Capítulo 15: La primera cita

Amy:

Ya es viernes. Hoy es el día en el que tendré una cita con Soleil. ¡Joder! ¡Estoy muy nerviosa! Me sudan las palmas de las manos y no dejo de dar vueltas por mi cuarto. Tengo el armario abierto de par en par, hay ropa en mi cama, en el sofá y encima de mi escritorio. Suena el timbre y bajo corriendo sujetando la toalla que rodea mi cuerpo y la que tengo enroscada en la cabeza para que no se me caigan. Abro y veo a Karma plantada frente a mí con algunas bolsas en las manos.

—¡Menos mal que has venido! —digo tirándome a su cuello cuando traspasa el umbral de la puerta.

—¡Cómo para no venir! Sonabas un tanto desesperada por whatsapp… te lo leo: "Karma, ven URGENTEMENTE a mi casa en menos de lo que tardas en afinar tu guitarra. Por favor, te necesito. Besos, Amy." —dice mi amiga imitando mi voz con un toque muy dramático.

—¡No te burles de mí! ¡Lo estoy pasando fatal! Vamos, sube a mi cuarto y ayúdame.

—Está bien, está bien… vamos sube, yo te sigo. —dice ella cediendo a mis súplicas.

Subo los escalones de dos en dos hacia mi habitación y dejo a Karma atrás, rezagada, aún en los primeros escalones. Oigo algo sobre ayudarla con unas bolsas pero estoy tan centrada en mi propio desastre que entro en la leonera y me tumbo de un salto en mi cama sobre el montón de ropa que dejé tiempo atrás sobre ella. Karma entra rezongando algo por lo bajini y deja caer las bolsas sobre el suelo.

—¡Jo-der! ¿Pero qué ha pasado aquí? ¿Acaso has venido en un tornado desde Kansas? —dice mi amiga rememorando una película antigua que me encanta— ¿Dónde tienes a Totó?

—Se lo han llevado los monos voladores —digo con sorna y la morena se abre camino hasta mi cama a carcajadas— Karma, estoy muy nerviosa. Y no sé qué ponerme. Y la cita es dentro de tres horas.

—Tranquila, ¿para qué estoy aquí si no? La Operación Primera Cita acaba de comenzar. Primero, ve al baño y arréglate el pelo mientras yo clasifico la ropa y los zapatos, ¿vale?

—¡A sus órdenes, mi capitana!

Entro en el baño y me deshago de las toallas. Me pongo un conjunto de ropa interior negro, braguita de encaje y sujetador a juego, elegante y algo provocativo. No es que vaya a enseñar nada en la primera cita pero me gusta la lencería, me hace sentir cómoda en mi propio cuerpo. Saco el secador de pelo y lo paso por mi cabello hasta que pierde bastante humedad. Luego cojo un producto fijador y lo aplico desde medios hacia puntas para dar un poco de cuerpo y movimiento a mi pelo rubio y liso. Termino de secar del todo el pelo, recojo el baño y salgo para que Karma empiece a darme más instrucciones.


Karma:

El bullicio en el baño de Amy cesa así que dejo lo que estoy haciendo y me siento a los pies de la cama, que queda justo enfrente a la puerta del baño. Ésta sale de él en ropa interior y con el pelo seco y listo para la cita. Está impresionante. Tan impresionante que entreabro la boca como una idiota y la miro de arriba abajo sin pestañear. Su pelo rubio cae en suaves ondas sobre sus hombros y lleva un conjunto de lencería negro que le queda genial. Ya la había visto en ropa interior y en bikini, pero ahora está que quita el aliento. Algo se revolvió dentro de mí. Su presencia no me afectaba tanto a ese modo desde la noche del trío. El calor empieza a instalarse en mi cuerpo y me obligo a mí misma a olvidar todas esas imágenes. Algo húmedo me golpea la cara y vuelvo a la tierra. Es la toalla que cubría el pelo de Amy.

—¡Hey! ¿Se puede saber qué carajo te pasa? ¡No te quedes como un pasmarote! —dice ella acercándose a mí para quitarme la toalla que se resbala de mi cabeza hasta caer en mi regazo.

Su cercanía me corta la respiración y estoy a punto de marearme por la falta de oxígeno. Mi mente divaga ahora en múltiples universos donde lo único que quiero es rozar con mis dedos la suave y perfumada piel de mi amiga. Tocar su vientre plano y posar mis manos sobre sus caderas. Atraerla hacia mí dejar que caiga sobre mí… Un chispazo cruza mi mente y vuelvo a respirar paulatinamente hasta volver en mí. "¿Qué me ocurre? ¿Qué hago pensando estas cosas?"

—Me gusta tu conjunto. —digo sin más.

—¿Ah, sí? ¿No es muy… mucho? —dice sin encontrar adjetivos.

—No, que va… es muy bonito. Tampoco es que lo vayas a enseñar hoy —entonces me escucho a mí misma y me doy cuenta de que podría pasar algo más que un cine y una cena entre ellas esta noche— ¿No? —pregunto esperándome lo peor.

—No, tranquila. Quiero hacer las cosas despacio, con calma. Como debe ser. A ver, ¿qué es lo que has preparado para mí? —dice con ojitos brillantes.

Dejo escapar un suspiro de alivio mentalmente y señalo con la mirada los conjuntos que he dispuesto sobre la cama para que la rubia los vea y se los pruebe. Después de ponérselos todos ha decidido llevar el más sencillo de todos pero el que mejor va con su personalidad y el momento. Consta de unos vaqueros pitillo azul claro con efecto desteñido y de corte capri, una camiseta blanca de manga larga a rayas horizontales negras que se ajusta perfectamente a su torso y una chupa de cuero negra. Como toques de color en su outfit destacan su larga cabellera rubia y un gorrito de punto color rojo bermellón. Como calzado, y tras un gran debate, se va a poner unas zapatillas Converse negra clásicas, las que no son tipo botín.

—¿Qué tal estoy? —me pregunta mientras admira su reflejo en el espejo. Se mira y remira, se nota que le gusta lo que lleva puesto.

—Estás estupenda —digo con sinceridad— Solo te falta el maquillaje y estarás más que estupenda. Siéntate y te maquillo.

—No me maquilles de forma muy exagerada, porfa.

—¿Cuándo he hecho yo eso? Por favor, no menosprecies mi talento natural para el maquillaje —digo poniéndome digna— Tú relájate, te va a encantar…

Amy se sienta obediente donde le indico y se queda quieta mientras procedo con el maquillaje que he traído de mi casa. Aplico primero una crema hidratante sin aceite y cuando la piel la absorbe pongo base de maquillaje del tono de su piel. Luego peino y maquillo un poco sus cejas y aplico sombra en tonos nude en los párpados. Delineo el nacimiento de las pestañas con lápiz marrón con brillitos y acabo con un rabito hacia las sienes. Aplico mucha máscara de pestañas para que se vean frondosas y en las mejillas añado algo de colorete. En los labios pongo una barrita hidratante y luego finalizo con brillo transparente. Ha quedado muy natural, simplemente he realzado sus rasgos. Cuando se mira en el espejo abre la boca de la impresión y da palmas de la euforia. Se levanta y me da un abrazo de oso.

—¡Gracias, gracias, gracias! No debí subestimarte, realmente eres la mejor —dice alegre.

—Ya te lo dije, soy una experta —respondo guiñándole un ojo.

—Wow, me veo alucinante… espero que le guste a Soleil —dice sonriendo sin poder contener la emoción.

—Seguro que le va a encantar —digo con total certeza— Además, tienes que gustarle más allá de lo que llevas puesto. Lo que cuenta es el interior. Y no me refiero solo a ese tremendo conjunto que llevas puesto… —suelto dejándome llevar por el recuerdo.

—¡Mira que eres boba! —dice riéndose.

—Y si no le gustas, ¡ella se lo pierde!

—¡Eso, eso! —dice Amy con el ego subido y henchida de seguridad— Pero, ¿le va a gustar? ¿verdad? —todo se desvanece en poco tiempo. Siempre es igual.

—Que siiiiii… esto es pan comido —digo para tratar de calmarla— ¿A qué hora tienes que pasar a buscarla?

—A las siete.

—Pues son las seis y media.

—¡Mierda! —maldice Amy con los ojos como platos.

—Corre, yo recojo y cierro la casa cuando salgas. No te preocupes.

—¿Seguro?

—Totalmente. A por ella, tigresa. —"Pero, ¿qué mierda? ¿Por qué he dicho esa memez?"

—¿Tigresa? —dice Amy estupefacta.

—Me salió sin más… —digo excusándome.

—Estás fatal —dice ella echándose a reír— Echaba de menos tus locuras. ¡Gracias por todo, de verdad!

Amy me da otro abrazo inmenso y sale escopetada por la puerta, con el bolso al hombro y a medio ponerse el gorrito en la cabeza. Recojo todo, como le prometí a mi amiga, y salgo hacia mi casa deseando secretamente que algo arruine la cita entre las dos chicas.


Amy:

He llegado justo a tiempo para recoger a Soleil. Aparco el coche frente a su casa y camino por el jardín hacia su porche. Intento controlar los nervios con cada paso que doy hacia la puerta. Pienso durante un segundo que estoy haciendo el ridículo y que lo mejor es irme de aquí pero al final venzo al miedo y toco un par de veces el timbre. Un minuto después Soleil abre la puerta y me saluda efusivamente con un abrazo y un beso.

—Estás muy guapa —me dice mientras me mira atentamente— ¡Date la vuelta!

Hago lo que me dice y vuelvo a quedarme frente a ella. Cara a cara.

—Sí, definitivamente estás muy guapa —dice con aprobación y acto seguido me da un beso en los labios.

—Gracias —digo con timidez— Tú también estás increíblemente guapa.

La morena lleva puestos unos pitillos negros y una camiseta de tirantes gris holgada. Encima lleva puesta una camisa de cuadros en tonos oscuros. Tiene la melena suelta y hacia atrás. Gracias a las botas bajas con tacones que lleva me saca unos centímetros y tiene decorado el pecho con algunos colgantes metálicos.

Se ruboriza y como respuesta vuelve a besarme en los labios. Me coge de la mano y nos vamos hacia el coche para conducir a las afueras del vecindario, donde se encuentra el centro comercial y el cine. Durante el trayecto no hablamos nada, ambas estamos bastante nerviosas (yo más que ella) y no encontramos tema de conversación, pero ni falta que hace. Una melodía suave sale de los altavoces y se convierte en la perfecta música de fondo para un momento como este. En mitad del viaje Soleil posa una de sus manos sobre mi muslo y ahí se queda hasta que llegamos a nuestro destino.


—¿Qué película vamos a ver? —pregunta Soleil mientras echa un vistazo a la cartelera.

—Pues estoy entre una romántica que puede estar bien aunque me parece que es un dramón de cuidado y una comedia independiente que arrasó en un festival hace poco. ¿Me ayudas a elegir?

—Creo que me decanto por la comedia. No quiero acabar llorando en nuestra primera cita…

—Me parece muy bien. La comedia se postulaba en mi cabeza como la ganadora. ¿Sabías que el reparto de la película son actores noveles que forman parte de un grupo de teatro de un pueblo muy pequeño? —estaba tan nerviosa que empiezo a vomitar información sin sentido y me froto las manos sin cesar contra la tela de los vaqueros.

Soleil me mira entre risueña y divertida. Me coge de la cintura y me acerca a ella para plantarme un beso extraordinario en mitad de la entrada del cine.

—Ve a por las entradas. Mientras más arriba mejor. Yo compro las golosinas —dice de corrillo— No estés nerviosa, va todo como la seda. Relájate un poco.

Esta vez la beso yo y me alejo de ella hacia la taquilla donde compro dos entradas para la comedia en última fila. Me reencuentro con la morena a la entrada de la sala y le doy los boletos al chico para que los fiche. Un par de minutos después ya estamos sentadas cómodamente y comiendo palomitas y gominolas.

La película está bastante bien. Es ligera y agradable. Con un humor bastante europeo. Nos reímos a cada rato pero a la mitad de la película el ambiente se relajó y fue la oportunidad perfecta para iniciar una sesión de besos en medio de la oscuridad que brindaba la sala. Comenzó con Soleil poniendo de nuevo su mano sobre mi muslo. Al poco comenzó a acariciarme suavemente y yo empecé a sentir un calor muy intenso. Noto que me mira fijamente y giro la cabeza hacia ella. Veo como sonríe en la penumbra y su boca se acerca despacio hacia la mía. Nuestros labios se atraen como los polos opuestos de un imán y en nada estamos comiéndonos las bocas como lobas hambrientas. Es una suerte que la sala esté totalmente vacía, una película indie con varias semanas en cartelera no puede competir contra el bombazo comercial de la temporada. Fue todo un acierto elegir esta peli, sabía que Soleil la iba a escoger también. Pronto nuestros gemidos empezaron a escucharse por encima de las voces del elenco de actores y de la música de acompañamiento. Los labios de la morena, aquí y allá, despertaban mi instinto más animal y lo único en lo que podía pensar era en devorarla entera. Estaba sedienta. Tenía sed de Soleil. Quería tocarla y besarla en cada centímetro de su extenso cuerpo. Quería sentirla contra mí lo más pronto posible. Quería tumbarla en algún sitio y hacerle el amor con pasión. Su mano deslizándose en el interior de mi pantalón arrancó un gemido de inmenso placer y ella sonrió complacida. Estaba a punto de seguir más adelante cuando los títulos de crédito comenzaron y la sala se iluminó dando por finalizada la sesión...

Me despierto dando un brinco y parpadeo repetidas veces hasta ubicarme de nuevo. Me había quedado dormida en medio de la película y estaba teniendo un sueño húmedo con Soleil. Miro hacia la chica con cautela y ella sigue absorta en la gran pantalla, riéndose de vez en cuando y llevándose palomitas a la boca. Con la mano que tiene libre sujeta la mía y acaricia con su pulgar el dorso de mi mano. Echo un vistazo al reloj y compruebo que mi "siesta" ha durado una media hora. Ruego a todos los dioses porque la morena no se haya dado cuenta porque quedaría fatal y retomo el visionado de la película. Cuando la sala se ilumina al final de la película, y esta vez de verdad, nos desperezamos y nos levantamos para salir de allí. Seguía estando muy afectada por el sueño y necesitaba que me diera el fresco.

—¿Qué te pareció la película, Amy? —me pregunta la chica, intrigada.

—Oh, me encantó… ha sido un acierto entrar a verla.

—La parte en la que el mejor amigo del novio la lía en el banquete de bodas al sacar una katana y cortar la tarta gritando en japonés fue brutal. ¿A que sí?

—Sí, sí, sí… fue lo mejor. Sin duda alguna —digo mintiendo como una bellaca sin recordar de lo que habla.

—¿Qué tal te sentó la siestecita? —dice en tono jocoso.

—No hubo tal escena, ¿verdad? —digo esperando un verdadero chaparrón— Estabas intentando pillarme…

—Deberías verte la cara ahora mismo —dice riéndose.

—Oh, Soleil, lo siento muchísimo —digo sintiéndome como una idiota— Estaba tan a gusto… ni siquiera me di cuenta del momento en que empezaron a cerrárseme los párpados —digo con sinceridad intentado disculparme.

—No te preocupes, lo entiendo. Aunque tendrás que volver a ver la película porque valió la pena. Tienes buen gusto.

—Perdóname, tiene que estar siendo la peor cita de tu vida… —digo cabizbaja.

—La verdad es que no. No te castigues, dormiste solo un ratito y parecía que te lo pasabas bien —dice guiñándome el ojo— Quizás algún día me cuentes con qué estabas soñando, o con quién…

—¿Tienes hambre? ¿Quieres ir a comer ya? —digo intentando cambiar de tema y con la cara colorada como un pimiento.


Antes de empezar a prepararme en casa pedí mesa en un restaurante cerca del cine al que suelo venir con mi famila. Es agradable e íntimo. Y la comida está deliciosa. Nos sentamos en la mesa que está reservada a mi nombre y un camarero nos trae agua helada y la carta para que vayamos eligiendo.

—Me supongo que ya has venido aquí otras veces… ¿me recomiendas algo?

—Pues, en particular, a mí me encanta la carne que sirven y la pasta pero todo está muy bueno.

—¿Qué vas a pedir tú?

—Raviolis de ternera con menestra de verduras al curry —recito mi plato favorito del local de memoria.

—Pues pediré lo mismo que tú. —dice ella para luego dar un sorbo a su vaso de agua y cogerme de la mano.

Mis mejillas empiezan a arder violentamente otra vez y no tengo más remedio que beber yo también un poco del agua helada que tengo a mi derecha.

—¿Por qué estás tan nerviosa? Seguro que has hecho esto mil veces con Karma… no entiendo por qué te pones así. —dice ella sin pretender sonar borde.

—Quiero que tengas una buena impresión de mí. Además, con Karma era diferente… las dos sois muy distintas.

—¿Seguro que es por eso solo? —dice ella intuyendo que hay algo más detrás de mi comportamiento.

—Bueno, verás… yo solo he estado con Karma. Y tú, tú… —me distraigo intentando encontrar las palabras adecuadas— Tú tienes más experiencia que yo. Y eso impone un poco. —digo esperando haber sido bastante clara sin ser muy explícita.

—Oh, es eso… La verdad, Amy, es que la idea que tienen de mí en el instituto es totalmente falsa.

—¿Qué quieres decir?

—Es obvio que me has dicho eso por la fama que pueda haber cosechado estos últimos años. Probablemente haya alguien que te haya dicho algo sobre mí… sobre mi pasado, llamémoslo así.

—No, no… no es eso. —digo intentado enmendar mi error para que nadie salga mal parado.

—No te preocupes, no guardo ningún rencor a nadie. Fue todo culpa mía. —dice ella con una sombra en sus ojos— Verás… hace un tiempo yo empecé a sentir cosas por una chica de mi anterior instituto, yo creía que me correspondía pero no era así. Cuando supo acerca de mis sentimientos empezó a correr el rumor por toda la escuela para perjudicarme. Yo no estaba preparada para eso y empecé a hacerle frente al rumor con otros rumores… sobre mí con otros chicos de otras escuelas —dice ella mirándome a los ojos y sin soltar mi mano— obviamente todo era falso. Cuando todo eso se volvió en mi contra mis padres pidieron un traslado desde Dallas a Austin y acabé en tu instituto. Ciudad nueva, casa nueva, instituto nuevo, vida nueva. Aquí hice amistad con Liam y poco después, y ocultando mi verdadero yo, empezamos a salir. Cuando ya no podía lidiar más con la mentira se lo conté todo y cortamos. Él estuvo muy afectado durante un tiempo y las cosas se pusieron tensas en nuestro grupo de amigos, porque estaba pillado por mí, pero luego acabó por entenderme y siguió adelante. Nos convertimos en los mejores amigos que somos ahora… me apoya en todo, es un buen chico.

—Ya veo… —su historia me había emocionado tanto que tenía lágrimas en los ojos.

—Él es la única persona, hasta ahora, con la que he salido. Tú eres la primera chica con la que he salido. Así que eso quiere decir que tú tienes mucha más experiencia que yo. —dice finalizando su historia.

Quise contarle todo por lo que había pasado. Toda la farsa con Karma y el lío en el que me había metido pero no lo hice. Me sentía un poco culpable, a decir verdad, pero no iba a beneficiarme mucho así que, simplemente, me callé y apreté su mano con fuerza en señal de apoyo.

—Tus padres… ¿lo saben?

—Claro.

—¿Y te apoyan?

—Por supuesto. Y les estoy muy agradecida de todo lo que han hecho por mí.

—Es genial… —digo recordando la cara que puso mi madre al enterarse de lo mío con Karma.

—¿Acaso tus padres no…? —pregunta ella cautelosamente.

—Al principio a mi madre no le gustó mucho la idea… pero luego cedió. Vio que era feliz con Karma y, poco a poco, acabó aceptándome.

—Siento mucho por todo lo que has podido pasar… —dice ella mordiéndose el labio.

—Yo también siento que hayas tenido que comenzar de cero por algo así… —digo emocionada.

—Tengo nuevos amigos, una vida buena y en paz sin que nadie me juzgue, y te he conocido a ti… ¿qué más puedo pedir? —dice con una sonrisa, quitándole hierro al asunto.

—Eres increíble. Eres tan positiva y tienes tanta seguridad en ti misma… después de que te hicieran tanto daño, no sé cómo puedes ser así…

—Si te caes, te levantas. He tenido que aprender de mis errores y asumir las consecuencias de mis actos. Mi personalidad ayuda, pero también la he ido forjando y madurando. —escucharla hablar de temas tan delicados e importantes, con esa voz que tiene, es realmente cautivador.

—Definitivamente, me has sorprendido mucho.

—¿Para bien o para mal? —dice ella sacando la lengua y llevándose un ravioli a la boca.

—Para bien, obviamente. Ahora tengo una imagen diáfana y nítida sobre ti. Eres mejor de lo que ya pensaba.

—¿Ah sí? Explícame eso, porfa —pide ella, juguetona.

—Es verdad que habían llegado ciertas cosas sobre ti a mis oídos… pero no podía creérmelas y menos después de comprobar cómo eras conmigo en persona. No encajaban los dos perfiles.

—Así que con la cita ahora sabes todo lo que querías saber de mí, ¿cierto?

—Así es, ¿estás molesta?

—Para nada, me parece lógico. ¿Cómo si no íbamos a conocernos mejor? Por cierto, me encantan estos raviolis. Están de muerte.

—Me alegro. Me alegro que te gusten los raviolis y me alegro que hayas accedido a salir conmigo en una cita.

—Yo también me alegro.

Terminamos de comer en silencio. A cada momento alzábamos la vista del plato para vernos a los ojos. Nos intercambiábamos sonrisas tímidas a la luz de las velas y nuestras manos descansaban, todavía juntas, sobre la mesa de aquel resguardado rincón del restaurante.


—Gracias por invitarme al cine y a la cena. Me lo he pasado muy bien. —dice Soleil con una sonrisa llena de gratitud mientras paseamos calle abajo hacia el coche.

—Gracias a ti. Por todo. —Realmente sentía que ella me había dado hoy más a mí que yo a ella.

—No hay de qué —dice ruborizándose— Creo que deberíamos tener citas más a menudo. —dice de pronto.

—Claro —contesto honestamente.

—¡Ya sé! ¿Qué te parece si desayunamos juntas? Invito yo esta vez. Y así cumples tu promesa. ¿Qué me dices? —dice poniéndome ojitos y rodeando mi cintura hasta quedar frente a mí.

—Me parece un buen plan. —digo riéndome.

—¿Tenemos cita?

—Tenemos cita. —digo asintiendo con mi cabeza.

Me coge de la cintura y me aúpa para darme un par de vueltas. Cuando me devuelve al suelo rodea mi cuello con sus brazos y me abraza efusivamente. Me libera y nos reímos todo el camino de vuelta hacia el coche mientras nos hacemos bromas y rememoramos momentos de nuestra primera cita.


Estamos frente a la puerta de la casa de Soleil. Es tarde pero ni ella ni yo queremos movernos de donde estamos. Un silencio reina entre nosotras pero no es tenso si no agradable. Ella decide romper el hielo.

—Gracias de nuevo, Amy. Me lo he pasado muy bien y también me he llevado una buena impresión sobre ti —dice riéndose suavemente.

—No tienes que agradecerme nada, en serio. Me he sentido muy a gusto contigo. Valió la pena armarme de valor y pedirte una cita.

—Cuando te vi acercándote a mí en el instituto sabía que venías a ello.

—Me lo imaginaba. Tengo la sensación de que estás dos pasos por delante de mí. Eres una chica muy intuitiva… —digo recordando el momento en el patio de la escuela.

—Pero nunca pensé que me lo ibas a pedir. Creía que te rajarías…

—¿Y eso? —pregunto con curiosidad.

—Por Karma —contesta ella.

—Ah… entiendo —digo bajando la mirada.

—Amy, quiero que sepas… —dice ella cogiendo aire, alargando una pausa hasta el extremo.

—Me encanta cuando pronuncias mi nombre, me encanta tu voz… —digo interrumpiéndola.

Ella sonríe, se relaja un poco y prosigue.

—Quiero que sepas que me gustas. Y mucho. —dice por fin.

—Tú también me gustas, Soleil —digo desde el corazón.

Paso mis brazos sobre sus hombros y me pongo de puntillas para llegar a la altura de su boca. Junto mis labios con los suyos y nos fundimos en un suave y dulce beso que dura minutos.

—¿Nos vemos mañana para desayunar? —dice ella cuando nos separamos.

Asiento con la cabeza un par de veces y la acerco hacia mí para volver a besar esos carnosos labios que me encienden unos minutos más.


¡Holi! Aquí estoy de nuevo! muahahaha ¿Cómo estáis? ¿Qué tal ha sido la lectura? ¿Cuáles son tus impresiones? Cuéntamelo todo, yo, HelloMrsGolightly quiero saberlo todo ;) jajajajaja

Anyway7: de nada! el verano está siendo fantástico (trabajo aparte) lo necesitaba como agua de mayo T.T Karma celosa me da la vida. La relación con Soleil pienso dejar que dure un poquito más... y lueg Y. Besotes! :)

Diana-bcn: me mola que te guste! la idea era despertar la llama del amor dentro de Karma (así, con el cursi incluido) Intentaré hacer la historia trepidante! jajajaja

PKN150: buenasss! muy bien, y tú? Karma y Amy están hechas la una para la otra, son una naranja completa jajajaja gracias, las exprimiré al máximo ;) cuídate tú también :)

Gracias por los comentarios, los fav y los follow. ¡Amor en cantidades industriales para vosotr s!

¡Besotes Kármicos!

#VivaKarmy

HelloMrsGolightly.