El siguiente es muy cortito, continuación y final del anterior.
Bonito día n.n

— ¡Viva el Señor del Fuego, Iroh II! — Exclamó el Guardián del Fuego más sabio mientras le colocaba al joven de ojos ámbar la insignia que lo acreditaba como el líder de esa nación.

La multitud empezó a aclamarlo, coreando su nombre acompañado de frases en donde le deseaban una larga vida y prosperidad para su Nación.

Korra sonrió ampliamente y aplaudió emocionada, feliz por haber podido llegar a ese momento.

Tres años de continuas luchas contra Kuvira y su régimen al fin habían terminado.

Por fin el mundo estaba en paz.

La resistencia que había encabezado había sido extenuante, completamente cansada, pero todo había valido la pena; aún el tiempo que pasaron escondiéndose, planeando, atacando, con hambre, haciéndose poco a poco del poder hasta que todo estalló y en una última lucha por el futuro, Korra y los rebeldes habían logrado derrotar a Kuvira, logrando así regresar el poder a sus verdaderos dueños; entre ellos Iroh.

El joven Príncipe se había negado en varias ocasiones a tomar el puesto que le había pertenecido a su Madre antes de que Kuvira la matara, pero viendo lo mucho que los ciudadanos querían verlo en el trono, dirigiéndolos, no había podido negarse… y para Korra no podía ser más que perfecto.

Cuando se unieron para pelear lado a lado él le había explicado su idea de poder y después de todo ese tiempo Korra le daba la razón en algunas cosas; aunque sentía que su explicación carecía de varios elementos.

Mordió su labio inferior conmovida cuando lo vio ponerse de pie… Desbordando la realeza con la que había nacido. Sus poros parecían brillar con elegancia, poder, carisma y seguridad.

La morena juntó sus manos fuertemente y las colocó a la altura de su pecho, sabiéndose completamente emocionada.

Él había nacido para eso, no sólo porque fuera su destino si no porque se lo había ganado con mucha sangre y sudor derramado. La realeza de Iroh iba mucho más allá de haber nacido en la familia correcta, era algo que él había conquistado… Como su corazón.

El joven Maestro Fuego de repente volteó a verla entre la multitud, le guiñó un ojo y le sonrió seductivamente, haciendo que sus rodillas temblaran y su corazón latiera emocionado ante la promesa oculta que esa sonrisa llevaba. Rió infantilmente no importándole que la vieran de manera extra la gente a su alrededor.

Sí, definitivamente, todo ese tiempo había valido la pena y el que vendría sería su premio; el de ambos: Su felicidad compartiendo la vida, juntos.