bella recordó aquella vez en el cementerio cuando caminaron juntos bajo la lluvia agarrados de las manos. El camino hacia el carro en ese entonces era incluso más largo que ahora, pero el momento no se había sentido eterno y pesado como ese.
Una vez llegaron a las puertas que daban al jardín la marcha nupcial empezó.
"Tengo miedo," masculló tan bajo que solo él podía oírle. Apretó su mano.
"No, solo estás nerviosa," le susurró de vuelta, "te sostengo, no lo olvides."
Bella tomó una honda respiración y asintió. Cruzó miradas con Tommy que la esperaba ataviado en su traje y con una gran sonrisa. Se veía impecable y guapo. Ella le sonrió de vuelta porque realmente se veía feliz y ella sentía que su corazón también estaba abriéndose un poquito a esa felicidad que la sonrisa de Tommy le estaba brindando. Se recordó mantener la sonrisa todo el camino. Las novias están felices en sus bodas.
El momento más tenso llegó cuando Tommy bajó el par de escalones para recibirla. De reojo vio a Nick aguantando la respiración. Dejó ir su brazo con renuencia y tomó su mano, dándosela a Tommy.
"Cuida de ella," sonó más que a una advertencia que a un pedido. Tommy asintió con una sonrisa no percatándose del tono de voz de Nick. O de que él estuviese allí. ¿Qué haría él si se enterara de que quien entregaba a su novia era un ex al que todavía ella amaba?
Nicklaus dio un paso atrás y se esfumó.
La ceremonia no fue larga, pero la fiesta sí. Ellos tendrían la casa para ellos solos por el fin de semana y luego irían por una semana a Hawái.
Durante toda la fiesta Bella buscó a Nick pero no fue sino casi al final, cuando la luna no podía subir más en el cielo y la gente estaba ya demasiado cansada o ebria para seguir hablando y se estaba yendo, que lo encontró a la distancia, arregostado a una columna mirándola con una media sonrisa. Tenía una copa de champaña en una mano y la otra estaba en su bolsillo. Alzó la copa y le guiño un ojo con complicidad para luego tomar un sorbo.
Estaba brindando por ella, por su futuro.
Se comenzó a alejar y por alguna razón Bella supo que a pesar de que las cosas entre ellos no serían como antes, que no podían amarse como antes, y que no vivirían como antes, ambos seguirían en la vida del otro.
Sin embargo eso no evitaba que a Bella le resultara difícil la situación. Porque lo que más le dolería de ese acuerdo silencioso no iba a ser su ausencia, sino su intermitencia. Nick no se quedaría ni tampoco se iría por completo, y realmente no se puede extrañar a quien no se va ni olvidar a quien se queda.
Iba a ser difícil, realmente complicado. Y uno de las razones que le dio el día en que decidieron terminar las cosas se la estaba teniendo que tragar en ese momento. A ella ya no le importaba tenerlo por partes, preferiría eso a no tenerlo en absoluto.
Nicklaus se giró por última vez y mantuvo la mirada en Bella. Y en sus ojos no encontró despedida y dolor como lo había hecho desde que terminaron. Sus ojos estaban tintados con algo más que una sensación de vacío y una falsa máscara de frialdad. Había esperanza en ellos. Tranquilidad. Y amor, mucho amor. Inclusive en la distancia ella podía verlo a la perfección.
Para ellos jamás existiría un adiós porque habían amores y personas de las que uno jamás se despedía.
-…-
El día había comenzado como cualquier otro. Nada era diferente para la gente de Nueva York, o por reducir la población, la gente de su casa.
Tommy se había ido temprano a trabajar, dándole un suave beso y prometiéndole que regresaría temprano. Y rogándole como siempre a Bella que se cuidara. La chica que estaba a cargo de la limpieza de la casa había llegado en su horario habitual, le había deseado los buenos días y se había puesto en marcha para terminar su rutina temprano. La antigua nana de Tommy, Genevieve se había mudado a la casa y estaba al pendiente de que Bella comiese todo, se mantuviese saludable y no se esforzara en nada. Además de por supuesto ser una excelente compañía. La cocinera llegaba a media mañana para encargarse del almuerzo balanceado y nutritivo, y también de dejar la cena lista, porque de los desayunos se encargaba Tommy y a Bella le parecía demasiado dulce y tierno así que lo dejaba.
Después de todo Isabella estaba embarazada por primera vez y era un embarazo riesgoso. Además, podía darse aquel lujo gracias a Tommy. Aunque odiaba no estar trabajando y activa, debía admitir que para ella era agotador realizar una rutina regular.
Sin embargo, aunque para el resto del mundo el día transcurría sin acontecimiento alguno, Bella y su barriga de siete meses estaban intranquilas. Era 13 de noviembre y en un rato, sin falta alguna, llegaría algo a lo que estaba acostumbrada todos los 13 de noviembre desde hacía tres años.
A veces llegaba cada dos o tres meses. Y por supuesto, el día de su cumpleaños.
Pero 13 del mes, siempre.
"Señorita Isabella, si sigue caminando en círculos abrirá un hueco en el piso," Genevieve caminó con su andar parsimonioso hacia donde ella, "¿por qué no se recuesta un rato? Le preparé té de manzanilla."
Tuvo que suspirar y rodó los ojos pero le sonrió.
"Le aceptaré el té pero si sigo recostándome a cada rato se formaran ampollas en mi espalda y…" el timbre sonó y ella dejó la oración a medio terminar. Como pudo se movió entre los muebles hasta la puerta y la abrió.
No era un típico mensajero, nunca lo era. Por lo general ella podía identificar cuando era un vampiro quien le daba los recados. En ocasiones eran humanos. Todo dependía. Esta vez era una chica, incluso más pequeña tanto en estatura como en edad que ella, pelirroja y de ojos almendrados. Y definitivamente era humana.
"¿Isabella Swan?" su voz era monótona y robótica. Se había usado la compulsión en ella.
"Soy yo," la chica le tendió un papel doblado y sin decir una sola palabra más se fue. Cerró la puerta con suavidad sintiendo su corazón latir con fuerza.
"¿Ha llegado el mensajero?"
"Algo así," masculló. Buscó el sillón más cercano y se sentó. Desdobló el papel.
Dos palabras, una hora.
Central Park. 3:00 pm.
Miró el reloj. Faltaba un cuarto para las tres.
Se puso en pie de golpe y rebuscó la sala por su cartera. Llamando a un taxi mientras lo hacía.
"¿Señorita?"
"Iré a dar una vuelta. No me demoraré, lo prometo," encontró su cartera.
"¿Puedo saber a dónde?" Bella se detuvo en su afán frente a ella.
"Claro, iré a Central Park, un amigo me ha pedido asesoría y quiere que nos veamos antes de que su vuelo salga hoy en la noche," respondió tratando de lucir y sonar lo más fidedigna posible, incluso ella estaba sorprendida con su habilidad para la mentira en ese momento, "volveré antes de que oscurezca, y si no es así, llamaré a Tommy para que pase por mí. Estaré bien, no debe de preocuparse. Le escribiré cada media hora si eso la hace sentir más tranquila."
La mujer la miró largamente antes de sonreír.
"Tenga mucho cuidado."
Dejó la casa con una sonrisa y se subió al taxi. Esa era otra cosa que no le gustaban y se había visto forzada a hacer. Prefería manejar su auto o caminar, eso de tomar taxi no era para ella pero era eso o no salir.
Estaba nerviosa, expectante. Por lo general, los trece recibía una carta, una pintura o dibujos, algún regalo. Una nota citándola era diferente y definitivamente algo bueno.
Su bebé parecía sentir su emoción porque estaba moviéndose.
Se bajó y caminó la corta distancia. Si bien la nota no decía en qué lugar específico de Central Park estaba, aquello no significaba que ella no supiese. Después de todo había un pedazo de parque que parecía pertenecerles solo a ellos.
Se detuvo.
Después de tres años, allí estaba él. Sentado en la banca antigua debajo del frondoso árbol, esperándola. Le sonrió ampliamente y le hizo señas para que se acercara. Ella lo hizo. Estiró los brazos hacia él y sin dudarlo por un minuto se abrazaron.
Tuvo que suspirar. Se sentía tan bien estar en sus brazos. Un poco extraño por la barriga sietemesina de por medio. Pero del resto, era todo familiar y cálido.
"Hola amor," acarició su mejilla.
"Nicklaus," susurró.
"Oh, cariño siéntate," tomó su antebrazo y la condujo a la banca, haciéndola sentarse. Si alguien más le decía que se sentase probablemente iba a terminar asesinando a alguien, "¿cómo estás? ¿Cómo te sientes? ¿Qué ha dicho el doctor?" le preguntó sentándose a su lado y tomando sus manos entre las suyas. Él lo sabía, por supuesto. Tampoco es como si una barriga de siete meses se pudiese ocultar, y no era como si ella pretendiese hacerlo.
Después de todo, con una noticia así Bella no iba a dejar que él se enterase por un periódico porque sorpresivamente la prensa podía enterarse de las cosas primero que ella. Le había escrito una nota y enviado a Nueva Orleans, y sorpresivamente había llegado hasta Nick. Al día siguiente, Bella había recibido una llamada de él felicitándola sobre su embarazo.
No se sorprendió de que Nick supiese que era riesgoso. Ni siquiera se iba a molestar en preguntarle. Parecía que el doctor le diese también a él los diagnósticos y reportes de cada cita.
"Estoy bien, sólo un poco agotada y débil para hacer ciertas cosas," admitió, "ayer el doctor dijo que tengo la hemoglobina considerablemente baja y que probablemente se mantenga así hasta poco después del parto," explicó. Nick frunció el ceño.
"Me atrevería a darte mi ayuda pero si algo he aprendido es que debo mantenerme a mí y mi sangre lejos de inventos," Bella le sonrió.
"Estaré bien, Klaus, sólo debo cuidarme y descansar, no te preocupes. ¿Qué hay de ti? ¿Cómo estás?"
"Yo estoy bien. Y si no lo estoy, me las ingenio para parecer feliz… o hacer a alguien más infeliz que yo," su mirada se desvió a su cuello y de manera involuntaria Bella llevó una mano a donde colgaba su collar.
"Pareciese que aún no me crees cuando te digo que llevaré este collar conmigo hasta que muera," Nick negó pero le sonrió, "pues es así, Nick, asúmelo." Bella acarició su abultada barriga in crescendo y lo miró. Sus ojos se veían brillantes y curiosos, "está moviéndose," dijo, "¿quieres sentir?" preguntó, "en una semana tengo los ocho meses, los bebés se mueven para este tiempo."
"¿Puedo?"
"Claro que sí, Nick," Bella le tomó la mano y la puso en su barriga, justo donde ella sabía que su bebé le gustaba moverse, y no le falló, "¿lo has sentido?"
"Sí, puedo escuchar su corazón también," susurró fascinante y con una sonrisa amplia en su rostro. Acercó sus labios a la barriga, "hola bebé, soy Klaus."
Bella rió. Su niño se movió con más ímpetu.
"Al parecer a él le gusta tu voz," le sonrió, "si le sigues hablando se moverá más."
"¿A él?"
"Sí, es un varón. Adivina su nombre."
Aquel era el momento de decirle.
"¿Thomas Junior?" su concentración estaba totalmente puesta en la barriga.
"Nicklaus, su nombre es Nick-Klaus Wayne. Casi como tú pero su nombre se separa con un guión. Personalmente me gusta como se ve todo junto pero Tommy insistió en el guión. Supongo que debo aceptarlo, después de todo he sido yo quien ha escogido el nombre. De hecho realmente no sé cómo lo aceptó. Pensé que no lo haría."
"Bella… respira." Se calló apretando sus labios y sintiéndose enrojecer. Las manos de Nick seguían en su barriga, "así que Nick-Klaus," con la yema de los dedos escribió el nombre sobre la barriga. A pesar de que tenía su camisa de algodón y no obstante a eso su abrigo encima, Bella sentía que él acariciaba directamente su piel, "¿has escuchado, bebé? Tu mamá quiere llamarte como yo pero con un guión. Al parecer los nombres normales no le gustan. Tiene que ponerle a su hijo el nombre de su ex novio vampiro cruel y sanguinario, ¿un caso extraño tu mamá no, Nicks?"
"¿Te gusta?" masculló.
"Claro que sí, amor, pero, ¿por qué?"
"Bueno, porque los nombres regulares están sobrevalorados, porque me gusta tu nombre, porque te amo, porque qué clase de madre sería si no le pongo a mi hijo un nombre así de largo que pueda usar para regañarlo."
Nick tenía ese brillo en los ojos que ella amaba y recordaba con claridad. Esa forma como la miraba, como si no hubiese otra cosa más en el mundo a la que admirar aparte de ella, como si ella fuese la solución a cada problema. Su salvación
"Te amo también."
Se sonrieron porque no podían hacer más nada.
Bella había retenido con todas sus fuerzas el impulso de acercarse a besarle. De delinear sus labios con la lengua y su rostro con los dedos. Quería que sus manos tocaran su cuerpo y la hicieran estremecer. Que sus labios besaran esa parte detrás de su oreja y que su nariz le hiciera cosquillas en su cabello.
¿Cómo podías besar en la mejilla a alguien a quien tus labios habían recorrido cada centímetro de piel?
Bella quiso que el momento durara más. Que el sol no se ocultara tan pronto. Había una idea que rondaba su cabeza desde hacía un tiempo y aquella era la oportunidad perfecta para decirla. Tomó una bocanada de aire y se llenó de valentía.
"Nick, quiero volver a verte," dijo y antes de que el vampiro protestara, soltó el discurso que venía preparando, "no importa lo que digas. No me importa de hecho si vienes o no aunque espero que lo hagas porque yo voy a esperarte aquí, Nicklaus Mikaelson. Cada año, un día como hoy 13 de noviembre. Vendré y te esperaré hasta el día en que no pueda moverme más. Vendré para saber que estás bien, que sigues vivo. Así dejes de amarme, así sientas que le estás cumpliendo la promesa a una ex amante. No importa, Klaus, te amo y lo seguiré haciendo, eso te lo juro. Sé que es una locura, pero ¿qué de todo lo que hemos hecho ha sido cosa de cuerdos? Y así sea que no vengas nunca yo sí lo haré."
Nick desvió la mirada hacia el cielo que estaba tiñéndose de los colores del crepúsculo.
"Deben de estar esperándote en tu casa," susurró.
Bella suspiró. No estaba segura de que deducir de las palabras de Nick, y tampoco quería rogarle. Había dicho lo que tenía que decirle, e iba a cumplir con su palabra.
Se levantó con una mano en su espalda y otra en su barriga. Su hijo le estaba dando dolores por todas partes del cuerpo, pero en definitiva el dolor era nada en comparación con la idea de tener a ese niño en sus brazos y que la llamase mamá algún día. Jamás pensó que aquello sería su anhelo, que quería a alguien en su vida a quien cuidar y proteger; pero ella ya no era la misma chiquilla de antes y ahora quería ver a su hijo correr por toda la casa y arrojarse a los brazos de Tommy cuando este llegara de trabajar. Deseaba verlo ser feliz mientras abría regalos en navidad, verlo escabullirse por la noche y pretender que no lo había visto. Quería todo eso y más.
Nick le tendió la mano para que caminase con él.
"No es necesario, Nick, ya debo irme," lo miró con ternura. Ella había estado envejeciendo físicamente día a día, pero él no. Siempre se vería así de guapo y joven, iba a llegar el día en que si él aceptaba verse con ella, la gente llegaría a pensar que era sólo una abuela hablando con su nieto en una bonita y soleada tarde. La idea, por extraña y bizarra que le parecía no la perturbaba.
"Bella."
"No sabes lo feliz que me has hecho hoy, Nick. Verte, abrazarte, hablar contigo…"
Dio un paso al frente y tomó su mano entre las suyas, sorprendiéndola por lo imprevisto.
"Te cite aquí porque quería decirte algo parecido a lo que tú me has propuesto. Pero cuando te vi llegar, hermosa y radiante, con esa adorable barriga y siendo feliz. Cuando te escuché decirme que tu hijo se llamará como yo, cuando te he visto con ese collar y me he dado cuenta que nuestros sentimientos no han cambiado y que aunque suene loco pareciese como si más nos amasemos… me asusté Isabella."
"¿Por qué, Nick?"
"Porque todo vuelve a ser demasiado real, demasiado bueno y demasiado doloroso," le sonrió con tristeza, "porque parece que nunca seremos capaces de decirnos adiós y no sé si eso es bueno. Toda mi vida he sido egoísta, he antepuesto mis necesidades y bienestar por encima de los demás, he pisoteado a las personas y he asesinado para llegar hasta donde estoy, de hecho aún lo hago. Así soy, y así seré. Pero tú, contigo no puedo serlo, no puedo por capricho venir aquí para rogarte de que no me abandones de tu vida por completo. No quiero quitarte la oportunidad de tener un futuro feliz con el pasado siempre persiguiéndote… no puedo hacerte eso. No a ti."
"Mi pasado no me pesa, ni me persigue. Contrario a mucha gente yo amo mi pasado porque es lo que me convirtió en lo que soy hoy," apretó sus manos, "una vez me dijiste que te salvé, ¿recuerdas?" asintió, "que llegué e iluminé tu vida."
"Lo hiciste… lo haces."
"Olvidas, Nicklaus, que tú me salvaste a mí también. Me salvaste de mí misma y de mis miedos. Cuando me conociste era una chica rota que cada día en la mañana intentaba ahogar sus demonios y no podía, pero llegaste tú y me ayudaste a usarlos como escalones de una escalera que aún sigo subiendo. Me ayudaste a confiar en mí, me hiciste sentir hermosa, amada, deseada," en ese momento Bella quería perderse entre sus brazos y en sus labios, pero no podía hacerle eso a Tommy, no podía engañar con el cuerpo nuevamente. Si de por sí se sentía inmerecida para él, no quería darle más motivos a su cabeza para hacerla sentir como una escoria. Ella aún tenía morales… "tú iluminaste mi vida también, y no quiero que esa luz se apague. Por eso cada trece de noviembre vendré. Aún si llueve, vendré. No importa lo que sucede, vendré. Hasta que mi cuerpo no pueda hacerlo más," se soltó con suavidad de su agarre y puso una mano en el corazón del vampiro, "mi pregunta es, ¿vendrás tú?"
"Si vienes por ejemplo, a las cuatro de la tarde, empezaré a ser feliz desde las tres," le sonrió tomando su mano en su pecho y acariciándola con suavidad.
"El principito," rió Bella.
"Asegúrate de que el pequeño Nicks lea ese libro."
"Claro que sí."
Se miraron por un rato en silencio, sonriéndose con complicidad. Bella quería saber qué veía la gente que pasaba. ¿Verían dos amantes sonreír a lo porvenir o dos amigos prometiéndose el cielo?
"Es hora de irse, Bella."
"Sí," suspiró con pesar, "ya es hora," dejó ir su mano de su pecho a su costado, dejando de sentir inmediatamente el palpito del corazón Nick.
"Camina derecho y toma el taxi, estaré viendo desde aquí," asintió, "ven, acércate," pidió y así lo hizo. Nick le dio un dulce beso en la frente y ella no hizo más que suspirar, "te estaré esperando, mi amor."
Se despidieron con una sonrisa y una promesa. Así parecía que eran siempre sus despedidas. Quizás así debían ser todas las despedidas.
Caminó derecho y no miró atrás porque temía que si lo hacía él ya no estaría allí, la nube se disolvería y ella se daría cuenta de que aquel era un sueño. Y tal vez lo era, porque se sentía demasiado feliz y cuando la vida te veía muy feliz te quebraba los huesos y te hacía sentir miserable.
La cosa con esos momentos de felicidad era que uno debía disfrutarlos al máximo, disfrutarlos como si fuesen los últimos momentos que se tienen. Después de todo, nunca se sabía cuándo llegarían las tormentas y destrozarían todo a su paso. Cuando se iba a quebrantar el espíritu y a molerse contra piedra la esperanza.
Pero mientras tanto no iba a pensar en ello. Iba a pensar en una sonrisa y en una promesa.
-…-
La brisa soplaba con suavidad. Hacía frío pero aquello no detenía a los niños de corretear alrededor de ella. Chequeó de que sus chaquetas no se hubiesen desabotonado o de que sus bufandas no se hubiesen soltado. Se había vuelto una madre muy protectora, no en extremo pero si lo suficiente como para hacer a Tommy reír con pequeñeces.
"Cuidado tropiezan, niños, el piso está resbaloso."
"¡No nos vamos a caer, mamá!" gritó Nicks dándole una sonrisa fugaz. Se detuvo en seco y sus ojos se posaron en el árbol y la banca, "mira, mamá, es el tío Nick, ¡tío, tío!"
Bella sonrió y siguió caminando.
"Ya lo he visto, cariño, ve, vayan los dos."
Corrieron, igual la distancia no era mucha pero la emoción los hizo correr. Bella sintió su corazón sobrecogerse cuando Nick levantó en sus brazos a su hijo. Y lo abrazó.
"Pero mira al pequeño Nicks, estás hecho todo un hombresito," su hijo rió.
"Ya no soy pequeño, tío, ¡mírame! He crecido mucho desde la última vez," Nicklaus lo dejó en el suelo, "pronto te pasaré."
"Estoy seguro de que lo harás," los ojos de Klaus dejaron al niño para recibir en sus brazos, sin tanta efusividad pero quizás con el mismo sentimiento, a la más pequeña, "Hope, cariño," la niña le dio un beso en la mejilla y se aferró a su camisa.
"Hola tío Nick," lo saludó con su canturreo de niña.
Bella se acercó y le sonrió. Klaus dejó a Hope en el sueño y le devolvió la sonrisa a Bella. Por un momento no importó nada más en el mundo. Podía caer un meteorito a su lado y ni cuenta se hubiesen dado. Después de un largo año se tenían finalmente frente a frente.
Habían hablado, claro, en los días pactados. El cumpleaños de Nicks y de Hope. El de ella, y por supuesto el de él. Aquellos eran los días en que rompían las reglas de no hablarse, de no contactarse. Los días en que deseaban que llegara el trece de noviembre para verse nuevamente porque mientras hablaban se imaginaban y jugar con los recuerdos y el deseo era algo de doble filo.
Se abrazaron con fuerza y ella sintió la familiar sensación de tranquilidad y plenitud recorrer su cuerpo.
"Hola mi amor," le susurró al oído.
"Hola Klaus," sintió su chaqueta ser jalada con suavidad por unas manitos que demandaban atención, "¿sí?"
"¿Podemos jugar un rato mientras hablas con el tío?" los ojos grandes y grises de su hija de cinco años la miraban con expectación.
"Por supuesto, cielo."
"¿Aún tienes súper poderes tío? ¿Puedes escucharnos así estemos muy muy muy lejos?" Klaus rió y asintió.
"Deben comportarse, ¿entendido? Lo escucho todo. Ahora ve pequeño, juega y cuida de tu hermana," Nicks movió su cabeza enérgicamente y luego gritó un sí mientras corría y era seguido por su hermana.
Bella se sentó en la banca y Nick no tardó en acompañarla.
"¿Cómo estás, cariño?" golpeó su hombro juguetonamente.
"Estoy bien, Nick, ¿qué hay de ti?"
"He tenido tiempos mejores," la mano de Bella voló a la de él de inmediato y la apretó ligeramente.
"¿Hay algo que pueda hacer por ti?"
"Ya lo estás haciendo," le sonrió mirando de reojo a los pequeños que seguían corriendo. Las risas infantiles y los sonidos de los pájaros, la gente parlotear y el de la brisa mover las hojas armaban un ambiente tranquilo y ameno. Casi surreal.
Entrelazaron las manos y Bella recostó la cabeza en su hombro. Charlaron de cosas triviales y rieron de ver a los niños enojarse el uno con el otro y reconciliarse casi al instante. Bella disfrutaba tanto de su compañía, de su mera presencia. Podían no pronunciar ni una sola palabra y simplemente estar el uno junto al otro, y eso para ella era lo mejor que podía pasarle.
Nicklaus le había dicho alguna vez que los artistas veían el mundo como si fuese una imagen que merecía ser pintada. Como si cada cosa fuese puesta allí para ser parte de un lienzo. No había en ese momento nada que la hiciera más feliz que el cuadro del que ella era parte. Y se le ocurrió una idea.
"Sé que quiero para mi próximo cumpleaños," susurró de la nada.
"¿Qué es?"
"Quiero que pintes algo para mí," levantó la cabeza y lo miró.
"Pide lo que quieras, reina Esther. Hasta la mitad de mi reino te daría."
Bella no reconoció la frase. No siempre lo hacía. Nick le llevaba siglos de ventaja en lectura que no solamente incluían ejemplares en inglés, sino en francés, español y hasta lenguas muertas. Incluso libros que ya ni siquiera existían.
"No pediré tu reino, pero tendré en cuenta de que acabas de ofrecérmelo para futuras referencias," bromeó, "sólo quiero algo sencillo, algo que sé tú podrás hacer a la perfección."
"Muy bien…"
"Quiero una pintura. No más pequeña que una fotografía que pueda caber en mi billetera. La quiero de nosotros, de unos pocos momentos atrás mientras hablábamos. Quiero que recrees esta escena, así de bonito como tú lo haces."
"Te gusta poner a pruebas mis habilidades, ¿no es así?" Bella se encogió de hombros con una sonrisa, "está bien."
"Gracias."
"Sabes, siempre me pregunté qué hiciste con el cuadro aquel. La última vez que lo vi fue en la sala de tu antiguo departamento."
"Está en el cuarto de Nicks, a él le ha gustado siempre y el año pasado me preguntó si podía tenerlo en su cuarto."
Nicklaus observó a los niños y suspiró. En ocasiones como esas Bella deseaba poder tener aquel poder entrometido de su antiguo novio Edward. Ella deseaba poder leer las mentes, bueno, realmente una sola, la de él. Nick se perdía tanto en sus pensamientos por largos momentos, y por más que ella quería entrar en ellos, no podía. Le frustraba tener que adivinarlo porque se tardaba mucho y a veces no lograba ningún resultado. Sin embargo él podía descifrarla fácilmente. Solo la miraba a los ojos y conocía cada detalle de su alma.
"¿En qué piensas?" la encaró.
"Pienso en una forma adecuada de decirte lo que te diré ahora."
"¿Nick?"
"Bella, no quiero que traigas a los niños más," sentenció con su voz que no dejaba abarco para replicas, "no tanto por el hecho de que comenzarán a hacer preguntas muy pronto… sino porque cada vez que aparezco aquí y hablo contigo te estoy exponiendo al peligro. Suficiente cargo de conciencia tengo al arriesgarte a ti… no quiero que ellos corran ningún peligro, especialmente ahora."
Bella lo había notado tenso y algo nervioso ese día pero lo ignoró.
"¿Estás en peligro?" Klaus rió sin humor.
"Mi amor, yo siempre estoy en peligro. Siempre he tenido enemigos, más de los que realmente puedo contar pero ahora mismo libro una pequeña batalla y bueno, no quiero que descubran que mi talón de Aquiles vive en Nueva York y tiene dos hijos a los que amo."
Bella se apresuró a tomar su mano.
"Está bien," susurró, "por favor Nicklaus, ten cuidado, no quiero tener que venir un día aquí y que tú no aparezcas."
"No te preocupes, soy duro de matar. Lo han intentado por siglos y mírame, aquí sigo," apretó ligeramente su mano y le sonrió ladinamente, "eso no quiere decir que dejaré de llamar, o de comunicarme a mi manera. Y créeme, tampoco quiere decir que romperé mi promesa."
"Sé que no lo harás."
Bella se permitió recordar cuando le presentó a Nick su embarazo de Hope.
…
Era una tarde más fría de lo normal. Su barriga aunque no se veía demasiado grande era notoria a sus cinco meses y gracias a Dios no era un embarazo tan riesgoso como el primero. Estaba charlando con Nick mientras este tenía entre sus brazos a su pequeño tocayo profundamente dormido. Solo había dos personas en el mundo que podían dormir al pequeño Nicks de esa manera, Tommy, y Nicklaus Mikaelson.
Nick lo había tenido entre sus brazos el día que nació cuando apareció por media hora en el hospital mientras todo el mundo dormía. Luego cuando se encontró con Bella en noviembre pasado. Y ahora hoy. Solo fueron tres ocasiones pero Nicks parecía estar perfectamente cómodo en los brazos del vampiro y ella no era quién para negarle a su hijo la tranquilidad que de alguna forma brindaba Nicklaus.
"¿Qué hay de Madagascar? No puedes decirme que también has ido," Nick le sonrió ladinamente.
"No he ido," afirmó, "no he tenido la curiosidad," sus ojos se despegaron de los de Bella y pasaron al niño que soltó un suspiro sonoro y pesado, y se había acomodado de tal manera que su carita quedase bien oculta en el pecho de Nicklaus, "se parece mucho a ti."
"¿Dormimos igual?"
"Sí. Tú también tenías… o tienes esa costumbre de ocultar el rostro así. Y ese fruncido divertido…"
"No me digas," Bella acarició su barriga y tomó una honda respiración. Ya había tanteado el terreno y había dejado que Klaus se relajase el tiempo suficiente para ella lanzar la pregunta, "es una niña."
Klaus ladeó la cabeza con una sonrisa amplia, sus ojos denotaban sincera felicidad.
"Felicidades, mi amor," un cosquilleo recorrió su columna y su corazón se infló en su pecho. Amaba profundamente cuando le decía mi amor en ese acento tan deliciosamente irresistible.
"Será mi último hijo," le informó. No podía seguir teniendo hijos, el doctor le había dejado eso en claro debido a las condiciones que presentaba su cuerpo. Al parecer su útero no era tan resistente y podía convertirse en un ambiente hostil en cualquier momento, "¿quieres ponerle el nombre?"
"¿Cómo dices?" su rostro denotaba pura sorpresa. Sus labios y entrecejo estaban fruncidos y sus ojos ligeramente abiertos. Bella rió con suavidad.
"Tommy volvió a insistir en que le pusiese el nombre que quisiera siempre y cuando su segundo nombre sea el de su abuela, Isobel, así que bueno… yo quiero que le pongas el nombre."
"¿Tienes idea de lo que me estás pidiendo? ¿Quieres que yo nombre a tu hija?" Bella extendió la mano y la apretó ligeramente.
"Sí," susurró, "sé que le tendrás un lindo nombre. No tienes que decírmelo ahora, puedes mandarme el nombre después…"
"Hope."
"¿Hope?"
"Si hubiese tenido una hija le hubiese puesto Hope," explicó, "aunque no sé si Hope Isobel suena bien…"
"Hope Isobel," repitió, "me gusta."
Bella se acercó y besó su mejilla con suavidad. Aquellos acercamientos de ellos eran contados y evitados porque su conexión era demasiado fuerte. Podían pecar en cualquier momento, y Bella se sentía suficientemente culpable de no amar a Tommy como se lo merecía, y además haberlo engañado en una ocasión como para que volviese a pasar. No, no era justo con él.
Los ojos de Nick se volvieron serios y su color verde esmeralda se oscureció. Por un momento Bella pensó que iba a reprenderla, pero lo que hizo la sorprendió.
"Isabella, voy a prometerte algo," su voz era plana y decidida, "cuidaré de tus hijos. Voy a protegerlos, siempre que esté en mis manos ayudarlos, lo haré. Y esa promesa se traslada a tus nietos, y tus bisnietos. Y si llego a fallarte alguna vez será porque esté muerto. Te lo juro."
Aquello removió su corazón y le produjo un sentimiento que no pudo describir con palabras pero que la embargó y la embriagó. A veces ella pensaba que no podía amarlo más, pero siempre lograba encontrarse así misma queriéndolo tanto que parecía imposible que tanto amor cupiese dentro de ella.
No supo qué responderle. Se limitó a acurrucarse a su lado, y a imitar a su hijo en ese estado tan tranquilo que tenía. A su alrededor la gente conversaba, otros caminaban o hacían ejercicios. Se escuchaba el ajetreo de la ciudad y los autos. Pero de alguna forma nada de eso logró meterse en la burbuja que ellos habían creado.
…
La mano de Nick en su mejilla la devolvió al presente.
"Hoy me toca irme antes que a ti, pero te espero el otro año."
Bella asintió.
"Aquí estaré como siempre."
Nicklaus desapareció sin despedirse del pequeño Nick y Hope. Bella tuvo que responderles muchas preguntas a sus hijos después de ello. No estaban acostumbrados a que su tío desapareciera sin antes embarcarlos en un taxi y decirles que los extrañaría. Bella podía ver la decepción en sus ojos infantiles ante la repentina ida de Nicklaus y ella no pudo evitar la sonrisa porque en definitiva si alguien del mundo en el que Nick vivía viese como aquellos pequeños adoraban al vampiro original más peligroso del mundo sin duda pensarían de que se habían equivocado de familia. Que de ningún modo ellos eran quienes estaban buscando.
-…-
Los años habían pasado, en el mundo, en su familia, en ella. Cuando aquella mañana Bella se miró al espejo no pudo reconocer a la mujer que estaba al frente, en primer lugar porque no se sentía como esa mujer cuyo rostro estaba surcado de arrugas y tenía un cabello corto por los hombros y blanco con alguno que otro mechón café rebelde que se rehusaba a cambiar de color. En segundo lugar porque se sentía exhausta físicamente. La vejez no llegaba sola, y eso definitivamente lo estaba comprobando. Por dentro se sentía como una mujer de treinta o cuarenta años, aún llena de vitalidad y fuerza.
Pero ese no era el caso. Ya ella rayaba los setenta y su salud no era la misma. Si bien podía andar de un lado a otro sin problema, salir a pasear con sus nietos e ir a comer con sus hijos. Caminar por las tardes con Tommy e incluso cocinar; no podía hacerlo con la misma energía que antes.
Pero de alguna forma Bella siempre se sentía mejor cuando se levantaba todos los trece de noviembre.
Ese día en especial no había salido a Central Park como era su costumbre. Una nota había llegado para ella pidiéndole que estuviese lista a las siete para salir a comer y ella no hizo más que arreglarse como si tuviese veinte y fuese a una cita importante. Un vestido carmesí de corte imperial que le llegaba hasta las rodillas y tenía un cuello bandeja medio alto. Si de algo estaba orgullosa era que su figura se había mantenido a lo largo de los años, no intacta porque siempre dos hijos y el trajín de la vida hacían estragos pero… se veía bien y por sobre todo se sentía bien.
Se despidió de Tommy avisándole que saldría a comer con Nicklaus. A veces era incómodo para ella hablar con naturalidad de Nick con Tommy. O durante los años decirle que se encontraría para esta fecha con él. Pero Nick había usado compulsión en él hace muchos años de forma que Tommy no hiciese preguntas ni supiera quién era él exactamente. Bella no sabía cómo había entretejido la historia Nick pero funcionó antes y aún lo seguía haciendo.
Afuera la esperaba un taxi con aparentes indicaciones del lugar a donde se dirigían y acentuando el hecho de que venía de parte de Nicklaus Mikaelson.
A medida que el auto serpenteaba por calles que ella conocía demasiado bien, recuerdos de momentos pasados vinieron a ella como un remolino de imágenes y sentimientos. Se sentía ligera y feliz.
Se sorprendió cuando el taxi cruzó por una esquina muy familiar, y la sorpresa no la abandonó cuando se dio cuenta de a dónde estaba yendo.
Bella bajó del auto. Una parte de ella, la parte que le indicaba que ya estaba vieja, se removió con nostalgia al notar que ella había cambiado pero aquel lugar no. Ni siquiera el color de los edificios o los árboles. Tampoco el aroma a galletas recién horneadas y brisa fresca de verano a pesar de que estaban en pleno otoño.
Nick la esperaba fuera de un edificio que durante años registró la historia de los dos. No hubo dado dos pasos hacia él cuando este se acercó y tomó sus manos entre las suyas. Se veía tan joven, guapo y fuerte. Tan lleno de vida a pesar de estar muerto y tener siglos de edad.
"Hola mi amor," Bella suspiró, "lamento el cambio de planes pero hoy quiero hacer algo diferente. Ven, acompáñame," entrelazaron las manos y Nick la guío dentro. A pesar de que no lo necesitaba, podía pasar una vida entera que ella se acordaría del lugar.
Una vez fuera de la puerta Nick le dio una mirada y sonrisa suave y abrió.
Bella no había dicho nada en el trayecto, no porque no tuviese nada que decir sino porque figuró que sería mejor ahorrarse las palabras. Cuando la vida pasaba y se aprendía de errores y experiencias era mejor guardar las palabras y usarlas sabiamente, eso lo había aprendido. Pero cuando dio un paso dentro las palabras murieron en algún lugar entre su cerebro y su lengua.
No había visto su antiguo apartamento en muchísimos años. Décadas de hecho, desde que se había casado y lo había vendido.
Ni una sola cosa había sido cambiada de su lugar y todo estaba absolutamente impecable. Como si aún ella viviese allí. Ni una sola mota de polvo sobre los muebles, el piso reluciente y las paredes lisas y blancas.
Lo mejor no era eso porque cuando contempló finalmente la sala un nudo se formó en su garganta.
La pequeña y antigua mesa de comedor en la que solo cabían a lo mucho cuatro personas, estaba puesta como para una velada romántica. Con sus respectivos platos, un mantel con bordados delicados de plata y velas rojas sobre candelabros pequeños.
"Nick…" masculló. Se giró encarándolo y no supo hacer otra cosa más que echarse a sus brazos, "esto es hermoso…" se apartó de él sin soltar su mano.
"¿Te ha gustado?" asintió.
"Me ha encantado," lo miró, "¿cómo es que conseguiste el apartamento?"
No contestó de inmediato, le indicó la mesa y la ayudo a sentarse. Se perdió en la cocina por un momento y regresó con sus platos de comida. Eran pastas, las favoritas de Bella. Y vino tinto, algún cabernet sauvignion que no podía identificar pero que sin duda sabía a polvo de estrellas y sueños infinitos.
"Es mío."
"¿Tuyo?"
"Sí, siempre ha sido mío. Bueno, desde que lo vendiste."
"Espera, ¿quieres decir que a quien le vendí este departamento fue a ti?"
"En efecto. Cuando me dijiste que ibas a venderlo se me ocurrió que debía ser el nuevo dueño."
"¿Por qué no me dijiste? ¿Por qué esperar hasta ahora?"
"No lo sé. Supongo que no quería abrumarte."
Se sentó en la silla y se cruzó de brazos. Bella notó que su cabello estaba un poco más largo que el año pasado, además de notarse más acuerpado. Siempre le había parecido extraño el vampirismo. Dejaban de envejecer, se suponía que el crecimiento se detenía en ellos pero las uñas y el cabello les crecían de igual forma, solamente que de una forma más… perfecta. Podían engordar o adelgazar, su masa muscular no se veía afectada en ninguna manera, pero de nuevo, era más sencillo tener un cuerpo escultural cuando eres vampiro y no necesitas alimentarte para sobrevivir.
"¿Está desocupado?" asintió.
"Cuando vengo a Nueva York me quedo aquí. Me permite relajarme y recordar…"
"Espera, ¿cuando vienes?"
Lo notó removerse incómodo. Tenía años sin vislumbrar un poco al Nick que se encogía y desviaba la mirada cuando algo le molestaba.
"Los trece de noviembre no son los únicos días que vengo a Nueva York. Usualmente paso por aquí varias veces al año. En ocasiones vengo por cuestión de negocios, a veces solo para chequearlos a ustedes y muy escazas las veces vengo a alejarme de mi casa. De mis problemas."
Definitivamente eso no se lo esperaba. Había pasado muchísimos años pensando que él estaba lejos todo el tiempo, que solo venía exclusivamente por ella. Eso la hacía sentir molesta en maneras que no entendía. ¿Por qué no le había dicho? No es como si se hubiese molestado por eso, saber que él estaba cerca siempre era un alivio para ella. Pero en ese momento sentía de todo menos alivio, estaba molesta. Muy molesta.
"¿Y me dices eso ahora, por qué? ¿Porque ya estoy vieja? ¿Porque no es necesario ocultar más todo esto ya que de igual forma voy a morir?"
"Bella…"
"¿Crees que trayéndome aquí y preparando todo esto es una clase de redención?" de repente las cosas se volvieron borrosas para ella. Últimamente todo se volvía más confuso en su cabeza, quizás era la edad o tal vez el hecho de que parecía estar despertándose de un sueño. Pero Bella no podía entender cómo era posible que Nicklaus estuviese aún allí. No quería volverse superficial o banal pero él se veía como si estuviera atascado por siempre en la mitad de sus veinte, ella por otro lado se veía exactamente de la edad que tenía. Setenta años, ni más ni menos.
"¡BELLA!"
"¿QUÉ?" sabía que había estado hablado por mucho tiempo como una loca. Dios sabía qué clase de cosas había dicho. Realmente no había aprendido bien eso de guardar las palabras y usarlas sabiamente. Ella al parecer no tenía filtro cuando estaba molesta.
Oh Dios, ella se estaba convirtiendo en lo que su hija le decía todo el tiempo a modo de risa. Una anciana loca y habladora. Casi golpeaba su cabeza contra la mesa.
"¿Puedes callarte y escucharme?" desvió la mirada y asintió. Al menos podía escucharlo. Eso era algo que en definitiva podía hacer. "Nosotros hicimos un acuerdo hace muchos años. Lo hicimos porque somos inteligentes porque sabemos que es lo mejor para nosotros, y acordamos en cumplirlo. Tú no querías ni quieres saber de mi mundo y yo no quiero contarte porque no quiero arriesgarte aún más. Porque hay secretos que no pueden decirse a humanos porque alteran todo en lo que han creído y muchos de esos secretos son los que me traen a Nueva York. Vengo aquí para saber de ti, de Nicks y de Hope, de los niños, incluso de Tommy porque te prometí cuidar de tu familia. No ha sido fácil verte a la distancia, verte disfrutar la vida, ser feliz mientras yo simplemente te observo como un acosador. Pero ha funcionado," sus ojos brillaban con una intensidad que ella jamás había visto, extendió la mano y tomó la de ella entre la suya por sobre la mesa, "no te digo esto ahora por todas esas razones ridículas que me has dicho, ni estoy haciendo esto para buscar alguna clase de redención. Isabella, te he traído aquí porque es sólo en este lugar que siento que el tiempo no ha pasado, que algún día cruzaré la puerta y estarás sentada entre libros, escribiendo en tu ordenador, estando ocupada pero esperándome. Llegar aquí es respirar, es llegar a mi hogar donde puedo descansar. La única diferencia es que mi hogar no está cuando llego a esta casa vacía."
La mano de Bella voló a su cadena. Cuando Nick se la entregó le había dicho el significado de las palabras en latín que estaban talladas. El amor vence todo y hogar. Le habían parecido extrañas palabras para combinar en ese entonces pero no después. No ahora.
"El hogar es donde está tu corazón."
"Exactamente," susurró, "y mi corazón está contigo. Lo ha estado y lo estará. Te amo."
Ella estaba segura que estaba llorando tal cual magdalena. Tomó una honda respiración y se recompuso con una sonrisa.
"Comamos, no quiero que se enfríe."
Nick dejó ir su mano con lentitud y con esa sonrisa divertida que ella tanto amaba comenzó a comer. No supo en qué momento dejó de estar enojada pero usualmente era así con él.
Después de un rato de charla y risas, Nick limpió la comisura de sus labios y se levantó. Encendió una suave música de salón y le extendió la mano. No dudó en levantarse. Sus cuerpos aún se conocían, sus manos todavía sabían dónde posicionarse y sus cerebros parecían trabajar al mismo compás. Como siempre lo habían hecho. Ellos dos habían bailado tantas veces en aquella sala que Bella se sintió transportada. Sintió cosquillas en su estómago y un flash de electricidad recorrer su espina dorsal.
Ella siempre había sido malísima para bailar. En muchas ocasiones había pisado a Nick y simplemente se habían reído de ello, pero con el tiempo se perfeccionó. Y tenerlo a él de pareja de baile era un plus. Después de todo él había nacido y vivido en épocas donde lo importante era un buen baile.
Bella se atrevió a pegarse más a él, y los brazos de Nick la aceptaron gustosos.
"¿Qué pensaría la gente si nos viera?"
"Bueno, ellos no conocen nuestra historia."
"Pero…"
"En caso tal vieran amor. Bailando conmigo yo sólo veo a una mujer hermosa, cuyos ojos jamás me han juzgado, una mujer que ha visto lo mejor en mí y que conoce lo peor de mí y aun así me amó y me ha amado. Una mujer fuerte que pone su vida antes que la de sus hijos y su esposo, incluso que se atrevería a poner su vida antes que la mía. Un cruel vampiro que se atrevió a enamorarla y en el proceso se enamoró él también. Y solo para que conste, sigo siendo mayor que tú… por muchos siglos."
Rió.
"Puede ser, pero de los dos yo soy la que luzco como de varios siglos. Mi rostro se ve raro ya."
"No digas tonterías, Bella," la hizo girar y ella volvió a reír porque las risas estaban escasas en el mundo y la felicidad se perdía todos los días, "yo puedo lucir realmente raro."
Bella se detuvo. Había algo que siempre había querido ver pero no se había atrevido a pedirlo porque le parecía demasiado.
"Muéstrame cómo eres. Solo lo vi una vez… con Victoria."
Nick ladeó la cabeza y pareció pensarlo.
"¿Estás segura?"
"Sí."
Con renuencia lo hizo. Su rostro se transformó y Bella podía ver las venas engruesarse y marcarse en su rostro, sus ojos lucir como si estuviesen inyectados con sangre y sus pupilas de obsidiana. Los colmillos salieron y eran grandes. No había rastros del rostro varonil y apuesto de hacía unos segundos.
Bella se estremeció ligeramente, pero no de terror. Era solo sorpresa.
"¿No sientes miedo?" acarició su mejilla y él pareció relajarse ante el tacto.
"¿Cómo puedes estar aterrado de alguien que te ha besado y besado, que te ha llamado mi amor, cariño y mi hogar? ¿Alguien que ha reído contigo mientras sus ojos bailan con ese tinte de travesura? ¿Alguien que ha sostenido tu mano cuando estás aterrada y te ha dicho que todo estará bien, que no hay nada que temer porque está allí? ¿Alguien a quien solo tienes que mirar para para saber en qué está pensando? Te conozco Nicklaus Mikaelson, sé de tus múltiples errores pero también sé cómo eres en el interior. No eres lo que las personas piensan de ti," Bella recordó a Alice advirtiéndole sobre él, "no eres frío, o arrogante o cruel. Esas son fachadas que te colocas para cubrirte, así como ropa. El problema Nick, es que a veces no sé si tú sabes que no eres nada de eso."
Mientras hablaba Bella notó como sus palabras lo iban desarmando poco a poco. Era difícil tenerlo fuera de guardia pero al parecer ella lograba conseguirlo en varias ocasiones. Nick la miró de aquella forma suya que no revelaba nada de lo que pasaba por su cabeza. Aquella mirada siempre lograba hacerla sentir pequeña.
"Me basta y sobra con que tú lo sepas," un susurro lleno de tantos sentimientos que Bella no supo identificar, "Isabella, no creo que entiendas lo mucho que te amo, lo mucho que significas en mi vida. Yo… estaba perdido, tenía mis prioridades retorcidas y creía que no podía existir una sola alma en esta tierra capaz de amarme, y entonces apareces tú con esa mirada fija en un cuadro triste que había pintado. Con tu forma de ver la vida, con tus heridas pero aún con tu sonrisa. Y entonces entras en mi vida tan rápido y es contigo con quien soy capaz de ser yo. No el vampiro original que todos odian o temen, sino Nicklaus Mikaelson un hombre que solo quiere ser amado."
"Nick…"
"Dios mío, aún conservas esa habilidad de interrumpir en pleno discurso," rieron. Isabella no había notado como lágrimas de felicidad habían estado rodando por sus mejillas hasta que las probó, "eres todo lo que tengo, mi amor, de hecho, eres lo mejor que tengo y sé que esto suena como una despedida pero siempre me has dicho de que sea realista," Bella sabía que se refería a las dificultades respiratorias que estaba teniendo últimamente, "y los humanos viven vidas cortas y en algún momento te irás de mi lado para siempre y es por eso que no quiero dejarte ir sin que sepas todo eso, que te amo más de lo que jamás amé o amaré a alguien, que mi vida se divide en dos periodos de tiempo, antes de ti y después de ti, y que me estoy poniendo asquerosamente romántico pero eso es lo que me has hecho."
Juntó su frente con la de él.
"No sé qué decirte."
"No tienes que decir nada, solo… bailemos. Bailemos como lo hacíamos cuando nuestra única preocupación era terminar en la cama antes de haber si quiera terminado de comer."
La luz de las velas se volvía más tenue con el paso de la noche y de la música. Bella se dio cuenta de que ya era hora de salir de la pequeña burbuja que habían construido cuando su celular comenzó a sonar. Estaba tan cómoda, tan pegada a él sintiendo su calor y sintiéndose protegida, se sentía como en los viejos tiempos cuando lo único que los detenía era el cansancio de Bella después de una noche de hacer el amor y de bailar sin música.
"Gracias," le susurró besando su pecho justo donde estaba su corazón. Sintió el beso siendo devuelto en su cabello.
"¿Por qué?"
"Por darme el amor más hermoso y triste."
Se alejó de él sin mirar atrás. Sin esperar por una palabra más, por una caricia más. Si lo hacía, si simplemente se envolvía en sus brazos nuevamente ella estaba segura de que nada la haría mover de allí. Y estaba tan cansada, tan adolorida que lo único que quería hacer era dormir.
Mientras bajaba en busca de un taxi Bella entendió por qué la gente no escribía sonetos sobre ser compatibles o novelas sobre sueños compartidos y conversaciones que fluyen naturalmente cuyo final es feliz y que dejan en el lector esa sensación de plenitud porque todo salió bien. Por qué se escribían poemas que eran un grito al vacío y una llamada desesperada de auxilio. Entendió que los grandes amores eran aquellos locos, desenfrenados y sin medidas. Que son cortos pero intensos. Que duran toda una vida incluso si no están juntos.
Entendió tantas cosas en una fracción de segundos que podía morir en ese mismo momento y morir feliz.
-…-
Decían que el peor día para amar a una persona es el día en que la pierdes. Que la única vez que una despedida es dolorosa es cuando sabes que jamás volverás a decir hola. Decían que la única forma de sentir tanto dolor junto era la muerte. La muerte de todo tu mundo. De tu alma. Y cuando tu alma muere lo único que queda es un cascarón y un retazo de lo que se solía ser.
Usualmente a él le gustaba llevarle flores a Bella, como un niño enamorado. Le gustaba ver cuando rodaba los ojos o hacía una mueca cuando lo veía llevarle flores. De hecho, por más de que le dijese que no le gustaba que le llevasen flores, a todas las mujeres en el interior les gustan las flores inclusive cuando no quieren aceptarlo. Y Bella era una de ellas. Una de las que responden con un comentario mordaz al ver flores y chocolates de regalo y no un par de zapatos o un libro pero que en el fondo son felices porque el gesto es detallista, agradable… amoroso. Bella era de esas.
O a menos había sido una de ellas.
A Nicklaus definitivamente no le gustaba llevarle flores en ese momento a Bella. No le gustaba la azucena solitaria entre sus dedos porque la iba a dejar sobre una tumba fría que no quería ni siquiera tocar. O ver.
Visitar cementerios era algo regular en su vida, casi como ir al supermercado. E incluso mandar gente allí fuese con boleto de regreso o no también era rutinario. Pero odiaba inmensamente pisar el Green-Wood Cementery aquella tarde demasiado soleada de abril.
Contrario a las casi treinta personas, quizás más, que hacían parte del servicio, él no iba vestido de negro. Le parecía un color feliz, a él le gustaba el negro. Y a Bella también le había gustado. Él miraba desde la distancia vestido con jean oscuro y una camiseta de lino blanca.
Miraba desde la distancia a un Tommy devastado, con su rostro entre sus manos y su cabello tan blanco como la cal. Veía a Nicks y a Hope que aunque sus hombros estaban tensos y sus rostros sin aparente expresión, por dentro debían estar sufriendo. Bella los había criado para que no demostrasen debilidad, a mantenerse siempre fuerte sin importar las circunstancias. El mundo elite en el que vivían los obligaba a endurecerse, a desconfiar. Incluso si aquellos no eran sus hijos, Nicklaus sentía un tinte de orgullo en medio de todo el cegador dolor.
Se arregostó al árbol a su derecha y por un momento su mente se vio transportada a aquella vez en que fue hasta el cementerio de Forks para ver a Bella después de la muerte de su padre. Había sido un día frío y lluvioso. Él la había seguido desde la casa hasta la tumba de su padre y la había admirado en silencio. La forma como su cabello caoba caía con suaves ondas hasta la mitad de su espalda. Su cuerpo delgado pero con curvas donde debían estar, su piel blanca como la de una muñeca de porcelana y mejillas sonrosadas que completaban la imagen. Eso sin olvidar sus penetrantes ojos cafés que en la luz adecuada parecían tener un tinte de verde muy oscuro.
El recuerdo le dolió tanto como una estaca que atraviesa justo al corazón. Y demonios, él sabía cómo era esa sensación.
Quería descargar su dolor contra algo. Pero su casa en Nueva Orleans ya había sufrido bastantes daños que probablemente le tomaría un par de semanas dejarla a la perfección. De igual manera que múltiples árboles, varios golpes a Elijah, y un par de autos. Por el lado positivo ninguna muerte, por lo menos hasta el momento. Y definitivamente no iba a armar una de sus mejores escenas justo allí.
Debía hacer lo que era experto haciendo, tragándose su dolor.
Había sido un servicio agradable. Ningún familiar hizo algún discurso, de hecho nadie lo hizo y eso a él le pareció perfecto porque no tenía gracia decir cosas a los muertos que debían habérseles dicho cuando aún podían oírnos.
Uno a uno fueron dejando el lugar hasta que solamente frente a un pedazo de tierra y una tumba gris quedaron Tommy, tres mujeres y un hombre más, y por supuesto Nicks y Hope, que para sorpresa de Nicklaus cruzaron miradas con él como si todo el tiempo hubiesen sabido que él estaba allí.
Tampoco era como si se estuviese ocultando, pero aun así le pareció notar como si supiesen con claridad quién era a pesar de que ya no hablaba con ellos desde hacía muchísimo tiempo. Los vigilaba siempre a la distancia y mantenía vampiros específicamente de informantes sobre la familia de Bella pero cuando los chicos se hicieron demasiado mayores como para comenzar a hacer preguntas que podían ponerlos en peligro incluso si era solo por teléfono, tanto Nick como Bella decidieron que era mejor dejar las cosas así.
Y de hecho confirmaron su teoría cuando dejaron el lugar y poco a poco se fueron acercando a él. Decidió dejarlos, tenía curiosidad por saber qué le dirían. Se parecían a Bella en muchas cosas y en otras no.
"Tío Nick," la última vez que había escuchado eso fue de la voz de un niño que reía a carcajadas. Escucharlo nuevamente del hombre en el que Nicks se había convertido… le envío una escalofrío por su columna. Ver en sus ojos los mismos de su madre era mucho más de lo que él podía soportar en el momento.
"Me recuerdas."
"Mamá nos hubiese matado si nos atrevíamos a olvidarnos de ti," Hope se acercó un paso más hacia él, sus ojos brillaron ante la mención de su madre, "y también nos dijo un par de secretos."
"Lo saben," asintieron.
"Siempre lo hemos sabido, al menos desde que podemos manejar verdades de ese tamaño," parecía que la pequeña ya no tan pequeña Hope era la vocera, "ella se encargó de que supiéramos quién eras tú."
"Ella también sabía que vendrías. He sido yo quien te ha avisado," en el momento en el que a su celular había llegado la notica desde el celular de Bella no se había puesto a pensar mucho en quién lo había enviado, estaba más ocupado rompiendo algunos cuadros y bebiendo una botella de un whisky fuerte de aquellos que podían hacerte olvidar tu nombre con solo dos tragos. Pero allí estaba Nicks, el hombre que había sido nombrado después de él diciéndole que él fue el heraldo de las malas noticias. Que contrario a la creencia popular de entrega de malas noticias no se hizo a la mitad de la noche en medio de una tormenta, sino dos días atrás mientras él amenazaba muchas brujas bajo el sol de media mañana de Nueva Orleans.
"Nos dijo que sería decisión tuya si borrabas esa información de nuestras cabezas, pero honestamente no creo que sea necesario. Hemos pasado todo una vida sabiendo y no hemos dicho nada, pero de nuevo eso es decisión tuya."
"Y creo que también debes saber que cuando decimos que nos ha dicho un par de secretos… nos referimos a todo."
"No juzgamos a mi madre por las decisiones que tomó. Ni por lo que sentía su corazón. ¿Qué si es un poco molesto saber que ella no amaba realmente a mi padre de la forma que te amo a ti? Sí, lo es, pero yo te recuerdo," Hope extendió la mano y apretó ligeramente su brazo, "recuerdo la forma en que la mirabas y tomabas su mano, recuerdo como a ella le brillaban los ojos cuando se acercaba el trece de noviembre y como su mundo parecía verse más completo cuando te veía. Recuerdo muchas cosas sobre ustedes dos, e incluso deseé tener algo así," giró su cabeza y sus ojos se encontraron con un hombre al que ya Nick había investigado tiempo atrás. Era John, su esposo y padre de su hija, "y lo tengo," Hope suspiró, "lamento que lo de ustedes fuese tan complicado pero si no hubiese sido así tal vez yo no hubiese nacido."
"Isabella siempre había tenido una forma interesante de hacer las cosas," le dolía inmensamente hablar de ella en tiempo pasado. Tragó en seco y se paró derecho, "pero sospecho que no han venido aquí solo para decirle hola a este vampiro."
Ambos hermanos se miraron.
"Mamá te ha dejado algo."
¿Cómo él no había notado la caja que tenía Hope entre las manos? No tenía ni idea. Eso de que el dolor te cegaba quizás estaba comenzando a hacer efecto en él de manera literal.
"Nosotros debemos irnos," vio en ambos la expectativa. Él debía de tomar la decisión de borrarles todo de su cabeza o no. Y eso era lo que ellos estaban esperando mientras lo veían con esa expresión calculadora que habían adquirido de Bella. Suspiró.
"Mantengo un ojo siempre en ustedes, en toda su familia… incluyendo su padre," dejó que su mirada vagara más allá de ellos donde Tommy los observaba. El hombre había amado tanto a Bella y la había hecho tan feliz que Nick lo menos que podía hacer era también cuidar de él.
"Sabes, que no puedas aparecer no significa que debas de dejar de llamar. Me gustaba hablar contigo," fue un abrazo muy corto pero significativo para él, rayó incluso en lo doloroso, "por cierto, jamás te lo dije tío Nick, pero me gusta mi nombre, gracias."
Se alejó de él con una suave sonrisa haciéndole sentir en su pecho una fuerza agobiante. Nicks puso una mano en su hombro y la apretó ligeramente.
"Creo que en la sangre va el gusto por aquella pintura, a mi hijo le gusta," le sonrió, "nos volveremos a encontrar," lo dijo como una afirmación y él decidió creer que sería posible.
Dejó que todos se fueran, que no quedase nadie cerca para él poder acercarse a la tumba.
A medida que daba pasos el dolor se iba haciendo demasiado grande como para caminar sin sentir que se ahogaba. Su cuerpo se sentía pesado y no sentía sus extremidades. No fue hasta que se sentó con las piernas cruzadas frente a la tumba de piedra caliza que se dio cuenta cuan real era la situación.
Su Bella ya no hacía más parte de su mundo. Y lo único que evitaba que él la quisiera acompañar en lo que fuese el significado de vida después de la muerte… era que él simplemente no podía. En primer lugar porque lo más probable es que con la condición vampírica su luz al final del túnel sería diferente a la de ella. Y por otro lado, hacía mucho tiempo le había prometido a Bella que incluso después de que ella muriese él iba a seguir viviendo. Sin importar qué, iba a seguir luchando en este mundo con sus manos desnudas y colmillos prestos para pelear.
Dejó la azucena sobre la tierra recién echada y tuvo que tomarse un momento antes de abrir la caja. Una simple caja de madera liviana que probablemente lo que pesaba era producto de lo que había dentro y no del material. La recorrió con los dedos con cuidado y luego la abrió.
Adentro estaban las fotos que se habían tomado, un libro de cubierta rojo carmesí y un sobre.
Tomó la foto entre sus manos acariciándola, delineando el cabello y sus ojos. La forma como su sonrisa parecía iluminar cada rincón de su alma oscura. El nudo en su garganta se hacía insoportable a medida que iba pasando las fotografías. Las aseguró nuevamente dentro de la caja y tomó el sobre. Lo abrió con cuidado. Una cadena de plata con el dije de Bella en forma de medallón cayó a sus manos. No era la misma cadena que ella había llevado por años, esta era un poco más gruesa y más larga, era claro que ella lo había reemplazado para él. Adentro había una nota y tuvo que llenarse de inmenso valor para leerla porque apenas la desdobló y vio la caligrafía de Bella casi pudo imaginársela susurrando aquellas palabras a su oído.
.
Nicklaus Mikaelson,
No le encuentro sentido a ser enterrada con tu hermoso regalo, no tanto porque creo que adonde sea que vaya no podré tenerlo físicamente conmigo. Sino porque prefiero que lo tengas tú, no como un recuerdo de mi pero más como un recordatorio acerca de la belleza del amor.
Aquella noche te dije que después de todo parecía ser que el amor no podía conquistar todas las barreras. Estaba equivocada, el amor sí puede traspasar todo obstáculo. ¿Sabes cómo lo sé? Porque estoy muerta mientras lees esto y aun así de alguna forma sé que todavía me amas y sé que de donde sea que esté yo también te amo. Lo que nos lleva a otro error. Jamás debí haberte dicho que te amaba como la víctima ama a su verdugo porque eso significa que te estaría amando hasta la muerte pero mi Nick, te estoy amando más allá de la muerte. Te amé y te sigo amando incluso aunque no me puedas vez, incluso cuando parece ser que no escucharme, incluso cuando sientas que no me merecías lo cual es absolutamente ridículo.
Cuando Hope me preguntó por qué creía que tú habías escogido ese nombre para ella me puso a pensar. Durante todo un año estuve tentada a preguntarte, pero luego te vi y ya no me hice esa pregunta más porque vi la respuesta en tus ojos cuando me viste.
Entendí que yo era tu esperanza, que mis hijos eran ese pequeño rayo de luz en una vida que solo conocía oscuridad y desprecio. Entendí que nuestro amor era de aquellos que se les cuentan a las niñas para que no se conformen con menos que un amor épico. Y cuando lo entendí no pude dejar de sentirme abrumada por tanto amor y devoción, y decidí que tú tenías derecho a saber qué había en mi cabeza cada vez que te veía. Tenías derecho a saber que tu amor me hizo sentir completa, valiosa.
Te escribí esta, nuestra historia.
Por último, te tengo solo una petición más. Por favor, se feliz mi amor. Sé tan feliz como yo lo fui, como yo lo soy, como tú me hiciste sentir. Sé feliz porque mereces serlo. Sé feliz y no te dé miedo hacer feliz a alguien más.
Cuando nos volvamos a encontrar ya no habrá tiempo para tristes despedidas.
Siempre tuya,
Isabella.
.
No supo que estaba llorando cual niño pequeño hasta que dejó la carta dentro de la caja y tuvo problemas en ver el libro porque las lágrimas nublaban sus ojos. Tomó una honda respiración, después otra y otra hasta que se hubo tranquilizado un poco. Puso sobre su cuello aquella cadena y tomó entre sus dedos aquel medallón. Su hogar ya no estaba allí pero una parte de el descansaba en su pecho justo cerca de su corazón.
Y pudo abrir la cubierta de ese libro carmesí. En elegantes letras negras justo en la primera página el titulo casi que brillaba con luz propia.
Para un hombre al que llamo hogar.
Y tuvo que sonreír y mirar al cielo. Y tuvo que reír y llorar al tiempo.
Y tuvo que vivir porque ella se lo había pedido.
Fin.
Sofía.
