19.-LA LEY DE LA OSCURIDAD
Capítulo 19
¿Quién?

Sé que voy con retraso (y mucho), así que vuelvo a pedir disculpas por ello. Ahora que hemos vuelto todos a empezar el instituto, volveré a subir más a menudo, aunque no creo que pueda uno a la semana, seguramente será cada dos más o menos. (Tendré que hacerle algo más de caso a los libros del insti)

No lo pude subir antes ya que estuve muy liada hasta hace unos días, así que espero que disfruten de este cap y a ver si no tardo en subir el próximo.

Volvieron a meterse en la tienda de campaña a dormir en los sacos.

A la mañana siguiente, temprano, el monitor que les acompañaba les despertó con un megáfono. No tardaron en salir y desayunar unas pocas galletas con un zumo de bote.

Todos recogieron las tiendas y sus mochilas, ayudando a quien tuviera dificultades.

Y se pusieron en marcha de nuevo a la ciudad.

-bueno, ¿entonces dices que te ha contado lo que sabe?-preguntó Anzu, rebosando curiosidad.

-si, pero mejor hablamos en el hotel, que estaremos más cómodos.-contestó Yugi con una sonrisa.

-me parece bien-contestó ella-pero si tenemos que preguntar algo más a Marta tendremos que volver.

-bueno, tranquila-dijo Honda-seguro que seguirá en su hotel.

-al final veréis como no salimos de turismo...

Dieron un rodeo por el monte para así llegar a la hora de comer.

Todos se despidieron y se marcharon cada uno por su lado. El abuelo y los chicos decidieron ir al primer restaurante que vieron a comer pizza y pasta.

Después de comer el abuelo volvió a su habitación a echarse una siesta mientras Yugi y los demás se quedaron en la suya charlando.

-¿que es lo que te contó?-preguntó Jonouchi

-la verdad es que no demasiado-contestó Yugi- a ver... me dijo que se había peleado con su madre, y que estaba en el aula con ella y con el que había castigado. Luego fue al baño y el chico salió corriendo. Cuando volvió su madre ya estaba muerta.

-¿y ya esta?-preguntó Anzu-¿nada más?

-bueno... dijo que fue alguien encapuchado.

-no ayuda demasiado-contestó Honda.

-bueno,- dijo Jonouchi-es mejor que nada.

-espera, espera.-cortó Anzu- ¿no dijiste que fue al baño cuando la mataron?

-si, ¿por?

-entonces, ¿cómo sabe qué llevaba puesto el asesino?

-pues no se... igual lo vio huir.-contestó Yugi.- ¿no pensaras que fue ella?

-mira, -dijo Anzu- no tengo nidea de estas cosas. No soy detective ni nada de eso, pero si no fue su marido, no fue el castigado, ni fue Pablo, lo único que se me ocurre es que pagara a alguien o algo por el estilo.

-pero,-dijo Jonouchi- si pagó a alguien sabía cuando la iban a matar, lo lógico sería estar lo más lejos posible, por sea caso.

-pues nada-dijo Honda- mañana vamos y preguntamos.

-¿¡pero qué dices!?-exclamó Anzu-¿y que pasa si fue ella? No creo que nos lo fuera a confesar porque sí.

-¿y que hacemos?- Preguntó Honda.

-lo primero, -contestó Anzu- ir a ver un poco la ciudad. Luego ya se nos ocurrirá algo. Tenemos tiempo.

- la verdad es que ahora mismo no tenemos ninguna otra idea.-contestó Yugi.- a mí me parece bien.

Sin pensarlo dos veces se levantaron, cogieron las llaves de la habitación y dejaron una nota en la mesa por si el abuelo de Yugi se despertaba, para que supiera que se habían ido.

Una vez en la calle, preguntaron el camino al lugar turístico más cercano, que era el coliseo.

Fueron paseando hasta llegar allí, y estuvieron varias horas de aquí para allá entrando en diferentes tiendas y aprovecharon para comprar zumos y bolsas de gominolas para llevar a la habitación.

-¡qué bien que encontraramos las que nos gustan!-dijo Yugi alegremente mientras se comía una.

-si-contestó Anzu, cogiendo otra de la bolsa- pensaba que estando en otro país no encontraríamos las mismas.

-bueno, yo estoy cansado-comentó Jonouchi-¿qué tal si vamos a un bar o algo por el estilo y tomamos un refresco?

-me parece buena idea-contestó Honda.-yo también quiero descansar un rato.

Tardaron un poco, pero al final encontraron un bar cerca de allí que no estaba demasiado lleno. Sin embargo era oscuro, intimidante y olía a tabaco.

-oye...-comentó Anzu al entrar- no sé si hemos elegido el sitio adecuado.

-bah, tranquila.-dijo Honda- es un bar, como otro cualquiera.

Pidieron unos refrescos y se sentaron en una mesa. Estaban nerviosos, pues, aunque charlaban tranquilamente notaban las miradas penetrantes de varios de los hombres al otro lado del bar.

-me dan escalofríos-comentó Anzu.-nos están mirando como si les hubiéramos hecho algo.

-a mi también me inquietan-dijo Yugi- casi mejor pagar y marcharnos de aquí.

A mismo tiempo que ellos se levantaron de la mesa, los hombres que les estaban mirando de mala manera se acercaron a ellos.

-¿a dónde creéis que vais?-preguntó con voz amenazadora el que parecía el jefe.

-¿hablas nuestro idioma?-Jonouchi cambió de tema- Pensaba que aquí solo se hablaba italiano.

-ya ves que no.-contestó él haciendo crujir los nudillos de sus manos.

Yugi tragó saliva. Antes de que nadie pudiera reaccionar el hombre lanzó dos puñetazos hacia Jonouchi, que se había puesto delante de él. Los esquivó cono pudo, pero lo único que logró fue cabrear más a su atacante.

-¿por qué haces esto?- preguntó Honda-Nosotros no os hemos hecho nada.

-lo sé. Sin embargo este bar nos pertenece y hacemos en él lo que nos plazca. Mala suerte para vosotros.

-¿y nos vas a pegar así, sin más? ¿Sin ninguna razón?-preguntó de nuevo Jonouchi, mientras le intentaba mantener a raya.

Honda se unió a la pelea diciendo a Yugi y Anzu que se fueran a pedir ayuda. No fue buena idea ya que los compañeros del tipo no dudaron en salir a defenderle.

Aún no se había convertido en una pelea muy sangrienta, pero estaba en camino de serlo.

-normalmente,-dijo el hombre- lo haría sin ningún motivo. Sin embargo nuestro jefe, al enterarse de que Yugi Muto estaba aquí, nos pidió que se lo lleváramos. Nos habéis ahorrado trabajo trayéndolo aquí.

- espera, espera. ¿Cómo que vuestro jefe quiere a Yugi?-preguntó Honda, parando en seco la pelea.

-y yo que sé. Lo quiere y ya. Tiene mucho tiempo libre y le encantan los casos policiacos de las noticias. Supongo que le apetecerá escuchar la versión de vuestro amigo Yugi sobre el caso.

-¿eh? ¿y por qué no lo dijisteis antes?-preguntó Yugi acercándose- a mí no me importaría pasar un rato contestando a sus preguntas, aunque no sé muy bien si poder responder a todas.

-¿entonces no te importa quedarte?

-claro que no.

A ninguno de los amigos de Yugi les gustaba la idea. Y menos al saber que no podrían estar con el. Sin embargo accedieron con la condición de que les dejaran estar cerca y con los hombres, quedando solo dentro del bar el camarero, Yugi y el jefe.

Salieron todos menos Yugi, y se quedaron en la terraza vigilándose los unos a los otros. Yugi que quedo dentro, y saludó al hombre trajeado que entró de la puerta de atrás.

-vaya... así que tú eres Yugi... tenía ganas de hablar contigo.

-ah... -contestó él- la verdad es que no me gusta la idea de estar aquí solos... pero si tiene alguna pregunta, contestaré.

-las tengo, las tengo... yo soy de esas personas que ven las noticias todos los días, y me informo sobre los casos que me interesan.

-ah... e-eso está muy bien...

-sí, sí, bueno... el caso es que hacía tiempo que no me llamaba nada tanto la atención como tu caso. Tantos asesinatos, tantas personas que se habían vuelto aparentemente locas, tanto misterio, tantos hilos sueltos... me extrañó mucho que te soltaran así por las buenas, solo porque una de las victimas dijo que no fuiste tú.

-bueno, pero es que yo no fui. No hice nada. Fue solo un malentendido que se nos fue de las manos.

-lo dudo. En un malentendido no va tanta gente al hospital y al cementerio. Todos los casos ocurrieron cuando estabas tú cerca... y yo no me acabo de creer que no tuvieras nada que ver.

-perdone señor, ¿pero no estará usted diciendo que soy culpable, no? Ya pasé por aquello. Se decidió que era inocente y es verdad.

-hmm... no sé si habrás oído hablar del incidente que ocurrió hace nada en el aeropuerto de Londres.

-pues no, lo siento. Aquí no podemos ver la tele, no entendemos nada. Además tampoco pasamos mucho rato en el hotel como para ver las noticias.

-no importa. El caso es que se encontró dentro de una maleta perdida a una señora metida dentro. La cosa va algo más allá pero la noticia en sí era esa.

- ¿y por qué se metió ahí dentro?

- no se metió. La metieron ahí. Aún no saben cómo. La razón por la que te cuento esto es que la maleta donde estaba esa mujer salió del mismo aeropuerto que tú y tus amigos. No han dicho nada de eso en las noticias, pero yo tengo mis contactos. Mi pregunta es: ¿fuiste tú el que la metió ahí? Y si es así dime cómo y por qué lo hiciste. M tiene intrigado. Ese y todos los demás. No logro encontrar ningún motivo para la mayoría de los crímenes.

-¡YA LE HE DICHO QUE NO HE SIDO YO!-gritó Yugi, algo furioso.

El hombre trajeado se levantó de su asiento y cambió su tono de voz a uno mucho más amenazador.

-oye, no hace falta que te pongas así. Solo era una pregunta.

-bueno... yo casi que prefiero volver con mis amigos.-dijo Yugi levantándose de la silla.

-ah, no. De eso nada. Te dejare aquí encerrado hasta que me digas como lograste librarte de todas esas personas. No logro entender cono lo hiciste sin ayuda.

-¡pe-pero dijiste que me dejarías ir!

-¿eso dije? Pues no lo recuerdo.

Yugi, asustado, corrió hacia la salida, pero no logró alcanzar la puerta a tiempo.

El hombre le agarró fuertemente del brazo. Pero cuando Yugi se disponía a gritar fuertemente, Yami decidió intervenir.

-no me toques- advirtió seriamente dándose la vuelta.

El hombre le soltó al ver la cara de enfado que tenía ahora Yami.

-ey, oye chaval, no hace falta que te pongas así.

-es la hora del juego.

-¿tienes ganas de jugar ahora? Bueno, esta bien. Pero jugaremos al billar. Hay uno en este bar, jugaremos aquí.

Yami asintió y camino hasta donde estaban los tacos (los palos que se usan para jugar al billar) y cogió uno. Como ya estaban manchados de tiza no hacía falta darles más.

Mientras el hombre cogía su taco Yami colocaba las bolas en su sitio.

- va a ser un juego un poco diferente. - dijo Yami quitando el triángulo y dejándolo en su sitio.-será un juego de las sombras. Las bolas serán azules y rojas.
Cada una de ellas representa una parte del cuerpo. -dijo señalándolas- Cuando metas una en un agujero el otro sentirá un fuerte dolor en esa parte del cuerpo. Tranquilo, ya que aunque sea alguna parte vital, como el corazón, no ocurrirá nada grave. Y, como siempre, gana el que meta la bola negra 8.

-¿de dónde has sacado esas bolas? Aquí no había ninguna. -preguntó extrañado- Bueno, da igual. Un juego es un juego. Empiezo yo.

Yami se alejó un poco de la mesa para dejar sitio para jugar al hombre de traje.

Golpeó con gran fuerza y precisión la esfera blanca, que chocó con las demás provocando que salieran disparadas cada una hacia un lado distinto, chocando unas con otras y finalmente una de ellas entró en un agujero. En ella había dibujado un estómago.

El jugador miró a Yami, que no hizo ningún gesto de dolor o molestia.

Aquel hombre no se tragaba que tuvieran influencia en el cuerpo del otro, pero tampoco tenía intención de dejar a Yami tirar una sola vez. Sin embargo, la confianza y tranquilidad del faraón le ponían nervioso, y tras meter 4 de las 7, la quinta rozó el agujero y se desvió de nuevo unos centímetros más cerca del centro de la mesa.

En ese momento, Yami, sin mirar al señor que se alejaba unos metros para dejarle espacio, observó la mesa mientras la rodeaba. En cuanto decidió cual iba a ser su jugada, se colocó en una posición adecuada, y, cogiendo el taco con una mano, y apoyándolo en la otra, que a su vez se apoyaba en el tapete de color verde, golpeó con gran fuerza la bola blanca, que a su vez, golpeó contra una de sus bolas azules, y se cayó por uno de los agujeros. La bola tenía el mismo dibujo que la primera que cayó en su interior, un estómago. Pocos segundos después de que callera por el agujero, el hombre sintió un gran dolor en esa zona del cuerpo.

Yami, mientras se preparaba para la siguiente tirada le preguntó:

-¿aún crees que te estaba mintiendo?

El hombre solo se agarró fuertemente la tripa, intentando disimular mientras Yami volvía a tirar.

Metió 5 bolas más, hasta que vio que no tenía ninguna más a tiro, ya que le quedaba solo una, así que con su última jugada decidió colocar la bola blanca donde su rival lo tuviera difícil para lanzar

Éste volvió a levantarse para tirar.

Quedaban pocas encima de la mesa, 4 concretamente; una era la negra, dos de ellas pertenecían al matón y la restante era la que le faltaba a Yami. Tenía a tiro una de las suyas, sin embargo, y viendo que Yami sabia jugar bien, prefirió apuntar a la que tenía la imagen de unas manos, por si fallaba, tener más posibilidades de que Yami también lo hiciera.

Sin embargo su error fue precisamente ese, pues era la esfera que menos a tiro tenia, y añadiendo los dolores de las demás partes de su cuerpo, incluyendo las manos y los ojos. Aun así decidió tirar a esa, confiado. Pero confió demasiado y falló la jugada.

Yami sin decir nada acabo la partida metiendo la que le quedaba, y rematando después metiendo la bola negra 8.

Le miro y le dijo:

-Esa jugada era demasiado complicada para ti. No te diste cuenta y por eso has perdido.

Pero el hombre, con los puños cerrados se lanzó contra Yami. El faraón se apartó, dejando que se diera contra la pared.

El ojo de Horus brilló de nuevo en la frente de Yami.

-las puertas de la oscuridad, han sido abiertas.- dijo mientras aquel hombre intentaba incorporarse-quizás si eres incapaz de hacer nada por tu cuenta confíes más en tus compañeros y te hagas menos el chulo.

Antes de salir del bar, cogió un boli y un papel de la barra, y escribió algo, que se metió al bolsillo.

Cuando los chicos vieron salir a Yugi, le preguntaron por el hombre que lo había tenido tanto tiempo dentro del bar.

-pues... me hizo unas preguntas bastante molestas sobre todos los casos extraños que por alguna razón están relacionados conmigo. Y luego... no sé, supongo que luego salí y aquí estoy.

Para cuando los guardias que les habían estado vigilando volvieron y gritaron al ver a su jefe en el suelo pidiendo ayuda por no poder ni levantarse del suelo los chicos ya estaban demasiado lejos para haberlos escuchado.

Cuando volvieron a dejar a Marta en su hotel, la recepcionista les dijo que alguien acababa de llamar varias veces al hotel preguntando por ellos.

El teléfono no tardó en volver a sonar. Yugi cogió y preguntó quién quería hablar con él.

-Yugi, amigo, soy yo, Pablo. No tengo mucho tiempo por eso he llamado tantas veces. Escucha; me he enterado de que hace un tiempo un asesino a sueldo recibió un trabajo para asesinar a la madre de Marta. En el encargo especificaba la hor ay el lugar. Espero que os ayude. Lo siento, pero no puedo estar más rato al teléfono.

-muchas gracias, no te preocupes, en seguida demostraremos tu inocencia.

-gracias-contestó él justo antes de colgar.

-¿quién era, Yugi?-le preguntó Jonouchi.- parecías contento de que te llamara.

-Era Pablo, y nos ha dado información. Ha dicho que a la madre la mató un asesino a sueldo.

-pe-pero-balbuceó Honda- eso nos hace retroceder aún más. Las coartadas ya no tienen sentido. Pudo haber sido cualquiera.

-mmm...-decía Yugi, mientras pensaba.- Tal vez, o tal vez no. En cualquier caso deberíamos decírselo a Marta.

-¡pero qué dices!-gritó Jonouchi-¿¡te has vuelto loco!? ¡Esa chica ha podido contratar al asesino que mató a su madre!

-Yo confío en ella. Creo que es incapaz de hacer eso.-contestó Yugi.- yo voy a decírselo.

-está bien-contestó- iré contigo

-nosotros también vamos-dijeron Honda y Anzu.

Fin.

No subiré todas las semanas debido a que tendré menos tiempo.

A esta historia le quedan ya pocos capítulos para acabar,:'( sin embargo ya he comenzado a escribir otra del mismo estilo :D que, seguramente me lleve más escribir cada capítulo (ya que estoy intentando que tenga una historia mas elaborada) , pero que espero no tardar en subir el primero.