The Rape

Summary: Solo en un departamento no te puede pasar mucho, menos si es tuyo... ¿Pero y si te raptan? ¿Y en tu propio departamento? ¿Quién te raptó? ¡¿Qué se cree que está haciendo ahora?! ¡¡NO...!! -- ¡¡Juro que me vengaré, te voy a matar algún día, maldito bastardo!!

Disclaimer: Los personajes de Gundam Wing no me pertenecen, ésta historia es sin fines lucrativos sino tan sólo de aficionados para aficionados.

Este FanFinc tiene contexto yaoi, si eres intolerante al tema y/o crees que no estás apto a leerlo, está bajo tu decisión.

Parejas:Más entrada la trama definiré eso.

Advertencia: Lemon en la mayoría de capítulos, así que esto es un NC-17. Insultos y comentarios subidos de tono.

Comillas: ' '

Diálogos: - -

Pensamientos: " "

---- En el capítulo anterior... ----

--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Lenta pero efectivamente comienzo a ser conciente…

… El aroma ya conocido por mi inunda mis sentidos, y mis ojos se abren desmesuradamente al reconocerlo.

¿¡Heero!?

- Sé que estás despierto. –

… me agrada saber que no fue Heero quien me había secuestrado

- … Perdón… Por lo de… anoche…

-… ¡Quiero decir que te confundí!...

- Nh… -

La puerta cerrándose suavemente me regresa a la tierra…

… no quiero quedar mal ni tomar un mal camino, pero si no logro saber por qué pasó lo que pasó entonces no podré remediarlo…

- Hay mi dios… en que lío me metí…

…Trowa estaba fuera de la habitación

… ¿Por qué sólo yo entendía lo que esos ojos cobaltos querían expresar de alguna manera superficial y natural?

No debía preocuparme por mi secreto, puesto que el alcohol de la noche pasada me servía de excusa perfecta.

Comenzaba a pensar que si Heero siempre había estado ahí presente… [… ¿Existe entonces, la mera posibilidad de que toda mi soledad no sea más que un estúpido complejo mío?.

Las horas comenzaron a correr silenciosamente…

- Me voy a mi casa. Que tengan lindo día. –

- Sal, si puedes. –

- … no puedes encerrarme… -

Miré sin ganas la magnánima casa que se alza frente a mí…

La verdad, ya nada me importaba.

Si tan sólo supiera algún modo de llamarle…

Probablemente esté loco, pero creo que este sentimiento es…

-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

---- Capítulo 6 ----

-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Me estiré cual gatito entre las sabanas, en medio de la oscuridad que inundaba el cuarto que me pertenecía durante la estadía con Winner. La tibieza era inimaginable estando aquí, mezclado entre sabanas, almohadas y el acolchado enroscado. No tenía deseos de levantarme, pero el que fueran pasadas las doce de la noche y no hubiera comido nada – por decisión propia – me obligaba a ir a la cocina para saciar mi apetito feroz. No corro ningún riesgo saliendo a estas horas, porque ya deben estar dormidos, así que con eso en mente me separo de la cama con pereza y lentitud.

- it's that flyest thing that makes me lose my mind, tonight, I got to make you mine… -susurré a modo de cántico sin poder evitarlo, puesto que aquel tema había quedado en mi mente desde que lo escuché la primera vez. El video de la chica era muy lindo, una parejita que se conocía casi de la nada, y el chico cuando descubre que el pretendiente está metido en algo raro, va y pelea con sus secuaces. Él me pareció muy lindo, y ella es re dulce. Sin duda el video me llegó.-

Continué tarareando la canción casi inaudiblemente, mientras caminaba con las manos en los bolsillos por el pasillo rumbo a la planta baja. Todo estaba muy oscuro, pero me encontraba tranquilo por saber que nadie me vería. Puedo esconderme perfectamente de quienes quiero huir, pero enfrentar una pregunta y tener que mentir, sería algo así como el Apocalipsis. Hay que tener cuidado, además, ocultar no es igual que mentir, por lo tanto si guardo silencio no me pueden acusar de mentiroso. Esas son cosas que mantienen mi moral limpia y sin dolor, aunque si pudiera regresarme, lo haría.

Igual, siendo realistas –detuve mi cantito- ¿Qué posibilidades tenía de que Él me volviera a secuestrar, o me dejara volver a su lado?. Sinceramente, eran muy pocas, así que debía hacerme a la idea de que jamás sucedió, porque esperar sólo haría perder de vista mi vida –más de lo que ya la perdí-. Suspiré, dándome cuenta que ya había bajado las escaleras sin darme cuenta, y al alzar la vista fruncí el ceño tras ver mis planes ligeramente frustrados.

Wufei parecía demasiado concentrado en su lectura, de ve a saber qué libro – véase, está en mandarín – y desde hace quién sabe cuántas horas. Escruté con mi vista toda su figura: sentado, pierna derecha cruzada sobre la izquierda, mano izquierda sobre el regazo, mano derecha sosteniendo el cuaderno, cabeza y mirada gacha, y cabello atado en usual peinado. Esperaba no me hiciera ningún tipo de cuestionario. Giré mi cabeza, buscando a la segunda persona, y su mirada volvió a chocar con la mía como ya lo hizo tantas veces en el día, aunque de vuelta él estaba herméticamente cerrado a lecturas y yo, carecía de ganas de intentar leer algo más, así que proseguí mi camino.

¿Es que Heero nunca duerme?, me pregunté con bronca en mis facciones, que no intentaría disimular por nada en el mundo. Además, ¿Qué hace despierto Wufei a estas horas?, que no me salga con que quiere acabar de leer su librito antes de dormir porque no le creo. Seguro sólo esperaban que este señor de la noche apareciera en la tierra de los humanos.

Sonreí, mi humor parecía intacto, y eso me encantaba.

Prendí la luz de la cocina de camino al refrigerador, y una vez allí me dispuse a revisar y sacar los alimentos que requería mi estómago hasta saciarse. Comería algo de pastel, con jamón, mayonesa, tomate, lechuga, huevo duro, salame… ¡Wow, hay ensalada rusa! Listo, entra en el menú. Tomé la fuente con dichosa ensalada, y los demás ingredientes seleccionados anteriormente, y los coloqué sobre la mesada, dispuesto a encontrar el pan. Me encanta esto de comer y no engordar, es como una parte esencial de mi mismo. Una vez terminado mi súper sándwich con ensalada rusa y de postre una porción de pastel, dejé aquello sobre la mesa y guardé el resto, mientras sacaba una botella de jugo para beber.

- Quién es el mejor, quién es el mejor… -canturreé con una sonrisa tirándome sobre la silla, dispuesto a tragar mi almuerzo-merienda-cena mixta.-

Eso era, no pensar tanto en los problemas me ayudaría a pasar estos días sin que los demás sospechen de mi. Aunque tampoco podía hacer de cuenta que no les había dicho nada, porque luego de responderle a Wufei que no me importaba la reunión y todo eso, supongo que han de estar esperando alguna explicación que – de ser por mi – jamás llegaría. Que esperaran sentados, yo sé que estoy en lo cierto cuando digo que ellos fueron quienes me abandonaron, son unos insensibles; me lo hubiera esperado de todos, menos de Quatre.

Concentrado como estaba en el sándwich, y con la vista perdida completamente en el techo, no noté el movimiento a mi alrededor hasta que la silla frente a mi se separó de la mesa y en ella se sentó la tan odiada – aunque estuviera exagerando – figura de mi compañero, ¿O ya debería decirle amante?. No iba a decir nada, de hecho, no lo hice hasta que comenzó a comerse lo que iba a ser mi postre. ¿Desde cuando hasta acá le gusta a Heero los dulces?

- Oie… -llamé en tono de alerta, pero no alzó la vista ni dejó de picar despacio y casi sin ganas del pastel.-

- ¿Vas a seguir así el resto de los días? –preguntó antes de que yo pudiera volver a llamarle la atención, más que nada porque se estaba comiendo MI postre.-

- Obvio que sí, -respondí en una queja notable- ¿Por qué, te molesta? –alcé una ceja, de ante mano sabía que la respuesta era No, aunque recibí una mirada bastante molesta antes de una respuesta.- Mira, Heero, -me acomodé en la silla, dejando el emparedado en el plato.- Yo no quiero hablar del asunto, tu no tienes deseos de escucharme, yo quiero que esto acabe pronto para poder regresarme, tu no me soportas, es un hecho de que ambos podemos hacer esto fácil y dejar que los días corran lo más pronto posible. –señalé seriamente.-

- Quatre está preocupado. –aseveró. Extrañamente no me esperaba que continuara la charla, porque usualmente tiraría uno de sus monosílabos y el silencio reinaría. ¿Habrá cambiado un poquito en este tiempo sin vernos?... Sí, claro, esperar que un hombre cambie es ser idiota, porque eso no sucede.-

Suspiré debatiéndome en cómo responder a aquella frase, o en si responderla siquiera, y me recargué en el respaldar cruzando mis brazos. Responder sería dejarlo hecho una bola de confusión, es claro que no puede resolver mi mayor problema, entonces ¿para qué debería dejar que me escuche?. No tiene sentido meterlo más en el asunto si de todas maneras, él, siendo tan ignorante de los sentimientos, no logrará entender nada. Pero necesito contarle a alguien…

- Eso ya no me interesa… -resolví al fin, volviendo mi atención a la comida e ignorando de vuelta al chico frente a mi, que ahora volvió a alzar sus dagas color cobalto, y el tenedor se colocó lentamente sobre el plato del pastel por eternos minutos mientras me estudiaba. De todos modos, no le miré y continué en lo mío, como debía ser.-

- Mentiroso. –soltó al fin tocando aquel punto débil en mi, que me hizo saltar como leche hervida.-

- ¡Con un demonio, sabes que no miento! –exclamé fuera de mi mismo plantando las manos sobre la mesa. Sin querer hice ruido, pero me hizo enfadar.- Realmente no me interesa Heero, ha pasado mucho tiempo, las cosas cambiaron, muchas cosas pasaron en mi vida, a mi ya no me importa este grupo de 'amigos' del mismo modo que antes.

Sabía que no era mentira, no podía mirarlos a todos igual luego de que Él me raptara, no podía pensar en ellos como antes ni sentía lo mismo. Nada era igual. Le mantuve la mirada unos cuantos minutos hasta que me cansé y el hambre me llamó a terminar de comer, luego él también regresó a la rebanada de dulce. Nada más se dijo del tema, y se lo agradecí. Quizás después de todo Heero también tiene su manera de leer en mí, así como yo en él, y eso realmente es bueno aunque simultáneamente malo. Si tan sólo las cosas con al menos uno de ellos cuatro estuvieran bien, entonces no me sentiría tan devastado, pero… ¿Realmente mi asunto con Heero era tan malo?, es decir, él nunca fue de mostrar preocupación por alguien excepto Relena, él jamás nos buscó, sino al contrario, ni menos admitió tener cierto carisma con nosotros como grupo. Él tampoco ha mentido, así como Wufei.

- Heero, -llamé sin querer mirando la mesa, no podía evitar preguntarle sobre lo que pensaba, total no delataba nada.- ¿Nos consideraste alguna vez, un grupo de 'amigos'?... Quiero decir, -fruncí el ceño, sabía que tenía su atención.- si a alguno de nosotros le pasara algo, ¿Hubieras hecho algo por ayudarle, fuera quien fuera de nosotros cinco?

No escuché ningún ruido a mi alrededor, y no me atreví a alzar la mirada porque quería palabras. Sin embargo nada llegó, y sonreí sin querer. Cierto, Heero jamás me diría algo así, él nunca podría decir que le agrada estar con nosotros o conmigo. Preguntarle fue un error, debería haberlo previsto antes. ¿Y me digo ser el que mejor lo conoce?, No… qué error. Soy patético.

Me hundí lentamente, más y más, en mis pensamientos negativos sin razón alguna más que convencerme a mi mismo de que estaba en lo correcto, cuando decía que todos mentían. Aunque de a ratos no podía evitar pensar que Heero no mentía, porque él nunca dijo que fuéramos amigos, luego me llegaba la idea de que era inservible intentar confiar en él si le resultaba lo mismo. Si nadie le importaba, ¿Por qué debía ser importante para nosotros?. Las personas no cambian por si solas, por una palabra, entonces no debía ser positivo. Eso pensé, y en eso me concentré, hasta que la silla en la que estaba sentado se volteó repentinamente asustándome.

Alcé la vista junto con mi rostro para quejarme, típico de mi, pero los labios tibios recibiéndome con aquel gusto a crema y frutillas me dejaron en blanco. ¿Qué tipo de respuesta era esa?, ¿Era una respuesta?, ¿Por qué él estaba besándome?... creí que sería sólo de aquella noche, que sólo porque nos habíamos acostado juntos él me había besado antes, pero ahora no había una razón coherente para ello. Quizás sólo quería sacarse las ganas, tener sexo bruto, ¿pero así, de la nada? ¿Por qué conmigo? ¿Por qué no podía llegar a una conclución, o reaccionar?.

No sabía qué pensar, qué estaba bien o mal.

Mi boca se abrió por la insistencia que él hacía en mi para lograr entrar, y todo se me nubló cuando el beso se hizo más profundo, desesperado, posesivo. Casi admitía para mi mismo que necesitaba esto. No podía separarlo, porque quería que siguiera, pero también quería detenerlo porque no quería que me usaran. Se valía soñar, dejarse llevar, disfrutar de él, pero ¿Era la persona correcta, el momento correcto?, ¿Acaso no estaba mal que nosotros fuéramos amantes?, Sí, estaba completamente mal perder la cabeza, tenía que tener fijos mis objetivos, pero se sentía tan bien cuando me besaba así…

Estaba mal, todo estaba mal, y mis ojos comenzaron a soltar aquella agua salada que pocas veces dejaba que vieran los demás. No podía conmigo mismo, y me ganaba la angustia, la desesperación, la impotencia. Habían tantas cosas en mi cabeza, ¡Tantas cosas…!

- ¿Duo…? –escuché lejano, pero mi cabeza gacha intentando ocultar las lágrimas no se levantó, mientras mi ser luchaba con los sollozos en vano.-

- Esto va mal… -murmuré casi inaudible, imposible de entender hasta para mi mismo. Empuñé mis manos apretando con fuerza los ojos, quería que la sensación se detuviera, que la desesperación se esfumara, pero no podía. Entonces sonreí cuando la imagen de la hermana llegó a mi mente, deshaciéndolo todo y dejándome peor de cómo estaba ya.-… me voy a volver loco si sigo así… -susurré apoyando mi frente en el hombro de Heero, aunque ya no supiera quién era.-

Ya no sentía hambre, sólo deseos de morirme, de desaparecer. Tenía una sensación de como si mi cuerpo no existiera, no podía sentirlo. Lo único que llegaba a mi era el calor de un abrazo suave, algo que era demasiado extraño en estos momentos, pero seguía renuente a aferrarme a ello como antes lo hubiera hecho, para no decepcionarme más cuando la realidad cayera sobre mi. Saber que no había nadie en quién confiar, nadie con quién contar, nadie que se preocupara por mi o me hiciera sentir realmente querido… ¿Por qué no morí aquel día, junto con el padre y la hermana Helen?, mi vida es un completo desperdicio si no fuera porque salvé a la tierra con los otros cuatro, pero por lo demás… yo no hice nada más…

No pido mucho, ¡No pido nada!. Todos tienen a alguien que está a su lado, yo quiero una sola persona que esté conmigo ¡Una sola!. ¿Qué hay de mal con eso? ¿Sólo porque soy La Muerte debo abstenerme de aquella posibilidad?. No hice nada mal, si maté a tantas personas fue por un bien común, igual que todos los demás soldados, ¿Por qué justamente yo tengo que estar solo?... si es para seguir así, ¿por qué no morirme?. Quizás un disparo no duela si es en la cabeza, rápido y fácil; o probablemente las pastillas para dormir sean mejores, sería como ir a dormir cada noche pero sin mañana. Hay tantos métodos...

Al llegar a aquel pensamiento a pensar de que mis lágrimas continuaron cayendo, ya no pensé en nada más. Dejé mi mente viajar por el calor del abrazo, sin preguntarme nada ni negándome el disfrutarlo. Luego, acomodé mi cabeza en el cuello de Heero, dispuesto a no dejarme ver y a sentir un poco mejor el aroma que sólo tiene él. Pasaron eternos minutos, pero no me separé, ni tampoco pude detener que el agua siguiera mojándome las mejillas continuamente. Se sentía bien llorar, perderse en lo negativo hasta saber que ya no hay solución, se sentía bastante bien… casi como si ya no hubieran sentimientos… Ahora… realmente no me importaba nada.

Los besos en mi cuello me hicieron cerrar los ojos, que en conjunto con esas manos entrando por mi camisa, por poco me hacían suspirar. Subí una mano acariciando el pecho de mi contraparte, hasta la nuca del mismo, y pude jurar que me estuve por entregar a lo que fuera que estuviera por pasar. Pronto le correspondí al beso, dejándome hacer como quisiera él. Quería decirle tantas cosas, preguntarle tantas, creer en que me entendería…; pero antes de decirme que era imposible de él sus besos me dejaron en blanco. Comencé a disfrutarlo, a encenderme, más que nada porque sabía que Heero era muy bueno en la cama, y él me haría olvidar todo hasta mi nombre si permitía que me tocara.

Suspiré al fin, y me dejé llevar. Pronto no sentí nada más que la pasión desaforada, mientras notaba que me guiaba a quién sabe dónde: probablemente su habitación. Eran besos húmedos, llenos de desesperación, que venían acompañados obligatoriamente de caricias fogosas, aquellas que te quemaban la piel y parecían dejar marcas. Estaba conciente de que no había bebido una gota de alcohol, pero las ansias que sentía con el correr de lo que para mi eran segundos me hacían desearlo a niveles increíbles. Su nombre se me escapó de los labios cuando me empujó contra la puerta, ya dentro del cuarto, y comenzó a desvestirme torpemente siendo imitado por mí. Lo quería sin ropa, dentro, para olvidarme de todo, y estaba tan cerca de conseguirlo…

- Duo… -escuché mezclado en un gemido cuando mi mano se metió directo entre sus pantalones.-

-… Pervertido… -sonreí en cuanto le sentí ya duro.-

Terminar de desvestirnos fue prácticamente una carrera contra el tiempo, sin dejar de besarnos e intercalándolo con caricias demasiado prepotentes. Sin querer conseguí un juego bruto, pero no por eso menos erótico, divertido y fácilmente interminable, donde el estar piel contra piel provocaba más pasión y calor. Quería dejar de contenerme y no podía, lo último que me quedaba de conciencia lo utilicé para que nadie más que nosotros dos supiera lo que hacíamos, lo que éramos, o cuánto lo disfrutábamos. Mi prioridad era no permitir que esto saliera de entre nosotros, que el calor que recorría mis venas y hacía sudar mi cuerpo no me llevara a perder la lucidez hasta gemidos demasiado audibles, pero se me complicaba. Me nublé una de las tantas veces que su cuerpo se restregó contra el mío, ardiendo, y las pocas fuerzas que tenía parecían reestablecerse cada vez que apretaba con mis manos las sábanas, ansioso.

Su miembro húmedo rozando una y otra vez mi entrada me lubricaba sin que nosotros tuviéramos que preocuparnos por otra cosa que no fuera sentirnos, bajar la voz. Pero el deseo nos ganó luego de tanto juego, y con la respiración acelerada y el cuerpo lleno de adrenalina, sentí el ligero deyabú que me obligó a abrir los ojos casi con miedo viéndole fijamente. No entendí por qué, pero sé que mi pecho se estremeció con un temor impredecible, como si mi teórico amor por alguien que no conocía no fuera sino un error. Sin embargo, así de rápido como apareció se fue, aún con mis manos sobre mi cabeza sostenidas por Heero, ahora con su erección hundiéndose en mi cuerpo lentamente.

La exclamación escapó de mis labios, los cuales pronto mordí y apreté con fuerza para que nada más saliera de ellos. Estaba temblando, mi cuerpo temblaba impotente, insaciable, preso del secreto que era nuestro libidinoso acto. No quería entregarme, era solamente sexo, desaforado y demasiado excelente sexo pero nada más lejano, y aún así mi pecho se contraía dolorosamente junto a mi cuerpo arqueado. Pronto me rendí sin encontrarle sentido a tanta retracción, con mi interior deseoso de un poco, tan sólo un instante de cariño y atención.

- Heero… –suspiré cuando mi conciencia no funcionó más, soltándome bruscamente de su agarre para abrazarlo por el cuello.-

Sus jadeos audibles pero aún así bajos, demasiado acorde a su personalidad apacible, chocaban tibiamente contra la piel de mi cuello con cada estocada. Era todo tan perfecto, todo tan irreal cuando él estaba, que por un instante me mentí a mi mismo diciéndome que esto estaba absolutamente bien, que podía pretender con seguridad de sus sentimientos. Nunca se me ocurrió la realidad, esa de su carencia de emociones, de su deseo físico. Por eso no me importó que los demás supieran, no me importó que alguien pudiera sospechar de una relación con él, no si todo iba a ser tan perfecto a su lado.

Desde entonces, acompañando su fogosa manera de saciarse, mis gemidos resonaron sin miedo alguno entre las cuatro paredes de su habitación. Pronto él buscó acallarme, tarea demasiado difícil porque no podía siquiera controlarse a sí mismo. Mi mente y cuerpo estaban demasiado concentrados en sentir, en entregarse, a tal punto de creer que nada más que nosotros existía. Yo quería llevarlo conmigo a ese estado de desinterés, de placer físico y emocional, sin embargo parecía imposible sin importar cuánto le facilitara el entrar en mi, sin importar que su nombre se escapara de mis labios mostrando una fidelidad innecesaria, ni que mi cuerpo buscara pegarse al suyo demostrándole que era lo único que necesitaba en ese momento.

El orgasmo llegó luego, como el primero de nuestras vidas. Fue tan increíble que se me olvidaron por un momento todas las veces anteriores que tuve sexo. Él tembló, como si jamás hubiera sentido nada igual, y me sentí quizás dichoso de hacerle sentir así, de demostrarle que absolutamente nadie era como yo. El sonido de nuestra respiración jadeante era lo único que llenaba el aire, mientras ambos luchábamos contra ella. Había sido fantástico, imposible de olvidar fácilmente. No podía evitar sonreír mientras me acomodaba sobre las sábanas, sin moverme demasiado. Definitivamente me gustaba estar con él. Era una locura.

Cuando su rostro se hundió en mi pecho, relajándose, sentí una enorme ternura que jamás imaginé sentir, una que se confundía con algo más que no conocía ni entendía. Por un instante él era como un niño, uno indefenso que buscaba algo de cariño exactamente como yo, y se me hizo bizarro, ridículo de pensar, pero así era. El abrazo que mantuve alrededor de su cuerpo se aflojó, sin querer aplicando en él cariño, mientras su nuca me tentaba a ser acariciada. Sentirlo tan cerca de mí, tan relajado, era algo que usualmente no pasaba en nuestro día a día. Una vez que ambos logramos normalizarnos, con nuestros cuerpos mojados pero sin separarse, me animé al fin a acariciarle un poco los cabellos, lentamente, disfrutando el contacto.

Pasaron los minutos, ninguno dijo nada. Estábamos demasiado bien así, creo que ambos lo entendíamos.

Atesoré cada segundo, guardando en el fondo de mi mente cada bocanada de aire que le sentía respirar. Era increíble, estaba fascinado, y tenía miedo de preguntarme algo al respecto porque seguramente arribaría a alguna conclusión no muy agradable. Su rostro se acomodó después en mi cuello, cuando dejé de acariciarle la nuca, dejándome de vuelta libre de abrazarlo por la cintura. El pecho me latía tranquilo, yo mismo me sentía tranquilo, como si esto era exactamente lo que hubiera necesitado para quitar esa angustia. Sabía que tarde o temprano volvería a sentirme mal, pero por el momento podía sonreír un poco, con sinceridad, mirando la pared e inhalando el aroma de la persona que me acompañaba.

- ¿Heero…? –pregunté sin necesidad de hablar fuerte. Un ligero movimiento, cuando alzó tan sólo un poco la cabeza aún entre mi cuello, me indicó que podía seguir. Tenía su vaga atención, probablemente muy lejana, pero para poder continuar mis brazos subieron hasta poder sostenerlo por la nuca.-… No me gusta dar lástima, ni pedir, pero por una noche ¿Podrías mentirme, aunque mañana sea como si jamás hubiéramos estado así?... ¿Podrías… -susurré cerrando los ojos, acomodando el abrazo-… hacer de cuenta, que te importo un poco?...

El miedo de que nuevamente no hubiera respuesta, igual que en la cocina minutos atrás, me invadió por completo. La mente me gritó estúpido, me gritó idiota, me dijo que jamás aprendía las lecciones, sin embargo me negué a aceptarlo. No podía imaginar que luego de algo como lo de recién, tuviera la osadía de ser frío como normalmente, aunque una parte de mi me dijera que así era él y nada, ni siquiera el haber llegado al clímax conmigo, lo cambiaría. El paso de los minutos me dijo que así era, porque no me respondió nada, y todo se hacía tan eterno…

- Piensa en esto y no preguntes, -me ordenó con su tono de voz tan neutral, carente de emoción, luego de que se preparara para retirarse de encima de mí.-… ¿Crees que para mi, sería mentirte?

Su pregunta en mi momento de depresión me dejó en blanco, sin entender absolutamente nada. Apenas lograba comprender lo que cada palabra de su frase significaba, pero ni aún intentando analizarla lograba llegar a algo coherente. Era como si mi cerebro estuviera atrofiado, incapaz de pensar, y mi mirada perdida en alguna parte de no sé dónde decía perfectamente aquello. No pude ni aún luego de un rato relacionar su pregunta a mi pedido, simplemente no pude.

- No entendí –confesé al fin, sin poder sonreír convenciéndome que todo había sido diferente de cómo predije. Heero había respondido, que yo no entendiera lo que dijo, no significaba que no me hubiera dado una respuesta.- pero no importa, pensaré en eso mañana…

- Idiota. –murmuró con un hastío que no hizo sino provocarme gracia, una vez se recostó a mi lado. Él estaba volviendo a ser él, y nada podía evitarlo.-

- Menos mal, -cerré de vuelta mis ojos, volteándome hasta poder hundirme entre sus brazos que extrañamente todavía estaban alrededor de mi cuerpo.-… si hubieras dicho otra cosa, me hubieras asustado…

Mis manos subieron tímidamente por su cuerpo, una abrazándolo y la otra hasta su pecho, cerca de mi rostro. El calor de las sábanas que luego nos cubrieron, junto al que emanaba de su cuerpo, me reconfortaban de una manera asombrosa. No tenía sueño, pero sí ganas de estar cerca suyo. Cuando estaba con Él, no tenía la suerte de permanecer así mucho tiempo, porque naturalmente él no quería que yo descubriera algo de su persona, por eso atesoraba el poder disfrutar un momento así aunque fuera con Heero.

La tensión de sus músculos me decía que no dormiría, pero más allá de eso, presentía que quería decirme algo y no lo hacía. Yo tampoco me animaba a separarme a intentar leerle la mirada, no después de que él tomó mi cuerpo y – aunque no quería decirlo ni admitirlo – parte de mi mismo. Me carcomía por dentro el no saber lo que se estaba guardando, ¿tan difícil era simplemente decirlo y ya?, si era así, entonces era demasiado importante, lo conocía como la palma de mi mano. Después de unos minutos no aguanté más con la intriga, y suspiré.

- Ya, dilo. –ordené con cierta molestia, y busqué su cuello hasta poder apoyar mis labios en él sin ejercer presión alguna.- Te conozco Heero… aunque no te guste la idea de que así sea, –murmuré sin pensarlo, como siempre que soltaba mi boca a decir cualquier cosa.- sé que quieres decir algo, prometo no decir ni hacer nada sin pensar.

Me hubiera encantado, realmente hubiera pagado por ver su cara cuando dije aquello, pero no pude. No se movió, no se tensionó, no nada, ¡como si le hubiera hablado a una pared!. Esas cosas realmente me molestaban, me daban ganas de darle una patada para ver si reaccionaba de una buena vez. ¡Era tan malditamente él!. Menos mal que a veces sí tenía la oportunidad de insultarlo y patearlo cada vez que actuaba así, a ver si alguna de las tantas veces se acomodaba, pero aún no he logrado nada, ¡Absolutamente nada, maldito muñeco de piedra!

- No es nada. –Escuché al final, nada más logrando que frunza el ceño molesto, completamente preparado para insultarlo de arriba abajo como casi siempre que me hacía lo mismo. Me separé con fuerza y decisión, pero antes de que algo saliera de mi garganta su lengua invadió mi boca en un beso posesivo y automático que me dejó en blanco. De vuelta, no entendía nada, solamente que su cuerpo estaba sobre mi como antes, con su boca bajando por mi tórax.-

- ¿Heero?... –llamé despacito, sintiéndome fuera de lugar porque nada era lo que esperaba.-

- Sh… -

- ¡N-No me digas que aún…! –exclamé casi asustado, con un jadeo escapándose de mi boca, mientras él llegaba hasta mi entrepierna y lamiéndome sin dudarlo- ¡N-No, detente, espera, ah!

El calor volvió a inundarme rápidamente, haciendo que mi cuerpo se estremeciera por el contacto y se revolviera inquieto sobre la cama. De vuelta los gemidos saliendo de mi boca, el deseo inundándome lentamente, y los juegos dando inicio esta vez en forma de tortura. Parecía que jamás se saciaría, que jamás se casara, como si pudiera seguir toda la noche, lo cual me asustaba: yo no sabía cuánto más pudiera durar, cuánto más pudiera disfrutar antes de que el dolor y el cansancio me ganaran, pero no tenía la opción de detenerlo.

Intenté disfrutarlo, lo cual no fue difícil, seguirle el juego, resistir y gozar cada tortura. Me encontré demasiado encendido, como si fuera la primera vez en la noche que lo hacíamos, a medida que sus manos me recorrieron y jugaron conmigo hasta casi hacerme terminar. No me contenía, no tenía sentido hacerlo, necesitaba pedirle más y dejar mi conciencia a un lado. En un primer momento estuvo bien, me gustó, pero luego no podía sino desear por que pronto se agotara. La noche seguía avanzando, minuto a minuto, pero no se detenía el calor, no el suyo aunque mi mente de a ratos se fuera. Cuando al fin terminó yo ya tenía demasiado sueño, mi cuerpo no podía levantarse más por cuenta propia, y mis ojos se cerraron a pesar de que él no salía de mi interior. No sé si luego dijo algo o no, sólo sentí el momento en que su miembro salió, y luego me permití dormir sin importar que él quisiera seguir.

--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

N/A: -x- Oh dios, simplemente fue interminable escribir esto. xDDD por suerte un libro que estoy leyendo me dio el pie para algunos momentos.

Mh… qué puedo decirles, creo que se me fue un poquitín la mano con la relación o los sentimientos hacia nuestro 01, pero vamos, ..UUU si sigo escribiendo depresiones de Duo y pensamientos negativos luego no sabré qué más poner!!... Intento rellenarlo con otra cosa, y creo que ya descubrí con qué, así que veremos lo que sale en el siguiente capítulo porque lo que quería poner en este simplemente no salió. XDDD

¡¡¡Y SÍ!!! ¡¡Lamento muchísimo que SIEMPRE que termina el cap Duo se duerma!! xDDDDDDDDDDDDD es que simplemente no se me ocurre qué más, jajajaja, lo lamento taaaaaaaaaaanto…

En el siguiente SI DIOS QUIERE meto más acción, y otra cosa que no sea Heero-Duo, lo lamento por eso también, es que –x- ya saben que amo esta pareja, e imaginarme en las escenas de cuando Duo descubra un par de verdades simplemente me agobia, así que dejaré esos momentos a la suerte. Por ahora me voy a concentrar un poco más en algo que NO sea nuestro secuestrador, aunque obvio, no lo dejaré de lado porque pierde sentido el fanfic. XDD

SALUDOS!! A ver que sale en lo que sigue, DEJEN REVIEWS!!!

Ryoko Maxwell Yuy - Aya Eiri - Jotaru de Leonhart - Lamperouge