Capítulo VII

Algo inesperado

- Querida niña… -Tsunade había cubierto los ojos de la joven con sus manos.

Esperaba a que un bullicioso Naruto le diera la señal que indicaba que todo estaba listo. No le había permitido ver el retrato aún. Le había dicho que traería mala suerte que lo viera antes de que estuviera terminado por lo que Sakura había aceptado sin rechistar. Al fin y al cabo, él era el artista. Cuando por fin pudo abrir los ojos y Naruto la tomó de los hombros para girarla y dejarla admirar su obra, comprendió que tenía razón.

Ahogó una exclamación, sintiendo que sus mejillas se teñían de rubor cuando Tsunade aplaudió repetidamente. Abrió los ojos desmesuradamente. No podía creer que ella fuera la mujer del cuadro… Sencillamente, era demasiado hermoso.

- Es…es… -balbuceó, incapaz de articular palabras que expresaran su gratitud. Realmente, nadie la había hecho sentir nunca como en ese momento. Naruto podía tener todos los defectos del mundo más los que su primo quisiera inventar, pero en aquel lienzo había puesto su corazón y la había hecho muy feliz, más feliz de lo que se había sentido hace mucho tiempo.

Porque había logrado captar una belleza que nada tenía que ver con la simple apariencia física, Naruto había pintado su alma, su interior… Estaba tan emocionada que contenía a duras penas las lágrimas. Lo miró a los ojos, y no pudo reprimir lo que su corazón le gritaba.

- Gracias, muchas gracias.

- Eres tú, ángel. No me des las gracias, solo he retratado lo que veo todos los días, una mujer con un exterior e interior tan hermoso y dulce que es único -Naruto se apartó un poco para observar su propia creación-. Pensándolo bien, soy yo quien debería dártelas. Es lo mejor que he hecho en mucho tiempo. Y te lo debo sólo a ti.

Naruto la tuteaba como era habitual desde que posaba para él. Un día le había dicho muy serio: Ángel, no puedo pintarte mientras nos tratamos con tanta ceremonia, así que de ahora en más seremos amigos, sólo Naruto y Sakura-chan.

A partir de ese día, la relación entre ambos había sido la de dos buenos amigos que compartían sus inquietudes, y que bromeaban. Precisamente la noche anterior, él le había dicho que saldrían a celebrar que habían acabado el cuadro, y que también sería una especie de despedida, ya que al otro día dejaría la isla, aunque aún no se lo había dicho a Tsunade, estaba decidido.

Por fin, Naruto había comprendido que debía tomar las riendas de su vida. Y mientras esperaba su gran oportunidad para mostrar su valía como pintor, había aceptado la oferta de una importante galería de arte en Nueva York. Al parecer, le ofrecían una suculenta oferta. Un puesto de restaurador que le reportaría lo bastante como para vivir holgadamente y le dejaría suficiente tiempo libre para pintar.

Sakura se alegraba por él. Pero le deprimió recordar que a la mañana siguiente, su buen amigo se habría marchado, y otra vez estaría sola. Lo echaría mucho de menos, y Tsunade se pondría muy triste. Aunque también las dos estarían contentas porque Naruto demostrase al fin que era capaz de cuidarse solo.

- Me gustaría que fuera para ti -anunció Naruto-. ¿Aceptarás que sea mi regalo, ángel?

Sakura negó con una sonrisa. Intuía que él solo lo decía por cortesía. En realidad, era como arrebatarle un hijo a su padre nada más nacer. Pensó que Naruto deseaba realmente tener la oportunidad de exhibirlo en la galería, con la esperanza quizá de que algún mecenas viera la misma ternura que ella había visto en el lienzo.

- Prometiste que me harías famosa -le recordó con cariño-. Pero tal vez dentro de un tiempo, si a nadie más le gusta, lo aceptaré.

- Trato hecho -le tendió la mano y cuando Sakura la estrechó, Naruto tiró de ella para besarla espontáneamente en los labios. Fue un beso fugaz, de amigos, apenas un ligero roce. Aunque no tan fugaz como para no ser visto por el hombre que atravesaba en ese instante al salón para dirigirse hacia ellos. Tsunade carraspeó, divertida, ante el gesto. Naruto la soltó de inmediato al percibir la censura en la mirada del recién llegado.

- Buenos días a todos -saludó sin entusiasmo y volviéndose para mirar a su primo añadió con sarcasmo-. Veo que has madrugado, es raro, no es tu costumbre levantarte antes del mediodía. ¿Celebramos algo, primo?

-Míralo tú mismo -Tsunade lo empujó, haciendo que se colocara justo delante del lienzo. Sasuke se paseó alrededor del cuadro, con la misma expresión severa que lo caracterizaba siempre. Después, miró a Sakura y al hacerlo, la severidad de su rostro había sido sustituida por otra de sus virtudes favoritas: la ironía.

- Pero, ¿qué tenemos aquí? Si es nuestra queridísima señorita Haruno… ¡Quién lo diría!

- ¿Acaso le disgusta, señor Uchiha? -preguntó Sakura, ofendida por su tono burlón-. Ya le dije que el cuadro no sería vulgar sólo porque yo lo soy.

- ¿Disgustarme? -él arqueó las cejas, fingiendo sorpresa-. En absoluto. Estoy seguro de que muchos millonarios se pelearán por él cuando lo subasten en alguna galería. Primo… has logrado que la señorita Haruno parezca cualquier cosa menos la señorita Haruno.

- La señorita Haruno es lo bastante bonita en persona -replicó Tsunade, muy disgustada. Pero Sakura le indicó con un gesto que no tenía importancia. Aun así, la anciana no estaba dispuesta a tolerar que nadie la importunara en su presencia y ella se lo agradeció en silencio-. Claro que estás demasiado ciego para ver eso… Estás demasiado ciego para ver algo que es obvio hasta para las plantas, Sasuke Uchiha. Sakura es una mujer preciosa.

Tsunade masculló algo más en otro idioma desconocido para Sakura y a pesar de que ella no lo entendió, supo que no era algo del todo bueno. Ya que Sasuke había palidecido al escuchar sus palabras, y Naruto había abierto los ojos muy sorprendido con lo dicho por la mujer.

- Abuela… -comenzó a hablar para defenderse, pero Tsunade lo apartó con brusquedad, utilizando su bastón.

- Quítate de mi vista –le sonrió a Sakura, quien había enrojecido visiblemente-. ¿Me acompañas, ángel? Leeremos un par de capítulos de esa interesante novela. Ya sabes, esa… donde los caballeros se comportan como caballeros y no como bestias sin modales. Buenos días, Sasuke. Naruto, te veré durante el almuerzo… ¿Nos vamos, niña?

Ella la siguió, ansiosa por desaparecer. A decir verdad, Sasuke Uchiha ya no podía humillarla más. Pero temiendo que él descargaría en ella su malhumor y sintiéndose una cobarde por ello, lo dejó allí plantado en compañía de su primo. Naruto sabría perdonarla por huir así de su primo.

~•~

- ¿Vendrías conmigo si te lo pidiera?

La pregunta de su mejor amigo la tomó por sorpresa. Casi se atragantó con el pedazo de carne que estaba masticando logrando que los demás comensales del lugar se volvieron hacia ella alarmados al escucharla toser ruidosamente. Sakura se disculpó con una sonrisa y aceptó agradecida el vaso de agua que Naruto le ofrecía.

- No quería provocar que te asfixiaras. Te pido disculpas por mi torpeza -El apartó la mirada, avergonzado. Sakura movió la cabeza, indicándole con ello que todo estaba bien. -Pero, ¿lo harías, vendrías conmigo? –insistió, volviéndola a mirar con sus misteriosos ojos azules.

- Naruto, yo…

- Ya sé lo que vas a decirme -él dobló su servilleta con cuidado y la dejó sobre la mesa, extendiendo las manos sobre el mantel para apresar las de ella-. No me amas.

- Y tú tampoco a mi -puntualizó, procurando no ser brusca al hablar. Lo último que deseaba era herir a alguien que había sido tan bueno con ella, y que había llegado a apreciar tanto como a un hermano.

- Pero podría llegar a enamorarme de ti, estoy seguro. Sería tan fácil amarte, dime que sí Sakura, por favor... -Naruto sonrió con cierta tristeza-. Y también sería muy conveniente. Eres una buena influencia en mí, ¿lo sabías? Desde que te conozco soy una mejor persona. Creo que si te hubiera conocido antes, sería una persona distinta… Definitivamente, un buen hombre tendrá mucha suerte algún día.

- Naruto… –dijo, apretando ligeramente sus manos, y dedicándole un dulce sonrisa.

- Ya sé, ya sé. Pero ese hombre no seré yo -volvió a sonreírle-. Pero tenía que intentarlo al menos. Dime una cosa, Sakura-chan. ¿Te quedarás mucho tiempo con la abuela? Creo que ella ya ha decidido adoptarte como parte de la familia.

- Eso me hace muy feliz, yo también ya me siento como parte de la familia… -no le dijo que eso no incluía al desagradable Sasuke Uchiha, pero Naruto lo intuyó por el modo en que ella titubeó al final.

- Harías a la abuela Tsunade muy feliz quedándote en la isla. Y a mí también –añadió con un guiño –. Será un placer venir de visita más a menudo para visitar a mis dos bellas mujeres. Aunque no quieras huir conmigo. –le dijo con tono pícaro.

- Naruto… ¿Le has dicho ya a la abuela Tsunade que te marchas? -preguntó con una sombra de pesar en la mirada.

- Antes de que saliéramos hablé con ella. Se puso hecha una fiera al principio... -sonrió a medias- Luego, la amenacé con llevarte conmigo si no se portaba como una ancianita responsable. Eso la calmó de inmediato. Me dijo: 'Por nada del mundo, sacarás a mi niña de esta casa'. Es obvio que tampoco ella me considera un buen partido para ti.

- Oh, Naruto… Te echaré tanto de menos… -suspiró, mientras él le indicaba al camarero que les trajera la cuenta.

- No estés triste, ángel. Mi primo Sasuke se ocupará de ti -al pronunciar esas palabras y ver como ella palidecía, volvió a sonreír traviesamente-. No tengas miedo, Sakura-chan. Sólo estaba bromeando.

Pero ella no estaba segura de que no sucedería tal y como él había dicho.

De hecho, Sasuke Uchiha parecía ansioso por tener el camino libre y despacharse a gusto con ella. Mientras Naruto había estado cerca, Sasuke había mantenido la distancia. Ahora que él se iba… ¿quién la haría reír de nuevo, quien la protegería del sarcasmo de su jefe? Trató de no pensar en ello mientras se dirigían hacia la casa.

~•~

Naruto se había retirado temprano, ya que debía madrugar para emprender el viaje hacia su nueva vida. Así que Sakura procuró no entretenerlo, a pesar de que disfrutaba enormemente conversar con él. Lo dejó irse a dormir luego de un afectuoso saludo. Se había descalzado para no hacer ruido y llevaba las sandalias en una de las manos.

Empujó la puerta con lentitud, recorriendo con pasos inseguros la distancia hasta la enorme estantería. Estaba demasiado oscuro para ver algo, así que buscó con dedos torpes el interruptor de la luz, pero antes de que lo alcanzara, la luz de un velador que estaba al final de la biblioteca invadió de repente la habitación.

Sakura retrocedió asustada. Sasuke estaba frente a ella, sentado en el sofá con las piernas estiradas y en ese momento dejaba caer a un lado el brazo que había extendido para llegar al interruptor antes que ella. Ella lo observó a hurtadillas.

Tenía el pelo revuelto, algunos mechones le caían con rebeldía sobre la frente y lo vio pasar la mano sobre ellos en un gesto inútil por devolverlos a su sitio. Probablemente debía haberse quedado dormido en aquella incómoda postura y eso le hacía que tuviera aquella expresión malhumorada que, por otro lado, era su expresión habitual.

Llevaba unos pantalones negros de vestir y una camisa blanca demasiado elegante, que ahora sobresalía desenfadada por la cintura del pantalón, con los botones abiertos hasta la mitad del pecho, exhibiéndolo sin pudor ante ella. Sakura apartó la mirada de inmediato de esa sugerente vista y siguió el movimiento de sus dedos mientras él le indicaba con una inclinación de barbilla que se acercase.

- Póngase donde pueda verla, señorita Haruno. No voy a morderla -su voz sonaba grave y distante, como si le hablara desde algún lugar de ultratumba…Quizá desde aquel infierno donde él era el amo y señor donde recluía a todas las almas que como ella no tenían el valor suficiente para enfrentarse a él.

Aun así, obedeció y con paso titubeante se acercó acortando la distancia que había entre ellos. La luz del foco le daba directamente en la cara y Sakura parpadeó, sintiéndose como una prisionera a la que sometían a interrogatorio. Los ojos de él recorrieron con descaro la figura femenina, envuelta en aquel sencillo vestido de gasa blanca que dejaba entrever sus curvas bajo el débil halo de luz.

Los ojos volaron hacia la mano de ella, que sostenía todavía las sandalias. Entrecerró los párpados y ella vio cómo su mandíbula se tensaba al imaginar Dios sabe qué clase de nuevas humillaciones sobre su vulgar aspecto.

- Veo que lo ha pasado bien -comentó con sarcasmo, señalando sus pies descalzos-. ¿Naruto y usted se desvestían por el camino para ahorrar tiempo, señorita Haruno?

- ¿Perdón? -Sakura pensó que había escuchado mal. Era imposible que él la insultara de aquel modo.

- Ya me ha oído -él recogió las piernas, doblando ligeramente las rodillas y cruzó los brazos sobre el pecho, recriminándola con la mirada-. Creo haber sido bastante claro en lo que respecta a sus obligaciones en esta casa, señorita Haruno.

- Sólo trataba de ser amable, señor Uchiha -se defendió, consciente de que él pretendía rebajarla nuevamente.

- ¿Necesita que le recuerde cuáles eran esas obligaciones? -preguntó con dureza, ignorándola deliberadamente-. Hacer compañía a mi abuela y comportarse como si fuera una mujer decente, ¿le suena, señorita? Y por supuesto, bajo ningún concepto, eso incluye coquetear con mi primo y lanzarse a su conquista como si sintiera la imperiosa necesidad de demostrar a todos que tipo de mujer es en realidad.

- ¿Y qué tipo de mujer soy, según usted? -se atrevió a decir, furiosa por el modo en que él la trataba.

- ¿Soportará lo que le diga sin echarse a llorar y alarmar a toda la casa con sus sollozos? -le lanzó una mirada tan hostil que ella permaneció en silencio, incapaz de mostrarse firme como deseaba-. ¿No irá corriendo a buscar consuelo en su valiente héroe, aquel que la rescató de nuestra aburrida compañía?

Sakura sabía que se refería a Sasuke. Sin saber por qué, él ya había dado por sentado que Naruto era el príncipe azul que rondaba sus sueños. Qué ironía…

Sasuke Uchiha ni siquiera podía imaginar que en sus sueños, ya no había lugar para príncipes, ni para cuentos de hadas. Sin embargo, reconoció que la visita de Naruto era una especie de tregua en la guerra que él le había declarado desde que llego.

- Entonces… ¿No me delatará ante mi abuela y le contará que soy un monstruo sin sentimientos, aun cuando lo que le diga no le gusta? -insistió, burlándose cuando ella levantó la barbilla con orgullo-. Siendo así… Le diré que esta noche realmente parece un ángel, señorita Haruno, está hermosa.

Sakura ya estaba resignada a enseñar las uñas para defenderse, cuando las palabras de él la dejaron boquiabierta. En lugar de atacarla, Sasuke Uchiha le hacía un cumplido. Estaba preparada para cualquier cosa viniendo de él. Excepto para aquello.

- ¿Qué dijo…? -trató de asimilar lo que estaba sucediendo. ¿Acaso era una nueva estrategia para humillarla? Sakura se mordió los labios con nerviosismo, odiándose porque en el fondo, el cumplido de Sasuke la había hecho estremecer.

Quiso creer que a causa de la sorpresa, pero lo cierto es que al mirarlo, tuvo que reconocer que cuando sonreía de aquella forma él parecía humano, un humano muy atractivo.

- Está hermosa, señorita Haruno -continuó él y había algo en sus ojos que Sakura no pudo o no quiso descifrar.

Sasuke abandonó el sofá y se quedó de pie frente a ella, observándola fijamente-. Mírese… Esos preciosos ojos verdes que tiene brillantes a causa del vino, el cabello revuelto por los vientos de la costa, las mejillas encendidas, los labios palpitantes, húmedos y entreabiertos… Y ese vestido…

Se acercó a ella, prácticamente rozando sus cuerpos. Sus dedos acariciaron lentamente la delgada tira que lo sujetaba sobre su piel ligeramente bronceada deslizándola sobre el hombro y dejándola resbalar sobre el brazo desnudo de ella.

Sakura se cubrió el pecho con las manos instintivamente, temiendo que el resto del vestido corriera la misma suerte. Pero él no la tocó. Sólo la miraba como si quisiera tener el poder de hacerla desaparecer para terminar de una vez con sus preocupaciones.

- Me pregunto qué haría nuestro querido Naruto si estuviera en mi lugar… -murmuró y su boca rozó apenas la nariz de ella al hacerlo-. Una joven tan bonita como usted, tan vulnerable y dulce, tan dispuesta a rendirse al hechizo del amor a la menor muestra de galantería de un hombre… ¿Y qué haría usted, señorita Haruno, si en lugar del odioso señor de la casa, papel que me toca desempeñar, fuera él quien la tuviera así? Temblorosa y sugerente, preparada para entregarse como una virgen en su noche de bodas… ¿Aceptaría echar por la borda todas sus buenas intenciones? ¿Se dejaría vencer ante el hecho evidente de que es mujer y de que su propia naturaleza la impulsa a recibir al hombre entre sus brazos? ¿Y si ese hombre fuera alguien como yo? Píenselo bien, señorita Haruno… Un tipo despreciable y sin sentimientos, un hombre al que sólo le importa ganar, cueste lo que le cueste…
Pero también un hombre que una vez fue niño… Un pobre huérfano, convertido en alguien sombrío por los avatares de la vida, un hombre solitario y amargado… Con aquel pequeño al que Tsunade adora y añora, gritando socorro en las profundidades de su alma… ¿Lo haría, quizá por ella, sólo por hacerla feliz? ¿Aceptaría, señorita? ¿Aceptaría que yo fuera ese hombre? ¿Qué yo fuera su valiente príncipe?

Su tono era afectado y teatral al hablar. Sin duda, él no se consideraba una víctima y por supuesto, no deseaba que ella lo salvara. Tan solo se burlaba, esperando que en un momento de debilidad cayera en la trampa. Pero Sakura no era tan estúpida y a pesar de que por un momento había creído ver de verdad al niño del que hablaba Sasuke, no se dejó engañar.

- Jamás aceptaría -lo dijo con seguridad y él arqueó las cejas, sorprendido por el reto que leía en la mirada femenina. Ella añadió con firmeza-. Nunca me entregaría a alguien a quien no amara.

- ¿No lo haría? ¿Ni siquiera si con ello proporcionara unos pocos días de felicidad a una anciana a la que quizá no sorprenda otra primavera?

Sakura tragó saliva. ¿Qué quería decir con eso, de qué estaba hablando? Tsunade no podía estar tan enferma… Sasuke mentía sólo para atormentarla, ¿no?

- ¿Por qué me dice todo esto? -le recriminó y la voz le vibraba a causa del temor de que sus palabras fueran ciertas.

- Porque es justo lo que quiero proponerle, señorita Haruno –Sasuke sonrió-. Y deseo saber hasta dónde está dispuesta a llegar.

- ¿Usted pretende que yo sea…? -ahora ya no comprendía absolutamente nada. Quizá había tomado demasiado vino. O quizá… Quizá sólo estaba soñando y Sasuke formaba parte de una pesadilla de la que despertaría de un momento a otro.

- ¿Mi amante? -él soltó una carcajada seca que retumbó en sus oídos -. No veo que beneficio sacaría de eso, señorita. Ya le dije que no estaba interesado en ese aspecto respecto a usted, ¿recuerda? En realidad, quiero proponerle algo más provechoso para ambos.

Sakura no dijo nada. Mantenía la esperanza de que aquella pesadilla terminara cuanto antes.

- Le propongo que hagamos que los últimos días de mi abuela sean tal y como ella sueña que sean -explicó con voz neutra y desprovista de emoción, imprimiendo después un tono irónico al continuar-. Una familia feliz, estable… Un nieto formal y una mujer formal a su lado, y con mucha suerte y si el tiempo está de nuestra parte, los pasos de un nuevo Uchiha correteando por los pasillos de su casa. ¿Entiende lo que le pido, señorita Haruno?

Sakura negó con la cabeza. ¿Entenderlo? Se pellizcaba con disimulo para convencerse si aquello era real o no. Seguro sólo la quería como una más de sus amantes, un pasatiempo, un…

- Le estoy pidiendo que sea mi esposa, Sakura Haruno.

Esperen ¡¿Qué?!

cha, cha, cha, channn! ¿shockeadas? hasta yo lo estaria XD ¿Que les parecio?

Oh my god, Sasuke por fin revelo sus verdaderas intenciones. ahora es sólo saber como manejara Sakura la situación.

Algo corto el capitul, lo sé, pero preferi dejar hasta aqui para aumentar la tensión ;)

Por hoy no dire más. quiero que asimilen la noticia n,n

Nos leemos mañana!

Besos, Rossy :)