17.- LA LEY DE LA OSCURIDAD
Capítulo 17
Un gran avión.
Esta vez me quedó más corto al no haber continuado con la historia ya que se encuentran en un avión y no había mucho que hacer. XD.
Bueno, espero que lo disfruten ^.^
Llegaron a la puerta donde una larga fila de gente esperaba para subir al mismo avión. Dos azafatas iban pidiendo los pases y el carnet de los pasajeros antes de dejarles entrar.
-menuda fila-comentó Honda, al ver a tantas personas esperando en la fila.-¿cuánta gente cabrá en el avión?
El que respondió fue el abuelo de Yugi, que también observaba la gran cola.
-pues al parecer mucha.
Como todos estaban cansados, aunque ya no llevaban gran peso encima, se fueron turnando para conservar el sitio en la fila mientras los demás se sentaban. Por fin llegó su turno de subir al avión. Caminaron por una larga pasarela hasta llegar a la puerta en la que una de las azafatas esperaba para dar la bienvenida.
El avión era realmente grande, y por eso pudieron elegir el sitio en el que querían sentarse, por supuesto, todos juntos.
Tras dar un pequeño paseo por el avión decidieron sentarse al lado de las ventanas, donde no había nadie, para ver mejor el paisaje.
Guardaron las maletas que se habían llevado y se sentaron a esperar a que la gente acabara se subir y sentarse. Por suerte fue poca la gente que se sentó cerca de ellos, así que iban bastante tranquilos.
El avión despegó sin problemas y subió hasta alcanzar la altura adecuada y dirigirse hacia su destino.
Yugi, Anzu y el abuelo se durmieron a los pocos minutos. Jonouchi y Honda se levantaron a curiosear.
Como habían hecho el viaje a todo correr, no sabían que el avión tenía varias salas con bares y mesas.
Aunque había mucha gente, quedaban muchos asientos vacíos.
A mitad del viaje, cuando Yugi se despertó, ya más descansado, aunque Anzu y el abuelo aún dormían, Se fue a curiosear por el avión junto con Jonouchi y Honda, que se habían hartado y sentado a relajarse un rato.
Aunque a Yugi no le parecía bien, los otros dos se las arreglaron para convencerle de que fuera con ellos a la cámara principal de equipaje a mirar el de los otros pasajeros.
Fue de casualidad, pero después de buscar un rato encontraron la sala del equipaje. Por suerte no había nadie vigilando.
-esto no está bien...- iba repitiendo Yugi cada vez que sus amigos miraban una maleta.
-no pasa nada Yugi, si lo dejamos todo como estaba.- respondían ellos.
Encontraron muchas cosas interesantes;
Ordenadores, peluches raros, ropa extraña, relojes antiguos, paracaídas, una colección de monedas...
Continuaron abriendo y cerrando maletas hasta que decidieron que iba siendo hora de volver al asiento y dejar de curiosear en las maletas de los demás.
Pero al salir una azafata que pasaba por allí les vio salir de la sala.
-¿qué estabais haciendo ahí, chicos?-preguntó amablemente.
-pueeeeesss-dijo Jonouchi antes que nadie-se nos perdió una cosa por aquí...
-bueno, bueno, venga. Volved a vuestros asientos y no volváis a entrar ahí.-contestó ella.
-¡gracias!-dijo Yugi antes de que los tres salieran corriendo de vuelta a sus asientos.
-puff... por poco.-dijo Honda.-menos mal que fue maja.
-ya os dije que eso estaba mal...-dijo Yugi.-menudo susto.
Charlaron un rato antes de empezar a escuchar el lloriqueo de un niño algo más adelante de donde se encontraban ellos.
Mientras los demás dormían Yugi se levantó a ver qué pasaba.
Sentados estaban un niño de unos siete años llorando y su madre.
-¿ocurre algo?- preguntó al ver a la madre preocupada por su hijo.- ¿necesita ayuda?
La madre volteó la cabeza para contestar.
-oh, no tranquilo. Es solo que mi hijo insiste en que le compremos todos los juguetes que pide, y no sé cómo hacerle entender que no es lo correcto dárselos solo por que los pide. Así que ha empezado a llorar y patalear. No creo que puedas hacer nada, pero gracias por molestarte.
-no pasa nada.-respondió Yugi con una sonrisa.
Como no tenía nada que hacer, y tampoco le apetecía volver a dormir Yugi decidió ir al baño a lavarse de nuevo la cara y despejarse un poco.
En comparación con el avión el baño no era demasiado grande, más bien era pequeño. Había un pequeño armario con espejos encima del lavabo.
Abrió el pequeño armario por curiosidad.
- vaya... pero si aquí hay un montón de cosas... -dijo para sí mismo. -hay un montón de medicinas, alcohol, y botes. Hay hasta hilo y aguja para emergencias.
Cuando acabó de lavarse cerró el armarito, salió del baño y comenzó a caminar de vuelta.
Al pasar al lado de la señora del niño se encontró a un tipo quejándose por el ruido que estaba haciendo el niño.
-lo siento mucho, de veras. - decía la madre.- Pero no sé qué hacer para hacerlo callar.
-me da igual. Hágalo y punto. -contestó el señor.
Yugi, que pasaba por allí, intentó explicarle al tipo que no podían hacer callar al niño, pero no entraba en razón.
-ya he dicho que me da igual. -repetía el señor.- Le hacéis dormir y punto.
-de verdad que lo lamento- continuó la madre.- he traído varios tapones por si ocurría esto para que deje de oír a mi hijo. Tome unos.
-¡que no quiero de eso! ¡Quiero que se calle! Me dirijo a la competición de paracaidistas en Roma y necesito concentración. No unos tapones para los oídos.
-no sabía que hubiera una competición de paracaidistas allí.-cortó Yugi- de todas formas puede irse a otro lugar más alejado donde no se escuche el lloriqueo del niño. El avión es muy grande y hay sitio de sobra.
-¡déjame en paz! - gritó agarrando a Yugi y al niño y los encerró a los dos en el baño, sin que a la madre le diera tiempo de hacer nada. A ella la ató en el asiento para que no se moviera de allí, y la tapó la boca para que no gritara ni alertara a nadie.
Como Yugi no podía hacer nada, y el crio se había callado, aprovechó par hablar con él.
-bueno, ya que estamos dime por qué no parabas de llorar.- dijo Yugi.
El niño dejó de aporrear la puerta para contestar a Yugi.
- a pesar de lo que dice mi madre no es solo por los juguetes, que también, pero en realidad lo que quiero es que mi padre se quede más tiempo en casa. Siempre está viajando de un sitio a otro por el trabajo. Así al menos algunas veces se queda conmigo algún tiempo.
-vaya... pero, entenderás que no puede dejar su trabajo siempre por estar contigo, ¿no? Estoy seguro de que el hace lo que puede por estar contigo.
-supongo que tienes razón...
De repente escucharon a unas azafatas caminar por el pasillo.
Sin dudarlo volvieron a golpear a la puerta tan fuerte como pudieron. Por desgracia el paracaidista también les escuchó y al ver que las azafatas iban a sacarlos del baño, las golpeó y las dejó inconscientes.
-¿¡por qué ha hecho eso!?-gritó Yugi.
-¡dejadme tranquilo de una vez!-contestó él volviendo a su asiento.
El sennen puzzle comenzó a brillar.
-oye ten cuidado con eso, ¡a ver si me vas a dejar ciego!-dijo el niño.
Yami cogió varias cosas del armario del baño antes de desatascar la puerta.
-no pasa nada. -contestó Yami mientras la abría.
El niño, sin prestarle atención volvió corriendo con su madre.
-¿pero como habéis escapado?-preguntó el hombre.
-no sé. Él abrió la puerta. -respondió el niño señalando a Yami.
- dime, ¿te apetece jugar a un pequeño juego conmigo?
-bah, ya te he dicho que lo que quiero es que me dejes en paz.
Yami desató a la madre del niño.
-si me ganas te dejaremos tranquilo el resto del viaje. Las reglas son sencillas, abriremos la puerta del avión y lanzaré unos de los paracaídas de emergencia. Luego nos tiraremos a por él. Gana el que sobreviva. Como ya estamos llegando no tienes que preocuparte por dónde vas a caer, estamos casi encima del aeropuerto. Y como por aquí casi no se ha sentado gente, no pasará nada.
-ya veo... así al menos podre practicar un poco. -contestó abriendo la puerta del avión y agarrándose fuertemente para no caer.
-otra cosa. Este será un juego de las sombras. Y se me ha olvidado decir que el paracaídas está roto. Será difícil aterrizar sin heridas. ¿Aun quieres jugar?
-¡claro que sí! ¡Soy un profesional en el tema! No tendré problemas para alcanzarlo antes que tú y caer bien. Venga, empezamos ya, quiero acabar con esto rápido.
-¿¡pero estáis locos!? ¡No podéis hacer eso!-gritó la mujer agarrando al niño.
Yami le guiñó el ojo antes de tirar el paquete con el paracaídas. Los dos saltaron rápidamente a por él. Pero el hombre se adelantó a cogerlo y abrirlo para que Yami ya no pudiera cogerle.
De lo que no se dio cuenta era que el faraón antes de saltar había atado el hilo que cogió del baño a la barra de seguridad del avión.
Yami paró en seco cuando el hombre abrió el paracaídas intentando mantener el equilibrio.
El hombre vio que no podía hacerlo, así que intentó agarrarse a Yami, pero éste se apartó antes de que pudiera cogerlo.
-eres un egoísta que solo sabe pensar en sí mismo. Ni siquiera intentaste comprender los sentimientos de esa pobre madre.
-¿¡y que me importa!? A mí eso me da igual. Además ya he logrado mantenerme en el aire con esto estropeado. Los demás no me importan.
-las puertas de la oscuridad, han sido abiertas.
Con el brillo del ojo de Horus reflejándose en él, el paracaídas acabó de romperse, y Yami volvió al avión trepando cuidadosamente por el hilo que había cogido del baño y atado a la puerta que conducía hacia afuera y la cerró.
Tras cortar el hilo miró a la mujer con el niño y se llevó el dedo índice a los labios, haciéndola entender que no quería que dijera nada sobre lo ocurrido.
La mujer asintió y le dio las gracias. Después Yami volvió a su asiento donde los demás aún dormían.
Fin del capítulo 17.
De nuevo tengo que pedir perdón por el retraso, ya que me ha sido imposible coger el ordenador hasta hoy.
Aunque haya sido tarde, espero que les haya gustado.
