Capítulo XI
Agápi Mou
A pesar de su amenaza, Sasuke parecía haber sido tragado por la tierra. Sakura se había cansado de vigilar la puerta de la habitación y, finalmente, el cansancio la venció.
Fue ahí cuando entro al mundo de los sueños y tuvo el mejor de su vida.
En sus sueños, Sasuke no era arrogante ni cruel. En sus sueños, él la tomaba en sus brazos con suavidad, le susurraba palabras llenas de ternura al oído y le repetía cuanto la amaba.
"Te amo, Sakura... Te amo... Te amo con todo mi corazón... eres… mi mayor bien."
Despertó sobresaltada al escuchar como la puerta se abría con brusquedad.
Encendió la lámpara de su mesita de noche y se enderezó sobre la almohada, cubriéndose con la sábana hasta el mentón. Echó una rápida ojeada al reloj, las manecillas doradas marcaban las tres de la madrugada.
Desvió la mirada hacia la puerta, observando con disgusto como él recogía el pomo de acero que había caído al suelo a causa del golpe. Lo vio cerrar la puerta tras él, encajándola con impaciencia en el marco de la puerta.
- No estaba cerrada con llave -le informó con una ironía que solo disfrazaba su temor.
- Mañana haré que la arreglen -contestó su marido. Se acercó a la cama para desnudarse y meterse en ella. Sakura apagó nuevamente la luz y cerró los ojos, evitando así la visión de su impresionante anatomía masculina.
Se había prometido que no se rendiría sin luchar. Sin embargo, la respiración de Sasuke acariciaba su nuca con insistencia-. Estaba seguro que cerrarías la puerta con llave, dadas las circunstancias.
Ella percibió el fuerte olor a alcohol que provenía de él y rezó porque él fuera del tipo de hombres que se desvanecían ante su efecto. Por desgracia, Sasuke no parecía ni siquiera afectado. Aquella idea la desesperó.
- Está ebrio -lo acusó con un hilo agudo de voz.
- Claro que no, mi querida esposa. ¿Acaso esperabas tener esa suerte?
Sakura ladeó el rostro sobre la almohada y al hacerlo, sus ojos encontraron los de él en la penumbra.
- Si quiere consumar nuestro matrimonio, puede hacerlo… Puede tener mi cuerpo, Sasuke Uchiha… Pero nunca tendrá mi corazón, ¿entiende? Y nunca, nunca, será mi dueño -lo había dicho todo de golpe, tratando de parecer segura y confiada. Aunque la verdad era que todo su ser temblaba descontroladamente al ser consciente de su proximidad.
- ¿Tu corazón… tu dueño…? -él repetía las palabras imitando el tono de la joven. No pudo reprimir que de su garganta saliera una risa seca-. Querida, no soy tan ambicioso.
Sakura dejó que sus dedos recorrieran las facciones femeninas con lentitud.
Después, aquellos dedos cálidos y fuertes, bajaron por su garganta, cerrándose sobre ella como grilletes que apenas le permitían respirar. Con su mano libre, apartó las sábanas y pasando el brazo por encima de su cabeza, hizo que la luz bañara su figura únicamente cubierta por el recatado camisón de algodón blanco.
Sakura mantenía los ojos fuertemente cerrados. Supuso que aquella noche, él la tomaría para castigarla por haber tenido la osadía de retarlo.
Sería algo rápido y a la mañana siguiente, ninguno de los dos volvería a hablar de lo sucedido… Pero una vez más, Sasuke la sorprendió.
Con suavidad la mano de Sasuke fue bajando lentamente por la cintura de su esposa, hasta llegar a la sinuosa curva antes de llegar a la cadera. Sus dedos largos y fuertes acariciaron en un toque el comienzo de su cadera bajando por su fino muslo hasta el fin de su prenda de dormir. Con una inusitada delicadeza en él fue subiéndole la prenda hasta despojarla por completo de su cuerpo.
Sakura no podía verlo, pero los ojos del hombre relucían como dos brillantes esferas en mitad de su rostro. La observaba en silencio, como analizando cada centímetros de piel, cada respiración y cada movimiento de su acelerado pecho. La miraba intensamente a los ojos, intentando ver una mínima señal que le dijera que ella también deseaba aquello tanto como él.
"Es tan hermosa, tan perfecta y dulce que me duele mirarla...", pensó, tentado por un instante a abandonar sus intenciones iniciales.
- Jamás se lo perdonaré… -la oyó murmurar y todos sus buenos propósitos se esfumaron. Apresó sin piedad aquella boca que se abría para exhalar un suspiro de resignación. Al apartar su boca, vio como ella levantaba sus dedos para tocar los labios lastimados por la brutal caricia.
Las lágrimas rodaban por sus mejillas y le conferían un aspecto tan desvalido que Sasuke tuvo que reprimir el impulso de retirarlas con los mismos labios que habían sido causantes de su dolor. Pero ella se apartó de inmediato, sujetando otra vez la sábana con dedos agarrotados y tensos.
Se quedó estirada desnuda sobre la cama, inmóvil como una estatua, dispuesta a que él cumpliera con su amenaza sin ningún tipo de prohibición por parte de ella…
-Sakura, por favor… No tiene por qué ser de esta manera –dijo Sasuke con la voz ronca por el deseo. Se inclinó sobre ella para admirar embelesado aquellos ojos que ahora se enfrentaban abiertamente a los suyos.
- Sólo puede ser de esta manera -matizó en un tono débil y desilusionado. Mentalmente, añadió: porque no me amas -. Pero juro por Dios que nunca se lo perdonaré.
- ¿Y si te dijera que no aspiro a ser perdonado? ¿Heriría tus sentimientos, Sakura? -su aliento le golpeaba la cara al hablar.
- Nada de lo que diga o haga puede herirme -replicó y añadió para molestarlo agregó-. No tiene tanto poder sobre mí, señor Uchiha.
- ¿Estás segura?
- Ya le digo que…
Sasuke no le permitió continuar. Ya no podía pensar en seguir con aquella ridícula discusión. Sólo quería dejar aquella charla en lo que lo único que lograban eran herirse mutuamente, y sólo lo consiguió al apoderarse nuevamente de sus labios.
Pero esta vez no había rabia en su caricia, sino suavidad, dulzura. Sus manos eran delicadas mientras se movían sobre el cuerpo de ella, descubriendo lugares y sensaciones que Sakura ni siquiera sabía que existían. La mano de su marido reposaba sobre su mejilla, pero lentamente fue bajando hacia su cuello apartando los mechones de su cabello para poder besarla en la curva del cuello. Para otra vez ir bajando más y más.
Él sonrió al escuchar un leve gemido de placer salir de los labios de su esposa cuando sus dedos acariciaron su pecho. La obligó a colocar las palmas en el suyo. ¿Su perdón? No era eso lo que esperaba de ella.
En realidad, no sabía que esperaba de ella… Sólo sabía que percibía cada centímetro de aquella piel tersa y fresca estremeciéndose bajo sus manos.
Lo único que sabía era que tenía que hacerla suya en ese instante o se volvería loco.
La voz de su conciencia le importunó en el preciso instante en que estaba a punto de hacer realidad lo que tanto anhelaba. La miró largamente a los ojos.
- ¿Sakura?
Ella no contestó. Esas caricias que Sasuke provocaba en su cuerpo habían despertado en ella algo tan desconocido que le impedía hablar.
- Mírame, Sakura… ¿Quieres que me detenga?
No, No podía… detenerlo.
Más silencio, más fingida indiferencia que lo enfurecía.
- Bien –concluyó, y ella no pudo ver su expresión seria y dura en la penumbra-. Porque esta noche serás mía, serás mi mujer, mi ángel, mi agonía, y mi paraíso… Y quizá, sólo quizá, me convierta en tu infierno…Pero, ¿sabes qué, Señorita Haruno? ¡Al diablo si eso me importa!
Sakura ya no escucho nada, salvo su propia respiración agitada que se mezclaba con la de él, cuando Sasuke la envolvió en sus brazos para hacerla suya.
Todas las ideas que había preconcebido antes de aquel momento habían sido erradas.
Había pensado que aquello sería un infierno. Como una pena que las mujeres de antaño tenían que soportar en su misma situación.
Un matrimonio arreglado consistía en casarse con un perfecto desconocido y aguantar la "noche de bodas" todo lo que el marido hacía de ellas.
Sin embargo esto era diferente.
Las caricias de Sasuke a su cuerpo no eran, frías, precipitadas ni rudas. Sus manos eran delicadas, lentas, como queriendo disfrutar el momento. Recorriendo cada centímetro de su cuerpo, explorando zonas donde ningún otro hombre había tocado. Y sus labios… Sakura lanzo un gran gemido cuando los labios de Sasuke se posaron sobre uno de sus senos y su boca succionaba su pezón de una manera que hizo que Sakura se olvidara del mundo, olvidándose del tiempo, del lugar, del día, sólo consciente de lo que los labios y mano de su esposo hacían con ella.
- Sasuke…
Todo su cuerpo se estremecía al contacto, su anatomía entera era dominada por un sin fin de sensaciones en las que prevalecían dos principalmente; expectación y por primera vez excitación.
Sintió que iba al cielo, que viajaba a otro mundo, un lugar que jamás imagino que existía cuando él, de manera perversamente lenta fue depositando besos a lo largo de su estómago, vientre y cadera para por último fundir su boca en lo más íntimo de su ser.
Jamás… jamás, en su vida sintió algo como aquello, era lo más atrevido a lo que había llegado con un hombre, pues nunca pensó que esa zona podía ser besada de esa manera, y más dar ese grato placer… ¡Dios! Aquello era el cielo en la tierra, quería sentir más, mucho más… él la besaba por toda su intimidad e introducía su lengua, pero sentía que no era suficiente.
Se sintió insatisfecha cuando de repente Sasuke detuvo su labor, lo que no vio sabia es que su marido se estaba volviendo loco con cada gemido que escuchaba salir de sus labios, la necesitaba, ¡ya!
Lentamente acercó su sexo para finalmente fundirse en ella.
Cuando Sakura sintió como él entraba en ella, el dolor había sido agónico, tanto que estaba segura no había podido ocultarlo tan rápido para que los suspicaces ojos de Sasuke no lo vieran. Nunca antes había sentido algo parecido y, a pesar del dolor, sentía como todos sus músculos internos trataban de adaptarse ante el intruso que invadía su cuerpo.
Después de interminables segundos en donde ninguno de los dos se movió, las caricias se habían renovado. Sintió como los brazos de Sasuke la envolvían para levantarla un poco de la cama y acercarla más a su cuerpo mientras se movía dentro de ella.
- …Eres tan perfecta… magníficamente hermosa….
Aquellas palabras se habían grabado muy dentro de su corazón. Y, pesar de que fueran sólo producto de la pasión y la lujuria del momento. La hacían sentirse más atractiva, más digna de ser su esposa… su mujer.
- Agápi mou… -le susurró al oído.
No entendió eso último… pero no le importó, estaba demasiado perdida en la sensación de tener al hombre que tanto amaba tan unido a ella.
Sus movimientos eran lentos pero profundos, podía sentir como Sasuke chocaba contra su cuerpo similar al movimiento de las olas contra la playa.
Su cuerpo buscaba algo que ella no sabía que era. Una necesidad de subir un poco más, alcanzar un punto indefinido que ni siquiera ella sabía que existía.
Sintiendo por primera vez aquella tersa piel, aquellos músculos que se movían acompasadamente. Las caderas que, poco a poco, aumentaban el ritmo aumentando también el placer que le estaba proporcionando.
- Sa… Sasu… ke… -gemía mientras se sentía llegar.
Tal vez para él fuera un castigo; pero para ella era el paraíso.
Sintiendo como alcanzaba la cima de un universo que no sabía hasta entonces que existía. Gritó su nombre como nunca creía que haría sólo para ser silenciada por sus labios que, eficazmente habían amortiguado el grito de su alma que, fusionada con su corazón. Habían proclamado lo que él desde un principio le había dicho.
Ahora ella era suya en cuerpo y alma y que Dios de apiadara de ella si algún día Sasuke Uchiha le decía que ya no la necesitaba.
Estaría perdida…. Porque para Sakura ya no habría ningún otro hombre más que él.
Nunca…
~•~
Mucho más tarde, mientras él dormía al otro lado de la cama, ajeno a los pensamientos que cruzaban su mente, lloró amargamente. Pensó que jamás se lo podría confesar. No conocía aquel infierno del que él hablaba, pero estaba segura de que no era aquello que él le había hecho conocer.
No podía haber nada de malo en el modo tierno en que la había hecho suya, en las dulces palabras que le susurró al oído, ni en los apasionados besos que le había dado… Sollozó, apretando los labios al comprender que estaba perdida.
Amor… Sasuke Uchiha no la amaba. Por el contrario, ella se había entregado a él con todo su corazón, le había dado su alma y cuerpo. ¿Cuánto tiempo tardaría él en averiguarlo? ¿Cuánto tardaría en darse cuenta de sus sentimientos hacia él...?
Había sido muy claro al respecto… No necesitaba una esposa, no necesitaba un amante, y mucho menos una mujer que lo cuidara y amara con locura. Solamente necesitaba a alguien que cuidara y quisiera a Tsunade durante sus largas ausencias. Él se lo había repetido hasta el cansancio. Por eso la había elegido, porque podía enviarla de regreso en el mismo instante en que su presencia ya no fuera útil.
Para él era su empleada, no su esposa...
Se tapó la boca para ahogar los sollozos.
No quería despertarlo.
No quería que la viera de esa forma tan lamentable...
Sin embargo, Sasuke aún no había logrado conciliar el sueño y solo fingía dormir para no atormentarla más. Rodeó la estrecha cintura para tranquilizarla, pero al notar como ella temblaba, se apartó con brusquedad.
¡Maldita sea! ¿Qué le había hecho? Su llanto era tan angustioso que le desgarraba el alma… Hasta ese momento, ni siquiera había sabido que tenía alma. Un alma y un corazón que palpitaban en su interior ante el descubrimiento de su inocencia.
¿Por qué? ¿Por qué no se lo había contado? Porque no le dijo que nunca había estado con ningún otro hombre, porque no le aclaro que era su primera vez.
Su primera vez… lo supo cuando la vio cerrar los ojos con fuerza y exclamar un quejido de dolor. Y aun así no se detuvo…
Ella era virgen, inocente, pura…. Y él la había lastimado.
La odió y se odió. Odió a todos los Sai del mundo que hacían que las mujeres hermosas y nobles como ella soñaran con entregarse por primera vez a príncipes imaginarios.
Él era lo menos parecido a eso. Era brusco y arrogante. Y la había tratado de una forma que ella no se merecía, solamente se había guiado por sus propios temores sin pensar en los de ella. Le pareció que ese Sai era despreciable, la había marcado sin remedio para toda la vida.
Ahora, ella se sentía humillada y triste. Probablemente, aún suspiraba de amor al recordar la apasionada despedida de aquel miserable… Tal vez había imaginado que eran las manos de Sai las que la acariciaban en la oscuridad, él que le hacía el amor…
La furia se apoderó de él.
- Intenta dormir, ángel mío -escupió las palabras airadas contra su cabello. Y añadió con sarcasmo-. Prometo ser un caballero el resto de la noche y no enojarme si me eres infiel en tus sueños.
Sakura no dijo nada. ¿Qué podía decir? Dejó que él creyera lo que le pareciera. De todas formas, él no le había mentido con respecto a la opinión que le merecía. La consideraba poco atractiva, vulgar y desamparada. Y al llevarla al altar, no le había hecho promesas que no estuviera dispuesto a cumplir.
- Buenas noches… -murmuró y se acurrucó lo mejor que pudo, evitando que sus cuerpos se rozaran. Sasuke no contestó, simplemente hizo lo mismo que ella en su lado de la cama.
~•~
Había amanecido. La luz se filtraba por la ventana.
Sakura abrió los ojos, esperando encontrarlo allí. La decepción se dibujó en su rostro al ver que no estaba. Qué ingenua había sido… Había creído que él recibiría la mañana junto a ella, que la tomaría de la mano y le pediría disculpas por haber sido tan horrible todo el tiempo. Nada más lejos de la realidad. Se vistió con desgana y bajó al comedor, donde Tsunade la esperaba impaciente.
Tomó un sorbo de jugo de naranja a pesar de la inapetencia que sentía y sonrió, aparentando que había pasado una noche maravillosa.
- Dime ahora mismo qué está pasando, ángel -Tsunade agitó su bastón en el aire, incapaz de contener su curiosidad por más tiempo. Sakura abrió la boca para seguir con aquella gran mentira que era su matrimonio. Pero la cerró de inmediato al descubrir la angustia en los ojos de la anciana.
- Y no me mientas, jovencita. Mi nieto tiene aspecto de no haber dormido bien en toda la semana. Y tú tienes el mismo aspecto que él. Y no me vengas con cuentos acerca de vuestra agitada vida nocturna de casados. Porque sé muy bien que hay gato encerrado en todo esto. Ninguna esposa tiene esa expresión triste después de pasar una noche de pasión junto a su esposo. Ninguna...
Sakura no dijo nada.
- Quiero la verdad, niña. Seré vieja, pero no soy tonta… Así que cuéntale a Tsunade qué está ocurriendo, ¿lo harás, verdad?
Sakura se derrumbó. Con la voz apagada por la angustia, le contó la propuesta de Sasuke y como había aceptado, impulsada por el cariño que sentía por ella. Tsunade escuchaba escandalizada su relato y cuando hubo terminado, su rostro parecía haber perdido completamente el color.
Sin embargo, no dijo nada. No le reprochó su comportamiento como era de esperar. Después de unos minutos en sepulcral silencio, le indicó con un gesto que la acompañara al jardín. Se sentó a la sombra de un árbol y le dijo con voz calmada que se sentara junto a ella.
-Te haré una pregunta, pequeña -se dirigió a ella afectuosamente para aliviar su conciencia-. Pero tienes que serme sincera como nunca lo has sido. ¿Lo prometes?
-Lo prometo, abuela -Sakura la miró avergonzada.
- ¿Estás enamorada de Sasuke?
Sakura titubeó un instante.
- Sí… sí, lo amo con locura, como nunca ame a nadie en mi vida -contestó, abatida por el peso de aquella realidad-. Pero él no debe saberlo, abuela… Júreme que no se lo contará.
- Mi dulce niña… -la estrechó contra su pecho, sonriente-. Eres tan inocente… ¿a pesar de todo, aceptaste esta locura por mi enfermedad? ¡Bendito Sasuke!
Sakura no comprendía nada. Sólo sabía que Tsunade estaba feliz porque amaba a su nieto mientras que para él, ella no era más que otra de sus propiedades. Todo era muy extraño...
- Y dime, ¿cómo esperas ser feliz si estás tan convencida de que Sasuke no te quiere? -preguntó la mujer, divertida.
- Soy feliz por estar aquí, abuela… -musitó-. Yo sólo quiero…
- ¿Que te amé? –Tsunade le palmeó la mano con cariño-. Niña, ese nieto mío tiene mucha suerte, ¿lo sabes? Deja de preocuparte tanto... Sasuke tiene los mismos hermosos ojos que su abuelo y padre… Pero no sabe mirar con ellos. ¿Comprendes lo que quiero decirte, ángel?
No tuvo tiempo de responder ya que Shizune las interrumpió inesperadamente.
- Hace un día precioso, ¿no te parece, mi buena amiga? -Tsunade estaba radiante de felicidad, lo cual sólo desconcertaba más a la joven que la observaba sin entender.
- Cierto, señora -se volvió hacia Sakura - Señora Uchiha…
- Ay, Shizune, déjate de tonterías… Sigue siendo nuestra Sakura -la miró y al ver como ella asentía, las dos rieron al unísono.
- Bueno… Sakura -rectificó Shizune-. El señor quiere que vaya a verlo a su despacho.
Sakura contuvo el aliento y Tsunade la instó a ir.
- Vamos, no tengas miedo… -la empujó con suavidad-. Tu esposo te llama.
- Pero yo… -supo que Tsunade deseaba que arreglaran sus diferencias en privado. Así que hizo lo único podía hacer. Acudir obedientemente a su llamada.
Sasuke aguardaba sentado cómodamente en su sillón. Clavó los ojos en ella cuando la vio atravesar la puerta para acercarse hasta donde él la esperaba.
- ¿Has dormido bien? -si había sarcasmo en su voz, ella no lo percibió. Aunque sí percibió la frialdad de su mirada. Su corazón se encogió al comprobar que nada había cambiado.
- Muy bien, gracias -mintió. Pensó con tristeza que mentir se había convertido en un hábito para ella-. ¿Deseaba hablar conmigo?
- Siéntate -ordenó y Sakura casi cayó sobre la silla que Sasuke señalaba, justo frente a él donde jugueteaba con uno de sus lápices, haciéndolo rodar por la mesa una y otra vez.
Ella no podía apartar la mirada de aquellos dedos que la noche anterior habían arrancado de su garganta suspiros de placer. Tragó saliva con nerviosismo-. Te he hecho venir porque tengo intención de ausentarme durante una temporada.
- ¿Ausentarse? -Sakura no pudo evitar que su voz sonara afligida.
- Eso he dicho -el lápiz se partió en dos y Sasuke lanzó ambos pedazos a la papelera con inesperada brusquedad-. ¿No te alegras, querida?
- ¿Alegrarme?
- ¡Por el amor de Dios! ¿Piensas repetir todo cuanto diga? -él parecía enfadado.
- Lo siento -se excusó, sin poder apartar de su mente la idea de que él se marchaba por su culpa.
- ¿De veras? -Sasuke se mostraba ahora sarcástico-. No veo porqué habrías de sentirlo.
- Porque yo…
- ¿Por qué usted que, señorita Haruno? -la invitó a acabar su frase, escudriñando su expresión.
¿Señorita Haruno? Él volvía a tratarla con esa fría distancia.
- Porque yo… Lo he decepcionado -dijo y se arrepintió en el mismo instante en que escuchó su risa irónica.
- ¿Eso crees? -él estaba furioso-. ¿Por no responder a mis exigencias?
- Es que yo… -intentó defenderse, pero él era un adversario veloz y no la dejó continuar.
- Debiste decirme que nunca habías estado con un hombre -le recriminó, abandonando su asiento y sujetando su mano cuando ella hizo ademán de levantarse.
- ¿Y de qué hubiera servido? -inquirió, avergonzada por la intimidad de su mirada.
- Habría sido más delicado. Habría… -él se detuvo. Comprendió que nada de lo que dijera haría que ella cambiara la opinión que tenía de él-. Debiste contármelo, Sakura
- Yo…
- Está bien. Supongo que el que me vaya bien lejos por un tiempo será una especie de recompensa por lo de anoche -al ver como ella enrojecía, añadió. -Como ves, estoy tratando de demostrarte que te trato como si me importaran tus sentimientos. En el fondo, ese Sai y yo no somos tan distintos, ¿no te parece? Los dos hemos intentado hacer lo correcto con respecto a ti.
- No es necesario que se marche… -murmuró, a sabiendas de que la noticia entristecería a Tsunade… y a ella misma.
- ¿No lo es? -Sasuke arqueó las cejas con sarcasmo-. Dime una cosa, ángel. ¿Cómo piensas que podemos llevar esta situación? Ya te advertí que no era un hombre paciente. Y lo lamento, querida. Pero tomar casi por la fuerza a mujeres que llevan mi apellido y duermen en mi cama, no me parece un pasatiempo interesante.
- ¿Por eso se va? ¿Para buscar otras mujeres? -le reprochó, sintiendo que los celos la invadían.
- Tal vez. ¿Te molesta?
- Puede hacer lo que quiera -lo retó, muriéndose de celos en su interior al imaginar que esos eran sus planes.
- Perfecto, porque es justo lo que haré. En realidad, querida, no pretendo pasar el resto de mis noches haciéndole el amor a una estatua. Y por descontado -añadió con una crueldad que le heló el corazón-. No quiero interponerme ni por un momento entre tus fantasías sobre Sai y tú. Ya he tenido suficiente de eso, créeme.
Sakura estuvo tentada a decirle que no era Sai con quien había soñado toda la noche. Pero pensó que si era lo bastante necio para no ver la realidad cuando la tenía delante de sus ojos, no serviría de nada. Nunca creería que lo amaba. Y lo que era peor, nunca la amaría.
Sasuke le entregó un sobre que contenía algunas cosas. Sakura las examinó con espanto. Había comenzado. Él se daba mucha prisa en recordarle que su matrimonio no era más que un negocio conveniente para ambos… ¿para ambos? Reprimió el impulso de lanzarle todo aquello a la cara.
- Ahí tienes una tarjeta de crédito a tu nombre y las llaves de uno de los coches. Supuse que no querrías conducir un auto muy grande, así que le he pedido a Iruka que prepare uno de los pequeños –Su voz sonaba como si recitara de memoria, desprovista de emoción-. Por supuesto, puedes tomar el que quieras. Si no sabes conducir, él tiene instrucciones de llevarte a cualquier parte que desees. Y creo que eso es todo.
¿Eso era todo? ¿Coches, dinero…? ¿Era todo cuanto podía ofrecerle? La idea la desalentó.
- ¿Cuándo regresará? -preguntó con la mirada empañada por las lágrimas. Se restregó los ojos instintivamente al ver como él fruncía el ceño.
- Aún no lo sé. Tengo que arreglar algunos asuntos importantes -él estudiaba su expresión al hablar-. Un par de semanas, un mes… ¿Desilusionada? No sufras, Sakura. Quizá cuando vuelva, ya no me resultes lo bastante interesante. Quizá incluso puedas usar uno de esos bonitos camisones nuevos sin temor a que tu horrible marido lo destroce con su brutalidad.
Ella no dijo nada.
- Puedes retirarte, querida. No espero que me despidas como a tu lindo cuñado. Soy muy consciente de que no me encuentras tan irresistible -apartó su mirada de ella y se concentró en los papeles que había sobre su mesa.
Así que ella obedeció sus deseos y no le molestó en las horas que siguieron. No se había movido de su sitio mientras lo veía merodear con impaciencia por toda la casa. Tsunade le había pedido que le leyera durante un rato y aunque ninguna de las dos prestaba atención a la lectura, las dos fingían estar enormemente interesadas.
- ¿Cuánto tiempo estarás fuera, Sasuke? -preguntó la anciana cuando su nieto se acercó para besarla en la mejilla. Él contestó con una elevación de hombros-. Ya sabes que no me gusta que pases tanto tiempo fuera de casa. Y además, ¿te parece apropiado que un esposo deje sola a su mujer apenas unos días después de la boda?
- Abuela… No soy el único esposo del mundo que tiene que atender sus negocios. Y por otro lado, soy el único esposo que tiene la suerte de haberse casado con la comprensiva señorita Haruno -la miró de forma extraña al hablar-. Estoy convencido de que mi adorable mujercita encontrará algún entretenimiento en mi ausencia, ¿no es así, querida?
Sakura le dirigió una sonrisa forzada que ocultaba su tristeza. Lo vio caminar despacio hasta Iruka, que le esperaba con la puerta del vehículo abierta.
- ¡Corre! ve a despedirte de él, niña… -la apremió Tsunade con picardía.
- Yo…
- No tengas vergüenza, ángel. Date prisa -insistió y ella arrastró los pies con lentitud, tomando la misma dirección del hombre. Sasuke se volvió hacia ella, con un gesto mezcla de sorpresa y algo más que ella no supo descifrar.
- Sólo quería desearle un buen viaje -murmuró, incapaz de sostener la mirada de aquellos ojos que parecían querer leer en el interior de los suyos.
- Qué detalle -contestó él con acritud-. Conseguirás que me emocione, Sakura.
- Ya sé que no le importó nada referente a mí, pero yo… -sus labios palpitaron cuando él los silenció, colocando su dedo sobre ellos.
Sasuke la miró largamente y sin decir una sola palabra, apresó sus labios con ferocidad, con pasión, para después soltarla con brusquedad.
- Puede que me odies, Sakura -su voz era ronca y sus ojos ardían-. Puede que ese estúpido de Sai sea el hombre de tus sueños. Y puede que Naruto pintara ese maldito retrato y te hiciera suspirar como una adolescente enamorada. Pero yo me casé contigo. Yo soy tu marido. Así que recuerda que eres mía.
Dijo las últimas frases enfatizando especialmente las palabras.
- No lo olvides.
Sakura lo vio meterse en el coche con tanta rapidez que se diría que la mera visión de las lágrimas femeninas lo había perturbado. Sin embargo, Sasuke no lanzó ni siquiera una mirada hacia atrás mientras se alejaba en su elegante vehículo.
Hello everybody!
Al llegarme sus reviews pude notar cierta melancolía, así que a modo de alegrales un poco, decidi postear capitulo doble n.n (Este es mas largo, asi que es doble)
Espero y disfruten un monton de este capitulo, ya que he vuelto a meter mano y poner mi aporte en gran parte.
Gracias a todos los nuevos que la han puesto en alerta, TwT lloró de felicidad. Hoy no podre contestarles. Lo hare mañana. quiero que asimilen lo que paso n.n .gracias a todos los que me siguen y me dejan sus opiniones por cada review que me escriben n.n
Nos vemos,
Rossy :)
