Finalmente creí haber entendido todo, Jeanette por mi culpa mojó sus pantalones porque sin querer no la dejé entrar en el baño y no aguantó más. Por esa razón fue el "NOOO" desesperante. Además, nadie la había visto. Tenía que encontrarla para darle consuelo. Creo que sería la persona ideal para hacerlo.
Corrí por todos los pasillos de la escuela. Revisé los baños, quizás estaría ahí, pero fue en vano. Busqué por los salones, el gimnasio, cerca de la sala de profesores y finalmente la biblioteca. Era el único lugar que me quedaba por revisar. Para mi mala suerte Jeanette tampoco estaba en el lugar.
-¿Dónde estará?- me dije.
No tenía nada más en dónde buscar excepto el patio trasero de la biblioteca. En la escuela había un patio grande, que estaba al lado del gimnasio. Pero también había un patio más pequeño en la parte trasera de la biblioteca. Era muy poco probable que Jeanette estuviera ahí.
Bajé las escaleras metálicas que dividían la zona y dí una mirada al corto lugar tal vez era de 20 x 40. No había nadie ahí, era lógico pensar que alguien estuviera por aquí ya que el único lugar donde se podía entrar era cruzando la biblioteca.
Estaba a punto de darme la vuelta, hasta que escuché unos murmullos. Venían debajo de las escaleras. Fui al lugar y ahí estaba ella. Era Jeanette quien estaba llorando prácticamente en silencio por lo que le había ocurrido. Estaba prácticamente sentada en un rincón debajo de las escaleras.
Mientras me iba acercando sentí ese olorcito saliendo de ella.
-Hola amiga- le dije
-Ho- hola- dijo llorando y contestando como pudo.
-Creo saber lo que pasó- le dije tratando de consolarla
-No por favor, ya pasé suficiente humillación por hoy- me dijo
-Pero yo- le dije
-¡Déjame sola Rosa!- me dijo desesperada mientras se sentó de una manera en el que era posible verle las braguetas y pude ver una mancha enorme de un tinte oscuro amarillento impreso en ella. Una vez confirmada la situación, me senté a su lado de rodillas.
-Escucha Jeanette, aunque no lo creas sé cómo te sientes en este momento- le dije
-No Rosa, sí lo sé pero lo tuyo es parte de un accidente y lo haces en privado. En cambio yo, no sé como pero toda la escuela se enteró y…-me dijo hasta que la interrumpí
-Yo también lo hice- le dije
-¿Qué?- me dijo con un tono interrogatorio
-Yo también me oriné los pantalones aquí en la escuela- le dije. Hubo un momento de silencio hasta que finalmente ella habló.
-¿Y eso cuando pasó?- me dijo
-Hace unos minutos, antes del descanso y de verdad lo siento- le dije
-¿Lo sientes?- me dijo. En este punto, me sentía sumamente nerviosa porque debía confesarle que por mi culpa mojó sus pantalones.
-Bueno, no aguanté las ganas y como ambos baños estaban ocupados no me quedó opción que hacerme donde estaba y luego terminarlo en el lavamanos. Como no quería que nadie entrara para ver lo que ocurría, cerré la puerta del baño con seguro y fue por mi culpa que tu también te hayas mojado. Lo siento.- le dije disculpándome
-Pero, no había nada que hacer, si los ambos baños estaban ocupados no habría aguantado hasta llegar a los del segundo piso- me dijo
-Lo sé, pero al menos pudiste haberlo hecho conmigo en los lavamanos- le dije.
Entonces ella puso mi mano bajo mi falda y la levantó para verificar que no le estuviera mintiendo y que efectivamente haya mojado mis pantalones también.
-Pero ¿sabes qué?- le dije
-¿Qué?- me dijo
-Yo me merezco un castigo, después de todo eres mi mejor amiga y fui muy egoísta. Soy yo quien debería sentirse humillada pero no es así. En ese caso, yo… yo- dije mientras pensaba en ejecutar mi plan para consolarla y hacerla sentir mejor.
Punto de vista de Jeanette
Estaba en shock. Mi mejor amiga me había dicho que ella también se había hecho pipí en plena escuela. Lo comprobé y todo fue positivo. Lo último que me dijo fue que ella también merecía ser humillada y castigada. Quería hacer algo, pero no sabía qué.
Pasó un tiempo para saberlo, aunque para ambas ese tiempo nunca llegaría. Finalmente la tomé de las manos y me coloqué en la misma posición en la que estaba ella. Entonces ella sonrió y una lágrima salió de ella, sin embargo no fue lo único.
Entonces escuché un pequeño silbido que golpeaba contra el concreto y mis rodillas empezaron a calentarse de un líquido caliente. Fue entonces cuando volteé la mirada hacia abajo para llevarme la sorpresa de que Rosa estaba orinándose nuevamente para consolarme.
La orina estaba saliendo de ella incontrolablemente a triple chorro. Uno que se dirigía hacia la parte baja de ella, otro que salía al parecer de la parte izquierda de sus braguetas y mojaba su pierna de ese lado. Finalmente otro que iba hacia adelante mojando levemente su falda haciendo notorio levemente el accidente.
Ambas no dijimos nada. En los últimos cinco segundos, hizo algo loco, pero fue por mí. Tomó su mano sobre la parte delantera de su falda y la pegó junto con el ya leve chorrito de pis que salía de ella haciendo esta vez visible el accidente. Quizás no era una mancha grande, pero sí era suficiente como para ser juzgada.
Finalmente terminó para dejar un charco grande por debajo. Entonces levantó su falda para examinar los daños y noté que sus braguetas estaban empapadas, sus piernas oscuras estaban empapadas al igual que sus calcetas.
-Ahora no tienes por qué pasar por esto sola- me dijo
Fue entonces cuando ambas nos abrazamos. No me importaba tener contacto directo con ella. Mi mejor amiga estaba delante de mí y me lo pobró. Rosa, una chica talentosa, atrevida, entusiasta, inteligente, divertida, responsable, de cabello castaño oscuro, brasileña, de apellido Fernández, piel morena, ojos cafés, y de buen corazón estaba ahí.
-En realidad no tuviste por qué hacer esto- le dije
-No me molesta hacerlo, además, estoy acostumbrada de hecho fue muy divertido- me dijo
-Te digo algo, también para mí, ha decir verdad, no caería mal repetirlo algún día- le dije riendo
Entonces fuimos al resto de las clases. Me daba mucha pena Rosa, porque ella tendría que pasar así hasta que la jornada terminara o bien hasta que su ropa se secara completamente.
