Capítulo 1: El verdadero comienzo de todo

— Wow…

— Lo sé — contesté yo inmediatamente, fue justo igual cómo la primera vez que nos besamos delante de todo el instituto durante nuestra candidatura.

Besar a Karma había subido posiciones rápidamente en mi lista de cosas favoritas ganándose el puesto número uno, por delante incluso de ver maratones en Netflix y molestar a Lauren hasta dejarla en evidencia. Seguía mirando a mi mejor amiga a los ojos después de nuestro beso, lo único bueno que he sacado de haber aceptado hacer un trío con ella y ese chico que tanto le gusta. Liam. Oh, dioses… ¡Liam! Miré hacia él y vi que se dirige sin titubear hacia donde estoy yo y me agarró con fuerza. Me agarró con fuerza y me besó con urgencia. Nada que ver con el dulce beso que había compartido segundos antes con Karma… Cuando el beso terminó, él me miró y yo miré a Karma que estaba temblando con nerviosismo.

— ¿Sabéis qué? No puedo hacer esto… lo siento mucho. — cogió la gabardina, se la puso malamente y me abandonó junto a Liam, los dos sorprendidos y perplejos, en medio de esa habitación cutre de motel de poca monta.

Salí tras ella en la noche, pero no la encuentré. En el parking sólo estaba el coche de Liam, yo vine con ella en el suyo así que espero que el chico sea lo bastante amable cómo para llevarme a casa.

— Hey…— susurra alguien detrás de mí— Deja que te lleve a tu casa, es lo menos que puedo hacer.

— Sí, claro. Muchas gracias. — Tengo que reconocer que el chico es majo, a veces no me cae tan mal.

Durante el camino de vuelta ninguno de los dos habló, traté de mandarle whatsapps y mensajes de texto a Karma (nada de llamadas ni mensajes de voz, no quería que Liam escuchara) pero no me devolvió ninguno. Decidí que iría mañana a su casa, así no tendría el valor de no contestarme.

Me despedí de Liam secamente, le di las gracias y acto seguido corrí hacia el porche de mi casa. Noté que las luces del salón seguían encendidas así que probablemente me esperaba alguna reprimenda por parte de mi madre porque ya era bastante tarde.

— Buenas noches, Amy. ¿De dónde vienes con esa ropa de buscona? ¿Has ido a buscar nuevas y excitantes experiencias en un antro de carretera?— dijo mi estupenda hermanastra.

— Que te den, Lauren. Por cierto la gabardina es de mi madre. Buenas noches. — contesté.

— ¡Ups! lo siento Farrah. En serio, me encanta la gabardina, no quería decir eso, ya sabes…— intentaba disculparse Lauren.

— Oh, cariño. No te preocupes, estos malentendidos ocurren a veces… — dijo mi madre con dulzura.

Solté un gruñido de desesperación y subí las escaleras de dos en dos hacia mi cuarto. Me dejé caer en mi cama y ahogué los gritos y el llanto en la almohada. ¿Qué estaba pasando? Maldije el momento en que decidí jugar a la mejor amiga del mundo… sólo me había traído desgracia, celos y frustración. Después de calmarme un poco, miré una foto en mi mesita de noche en la que salimos Karma y yo, abrazadas y felices, la tumbé boca abajo, le di la espalda y me quedé dormida.