Se sentía nerviosa, ansiosa, más de lo que podía admitir. Sintió unos suaves tirones en el cabello mientras su hermana Anna terminaba de peinarla. Era un hermoso chongo decorado con pasadores y pinzas plateadas. Era un día muy importante y por eso debía lucir un peinado muy importante.
Una vez que terminó, Anna le dijo que se viera al espejo. Su hermanita realmente era una artista, había creado un peinado increíble y encantador. La princesa entonces tomó la corona y la puso sobre su cabeza. Elsa trató de sonreírle pero no podía. La menor trató también de sonreír pero solo consiguió darle una sonrisa triste.
La reina se puso de pie y se alisó el vestido. Era un vestido de novia precioso, de un color blanco, tan puro como la nieve de las montañas, ajustado a la altura de su cintura para caer libremente haciendo ondas hasta el suelo. La tela era suave, vaporosa, con brillos plateados que resaltaban con cada movimiento.
La reina de Arendelle se miró al espejo un momento antes de notar que algo le faltaba: el velo. Lo buscó con la mirada hasta que lo halló en manos de Olaf quien se acercó lentamente. Se veía triste y eso no le gustaba. Debía ser un crimen poner triste a alguien tan adorable y puro como Olaf. El hombre de nieve le dedicó una sonrisa triste y le dio el velo. Elsa lo puso sobre su cabeza. Estaba lista.
Entonces sintió como Anna se lanzaba a sus brazos y comenzaba a llorar. No necesitó preguntarle la razón de sus lágrimas. Era obvio que la menor lloraba porque su hermana iba a casarse, pero no por amor, sino por la presión del pueblo y de los demás reinos.
-¡No Elsa! ¡No quiero que te cases así!-lloriqueaba la princesa aferrada a su hermana mayor-¡Debemos hacer algo! ¡No podemos dejar que se salga con la suya! ¡NO PODEMOS!
-Anna… no podemos hacer nada ya…-dijo la mayor con voz vacía y sin vida. Acarició el cabello de la más pequeña tratando de no llorar pero falló y un par de lagrimas recorrieron sus mejillas-Debemos irnos.
-¡No! ¡No por favor!-lloriqueó aun más a pesar de que intentaba no hacerlo. Se limpió las lágrimas como pudo y liberó a la reina del abrazo- ¿Por qué tiene que pasar esto? ¿Por qué?
-Porque soy la reina y debo cumplir con la voluntad del pueblo, Anna-dijo la monarca con voz solemne y ambas salieron de la habitación. Kristoff las esperaba afuera y las escoltó hacia la capilla del castillo. Una vez frente a la puerta, él le extendió el ramo de flores pero cuando Elsa iba a tomarlo, no la dejó.
-¿Uh? ¿Qué ocurre, Kristoff?-preguntó la reina confundida
-Sus guantes, alteza…-dijo él y la joven se miró las manos. Había vuelto a utilizar los guantes cuando sus poderes comenzaron a salirse de control por culpa de su ansiedad. Tener la tela sobre las manos la ayudaba a relajarse pero otra vez debía realizar la ceremonia sin ellos o de lo contrario, Brynjolf no podría deslizar el anillo de bodas en su dedo.
Esta situación le recordó al día de su coronación, lo cual fue malo pues no la ayudó a relajarse el recordar lo mal que había salido ese fatídico día. No volvería a pasar. Tenía sus poderes bajo control ¿no es así? Con un suspiro se quitó los guantes y se los dio a Olaf, quien se los entregó a un guardia. Elsa tomó el ramo con las manos ligeramente temblorosas y suspiró. Estaba lista.
Las puertas se abrieron y Olaf fue el primero en entrar con una canasta llena de flores que arrojó sin ninguna alegría mientras caminaba al altar. Detrás del él entraron Anna y Kristoff. Ninguno sonreía. Elsa respiró profundamente cuando se escuchó la marcha nupcial. Entró procurando verse firme y fuerte, pero la ansiedad se alojó en su pecho al notar que el ramo, poco a poco, comenzaba a congelarse.
Caminó hasta el altar gritándose mentalmente que debía calmarse. Subió un par de escalones y llegó al lado de Brynjolf quien le sonrió nerviosamente y le extendió la mano para que la tomara. Los ojos azules de la reina miraron su mano en total pánico. No estaba lista. No quería casarse. No quería estar ahí. ¡NO QUERÍA!
Entonces pasaron varias cosas a la vez. El ramo se congeló completamente, una pared de hielo se extendió entre el príncipe de las Islas del Sur y ella, una brisa helada empujó al padre contra la pared y todas las velas se apagaron.
-¡Contrólate Elsa!-se gritó llevando las manos a su cabeza mientras el aire helado se volvía un vendaval- ¡Control! ¡Control! ¡Control! ¡CONTROL! -Una explosión de hielo salió de su interior congelando todo a su paso.
-¡Elsa!-gritó la voz de Anna y cuando la miró, pudo ver que ella junto con Brynjolf, Kristoff y el resto de los presentes se habían vuelto estatuas de hielo
-¡ANNA NOOOO!-gritó Elsa y entonces… despertó…
Habían pasado una semana desde que Elsa se había encerrado en su habitación. En ese tiempo, la princesa de Arendelle había comenzado a escuchar la voz del espíritu de la diversión. Finalmente creía en él. Jack se encontraba platicando con Anna en la habitación de la menor cuando escucharon el grito de la reina. Ambos salieron apresuradamente de la habitación hasta llegar a la puerta cerrada de la habitación de la monarca.
-¡Elsa! ¿Estás bien? ¿Qué pasó?-preguntaba la princesa mientras golpeaba la puerta para que la dejara entrar-¡Déjame entrar!-Jack suspiró y estuvo a punto de entrar en la habitación ajena para ver qué pasaba cuando de pronto sintió un mareo que lo hizo jadear- ¿Jack? ¿Qué pasó? ¿Estás bien?
-Tu hermana… usó mucho poder…-murmuró débilmente y entonces pasó algo inesperado para la princesa.
-¡Jack! ¡Puedo verte!-exclamó ella haciendo que el espíritu se sobresaltara. Atónito, él estiró la mano y pudo finalmente tocar el cabello de la princesa- ¡Esto es increíble!-la menor lo sujetó para estabilizarlo- ¿Cómo es posible que ya pueda verte?
-No lo sé… supongo que desde que pudiste oír mi voz, era cuestión de tiempo-murmuró él- debo ver qué ocurre con tu hermana…-la princesa se quejó, argumentando que el joven guardián se veía débil pero él no le hizo caso, estaba preocupado por la reina. Jack estiró la mano para atravesar la puerta de la habitación pero no pudo. Su mano chocó contra la madera- ¡¿qué está pasando?!
Elsa se puso de pie y caminó a su baño personal para mojarse la cara. Había sido una pesadilla realmente horrible. Abrió la llave y se mojo la cara. Respiró tranquilamente y vio su reflejo en el espejo, estaba muy pálida, más de lo normal. Parecía que estuviera muerta. La joven estiró la mano para tomar una toalla cuando, sin querer, se golpeó contra una de las estalactitas de hielo que se habían formado en la habitación.
-¡Ay!-se miró la mano esperando ver sangre pues claramente había sentido que el hielo cortaba su piel, pero no había nada. Su piel estaba intacta. Eso la confundió pero decidió no pensar en eso y tratar de dormir nuevamente.
-¿Por qué no puedo entrar?-se preguntó Jack preocupado mientras empujaba la puerta con las manos pero esta no cedía- ¿Qué me está pasando?
-¿Jack?-preguntó Anna de pronto- ¿Qué le pasa a tu rama?
El espíritu de la diversión miró su cayado y su corazón se detuvo. La vara ya no tenía hielo sobre ella. La agitó tratando de crear una ventisca pero no pasó nada. Horrorizado se dio cuenta de que su ropa tampoco tenía escarcha. Dio un salto y trató de volar pero no pudo… sus poderes habían disminuido dramáticamente.
Gracias por leer y por sus comentarios
Lamento haberme tardado tanto en actualizar pero tuve un pequeño bloqueo
Myrobi: Anna es genial!
Nastinka: Ya se es un relajo horrible como para que aparte el pueblo esté de metiche. Ya falta menos, Jack ya empezó a preocuparse por ella lo cual es un inicio.
Guest: Este es un fic muy nuevo sacado de mi mente loca jeje no encontrarás otro igual -ego pliz- Gracias por tu comentario
Espero que les haya gustado y no olviden comentar
