The Rape
Summary: Solo en un departamento no te puede pasar mucho, menos si es tuyo... ¿Pero y si te raptan? ¿Y en tu propio departamento? ¿Quién te raptó? ¡¿Qué se cree que está haciendo ahora?! ¡¡NO...!! -- ¡¡Juro que me vengaré, te voy a matar algún día, maldito bastardo!!
Disclaimer: Los personajes de Gundam Wing no me pertenecen, ésta historia es sin fines lucrativos sino tan sólo de aficionados para aficionados.
Este FanFinc tiene contexto yaoi, si eres intolerante al tema y/o crees que no estás apto a leerlo, está bajo tu decisión.
Parejas:Más entrada la trama definiré eso.
Advertencia: Lemon en la mayoría de capítulos, así que esto es un NC-17. Insultos y comentarios subidos de tono.
Comillas: ' '
Diálogos: - -
Pensamientos: " "
-~-~-~- En el capítulo anterior... -~-~-~-
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Me estiré cual gatito entre las sabanas…
… siendo realistas ¿Qué posibilidades tenía de que Él me volviera a secuestrar, o me dejara volver a su lado?.
Sonreí, mi humor parecía intacto, y eso me encantaba.
Prendí la luz de la cocina de camino al refrigerador,…
Eso era, no pensar tanto en los problemas me ayudaría a pasar estos días sin que los demás sospechen de mi.
¿Desde cuando hasta acá le gusta a Heero los dulces?
- ¿Vas a seguir así el resto de los días? –
- Obvio que sí, ¿Por qué, te molesta? –
- Mentiroso. –
- ¡Con un demonio, sabes que no miento! –
- Heero, ¿Nos consideraste alguna vez, un grupo de 'amigos'?...
Me hundí lentamente, más y más, en mis pensamientos negativos…
… los labios tibios recibiéndome con aquel gusto a crema y frutillas me dejaron en blanco. ¿Qué tipo de respuesta era esa?,…
No sabía qué pensar, qué estaba bien o mal.
- Esto va mal… me voy a volver loco si sigo así… -
Todos tienen a alguien que está a su lado, […] ¿Sólo porque soy La Muerte debo abstenerme de aquella posibilidad?.
Pronto le correspondí al beso.
Suspiré al fin, y me dejé llevar. […] Lo quería sin ropa, dentro, para olvidarme de todo, y estaba tan cerca de conseguirlo…
- Duo… -
-… Pervertido… -
… mi pecho se estremeció con un temor impredecible…
… Era todo tan perfecto…
El orgasmo llegó luego, como el primero de nuestras vidas.
- ¿Heero…? … ¿Podrías… hacer de cuenta, que te importo un poco?...
-… ¿Crees que para mi, sería mentirte?
- ¿Heero?... –
- Sh… -
Parecía que jamás se saciaría,…
Cuando al fin terminó yo ya tenía demasiado sueño, […] sólo sentí el momento en que su miembro salió…
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-~-~-~- Capítulo 7 -~-~-~-
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Cuando abrí mis ojos, me encontraba solo en la habitación, pero estaba tan dormido que no lograba entender mucho. Fue cuestión de milisegundos para que cayera en cuenta de qué cuarto era, razón por la cual sentía aquel aroma particular en las sábanas, y para el hecho de que me encontrara sin ropa sobre mi cuerpo. Me levanté lentamente sentándome en la cama, sin retirar las cobijas aún, y me encontré completamente solo. Heero no estaba, y entendía por qué: era de día y el siempre despertaba temprano. Seguramente estaría abajo, era lo más natural; pedí por una noche un poco de atención, no por un día entero, por eso él había regresado a su estado habitual de desinterés.
- Buen día, Duo –me saludé a mi mismo quedo, nostálgico, y me puse de pie de camino al baño para pegarme una ducha y retirar de mi cuerpo el aroma tan particular que me había quedado impregnado en la piel-.
Suspiré pesadamente metiéndome bajo la lluvia de la regadera, y me bañé intentando no pensar en todo lo que me agobiaba. No me costó mucho quedarme con la mente en blanco, al menos hasta terminar de ducharme completamente, y a medio vestir no pude sino sonreír levemente. Por algún motivo –más que obvio- todo lo que había pasado anoche me había quitado la mayor parte del resentimiento, y hasta me parecía de película. Últimamente toda mi vida era como si fuera ajena a mí mismo, desde aquella noche que me secuestraron hasta el día de hoy. Sin embargo, que Heero me besara, o me tomara del modo en que lo hizo ya tres veces, era algo que nadie se esperaría en mi lugar. De pronto, como de la nada, llegó a mi aquel recuerdo de anoche, cuando me preguntó si para él sería mentirme, ¿Mentirme qué, demostrarme que le importo?.
No, momento. Detuve mis movimientos frunciendo el ceño. ¿Yo le importo?. Sonreí. No, qué tontería, seguramente entendí mal. ¿Además, importarle como qué, compañeros, amigos, amantes, persona…?. No, no, no tenía caso preguntarse eso, desde el inicio era imposible que le importara alguien como YO.
Acomodé ligeramente mi cabello luego de que mis ropas estuvieran en orden, y salí del cuarto desinteresadamente. Todo lo que había en mi cabeza era la sensación de los besos del 01, y eso era incómodo, difícil de ocultar, especialmente cuando me tocara verle. Sin embargo mantuve mi vista en el camino por recorrer y con pesadez baje las escaleras, metiendo mis manos en las bolsas de mi pantalón. El sonido de la televisión a alto volumen atrajo mi atención, haciéndome voltear encontrándome con cuatro chicos demasiado enfrascados en las noticias, Heero de pie, Quatre en un sillón, Trowa en otro sillón recargado sobre sus rodillas pensativo, y Wufei cruzado de brazos a un lado del ojiverde, todos serios y hasta preocupados.
- Las declaraciones indican que el secuestrador tenía cómplices dentro de la casa gubernamental, pero no hay descripciones de los rasgos físicos pertenecientes a las 10 personas que se llevaron el cuerpo del secretario de defensa Clovis Pember luego de que se desmayó en medio de… -hablaba la reportera, y mi atención algo curiosa se centró en ella como los otros cuatro, de pie no muy lejos de la sala-.
- Era sabido que esto pasaría –habló el pelinegro, llamando mi atención al punto de fruncir el ceño para escucharlo, pero nadie me había notado aún y las orbes negras se alzaron rumbo a los otros tres, que seguían ensimismados-. Hace unos meses recibimos un comunicado sobre este atentado; Une dio órdenes de mantener vigilado a Clovis e incluso de ponerle custodia…
-… Pero ellos lograron burlar la atención –agregó Heero, quitando la atención del televisor-, no –se corrigió-, lo más seguro es que hubiera un espía en Preventers.
- Se interrogó varias veces a cada miembro de la corporación cuando el nuevo gobernador y el plan Terra iniciaron, la única manera de que hubiera un espía sería… -siguió Wufei, como si ambos pensaran exactamente igual-.
- … Que fuera alguien de los altos rangos, uno mano a mano con Une y Sally –volvió su vista a la pantalla-. Sin embargo yo me encargué de vigilar a la única persona que podríamos tener de sospechoso, es imposible que incluso eso hubieran previsto.
- ¿Serán secuelas de la Facción Kushrenada, los que quedaron del Withe Fang? –cuestionó Quatre, saliendo de su mutismo-.
Mi mente se perdió en algún punto de la conversación, con mi cuerpo encerrado en una especie de angustia mientras recordaba las palabras de Él, la única vez que habló conmigo. ¿Se refería a esto?, ¿Qué tipo de información consiguió de mi si jamás me interrogó?... No entiendo, esto se está mezclando. En realidad encontraba absurdo e imposible ligar mi secuestro con el secuestro del secretario de defensa; hasta dudaba que fuera a tener el mismo tipo de castigo que yo. No, era ridículo, no podía ser…
- No importa quién sea, hay que encontrar el modo de liberarlo y confiar en que no rebelará detalles del proyecto Astro –concluyó determinante el 01, en el momento justo que yo regresé a Tierra-.
El teléfono suena en casa de Quatre, pero mi mirada sigue en el suelo, con el ceño fruncido mientras mi cabeza trabaja para intentar aceptar que estos secuestros no tienen nada que ver, y es solamente miedo, trauma. No puedo evitar pensar que Él tiene algo que ver, pero es absurdo, porque de mi no consiguió nada que pudiera ayudarlo en esto ¿O sí? ¿Habrá chantajeado a alguien por mi libertad? ¿Qué necesidad había de tomarme entones, si era sólo un rehén? ¿Preventers sabría de lo que me pasó a mí y por eso la reunión de pilotos?. Tengo que calmarme, si sigo pensando sólo voy a lograr frustrarme y temblar visiblemente, y no es eso lo que quiero. Porque sino no tendría otra opción más que…
- ¿Duo?... –me llamó mi rubio compañero, haciéndome alzar la vista y tapar todos mis pensamientos por un instante, para que no supiera- … Es para ti –agregó extrañado, dándome el tubo-.
Alcé una ceja sin poder evitarlo, absolutamente más extrañado que Quatre, tomando dudoso el teléfono. Yo no le dije a nadie que estoy aquí, o más bien no pude porque cierta persona no me dejó salir del departamento, y el teléfono tampoco se lo di a nadie. Sea quien sea, no entiendo cómo sabe que estoy aquí, y no recuerdo quiénes saben de este número.
- ¿Estás viendo las noticias, Duo? –escuché del otro lado del teléfono, haciéndome fruncir el ceño al no reconocer la voz; realmente no sé quién es, ni cómo me conoce-.
- Sí… -respondí pensativo, sin alzar mi mirada porque sentía sobre mí varias, que intentarían hacerme delatar en un momento, no quise preguntar quién era, porque temía que los demás preguntaran-.
- ¿Me extrañas? –preguntó haciéndome pegar un respigo, aunque no lograra comprender del todo- ¿Extrañas tanta atención? ¿Estás deseando que te lleve de nuevo, como esa noche mientras veías esa película de policías?
Mi pulso se desajustó horriblemente, acelerándose a niveles inimaginables, mientras mi mirada se ocultaba entre el cabello que caía hacia mi frente, intentando vanamente que no se notara lo mucho que me afectó aquella pregunta. Quise responderle y no pude, nervioso, así que volví a cerrar mis labios dando un paso atrás para poder escapar escaleras arriba, al que era mi cuarto. Y apenas me perdí en las escaleras no pude sino sonreír por mi suerte; ¡Me había llamado!. No interesaba cómo consiguió el número, ¡Simplemente que lo había hecho!.
Una vez cerré la puerta tras de mí, me recargué deslizándome hasta sentarme en el suelo.
- ¿Cómo conseguiste el número? –cuestioné con curiosidad, de alguna manera maravillado con que él no estuviera usando ningún distorsionador, sino su voz real; ¡Por fin algo que conocía de él!-.
- Busqué en la guía, el teléfono está a nombre de Winner, fue demasiado fácil –respondió haciéndome reír, pues esa respuesta tonta era algo que jamás imaginé-.
- Ya veo –susurré, de pronto algo deprimido-. ¿Por qué secuestraste al secretario de defensa? ¿Por qué a mí también?... ¿Fue un chantaje?...
Ahora le tocó a él reírse, sin querer haciéndome sentir mal, estúpido. En realidad desde el inicio era tonto si respondía… pero…
- ¿Qué pasa, te dan celos la idea de que le haga lo mismo que a ti? –preguntó abiertamente, sorprendiéndome, poniéndome incómodo, casi como si se estuviera burlando de ello-.
- Sienta celos o no, igual lo que hiciste es delito, ¿Qué conseguiste con eso? ¿Por qué liberarme? ¿Qué tiene que ver Clovis Pember?... –cambié de tema, intentando no decir abiertamente que sí, me molestaba mucho el hecho de que posiblemente, Él ya se hubiera acostado con otros. Aunque no tenía por qué, porque después de todo, Heero y yo… -.
- Te dije que lo sabrás a su debido tiempo, todavía es muy pronto, disfruta la compañía de tus amigos –escuché en tono calmo, como si fuera mi profesor y yo un simple alumno, y no era así exactamente-.
- No son mis amigos –sentencié, sintiendo que era a él a la única persona que podía decirle todo, aunque eso fuera un error-, un amigo no te abandona, a un amigo le interesas, se preocupa; ellos no son nada mío.
- Entonces si ellos murieran ¿no sentirías nada? –la pregunta me dejó asustado, evidentemente sorprendido porque la respuesta a eso era algo que no quería aceptar; tampoco les deseaba la muerte pero…-
-... No son nada mío, pero aún así me importan lo suficiente –susurré-. No quiero que me importen, porque no les importo, pero aunque no haga nada me dolerá; aunque no diga nada me duele.
- ¿Es por eso que me estás extrañando?, ¿Crees que me importas lo suficiente como para quedarme contigo y sacar ese dolor? –la conclusión me puso incómodo apurándome por intentar responderle, pero él continuó sin permitirme hablar-. Duo, el secuestro del secretario de defensa es algo que no voy a explicarte, ¿Lo sabes, no?. La guerra volverá, nos encargaremos de eso, ¿Quieres participar de ella? –Sus palabras me dejaron helado, no sólo me había confirmado lo del secuestro, sino que me estaba anticipando sus movimientos ¿Acaso no sabía que yo podía delatarlo? ¿O es que no tenía miedo, ya era tarde para actuar?...-. Pronto Duo, falta poco, te voy a reunir con las personas que realmente te quieren. Sé que me extrañas más de lo que crees.
Aquél último tono de voz que escuché en él, antes de que colgara, me hizo sentir extraño. La nostalgia en sus palabras era algo que no me cerraba, que no entendía. No, más bien no comprendía nada de nada, él había sabido dejarme en blanco. ¿Que lo extraño más de lo que creo?, no, yo sé cuánto lo quiero a mi lado, estoy consciente de ese grandísimo error. Sin embargo, querer participar de la guerra…; eso implicaba inevitablemente estar en un Suit, con los otros cuatro, volver a sentir ese compañerismo falso que no existía…. No, no quería volver a tener que ver con ellos, quería estar lejos, quería que me llevara… aún a pesar de que su última frase me hiciera pensar en la muerte, para regresar con la Hermana Hellen.
Pero tampoco podía dejar que la Tierra siguiera sola a su suerte, sabiendo que puedo hacer algo por evitar que algo malo pase.
¿Qué debía hacer, delatarlo o no?. No, tenía que esperar un poco más, era muy pronto para decidir algo tan brusco. Lo correcto era estar al día con las noticias para saber de su próximo movimiento, tengo que ver si puedo adelantarme a él, y si puedo predecir algo de lo más simple, tomaré la decisión que crea correcta: unirme a él, o a mis antiguos camaradas. Cualquiera fuera el caso, no quería participar del combate, pero tenía que hacerlo y con suerte alguien lograba acabar conmigo y todo este problema que soy. Sí, tenía que establecer prioridades, y la prioridad era evitar la guerra o terminarla en caso de que fuera inevitable; por el tono de él, la guerra empezaría sin importar qué. ¿Por qué razón?.
No recordaba nada que hubiera quedado inconcluso, nada de nada.
El silencio a mi alrededor me hizo caer en cuenta que el pitido del teléfono sonaba, indicando que él ya había colgado. Tenía que recordar preguntarle un nombre para la próxima vez, para saber qué responder si me preguntaban algo. Me puse de pie feliz, liviano, de pronto sintiéndome completo a pesar de la terrible amenaza que acababa de serme declarada. Salí del cuarto procurando intentar parecer normal, pero era consciente de que sería un poco difícil de pasar desapercibido con Quatre y sus malditos dones, más si la cabeza me daba vueltas entre la alegría de haber hablado con él y saber que le intereso junto a aquella confesión de guerra. Habitaban en mi unas ansias tremendas de decir la verdad, de decir que él era quien iba a hacer del universo una pesadilla, pero me contuve diciéndome que esa persona que sembraba el terror era la única que realmente me quería lo suficiente como para llamarme, buscarme, prometerme estar a mi lado.
Él era algo así como un ángel de la muerte, y yo su Dios.
- ¿Quién era Duo? –me cuestionó con aquel tono agudo que demandaba inocencia, aunque su mirada demostrara interés y preocupación, el rubio de pie junto a mi amante de medio tiempo-.
- Nadie que les interese –respondí automáticamente, sabedor de que aquella era medianamente la verdad. Ellos no se interesaban por nada mío-.
- Duo –alertó el castaño de zafiros grises, con aquel tono que te condenaba a muerte si respondías No-.
- Oh vamos, no te importa más de lo que importa no vernos en más de dos años, así que cállate y no te metas –hablé automáticamente, tajante, mordaz-. Mis asuntos los arreglo yo, como lo hice toda mi vida.
La mirada atónita de nuestro pequeño árabe quedó clavada en mi figura, mientras yo me mordía la lengua. Había dejado ir más de lo que debía, era claro, especialmente porque no sólo Heero me preguntaba silenciosamente qué había sido esa respuesta, sino también porque hasta Wufei me miraba con atención. Wufei, la última persona que alzaría la mirada para verme. ¡Por favor, soy un reverendo inútil! Un leve chasquido de mi lengua contra el paladar fue todo lo que se escuchó con las noticias de trasfondo, antes de que me volteara rumbo al patio en una huída rápida y sencilla. Tenía que recordarme no hablar así; ¡No hablar de nada, mejor dicho! Todo lo que acontecía en mi era todo lo que nadie debía saber, no podía responder de esa manera o terminaría logrando lo que menos quería, que me llovieran preguntas. Y Trowa era muy bueno en interrogatorios.
Apenas salí al exterior me relajé medianamente, y caminé hacía mi nuevo amigo, el árbol frondoso a unos cuantos metros de la mansión que me había recibido el día de ayer, cuando llegué. Me trepé ágilmente a su ramas, donde me recosté y me perdí entre el mosaico de luz que entraba por entre las hojas verdes. Por un momento me había asustado, pero ya estaba mejor, más distraído y tranquilo. Entonces me permití suspirar, cerrar mis ojos, mientras soñaba con el tono de voz jovial y divertido que al final, había acabado con un toque de nostalgia que aún no sabía descifrar. Las horas empezaron a pasar, haciéndome sentir el hambre que pronto intenté ignorar, el sol se puse al centro del cielo y volvió a meterse, lentamente hasta el ocaso. Yo moría de hambre, pero no entré sino hasta que se hizo de noche.
Expresamente, fui a la cocina, me preparé algo de comida caliente y tras comer y lavar lo que ensucié escapé escaleras arriba inmediatamente que noté cuando el ojiverde y su compañero de silencios, Heero, me asechaban en la cocina. Sus simples presencias me espantaban. Vaya, mis amigos me espantaban, eso era asombroso. Más asombroso era que tanta libertad me agobiara, ¡Eso sí era increíble!
Yo en mis tiempos de guerra odiaba el encierro, amaba la libertad, el sol, el cielo, la luna, la brisa fresca, despertar todas las mañanas sin grilletes y ver por la ventana…. Me asustaba de mi mismo cuando me daba cuenta que aquí tenía todo cuanto una vez quise, y ahora, no lo quería. Quería estar encerrado en ese cuartucho pequeño, sin ventanas, sólo con una cama, una cómoda y un baño; quería estar donde fuera que estuviera Él. Había tenido sexo (porque no era otra cosa) con el 01, algo que me hacía sentir como si le hubiera traicionado, pero mi compañero piloto apenas podía llegar a los tobillos de aquel secuestrador maligno que había cometido tantos delitos. Estaba, según yo, irremediablemente obsesionado y quizás, me temía, enamorado.
Me estremecí visiblemente al pensarlo. Dios, era lo último que quería, por todo lo que implicaba aquel término, pero no había nada que hacerle si realmente ya había sucedido.
Me adentré en mi cuarto sin echar llave, y me tiré boca abajo en la cama. No tenía nada de sueño pero estas horas a solas realmente me relajaban, y no era que odiaba la compañía, porque me seguía gustando, pero no la de personas falsas que intentaban hacerme creer que les importaba cuando no era verdad. Estaba enojado con ellos por tanta farsa. Suspiré frustrado contra la almohada y dejé pasar las horas, no tenía siquiera mis walkmans para pasar el rato así que tenía que conformarme con el silencio. Luego, el aburrimiento me dio somnolencia, así que cerré mis ojos y me sumergí en las profundidades del sueño.
Los siguientes días no fueron muy diferentes, salvo por la llamada de mi venerado secuestrador. Las noticias la mayor parte del día, ser asechado por mis compañeros, las miradas curiosas de Quatre, mis huídas al exterior, mis huídas al cuarto…. Todo era igual, yo vivía –si es que eso era vivir- aislado de todo el mundo. Temía de las preguntas, me exaltaba con las voces, me preocupaba por el mundo y me atontaba con las noticias del mediodía. Quería simplemente desaparecer o despertar en medio de la guerra, dentro de mi Deathscythe, en mis últimos minutos ve vida. Eso sería genial.
Bostecé, semi recostado sobre la rama de aquel árbol amigo, con el sol oculto tras las nubes. Hoy hacía frío, aunque mi polera debajo de la campera gruesa evitaba que sintiera mucho frío. Pronto llovería y tendría que pasar el día encerrado en mi cuarto; ¡Qué divertido!
- ¡Ouch! –me quejé en cuanto la piedra colisionó contra mi cabeza- ¡Hey! –exclamé volteándome estrepitosamente, pero enmudecí cuando las dagas grises atravesaron mi figura-.
Una piedra pequeña saltaba en la mano del 01 con el pequeño impulso de su muñeca, mientras me observaba tan fijamente como podía ser posible. Sentí que mi universo se ponía de cabeza, especialmente porque él jamás me buscaba para nada, absolutamente nada. El aturdidor silencio junto al viento acopló mis oídos sin dejarme oír nada, hasta que pasaron unos eternos minutos que parecieron horas, y luego, el ensordecedor trueno me hizo saltar en mi lugar y voltear hacia arriba, donde el cielo gris me apuraba. Qué oportunas eran estas cosas a veces…
- Baja de una vez –me ordenó la voz sobre la tierra, quizás dos metros y medio por debajo de donde me encontraba yo-.
- Nhn… -refunfuñé preparándome para saltar desde mi rama favorita-.
Apenas toqué la tierra, Heero ya estaba como a cinco pasos delante de mí, en dirección a la casa. Le seguí silenciosamente con la idea de escapar escaleras arriba en cuanto traspasara las puertas de vidrio del patio. En el camino las gotitas de la llovizna empezaron a sentirse, y una pequeña pizca de esperanza en mi interior me dijo que, en realidad, él sólo intentaba evitar que me empapara afuera. Todo se fue al diablo cuando, por el pasillo de camino a la sala delantera donde estaban los demás, él abrió la puerta de la biblioteca de Quatre jalándome del brazo con fuerza, tanta que hasta dolió. La exclamación se murió en mi garganta, ahogada.
- Tú y yo vamos a hablar –explicó más que nada como si fuera una especie de dictamen militar-.
- No tengo ganas, paso –cedí haciéndome el inocente y desinteresado, soltándome bruscamente pretendiendo, de ser necesario, correr escaleras arriba-.
Era sorprendente cómo el pánico me hacia olvidar no ser evidente.
- ¡Duo, ven acá! –reclamó ligeramente molesto, siguiéndome a toda prisa, y yo apuré el paso aún más-.
- ¡Te dije que no! –repliqué apretando mis puños, con cierto miedo de lo que podría venírseme encima si accedía-.
- ¡Duo! –se quejó volviéndome a jalar, esta vez por un hombro-.
- ¡Con un demonio Heero, no! –protesté a su vez haciéndole frente para huir de esas miradas curiosas sobre nosotros-, ¡No, no, no, no, no y no, punto!
Me volteé de nuevo, para seguir mi camino, pero apenas di dos pasos fui literalmente arrastrado de regreso a la biblioteca, yo víctima de mi asombro. No cabía en mi cabeza que, primero él fuera capaz de arrastrarme con tal de cumplir su capricho –arrastrar no es lo suyo, más bien amenaza y convence-, y segundo… bueno, simplemente hubiera esperado esto de Trowa o Wufei, no justa y puntualmente de Heero. Algo no me convencía de la situación; ¿Y si en realidad quería hablar del hecho de que éramos amantes?...
¡Aleluya si fuera tan simple como eso!
Hice berrinche cruzándome de brazos apenas la puerta casi se azotó a espaldas de él, conmigo enfrente observándole como si le hubiera prohibido a un niño salir a jugar, y de algún modo así era, le había prohibido a mi mente divertirse para torturarla. No pareció divertirle –me hubiera espantado y hasta hubiera gritado si le hubiera parecido gracioso- puesto que me acuchilló con sus dagas grises desde el primer momento que quedamos a solas. Pero no iba a dejar intimidarme, no por él.
- ¿Y ahora, qué? –apuré exasperado, devolviéndole las cuchillas de sus ojos en mis orbes violáceas-
- ¿Qué diablos pasa contigo? –acusó de inmediato, recargándose en mi única salida de escape sin apartar sus ojos de los míos- ¿En qué lío te metiste?
- ¿De qué me estás hablando? –averigüé en un susurro afilando la mirada-.
Él preguntaba por algo a lo que temía responder en suposiciones. No quería soltar la lengua más de lo debido.
- Dime tú de qué crees que hablo –de vuelta, aquel tono que tanto detestaba, como si yo fuera un maldito asesino acusado y él mi juez-.
Rodé mis ojos, buscando algo que pudiera decir que no fuera la absoluta verdad. Pronto di en el blanco, no era difícil, rodeado de tantos asuntos….
- Vale, sí, me metí en un lío bastante grande –acepté volviéndolo a acusar con la vista-.
- Eso pensé –susurró separándose de la puerta, directo al escritorio de fondo-.
- ¿Por qué pensaste eso? –le seguí curioso, aunque sólo demostrando la parte furiosa de mi-.
- Por tu correspondencia –respondió sentándose en una silla y tendiéndome un gran sobre marrón-.
Pasé saliva evitando temblar, cuando mi mundo comenzó a girar frente a mis ojos mareándome, preocupándome. Abrí lentamente el paquete como con temor, y dentro, sólo había un papel con un número de celular y un celular. Quise suspirar. No había nada demasiado delatante ahí, ninguna nota, ningún CD que pudiera ser hackeado para leer su contenido, ningún nada. Eso aliviaba… casi. Casi porque ahora Heero sabía que aquel teléfono significaba algo demasiado importante para los cinco pilotos, y yo no había querido eso desde el principio.
- Duo –llamó cuando me quedé absorto mirando el celular plateado, pero no respondí, sólo cerré los ojos ocultando mi angustia, mis dudas, mis miedos-, ¿En qué tipo de problema te metiste?
- Aún no estoy seguro –le respondí, y suspiré rogando a mi Dios porque lo que ahora dijera no fuera demasiado problemático para mi, o para Él-, sólo… -volteé a verlo-, creo que pronto sabré quién y por qué secuestraron a Clovis… -el brillo de interés brilló en sus ojos, pidiéndome hablar más, y tuve que morder mi labio para contenerme-. Mira, en realidad aún no sé nada, pero probablemente en unos días me entere de algo… no hables esto con nadie por favor, todavía no sé qué haré.
- ¿Qué harás? ¿No es obvio…? –cuestionó como si yo fuera estúpido-
- No para mi… -susurré-, ya no sé si quiero pilotear de la mano de Preventers, o algo similar…. Si decido no participar de esto, daré información al respecto, pero sino actuaré yo solo.
- ¿Piensas suicidarte? –resumió con una frialdad que me hizo creer aún más la realidad-.
Ni a él podría interesarle mi vida, como le interesa la maldita paz universal.
- Sí –contesté con simpleza, como si fuera lo más natural-.
Qué fácil estaba afirmando acabar con mi vida…
… y él no dijo nada al respecto, sólo me miró con esa pared en los ojos que me prohibía saber qué pensaba.
El silencio se torno incómodo para mí, que procuraba mantener mi mente vacía para que no se me notara demasiado la angustia que provocaba corroborar que, efectivamente, a nadie le interesaba lo suficiente. Deseaba continuamente que Él me llamara y me hiciera olvidarlo todo, pero cuanto menos pensara en esas cosas mejor, porque Heero era capaz de leer en mi mirada como yo lo hacía con él. Entonces me pregunté, ¿A qué le estaba esperando, si él jamás iba a decir algo…?
- ¿Me dejarás irme a mi cuarto? –cuestioné cuando supe que no me sostendría la voz por mucho más-.
Cuando se volteó a revisar otras cosas sobre la mesa, supe que era un Sí. Me di vuelta caminando a la puerta sin soltar aquel teléfono portátil, y me encaminé hasta traspasarla con un dolor en mi pecho que aumentaba a cada paso. Sostuve mi figura como en un estado de trance, donde la prioridad era que nadie viera nada de mí, e intenté pensar en otra cosa menos dolorosa por Quatre. Él y su podrido don…. Sólo cuando subí las escaleras y me perdí en el pasillo cerré los ojos soltando un jadeo de amargura, encontrándome a salvo.
Me sentí mejor en cuanto me encerré en mi habitación, deslizándome por la madera de la puerta.
-… Dios mío… -murmuré respirando por la boca, aguantando la angustia, e intenté distraerme prendiendo el teléfono
Allí me entró el pánico. Heero seguramente había encendido el teléfono, y cualquier cosa que hubiera allí probablemente ya no era segura. Cerré mis ojos intentando despejarlos, mientras dos lágrimas caían con mi suspiro entrecortado, entonces sorbí por la nariz limpiándome las mejillas y observé la pantallita del aparato. Lo observé como si esperara por algo que nunca llegó, hasta que me cansé y me coloqué de pie, llegando a la cama. Permanecí callado recostado mientras los minutos pasaban, yo ansioso porque el aparato sonara, o vibrara, o como fuera que me indicara que entraba un llamado, evitando pensar en lo que fuera que pasaba por la mente del 01, hasta que caí en la inconsciencia.
Aquello fue como un milagro.
Dormí no sé cuántas horas con exactitud, hasta que la vibración en el aparato de mi mano me hizo pegar un respingo de susto. Sin entender nada, busqué torpemente cómo atender el llamado, ansioso y nervioso, hasta que hallé la abertura del celular.
- Tardaste en contestar –recibí a modo de saludo, la voz que para mí ya sonaba tan tremendamente familiar, como de toda la vida- ¿Ocupado acaso? -.
-… No… -respondí sosteniéndome la cabeza con una mano, pero sin poder quitar del todo la impresión de somnolencia en mi voz-, estaba… durmiendo, creo.
-Deberías acomodar tus horarios –aconsejó trivial, jovial, con calma-.
- Debería –acepté suspirando, hasta que entonces, caí en cuenta-. ¡Oye! ¿Cómo es que no avisas que enviarás algo? ¿Tienes idea del peligro en que me metes haciendo cosas sin consultar? ¡Heero casi me acribilla! Estoy seguro que ya está dudando de cada cosa que digo, ahora ya no me sirve intentar guardar secretos –regañé, mientras mi receptor reía tranquilamente-.
- Lo siento Duo –se disculpó con ese tono dulce que acabó por hacerme sonrojar hasta la médula, sin poder comprender cómo era que me hablaba de semejante modo-, no fue mi intención, pero llamar de nuevo me ponía en igual riesgo ¿No crees? -.
- Hubiera sabido manejarlo… -susurré con un dejo de capricho, seguro de que todo hubiera sido mejor al careo con el 01-
- No es lo que importa ahora, no dejé nada de donde pudiera encontrarme, puedes decirle que soy un viejo amigo –opinó, mientras me disponía a rebatir esa idea-. Hace mucho que no se ven ni te llaman, no saben qué has hecho en estos años –la explicación acalló mis protesta, de vuelta teniendo que cederle la palabra a Él, pues desde algún aspecto tenía mucha razón con su punto de vista-. De cualquier modo no sería mentir, seremos muy buenos amigos luego de que decidas qué camino tomar…
- ¿Aún si decido venderte a Preventers? –cuestioné alzando las cejas escéptico-
- Sí, aún si decides ir en contra mía serás considerado un gran amigo –sentenció-.
- ¿Amigo, o amante? –volví a preguntar, directo y sin rodeos, escéptico y algo sarcástico-.
De nuevo mi interlocutor rió.
La palabra "Melodiosa" recorrió mi mente al escucharle.
- ¿Por qué no ambas? –.
- Pervertido… -susurré esta vez siendo yo quien no le diera tiempo a rebatir-. ¿Por qué enviarme un celular? ¿Es tu modo de mantenerme vigilado o dar por hecho que no daré tu información a mis queridos compañeros?
- Puedes verlo así o como un bonito detalle para mantenernos comunicados ¿Cómo te gusta más? –de vuelta, el carmín invadió mis mejillas, esta vez con un dejo de mal humor por aquella libertad del otro para hacer comentarios tan comprometedores, como si fuéramos novios-.
¡Jah, sí cómo no!
- Eres un maldito desgraciado –insulté sin miedo alguno, no sólo por lo que me obligaba a pensar-, estás asumiendo ególatramente que caería rendido a tus pies como si yo fuera…
- ¿Y acaso no es lo que quisieras hacer, estar bajo mis órdenes y mis cuidados enteramente? –se adelantó interrumpiéndome-.
- ¡Por supuesto que no, quién quisiera ser tu maldito conejito! –exclamé ya con pocas pulgas, pero él rió con ganas-.
- ¿Estás seguro de lo que dices? La pasabas bien siendo mi conejito mientras estabas encerrado, hasta creí que me rogarías quedarte o volver, ¿Me equivoqué? –abrí la boca para rebatir- Yo creo que no, de lo contrario no habrías respondido al teléfono, y me hubieras colgado desde la primera vez que llamé… -y yo encolerizaba por la libertad con la que Él pretendía hablarme-. Hablemos enserio y acepta quien eres, mi querido Duo; estás con un viejo amigo que se da cuenta cuando te mientes a ti mismo… ¿Crees que te lastimaré del mismo modo que tus amigos lo hicieron? –entonces el silencio abundó en mi habitación, mientras mis ojos pensativos, curiosos y serios se posaban sobre el acolchado intentando descifrar qué era aquel tono que escuchaba de su parte-. Piensa en todo lo que has perdido por la creación de las colonias, piensa en todo lo que está haciendo en concreto Preventers, y qué significado tiene para ti o para ellos como pilotos Gundam el estar ayudando al estado a unificar un universo que, desde el principio, estuvo creado para ser independiente el uno del otro -.
- ¿Sugieres que la guerra que vivimos fue absurda y sin significado…? Yo creo que ambas, las colonias y la Tierra, pueden coexistir en un mismo universo sin necesidad de independencia absoluta… -
- Te lo pongo así Duo, ¿Pueden dos hermanos varones llevarse bien naturalmente? ¿Puede la iglesia y el estado coexistir sin independizarse medianamente? ¿Puede un gato y un perro compartir un mismo cuarto con una misma cama, y un mismo plato de comida sin pelearse ni una sola vez? Yo creo que no, creo que hay cosas que naturalmente deben estar divididas, no por eso llevarse mal; Pueden coexistir pero no pueden converger hacia un mismo punto, pueden habitar en un hábitat acondicionado con el suficiente espacio para que cada cual se independice…
- Pero es exactamente eso de lo que va nuestra política, lo que planteas es algo que ya se está haciendo –me acomodé sobre la cama-. El proyecto Terra, el proyecto Astro, incluso la existencia Preventers, todo cuanto se hace es para darles su espacio a las colonias en base al buen llevar con la política terrestre…
- No –interrumpió algo cortante-, esas son las fachadas de un gobierno monárquico para terminar por absorber a las colonias hasta unificarlas en un mismo miembro, una extensión de la Tierra; es justo lo que no debe suceder, las colonias no pueden ser un brazo más, un desecho más de la basura terrestre, las colonias necesitan su propio espacio, ese que perdieron con la desaparición de OZ -.
- ¿Estás a favor de OZ…? –cuestioné entrado en la sorpresa, sin poder ocultarlo-.
- No lo estoy, cometieron masacres imperdonables, guerras carentes de sentido, y dieron discursos faltos de valor alguno con tal de crear una fachada para su monarquía. A fin de cuentas, OZ hizo lo mismo que está haciendo la Tierra ahora, sólo que desde la perspectiva de las colonias…. Yo no pretendo que el espacio se absorba a la Tierra, ni que la Tierra absorba al espacio; no pretendo monarquías –hizo una pausa-. Duo, lo que quiero es que tengamos nuestro lugar, nuestro territorio con nuestras reglas, con nuestro propio pasado, nuestras guerras y nuestras pérdidas…; cada colonia tiene su propia historia, y la Tierra misma tiene su propio pasado, lo que nos hace cómo somos -.
-… ¿Por qué me estás diciendo esto…? –salió ahogado de mi garganta, intentando no pensar en todas las cosas que llegaban a mi mente con las palabras de Él-.
- Porque tú perteneces aquí, tu lugar está aquí junto a mí y mi política. Duo, tu pasado y el mío están inevitablemente ligados, solamente estoy brindándote la posibilidad de que veas ambos aspectos antes de que vengas aquí junto a nosotros -.
- ¿Sólo por el hecho de que pertenezco a Lagrange 2…? Si es el concepto espacial ¿Por qué no brindarles esta posibilidad a los demás? ¿Por qué no a Heero, desde Lagrange 1, o a Quatre, desde Lagrange 4…?
-… ¿No puedes responder esa pregunta tú mismo, Duo? Tu vida debe bastar para responderte a ti mismo preguntas acerca de los otros 4 pilotos -.
- Es favoritismo –resumí aún quedo, metido en la sensación-.
- No exactamente… no conozco a nadie más en quien confiar -.
- Pero tú no me conoces, más o menos que ellos de todos modos no me conoces –repusé intentando volver a armar mi imagen entera, no desmoronarme-.
- Sí te conozco, más de lo que crees; te lo he dicho antes… -hubo una pausa, creando nervios y ansiedad, además de desconcierto en mi interior, a pesar de que no podía recordar de ninguna parte esa voz de la cual pendía mi vida en ese preciso momento-.
Mi mente vagó, en el hecho de que lo que hacía Relena Peacecraft no era sino pacifismo monárquico, vagó en la voz de Él, vagó entre los pensamientos sobre mi vida, mi pasado y mi futuro. Él hablaba de un modo tan certero que me hacía estremecer, y creía casi imposible que cualquier persona sobre la tierra fuera capaz de hacer algo así, sin que fuera mi impresión solamente. No podía ser más que mi imaginación, y sin embargo Él me hacía estremecer. Lograba en mi una sensación no sólo de comodidad y confianza, sino también de pánico, escalofríos, como si frente a mi vida se presentara un fantasma.
- No has cambiado nada desde entonces… -.
Se me secó la garganta de la impresión.
¿Qué quería decir con ese Desde entonces…?
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N/A: Paaaaaaaaf… -x-U siiiglos intentando escribir estos capítulos… ¡Perdon! Pero esta vez SI tengo excusa! XDDDD
La nena está bien, gracias (¿?), solamente que ella demanda MUCHO tiempo… u.u Duerme con mis ojos (o sea, sin mi no duerme) Y come con mis manos (o sea… si no me quedo a no hacer NADA no come). Ya tiene once meses (faaah como pasa el tiempo…!) ¿Sí les dije como la llamamos no?... Bue por las dudas les repito, Diana Jacqueline Diez Gauharou… (Seeehp, tiene los dos apellidos… u.u amo mi apellido especialmente porque NADIE puede pronunciarlo bien XDU)
Puedo sumarle el hecho de que me pelee con el padre de ella. DEFINITIVAMENTE. ¡¡YES, I'M FREE!! XDD creo que me hace más feliz que deprimirme… eso es bueno. ¡¡¡Es que era un pesaaaaaaaaado!!!....
Bueno, sigue siendo… pero al menos no es nada mío, sólo el padre de mi hija. De por si eso es mucho ya, xDU…
Un saludo a Yuki Hiyama! Gracias amor por estar siempre ahí, te adoro! Sabes que sin ti no podría seguir adelante…. Te quiero muchísimo mi vida, muchísimo.
Ryoko Maxwell Yuy - Aya Eiri - Jotaru de Leonhart - Lamperouge
