Capítulo 18: Problemas
Presente
Karma:
Doy vueltas de un lado para otro. Piso sobre las mismas baldosas una y otra vez. Con un ritmo y eficacia digna de un robot. Optimizando cada uno de mis movimientos mientras miro impaciente como el segundero del reloj marca el tiempo a la vez que mi corazón. Llega un momento en el que parece que incluso va hacia atrás, noto como estoy a punto de desmayarme…
—Tranquila, no te pongas más nerviosa.
—¿Cómo puedes decirme eso? Estoy que me subo por las paredes…
Amy resopla y acto seguido me obliga a detenerme.
—Es el momento.
—No quiero mirar…
—Tienes que ser valiente. Yo estoy aquí, a tu lado —dice mi mejor amiga con una sonrisa sincera.
Doy media vuelta y me dirijo al lavabo. Me inclino sobre la encimera con los ojos cerrados y, tras unos segundos en los que respiro hondo varias veces, los abro y miro el objeto que reposa boca arriba sobre la superficie.
—¿Y bien?
10 horas antes. 11 am.
Amy:
El timbre del recreo suena y cada uno de mis compañeros sale corriendo al pasillo para hacer cola en la cafetería del instituto y coger un buen sitio en el patio antes de que se llene de estruendosos adolescentes hablando sobre los planes que tienen para mañana sábado. Por mi parte, espero a que el aula se vacíe del todo para poder acercarme a la mesa de mi novia que siempre es la última en recoger y salir. Mientras anda liada poniendo sus cosas en la mochila, dejo una bolsa sobre la superficie de su escritorio que, al caer, da un golpe seco.
—Hola —me saluda dedicándome una sonrisa—, ¿no vas a coger sitio bajo nuestro árbol?
—Hoy no.
—¿Y eso? —dice la morena frunciendo el ceño.
—Hoy quiero comer aquí. Quiero estar más tranquila. ¿Te parece bien? —digo acercando un asiento y sacando las cosas de la bolsa.
—Claro, por supuesto —dice ella sentándose a su vez, aún algo confusa—. ¿Qué es todo esto?
—Algunos sándwiches, fruta y zumo. También hay tarta que yo misma he preparado —digo concentrada en adecentar el pequeño espacio que tenemos para nosotras.
—Y, ¿a qué se deben todos estos deliciosos manjares? —dice con voz solemne.
—Llevamos un mes juntas. Me pareció buena idea comer algo diferente hoy durante nuestra media horita de recreo diaria.
—Te has acordado… —dice ruborizada, colocándose un mechón de pelo revoltoso tras la oreja derecha.
Soleil se inclina ligeramente sobre la mesa y me planta un beso pausado que profundiza durante unos segundos. Acaricia mi mejilla con suavidad y luego deposita un beso en ella.
—Eres un encanto.
—Lo sé —digo dándome palmaditas en los hombros.
—Tendría la novia perfecta si no tuviera el ego tan subidito a veces… —dice la morena haciendo que habla con otra persona y llevándose un sándwich a la boca.
—Ja, ja… habló la modesta, aquí presente —digo haciéndole una mueca.
—Está bien, dejémoslo en tablas —dice riéndose— No sabía que cocinaras tan bien, la tarta está deliciosa… —dice relamiéndose los labios.
—Tuve un poco de ayuda. Lauren estuvo anoche conmigo mientras lo preparaba todo, así que me dio algún que otro consejo…
—¡Pues le tendré que dar las gracias personalmente por evitar que me envenenases en un día tan señalado! —dice riéndose.
—Ojalá te atragantes con el próximo mordisco que le des a la comida —digo con los brazos en jarras, haciendo un puchero enorme.
—Oh, no te enfades… —dice poniendo morritos—. Esta noche te lo compensaré, ¿qué te parecería? —dice mientras me acaricia el dorso de la mano y me guiña un ojo.
El rubor me cubre instantáneamente el rostro, como tantas otras veces anteriormente, y soy yo la que se ahoga con un trozo de tarta. Toso con fuerza y logro deshacerme de la desagradable sensación.
—D-Discúlpame, voy al baño… u-un momento —logro decir tras carraspear un poco—. Para echarme algo de agua en la cara y eso —digo abanicándome con las manos para que se me pase el sofoco.
—Tranqui, ve… yo recojo las cosas antes de que la clase vuelva —dice volviendo a guiñarme un ojo.
Por mi propio bien salgo del aula corriendo y voy hacia los baños que están al otro lado del pasillo.
Abro el grifo y dejo correr el agua hasta que se pone helada. Luego hago un cuenco con mis manos y bajo mi cara hasta hundirla en ellas. El frío nivela al instante mi temperatura corporal, llevándola a la normalidad. Me refresco también la nuca y me seco con papel a toquecitos las gotas que cubren la piel de mi cara. Después de tomarme unos minutos, noto que no estoy sola en los lavabos. Alguien tose y escupe dentro de unos cubículos. A ello le sigue una arcada. Y otra. Hasta que consigue vomitar. Me quedo ahí parada hasta que la chica baja la cisterna y sale por la puerta. Puede que necesite ir a la enfermería…
—¡Karma! —exclamo sorprendida al ver a mi amiga con tal mala cara. Está pálida y perlas de sudor cubren su frente.
—Oh, Amy… —dice nerviosa—. Pensaba que estaba sola —. Se dirige al lavabo y se enjuaga varias veces.
—¿Estás bien? —pregunto preocupada.
—Sí —dice resuelta—. Sólo es un virus de estómago.
Me acerco a ella y alargo mi brazo para tocarle la frente en busca de una señal de que esté febril.
—¡No! —exclama—. Estoy bien, no te preocupes… —dice alejándose a toda prisa, dejándome sola en el baño.
Salgo con intención de ir tras ella pero en ese momento el timbre que anuncia el fin del receso suena y me dirijo resignada a mi aula. Ahí me encuentro con Soleil que lo ha recogido todo como me dijo. Con un leve gesto de su cabeza señala mi mesa y veo sobre ella un papelito doblado. Lo abro, es una nota de la morena.
"Te espero esta noche en mi casa. A las 8. Ponte sexy"
Me rio por lo bajo y saco el móvil sin que la profesora se dé cuenta. Abro el whatsapp y le mando un mensaje a mi novia.
"¿Más aún? :P"
Ella saca su móvil de bolsillo de su pantalón y lee el mensaje con cuidado de no ser sorprendida. Al poco alza su mirada hacia mí y asiente varias veces con la cabeza, lentamente. Leo sus labios, dice aún más, y luego sonríe ampliamente antes de volver su mirada de nuevo hacia la lección que nuestra profesora está escribiendo sobre la pizarra.
3 horas antes. 8pm.
Llego a casa de mi novia y antes de que llegue al porche ella ya me espera en el umbral de la puerta con una sonrisa inmensa. Siempre perenne en su cara. No para de dar saltitos y de moverse de un lado a otro, cambiando el peso entre sus pies. Quiere decirme que vaya rápido hacia ella, así que me aprovecho y empiezo a caminar mucho más lento de lo normal. Su ansia aumenta y cuando se da cuenta de que lo estoy haciendo adrede, estalla en risas. Luego sale corriendo y se abalanza contra mí, abrazándose a mi cuerpo. La inercia hace que casi nos caigamos las dos, así que, para equilibrarme, doy varios giros con ella aún pegada a mi cuerpo y se sujeta más fuerte a mi torso con sus piernas. Le parece tan divertido que me repite que gire una y otra vez.
—Ya vale —digo depositando a la chica en el suelo—. Pesas mucho —digo haciendo un gesto de secarme el sudor con las manos.
—O tú eres una enclenque… —deja caer mientras se va de puntillas hacia la entrada de su casa.
—¡Repite eso! —digo provocándola.
Ella se para en el porche y gira sobre sus talones. Me mira fijamente y se lame sus labios inconscientemente antes de pronunciar alto, claro y lentamente cada una de las sílabas.
—En-clen-que —pone sus brazos tras su espalda de forma inocente y me saca la lengua. Tras ello, se adentra corriendo en su casa sabiendo lo que viene ahora.
Voy tras ella y cierro la puerta de un golpe. Entro en su cuarto y allí está ella esperándome con gesto juguetón. Es como un cachorro de gatito, esperando paciente mi siguiente movimiento para luego abalanzarse o no contra el objetivo. Amago un par de veces para confundirla y cuando se despista la atrapo con mis brazos y me tiro junto a ella sobre su cama. Me pongo encima de ella sujetando brazos y piernas con mi cuerpo para que no se mueva y acerco mi boca a su largo cuello de piel blanquecina. Dejo húmedos besos a lo largo de su cuello y luego soplo, haciendo que el contraste de temperaturas erice su piel.
—Por favor, no hagas eso —dice entre risas—. ¡Sabes que tengo muchas cosquillas en el cuello!
—Oh, cariño, la que te espera… —digo amenazante.
—Nonononono —dice casi sin coger aire— ¡Amy, para! ¡Mis padres están en casa!
Inmediatamente me separo y la suelto. Me tapo la boca con las manos y luego pido perdón con los ojos varias veces a la morena. Ella se ríe a carcajadas y de un solo movimiento me tumba en la cama y quedo atrapada bajo su peso.
—Te lo creíste… —dice malévola—. Si te hubieras visto la cara, ¡no tiene precio!
—Ahh, ¡me has engañado! —digo dramática— Pero, ¿cómo has podido? —digo llevándome la mano al corazón.
—Eres más inocente, ¿cómo crees que te voy a invitar a mi casa con mis padres dentro? —dice lanzándome una mirada pícara—. Con la de cosas que tengo planeadas para hacerte esta noche… —dice mientras hunde su cara en mi cuello para besarme y mordisquearme.
—Entonces… —digo completamente excitada—, ¿estamos totalmente solas?
—Ajá… —me dice mientras me besa.
—Eso es… buffff… genial —digo sin poder aguantarme los gemidos.
Ella se quita el vestido que llevaba puesto y se queda en ropa interior sobre mí. Luego acopla una de sus piernas entre las mías y la mueve contra mi pubis en movimientos constantes y rítmicos. Besa mis labios con fruición y yo acaricio su espalda en círculos hasta que llego a su sujetador. Lo desabrocho rápidamente y me deshago de la prenda negra y con encaje. Volteo a la chica y me tumbo sobre ella. Recorro su cuello con mis labios hasta la clavícula, luego bajo un poco más hasta sus pechos y me detengo en ellos. Atrapo un pezón con mi boca y lo lamo y lo muerdo suavemente hasta que se pone duro. La respiración de la morena se hace cada vez más agitada y se remueve bajo mi cuerpo. Consigue deshacerse de mi camiseta y baja sus manos hasta mi cintura para quitarme los pantalones. A tientas da con el botón y la cremallera y me baja, hasta donde puede, los pantalones. Me incorporo, también agitada, y me quito los vaqueros. Cuando bajo para volver a besar los dulces y carnosos labios de mi novia, no la veo a ella si no a Karma. Doy un respingo y me quedo petrificada sobre Soleil.
—Amy, ¿qué te pasa? —dice ella extrañada y jadeante.
—Nada, nada… —digo restregándome los ojos y moviendo la cabeza para borrar la imagen de mi mente.
Soleil se incorpora y hace que me siente sobre su regazo. Me abraza con fuerza y acaricia arriba y abajo mi espalda.
—Todo está bien —susurra en mi hombro—. Si quieres lo dejamos… —dice, pero noto en su voz que no es lo que ella desea.
—Ni de coña —digo recobrando la confianza.
Ella da un gritito de alegría y se tumba sobre su espalda de nuevo. Enrosca sus largas piernas a mi cintura y me obliga a ponerme a su altura para besarla cuan larga es. Bajo una de mis manos por su vientre y la alojo entre sus piernas. Siento su humedad a través de la ropa interior. El rubor nos cubre a ambas a la vez, nuestros alientos se mezclan y se unen a los jadeos que inundan el ambiente. Entonces una música empieza a sonar. Es mi móvil.
—Mierda… —gruño.
—Hey, no le hagas caso… vuelve aquí —dice mi novia volviendo mi cara hacia la suya para poder besarme intensamente en los labios, buscando mi lengua para enroscarla con la suya.
El móvil suena una segunda vez. Y una tercera. Incluso una cuarta.
—Está bien, ve a cogerlo… —dice ella, claudicando—. A lo mejor es importante.
A duras penas me separo de ella y voy hacia donde dejé el teléfono, maldiciendo por lo bajo varias veces. Noto la risa de Soleil suave y calmada, detrás de mía.
Justo cuando cojo el móvil, la pantalla se ilumina indicando la entrada de un nuevo mensaje de whatsapp.
"Amy, ¿podrías venir un momento a mi casa? Por favor, es muy importante. No sé qué hacer, te necesito…"
Es de Karma, al igual que las cuatro llamadas anteriores. "¡Joder, ni que la hubiese invocado!" —pienso. Pero al milisegundo se me pasa el enfado y el corazón me empieza a ir a cien por hora. Mil y una cosas malas que le han podido pasar a mi mejor amiga se me pasan por la cabeza a la velocidad de la luz. Cojo mi pantalón del suelo y me lo pongo lo mejor que puedo, mientras voy de un lado para otro para recuperar mi camiseta y las otras cosas que llevaba puestas. Me hago una coleta y estiro mi ropa concienzudamente varias veces.
—Amy… —dice Soleil carraspeando— ¿Va todo bien?
—No, la verdad. Es…es una emergencia —le medio miento a la morena.
—¿Cómo? —dice ella sentándose sobre la cama y abriendo los ojos de par en par, preocupada— ¿Es tu familia? ¿Ha pasado algo? ¿Voy contigo?
—No, no te preocupes… no son ellos —digo odiando tener que mentir a mi chica. Pero sé que no me perdonaría que saliese escopeteada sin dar explicaciones por irme con mi ex.
—P-Pero… ¡no me dejes así! ¡Dime algo, Amy! —dice desesperada.
—Tranquila, mañana te lo cuento todo. Te lo prometo.
—Espero que de verdad sea muy importante, si no, creería que estás huyendo de mí… —dice dándose por vencida, ya más calmada y con su eterna sonrisa pícara instalada en su cara.
—¡Para nada! —digo acercándome a ella y besándola— Lo siento mucho, haré lo que sea para compensarte…
—¡Eso espero! Si me vuelves a dejar con el calentón, no vuelves a pisar esta casa…—dice riéndose—. Ten cuidado, las prisas no son buenas.
Me da un último beso y se despide de mí desde la puerta de su cuarto, no conviene que salga a la calle semidesnuda. Me subo al coche y arranco, recorro las calles de la urbanización hacia la casa de Karma.
Los padres de Karma tampoco están. Ella me abre la puerta y tiene peor aspecto que el de esta mañana. A la palidez ahora se le han unido unas incipientes ojeras y unos ojos totalmente rojos e hinchados. Se nota que ha estado llorando.
—¡Karma! ¿Q-Qué te pasa? —digo preocupada, abrazando fuertemente a la chica.
—Amy, Amy…—dice sollozando— No sé qué hacer, estoy muy asustada…
—Karma, respira conmigo. Relájate y cuéntame qué es lo que te pasa.
Ella hace lo que le digo y se echa el pelo hacia atrás para despejarse la cara. Resopla un par de veces y agita las manos de puro nerviosismo. Se las agarro, se para en seco y la miro a los ojos.
—Dime qué es lo que te pasa, Karma. Me estás poniendo nerviosa a mí también.
—Oh, dioses, ¿qué he hecho? ¡¿Qué he hecho?! —dice para sí misma mientras se derrumba y se tapa la cara con las manos.
Empieza a llorar de forma descontrolada así que la atraigo hacia mí y la estrecho entre mis brazos. La balanceo y va deteniendo su llanto poco a poco, como si fuera un bebé. Seco con mis dedos sus lágrimas e insto con la mirada a que me cuente lo que le sucede. Ella coge aire seguido y me mira a los ojos.
—Tengo casi dos semanas de retraso.
Mis ojos se abren como platos y mis manos, antes posadas en sus antebrazos, caen y se posicionan al lado de mis costados. Mi boca se abre y cierra varias veces y empiezo a parpadear como una loca ante la realización de lo que suponen sus palabras.
—Pero… ¿cómo? —digo tontamente.
—No creo que haga falta explicarte cómo… —dice ella sarcástica.
—No creo que estés en posición ahora mismo de hacer bromas, Karma. Eso es serio —digo con gravedad.
—Tienes razón, lo siento —dice al borde de otro puchero— ¿Qué hago? No puedo quedarme embarazada ahora, solo tengo diecisiete años. ¿Qué mierda hago? —repite.
—¡No follar sin condón! O al menos, usar la píldora. ¡Joder! —digo perdiendo los nervios ante la severidad del asunto.
Karma se queda callada. Luego entra en cólera y me suelta una bofetada.
—Pero, ¡¿qué coño te pasa?! —digo manoseándome la mejilla dolorida.
—Amy, lo siento, no quería hacerte daño… —dice acercándose a mí y abrazándome—. He perdido los estribos, lo siento muchísimo —dice otra vez entre lágrimas.
—Da igual. Perdóname tú también, podría haber tenido más tacto… —digo curvando mis labios en una sonrisa— Vayamos a la farmacia a comprar un par de test de embarazo.
—¿Un par? —dice perpleja.
—Sí, hay que asegurarse del resultado.
—Está bien. Amy —dice bajando la mirada—, ¿te importa si vamos a una farmacia de las afueras? No quiero encontrarme con alguien conocido…
—Está bien —digo asintiendo ante la lógica en sus palabras.
Conduzco hasta una farmacia de guardia que está bien lejos de nuestro vecindario y ambas entramos en el amplio, reluciente, luminoso e higiénico lugar.
Caminamos hasta el mostrador y un chico, no mucho mayor que nosotras, con una placa que reza "Auxiliar farmacéutico" se nos acerca y ante nuestro silencio, carraspea un par de veces para llamar nuestra atención.
—¿Qué desean, chicas? —dice cantarín.
Miro a Karma y ella me devuelve la mirada de cordero degollado. Suspiro y hablo yo con el chico.
—¿Te importaría dejarme un par de Predictor? —digo sin pestañear.
—Perdona, ¿me podrías repetir lo que quieres? —dice él.
—Que si me dejas dos Predictor —repito.
—¿Cómo? —dice el chico como si no entendiera, pero claramente está intentando humillarme.
—¡Que me dejes dos test de embarazo, joder! —digo estallando y dando un golpe en el mostrador.
El chico traga saliva un par de veces y se afloja el nudo de la corbata. Le miro con mi peor cara de cabreo y él empieza a sudar de puro terror.
—A-Ahora te los traigo. Perdona… —se disculpa y desaparece tras las estanterías de productos.
Gruño y resoplo como un animal embravecido. Karma se agarra a mi brazo intentando infundirme calma.
—Tranquila, Amy, no le hagas caso…
—¡Será soberbio, el tío! Intentando vacilarme… ¡a mí!, ¡a estas horas!
—Amy… —dice ella algo preocupada.
—Tío pomposo, subnormal… joputa. Necio, casposo, gilimemo, cabezota… —seguía rumiando insultos en voz baja.
—¿Cuántos calificativos tienes para el señor auxiliar farmacéutico? —dice Karma entre carcajadas, ignorando mi ira. Su risa se me contagia y poco a poco voy olvidando el enfado.
Mi móvil vibra en mi bolsillo. Lo saco y leo un mensaje de Soleil. Pregunta que cómo estoy y si me he estrellado con el coche por las prisas que llevaba. "Muy graciosa, cielo" —pienso.
—¿Quién te escribe? —pregunta Karma curiosa.
—Oh… —digo guardando el móvil en su sitio— Es Soleil.
—Ah, ¿y qué quiere? —dice— Si puede saberse, claro…
—Quiere saber cómo estoy. Me marché de su casa deprisa cuando vi tu mensaje… —le explico.
—¿Estabas con ella?
—Así es… —digo mirando hacia otro lado.
—Mierda… interrumpí algo importante, ¿cierto? —dice ella con culpa en sus ojos.
—Algo así…
—Lo siento muchísimo, de vera. Espero que, al menos, no esté enfadada contigo por mi culpa… —dice bajando la mirada hacia sus pies.
—No te preocupes, está todo bien. Es muy comprensiva.
—¿Sabe que estás conmigo? —pregunta cautelosa.
—No.
—¿Se lo dirás mañana?
—Probablemente, supongo que me pedirá explicaciones…
—Puedes contárselo —me dice a los ojos—. Si eso hace que no la tome contigo.
—Está bien. Solo si insiste se lo diré. Gracias —digo acariciando su mejilla—. Por cierto, ¿Liam sabe algo?
—¡Estás loca! Para nada…
En eso el auxiliar vuelve con ambos test de embarazo. Los pone en una bolsita y me da el recibo.
—¿Debería decir enhorabuena? —le entrego el dinero y una mirada cargada de odio por toda respuesta y salimos de allí cuanto antes dejando al chico con la palabra en la boca.
Presente
Karma:
—¿Y bien?
—Negativo.
—¿No estás embarazada? —dice la rubia un poco aliviada.
—Eso parece, esperaré un poco antes de hacer el segundo test por si acaso… —digo pasando mis manos por mi cabello.
—Sí, será lo mejor…
Amy me arrastra hacia la cocina y me indica que me siente frente a la encimera. Coge la tetera y se dispone a hervir algo de agua para hacernos un par de tés. Me froto el vientre varias veces y paseo mi mirada nerviosa por toda la cocina. Me pone la taza de humeante infusión frente a mí y me la llevo a la nariz para oler el delicioso y cálido líquido. Al segundo me tapo la boca con las manos para reprimir una arcada y aparto la taza de mi lado.
—¿Arcadas? —pregunta nerviosa.
Asiento con la cabeza y me aguanto otra arcada. Subo corriendo las escaleras y entro al baño. Ella me sigue de cerca, noto sus pasos apresurados sobre las escaleras de madera, y llega a tiempo de escucharme vomitar por segunda vez en todo el día. Un sudor frío se instala en mi cuerpo y me temo lo peor. Las lágrimas brotan de mis ojos y tiro de la cisterna para que su ruido ahogue mi creciente llanto.
—¿Estás bien? —pregunta con cautela al otro lado de la puerta.
—Más o menos —digo—. Voy a hacer ya el otro test…
—Vale —suspira y deja caer su cuerpo con un golpe sordo contra el suelo, apoyándose sobre la puerta.
Me tapo la cara con las manos y me preparo para esperar el resultado con impaciencia. Me preparo para sentir cómo el tiempo se estira hasta hacerse eterno y para darle la noticia a Amy. Sea buena o mala. Seguro que está igual de desesperada que yo. Incluso puede que más.
—¡Joder!, ¡joder!, ¡joder! —digo de pronto.
—¿Qué? ¿Qué pasa? —dice poniéndose de pie enseguida.
—Creo que no voy a tener que usar el otro Predictor… —digo mirando el interior de la taza.
—¿Cómo? —dice sorprendida.
—En otras palabras, ¿no tendrás, por casualidad, un tampón que puedas dejarme?
—¿Te ha bajado la regla? —dice casi gritando.
—¡Sí! —digo abriendo la puerta de golpe— ¡Nunca antes me había sentido tan bien por su llegada!
—¡Joder, y que lo digas! —dice dando saltos de alegría— Espera, ¿y los vómitos?
—Supongo que eran los nervios que me estaban comiendo por dentro…
—Bahh, da igual… —dice restándole importancia— ¡Ven aquí! —exclama abriendo los brazos.
Doy un salto y me pego a su cuerpo cual koala. La abrazo con fuerza y no puedo reprimir unas lágrimas que ya recorren mis mejillas y que humedecen el hombro de mi amiga. Ella empieza a llorar también y me mece suavemente. Me deja en el suelo con suavidad y seca nuestras lágrimas.
—No vuelvas a darme estos sustos, señorita… —dice entre risitas nerviosas.
—Te lo prometo.
Doy un paso hacia ella y paso mis brazos por su cuello, lo rodeo y me agarro con fuerza a su cuerpo.
—Lo siento tanto, Amy… —digo.
—Shhh… ya pasó, ya pasó —dice intentando calmarme.
Amy:
Karma se separa, rompiendo el abrazo, y se queda mirando mis ojos largo rato. Su cara se acerca poco a poco a la mía, su nariz casi roza la mía. Bajo la vista hacia sus labios y dejo de respirar por unos segundos. La distancia entre nuestras bocas se acorta y nuestros labios se funden en un beso. Suave, lento, tentativo. Bajo mis manos hasta su cintura y pego su cuerpo contra el mío. Nuestros corazones palpitan descontrolados pero sincronizados. El calor que emana su piel me quema. El roce de sus labios me electrifica.
—Wow… —dice ella al separarse para coger aire.
—Lo sé —digo sonriendo, recordando todas las veces en las que había vivido este mismo momento.
Y ella vuelve a atrapar mis labios con los suyos profundizando en un apasionado y largo beso.
¿Qué tal? ¿Os ha gustado este capítulo? Huele a Karmy recién sacado del horno, ¿no créeis?
Anyway7: ¡Hola! Lauren y Oliver me parece que podrían dar mucho juego en cualquier aspecto dentro de la serie, a ver si les sacan partido. Al principio yo tampoco estaba muy contenta con la idea de que Karma se acostara con Liam, pero luego se me ocurrió lo que pasa en este capítulo y me pareció interesante añadirlo. Como comprenderás, sin esperma los embarazos (aunque no deseados) son imposibles. Respecto a la virginidad de Amy... ejem, ejem... ya lo verás ;) Lo de Karma creo que, a estas alturas, ya es bastante obvio; Karma andaba pensando en Amy. Está entre líneas. Ella está distraída, nunca ha dejado de pensar en ella porque ella es lo que quiere. Por mucho que se empeñe en luchar por lo contrario. De nada, gracias a ti más bien. Yo espero con más ganas tus comentarios durante mucho tiempo más. ¡Besitos!
PKN150: ¿quién no iba a emocionarse? ;) Sé que lo de K&L es un poco... chasco, pero tenía que pasar. Un beso, cuídate :)
Muchas gracias, como siempre, por vuestros comentarios. Disfruto mucho leyéndolos y son un gran apoyo. Favs y follows también se agradecen, por supuestísimo.
¡Besotes kármicos!
#VivaKarmy
HelloMrsGolightly.
