Capítulo 25: Sentir tu cuerpo

¡Muy buenas!

Antes que nada, siento mucho (MUCHÍSIMO) haber tardado tantísimo en actualizar. He estado muy ocupada con la universidad y también he salido de viaje, así que no he tenido apenas tiempo para ponerme a escribir T.T

Ahora, si os fijáis en el título… ¡tachán! He decidido añadir otro capítulo al fic. Así que en total serán 26 entregas.

P.D.: Amy va a estudiar Literatura, no Antropología. Puse una carrera diferente cuando el flashback de Karma, pero ya lo he corregido.

¡A leer! Espero que os guste :3

Un año después.

Karma:

El avión acaba de aterrizar en el aeropuerto. La máquina se detiene y el piloto comienza a recitar su, ya manido, discurso de agradecimiento a los pasajeros por haber volado con su compañía. La gente se apelotona en medio del estrecho pasillo para sacar su equipaje de mano y salir, desesperados por llegar cuanto antes a la zona de recogida de maletas y por reencontrarse con sus seres queridos.

Un pensamiento con Amy como protagonista absoluta cruza mi mente de manera fugaz. La carne se me pone de gallina y sonrío para mis adentros. Noto como un leve rubor cubre mi cara solo de pensar que dentro de pocos minutos podré estrecharla entre mis brazos.

"Oh, Amy…"

A pesar de que hace un año que dejé mi hogar para instalarme en Boston, no hace exactamente un año que no veo a la rubia. Hace unos meses, aprovechando unos días de vacaciones, Amy cogió un vuelo hasta la ciudad en la que ahora resido para venir a visitarme y, de paso, hacer un poco de turismo. Le enseñé mi cuarto en la residencia, las instalaciones del campus, museos, monumentos, los barrios importantes… todo aquello que mi novia me pedía, pues estaba muy entusiasmada por ver la costa Este por primera vez. Incluso nos pillamos un tren hacia Nueva York y nos pasamos dos días enteros visitando la Gran Manzana. Fueron unos días increíbles que pudimos exprimir al máximo. Despedirnos de nuevo fue durísimo y aunque hablábamos con frecuencia por whatsapp y Skype no era comparable con tenerla frente a mí, con sus dulces ojos verdes conectados con los míos y su suave mano acariciando mi mejilla.

"…por fin nos vamos a ver de nuevo. Y esta vez, por más tiempo".

Salgo por el finger y me dirijo a las cintas transportadoras de donde recojo mi maleta y la funda de mi guitarra. Cuando ya lo tengo todo camino hacia las puertas. Al otro lado mi novia me estará esperando. Respiro hondo varias veces y cruzo.


Amy:

Estoy increíblemente nerviosa. Tan nerviosa que no pude dormir casi nada la noche anterior y que he llegado al aeropuerto dos horas antes, así que llevo dando vueltas dentro de la terminal de vuelos nacionales desde las ocho de la mañana y ya he pasado a por té de máquina unas cuatro veces.

Miro el panel de información y dice que el vuelo desde Boston acaba de aterrizar, así que, Karma, en unos veinte minutos estará cruzando el umbral de la puerta automática.

Sujeto con firmeza el ramo de flores que he traído conmigo y contengo la respiración cuando las hojas de la puerta se deslizan por primera vez para dejar pasar a la gente que viene del otro lado del país. Tras un par de familias, una señora con un trolley inmenso y un chico alto como un rascacielos, divisé una cabellera castaña y ondulada con un bolso al hombro, guitarra en mano y la maleta en la otra. En cuanto se apartó de la masa de gente que se había formado a la salida, corrí hacia ella desesperada. Ella se ríe a carcajadas y deja sus cosas a su lado, extendiendo sus brazos libres hacia mí. La abrazo con fuerza y la aúpo ligeramente.

—¡Mi amor! —dice ella—¡Por fin en casa!

—¡Sí! —respondo— Ya era hora… —digo conteniendo unas lagrimitas de pura felicidad.

Le tiendo el bouquet con gesto solemne.

—Para ti —digo poniéndome colorada—. Espero que te gusten.

—Me encantan, Amy, son preciosas —dice llevándose el ramo a la nariz para aspirar el aroma de las delicadas flores—. Muchas gracias, no tenías por qué —dice ella sonrojada, estirándose para poder besarme tiernamente en los labios.

—Una bienvenida en el aeropuerto sin flores, no es una buena bienvenida —digo yo volviendo a besarla.

—De aquí podemos sacar material para una comedia romántica —dice ella sonriendo—. Te has vuelto muy cursi, cielo —puntualiza la castaña.

—Es lo que hace el amor, te deja tonta… ya ves —digo yo con falsa resignación.

Ayudo a Karma con los bultos y ella me coge de la mano. Salimos así, agarradas, del aeropuerto para ir hacia el coche que dejé aparcado en la entrada.


—¿Cuál es el plan? —me dice cuando se sienta en el asiento del copiloto.

—Ir a tu casa para dejar tus cosas y luego lo que tú quieras.

—¿Sabes algo de mi familia? —dice ella mirando su móvil— No me han llamado y tampoco he recibido mensaje alguno —dice preocupada.

—Pues ni idea… —digo yo— Tranquila, no creo que se hayan olvidado.

Justo en ese momento el sonido del whatsapp hace acto de presencia.

—Hablando de los reyes de Roma… "Karma, cariño, tu padre y yo estamos en un atasco fuera de la ciudad. Había una feria de verduras orgánicas y decidimos pasarnos antes de tu llegada. No previmos esto, vamos a estar aquí mucho tiempo. Lo sentimos mucho, esperamos que hayas tenido buen vuelo. Te queremos"

Karma termina de leer el mensaje e inmediatamente su gesto cambia, guarda el aparato en el bolso y se encoje sobre su asiento, totalmente cabizbaja.

"Perfecto, todo va según lo previsto…"—pienso, ocultando una sonrisilla malévola.

—Cielo, no te pongas así… —digo intentando animarla— Los verás más tarde, no se van a quedar ahí todo el verano.

—Ya lo sé, pero es que tengo muchas ganas de verlos… Un año es un año —dice ella sin falta de razón.

Con una mano, y sin dejar de mirar la carretera, acaricio el muslo de mi novia de manera reconfortante.

—Al menos te tengo a ti —dice ella algo más alegre—. Te he echado muchísimo de menos.

—Hablamos todos los días, ¡incluso para decirnos qué almorzamos y qué ropa llevamos a clase! —digo riéndome.

—Nunca tengo suficiente de ti —dice ella mirándome.

—Oh, ¡qué tierna! —digo mordiéndome el labio— Que conste que me encanta que me llames para decirme lo que vas a llevar puesto. Incluso me gusta cuando me llamas para decirme que no llevas nada.

—¡Ya estabas tardando! —dice ella a carcajada limpia.

—¡Son muchos meses, Karma! —digo dramática— ¡Muchos! He gastado la foto que me dejaste cuando partiste en aquel barco rumbo a aguas desconocidas…

—¡Eres de lo que no hay!

—¡Claro! Soy única —digo mientras aparco el coche frente a la casa de los padres de Karma.

Ayudo a Karma con su equipaje y lo dejamos todo a los pies de la escalera.

—Todo está tan… silencioso —dice Karma—. Me da hasta repelús.

—Déjate de boberías —digo yo esperando que la castaña no sospeche nada—, ¿no te apetece beber o picar algo? Debes de estar muerta después del viaje… —digo sugestivamente.

—Pues sí, voy a por un zumo o algo… —dice ella dirigiéndose a la cocina— ¿Quieres tú algo, Amy?

Pero la castaña no recibió respuesta porque, con premura, salí por la puerta que da al patio para avisar a todos los que estaban escondidos en el patio para que se prepararan para sorprender a Karma. Entro por la puerta que une el patio con la cocina y veo a una muy confusa Karma interrogándome con la mirada.

—Hace un día muy bueno —digo para salvarme el pellejo—. Trae los zumos y los tomamos aquí fuera, al sol.

—De acuerdo… —dice mi novia escéptica.

Nada más salir al patio todos los que habían venido para la bienvenida de Karma salieron de sus escondrijos a grito pelado, vitoreando a la recién llegada y aplaudiendo como locos. A Karma por poco se le caen los vasos del susto, pero enseguida se repuso y empezó a reírse.

—¡Me has engañado! —dice dándome un golpe en el brazo— ¡Me habéis engañado todos!

Todos nos reímos y la abrazamos a la vez.

—Mamá, papá… ¡de verdad creía que no os vería hoy! —dice enjugándose una lagrimita.

—Mi pequeña Karma, ¿cómo nos íbamos a perder tu regreso? —dice la madre de Karma.

—No podía esperar a verte de nuevo, mi niñita preciosa —dice su padre apretujándola contra su gran torso.

—Papá… me ahogas —dice Karma con poca voz.

Me separo un poco del pasteloso trío y me acerco a un sitio donde aún hay alguien que espera poder abrazar y besar a Karma. Le agarro de la mano y lo llevo conmigo hacia la castaña.

—Papá, creo que Karma ya ha tenido suficiente amor paternal por hoy…

—¿¡Zen!? — Karma se separa de su padre y sin poder creérselo se pega a su hermano mayor.

—¡Hermanita! —dice el chico correspondiendo al abrazo de su hermana.

—¡Qué alegría que estés tú también aquí! —dice ella aún abrazada al cuerpo de Zen— ¿Cómo has hecho para venir hasta Austin?

—Tu novia me avisó con tiempo para que pudiese cuadrar mi horario y coger unas pequeñas vacaciones para venir a verte —dice el chico mientras acaricia con cariño el pelo de Karma.

La castaña se separa de su hermano para mirar hacia mí y yo me sonrojo enseguida al notar sus ojazos clavados en mí. Ella salta a mis brazos y me apretuja contra ella.

—Muchas gracias —dice sollozando—. Eres increíble…

Beso su frente a modo de respuesta y luego doy por empezada la fiesta.

Todos nuestros familiares y amigos están hoy aquí para la pequeña barbacoa que he organizado para Karma. Para que se sienta de nuevo como en casa. Aparte de la familia de Karma, están también mi madre y Bruce. Lauren y Oliver, Shane, Liam, Soleil y Hayley también han podido venir.

Los padres de Karma y Bruce se han adjudicado las barbacoas, la vegana y la de carne respectivamente. Zen charla animadamente con nuestros padres sobre su trabajo y nuestros amigos están sirviéndose las bebidas mientras ponen a mi chica al corriente de lo que ha pasado últimamente por aquí.

—Hayley, me alegro mucho de verte… parece que lo vuestro ha conseguido salir adelante —dice Karma mirando para la pelirroja que sostiene la mano de Soleil entre las suyas.

—¡Gracias! —dice muy sonriente la veterinaria—A pesar de las reticencias de Soleil por la distancia, pude arreglármelas para que me dijera que sí a nuestra primera cita—dice Hayley ajustándose las gafas sobre el puente de la nariz.

—Estoy muy contenta de verlas juntas. Hacen muy buena pareja —dice Karma dando un sorbo a su zumo—. Por cierto, te quedan muy bien las gafas.

—¡Las gafas…! —dice de repente una callada Soleil— Me van a volver tarumba…

—¿Y eso? —dice Karma.

—Maldigo el día que me enteré que usaba lentillas y le dije que se probara las gafas que tiene de repuesto —dice suspirando la morena.

—¡Si te encantan! —dice la pelirroja.

—¡Ese es el problema! —dice Soleil— Que estás demasiado irresistible con ellas puestas…

—Eww, ¡id a una habitación! —dice Shane— Puedo sentir tu lujuria a tres millas de aquí.

Karma y yo nos reímos y pronto se nos unen todos los demás.

Soleil y Hayley salen juntas oficialmente desde hace un mes. No le había dicho nada a Karma para no estropearle la sorpresa. Las chicas se ven de vez en cuando ya que Hayley suele pasar temporadas en California en unos establos que la contratan por épocas. A Soleil le va muy bien en Silicon Valley y ha aprobado todo sin despeinarse.

Por otra parte, Shane se ha apuntado a un nuevo gimnasio que han abierto por la zona y ya le está echando ojitos al entrenador.

Liam entró en una escuela de arte y no tiene pareja, de momento. Pero está planteándose pedirle una cita a la que hace de modelo para los posados de su clase de dibujo.

A Lauren y a Oliver les va muy bien juntos. Cada día más enamorados. Tanto que se han olvidado de que tienen otras responsabilidades, así que este verano tendrán que ponerse las pilas para aprobar exámenes en septiembre.

Karma escucha atentamente todo. Ríe con cada una de las anécdotas y se maravilla con los logros personales y escolares de nuestros amigos. Nos quedamos hasta que se hace de noche de cháchara. Por la cercanía que hay no parece que hayamos estado tanto tiempo separados los unos de los otros, supongo que eso es lo que nos hace tan buenos amigos. Eso y todo lo que hemos vivido juntos.

Al rato, Karma, animada por su hermano Zen, coge su guitarra y empieza a tocar algunas canciones que ha compuesto durante su estancia en la universidad. Todos nos quedamos asombrados del talento que tiene. A pesar de que esté tan lejos de mí, la universidad de Boston está sacando lo mejor de ella en cuanto a la música. Y eso me resulta de lo más gratificante. Sonrío mirando hacia mi novia y ella me guiña un ojo mientras canta poniendo toda su alma en ello.


Todos los invitados se han ido y los padres de Karma han ido a dar una vuelta al centro con Zen. La castaña y yo nos quedamos recogiendo las cosas del jardín.

—Amy —dice la castaña—, gracias por todo. Me ha encantado compartir el día de hoy con nuestra familia y amigos. Ha sido un regalo precioso que hayas hecho lo imposible para que esté mi hermano también. Es un detallazo.

—De nada, cielo —digo mientras termino de limpiar una mesa—. Es lo mínimo que podía hacer por ti.

—Es que… —dice ella visiblemente emocionada— no me lo esperaba para nada.

—Era una sorpresa y ése es precisamente su cometido —digo tocando la punta de la nariz de mi novia con mi dedo.

Ella se pega a mí y pasa sus brazos por mis hombros. Se pone de puntillas y me besa profundamente. La atraigo más hacia mí cogiéndola por su cintura y la rodeo con mis brazos.

—Te quiero… —susurra en mis labios.

—Y yo…

—¿Subimos a mi cuarto? —dice ella con tintes sugerentes en su voz.

—Por supuesto —digo besándola de nuevo.


Karma:

El deseo por tocar a Amy y sentir todo su cuerpo me empuja a actuar sin reparos. Subimos las escaleras a trompicones y un par de veces nos tropezamos con algún escalón. Había urgencia y necesidad en cada uno de mis besos y en cada una de mis caricias. Y Amy se comporta exactamente igual. El rubor tiñe sus mejillas por culpa del calor y las palmas de sus manos recorren mi cuerpo como si fuera la primera vez que me toca.

—¿Has perdido práctica? —digo sin dejar de besar su cuello.

—¿Yo? —dice ella cediendo a mi provocación—. No sabes con quién estás hablando…

Entramos en mi cuarto y me recuesto sobre mi cama. Hago un gesto con el dedo para indicar a Amy que venga hacia mí, pero ella se resiste y se queda a los pies de la cama. Desabrochándose los botones de la camisa con una parsimonia pasmosa. Se queda en sujetador y con solo ver su torso semidesnudo mi corazón da un brinco. Se deshace de los vaqueros y del calzado con la misma lentitud que antes. Me mira de soslayo mientras se pasea de manera sugerente delante de mis ojos. Las ganas de hacerla mía me van a comer por dentro.

—Amy, por favor… —digo suplicante cuando veo que empieza a desbrochar su sujetador.

La rubia tira la delicada prenda de lencería y de un salto casi felino se sienta a horcajadas sobre mí. Aún no sé cómo lo ha hecho y yo ya estoy succionando y lamiendo uno de sus endurecidos pezones. Amy gime y yo me mojo aún más.

Ella, de un suave tirón, me quita el vestido de encima y con un movimiento me quedo en las mismas condiciones que ella. Me empuja hacia la cama y se recuesta sobre mí. Acopla uno de sus muslos sobre mi centro y empieza a moverse rítmicamente sobre mi ropa interior mientras reparte besos, lametones y caricias por mi torso. Nos movemos las dos a la vez y, entre gemidos y espasmos, vamos alcanzando el placer más increíble. Las dos estamos tan húmedas…

Amy se dirige hacia abajo y con la boca me quita la tanga que llevo puesta. Besa mi clítoris y lo muerde delicadamente. Pasa su lengua, frotándola contra toda mi humedad. Me retuerzo bajo su peso y agarro entre mis manos su pelo, revolviéndolo. Pego su cara contra mí y me muevo bajo ella. Estoy a nada de alcanzar el orgasmo. Entonces ella introduce un par de dedos dentro y comienza a darme placer, hasta que, entre una cosa y la otra, estallo y caigo sobre mi cama. Toda espasmo, gemidos y salado sudor.


2 meses después.

—Amy —digo aferrándome a la cama—, no me obligues por favor.

—No seas boba, Karma. Vas a perder el avión como sigas así —dice la rubia quitándome la sábana de encima.

—Queda mucho tiempo hasta que salga el avión —protesto haciendo un puchero y recuperando la sábana.

—Aún te queda empaquetar y despedirte de tu familia —dice mi novia haciendo acopio de toda la paciencia que le queda.

—¡No quiero irme! —digo sollozando—. Quiero quedarme aquí contigo…

—¡Y yo no quiero que te vayas! —dice la rubia— Pero eso lo que hay. Tú estudias fuera y con una beca importante, no te puedes tomar tus estudios a la ligera.

—No me gusta cuando tienes la razón —digo poniendo mis brazos en jarras.

—Karma —dice Amy sentándose a mi lado—, créeme cuando te digo que yo tampoco quiero que te marches. No quiero ni puedo vivir sin ti, pero no nos queda otra opción. Seguiremos viéndonos de vez en cuando, como lo hemos estado haciendo hasta ahora.

—Lo dices tan fácil… pero no lo es.

—¿No me digas? —dice abriendo mucho los ojos— Te recuerdo que yo también soy parte de esto… Ahora sé buena chica y levántate ya.

—No quiero.

—Karma… —dice desesperada la rubia— ¿Y si te doy un besito?—dice cambiando de actitud.

—Bueno… —digo yo sopesando su oferta— Si me das más de uno me levanto.

La rubia suelta una risita y se acurruca de nuevo junto a mí y me besa por doquier. Conecta mis labios con los suyos y así nos quedamos durante unos eternos y deliciosos minutos. No me podía creer que tuviera que desprenderme de esto otra vez. Es tan duro, no sé si podré soportarlo.

—Cuando salgas del baño te ayudo a hacer la maleta, ¿vale? —dice mi novia.

—Ah, ¿pero no te vas a duchar conmigo o qué? —digo fingiendo estar ofendida.

—No puedo decirle que no a eso… —dice ella tirando de mí para ir hacia el baño de mi cuarto.


Después de recoger mis cosas y de despedirme apropiadamente de mis padres (Zen se fue una semana después de mi regreso), de los de Amy y de nuestros amigos cogemos el coche y nos vamos a un restaurante a comer algo antes de que salga el avión.

—¿Te lo has pasado bien? —dice Amy cogiendo mi mano y acariciándola con suavidad.

—Sabes que sí… —digo melancólica— Ha sido un verano fantástico. Zen, mis padres, los amigos… y sobre todo tú. Todo lo que quiero ha estado presente estos días. Ha sido genial volver, pero ahora me apena marcharme.

—No estés triste, en unos días te volverás a acostumbrar a la rutina y será más fácil. Además, la universidad te está yendo muy bien. Estoy muy orgullosa de ti, Karma.

Sonrío cálidamente y me acerco a ella para depositar un tierno beso sobre sus labios.

—Se me pasará, tranquila —digo para no angustiar más a la rubia que hace todo lo posible por animarme—. ¿Tú estás preparada para volver a empezar las clases?

—Pues sí, tengo unas ganas inmensas. En serio, este curso va a ser increíble—dice ella para mi sorpresa.

Ella suelta una risita y se dispone a comer. Yo aún tengo la mosca detrás de la oreja y no entiendo cómo puede estar tan relajada y contenta si nos vamos a separar en menos de dos horas.

—Amy, ¿estás bien?

—Perfectamente —dice sonriendo.

—Te noto rarísima —digo yo mirando hacia mi plato—. Yo he llorado como si hubiera visto por primera vez 'El Rey León' y tú estás tan pancha… ¿no estás triste?

—Oh, sí —dice ella casi atragantándose—. Muchísimo. Pero supongo que es un mecanismo de defensa de mi cuerpo, no me pongo triste para evitar que sufras tú más —dice de forma tan razonable que me hace sentir inmediatamente culpable por haberla puesto entre la espada y la pared con una pregunta tan estúpida.

—Come —dice señalando mi plato—. No vamos a comer por lo menos en otras cuatro horas o cinco…

—¿Vamos? —digo muy confusa— ¿De qué hablas?

Entonces Amy saca un sobre de su bolso y me lo pasa por encima de la mesa. Lo cojo, despliego la solapa y miro en su interior.

—¿Qué es esto? —digo sin sacar lo que tiene dentro.

—Averígualo tú misma —dice con una sonrisilla maliciosa.

Saco el papel que tiene dentro. Es un billete de avión.

—Un asiento en clase turista para el vuelo de American Airways desde Austin hasta Boston para dentro de dos horas a nombre de Amy Raudenfeld. Solo ida—alternativamente leo el billete y miro a mi novia— ¿Y esto? —digo enjugándome las lágrimas.

—He conseguido que mi universidad me transfiera a Boston para seguir estudiando allí mi carrera —dice la rubia, triunfante.

—¿C-Cómo lo has hecho? —digo sin poder creérmelo.

—Durante aquella vez que te fui a visitar aproveché uno de los días en los que no podías estar conmigo para ir a hablar con el decano de Harvard de parte de mis profesores. Ellos me hicieron una carta de recomendación para que pudiese entrar en su programa un año más tarde.

—¿Y te han dejado?

—Trámites aparte, sí. Soy muy buena alumna —dice ella orgullosa—, no sé si te habías dado cuenta —dice guiñándome un ojo.

—¿Y tu familia?

—Ya lo saben y están de acuerdo. Me despedí de ellos esta mañana y, antes de que lo preguntes, tengo mi maleta en el coche y lo demás lo mandarán a Boston por correo.

—¡Es asombroso! —digo emocionada— Entonces, ¿vamos a estar este curso viviendo en la misma ciudad… juntas?

—En la misma ciudad, sí. Juntas, no. Al menos hasta que encontremos un piso y podamos dejar la residencia. ¿Te parece bien?

—¿Que si me parece bien? ¡Oh dioses! Esto es lo mejor que me podía pasar —digo entre lagrimones—, ¡nos vamos a Boston, Amy!

—¡Nos vamos a Boston, mi amor! —dice ella empezando a ponerse emotiva también.

—Te amo. Te amo demasiado.

—Yo a ti más.


Cinco horas después pisábamos Boston de la mano. Una nueva vida nos esperaba a partir de ahora. Ya no me sentiría tan vacía al tener a Amy aquí mismo, a mi lado.

—Tenías razón, debí de haber comido más… —digo llevándome las manos a las tripas.

—Te lo dije —dice Amy riéndose—. No cambies nunca, Karma —dice Amy adquiriendo un tono más serio, pero cargado de sentimientos—. Soy tan afortunada de tenerte a mi lado… y ahora vamos a poder pasar más tiempo juntas.

—Es perfecto. Es mejor de lo que jamás soñé —digo enjugándome las lágrimas— La chica más increíble del universo… está conmigo. ¡Oídme todos! Esta chica es mi novia y es la persona más maravillosa del mundo. ¡La amo! —digo en voz más alta.

—¡Calla! El hambre te hace ser cursi y decir boberías —dice haciéndome callar mientras me hace cosquillas.

—Vale, me callo —digo claudicando—. Pero nunca me cansaré de decirlo porque es la pura verdad. Te amo.

Ella me besa y me aprieta contra ella. El tiempo se para y lo que pasa a nuestro alrededor empieza a perder importancia. Todo lo que quiero y necesito está acariciándome y besándome ahora. No podría ser más feliz.

Cojo de nuevo a mi novia de la mano y caminamos por las lluviosas calles de Boston hasta perdernos entre la leve oscuridad del atardecer.


Bueno, hasta aquí el 25º capítulo del fic. De nuevo, siento mucho la tardanza. Espero no pasarme para el próximo y último capítulo.

Muchísimas gracias a todxs por los favs y los follows. También por los comentarios que me dan mucho ánimo y me encantan demasiado. Me hacéis reír mucho con algunas cosas, sois geniales.

En el próximo capítulo responderé uno a uno los comentarios, lo prometo. De todas formas: Anyway7, BesosKarmicos, y Van, gracias por vuestras palabras. ¡Muchos besitos por vuestro cariño!

¡Hasta la próxima!