Nota: Todo de la gran maestra, Jun Mochizuki.
o.o.o.o
Oz se despertó en un certero cambio de estación. Acababa el otoño y daba paso a la presencia de la primavera. Pestañó un poco para encontrarse con los cálidos rayos de luz corriendo por su habitación hasta su rostro adormilado.
Hoy era el día.
Lo sabía por el ruido de los niños jugando afuera de la mansión y por la gente gritando ordenes.
Una nueva fiesta de té empezaba y se le había olvidado por completo.
Era su culpa claro. Los últimos días se lo había pasado releyendo los volúmenes de Holy Knight e ignorando todo a su alrededor.
La nostalgia y el verdadero significado de lo que esa historia era para él le recordaban el pasado, tanto los buenos como los malos momentos a través de su vida y cómo los había superado.
Los primeros años después de su batalla con Glen fueron sin duda lo más difíciles. Al principio creyó que su depresión sería un viaje de no retorno al cascaron vacío que alguna vez fue, pero sus amigos, su familia, se mantuvieron a su lado, no lo soltaron y continuaron dándole su apoyo. El saber que ellos estarían ahí para él fue lo que necesitó para mantener la fuerza que necesitaba.
Las fiestas de té que realizaban cada año lo alegraban de gran manera.
La tristeza no se iba con el pasar de los años, pero aprendió a manejarla y a terminar de aceptarla. No dejar que el pasado se reescriba era lo correcto.
Aunque evitar la muerte de sus amigos era algo que nunca dejó de desear. En especial la de ella.
Alice.
Parpadeó, lentamente primero y luego más rápido cuando se dio cuenta que si seguía tumbado sobre su cama oscurecería su estado de ánimo. No deseaba eso. Estar con su familia le gustaba y hoy, cuando todos volvían a reunirse después de tanto tiempo lo ponía especialmente feliz.
Se levantó, bañó y cambió. Cogió la cámara de su tío Oscar, que, con los años había sufrido ciertas modificaciones para seguir funcionando; y finalmente se vio un momento al espejo con una sonrisa pequeña. Los años habían pasado en él, tenía más edad de la que tenía su tío Oscar cuando murió. Pero a diferencia de cuando era niño, sus ojos ya no demostraban esa sombra de soledad. Ahora solo se veían en paz.
Observó su cama vacía y se permitió un momento para imaginarse a sí mismo con la mujer que se levantaría mucho después que él y tardaría mucho en vestirse. Se la imaginó bostezando igual que lo hacía cuando era niña y la vio cogiéndose de su brazo en un gesto juguetón, balbuceando para que siguieran durmiendo a pesar de los reproches que les daría Sharon. Él insistiría y luego ella lo golpearía antes de reírse de su rostro. Oz se contentaría con eso y la besaría despacio, divertido del sonrojo sobre su rostro a pesar de que lo habían hecho cientos de veces.
—¿Tío Oz?
Una voz suave lo despertó de su ensoñación y sonrió al abrir la puerta.
—Buenos días, Shelly —dijo mirando con cariño a su sobrina.
Ella era la viva imagen de su madre. Cuando nació, Gil y Oz constantemente bromeaban si sería manipuladora como la abuela o temperamental como la madre.
Resultó que tenía algo de ambas, junto a la sencillez de su padre. Aunque claro, los genes Rainsworth siempre predominarían.
—¿Y tus hermanos? —preguntó divertido al verla mantener una conversación elegante con una de las criadas para luego explotar como una bestia al ver a la gente holgazanear.
—Haciendo travesuras —dijo suspirando—, como siempre.
Había sido casi un shock cuando el ducado Rainsworth al fin tenía hijos en su línea de descendencia. Pero gemelos, eso había casi paralizado a todos.
—¿Gemelos? —chilló Ada, que estaba junto a todos esperando noticias del parto. Gil casi se había caído de su silla.
—Sí —Reim lucía cansado aunque bastante feliz—. Sharon está dormida pero pueden ver a los niños.
Gil junto Ada y Oz se dedicaron a hacer caras extrañas el resto de la noche a los gemelos que tenían el mismo color de cabello que su padre. Vincent mantenía su distancia, pero se veía divertido cada vez que los observaba. Incluso Leo, que llegó muchas horas después del nacimiento parecía querer decir en voz alta lo ridículos que lucían, pero prefirió guardar ese comentario para sí.
—Me pregunto si también usarán lentes —Lily veía a los bebés con mucha curiosidad, al pasar los años dejó de lucir como una niña y más como una adolescente. Sharon se había dedicado a acogerla en su casa y cuidarla como última petición de Lottie.
Aunque eso le generó semanas de peleas y discusiones con Leo.
—Ella y yo somos Baskerville.
Sharon había entrecerrado los ojos con molestia.
—¿Y? Ella y yo somos mujeres —no recordaba haberlos visto intercambiando palabra antes, pero después que Leo recuperara su cuerpo aceptó todas sus responsabilidades como cabeza de los Baskerville. Y con eso intentar tener la "custodia" de Lily—. Puedes venir a verla cuando quieras, pero ella se queda aquí.
—Esto es lo que quiero —Lily usualmente se quedaba en silencio en medio de las discusiones, pero parecía haber tenido suficiente de eso—. Esta fue la voluntad de Lottie y Doug para mí, por favor permítame quedarme— su voz era baja y sumisa, enrollándose y desenrollando los brazos—. P-pero yo seguiré sirviéndole. S-si… eso está bien.
Intentaba ser fuerte, todos los sabían. Desde que sus amigos no regresaron con vida intentaba comportarse como una sirvienta a la altura de los estándares de la sociedad. Aunque muchas veces terminaba gritándole a Vincent o huyendo de Reim.
—No es necesario que seas mi sirvienta —Leo le habló con ternura, arrodillándose para que sus ojos se pudieran encontrar—. Somos familia y si quieres quedarte vendré a visitarte todas las semanas. Reconstruiremos el nombre de nuestra casa juntos, como lo hubieran querido Doug, Fang y Lottie.
Tanto Lily como Sharon lloraron, aunque la única que abrazó a Leo fue Lily.
—Espero que no hagan nada malo —los murmullos de Shelly despertaron a Oz de sus recuerdos.
—Vamos, dudo que hagan una travesura hoy —ella lo miró suspicaz.
—¡Porque siempre los cubres! —Infló sus mejillas en una muestra de enfado infantil—. Solo no quiero que… ¡Kevin! ¡Xerxes! —gritó al encontrar a los gemelos escabullándose por una puerta, sus manos tenían rastros de chocolate. Tenían casi la edad que él tuvo cuando hizo su ceremonia de ascensión pero se comportaban como si tuvieran siete, Oz los amaba— ¿Qué rayos crees que hacen?
—Nada —dijo Xerxes, ocultando de forma obvia sus manos—. ¿Tú qué haces?
—Hermana deberías de ser menos amargada —dijo casualmente Kevin, manos en los bolsillos—, por ser así nunca te ca… ¡ah! ¡Eso duele! —chilló cuando su hermana lo cogió de la oreja.
—¡Eso es abuso infantil! —acusó Xerxes.
—Privilegio de ser la mayor —dijo malvadamente mientras cogía a Xerxes de la muñeca—. Los llevaré a que ayuden en las mesas—le dio un asentimiento de cabeza a Oz—. Te veo después tío.
—¡Tío ayúdanos! —imploraban los gemelos.
—Lo siento chicos, su hermana da miedo —Oz soltó una carcajada—, pero mírenlo de esta forma, pudo haberlos encontrado su madre —ambos se estremecieron, pero asintieron. Era mejor que su hermana los regañara que su madre con su abanico de papel.
Suspiró con diversión, verlos pelear lo entretenía, le recordaba a Sheryl con Rufus. Todavía recordaba la disputa de apellidos que tuvieron después que este nombrara a Reim su sucesor.
—Sharon debe tener el apellido Barma o este desaparecerá.
—Pero Ru-kun —ese tono no aceptaba un no por respuesta—, en nuestro ducado la familia Rainsworth siempre ha tenido a las mujeres con el mismo apellido. No estarás insinuando que eliminemos la tradición, ¿verdad?
Rufus tragó mirando a Oz que por azares del destino tuvo que entregar unos documentos y había terminado metido en medio de la discusión. Siempre me pasa lo peor. Logró escapar—gracias a dios—dejando solo a Rufus—quien se negaba a dejarlo ir para usarlo de escudo—, lidiando con una furiosa Sheryl. Días después se enteró que Reim había aceptado el apellido Barma pero se lo pasaría a un sucesor, así como Rufus con él.
Era romántico de su parte, sin embargo para entonces Sharon había aceptado dejar su apellido por él, lo que condujo a que ambos terminaron en una riña en la que felizmente Oz no formó parte.
Bueno eran una pareja complicada. Para algunos su matrimonio fue una total sorpresa, pero para los que lo conocían bien no tanto. Sufrieron por Break, ellos dos más que nada, su relación casi parecía el último regalo que les dejaba.
—El payaso lo hubiera querido así —diría Alice si los viera ahora—. No entiendo porque lo nobles les gusta hablar a sus espaldas.
—Algunas personas son así —respondería con sencillez y antes que ella dijera lo que opinaba la llevaría a la cocina a que atacara la comida que quedaba.
Su mente seguiría trabajando en crear ilusiones si el sonido de alguien cantando y tocando el piano no lo hubiera estremecido. Caminó hasta la habitación en donde provenía el sonido y se apoyó en el umbral de la puerta a escuchar tocar a la viva imagen de Gil.
Tocaba de una forma hermosa, pero cuando intentaba cantar… eso era distinto.
—Espera, espera —Etoile, su amiga de la infancia le detuvo con un ceño fruncido—. Por qué mejor no tratas de no estar tenso… o ya sabes solo tocar. Es una sugerencia.
—Cállate —contestó con el ceño arrugado, volviendo a tocar y esta vez sin cantar. Esto se ganó un beso en la mejilla de su amiga, haciendo que este se sonrojara completamente—. ¡N-no hagas eso!
Ella solo se rió, levantándose de su lado y yendo a saludar a Oz.
—Señor Vessalius —dijo alegremente—, ¿no cree que sería mejor si solo toca?
—Por supuesto, dejaríamos de espantar a algunos trabajadores —respondió con todo el ánimo de molestar a Roland.
—Cierren la boca —refunfuñó antes de tocar de nuevo. Esta vez era otra canción y estaba seguro que se la tocaba para él, porque Oz se la había enseñado.
Cerró un momento los ojos, escuchando la melodía de Lacie inundar el lugar y trayendo consigo cientos de recuerdos.
"¿Todos iremos a tener una fiesta de té, verdad?"
Abrió los ojos.
—Pensaba tocar esta hoy… ¿te… parece bien? —cuando Oz no contestó su sobrino empezó a hablar un poco rápido, moviendo sus dedos a través de las teclas, como lo hacía Gil cuando estaba nervioso—. Aún no me la sé a la perfección, si no te gusta podría tocar…
—Esa me gusta —dijo con sinceridad—, me encantaría que la toques—tomó un poco de aire antes de continuar—… bueno, debo ir a terminar de ver los arreglos. Etoile por favor no dejes que cante.
Recorrió los pasillos y saludó a todos los que se encontró, podía escuchar a la gente dando órdenes y varios sirvientes emocionados al ver la fiesta terminada. En los últimos días estuvo tratando de no pensar mucho en ello, pero ver como todos parecían esforzarse en que ese día fuera perfecto lo devolvió a la realidad.
Meses después de regresar de Sablier acordaron organizar la fiesta de té en días totalmente al azar, serían más espontaneas y divertidas en palabras de Sharon, sin embargo esta vez la suerte fue cruel y cuando se reunieron para los preparativos y tiraron los dados lo que resultó no fue lo que esperaban. El aura se volvió sombría en ese momento pero Oz insistió en que era tiempo de cerrar viejas heridas.
Hoy es el aniversario de sus muertes.
De muchos de los miembros de Pandora. De Lottie y Doug, que se convirtieron en sus aliados, la pequeña Echo, Break y ella. La que le había dado una razón para levantarse y la que dio su vida por ellos. Alice.
"Tendremos uno de esos finales felices que tanto le gusta leer a Sharon".
—¿Oz? —Se sobresaltó al ver que estaba parado en medio de la sala, no recordaba llegar ahí.
—Dabria… —se pasó la mano por el cabello con una sonrisa perezosa—. Bueno días.
Ciertamente había sido todo una sorpresa.
Gil y ella habían tenido una cita que Break y Oz trataron de estropear creyendo que él no sabía cómo terminarla. Al final, Dabria y Gil parecían haber congeniado, pero su familia solo quería a Gil para algún tipo de sacrificio loco.
No fue algo quería hacer, sin embargo se dejó influenciar por su familia. Oz creía que no volverían a saber nada de ella, pero un par de meses después de volver de Sablier se sorprendieron de encontrarla esperándolo. Ella había sido la única de su familia que salió de la cárcel y se había disculpado tantas veces con Gil que incluso a Oz le daba lástima.
Gil le dio su perdón, con el buen corazón que tenía era imposible que no lo hiciera, pero dejo en claro que no volvería a fiarse de ella. Con el pasar de los días se hizo notorio que Dabria no tenía intenciones de volver a familiarizarse con Gil y un par de semanas después, cuando Oz soltó casualmente el apellido de Dabria mientras desayunaba con su hermana, Ada mencionó que los familiares que la acogían le habían buscado prometido y ella parecía bien con eso.
Fue divertido ver como Gil escupía su café y daba vueltas alrededor como un perro enjaulado, pero cuando pasaron los días y notó que todavía la noticia le afectaba empezó a preocuparlo.
—¿Hermano, no es mejor que dejes esto en paz? —Vincent y Gil manejaban un tipo de comunicación entre hermanos ahora, y su primera regla era decir todo lo que pensaban del otro. Sin herir, claro—. ¿Ella no dejo que casi te maten por un ritual?
—Bueno sí, pero… pero me preocupa que ella… no sé quizás…
—¿Haga lo mismo? —Terminó Ada.
—No. ¡Digo sí! Es eso, quizás su familia la vuelve a utilizar.
—Quizás al verla solo te volvió a gustar —Vincent dijo con simpleza.
—¡No me gustaba! —replicó sonrojándose.
—Creí que te querías casar con ella —dijo Oz, esquivando el cigarro que Gil le lanzó.
—¡¿Qué?! Pero, si ella era tan, tan… —Vincent movió los brazos sin saber que decir en la presencia de Ada—, normal.
Oz soltó una risita.
—Creo que todos merecemos una segunda oportunidad. Y ella se va más bonita de lo que ya era. ¿No Gil?
—S-si. Pero eso no lo cambia, además tiene un prometido.
—Bueno —intervino Ada después de ver atentamente a Gil—, creo haber escuchado que ella aun tiene que decir que sí—sutilmente miró a la ventana como si no le diera importancia—. Aunque él va a verla casi a diario al parque donde ella lee—suspiró—, supongo que es inevitable ¿no?
Oz casi se ríe por lo que hacía su hermana, pero decidió no intervenir. Gil duró tres horas, luego salió a "comprar más cigarrillos" y regresó en la noche un poco más aliviado. Si Gil fuera un buen mentiroso probablemente todos creerían que el moriría joven por la gran cantidad de cigarros que consumía, pero ellos lo conocían bien, así que no había gran preocupación a parte de Vincent.
—Todo irá bien —le dijo su hermana, ahora prometida, a convertirse en la futura señora Nightray—. Es una buena chica.
Vincent solo suspiró, Oz sabía que la mando a espiar, pero para ser justos incluso él tenía sus dudas. Ellos dos hicieron un pacto silencioso, cada uno se encargaría de ver si Dabria era en serio la chica que decía ser. Oz, cuando Vincent iba de viaje con Leo, como fiel sirviente de la casa Baskerville, y Vincent cuando Oz debía ir a Sablier a ver como mejoraba el lugar que una vez estuvo lleno de gente sufriendo por culpa de las cadenas.
Esa había sido la tarea que más intentaba cumplir, volver a hacer de Sablier el lugar que una vez fue. Y lo había logrado, con el paso de los años había vuelto a ser la ciudad llena de vida que una vez fue. Con el abismo siendo como lo fue hace mucho, todos podían vivir vidas tranquilas. Aunque se lamentaba que fuera en uno de sus viajes que se perdiera cuando Gil al fin aceptó que sí quería pasar más tiempo con Dabria que solo sentarse lado a lado en una silla a platicar.
Había sido divertido, cuando volvió Sharon estaba buscándole el mejor traje que tenía y le decía las cosas que una señorita le gustaba, volviendo a ser la chica que conoció cuando tenía quince años.
—Espero que no hayas tenido que escuchar a Roland cantar —Dabria lo tomó gentilmente del brazo mientras lo llevaba al patio que ya estaba lleno de sus amigos y familia.
—No, está bien. Siempre es divertido burlarme de él —incluso cuando se habían casado después que Vincent y Ada les sorprendió ver que tuvieron hijos antes que todos ellos. Eso hizo que muchos rumores se esparcieran, pero Oz había llegado a conocerla y sabía que era una mujer arrepentida y honesta.
—Hermano creí que nunca despertarías —Ada se veía bastante joven para ser mayor que él, incluso con otro hijo en camino, su cara rebosaba felicidad. La saludó con un beso en la mejilla e inspeccionó en busca de su sobrino.
—¿Y Elliot?
—Correteando con su hermana.
A Vincent le costó querer tener un hijo, pero cuando Ada dio el anunció lo aceptó con la sonrisa más sincera que Oz había visto. En realidad no tenía mucho de qué preocuparse con él. Ada se lo dijo, le enseñaría el por qué estaría orgulloso de estar vivo y sus hijos le dieron la oportunidad para terminar de perdonarse a sí mismo.
—¿Se ven bien no crees? —le preguntó a Leo cuando estaban en la casa de lago de los Rainsworth. Ambos se apoyaron en la baranda de madera viendo como Vincent le enseñaba a su hijo de cinco años a tirar piedras al agua.
—Me nombraron el padrino —dijo medio divertido—, no estaba seguro de cómo responder, pero igual que Vincent necesitaba seguir adelante.
—Estoy feliz que lo hagas —observó como el pequeño Elliot saltaba al ver que la piedra que lanzó superaba a la de su padre y este soltaba una risa alborotando el cabello de su hijo.
—¿Es raro verlo con el cabello corto, no? Me sorprendió cuando me pidió cortárselo. Incluso los aretes… supongo que le queda el cambio de apariencia.
—Algunos cambios son buenos —vió de reojo a Leo—. Escuché que adoptarás a una niña.
—Sí, aunque no estaba seguro al principio —dudó antes de seguir—, mi temperamento aún no es el mejor, me alegra que Sharon no me dejara criar a Lily solo.
—Has sido un buen ejemplo para ella —y era verdad, cada día ella seguía los modales de Sharon y aprendía de Leo sobre los secretos de los Baskerville.
—¿Y tú?... ¿Cómo lo estás haciendo? —eso podría referirse a muchas cosas, pero sabía lo que le preguntaba "¿Cómo lo estas soportando?"
"Alice, cuando esto acabe… me gustaría pedirte algo".
"¿Qué es?"
Dudó, un poco avergonzado.
"Bueno…"
—A veces es… muy difícil. Muchas veces me agobie pensando que debí llegar antes y salvarla… pero… —miró a Vincent y a su hijo, recordando la sonrisa de su hermana. Pensó en Rufus que al fin había conseguido el sí de Sheryl y había hecho una boda de tres días seguidos. Recordó a Sharon leyendo un libro junto con Reim y en sus gemelos sentados en el regazo escuchando el cuento que les leía. En Leo junto a Lily, quiénes se decidieron a seguir sus caminos y volver a construir la casa a la que pertenecían.
Y también pensó en su querido amigo Gil, que con mucho nerviosismo se le había propuesto a Dabria y había sonreído y reído tanto al ver a su primera hija nacer y casi llora al ver al segundo. Recordó todas las tardes que sus sobrinos iban con él a que les enseñara un cuento o cuando su ahijada iba a que le tocara el piano. Todos esos momentos, cada uno de ellos los atesoró en lo más profundo de su ser y cuando respondió a Leo supo que eso era lo que en realidad sentía
—Esto es lo que ella y yo queríamos.
Leo había sonreído y chocado sus puños con él, al igual que Oz con Elliot hace mucho tiempo atrás.
—Me alegro del presente que tenemos —dijo con total sinceridad.
"Una vez que esto terminé… ¡con el permiso de Sharon, claro!"
"Te comportas como cabeza de algas cuando está nervioso. Te lo dije ¿no? Yo iré a donde tú vayas".
Ella cogió su mano y le dio esa sonrisa que decía que todo iría bien. Oz inhaló el aire suficiente y habló antes de que alguien fuera a buscarlos.
"Alice… cuando todo acabe quiero que tu y yo…"
—Elliot es tan activo como cuando tenía diez, ¿no crees? —le preguntó Ada llamando su atención.
—…Sí, me pregunto si todavía puede escalar árboles —su hermana sólo sonrío y levantó el brazo a su esposo, que traía consigo un montón de pastelitos.
—Él es quién no le deja escalar.
Iba a decir algo cuando alguien pasó corriendo junto a Vincent y saltó con los brazos abiertos hacía él.
—¡Tío Oz!
—Alice ya te dije que dejes de tirarte encima de la gente —su padre llegaba un par de pasos atrás jadeando un poco por el esfuerzo. Su hermano le palmeó la espalda levemente, como entendiendo su dolor.
—Papá, no siempre me tiro en cima de la gente —replicó con un ligero puchero después de haber soltado a Oz, quién comenzó a reírse al ver que a Gil le faltaba el aire.
—Dabria se fue a buscar los demás aperitivos —informó cuando se sentaron—, hay mucha gente hoy.
—Mucha es decir poco. Hay demasiada —Vincent se quejó sirviéndole té a su esposa—. No creí ver tanta gente después de la boda del conde Barma.
—Bueno, mucha gente aquí son amigos nuestros —Alice admitió al morder su emparedado—, y algunos son los admiradores de Lily.
Todos soltaron una sonrisa, ella era toda una señorita ahora. Se había dejado crecer el cabello, tan largo como el de Lottie y siempre que podía usaba su capa, portando con orgullo el símbolo de los Baskerville. Se había vuelto muy hermosa, además Leo había decidido dejarle el legado a ella en lugar de su hija, muchos querían su mano ahora.
—Con Sharon espantándolos a todos me pregunto cómo siguen aquí —Gil encontró su respuesta al voltear y encontrarla junto a Reim mostrándoles a los invitados el lugar donde debían sentarse—, deberíamos ayudarles.
—Sí —concordó su hermano.
Cuando pasó un momento y nadie se movió. Alice soltó una carcajada y se levantó.
—Ustedes son un caso —le hizo una señal a su hermano quién caminaba del brazo junto a Etoile.
—Hola viejo —saludó Ronald, que a pesar de ser un caballero siempre parecía querer burlarse de su padre, Oz le había enseñado bien— ¿Trajiste de nuevo a ese chico? —dijo mirando a su hermana.
—¿Qué chico? —preguntó Gil, poniendo sus defensas arriba.
—Un amigo —dijo sin darle importancia. Sin embargo Oz reconoció ese brillo en los ojos.
"…quiero que salgamos. Formalmente."
"¿No salimos siempre?"
Sonrió, recordando que se trataba de Alice.
"Me refiero en… una manera romántica. Cómo lo harían un esposo y una esposa. Pero sin hacer todo lo que hace una pareja de esposos".
—Eres muy joven para tener ese tipo de amistadas, debes madurar más.
Su ahijada miró a su padre con los ojos en blanco.
—Tú le pediste permiso al tío Oz para casarte —dijo con una sonrisa. Oz volteó a ver a otro lado fingiendo silbar cuando Gil lo miró.
Alice se despidió dándole un beso a su padre y cogió del brazo a su hermano celoso y a Etoile, llevándolos ante los invitados y ayudando a Sharon y Reim. Aun recordaba como Gil lo había llamado y le había pedido ser el padrino de su hija. Que tendría el mismo nombre de la persona que se había vuelto importante para él.
—¿Alice?
—Sí. ¿Quieres sostenerla?
Tenía los mismos ojos que Gil. Pero el cabello era igual de lacio que su madre. En alguna u otra forma se parecía a la Alice que él perdió. Comía demasiado y decía muchas de las cosas que pensaba en voz alta. La quería como una hija y se alegraba que ella al fin hubiera encontrado a alguien especial.
"¿Eso significa que vamos a casarnos?"
Se sonrojó más de lo que ya estaba.
"Bueno, si lo nuestro funciona cuando seamos mucho mayores, quizás…"
"Tú ya me perteneces. No hay necesidad de formalidades… Pero si con eso todos sabrán que eres mío está bien para mí".
Ella se había sonrojado un poco, pero seguía con la misma actitud confiada de siempre. Oz iba a abrazarla cuando escuchó los pasos de Gil. Guió a Alice hasta la salida y antes de soltarla besó su mano. Un gesto bastante pequeño pero que la hizo sonrojarse casi tanto como el color de su capa. Salieron en busca de Gil y ocultaron lo que habían acordado.
Ellos solo se miraron. Una promesa silenciosa que guardarían hasta que todo terminara.
Hasta que regresaran. Sanos y salvos.
La fiesta de té duro hasta muy tarde.
La pequeña Rachel correteó para que su padre, Vincent, la cogiera y alzara soltándola en el aire. Roland tocó todo lo que se le pidió dejando de último a Lacie, sentando junto a Etoile que cantaba con una voz suave. Xerxes bailó con su madre y Shelly con su padre. Rufus, que había quedado viudo solo hace un par de años sonreía al narrarle una historia a su nieto Kevin. Su hermana hablaba con su hijo mientras se acariciaba su estómago con una sonrisa maternal. Leo ahuyentaba a los pretendientes de Lily quien danzaba junto a la hija de este. Dabria y Alice platicaban con el amigo de ella, y Gil y Oz charlaban de cosas pasadas, de los momentos de niños, de adultos. Hacían planes para el futuro y bromeaban de las cosas que pasaban.
No fue hasta después, que Oz sacó la cámara del tío Oscar y tomaron la foto de la familia, que Alice pudo separarse del grupo e ir hasta una de las colinas que estaba a unos cuantos metros de la mansión.
Dejo un montón de flores en las tumbas y se detuvo en la tenía su nombre.
—Hola, ha pasado tiempo —se arrodilló, cogiendo las flores marchitas y cambiándolas por las que había traído —hoy tenemos otra fiesta de té. Hay mucha gente hoy, deberías haber visto la cara de mi papá cuando le dije que traía un chico. Sé que el tío Oz intentó ocultarlo pero también se veía nervioso, creo que hasta algo asustado.
Tocó las flores que estaban en la tumba y con una sonrisa empezó a contarle toda la fiesta de té. Al igual que siempre hacía desde que su tío la había traído cuando era niña, y, con una sonrisa triste y melancólica, le dijo que la persona ahí seguía siendo especial para él. No supo cuanto tiempo pasó, pero cuando vio que podrían empezar a preocuparse por ella, se levantó y se despidió de ella con una gran sonrisa.
—¡Hasta pronto Alice! Vendré a contarte más cosas la próxima vez y molestaré a mi papá con su cabello. ¡Por favor sigue cuidando del tío Oz!
Volvió a la fiesta que finalmente estaba menguando de gente y rebuscó entre las personas que quedaban hasta encontrarlo. Estaba esperándola, con su cabello rubio dispersándose con el aire.
—¿Tarde mucho? —preguntó levemente divertida.
—Para nada —le dijo Oscar—, tu familia es bastante peculiar —comentó divertido, pidiéndole bailar—. ¿Es verdad que la abuela de tu tía hizo esperar a su esposo más de cuarenta años para darle el sí? Por favor dime que eso es solo por ese lado de la familia o estaré en problemas.
Alice se rió mientras daban vueltas y las luces de los candelabros se prendían.
—Quizás mi familia sea un poco peculiar.
—Ese es tu tío del que tanto me has hablado ¿verdad? Hablé con él, es bastante divertido —dijo recordando algo que le contó sobre el padre de Alice—, pero me pregunto por qué nunca se casó o adoptó a alguien. Tengo entendido que uno de tus tíos no se casó, pero adoptó una niña.
—Uhm… —buscó con la mirada a su tío y lo encontró sentado en una de las pequeñas colinas, al parecer a punto de quedarse dormido—, yo soy como su hija. Y… bueno no se casó porque él solo está esperando volver a encontrarse con la persona que ama.
Alice había detenido al núcleo del abismo. Ambas, el núcleo y su hermana se habían fusionado en Alice. Ella sabía que solo tenía que liberar la energía que estaba dentro de ella para impedir la destrucción de su mundo. Pero si lo hacía su cuerpo no resistiría.
"Estoy bien Oz".
Solo estaban ellos, juntos en ese infinito. Oz había llegado a penas junto a ella y se había lanzado a cogerla cuando el abismo empezó a absorberla, pero ambos sabían que Alice estaba protegiéndolos y no soportaría más.
"Yo… lo siento… no debí…"
"Está bien. Mi hermana al fin será libre y nosotros lograremos salvar este mundo".
Su cuerpo, al igual que el de Echo, poco a poco se hacía cenizas y Oz no pudo evitar abrazarla y llorar en su cuello. La estaba perdiendo, ella se iría y él se quedaría solo de nuevo.
"Oz"
Juntó sus frentes y le dio una de sus sonrisas. Esa que siempre le daba cuando él era un pequeño peluche de felpa y ella lo protegía con sus brazos.
"Todo saldrá bien… Todos iremos a tener una fiesta de té, ¿verdad? Tendremos uno de esos finales felices que tanto le gusta leer a Sharon".
Besó sus lágrimas y le sonrió sin preocupación. Ella aún no lo entendía. ¿Por qué Jack hizo lo que hizo? ¿Por qué destruir eso que Lacie tanto quería? ¿Amor? ¿Obsesión? No entendía su mente y tampoco estaba preocupada por hacerlo.
Lo que sí sabía era que Oz y ella eran diferentes. Su historia no era esa tragedia que Jack quería recrear, era algo completamente diferente.
Algo hermoso y puro que Alice amaba. Algo que ella protegería, con sus dos manos.
"Quizás el de nosotros tomé un tiempo, pero nos volveremos a encontrar. Porque tú eres mío y yo soy tuya".
Oz la besó, fue tan despacio y sencillo a comparación del primero que tuvieron cuando realizaron el contrato, pero con mucho más sentimiento que ese. Solo pasaron unos segundos cuando Alice se hizo polvo ante sus ojos. Ella nunca dejó de sonreírle así que él tampoco lo hizo, le susurró sus sentimientos y lloró cuando ya no estaba.
A Oz le dolía todo el cuerpo, pero era un dolor tranquilo, que se asentaba en él con calma. Ser una cadena le había permitido vivir varios años, y aunque sabía que lo más seguro era que no pasaría el año estaba feliz de haber tenido su última fiesta de té con toda su familia.
Había gozado de años maravillosos con todos ellos.
Se recostó en una de las pequeñas colinas y dejó al lado su cámara, observando como todos celebraban. Sonrió contento de verlos así, sintiendo el sueño llegar a él de forma placentera. Antes de cerrar los ojos vio a Alice, o el borrón que era Alice bailando con un muchacho rubio.
Oz se permitió una última fantasía. Una donde Alice se reiría de él mientras bailaba de forma graciosa para su hija. La pequeña Echo, para que luego ella corriera a coger a su madre de la mano y bailaran los tres. Oz se dejó llevar por la inconsciencia, sabiendo que el ciclo de cien años empezaría pronto.
Porque mucho, mucho tiempo después, una chica de ojos violetas se toparía con alguien de ojos verdes que le resultaría extrañamente familiar.
—Busco una vieja mansión, pero estoy perdido —explicó el chico rubio, traía una mochila vieja en su espalda y un mapa arrugado en su mano.
—Yo voy a una, pero está subiendo toda esta colina —respondió la chica frente a él, media suspicaz de haberlo encontrado caminando solo.
—Bueno una chica tan linda como tú no debería andar sola —arrancó una rosa de uno de los arbustos del camino, viéndose algo avergonzado cuando ella no se la recibió—. Te juro que no soy asesino ni nada, pero debo ver esa mansión, al parecer pertenecía a mi familia.
Ella dudó un momento pero no se veía peligroso, con esa mochila tan pesada que cargaba podría tirarlo a un lado si intentaba algo.
Además muy dentro de sí el gesto de la rosa le había parecido gracioso.
—Soy Alice —dijo extendiendo su mano.
—Oz —respondió sacudiendo su mano. Una suave brisa los sacudió de repente y él se percató que ella tenía los ojos violetas. Por un segundo sintió que su corazón latió mas fuerte— ¿Disculpa… te he visto antes?
—No lo creo —Alice sonrió de lado, creyendo que era otra de sus maneras de coquetear—. ¿Nos vamos?
Oz asintió con una sonrisa avergonzada y le regaló otra rosa que esta vez sí aceptó. Un ligero cosquilleó le recorrió su pecho cuando lo vio sonreír, pero decidió ignorarlo.
Ambos caminaron hasta la mansión intercambiando datos sobre ellos, pequeños detalles que hacía que sintieran que ya se conocían.
Lo hacían, se conocían desde hace mucho tiempo. Una vida muy lejana que ya no recordaban.
El ciclo de cien años al fin había terminado.
o.o.o.o
[1] Tanto Roland como Etoile son personajes de Rolan the Forgotten King. Uno de los trabajos de Jun.
[2] Dabria es un personaje del primer volumen del Caucus Race, y sí, Gil y ella tuvieron una cita.
N.A: Volví a releer Pandora Hearts por la centésima vez y me inspiró a editar viejos escritos. Espero todo sea entendible, ha pasado mucho desde que volví a escribir, o en este caso, a editar.
Gracias por leer hasta aquí.
Ann.
