Capítulo XIV
Mi mayor bien
- Sasuke...
Giró sobre los talones al escuchar la voz de su primo. No recordaba cuanto tiempo llevaba allí, plantado frente a la ventana, observando hipnotizado el jardín donde ella se había sentado cada mañana a leerle a Tsunade con su hermosa voz. La rabia y el dolor lo carcomían por dentro. En unos meses, ella se marcharía… Lo dejaría para estar con Naruto, para entregarse a él… Tal vez para darle un hijo deseado por ambos… Vio cómo su primo le tendía la mano con una sonrisa. Él la ignoró deliberadamente.
- He venido a despedirme. Me vuelvo a Nueva York -anunció, frunciendo el ceño al ver que su primo no contestaba - ¿Sasuke?
- ¿Quieres que te desee suerte? –le preguntó al fin con aspereza.
- Honestamente esperaba que lo hicieras –Naruto sonrió abiertamente-. Sasuke… sé que aún estás enojado conmigo por lo que pasó… Pero te casaste con una mujer hermosa y buena que espera un hijo tuyo. ¿No podrías olvidar el pasado y desear lo mismo para mí?
- ¿Y renunciar a ella? -bramó y por un instante, el loco deseo de apelar a su conciencia se apoderó de él. ¿Y si su primo siguiera siendo en el fondo aquel niño que había crecido junto a él? ¿Y si le importara su felicidad lo bastante como para sacrificar sus propias necesidades…?
Tenía que intentarlo-. Naruto… Nunca te he pedido nada, ni siquiera cuando decidiste que no querías ocuparte de los negocios de la familia y me obligaste a hacer todo solo… Y sabes que soy demasiado orgulloso para suplicar por algo...
- Sasuke, ¿qué…? –dijo Naruto con el ceño ligeramente fruncido.
- Déjame terminar, porque te aseguro que esto no es nada fácil para mí -se pasó la mano por el cabello, inseguro y dudoso.
Naruto reparó en su gesto.
¿Sasuke estaba inseguro? ¿Estaba dudando de algo? Eso sí era muy gracioso. Sasuke Uchiha, el hombre que jamás dudaba estaba nervioso con él. Lo dejó continuar, curioso por lo que seguiría diciendo.
- Naruto… ¿La quieres realmente? ¿La amas con toda tu alma? Te prometo que no te odiaré por ello, pero tienes que decirme la verdad. Tienes que estar seguro de tus sentimientos…
- ¿Si la amo? -Naruto se había dado por vencido. Se consideraba un hombre más o menos inteligente, pero aquello se escapaba a su comprensión. Le pareció conmovedor que Sasuke se preocupara por él, pero esto era… excesivo-. ¿Por qué te preocupan tanto mis sentimientos, Sasuke?
- Porque yo… Yo la amo, ¿sabes? La amo con locura, la amo como a nunca creí amar a una mujer en mi vida –listo, lo había dicho.
Tomó aire con fuerza, sintiéndose aliviado al expresar por fin lo que su corazón le gritaba incesante desde hace semanas-. Estoy dispuesto a apartarme de sus vidas si me aseguras que esto no es otra de tus aventuras. Pero sí lo es… Si no la quieres lo suficiente, si no la quieres tal como ella se merece, yo… Sé que puedo hacer que me ame, no de la misma forma que te quiere a ti. Pero soy capaz de hacer cualquier cosa por ella... si solamente tuviera una oportunidad de demostrárselo, si sólo podría tenerla a mi lado haría lo que sea para hacerla feliz… me convertiría en lo que ella quiera que sea con tal de tenerla a mi lado, con tal de hacer de su vida algo maravilloso... pero si ella te elige a ti y prefiere irse contigo, prometo que no la detendré, yo sólo… sólo quiero que ella sea feliz y para eso tengo que estar seguro que tú la cuidaras y la protegerás de todo. Que será dichosa a tu lado.
Naruto se había perdido en la primera frase de su confesión. ¿Sasuke se había vuelto loco de remate? ¿O se le había ido la mano con el vino del almuerzo?
-¿Qué... qué di-jiste…? -tartamudeaba, sacudiendo la cabeza confundido-. ¿Qué es todo esto…? Sasuke, ¿Cómo...? ¿Cómo que... amas a Hinata?
Sasuke apretó los labios, furioso. ¿Qué clase de broma le gastaba, no comprendía que aquel no era el momento indicado para revivir viejas historias que ya no le importaban? ¿No se daba cuenta que lo que él le estaba confesando no era para tomárselo a broma?
- ¿Qué tiene que ver Hinata en todo esto, Naruto? -le interpeló, furioso y confuso a la vez.
- Dijiste que… me dijiste que si yo no la quería, tú podías hacerla feliz, que…
-No estaba hablando de Hinata.
- ¿Entonces, de quién? –le gritó Naruto, incapaz de descifrar aquel acertijo.
- ¡Por todos los Santos, de Sakura! -contestó Sasuke en el mismo tono desesperado. De repente, Naruto lo comprendió todo.
- ¿Sakura-chan...? ¿Estás hablando de Sakura-chan? ¿Sakura tu esposa?
Sasuke lo miro fijamente, desesperado y confuso ante la actitud de su primo.
¿Se estaba burlando de él? ¿Era imbécil o simplemente su primo era más lento de lo que creía? Indeciso, asintió lentamente expectante a las próximas palabras de su primo.
Naruto inmediatamente estalló en carcajadas, ignorando el modo en que le fulminaba con la mirada vidriosa de rabia.
- ¿Qué es lo que te parece tan gracioso, primito?
Naruto se sujetaba el estómago con ambas manos, divertido, mientras con se intentaba apoyar contra el marco de la ventana.
- Muy gracioso, sí… que cómico... Creías que yo… que ella y yo… que Sakura-chan...
- Ya veo que sigues siendo el mismo payaso egoísta y mimado de siempre… -Sasuke estaba a punto de marcharse para evitar males mayores, suficiente tenía con admitir que ella lo prefería a él, no soportaría una burla más, pero su primo lo retuvo.
- ¡Espera! Hablemos con ella… Creo que tenemos que aclarar algunas cosas, Sasuke.
- ¿Para qué? ¿Para que sigas burlándote? ¿Para escuchar cómo le haces promesas que no piensas cumplir y ver como destruyes su vida? - negó con la cabeza-. No creo que sea una buena idea. Tengo tantas ganas de matarte que temo que no pueda contenerme si sigo cerca de ti un segundo más.
- Sasuke, ¿quieres matarme porque Hinata y yo hemos hecho las paces? Creí que por fin te habías admitido a ti mismo que lo que sentías por ella no era amor.
- ¿Hinata? Ya te he di… -Sasuke se detuvo. Naruto parecía muy tranquilo, dadas las circunstancias. ¿Qué significaba todo aquello? ¿Por qué no parecía ni siquiera arrepentido? - Un momento… tú no…
- Exacto, Sasuke. Yo no. Y Sakura-chan tampoco. Nunca te hemos traicionado. Nunca podríamos hacerlo. -le palmeó el hombro afectuosamente-. No entiendo cómo se te ha ocurrido que teníamos una aventura.
- Pero dijiste que ella te amaba… que había confesado sus sentimientos. Ese día cuando llegue te escuche decir que ella te amaba…
- Sasuke, me refería a Hinata, por supuesto. Le conté a Sakura-chan que habíamos decidido darnos otra oportunidad. Yo siempre amé a Hinata, eso no es secreto para nadie.
- ¿Hinata y tú?
- Claro, primo. ¿En serio pensabas que una mujer como Sakura-chan se enamoraría de alguien como yo? -Naruto bromeaba, pero su expresión se volvió seria al ver la incredulidad en su rostro-. ¡¿Realmente no te has dado cuenta, Sasuke?! ¡Es a ti a quien ama! –Naruto suspiró - Si me permites que te lo diga, con todo el cariño que te tengo, eres un grandísimo y reverendo idiota.
- ¿Ella…? -Sasuke se sintió el ser más despreciable y retorcido del planeta.
Todo ese tiempo había creído… todo este tiempo él… Dios, ella nunca le perdonaría el modo en que la había tratado. A ella… a su ángel. ¿Se podría ser más estúpido?
- Sí, primo. Te ama. Y que alguien por favor me explique el por qué. No eres amable, no eres cortes, no eres galante con ella, y la mayoría del tiempo te comportas como el mayor de los bastardos, pero aun así, ella te ama con todo y cómo eres. No sé lo que vio en ti, pero debió ser algo que sólo una mujer tan especial como ella vería… -Naruto le propinó una última palmadita en la espalda –. Bueno, tengo que irme. Cuida bien de tú esposa, Sasuke. Y avísame cuando llegue el momento de conocer a mi sobrino. ¿Lo harás?
Pero Sasuke no contestó. Se quedó estático en medio de la habitación, pensando cómo se iba a enfrentar a ella. ¿Qué podía hacer para recuperarla, para hacerla olvidar todas sus ofensas, todas sus humillaciones, para arreglar la situación…? Tenía que pensar algo… Y tenía que hacerlo rápido. Porque si la perdía, él también estaría perdido para siempre.
~•~
Sakura convenció a Tsunade para que la dejara bajar al salón. Habían pasado dos días desde que Sasuke se fuera tras Naruto y ella no podía dejar de pensar que aquello significaba el fin de su vida. Todo había terminado.
Él regresaría para anunciarle que quería disolver su matrimonio para comenzar su vida junto a otra mujer. Casi podía verlo, entregándole unos cuantos cheques y haciéndole la promesa de que nada iba a faltarle al hijo de ambos. Sabía que él nunca eludiría su responsabilidad como padre. Pero era un estúpido si pensaba que iba a aceptar su caridad. De hecho, ya había enviado una carta a su tía para decirle que fuera preparando su vieja habitación.
Todo estaba decidido.
Criaría a su hijo sola. No necesitaba su ayuda, ni su dinero, ni nada que viniera de él. Lo único que deseaba de Sasuke Uchiha era algo que él no podría darle jamás. Y si no podía tener su amor, prefería no volver a verlo por lo que le restaba de vida.
Con esa idea desalentadora y sumamente dolorosa, se tendió en el sofá y se dispuso a leer un buen rato. Tsunade estuvo sentada a su lado durante bastante tiempo, pero después de que ella le asegurara que se encontraba bien y que la anciana comprendiera que necesitaba estar sola, se retiró a descansar a su habitación.
Las luces de la casa se fueron apagando una tras otra y poco a poco, el sueño se apoderó de ella. No supo cuánto tiempo había pasado, pero el roce de unos dedos en su hombro, la sobresaltó y la hizo abrir los ojos. Sasuke estaba de pie frente a ella y había cubierto su cuerpo con una manta. La observaba fijamente, de un modo tan extraño y distinto que ella pensó que no era el mismo hombre que ella conocía.
No parecía furioso. No había sarcasmo en aquellos ojos curiosos que estudiaban sus facciones en la penumbra. No había ironía en los labios que se torcían ligeramente para formular una disculpa que no precisaba palabras.
- Hace frío -lo oyó murmurar y ella se acurrucó bajo el abrigo que él le había proporcionado-. Deberías estar en la cama.
La cama está vacía sin ti, quiso decirle, aunque sabía que de nada serviría suplicarle si él ya había hecho su elección.
- ¿Puedes subir sola? ¿Necesitas que te ayude?
Sakura suspiró. Era obvio que él se preocupaba por el bienestar de su hijo, pero saberlo no la consolaba.
- Puedo sola, gracias -replicó, dolida porque para él, ella no era más que el valioso recipiente que contenía al siguiente heredero Uchiha-. Solo me apetece estar sola y seguir con mi lectura.
Sasuke echó una ojeada al libro que había caído a sus pies mientras dormía. Lo recogió y lo colocó junto a ella con amabilidad.
- Estabas dormida cuando llegue -señaló.
Ella no le creía.
- No es cierto.
- Sí que lo estabas, cariño - insistió él y suavizó su tono de voz al ver como ella enrojecía-. Sakura… No discutamos, ¿de acuerdo? Me sentaré aquí y estaré muy callado mientras acabas tu libro.
- Ya te he dicho que no te necesito para subir al dormitorio -protestó, furiosa porque él la trataba como a una niña desobediente.
-Y yo te he oído, ángel -pronunció la última palabra en un tono que ella no pudo descifrar-. Pero de todos modos, me quedaré.
- No quiero que lo hagas... -susurró, fingiendo indiferencia cuando él se hizo un hueco en el sofá y tiró de ella para obligarla a recostar la cabeza en sus muslos. Sakura contenía la respiración mientras él le acariciaba el cabello con ternura. ¿Qué estaba sucediendo?
- Pero quiero hacerlo, mi querida, pequeña y protestona esposa -Sasuke hablaba en voz baja para no despertar a los demás-. Estoy muy cansado, ángel. Mi viaje ha sido precipitado y lleno de sorpresas. ¿No podríamos quedarnos así toda la noche? Velaré tus sueños y mañana podremos pelear cuanto quieras, te lo prometo.
- ¿Mañana? -ella alzó la barbilla para mirarlo directamente-. ¿No vas a marcharte?
- ¿Y adónde me tengo que ir, Sakura? -su risa le acarició el rostro-. Este es mi hogar.
- Pero Naruto… Él y Hinata…
- Están por casarse y sinceramente espero que sean muy felices. Pero no puedo quedarme en Nueva York sólo para vigilar que sea así, ángel -explicó él, condescendiente.
Sabía que también ella se hacía mil preguntas acerca de su repentino cambio de actitud. Le pareció que estaba deliciosa, inclinada sobre él y tratando de zafarse de sus brazos mientras su mente trabajaba a toda velocidad para encontrar las respuestas-. No sufra más, señorita Haruno. He sido un niño bueno y he hecho las paces con mi primo.
- ¿No estás enojado? -preguntó, sorprendida.
-Claro que no -Sasuke tenía ahora los ojos cerrados y el rictus severo que solía ensombrecer sus facciones, había desaparecido.
- ¿Y no vas a divorciarte de mí? -su voz sonó apagada y ocultó la mirada para que él no viera las lágrimas que humedecían sus abrió los ojos y los clavó en ella, oscuros, brillantes…
- Lo haré si eso te hace feliz -contestó sin apartar la mirada de ella-. Pero antes… Quiero enseñarte algo.
Sasuke se levantó y encendió una de las luces para que ella admirara bajo la tenue luz, el lienzo que le mostraba. Era el retrato que Naruto había pintado de ella, aquel que él tanto había tratado de desvalorizar.
Sakura se cubrió los labios con la mano, conmovida y confusa ante el gesto. Su esposo retiró con la punta de sus dedos las lágrimas que rebeldes corrían por las mejillas de ella.
- Es para ti -anunció Sasuke, analizando su reacción-. Se lo compré a Naruto cuando lo acompañé a Nueva York.
- Te lo hubiera regalado si se lo hubieras pedido con amabilidad… -le reprochó, imaginando que habría hecho gala de sus peores modales al exigir a Naruto que devolviera el cuadro a la casa.
- Y lo hizo -la sorprendió nuevamente-. Pero recordé lo que dijiste. Querías que el cuadro fuera un comienzo para Naruto. Querías que él supiera cuánto valía su trabajo y que se sintiera orgulloso de ello. Y por otro lado, no sé me ocurría otro lugar mejor para él que nuestra casa. Así que lo compré. Ahora es tuyo, ángel. Y esto también…
Tomó su mano y le abrió la palma con cuidado, depositando en ella el colgante que su primo le había regalado en una ocasión.
- ¿Me lo devuelves? -inquirió sin comprender.
- Así es. Naruto tenía razón - sonrió-. Su amuleto me dio suerte. Pero ahora ya no lo necesito.
- ¿Te dio suerte? -Sakura se puso de pie. La manta cayó entre los dos y Sasuke se agachó para recogerla. Al erguirse, la envolvió en ella y su mentón rozó levemente la mejilla femenina.
- Sasuke... ¿por qué estás aquí? -se atrevió a abordarlo sin tapujos. El corazón le latía con fuerza, esperando que aquello no fuera otro de sus sueños. Él estaba allí, la abrazaba y la protegía del frío con su propio cuerpo. Y la miraba como si hubiera algo hermoso en ella que le impidiera apartar sus ojos.
- ¿Aún no lo sabes, ángel? -lo oyó susurrar en su oído-. Porque aún conservo la esperanza de que me puedas perdonar algún día todas las cosas horribles que te he dicho, porque llevas un hijo nuestro en tu vientre, porque quiero cuidarte y honrarte y ser el mejor padre, y el mejor esposo… Y no nos olvidemos de mi abuela. Ella me mataría si no fuera capaz de hacerte feliz.
-Oh… Eres muy elocuente, Sasuke Uchiha-le espetó furiosa, intentando deshacer el abrazo que la mantenía prisionera. Pero él la estrechó con más fuerza-. ¿Y qué me dices del amor? ¿No lo consideras imprescindible para que nuestro matrimonio funcione?
- Por supuesto, mi amor -Sasuke la besó apasionadamente y después, separó sus labios para observarla con fijeza-. Es mi más firme propósito convertirme en alguien digno de ti y de tu amor. Porque te aseguro, Sakura Haruno… que mi amor ya lo tienes.
- ¿Tú… -Sakura sintió que le temblaban las rodillas al asimilar lo que él estaba tratando de decirle- …me amas?
- Desde que vi tus ojos -Sasuke recorrió las facciones de ella con adoración, dejando que sus labios descansaran en el hueco de su cuello-. Incluso después, cuando inventé toda esa historia de nuestro matrimonio para agradar a mi abuela, sabía que nunca me libraría de ti. Sólo sabía que tenía que retenerte junto a mí, a cualquier precio, tenía que tenerte a mi lado hacerte mía aunque sea a base de algo tan descabellado…
-¿Por qué no me lo dijiste?
- Porque soy Sasuke Uchiha, querida -la besó nuevamente y esta vez, ella le retuvo el rostro muy cerca. Quería cerciorarse de que el amor que leía en sus ojos era real-. Yo no sé decir 'te amo, te necesito' como los demás hombres, ¿comprendes, Sakura? Pero puedo sentirlo tan hondo y profundo, aquí en mi corazón, como cualquier persona…
Ella puso sus dedos en el pecho, justo donde él señalaba. Él cubrió los dedos con los suyos y los arrastró, haciendo que ella rodeara su nuca y se pegara más a él.
- ¿No lo sientes? -Sasuke le hablaba al oído-. Eres tú, agápi mou, la que lo hace latir... la que lo hizo volver a latir.
Sakura suspiró. Pensó en lo que otras mujeres probablemente harian en su situación, despúes de haber pasado por un trato como aquel, cualquier mujer se marcharía, huría o como minimo, le haria tragar todas esas palabras y simplemente lo ignoraria. Pero ella no, no podría hacerlo, estaba demasiado feliz con lo que estaba escuchando, y demasiado cansada de ocultar sus propios sentimientos, ella lo amaba, lo amaba tanto, y el escuchar esa confesión fue como un balsamo para las heridas de su corazón. Así que, para que seguirse torturando con la indiferencia.
- Entonces… ¿me amas? -aun así, la asaltó la maliciosa idea de burlarse de la misma forma que Sasuke solía hacer con ella-. ¿A pesar de ser protestona, poco atractiva, vulgar y…?
- A pesar de todo eso, querida -Sasuke luchaba por silenciar sus labios con su boca ansiosa. Pero ella se resistía, consciente del nuevo poder que ejercía sobre él. La maravilló la urgencia de sus caricias.
- ¿Y serás una buena persona a partir de ahora y dejarás de mirar a todos con esa expresión arrogante y altanera?
-Ah, Sakura… Eso son muchos propósitos para una sola noche, ¿no te parece?
Sakura le ofreció sus labios, sonriendo al escuchar el ronco gemido que se escapaba de él al verse privado de ellos.
- Entonces, con gusto seré tu esposa -le concedió de buen humor.
-Querida… Ya lo eres, ¿recuerdas? -la levantó en sus brazos, ascendiendo con lentitud los peldaños de la escalera-. Mi esposa… y un hermoso ángel que la buena suerte trajo hasta mí… Mi propio ángel. El ángel de Sasuke.
Sakura rió bajito. Pensó que finalmente, el amuleto de Naruto también había cumplido sus expectativas. Tendría que avisarle a su tía. Al menos durante un tiempo, no tenía intención de visitarla…
Al otro lado del pasillo, dos mujeres bostezaban y se ocultaban en la penumbra para no ser vistas.
- Ay, señora… Nos van a ver… -Shizune presionó su mano para obligarla a entrar en el dormitorio. Pero Tsunade negaba con la cabeza.
- Sshhh… Míralos, Shizune… -su expresión era risueña-. Al menos, quiero tener un par de bisnietos, una niña y un niño… ¿Crees que esos dos estarán de acuerdo?
- Seguramente, señora… Pero entremos, nos descubrirán…
- No, no lo harán -la anciana sonrió, divertida-. Mi nieto se cree muy listo, Shizune. Pero sólo es un bobo enamorado. Dime una cosa, ¿te parece que debemos contarle que quemamos todas las demás solicitudes que recibimos cuando puso ese anuncio?
Shizune la miró horrorizada.
- Ay, Dios mío, no… Sasuke es muy capaz de encerrarnos a las dos en un manicomio si se entera.
- ¡Tonterías!... Pero tienes razón. Será mejor que no se lo digamos -Tsunade le palmeó la espalda-. Mi vieja amiga… Hemos hecho un buen trabajo, ¿no crees?
- Sí, señora.
Sakura le hizo una señal a Sasuke para que guardara silencio antes de que cerrara la puerta. Él sonrió para sus adentros. Imaginaba a aquellas dos ancianas, conspiradoras e intrigantes, escondiéndose para planear su siguiente estrategia… ¡Benditas fueran las dos! Se dijo que algún día les contaría la verdad.
Se dijo que algún día que él había descubierto sus planes, y tal vez les confesaría el suyo…
Pero ahora… Ahora sólo quería mirar su esposa y hacerle el amor hasta el amanecer. Tocar cada centímetro de su piel, de unirse a esa mujer que por obra y gracia divina la vida había puesto en su camino.
Y así fue como transcurrió la noche. No era la primera vez que hacían el amor, pero ciertamente era la primera vez que se sentía tan puro y tan mágico, sin secretos, sin pensamientos negativos o sentimientos reprimidos por miedo a no ser correspondidos, esta vez se amaron hasta la saciedad, marcándose como suyos el uno al otro. Y fue ahí cuando ella vio en sus ojos el inmenso amor que le profesaba.
- Ángel mío… -murmuró mirándola fijamente a los ojos – gracias… gracias por llegar a mi vida y ser… mi mayor bien.
Sakura sintió que podía morir de tanta felicidad, aun le parecía increíble lo que veía en los ojos de su marido, aun le parecía sublime el verse en sus brazos siendo amada como siempre lo soñó, con el amor de su vida estrechándola contra su cuerpo, sintiéndose por fin en casa. Quería hablar en ese momento y hacerle un montón de preguntas como muchas confesiones, pero en ese momento no, en ese momento sólo disfrutaría, después de todo, tenían una vida entera para hablar. ¿Cierto?
Al fin! al fin se aclaro todo el embrollo, muchos querian que se solucionaran las cosas y sus deseos no se hicieron esperar. Ya hasta querian golpearlos, no? XD
Ante todo, mil disculpa por la hora, pero por unos inconvenientes no he podido subirlo más antes, y como en estos momentos me queda poco tiempo, no les podre responder a sus reviews el dia de hoy.
Sólo puedo darle las gracias a todos los que me escribieron y disfrutaron con el capitulo anterior n.n
Y esta es la ultima vez que digo "hasta mañana", el proximo capitulo es el epilogo :') se acerca el final!
Besos y abrazos para todos!
Rossy :)
