Capítulo 24: Estrellas fugaces
Karma:
—Que sí, mamá —digo con evidente desesperación mientras hago rodar mis ojos—. No, mamá. Tranquila, ya sabes que siempre llevo ropa de repuesto.
—¿Pero es suficiente? Recuerda, Karma, que eres muy amiga del barro y la mugre…—dice mi madre recordando tiempos pasados.
—¡Mamá, por favor! Eso fue hace mucho —digo poniéndome colorada—. Deja de recordarme la vez que me caí en un barrizal cada vez que me voy de excursión o de acampada.
—¡Fue tan gracioso! —dice mi madre llevándose una mano a la mejilla y adoptando un gesto soñador—. Amy, ¿te he contado alguna vez esa anécdota?
Amy nos miraba a ambas sentada desde la cama entre un montón de ropa y accesorios que me estaba ayudando a clasificar para llevármelos a la acampada que organizó nuestro curso como despedida. Termina de doblar concienzudamente unos abrigos y se toma su tiempo para responder a mi madre. Rezo interiormente para que no le diga que no porque si no, nos tendrá aquí recluidas hasta que acabe de contar sus batallitas.
—Pues la verdad es que no, Sra. Ashcroft —dice la rubia poniendo una sonrisa maliciosa al notar mi suplicio.
Mi madre sonríe maravillada ante el inminente despliegue de historias de cuando era pequeña que iba a contarle a mi novia. Hace a un lado una pila de ropa que ya hemos desechado y se sienta al lado de Amy. Le hago un gesto a la rubia con el dedo sobre mi cuello indicándole que va a morir lenta y dolorosamente cuando mi madre acabe con ella, pero ella hace caso omiso y presta toda su atención a mi madre.
—Verás, cuando Karma tendría unos cinco o seis años su hermano Zen se fue de campamento con el colegio. Ella le echaba muchísimo de menos y nos hizo, a su padre y a mí, llevarla inmediatamente junto a él…
—Mamá… —digo yo exasperada.
—Karma, quiero oír la historia de tu madre… —dice Amy sin mirarme y meneando su mano hacia mí para que me calle.
—Sigo. Nos hizo llevarla junto a él cuando no habían pasado ni dos días desde que se marchó. Estaba tan emocionada que en cuanto salió de la furgoneta echó a correr por aquel sendero de tierra que llevaba hasta el campamento sin darse cuenta de que la tierra estaba húmeda. Resbaló y se cayó de bruces sobre un charco enorme y profundo, obviamente lleno de barro fresco. Cuando se levantó, parecía que estaba cubierta de masa para hacer brownies. Su padre sacó enseguida la cámara para hacerle una foto y Karma dio media vuelta enfadada y volvió a la furgoneta. Cuando subimos le preguntamos que qué estaba haciendo y ella nos contestó que se negaba a que los amigos de Zen hicieran chistes sobre ella con esas pintas.
—Desde luego que te pega tu nombre, Karma —dice Amy chistosa.
—¡Justo eso es lo que ella quería evitar! —dice mi madre riéndose.
Mi cara de vergüenza había pasado de un ligero sonrosado a un rojo intenso en lo que había durado la historia.
—¡Mamá! —digo poniendo morritos—. Se pasaban mucho conmigo, los odiaba —digo recordando las burlas de los amigos de mi hermano mayor.
—Es que eras demasiado torpe, mi pequeña. Siempre acababas llena de lodo, barro, agua… daba igual a donde fuéramos —dice ella levantándose y viniendo hacia mí—. Aunque a mí me gusta pensar que tienes un vínculo especial con la Madre Naturaleza —dice posando su mano en mi cara y acariciando suavemente mi mejilla.
—Bueno, chicas. Me voy para dejaros espacio —dice mirándonos desde la puerta—. Paz.
Se despide con un saludo y se marcha dejándonos a solas.
—Por fin… —digo con un suspiro dejándome caer sobre mi cama.
—¡Qué dices! Me encantan las historias de cuando eras pequeña —dice Amy tumbándose a mi lado.
—¡Es que son demasiado vergonzosas! —exclamo haciendo un puchero.
—Pues a mí me parecen adorables, pastelito —dice ella dedicándome una de sus flamantes sonrisas.
—¿Pastelito? —digo confusa.
—¿No dijo tu madre que parecías masa para brownies? —susurra la rubia sobre mi mejilla, plantando besitos sobre ella.
—Recuérdame por qué salgo contigo —digo con fingido enfado.
—Por esto…
Amy pasa delicadamente el dorso de su mano derecha sobre mi mejilla para acabar girando mi cabeza, con suavidad, hasta ponerme frente a ella, conectando nuestras miradas. Se acerca despacio a mi boca y me besa lentamente. Profundizando el beso y recorriendo mi boca con su lengua. Un suspiro de placer se me escapa y ella se ríe casi inaudiblemente. Me besa la punta de la nariz y se hace hacia atrás.
—¿Crees que tu padre me enseñe la foto si se lo pido?
Alargo mi brazo hasta pillar uno de los cojines que pueblan mi cama y lo estampo de lleno contra la cara de mi rubia. Escucho un quejido ahogado y luego unas risas antes de que se abalance sobre mí para empezar una guerra de cosquillas y besos.
—Creo que deberíamos ir acabando ya, Karma. El autobús pasará por aquí en menos de media hora y aún te falta despedirte de tus padres adecuadamente —dice Amy rompiendo nuestro plácido silencio.
—Me voy a ir por cuatro días, no por un año —replico yo aún agarrada a su cuerpo, haciéndome la remolona.
—No seas cabezona, tus padres te adoran y les encantan tus muestras de afecto.
—Está bien —digo separándome de ella—. Bajemos a despedirnos, pero ayúdame primero a recoger el cuarto. Por favor —digo besando sus labios.
Ambas recogemos aquel desastre que había desatado en medio de mi habitación y bajamos mi maleta hasta el salón donde ya estaba la de Amy. Salimos al jardín y nos encontramos a mis padres tomándose un té orgánico y unas pastas veganas. Los abrazo efusivamente y con mucho cariño, dándome cuenta que aunque sean solo cuatro días, los voy a echar mucho de menos.
—Cuídanosla bien, Amy —dice mi madre abrazando a la rubia.
—Por supuesto, Sra. Ashcroft —dice ella devolviendo el abrazo—. Procuraré que se mantenga limpia las veinticuatro horas del día —dice ella y ambas se ríen.
—Cielo, creo que ya es hora de que nos llames por nuestros nombres —dice mi padre dando un apretón de oso a mi novia—. Nos conocemos desde hace mucho y ahora eres la novia de nuestro retoño, es lo propio. ¿No crees, cariño? —dice buscando el apoyo de mi madre.
—Está bien. Les prometo a ambos, Lucas y Molly, que su hija va a estar bien en todo momento.
Amy me deja a solas con mis padres y vuelve al salón, llevando las maletas hacia la entrada.
—Karma, el autobús ya está aquí. ¡Date prisa! —dice ella desde la puerta.
—Dame unos segundos más y estoy ahí —grito desde donde estoy.
—¿Qué vas a hacer con respecto a eso? —dice mi padre, adoptando un tono más serio y señalando con su mirada unos sobres que reposan sobre una mesita.
—Supongo que hablaré con ella mientras estemos allí, no quiero demorarlo mucho —digo yo con lágrimas asomando por mis ojos.
—Oh, cariño —dice mi madre acercándose rápidamente a mí para consolarme—. Todo va a estar bien, seguro que lo entiende…
—No te preocupes, Karma —dice mi padre acariciando mi hombro—. Pasadlo bien y aprovechad hasta el último minuto esta aventura.
—Gracias —digo secándome las lágrimas—, nos vemos en unos días.
Salgo de allí y corro hacia la calle donde Amy ya está cargando, con ayuda de Oliver, las maletas en el autobús. Me acerco a ella y tomo su mano, apretándola con fuerza.
—¿Qué te pasa? —dice ella reparando en mi rostro enrojecido— ¿Estuviste llorando?
—Sí, me emocioné un poco con la despedida… —digo medio mintiendo.
—En el fondo, eres igualita que ellos. Tan sentimental… —dice dándome un beso en la mejilla—. Me encanta.
Sonrío forzadamente y ambas subimos al vehículo para sentarnos en nuestros correspondientes asientos.
Amy:
El campamento estaba ubicado dentro de un rancho muy grande hacia el interior de Texas. Al final, decidimos no viajar a otro estado porque nos costaba tan caro como pagar un paquete completo de comidas, hospedaje y actividades dentro de nuestro estado. Durante estos cuatro días que tenemos por delante nos esperan largos paseos a caballo, escalada y rappel, kayak, senderismo, talleres de diversos tipos, gymkanas, orientación y fogatas nocturnas. Resumiendo, que vamos a tener cuatro días intensos y vamos a llegar echas polvo a nuestras casas.
Aunque hay cabañas para grupos de cuatro personas, nos hemos traído casetas de campaña y sacos de dormir porque una noche acamparemos fuera del rancho para mirar las constelaciones con telescopios. Estaba especialmente contenta con la idea de pasar esa noche con Karma en mi caseta, ya que podíamos compartir, así podríamos tener algo de intimidad.
Descargamos nuestras cosas del autobús y nos dirigimos a donde están los monitores para que nos asignen a un grupo con otros compañeros y la cabaña que compartiremos.
—Amy, Karma, Lauren y Soleil —dice una chica pelirroja con pecas en el rostro, de poco más de veinte años, que forma parte del grupo de monitores—. A vosotras os toca la cabaña número dos. Aquí tenéis la llave, un mapa de las instalaciones y el horario que seguiréis para las comidas y las actividades de grupo. ¡Espero que lo paséis bien! —dice entregándole a Soleil las cosas mientras le guiña un ojo.
—¡Imposible! —digo yo susurrando al oído de Soleil mientras caminamos hacia nuestra cabaña—. Acabamos de llegar y ya estás ligando. ¡Enséñame! —digo en broma, recibiendo un codazo de Karma.
—Es un talento natural —dice ella con aires de superioridad—. Con esto se nace, no se hace —dice chasqueando los dedos y dando media vuelta.
Me río a carcajadas y pronto las otras tres chicas se unen a mí.
—¿Vas a intentar tener algo con ella? —dice Lauren mientras echa un vistazo rápido atrás—. Sigue mirando hacia aquí…
—¿En serio? —dice una sorprendida Soleil—. No es mi intención, pero si surge… no le diré que no a un posible amor de verano —dice riéndose.
—¿Qué ha pasado con tu nerd gafapasta?, ¿ya te olvidaste? —digo picando a la morena.
—Me quedan muchos años de carrera por delante, seguro que encuentro a mi alma gemela por el campus.
—O en los establos del campamento —dice Karma—. Por cierto, ya que lo mencionas… ¿qué tal por California? —pregunta curiosa.
—Parece ser que en Silicon Valley me quieren, chicas. La universidad me ha ofrecido una beca completa. ¿Y vosotras qué?, ¿cómo han ido las aplicaciones para las universidades?
—Yo estoy pendiente a ver si ingreso en farmacia en la Universidad de Texas —dice Lauren.
—Yo estoy igual, pero para literatura —digo yo.
Se crea un silencio y todas miramos a Karma que no ha dicho nada sobre sus estudios superiores.
—Lo mismo —dice carraspeando—. Pero lo mío es la música —dice con una sonrisa escueta—, ¡qué grande la cabaña! —dice cambiando de tema rápidamente.
—¡Es verdad! —dicen a coro Lauren y Soleil.
—No parece que estemos en medio de un rancho… —dice Soleil— ¡Es genial!
Yo me quedo pensando en la actitud de mi novia mientras las otras tres chicas se maravillan con lo espaciosa que es la cabaña, sus mullidas y cómodas camas y con el baño tan moderno que tiene incorporado.
—Amy, ¿no entras? —dice Karma parándose en seco y mirándome interrogativamente.
—Es que creo que están hablando de algo allá… —digo mirando a un corro que se ha formado en el centro de las instalaciones.
—¡Vamos a mirar! —dice Soleil muy entusiasmada y con Lauren aplaudiendo por detrás.
Nos acercamos al epicentro y nos damos cuenta de que están a punto de comenzar una de las actividades de las que ponen en el horario.
—Toca paseo a caballo… Una cabañas por monitor —digo en alto sin esperar respuesta.
—¿Y quién es nuestro guía? —dice Soleil pensativa.
—Pues yo —contesta una voz femenina en tono triunfante desde atrás.
Nos giramos y vemos a la misma chica que nos asignó nuestro nuevo cuarto durante el campamento. Hace unas señas a los otros monitores indicando que ya nos ha encontrado.
—Bueno, chicas, ¿dónde os habíais metido? —dice cantarina—. Mi nombre es Hayley y voy a ser vuestra guía durante la primera actividad del campamento. Vamos a los establos para ensillar los caballos y salir a dar un paseo por este hermoso paisaje —dice con mucho entusiasmo, de vez en cuando se le desvía la mirada hacia Soleil—. ¿Alguna ha montado alguna vez a caballo?
Soleil es la única que no levanta la mano.
—Me da un poco de… respeto —dice sonrojándose.
—No te preocupes, yo te enseño lo básico antes de salir —dice con una gran sonrisa de complicidad—. Podéis seguirme por aquí, por favor… —dice la chica señalándonos el camino.
Entramos en los establos, que son enormes, donde más de un centenar de caballos y yeguas reposaban tranquilamente dentro de sus cubículos. Algunos están siendo cepillados o dados de comer. Hayley nos conduce por un pasillo donde están los otros monitores con los demás alumnos. Shane está entre ellos hablando animadamente con Liam, mostrándole lo que parece ser una fusta mientras hace varios chistes guarros porque el chico le sigue la gracia a escondidas. Pronto se les une Oliver, que se había quedado rezagado.
—Bueno, estos son nuestros caballos —dice Hayley abriendo las compuertas—. Aunque más bien son yeguas, mejor porque estas son muy mansitas y adoran a las novatas —dice mirando a Soleil quien se sonroja de nuevo—. Un grupo entero de chicas, ¡genial! —dice acariciando las crines de una yegua canela llamada Toffee.
Ensillamos a las yeguas y las sacamos fuera del establo. Lauren, Karma y yo nos subimos sin problemas, pero Soleil aún está batallando con su montura. Hayley intenta ayudarla, pero ella se ha propuesto conseguirlo por ella misma. La pelirroja se ríe y la anima en cada intento. Una vez que consigue subirse, ella de un grácil salto sube a su yegua y se dirige nosotras tres.
—Chicas, vosotras iréis delante de nosotras que tengo que supervisar a vuestra amiga —dice la monitora—. No os preocupéis, estaremos unos metros por detrás y el camino está totalmente señalado. No hay pérdida —dice notando nuestras caras asustadas.
—A por ello, entonces —digo sonriendo—. Sujeto las riendas con firmeza y me pongo a la par junto a Lauren y Karma—. ¡Vámonos!
El camino se abre paso en un precioso llano con alguna que otra colina. El follaje de la vegetación del lugar se mece con la ligera brisa que corre por el paraje. El aire se respira puro y aprovecho para inspirar con profundidad, llenando mis pulmones de oxígeno limpio. Karma mira asombrada cada piedra y cada planta, repite varias veces lo mucho que le gustaría a su familia estar aquí y yo la miro con cara de tonta enamorada mientras habla con Lauren sobre Oliver y la universidad. No puedo evitar pensar que algo raro está pasando, porque evita hablar mucho tiempo conmigo.
Miro varias veces hacia atrás y compruebo cómo Soleil se hace con las riendas de la montura tras las indicaciones de Hayley, que de vez en cuando nos hace pararnos a todas para explicarnos algún dato interesante sobre el lugar. La monitora se adelanta un momento y yo aprovecho para acercarme a Soleil.
—¿Qué tal? —digo alzando mis cejas.
—Bien, es simpática —dice captando el tipo de pregunta—. Y sabe un montón sobre animales. Es veterinaria. Trabaja en los establos y como monitora aquí durante el verano.
—¡Increíble! —digo impresionada—. Parece que le gustas mucho, te dedica muchas atenciones… —digo tirando la punta.
—No sé, yo creo que es porque soy la que no sabe montar a caballo… —dice la morena algo dubitativa.
—¡Si no te quita el ojo de encima! —digo sorprendida—. No puedes no darte cuenta…
—¿Desde cuándo estás tan intuitiva?
—Supongo que se me pegó de cuando estábamos juntas —digo sacándole la lengua.
—¡O se te pegó todo! —dice riéndose—. ¿Qué tal tú con Karma?
—Bien, bien —digo sin prodigarme mucho en cursilerías para no herir a la morena—. Aunque creo que me oculta algo… está esquiva.
—Dale tiempo, a lo mejor solo está muy concentrada en esta nueva experiencia campestre —dice restándole importancia.
—Puede que tengas razón —digo yo suspirando—. Me voy, que ahí viene tu chica…
—¡Amy! —me grita la morena— ¡Vete a freír espárragos!
Me voy al trote riendo y me acerco a la yegua de Karma. Cojo su mano y ella se gira hacia mí para depositar un suave beso en mis labios.
Karma:
El paseo a caballo ha sido increíble. Hacía mucho tiempo que no montaba y me había dado cuenta lo mucho que lo echaba de menos. A pesar de que estuvimos casi tres horas, para mí el tiempo se pasó volando. Pero teníamos que regresar al campamento porque se acercaba la hora del almuerzo y todos teníamos que hacer turnos para ayudar. Dejamos a las yeguas en el establo y nos dirigimos a la casa comedor. Hayley se despidió de nosotras y nos dijo que nos vería esta noche durante la fogata.
Después de poner las mesas y ayudar a prepara la comida, nos sentamos en los bancos y nos disponemos a comer. Cuando ya estábamos a punto de acabar, uno de los monitores que nos recibió en la entrada se subió al estrado y cogió un micrófono.
—Gente, la fogata de esta noche se cancela porque se están dando las mejores condiciones para poder ver las estrellas esta misma noche y, teniendo en cuenta que no sabemos cómo puede variar el tiempo, hemos decidido ir esta noche a aprender algo sobre las constelaciones. No se olviden de abrigarse bien y de coger todo lo necesario para pasar la noche fuera de las cabañas.
Un murmullo entusiasta se eleva por encima de la voz del monitor que esboza una sonrisa de puro contento y baja junto a sus compañeros para ir a descansar. Hasta que anochezca, tenemos tiempo libre para hacer lo que queramos dentro del rancho. Eso se traduce en muchas horas libres en las que Amy querrá pasar tiempo conmigo. No sé cómo decirle lo que ahora mismo me trae de cabeza, pero si no se lo cuento será peor el remedio que la enfermedad…
—Karma, te ha llegado una carta. Tiene un sello de la universidad… —dice mi padre tendiéndome el sobre.
—Deséame suerte, papi —digo cogiendo el sobre de las manos de mi padre.
—Tranquila, cariño. Mamá dice que sintió mucha energía positiva cuando la tocó y tú sabes que nunca se equivoca.
Mis manos sudan y tiemblan de lo nerviosa que estoy. Paso mis dedos por el membrete de la universidad de Berklee y trago hondo. La mejor universidad de música del país y tiene que estar al otro lado del mismo. Nada menos que en Boston, Massachusetts. Es una gran oportunidad, si me apoyan en mis estudios musicales puedo obtener una beca completa, pero eso significaría dejar Texas, mi hogar… mi familia y mi novia. No había hablado con ella de esto antes, no quería preocuparla ni que intentase cambiar sus planes por mí porque sé que tiene muchas posibilidades de entrar y estudiar antropología en la universidad local dentro de un buen programa y con todo pagado.
Desgarro la solapa del sobre y saco la carta. El envoltorio se desliza de mis manos cayendo a mis pies. Leo el contenido detenidamente una y otra vez para finalmente mirar a mi expectante padre.
—¿Y bien? —me pregunta casi tan nervioso como lo estoy ahora mismo.
—Estoy dentro, papá —digo llorando de la emoción, pero también de la tristeza.
—Oh, cielo… ¡sabíamos que lo conseguirías! Alguien con tu talento para la música debe estar en esa universidad, es una institución. Me alegro mucho por ti —dice abrazándome fuertemente.
Le devuelvo el abrazo y lloro pausadamente, hundiendo mi cara en su hombro.
Amy me ha dicho que le gustaría ir a ver a Shane, eso me da tiempo para reflexionar sobre cómo decirle que me mudo a otro estado antes de que acabe el verano. Separarme de ella va a ser durísimo. No puedo rechazar la oferta y tampoco puedo hacer que ella renuncie a dejar Texas por mí. Ya estoy harta de comportarme de manera egoísta.
—¡Karma! —me grita Soleil unos metros por detrás de mí— ¿A dónde vas?
—Quiero descansar un poco —digo dándome la vuelta para tenerla de frente—. Creo que he comido demasiado —digo dándome un masajeo circular sobre mi vientre.
—¿Estás segura de que es sólo eso? —dice la morena poniendo los brazos en jarras.
Desde luego que no hay manera de ocultarle algo a esta chica. Ya me lo había dicho Amy, pero estoy empezando a creer que tiene poderes psíquicos.
—Me voy a Boston —digo sin pensármelo demasiado.
—Sigue —dice la morena caminando hacia mí y señalando nuestra cabaña.
Una vez dentro de la cabaña y asegurándonos de que ninguna de las otras chicas viene y de echar el pestillo, nos sentamos en una de las camas y comienzo a relatarle lo ocurrido.
—Bueno, antes que nada, sabrás que quiero estudiar música, ¿no? —le pregunto.
—Sí, ya lo sabía… lo comentaste cuando llegamos aquí.
—Pues, verás, hace un par de meses empecé a mandar solicitudes para universidades y conservatorios. Entre ellas, envié una a Berklee que es el mejor sitio ahora mismo para estudiar música en el país y al que yo siempre quise ir. Rellené la solicitud y la envié sin esperar contestación porque, debido a su prestigio, muchos alumnos de todas partes aplican para poder entrar.
—Ya veo… —dice Soleil asintiendo con la cabeza— ¿Así que te escogieron para cursar los estudios musicales ahí?
—Exacto. Nunca creí que entraría, por eso tenía conservatorios y carreras no musicales en Texas como plan B. Pero, finalmente, me admitieron como alumna.
—¡Eso es increíble! —dice Soleil entusiasmada— ¡Enhorabuena!
—El problema es que no quiero alejarme de Amy. Y menos ahora… me partiría el corazón y, de paso, también el suyo —digo conteniendo el llanto.
—Estoy segura de que Amy lo comprenderá, Karma. Es una chica muy paciente y generosa, sin malas intenciones y con muy buenos deseos para cualquiera. La distancia será dura al principio, pero seguro que sabréis salir adelante —dice ella infundiéndome coraje.
—¿Tú crees? —digo esperanzada.
—¡Claro! —dice ella sonriente—. Además, deberías contárselo ya… porque se huele que te pasa algo y está empezando a preocuparse de más.
—Está bien, no tenía la certeza de si iba a decírselo hoy o no. Pero ahora que sé que está así, soltaré la bomba esta noche… —digo volviendo a ponerme pesimista.
—Tranquila —dice ella abrazándome—. Todo saldrá bien. Confía en ella y en lo que ambas comparten.
—Gracias, Soleil. La verdad es que hablar contigo me ha quitado un peso de encima —digo sonriendo ampliamente—. Ahora, dime… ¿qué te tienes con la pelirroja? —digo chismosa.
—¡Ya estamos! —dice ella palmeándose la frente—. Amy y tú sois tal para cual…
La morena empieza a contarme todo sobre la pelirroja entre admirada e ilusionada. Conversamos animadamente sobre las pesquisas que ha hecho la morena para averiguar si la monitora tiene verdadero interés en ella y escucho atentamente sus razones. Mientras tanto, pasa el tiempo y oscurece poco a poco hasta que nos da la hora para la excursión nocturna de esta noche.
Amy:
Karma me ayuda a montar la tienda de campaña que compartiremos esta noche en el llano dónde más tarde instalaremos los telescopios para observar las estrellas. Cómo dijeron durante el almuerzo los monitores, el cielo está despejado. Ni una sola nube oculta los millones de puntitos brillantes que pueblan la oscura bóveda entre negra y azul marina que se alza sobre nuestras cabezas. La idea de dormir junto a la castaña bajo la tenue luz de los astros y el reflejo solar de la Luna se me antoja muy romántica e idílica. Aunque también algo morbosa, ya que estamos rodeadas de más casetas en un radio de dos o tres metros. La lujuria y el deseo hacen acto de presencia en mi cuerpo y un escalofrío de placer me recorre el espinazo a velocidad de vértigo haciendo que se me erice cada centímetro cuadrado de piel.
—¿Qué te pasa? —dice Karma zarandeando una mano delante de mi cara—. Te has quedado como en pause…
—Sí, yo… no sé qué me ha pasado… —digo sintiendo un ligero rubor en mis mejillas.
—¡Qué linda que eres cuando te sonrojas! —dice Karma dándome un pico en los labios.
El roce de sus labios y su aroma me cortocircuita. Y me deja en shock hasta que la castaña tira de mí hacia donde están nuestros amigos para escuchar las indicaciones de los monitores.
Primero, todos nos tumbamos sobre la tierra boca arriba. El primer ejercicio es conocer más a simple vista las constelaciones, los nombres de las estrellas más grandes e identificar planetas y galaxias cercanas. Los monitores nos contaban en voz baja, con el murmullo de la vegetación y de los insectos de fondo, algunas historias antiguas y otras más modernas. Mitos y descubrimientos científicos. Cojo la mano de mi novia y la aprieto suavemente, ella sonríe al aire y se pega a mi cuerpo. La noche es fresca, a pesar de que estemos en verano. Pasan varias estrellas fugaces y todos nos quedamos sobrecogidos ante tal espectáculo.
Luego llega la ronda de telescopios. Han colocado por una zona algunos más corrientes y otros más potentes; vemos la Luna, algunas estrellas e incluso algunos planetas cercanos de nuestro sistema. Las primeras horas de la madrugada llegan y todos tenemos que ir a descansar a nuestras correspondientes casetas.
En cuanto Karma y yo entramos en la tienda y cierro la entrada pasando la cremallera, la castaña se abalanza contra mí besándome apasionadamente. Caigo de espaldas contra la colchoneta y de un manotazo apago el farolillo portátil.
—Esta noche haremos el amor bajo las estrellas… —me susurra mi novia al oído, encendiéndome enseguida.
Sonrío y la beso como toda respuesta. Me deshago de su chaquetón y ella se las arregla para quitarme el mío. Los lanzamos por ahí, dando gracias que la caseta es amplia y no golpeó la lona. Ambas nos besamos y nos buscamos en silencio, procurando hacer el menor ruido. Los gemidos contenidos aumentan nuestra propia excitación. En poco tiempo estamos desnudas y el calor corporal que nos envuelve es suficiente para no pasar frío.
Me pongo sobre Karma y beso su frente, sus ojos, su nariz, su boca, su mentón, su cuello, sus pechos… bajo hasta su vientre y alzo mi mirada buscando su permiso. Ella asiente y echa la cabeza hacia atrás. Beso su pubis mientras acaricio la cara interior de sus muslos, beso sus ingles y luego su sexo. Introduzco mi lengua y con la punta hago pequeños círculos sobre su clítoris. Éste se endurece pronto y comienzo a succionarlo y a besarlo. Karma se retuerce y contonea sus caderas suavemente buscando el máximo placer. Puedo sentirla muy mojada. Llevo mi lengua hasta la entrada de su vagina y la penetro con ella. Bebo de su interior a la vez que incremento la velocidad de mi lengua sobre ella. Karma se lleva las manos a la cara y se tapa con ellas, ahoga los gritos de placer mordiéndose el labio inferior. Se incorpora ligeramente apoyándose sobre sus codos y mira lo que estoy haciendo; el gesto de su cara y los dedos de sus pies, aferrados en un fuerte agarre a la tela de las mantas, la delatan. Está a punto de alcanzar al orgasmo. Aprovecho para introducir dos dedos dentro de ella a la vez que sigo jugando con mi lengua sobre su clítoris. En menos de cinco minutos llega al clímax, pero yo no paro. Sigo hasta que alcanza otro. Y otro.
—Oh, dioses… —dice ella casi susurrando, procurando no gritar aunque se nota que está haciendo un esfuerzo terrible—. Eso ha sido más que impresionante…
—Ya lo creo —digo sonriendo—. Multiorgásmica, ¿eh?
Ambas nos reímos flojito. Me acerco a ella y la beso profundamente. Aún está agitada y sudorosa. Y eso me encanta. Paso los mechones de pelo que tiene pegados a la cara por detrás de sus orejas y la miro sin poder dejar de sonreír. Ella recupera el aliento y me besa de nuevo.
—Me toca a mí —dice dejándome esta vez a mí debajo.
Da comienzo de nuevo el juego y la pasión. Los besos tranquilos y los desenfrenados. La piel erizada y los cuerpos danzando bajo la noche estrellada. Su lengua sobre mí, dentro de mí… sus manos sobre mí, dentro de mí. La noche nos ampara y los astros asisten a una sesión privada donde dos personas que se aman juegan al amor.
Karma:
La claridad de las primerísimas horas del día nos pilla a ambas despiertas, después de una noche intensa y, a pesar del agotamiento, no hemos podido dormir. Es un momento demasiado especial como para perdérselo cerrando los ojos. El rostro de Amy con su sempiterna sonrisa me mira y puedo sentir en el verde de sus ojos todo el amor que siente por mí y eso me deja sin palabras, totalmente sobrecogida. El corazón me palpita con fuerza. Me aprieto más contra ella y la abrazo pasando mi brazo sobre su torso. Entierro mi rostro en su cuello y la beso con delicadeza. Ella suelta una risita por las cosquillas que le produce. Me acaricia el brazo con la punta de los dedos y también la espalda y el cabello.
—Te amo —susurra.
El corazón me da un vuelvo y empiezo a llorar de tantas emociones acumuladas.
—Yo también te amo —digo sollozando mientras la miro a los ojos—. No lo dudes ni por un segundo… —digo escondiendo mi rostro de nuevo en su cuello.
—Hey… —dice alzando mi mentón para verme a los ojos—. ¿Qué te ocurre?, ¿por qué lloras?
—No es nada… —comento restándole importancia a las lágrimas—. Sólo que soy inmensamente feliz a tu lado.
—Oh, mi amor… —dice dulcemente para tratar de calmarme—. Yo también. Te quiero, te quiero, te quiero, te quiero… —repite mientras me besa en los labios intermitentemente.
Decido no decirle nada hasta el final de estos días de vacaciones juntas, para seguir disfrutando de más momentos así sin que la presión de nuestro futuro más cercano nos agobie. Al menos, no a ella.
El último día del campamento llegó más rápido de lo que pude haberme imaginado.
Amy y yo recogemos las maletas y nos dirigimos al mismo punto donde nos reunimos el primer día para hacer una última despedida.
Nuestros amigos están tardando más de lo normal porque es evidente que no quieren marcharse, ni nosotras tampoco. Algunos siguen rezagados en sus cabañas, otros han ido a los establos para ver por última vez a los animales, otros se sientan en los bancos desconsolados a la espera de que tengan que subir al vehículo… Es en parte triste porque para muchos va a ser la última vez que nos veamos en mucho tiempo y no es nada fácil de digerir. Aún tengo que contarle a Amy lo de mi beca en Boston y solo de pensarlo me entran ganas de gritar y llorar de frustración.
Vemos a Lauren siendo besada y abrazada por Oliver, a Shane ligando con todo el mundo, a Liam hablando amigablemente con un monitor que estudia Bellas Artes y también a Soleil, que habla con Hayley. A ambas se las ve tristes, pero siguen charlando animadamente. La pelirroja le pasa un papelito y se despide de ella con un abrazo muy fuerte y un beso en la mejilla. La morena mira desde su sitio como la monitora y veterinaria se aleja y luego repara en que ambas las estábamos mirando. Se pasa la mano por la cara y guarda el papelito en su bolsillo de los vaqueros, a continuación camina con paso pesado hacia nosotras.
—¿Y bien? —dice Amy curiosa.
—Me ha dado su número de teléfono… —dice la morena cabizbaja.
—Entonces, ¿por qué pareces tan triste? —digo yo confusa.
—No lo sé… —empieza a sollozar.
Amy y yo nos acercamos y la abrazamos con fuerza.
—Te ha calado hondo, ¿eh? —dice la rubia.
—No la voy a ver más… en unos días salgo para California —replica la morena—, yo quiero seguir unos días más con ella…
Las palabras de Soleil no han sido malintencionadas, más bien todo lo contrario. Pero me recuerdan lo que va a pasar con Amy y conmigo y mi estómago se encoje de puro pánico.
—Pero, Soleil, aún se tienen que conocer un poco más… —dice Amy con calma—. Apenas habéis pasado cuatro días juntas. Si ves que la cosa fructifica, seguro que podréis veros a menudo. Porque cuando es cosa del destino, no hay impedimento que valga —dice ella con una sonrisa triunfante.
Mi corazón vuelve a latir más deprisa al escuchar esto último que ha dicho mi novia. Quizás sí que haya esperanza para nosotras…
—Claro, os tengo a vosotras de ejemplo —dice la morena algo menos triste.
Yo me quedo pálida y le hago un gesto como haciéndole entender que no siga por ahí, porque Amy no sabe nada. Ella enseguida lo pilla y se queda callada, entonces Amy, que no se había enterado de la movida, nos mira a ambas con un gran interrogante marcado en su rostro.
—Bueno —dice Soleil carraspeando—, me voy. A lo mejor consigo hablar un poco más con Hayley antes de marchar… —se aleja corriendo no sin antes pedirme perdón con un gesto.
Amy se voltea hacia mí y me escudriña con la mirada. Empiezo a sudar como una loca.
—¿A qué se refiere Soleil? —dice ella.
—Verás, Amy, hay algo que no te he contado aún y que deberías saber… —empiezo yo intentando aguantar su mirada— Mentí sobre lo de la universidad. Me han admitido para estudiar música en Berklee.
—¿Berklee… Boston? —dice ella estupefacta— ¿Una de las mejores universidades con uno de los mejores programas de música?, ¿Esa Berklee? —dice casi sin respirar.
—La misma…
—¿Desde cuándo lo sabías?
—Un par de días antes de venir aquí.
—¿Por qué no me lo habías dicho? —cuestiona ella, por el tono, un poco dolida.
—No lo sé, pensaba que te lo ibas a tomar muy mal y que no te alegrarías por mí, o que montarías una escena… ¡no sé, la verdad! —digo tapándome la cara— Mierda, en qué estaría pensando…
—Karma —dice ella acariciando mi pelo—. Karma, mírame —hago lo que me pide—. Claro que me alegro por ti, vas a estudiar lo que te apasiona en una universidad con mucho prestigio. ¿Por qué iba a molestarme?
—Porque, inevitablemente, nos vamos a tener que separar —digo yo con un puchero—. Y me duele mucho tener que hacerlo…
—Pero, ¿tú quieres que cortemos?
—¡No!, ¡de ninguna manera! —digo enseguida.
—¿Entonces? —dice ella en tono conciliador— No viviremos a diez minutos la una de la otra, ni te podré besar cuando me apetezca, ni tendremos picnics en el parque, ni haremos el amor bajo las estrellas… ¡Dios!, ¿por qué te vas? —dice ella soltando una carcajada— Es broma. No estaremos físicamente juntas, pero sí lo esteremos aquí —me señala el corazón y luego la frente.
—¿Eres ET ahora o qué? —digo riendo y llorando a la vez.
—Puede que sea un poco extraterrestre… pero definitivamente soy más guapa —dice bromeando.
—¡De eso no hay duda! —digo riendo— ¿Cómo lo haces, Amy?, ¿cómo haces que las cosas más serias y las situaciones más horribles desaparezcan con solo unas palabras?
—Puede que porque tenga mucha confianza en lo que tenemos… —dice ella orgullosa—. Yo me arriesgo, ¿y tú?
—Al cien por cien.
—Pues entonces, ve tranquila a Boston. Estudia mucho, conoce gente nueva, empápate de nuevas culturas, diviértete… que para lo que quieras, me tienes a tu lado. Y en cuanto pueda, pillo el primer vuelo para ir a verte y que me enseñes la ciudad. Nunca antes he estado en la costa Este… —dice llevándose las manos a la cara y haciendo un gesto soñador.
—Te quiero —digo parando su verborrea con un beso en los labios—. Eres la mejor novia del mundo.
—Lo sé, me merezco un premio Nobel como mínimo —dice apretándose contra mí y riendo tranquilamente.
—Te voy a echar muchísimo de menos…
—Tranquila, te llamaré todos los días. Haremos Skype de vez en cuando. Y ahorraré para los billetes de avión.
—¿Lo prometes?
—Si tú también me llamas de vez en cuando, lo prometo —dice ella besándome la punta de la nariz.
—Mira que eres tontita… ¡claro que te llamaré! —digo ofendida— Te vas a aburrir de escuchar tanto mi voz…
—¡Imposible! Me encanta tu voz —dice besando mis labios—. Me encantas toda tú. Te quiero.
Ambas nos fundimos en un tierno y profundo beso, que no es el primero ni el último. Pero sabe como tal, como todos y cada uno de los besos que compartimos.
Aquí el penúltimo capítulo del fic. Siento haber tardado tanto, a cambio lo he hecho más extenso. Espero que lo hayáis disfrutado. La próxima actualización será el epílogo. ¿Sobrevivirá la relación de nuestra pareja favorita durante el primer año de universidad?
¡Hasta la próxima!
-Anyway7: hello! gracias por tus palabras jeje Creí oportuno que Karma le pidiera salir a Amy porque ya había descubierto por fin lo que sentía y tuvo el valor de tomar la iniciativa en algo en lo que creía firmemente. Yo también disfruté mucho escribiendo la escena de Lauren con Oliver, quería algo un poco macarrilla... los secundarios aportan mucha frescura a cualquier cosa. ¡Sí! Yo tampoco me lo esperaba y me parece genial, ¡viva la visibilidad! jajajaja es un punto muy a tener en cuenta durante esta temporada, al parecer, junto a otros secretos de los personajes (a ver, a ver) A mí también me apena finalizar el fic, pero si lo alargo más podría hacerse menos interesante ya que sé que no le voy a poder dedicar todo el tiempo que quisiera. Igualmente, gracias por seguir aquí conmigo. Un besote! :)
-BesosKarmicos: holi! Ay, no me lo digas dos veces que me planto en tu casa en menos de lo que tardas en estornudar jajajaja chica, ¡qué suerte! a mí me quedan fatal los gorritos esos T.T Me alegro que te haga reír, si alguien se ríe con mis boberías ya tiene el cielo ganado :P El picnic... yo quiero una cita así. En mi mente es la cita perfecta. Yo creía que no era romántica, más bien sarcástica y pasota, y este fic me ha descubierto mi yo más cursi (tierra, trágame). Es increíble, pero sí... Habemus 2T. Mucha emoción mientras vi el primer episodio, me gustó bastante. Besos y abrazos para ti también!
-Albmmac: wow! qué pasada! eso sí que es engancharse! oye... qué bien me siento cuando me dicen cosas así! de verdad, muchas gracias. Gracias de nuevo por todas tus felicitaciones y siento haberte patrocinado esas ojeras... te debo un café o un bote de corrector, lo que tú prefieras jajajaja Besitos!
Muchas gracias a todas por los comentarios, los fav, los follows, los pm... cualquier cosa. ¡Sois lo mejorcito! Espero ver vuestros comentarios en el epílogo y que sea de vuestro agrado.
Besotes Kármicos a tope!
#VivaKarmy
HelloMrsGolightly.
