14.- LA LEY DE LA OSCURIDAD
Capítulo 14
A la salida
-¿qué ha pasado?- preguntó Pablo, al ver a todos movilizándose y llamando por los teléfonos.
- luego hablamos-le respondió Yami, mientras continuaba andando de vuelta a las celdas.
Pablo le siguió sin decir nada más, mirando el ajetreo que había alrededor.
Al llegar se quedaron los dos sentados fuera de la habitación, ya que no había nadie para abrirles. Entonces Pablo preguntó.
-¿no le habrás hecho nada, verdad? ¿Sabes que ahí dentro hay cámaras?
Yami, mirando hacia el frente, asintió mientras sonreía.
-no voy a volver a este lugar nunca más.
-¡¿vas a escaparte?!-preguntó Pablo, extrañado.
-no. Me van a sacar. Seguramente antes de la hora de comer de mañana.
-¡¿y eso?! ¡Qué bien! Pero... ¿como estás tan seguro?
-lo estoy.
No tardó en venir un guardia a abrirles y comprobar si todo iba bien entre los demás.
A la mañana siguiente todo estaba como si no hubiera pasado nada. Ningún guardia parecía saber lo que había pasado.
-qué raro...- murmuraba Yugi mientras iban todos a desayunar.-¿tú sabes algo?
-no mucho más que tú...- contestó Pablo.
Al acabar, antes de que pudieran llegar de nuevo a las celdas, un guardia les pidió a los dos que les acompañara afuera.
Cuando estuvieron lo bastante apartados, les explicó por qué les había llevado afuera.
-veréis, anoche nos dijeron que han encontrado pruebas de que Yugi no es culpable. He pensado que a ti, Pablo te gustaría estar presente en el pequeño juicio que se va a celebrar enseguida para quitarle los cargos a tu amigo.
-¡claro!-respondió Pablo.
-¿¡en serio!? ¿¡Podré volver a casa!?
-seguramente-respondió el guardia con una sonrisa.
Esperaron un rato antes de subirse en la furgoneta con los guardias, y viajar hasta el juzgado.
-vaya.-comentó Pablo- Este sitio no me gusta demasiado. La última vez que vine no acabé demasiado bien.
-bueno, tranquilo. Seguro que encuentran algo que demuestre tu inocencia también.
Pablo sonrió y los cuatro entraron en el aula donde estaba a punto de comenzar de nuevo un juicio por Yugi, aunque esta vez era para sacarlo del reformatorio en lugar de meterlo en él.
El juez era el mismo de la otra vez, al igual que el jurado. Su abogado también estaba en el mismo lugar de la otra vez. Pablo se sentó en uno de los bancos del público junto a los guardias. Yugi se acercó a donde su abogado para hablar con él y saber qué era lo que habían encontrado.
-hola-saludó Yugi, lo más bajo que pudo para no romper el silencio de la sala.
-hola Yugi, te estaba esperando. Tengo que hablar un momento contigo antes de que empiece esto.
Aún faltaban unos minutos hasta que llegara la hora, asique los dos salieron para hablar tranquilamente en el pasillo.
-te voy a resumir un poco lo que ha pasado. Verás qué rápido vuelves a casa. El juico no durará mucho. Básicamente encontramos a un testigo, que fue víctima de las agresiones que supuestamente tú realizaste. Dice que no fuiste tú el que le atacó. Y ya que todos fueron agredidos por la misma persona, tú quedas libre se los cargos.
-¡qué bien!- exclamó Yugi, con una sonrisa- sabía que al final saldría de allí.
Al cabo de un rato los dos volvieron a entrar a la sala, que continuaba bastante vacía, o, al menos, más que la vez anterior.
El testigo que encontró el abogado subió al estrado por petición del juez, que preguntó:
- ¿ha sido usted una víctima del delincuente al que buscamos?
-sí, mí señoría. Le he dejado las pruebas de que permanecí en el hospital, junto a las otras víctimas durante unos días después de que me atacara. 'Está loco' decían los médicos. Yo no estoy loco. Me quedé bien con la cara del tipo, y desde luego no era ese niño que está ahí sentado. Se parecía, pero no era él.-dijo, señalando a Yugi.
Yugi le estuvo mirando todo el rato. Le sonaba su cara de algo, pero no recordaba de qué era.
-¿quién es?-le preguntó a su abogado.
-un delincuente de poca monta, estuvo aquí hace no mucho. Le juzgaban por varios de sus robos.
-¡ya sé de qué me suena!-exclamó por lo bajo Yugi- es el tipo que me empujó la otra vez que estuve aquí. Cuando fui al baño.
-bueno, pero eso no importa ahora.-respondió el abogado.-de todos modos acabaremos enseguida.
Tras media hora de descripciones, leyes, preguntas y más preguntas, por fin dejaron libre a Yugi, y como compensación por las molestias obtuvieron un viaje de una semana en avión a donde quisieran para 5 personas cuando les viniera bien.
Al salir del juicio les dejaron a Pablo y a Yugi un rato para despedirse.
-me alegro por ti. Ven a visitarme de vez en cuando.
-¡claro! Y miraré a ver si puedo hacer algo para ayudarte a salir.
-será difícil pero te lo agradezco.
Tras un rato más charlando Yugi volvió a su casa con su abuelo, que ya que no pudo durante el juicio, le abrazó fuertemente en cuanto pudo. Yugi le devolvió el abrazo y subió a su habitación a descansar.
Los días siguientes le acribillaron a preguntas incomodas en el colegio.
Uno de los días, cuando le habían dejado tranquilo, les comentó a sus amigos;
-veréis, sé que va a ser difícil, y que no tenéis porque hacerlo, pero le prometí a un compañero que intentaría indagar un poco en su caso, y yo solo no puedo. ¿Me ayudareis a investigar un poco?
-¡Claro!-respondió Jonouchi-un poco de acción entre la rutina no nos vendrá mal.
-Estoy de acuerdo-dijo Honda-además, somos tus amigos, te ayudaríamos igualmente. ¿tú qué dices Anzu?
-pues claro, pero necesitaremos mas información.
Yugi volvió a tomar la palabra.
-por supuesto, hoy es día de visitas, podría ir a preguntarle más cosas.
-bien-continuó Jonouchi- pero te acompañaremos. No dejaré que vuelvas ahí solo.
Después de quedar para la tarde se despidieron, ya que era la hora de salir.
Se quedó solo recogiendo las cosas y repasando lo que había dado durante las clases ya que perdió muchas y necesitaba ponerse al día.
De repente alguien entró al aula. Era una persona adulta, un hombre de unos cuarenta años.
-¿eres Yugi, verdad?-dijo.
-si, soy yo, ¿quiere algo?
-no exactamente, verás, me llamo Alfredo, soy el padre de un alumno que estudiaba aquí, y como tu caso ha salido en las noticias...
-¿¡ha salido en las noticias!? Vaya no lo sabía.
- si, bueno, la cosa es que no acabo de creerme lo que dicen.
-¿el qué?-preguntó Yugi, confuso.
-no me creo que seas inocente. Soy el padre de Kevin, una de las víctimas del caso. Y creo que aquel hombre mentía acerca de que no fuiste tú. No tienes cara de mala persona, lo admito, pero no me creo que no fueras tú.
Alfredo sacó una pistola del costado de la chaqueta y apuntó a Yugi con ella.
-¡eh! ¡Cuidado con eso! ¡¿De dónde lo ha sacado?!
-que mas dará. Dime la verdad y no te haré nada.
Yugi dio un paso hacia atrás y se tropezó con una mesa, cayéndose al suelo. Alfredo se dio la vuelta para cerrar la puerta. El sennen puzzle brilló. El hombre se volvió de nuevo. Yami, sentado en uno de los pupitres, le dijo.
-resolvamos esto jugando a un pequeño juego. Coge una silla y siéntate, te explicaré las reglas.
-¿un juego?
-sí, un juego de cartas. Vamos, siéntate.
-está bien. Dejaré que juegues una última partida. Después te mataré.
-Ok, pero solo si me ganas. Veras, es muy sencillo. ¿Conoces el juego del mentiroso? Pues esto es muy parecido, solo que con dos personas.
Yami repartió la mitad de las cartas.
-como ves, se reparte la mitad de la baraja, a otra mitad se deja a un lado y se va robando la misma cantidad de cartas que dejas en el tablero hasta que se acaben. En ese momento se termina el juego, y el que más cartas tenga, pierde. Eso respecto a robar las cartas. El juego consiste en decir un número de la baraja, y tirar de una a cuarto cartas boca abajo en el tablero, esas cartas supuestamente son del número que hemos dicho antes, según van pasando los turnos se van dejando mas cartas en el tablero, pero solo se pueden tirar de una a cuarto cartas, que, se supone son del mismo número que las anteriores. Así van pasando los turnos hasta que uno de los dos jugadores no se crea que el otro haya tirado las cartas del numero dicho antes, y las levante. Si tiene razón, el contrario se lleva las cartas, si no, se las queda él. Después el que se haya quedado con las cartas empieza la ronda de nuevo.
-o sea que este juego consiste en engañar al otro y adivinar cuando miente.
-básicamente.
-entonces empezaré yo. Tiro treses-dijo, poniendo cuatro cartas boca abajo, y robando otras cuatro.
-yo tiro otros tres-respondió Yami, posando tres cartas en la mesa, aunque esas no eran treses.- se me ha olvidado comentar que este es un juego de las sombras.
-no me importa. Yo tirare un tres más.
-entonces yo tiraré otro.
Esta vez Yami si que tiró un tres, y solo le quedaba uno más.
-otro.-Alfredo comenzó a ponerse nervioso.
-otro.
Las cartas iban aumentado en el montón del medio de la mesa, y disminuyendo en el otro.
-pues yo tiro otro.
-de eso nada, tiraste tu ultimo tres en la anterior jugada.-dijo Yami, levantando la última carta del montón que se había acumulado encima de la mesa, que, efectivamente, no era un tres, sino un cinco.
-la próxima no fallare.
Alfredo cogió las cartas de la mesa.
-esta vez empiezo con cuatro sietes.
-entonces yo tirare dos más.
Las cartas del montón de robar se estaban acabando.
-yo tiro otros dos.
-otro siete.
-otro. -Yami miraba a la baraja que iba desapareciendo poco a poco.
-eso no es un siete. Yo tenía tres y ya los he echado. Así que tu como mucho deberías tener uno. Y han pasado ya muchas rondas.
Alfredo levantó la carta, y para su sorpresa si que era un siete.
-¿¡pero cómo!?
-veras, el que empieza la ronda suele mentir el primer turno, para poder usar la carta en los siguientes, y, claro, elije el número que tenga más veces repetido. Tú querías asegurarte de que si tenía yo el otro siete, lo hubiera echado. Por eso has tardado tanto en levantar la carta. Y, con las pocas cartas que quedan para robar, y todas las que tienes en la mano, lo único que puedes hacer es ir de cuatro en cuatro, pero eso no serviría de nada, ya que sería mentira, y en cualquier turno que te levantara las cartas, volverías a perder, y con ello la partida.
-ya veremos.
El juego continuo exactamente como dijo Yami, Alfredo se enfadó, y fue a coger la pistola, pero se dio cuenta de Yami la había cogido antes.
-las armas no hacen nada bueno en manos de personas como tú, que aún sin estar seguro acusa a alguien de asesino. Por eso a mí me gusta dar una oportunidad para que los delincuentes como tu demostréis vuestra inocencia. Pero veo que tu no lo eres.
El ojo de Horus brillaba en la frente de Yami.
-la puerta de la oscuridad, ha sido abierta. Ya que todo lo que sale de tu boca no son más que groserías, no volverás a decir nada más.
Yami cogió la bolsa y salió del aula, dejando a Alfredo intentando gritarle que se quedara en ella, sin poder pronunciar una sola palabra.
