Primero que nada quiero agradecer las respuestas positivas que obtuve el capítulo pasado, me ayudaron mucho para continuar a pesar de que la calidad del capítulo no fuera tan buena y me disculpo, tenía la idea en mi cabeza y no quería que se fuera, por eso apresure todo pero ahora escribo con más calma y a parte tengo a la mejor beta, a la cual le dedico el capítulo.

Gracias por leer, me gustaría saber más opiniones sobre la historia así que ojalá puedan regalarme un comentario.


Capítulo 2:

Era medio día y ya habían concluido las clases.

Los días en los que su horario terminaba al medio día, Charles decidía ir al centro de la ciudad a esa lujosa repostería y comprar gelatina de leche con pasas, ya que la amaba terriblemente y a pesar de comprarla siempre en tamaño familiar, ese mismo día por la noche ya no había gelatina.

Pero está vez, durante el camino en el tren al centro se prometió a sí mismo no comer más de tres veces antes de que llegará su profesor, pues tenía la intención de invitar al mayor ofreciendo así un gesto de gratitud por ayudarlo a ampliar sus conocimientos en el cálculo.

Se sentía algo emocionado por el hecho de que conviviría con alguien después de esos últimos tres años en los que había estado solo, y más que eso, le emocionaba la visita del profesor Lehnsherr a su pequeño y solitario departamento puesto que nunca había tenido una visita importante. A veces iban a visitarlo sus amigos Logan y Remy o su hermana Raven mas no con frecuencia ya que todos estaban lejos y además Charles se aislaba refugiándose en la escuela, excusándose con estar muy ocupado por la ía que hacía mal al alejarse de las personas que eran una parte importante de su vida, pero aun así odiaba recordar el pasado, le ponía nostálgico en exceso y eso no era bueno, ya tenía suficientes tristezas para recordar otras y se dijo en ese momento que no iba a dejar que eso pasara.

Sentía un tornado de emociones extrañas. A parte de la emoción por la visita, no conocía a Lehnsherr y este había demostrado ser alguien que vale la pena conocer, era educado, aunque con el ego muy agrandado y parecía ser muy orgulloso pero tenía ciertos comportamientos que lo delataban como una gran persona, inteligente, elocuente y Lehnsherr a Charles se le antojaba como una biblioteca y él quería leer todos los libros, por desgracia, el profesor parecía ser una biblioteca privada de máxima seguridad, pero le comprendía, todos tienen un pasado que hay que cuidar y experiencias que no quieren recordar.

Estaba tan sumido en sus pensamientos y reflexiones sobre el pasado y el profesor, que hasta media hora antes de la hora acordada por Lehnsherr, Charles se dio cuenta que su pequeño departamento era un verdadero desastre, y es que durante esos últimos 3 años de su vida universitaria nunca había limpiado más allá de lo básico y aún así nunca recogía las cosas de su mesa, a parte de que siempre fue un desordenado, pero no le gustaba aceptarlo y siempre estaba engañando a si mismo con la excusa de la falta de tiempo.

El sillón doble que se encontraba en la pequeña sala estaba repleto de libros, hojas sueltas, paquetes de galletas y pastillas para la migraña, alguno que otro suéter, tal vez sucio, tal vez limpio y en el suelo, sobre el tapete azul marino había 3 tazas sucias donde había tomado café.

¿Qué pensaría su profesor al ver todo eso?

Tomó todos los libros y hojas sueltas, llevándoselos al comedor en el cual había otros muchos libros más. Confundido volteo a revisar su librero y efectivamente, no había ninguno ahí. Acomodó el librero lo mejor que pudo, puso los papeles sobre la mesa y recogió sus trastes sucios, la ropa y la basura. El desorden simplemente lo llevó a su habitación y con nostalgia recordó cuando hacía eso de niño, recogía un poco y escondía todo debajo de la cama solo para que su mamá no lo castigara por ser tan desordenado.

Porque mamá nunca lo había aceptado como era.
Ni desordenado.
Ni homosexual.
Y mucho menos, mutante.

Se tiró en su cama sobre toda la ropa sucia y limpia, recordando lo mucho que amaba a su mamá y cómo ella siempre había demostrado no importarle en lo absoluto, siempre lo hacía sentir como un gran estorbo. También recordó como la única persona que lo había querido fue su abuela, ella era lo contrario a su mamá.

Sonó el timbre, y, limpiándose las lágrimas que sin darse cuanta ya resbalaban por los costados de su rostro, puso su mejor sonrisa y se levantó para ir a abrir al profesor.

-Buenas tardes Xavier.- Ahí estaba el profesor Lehnsherr, con su mirada fría y ese aire de superioridad.

-Buenas tardes profesor.- Saludó.- Pase por favor.- Charles se hizo aun lado para que Lehnsherr entrara, cerrando la puerta y observando como el mayor estudiaba con detalle su departamento.

-Pensé que serías mucho más desordenado.- Le dijo sin mirarlo, observando su librero sin espacio libre.

-¿Por qué usted pensó en eso?-

Ciertamente, con las dos semanas que tenía conociendo al profesor se sentía en confianza, pues habían convivido en paz durante las horas de clase, seguido lo pasaba al pizarrón y a veces charlaban sobre alguna tarea, pero Charles no se sentía con animo por los recuerdos que removió momentos antes de que el profesor llegara y estaba distante, eso Erik no lo paso desapercibido pero no quiso preguntar, no le importaba demasiado.

-Por el orden en tus apuntes, tu resolución de problemas y tu forma de vestir.- Tomo un libro del estante. "Estudio en escarlata" de Arthur ConanDoyle y comenzó a hojearlo sin mirar al joven.

-El orden de mis apuntes es exagerado y bueno, no comprendo como pueda relacionarse eso con la armonía en mi departamento.-

-Cuando yo era joven mis apuntes eran un verdadero desastre y me vestía con lo primero que encontrara limpio pero mi cuarto era exageradamente ordenado, observé lo mismo en mis amigos, los que eran desordenados con sus cosas normalmente eran ordenados con sus apuntes y continúo observando ese comportamiento con mis alumnos, por eso lo deduje.- Dejo el libro y tomo otro, una antología de Edgar Allan Poe.

-La verdad es que todo mi desorden lo acabo de encerrar en mi habitación, tiene razón profesor, soy realmente muy desordenado, pero es por mi falta de tiempo, me la paso estudiando.- Intento justificarse algo avergonzado, observando como el mayor veía sus libros.

-No te preocupes Charles, cuando crezcas encontraras una balanza.- Dejo el libro en su lugar y puso su portafolio sobre la mesa del comedor que se encontraba seguido del librero.- Esta bien, comencemos con esto.

Llevaba más de media hora intentando explicarle al joven "limites" pero este parecía distante, solo asentía mientras fingía escuchar y eso a Erik le molestaba de sobremanera, pero Charles había querido las asesorías, eso significa que le interesa pero que estaba distraído.

-Charles.- Capto la atención del joven por primera vez en media hora.- ¿Pasa algo?-

-No.- Dijo el joven sorprendido.- Todo está bien.

-No me parece.- Dijo Erik algo irritado.- Te pasa algo¿cierto?

-Tengo algunos problemas personales profesor.- Aceptó finalmente.- Siempre los dejo atrás pero hoy no me han dejado ellos a mí.

-Entonces vengo después.- Se puso de pie algo molesto, esforzándose en explicarle al joven que le había pedido ayuda, él se la estaba brindando con gusto a pesar de poder desarrollar otra actividad en ese tiempo y por eso lo menos que se merecía era atención.

-Lo lamento mucho profesor.- Se le notaba realmente triste, no conocía al joven pero le preocupo un poco, se veía realmente mal.

-¿Quieres hablar al respecto Xavier?-

Erik nunca se había preocupado por la parte emocional de sus alumnos, porque él siempre había mantenido todos esos sentimentalismos al margen y era una persona fría a la que solo le preocupaba el rendimiento académico de sus alumnos, por eso explicaba y explicaba y no paraba de hacerlo hasta que el ultimo de sus alumnos en un salón entendía. Pero Charles le estaba preocupando, ese joven que se mostraba neutro, entusiasta al aprender algo nuevo, a veces con un aura alegre y otras cansado pero nunca algo tan oscuro, tan triste.

-Está todo bien profesor, no es nada pero creo que hoy le voy a deber atención.- El joven le miro y le sonrió como si nada, eso le causo escalofríos y una inmensa curiosidad por el pasado de su alumno. Charles Xavier tenía un pasado oscuro, escondido detrás de una brillante y encantadora sonrisa, eso lo hacía desconocido y Erik era el hombre más curioso en el mundo.

No quiso mover más los sentimientos de su alumno en ese momento, así solo se despidió.

-Hasta mañana Xavier, a la misma hora.- Tomo su portafolio y se digirió hacía la puerta.

-Hasta mañana profesor.-

Erik salió del departamento y subió a su auto, sin dejar de pensar en su alumno, ¿qué podría haber en el pasado de Charles? ¿Una exnovia por la que dio todo, incluso se mudo de su casa a su actual departamento y lo dejo por alguien aparentemente mejor? ¿Qué podría quitarle la atención a tan dedicado estudiante?

No lo sabía, pero no descansaría hasta descubrirlo.

Por que por eso Erik amaba las matemáticas, porque nunca terminaría de descubrirlas.

En el momento en que Lehnsherr se fue, corrió a su habitación a tirarse en la cama, quería dormir y reprimir esa tristeza que le albergaba el corazón, que se sentía peor que un dolor físico.

Siempre estuvo tan solo, Raven siempre había sido la favorita de su mamá y no se alejaba de ella nunca, pero no estaba del todo solo siempre, porque los fines de semana tenía a su abuela, la madre de su fallecido padre. Ella amaba el desorden de Charles, aceptaba su homosexualidad y le ayudaba con su habilidad telepática pudiendo así controlar todas las voces que no lo dejaban dormir.

Myriam Xavier había sido su mundo entero.

Sí, sufría por el desprecio de su madre y por la muerte de su padre, pero su abuela lo llenaba de amor por completo, hasta el día de su muerte.

Charles lloro amargamente, extrañando al único ser que le dio un amor de madre y padre que se le negó.

Recordó la gelatina de leche y pasas en su refrigerador, pues esa era la favorita de su abuela.

Y se sintió un estúpido, se suponía que la iba a compartir con su profesor la gelatina, porque estaba feliz por la visita del mayor que le ayudaría con cálculo y él prácticamente lo había echado de su departamento con su falta de atención y su actitud.

No solo se sintió estúpido, estaba completamente seguro de que lo era. Quería dar una buena impresión al profesor y estuvo seguro que en ese momento que tuvo, no lo hizo.

Pero mañana sería otro día, tenía que controlarse.