:D Segundo drabble. Éste y el siguiente estarán conectados. Es un semi AU, hay benders pero no Avatares. Kuvira está en plan de Hittler con el mundo entero xD

— ¿Korra, crees que el agua sea suficiente para una semana? — Preguntó una de las pocas maestras aire que ahora quedaban en el mundo, una adolescente que había visto a muchos de sus familiares ser eliminados cruelmente.

El pozo en el que se asomaban se veía semi-vacío.

La de ojos azules le sonrió con ternura; la poca que en esos días sentía, y es que Jinora no había cambiado su naturaleza gentil a pesar de lo que le había pasado.

— No te preocupes, seguro encontraremos algo para todos. — Respondió la maestra agua tratando de no demostrar su propia preocupación.

Estaban siendo rodeados y evidentemente sus recursos estaban a punto de desaparecer, si tenían suerte les durarían tres días más. La morena suspiró.

Era la líder de la resistencia sin ser nada especial, tan sólo una decente Maestra Agua con demasiada voluntad, que se oponía a que Kuvira sometiera en la esclavitud al mundo… aunque prácticamente ya lo había logrado, pues ellos, su pequeño grupo de apenas unos cuarenta o cincuenta personas, eran la última resistencia en pie.

Jinora mordió su labio inferior y miró hacia el piso, sabiendo perfectamente la situación por la que atravesaban y que estaban a punto de perder esa guerra.

— Todos los seres vivos estamos hechos de agua. Los Maestros Agua podrían extraerla de la vegetación y plantas no comestibles. — Interrumpió una voz aterciopelada que hizo a la joven de los tatuajes ponerse en guardia frente al extraño.

Korra miró al recién llegado sin inmutarse, aunque genuinamente curiosa y sorprendida.

Sonrió de medio lado.

— Jinora ¿Podrías ir a checar qué secciones de vegetación podríamos utilizar?

— Pe-pero Korra… No puedo dejarte sola ¡Eres nuestra líder!

— Tranquila. No te dejes engañar por su vestimenta hecha harapos Jinora, él es el Príncipe Iroh II. Seguro que el que su Reino acaba de caer lo ha puesto de nuestro lado. — Notó a su pequeña amiga sorprenderse y se detuvo para después mirar al de ojos dorados sonreír de medio lado.

— Admito que fue un error no apoyarlos desde el principio y pensar que Kuvira no era una amenaza. Hemos pagado nuestra estupidez con nuestra propia Nación… Pero, logramos escapar unas cuatrocientas personas de la Nación del Fuego y ciento cincuenta estamos listos para pelear a su lado, Korra.

El Príncipe inclinó la cabeza y parte de su tronco haciendo que la de ojos azules se encontrara repentinamente incomoda. Él había crecido entre gente con poder, su destino había sido marcado para dirigir y guiar, no someterse.

Sin embargo, estaba poniéndose a su disposición; a la de una simple Maestra Agua que no aceptaba las injusticias.

Se aclaró la garganta, queriendo detenerlo, pero sabiendo que si hacia eso podría perder el poder que había conseguido; aunque no buscado, y eso sería peligroso para los que la seguían.

— Jinora, ve por favor a hacer lo que te dije.

La maestra aire asintió no muy convencida y empezó a alejarse para cumplir con su tarea. Cuando estuvo lo suficientemente lejos Korra continuó hablando.

— No es que sea una persona orgullosa… Bueno, está bien, lo admito; sí lo soy. Pero en éste caso no es eso lo que me hace cuestionarme si deberíamos unirnos con ustedes, mis dudas son por la seguridad de mi gente.

El joven le dio la razón con un asentimiento de cabeza y se acercó a ella, sentándose en el borde del pozo que habían estado revisando momentos atrás las jovenes.

— Si fuera usted haría lo mismo Korra. De hecho, dudaría si el Príncipe venido a menos no es más que un títere de Kuvira. Pero le doy mi palabra; que es lo único valioso que tengo conmigo ahora, que lo que más deseo es derrotar a Kuvira para que el mundo vuelva a ser libre, aunque eso no restablezca mi posición en el trono. Quiero enmendar mi error y ver a mi gente en paz de nuevo.

La morena se sentó a su lado guardando silencio varios minutos, considerando sus opciones, después volteó al cielo mirando un halcón volando en lo más alto.

— Usted podrá haber dejado de ser Príncipe, pero no ha perdido su poder. Su propia gente lo ha seguido. Seguro que los heridos o los que no puedan pelear los ha resguardado, y los que se quieren unir a ésta locura están esperando por usted o por alguna señal. — Lo volteó a ver sonriendo cuando él lo hizo.

— Es usted una mujer muy astuta Korra, no me sorprende que sea nuestra líder.

La morena se sonrojó y miró a otro lado, no acostumbrada a tener ese título.

— Eso no importa, lo que ahora quisiera es saber cómo logró atravesar las filas de Kuvira: Nos tiene sitiados ¿Donde están sus hombres?

El Maestro Fuego se puso de pie para responderle mirándola a los ojos, esperando que ella notara que era sincero.

— Atravesar no fue un problema realmente. Los militares de Kuvira son gente sin muchos sesos, tan sólo con un amor enfermizo al poder. Capturé a uno, le quité su uniforme y atravesé el campo caminando lentamente; nadie lo notó.

Korra sonrió y negó con la cabeza, ¿De verdad? ¿Tan fácil como eso?

— Y a mis hombres en realidad no podría llamarles "míos"… Ellos están esperando su señal Korra, han rodeado al torpe ejército de Kuvira. Estamos justo en el centro de la batalla… Ellos atacarán por sorpresa cuando usted lo ordene.

La chica abrió los ojos sorprendida y quedándose muda varios segundos. ¿Él estaba realmente cediendo su poder a ella? Parpadeó desconcertada.

— No entiendo Iroh ¿Por qué hace esto? ¿Por qué darme todo el poder para dirigir ésta alianza? Hace unos minutos estaba preocupada porque apenas éramos un puñado de gente y ahora podríamos triplicarnos.

Él la miró comprensivo, casi dulce.

— Es cierto que estoy dándole poder sobre nosotros Korra, pero no se equivoque, el poder no sólo se trata de consumir, ordenar, decidir sobre otros; es aún más importante cuando las personas, por su voluntad han decidido seguirla y eso es lo que estamos haciendo. Confiamos en usted.

La morena rió ligeramente para sí misma entendiendo la situación.

Se puso de pie y sonrió ampliamente.

— ¿Sabe? Yo soy muy necia y a veces tomo decisiones de manera imprudente; necesitaré alguien que me ponga los pies en la tierra. Creo que el puesto le vendría perfecto a usted.

Iroh rió suavemente, tomó la mano femenina y le dio un beso que en su inicio pretendía ser meramente caballeroso, pero al ver a la morena sonrojada y sorprendida, no pudo evitar sentir su corazón dar un vuelco.

Soltó la mano y se puso de pie evitando mirar a la repentinamente tímida líder de la resistencia.

— Cuente con eso siempre que lo necesite.

Al cabo de un par de minutos de incomodidad absoluta, Iroh sintió un golpe en el hombro y al mirar hacia abajo notó a la recompuesta Maestra Agua sonriendo confiada.

— Bueno, vamos a planear la estrategia. Tenemos un mundo que recuperar.

o/ Nos leemos mañana.