8.- LA LEY DE LA OSCURIDAD
Capítulo 8
El juicio
Bueno, pues con este ya van 8 (weeee!)
No se mucho de juicios (lo poco que he visto en la tv o jugado a algún juego) he intentado hacerlo lo mejor posible sin que resulte demasiado tostón, espero que lo disfrutéis. n.n
La policía y los bomberos no tardaron en apagar las llamas y encontrar a Yugi.
En cuanto lo pusieron a salvo el primero que fue a darle un gran abrazo fue su abuelo.
-¡menos mal que estas a salvo!¿¡te has lastimado!?
-tranquilo, abuelo. No me he hecho daño, estoy bien.
No le dejaron estar mucho rato hablando, pues enseguida le llevaron a un hospital ha hacerle un chequeo por si había sufrido lesiones internas. Su abuelo no le acompañó, pues tenía que llevar de vuelta a Jonouchi, Honda y Anzu.
Una vez allí, uno de los médicos le pidió que se quitara la ropa para poder ver mejor si estaba herido o no, y comenzó a examinarle y preguntarle si le dolía algo, o recordaba haberse golpeado contra algo, a lo que Yugi respondió que no.
Después de ve que Yugi estaba bien, le mandó volver a vestirse e ir a la sala de espera hasta que viniera a recogerle su abuelo.
Mientras los médicos atendían a los heridos en la explosión, y demás gente que estaba allí, Yugi decidió ir a dar un paseo por allí, aunque su abuelo no fuera a tardar mucho.
Mientras charlaba con uno de los afectados por la explosión, que tan solo tenía alguna que otra quemadura leve, se dio cuenta de que un pequeño gato negro les observaba desde la ventana. Era Moon, que le había seguido hasta el hospital.
Abrió la ventana para cogerlo en brazos.
El abuelo no tardó en llegar, después de asegurarse de que estaba bien llevó a su nieto a la tienda.
Pero los problemas no habían hecho más que empezar.
A la mañana siguiente, sobre las ocho de la mañana, Yugi se despertó, con el ruido que provenía del piso de abajo. Se vistió rápidamente, y al bajar, se encontró con su abuelo hablando con dos policías, que venían a llevarse a Yugi para juzgarlo por todos los delitos por los que se le acusaba. El juicio comenzaba a las diez, y por eso vinieron tan temprano, ya que el día anterior no pudieron llevárselo a causa del accidente que tuvo en los grandes almacenes.
-¿qué está ocurriendo, abuelo?-preguntó, preocupado.
El abuelo dejó el pequeño debate que estaba teniendo con los policías para agacharse y mirar a Yugi desde su misma altura, y contarle lo que estaba pasando.
-¡pero pensaba que ya había quedado claro que no fui yo!-protestó Yugi, preocupado.
Uno de los policías, sorprendido por lo joven que era el chico al que tenían que arrestar, le informó sobre lo que estaba pasando:
-veras, mientras tú estabas en el instituto, nosotros investigábamos todos esos casos en los que te has visto involucrado, y ya que eres el principal sospechoso, y sin ninguna coartada en ninguno de los casos, se ha decidido llevarte a juicio a ver si se aclaran las cosas. Más aún después del atentado de ayer, en el que hemos encontrado al culpable... emm, bueno, muerto. Y según tenemos entendido fuiste tú el último que lo vio.
-¡¿muerto!?-gritó Yugi, sorprendido.
-sí, bueno, más o menos. Supimos que era él por los restos de pólvora y aceite que tenían sus restos.-aclaró amablemente el policía-lo bueno es que ya no habrá más atentados contra él.
-¿y lo malo?-preguntó Yugi, aún algo sorprendido.
-lo malo es que fue asesinado. No sabemos exactamente cómo, pero alguien lo mató. Y luego está el misterio de porqué estaban todas las baldas de los pasillos toradas, y las otras explosiones pequeñas que se produjeron después de la principal. ¿No oirías tú algo mientras estabas ahí dentro, no?
-no, lo siento, no recuerdo nada de lo ocurrido.
-Hmm, bueno, no importa, supongo que te desmayarías por el susto o algo.
-de todos modos no puedo ignorar mis órdenes. Tendrás que venirte con nosotros a juicio. Usted debería venirse también.-terminó el policía, dirigiéndose al abuelo.
Se montaron los cuatro en el coche, y llegaron al juzgado poco después.
-qué grande es.-dijo Yugi.
-sí. Más de lo que parece por fuera, ¿verdad?-respondió amablemente el policía de antes
Entraron por una gran puerta hacia un enorme pasillo, donde había un montón de puertas, ascensores y escaleras.
Después de pasar varias puertas se detuvieron en frente de una de ellas.
-es aquí.-señaló el policía.
Yugi tragó saliva.
-Como suponemos que no habéis tenido tiempo de contratar ninguno, te hemos asignado un abogado.-dijo dirigiendose a Yugi.
-gracias.
-jaja, no hace falta que las des, se supone que es un derecho que tenemos todos los ciudadanos.
Entraron en la gran sala. No había demasiada gente, aunque era más de la que Yugi esperaba.
Se sentó en una mesa al lado de un hombre joven trajeado de azul, que tenía una pequeña carpeta encima de la mesa.
A unos metros había otra mesa, con otro hombre de traje azul, algo más mayor que el que estaba a su lado. Con una carpeta más grande. En frente el lugar donde se sentaba el juez, que aún no había llegado, y a la derecha e izquierda dos asientos más.
Yugi comenzó a ponerse nervioso.
El hombre que estaba a su lado le miró.
-¿Tú eres el acusado, verdad?-preguntó el señor- en menudo lío te has metido, chaval.
-¿tan malo es?-preguntó Yugi, casi susurrando.
El abogado asintió.
-no sé si de verdad has sido tú o no. Pero desde luego es algo serio.
Antes de que Yugi pudiera decir nada más, el juez entró por la puerta, se sentó en su sitio. Golpeó el mazo pidiendo silencio, y comenzó el juicio.
El señor se levantó.
-abogado defensor. Preparado.
El hombre de la otra mesa también se puso en pie.
-abogado fiscal. Preparado.
-bien. Cuáles son los cargos por los que se le acusa a este menor.
El otro hombre comenzó a nombrar un montón de delitos. La mayoría de homicidio, en los que Yugi era el principal sospechoso.
Los dos abogados se enzarzaron en un reñido debate, aportando diversas pruebas a favor y en contra de Yugi.
Que si no tiene la fuerza suficiente para hacerlo..., que si tenía motivos..., que si no los tenía..., que si fue el único que estaba allí...
-¡protesto!-gritó de repente el abogado de Yugi.
-se admite-dijo el juez.
-Tengo pruebas de que en al menos uno de los crímenes de los que se le acusa no estaba solo con la víctima.-continuó el abogado.
-¡protesto!-dijo el fiscal.
-no se admite.
El abogado de Yugi sacó un CD de su maleta. Se levantó, y se lo entregó al juez, que hizo una señal con la maño para que trajeran una pantalla para ver el contenido del CD.
Mientras lo traían el hombre comenzó a hablar.
-ese disco contiene la grabación de una de las cámaras de los grandes almacenes donde se cometió uno de los crímenes por los que se le acusa a Yugi Muto, que estuvo presente en el momento de la explosión. La imagen, desgraciadamente, es de baja calidad. Sin embargo se puede apreciar claramente tras las llamas provocadas por la explosión dos siluetas.-explicó-la primera pertenece al terrorista, la víctima. Sin embargo, la segunda, aunque muy parecida a la del acusado, la policía ha podido confirmar que no es suya.
Tras esto, el juicio se centró en el último caso, dando lugar a varias protestas y explicaciones.
-¡protesto! -gritó esta vez el fiscal.
-se admite.
-el lugar en el que están grabadas ésas imágenes eran unos grandes almacenes. Cualquiera pudo pasar por ahí en ese momento.
-¡protesto!-volvió a gritar el abogado.- estas imágenes fueron grabadas después de evacuar el edificio. Allí no había nadie más que el terrorista, el acusado, y el hombre o mujer al que pertenece esa silueta.
Se admite.-continuó el juez- con esto a qué conclusión quiere llegar.
-la única conclusión que se puede sacar de todo esto es que a mi defendido le han tendido una trampa mi señoría. En otras palabras, ha sido incriminado.
-¡protesto!-
-se admite.
-el acusado ha podido perfectamente manipular su aspecto para que al pasar por la cámara le grabara, y así poder afirmar la incriminación. Usted mismo ha dicho que se le parecía.
-¡protesto! Mis palabras no fueron esas.
-se admite. Lean las palabras del abogado, por favor.
- "la primera pertenece al terrorista, la víctima. Sin embargo, la segunda, aunque muy parecida a la del acusado, la policía ha podido confirmar que no es suya." -leyó el mecanógrafo.
-¡protesto!-de nuevo el fiscal.
-no se admite. Por favor, procedan a llamar a sus testigos.
-¡protesto!-de nuevo el abogado.
-no se admite.
El fiscal llamó primero a Yugi. El abogado volvió a protestar, y se le volvió a denegar.
Después se jurar decir la verdad, Yugi se sentó en un pequeño cubículo a la derecha del juez.
-¿estaba usted en el lugar y momento en los que se produjeron los crímenes de los que se le acusa?-le preguntó el fiscal.
-s...~sí-balbuceó Yugi.
-¿fue usted el responsable de esos crímenes?-volvió a preguntar.
-yo..., no lo sé. No soy capaz de acordarme de lo que pasó. ¡Pero yo no haría nada como eso!- exclamó con un nudo en la garganta.
-ya, claro.
-¡protesto!
-se admite.
-está bien, no hay más preguntas para el acusado. Me gustaría llamar ahora a su querido abuelo.
El abuelo se sentó donde estaba Yugi, que volvió al lado del abogado.
-sólo le hare una pregunta. ¿Ha estado el acusado más ausente de lo habitual, cambiado alguna costumbre, o le notó falta de sueño las últimas semanas?
El abuelo agachó la cabeza. Finalmente, contestó muy serio.
-sí, señor.
-gracias.-dijo el fiscal.
-sin embargo-continuó el abuelo- me siento en el deber de decir que conozco bien a mi nieto y sé con seguridad que no sería capaz de cometer esos crímenes de los que se le está acusando.
-protesto, eso es una opinión.
-se admite.
-no hay más preguntas.-dijo el fiscal.
-tampoco tenemos preguntas.-dijo el abogado.
-¡pero si no has hecho ninguna!-le dijo Yugi, susurrando para no hacer demasiado ruido.
-no tenemos nada que preguntar. Nada que deje claro que no fuiste tú ninguna de las veces.
-pero...
El juez dio tres golpes con el mazo.
-muy bien. El jurado se retirará a deliberar. El Benedicto se dará dentro de veinte minutos.
Volvió a golpear con el mazo, se levantó a la par que el jurado, y se marcharon todos a deliberar.
Tras el jurado, el fiscal fue el siguiente en marcharse de la sala. Yugi corrió a abrazar a su abuelo.
-tengo miedo, abuelo.
-tranquilo. Veras como es solo un malentendido. Yo sé que no has sido tú.
-gracias. ¿Puedo ir un momento al lavabo a lavarme las manos y la cara?
-sí, claro. Ve y dile al policía que nos ha traído hasta aquí. Seguro que él sabe dónde están
Yugi asintió y le preguntó al policía, que accedió amablemente a indicarle el camino. No estaba lejos. Tras varias puertas a la derecha.
Yugi fue caminando despacito por el gran pasillo, pensativo, escuchando el murmullo detrás de las puertas por las que iba pasando.
Le pilló desprevenido cuando una de ellas se abrió de repente golpeándole y tirándole al suelo.
De ella salía un señor algo desaliñado, soltando insultos dirigidos al juez. Sin mirar siquiera a quién había arrollado giró la esquina y se metió en el baño.
Yugi no tardó en levantarse y meterse también.
Se lavó las manos y la cara y se miró al espejo. El tipo de antes salió de uno de los baños.
Yugi se dio cuenta de que era el que le había empujado con la puerta, pero no dijo nada. Simplemente le miró. El señor se cabreó y comenzó a insultarle.
-oiga señor, que yo no le he hecho nada. De hecho el que me ha tirado al suelo empujándome con la puerta ha sido usted.-se defendió.
Al señor le hizo menos gracia aún. Cogió a Yugi y le trió al suelo.
-a ver si aprendes a no meterte con personas mayores que tú-dijo, dirigiéndose hacia la puerta.
Acababa de tirar a Yugi al suelo sin pedir disculpas, le había insultado, y le había vuelto a tirar contra el suelo.
Yami no se lo iba a perdonar.
El sennen puzzle comenzó a brillar. La oscura sombra de Yami se alzó con tres luminosos ojos brillando en ella.
El hombre intentó salir del baño, sin éxito.
-¿pero qué...?
-es la hora del juego.
El señor se dio la vuelta.
-aunque si te disculpas ahora no tienes porqué jugar conmigo.
-yo nunca pido perdón.
-entonces, que comience el juego.
El lugar comenzó a hacerse grande y a llenarse de espejos en lugares aleatorios hasta que quedó cubierto de ellos completamente.
-las reglas son sencillas. Esto en un laberinto. El que antes logre llegar a la meta del otro lado por el camino correcto, gana. Sin embargo, será un juego de las sombras.
-¿y qué gano yo jugando contigo?-dijo el señor, intentando disimular el miedo.
Yami sonrió.
-si me ganas te perdonaré. Si no... Más te vale disculparte.
-¡JA! ¿y crees que un crio cómo tú me va a ganar en un juego tan sencillo? Está bien. Jugaré a tu estúpido juego.
-empecemos.
El hombre echó a correr, aunque no paraba de darse contra los espejos.
Yami fue caminando prudentemente, palpando las paredes para saber por dónde ir.
Mientras el faraón avanzaba lentamente por el laberinto, su rival corría torpemente en círculos.
Tras cinco minutos, y a punto de llegar a la meta, Yami comenzó a sonreír sádicamente. Tras pocos metros, se encontró con el otro hombre, que estaba ya en la meta.
-me pregunto qué es lo que te hace tanta gracia.-dijo el señor.
-me pregunto cómo te has hecho esas heridas en la mano-contestó Yami sin dejar de sonreír.
Yami se dio la vuelta para ver que efectivamente, su rival se había hecho su propio camino rompiendo los espejos y caminando en línea recta.
La ilusión desapareció.
-has hecho trampas. Así que gano yo.
-¡tsk! ¿¡Y te crees que le voy a pedir perdón a un crio!?
El hombre levantó el puño ensangrentado y le lanzó un puñetazo a Yami, que se apartó esquivándolo con facilidad.
Yami miró al hombre, alzó el dedo hacia él, y el ojo de Horus brilló en su frente.
-La puerta de la oscuridad, se ha abierto.
El hombre lanzó otro puñetazo. Esta vez Yami no tuvo la necesidad de esquivarlo.
-eres un maleducado, te dedicas a molestar a la gente, no te preocupas ni por tu propio reflejo. Bien, pues ahora lo verás todo a través de los espejos. Igual que las moscas, como una que eres.
Yami salió del lavabo para volver a la sala, pues ya habían pasado 15 minutos.
Entró y se sentó donde había estado sentado Yugi.
-no te preocupes-dijo el abogado-aun si llegan a declararte culpable eres un menor. No podrán hacerte mucho.
-no es eso lo que me preocupa-respondió Yami, con su característica voz, dejando al abogado en blanco.
Por fin llegó el juez.
-bien, el jurado ha hecho su votación. Y el Benedicto es que encontramos al acusado...
...
Muahahahaha, tendréis que esperar al siguiente capítulo para saberlo.
Ya sé que hay poca acción, pero me salió así, que se le va a hacer. Aun así espero que lo hayáis disfrutado.
Hasta el próximo cap!
Dejen algún coment, gracias!
(Y gracias por los que ya habéis comentado ^.^)
