7. LA LEY DE LA OSCURIDAD

Capitulo 7

El incendio en los grandes almacenes

Se suponía que éste capítulo era el seis, pero decidí cambiarlo porque creo que quedaba mejor así.

Siento el retraso, no he podido subirlo antes :(

Aun así espero que lo disfrutéis n.n

Para cuando Yugi volvió en sí se encontraba en la puerta de su casa.

No recordaba lo que había pasado con el policía con el que había hablado hacía escasos minutos, y estaba algo asustado por si había vuelto a ocurrir lo de siempre.

Como siempre, estuvo hablando con su abuelo sobre su día en el cole. Sin embargo, Yugi le notaba algo distinto a como solía estar siempre, y hacía ya unos días que se comportaba de esa forma.

Al acabar la cena, mientras recogían los platos, Yugi se atrevió a preguntar:

-Oye abuelo... hace ya unos días que te noto raro... ¿te pasa algo?

Su abuelo volvió inmediatamente a la actitud que siempre había tenido.

-Para nada, solo pensaba. ¡Jajajaja! Y venga, vete a la cama que si no mañana vas a volver a levantarte tarde.

En realidad estaba bastante preocupado por su nieto, por todo lo que le estaba pasando. Tenía miedo de que tuviera algo que ver con el sennen puzzle, pues todo había comenzado desde que Yugi lo resolvió, pero no quería agobiarle a preguntas. Confiaba en que era un malentendido y al final se resolvería.

Yugi sonrió, y se fue a su cama más contento, pero aún preocupado por lo que había podio ocurrir mientras volvía a casa, y no se acordaba, aunque no tardó en dormirse, pues estaba cansado.

Como siempre, Yugi se despertó con el odioso sonido del despertador. Lo apagó. Remoloneó un rato antes de levantarse y vestirse.

Como le sobraba tiempo, puso la televisión en el canal de noticias, como solía hacer siempre que le sobraba tiempo por las mañanas.

Le sorprendió bastante, pues hablaban sobre el caso que se había abierto en el instituto Domino, que se estaba complicando. No le gustó mucho verlo, ya que él estaba intentando ignorar lo ocurrido, así que se fue a desayunar.

Después volvió a poner las noticias. Esta vez hablaban de un terrorista que había puesto una bomba en uno de los dos casinos que había en la ciudad. La bomba no causó mucho daño, fue más el fuego que propagó. Había varios con quemaduras graves y muchos con leves. Por suerte no hubo ningún muerto. El terrorista no había hecho ninguna amenaza, ni ninguna petición. Así que la policía no tenía mucho por dónde empezar.

Viendo que no había ninguna buena noticia, Yugi apagó la tele y fue a comprobar si en su mochila estaba todo lo que necesitaba, y salió de la tienda para ir al cole con sus amigos.

Estuvieron charlando todo el camino y en el colegio hasta que llegó el profesor.

El día se le hizo bastante corto, puesto que ya era viernes y esperaba no tener problemas durante el fin de semana, aunque estaba preocupado por lo que le dijo el policía el día anterior sobre que le estaban vigilando.

Por fin salieron de la escuela, y después de hablar otro rato más se fueron a sus casas.

-¡por fin es fin de semana!-entró saludando Yugi.

-cierto-respondió con una sonrisa su abuelo-estaba pensando, que como has tenido una semana algo ajetreada, mañana podríamos ir a comprar algo a los grandes almacenes que abrieron hace unos meses aquí cerca. Puedes decirles a tus amigos que se vengan si quieres.

A Yugi se le iluminó la cara.

-¡SÍ! ¡sisisisisisisiiiii! ¡Qué bien!, ¡gracias abuelo! Voy a llamarles ahora mismo.

Yugi se fue corriendo a por el teléfono. Su abuelo le llamó, pero Yugi no hizo caso. Y volvió al de poco tiempo.

-eeehhh... ¿a que hora les digo?-preguntó con el teléfono en la mano.

El abuelo se rió, y le dijo, con una agradable y gastada voz:

-sobre las tres y media en el aparcamiento de la escuela. Luego iremos todos en el coche hasta allí.

-¡vale!-contestó Yugi, sonriente.

A las seis menos cuarto ya estaban todos. La primera en llegar fue Anzu, veinte minutos antes de la hora, luego Yugi y su abuelo cinco minutos más tarde. Casi a y media llegó Honda, y el último, con 15 minutos de retraso, Jonouchi.

-¡Llegas tardeee!- le hizo saber Honda.

-¡ya lo sé! ¡¿Me quedé dormido, vale?!-contesto él, algo mosqueado.

-bueno, bueno, ¿estamos todos, no?-el abuelo se interpuso- Pues entonces pongámonos en marcha.

Olvidaron la peleílla y se montaron todos en el coche. Iban algo apretados, pero como Yugi no ocupaba mucho espacio, no era tan incomodo.

No fue un viaje muy largo, unos veinte minutos, que pasaron rápidos entre las risas de los chicos.

Por fin llegaron. Tenía unas puertas enormes, varios recintos y un montón de pasillos interminables, con un montón de cosas de todo tipo.

Incluso Yami desde en sennen puzzle se sorprendió un poco de lo inmenso que era el lugar, aunque su expresión no cambió.

-waw- dijo Yugi, casi susurrando.

-bueno, ahora iremos poco a poco por los pasillos que más nos llamen la atención.

Lo primero que hicieron fue ir a preguntar dónde estaba cada cosa. Como no acababan de aclararse, tuvieron que escribirlo en un papel.

-A ver... -dijo el abuelo, mirando la hoja- pesca... mecánica... hogar... no, no, emmm, ¿y aquí...? Bodas... fiestas... libros... supongo que podemos comenzar por esas tres secciones, y luego ya iremos a ver más.

-bien.-contestó con una sonrisa Yugi.

-de acuerdo-dijo Anzu.

-por mí bien-contestó Honda.

Jonouchi simplemente asintió.

Estuvieron mirando durante horas.

También cogieron muchas cosas para la tienda. Dieron mil vueltas por los largos pasillos, pero a Yugi no le llamaba nada la atención lo suficiente como para quererlo.

Como comenzaba a hacerse tarde decidieron ir a cenar a uno de los restaurantes que había por allí.

Invitó el abuelo. Comieron todos hamburguesa, y estuvieron comentando lo que habían visto, lo que más les había gustado...

Durante el postre, Yugi se fijó en la apartada, pequeña y oscura tienda de mascotas que había en frente de donde estaban comiendo.

Se quedó mirándola un rato.

-ey, Yugi, ¿estás bien?- le preguntó Anzu, que estaba sentada a su lado, y fue la que se dio cuenta de que su amigo estaba muy pensativo mirando fijamente hacia delante.

-¿eh? ¡Oh! Sí, sí, tranquila, es solo que me ha llamado la atención esa tienda de allí.

-Bueno, pues entremos.-dijo Anzu.

-¡puff!-Jonouchi resopló- deja, deja, yo de aquí no me muevo. Estoy que reviento.

-a mí tampoco me apetece ir-dijo Honda

-lo siento, Yugi, yo estoy muy cansado. Hoy hemos andado mucho, y yo estoy muy mayor ya para tanto andar.-dijo su abuelo.

-¡que sosos sois!- gritó Anzu, cogiendo a Yugi del brazo y arrastrándole en dirección a la tienda.-tranquilo, yo te acompaño, me encantan los animales.

Anzu y Yugi entraron en la tienda. Era básicamente un estrecho pasillo con jaulas y peceras a los lados, vacías prácticamente todas. Llegaron al final, donde había algo más de espacio, y un tendero.

-Buenos días, ¿que se les ofrece?

-¡oh!, nada en realidad, solo hemos venido a mirar.

-está bien-respondió él, con una sonrisa amistosa-perdonar el desorden, y la falta de animales, pero vamos a cerrar esta tienda para abrir otra más nueva aquí al lado.

-no pasa nada-respondió Yugi-está bien así.

Anzu se quedó mirando los hamsters que estaban al lado del mostrador.

A Yugi le llamó la atención una gran jaula que estaba algo más apartada, en una esquina. En ella vio una pequeña bola de pelo negra, acurrucada entre las tiras de papel de periódico que había en el suelo de la jaula.

Se agachó para mirar mejor. La bolita de pelo se desenroscó para sentarse en una elegante postura, y mirar a Yugi.

-Es el último gato que nos queda-interrumpió el tendero-nadie lo ha querido.

Yugi, sin apartar su mirada de la del pequeño gato, preguntó:

-¿y cuanto dinero cuesta?

-llévatelo si quieres. Esos gatos nos los dan para que encontremos dueños que les quieran. No los vendemos.

Yami no pudo evitar mirar al felino que se encontraba ante él. El gato se acercó a Yugi, y olisqueó el sennen puzzle desde las rejas, e intentó acariciarse con él, empujando.

-¡oohhhh! ¡Qué monada! -exclamó Yugi.

El tendero abrió la jaula, sacó al gato y se lo dio a Yugi.

El gatito comenzó a ronronear en sus brazos. Anzu se acercó para acariciarlo ella también.

-sí que es encantador.-dijo ella.

-entonces...-dijo Yugi-¿dices que me lo puedo quedar?

-sí, claro. Si me prometes que lo vas a cuidar bien.

-¡claro!

-deberías pensar en un nombre-señaló Anzu mientras volvían al restaurante por el estrecho pasillo.

-hmm...-Yugi se puso pensativo, y al de un rato, exclamó-¡ya sé! Lo llamaré Moon, porque es negro y su pelo tiene un brillo como el de la luna.

-me parece un nombre adecuado para él, aunque la luna es blanca, pero bueno. -pensó en voz alta Anzu- Sí, me gusta. Moon. Suena bien. ¡ jajaja!

Yugi sonrió mientras continuaba acariciando al pequeño Moon, al que parecían gustarle las caricias.

Llegaron a la mesa.

-¿qué es eso que llevas en brazos, Yugi?- le preguntó Honda, que estaba de frente y le vio venir con Moon en brazos.

-es un gatito que tenían en la tienda. Me he encariñado con él y he decidido que me lo voy a quedar.

El abuelo se alarmó

- de eso nada. En la tienda no pueden entrar animales. Y menos gatos que se ponen a arañarlo todo.

Yugi puso cara de corderito degollado

-porfaaa, vengaaa abuelooo, será mi regalo. Te prometo que lo cuidare y no causará ningún problema.

El abuelo se cruzo de brazos.

-bueno, es más barato que cualquier otra cosa. Hmm..., bueno, está bien, puedes quedártelo.

-¡yupiii! ¡Gracias abuelo!

-pero como vea un solo arañazo por la casa lo traemos de vuelta.

-sí, sí, tranquilo, lo cuidaré bien. Muchas gracias.

Lo acariciaron todos (el abuelo también) durante la corta sobremesa, y luego volvieron a los grandes almacenes, pues el abuelo aún tenía un par de cosas que comprar. Estuvieron mirando un rato, hasta que el suelo comenzó a temblar al compás de un estruendo que provenía de una tienda no muy lejos de allí. En pocos segundos la zona se llenó de gente corriendo en dirección contraria a las llamas que teñían el ambiente de un peligroso color naranja.

-¿¡qué ha sido eso!?- saltó Jonouchi.

-parece que ha explotado una bomba. Vayámonos de aquí antes de que nos alcancen las llamas.-dijo Honda.

Se levantaron. Pero con el alboroto Moon se asustó y salió corriendo. Yugi intentó agarrarle, pero se le escapó.

-¡no!-exclamó.

-déjalo Yugi, sabrá cuidarse solo-le dijo su abuelo, mientras terminaba de levantarse.

-pero...-protestó Yugi.

-déjalo. Tú eres más importante.-interrumpió Anzu.

Las llamas cada vez se propagaban más y más rápido, y tuvieron que correr. Yugi era el más lento, quedándose atrás.

De repente una de las tiendas por las que pasaban escupió una gran nube de fuego, cortándole el paso a Yugi.

-¡Yugi!- gritó su abuelo, preocupado.

-estoy bien, continuad vosotros. Ya encontraré otro camino.

Yugi se dio la vuelta, y vio a Moon atrapado entre los restos de una tienda en llamas. Asustado, corrió a ayudarle. Y para cuando se dió cuenta no quedaba nadie en el centro.

De repente apareció una sombra entre las llamas.

-¿Qué haces aún aquí, niño?-preguntó una voz ronca que venía de la sombra.

-Yo... yo no pude salir.

El sonido de las sirenas de las ambulancias comenzaba a oírse a lo lejos.

-¿usted tampoco puede salir?-preguntó, asustado.

-¿yo?, claro que puedo salir. He sido yo el que ha colocado la bomba.

Yugi quería correr lo más rápido posible, pero no tenía adonde. Quería preguntarle por qué había hecho tal cosa, pero sus labios no se movieron. Yugi estaba paralizado por el miedo.

-¿no vas a moverte? , bueno, entonces morirás.-la misteriosa sombra se dio la vuelta para marcharse.

Yugi miró al pequeño gato, que se había lesionado en una de las patas traseras al sacarle de donde estaba. Yami se cabreó. El sennen puzzle comenzó a brillar, y las llamas de alrededor se apagaron.

-es la hora del juego.

-¿eh?-el terrorista miró hacia atrás.

-será un juego de las sombras. El que pierda, morirá.

El terrorista comenzó a reír.

-hacía tiempo que alguien no me hacía una propuesta tan interesante. Dime las reglas y estaré encantado de ganarte.

Yami soltó una de sus sonrisas.

-las reglas son rencillas, el campo de juego serán los pasillos de este recinto. Si se sales de ahí, pierdes. Nos lanzaremos estas bombas el uno al otro, hasta que uno gane.

Yami sujetaba una pequeña bomba e la mano.

-hay dos de estas en la bolsa que tienes ahí.-continuó explicando.-si te quedas sin bombas tendrás que venir a por más.

-entendido.- el terrorista cogió las bombas y salió corriendo por uno de los pasillos.

-comencemos.

No tardó en aparecer una de las bombas con la mecha encendida rodando hasta Yami, que no dudó en recogerla y lanzarla de vuelta. Sin embargo el terrorista había lanzado también su otra bomba, al pasillo de al lado, y cuando estalló hizo volar por los aires varios de los objetos que había en ella.

Por suerte a Yami no le dio ninguno de ellos. Yami pensó durante un momento, y luego se alejó de allí, dejando vía libre al terrorista para que cogiera más bombas. Después de un rato esquivando explosiones, Yami corrió al lugar más alejado, procurando no hacer ningún ruido. Por el camino logró identificar dónde estaba su rival, que se dirigía a por más munición.

Mientras el terrorista reponía sus bombas, Yami encendió y colocó una de suyas en el último pasillo, y luego corrió en dirección contraria hasta cambiar de pasillo.

Esperó unos instantes hasta que la bomba explotó, y los pasillos comenzaron a caer de uno en uno, como si fueran simples fichas de dominó, atrapando al terrorista entre dos de ellas.

Yami comenzó a caminar hacia donde estaba el terrorista, y cuando llegó, le preguntó:

-¿por qué pusiste esas dos bombas? No logro entenderlo. Ni siquiera has pedido dinero a cambio de dejar de hacerlo.

-es que yo no quiero nada. Tan solo sufrimiento.

-¿y entonces porqué tus bombas no causan mayor explosión?

El terrorista comenzó a reír.

-porque si matas a la gente no sufre. Solo sufren si están vivos.

Yami se cabreó.

-¿¡qué sabrás tú de la muerte!?

De repente, otra explosión lanzó a ambos por los aires.

El terrorista había encendido una de sus bombas para salir, ya que anteriormente se había hecho con un chaleco a prueba de explosiones. Como Yami estaba al otro lado, y algo alejado solo ele alcanzó la onda expansiva. Sin embargo, cuando aún estaban los dos en el aire, cogió una chapa de metal cuadrada de metro y medio más o menos para usarla como escudo, pues no dudó un instante en coger la bomba que le había sobrado, encenderla y lanzársela al terrorista, haciendo que explotara y saliera volando fuera de ése recinto.

-Has perdido.-dijo, con un tono de voz más serio de lo habitual.

-bueno, y que vas a hacer, ¿matarme?

-ése era el trato.

El terrorista echó a correr lo más rápido que pudo, pero se tropezó, cayendo al suelo.

-has jugado con la vida de la gente, sin saber valorar ni siquiera la tuya.-dijo Yami, mientras el ojo de Horus brillaba en su frente.

Al terrorista, aún en el suelo, y como si fuera un bomba humana, comenzaron a explotarle una a una todas las partes de su cuerpo, hasta terminar muriendo desangrado, pero no antes sin ver la sombra de Yami desaparecer entre las llamas.

Buno, con esto acaba el capítulo siete. Y como ya dije, en el próximo cap Yugi va a juicio.

Espero que os esté pareciendo interesante!

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